SP981-2017(463287)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado ponente  

SP981-2017  

Radicación No. 46327  

(Aprobado Acta No. 25)  

Bogotá,  D.C.,  primero (1º) de febrero de  dos mi diecisiete (2017).   

Derrotado  el  proyecto  presentado  por el  Magistrado  Fernando  Alberto  Castro  Caballero,  se  pronuncia   de   oficio  la   Sala  en  sede  de  casación  acerca  de  la  eventual  violación  de la  garantía  del  debido  proceso predicable del incriminado JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ  BARROS,  ante  la  prescripción  de  la  acción  penal  derivada del delito de  lesiones  personales  dolosas por el cual fue condenado mediante sentencia de 18  de  noviembre de 2014 del Juzgado Primero Penal de Circuito de Descongestión de  Barranquilla.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Hacia las dos de la tarde del 19 de agosto de  2006,  en la calle 74, entre las carreras 50 y 52, de la ciudad de Barranquilla,  tras  colisionar  dos  vehículos,  descendieron  sus  conductores  y  luego  de  discutir  JOSÉ  LUIS  RODRÍGUEZ  BARROS  empujó  a Raúl Hasbun Hasbun, quien  cayó  al  piso  de  espaldas,  quedando  inconsciente.  Miembros de la Policía  Nacional  lo  trasladaron a la Clínica General del Norte, donde fue asistido al  presentar un paro cardiorrespiratorio.   

Las  valoraciones posteriores realizadas por  el  Instituto  de  Medicina Legal dictaminaron una incapacidad definitiva de 120  días  y  como  secuelas la perturbación funcional del sistema nervioso central  que  afecta  las  áreas  de  locomoción,  excreción,  micción,  erección  y  fonación;  perturbación  funcional del órgano del sistema digestivo; pérdida  funcional  de  miembros;  deformidad  física  que  afecta  el  cuerpo, todas de  carácter permanente.   

Sin  que  se  hubiera  recuperado  de  ese  percance  Hasbun Hasbun murió el 25 de enero de 2008.   

Lo  anterior  motivó  a  que  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  el  20 de agosto de 2006 abriera formal investigación  penal    en    contra    de    RODRÍGUEZ   BARROS1,  y  lo vinculara a través de  indagatoria2.   

Clausurado  el  ciclo  instructivo,  el 3 de  julio  de  20113  fue  proferida  resolución  de acusación en contra del procesado  por  el  delito  de lesiones personales, de conformidad con los artículos 111 y  114 del Código Penal.   

Impugnada  la  decisión por el defensor, el  recurso  de  reposición  fue resuelto el 18 de julio siguiente, en tanto que la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Barranquilla decidió el de  apelación    el    27    de   febrero   de   20124,  adicionando  la  imputación  jurídica  al  adecuar  los  hechos  a los artículos 111, 112-3, 113-2, 114-2 y  116-1        del       Estatuto       Punitivo5.   

La fase del juicio la adelantó inicialmente  el  Juzgado Décimo Penal Municipal Adjunto de Barranquilla, despacho que avocó  conocimiento   el   1°   de   marzo  de  2013,  no  obstante,  el  proceso  fue  redistribuido6   y   le  correspondió  al  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  de  Descongestión  de  la  misma  ciudad,  donde una vez  surtida la audiencia  preparatoria   el   5   de   noviembre   de   20137,  así  como la vista pública  el      18      de      marzo      de      20148,        mediante  sentencia   de   30   de   abril   del  mismo  año9,      absolvió     de  responsabilidad  a  RODRÍGUEZ  BARROS  por estimar que en los conceptos médico  legales  no  se  estableció  la  relación  entre el empujón que le propinó a  Raúl   Hasbun  Hasbun  y  el  estado  de  salud  en  el  que  éste  finalmente  quedó.   

En   virtud   del  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  apoderado  de  la parte civil, el Juzgado Primero Penal de  Circuito  de  Descongestión de Barranquilla por sentencia de 18 de noviembre de  2014  revocó  la absolución, en su lugar, condenó al procesado como autor del  delito  de  lesiones personales ante la incapacidad por enfermedad de 120 días,  de   acuerdo   con   el  artículo  112,  inciso  tercero,  del  Código  Penal,  imponiéndole  las  penas  principales de 30 meses de prisión, el equivalente a  12  s.m.l.m.v.  de  multa,  así  como las accesorias de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  la privación del derecho a  conducir  automotores por el mismo tiempo de la pena de prisión. Igualmente, lo  condenó  al  pago  de  perjuicios  morales  por  $100.000.000 y le concedió la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

El defensor del acusado interpuso recurso de  casación  por  la  vía excepcional proponiendo un cargo por violación directa  de  la  ley  sustancial  ante  la aplicación indebida del artículo 112, inciso  tercero,  del Código Penal y la exclusión evidente del artículo 7º de la Ley  600  de  2000,  relativo  al  principio  in dubio pro  reo,  y si bien tal libelo fue admitido y del mismo se  recibió   concepto  del  Ministerio  Público,  se  constata  objetivamente  la  imposibilidad  de  su estudio ante la prescripción de la acción penal derivada  del  delito  de  lesiones  personales dolosas, fenómeno jurídico causado en la  fase sumarial.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  Corporación  advierte  la  necesidad de  acudir  a la facultad oficiosa que le confiere el artículo 216 de la Ley 600 de  2000,  por  la  infracción de la garantía del debido proceso del enjuiciado al  haberse  causado la prescripción de la acción penal del delito por el cual fue  condenado  RODRÍGUEZ BARROS.   

La  soberanía  estatal  legitimada  por  el  modelo  de  Estado,  la  Constitución  y  la  ley,  en  aras de proteger bienes  jurídicos  trascendentales  que permiten el desenvolvimiento social, faculta la  expedición  de leyes penales, la correspondiente prosecución, investigación y  sanción  de  sus  infractores,  no obstante, esta última manifestación de ese  poder  no  es perenne, porque el paso del tiempo lo limita al punto de que si se  cumple  el  término punitivo máximo fijado legalmente para el delito sin tener  de  frente  al  sujeto pasivo de la acción judicial, cesa cualquier posibilidad  para su ejercicio al operar la prescripción.   

El fenómeno jurídico de la prescripción de  la  acción  penal,  según lo normado en el artículo 83 de la Ley 599 de 2000,  opera  durante  la  etapa instructiva si transcurre un término igual al máximo  de  la  sanción privativa de la libertad establecida en la ley, pero en ningún  caso  en  un  lapso inferior a cinco (5) años, ni superior a veinte (20) años.   

De la misma manera, conforme con el artículo  86  del  mismo  ordenamiento,  el término de prescripción se interrumpe con la  ejecutoria  de la resolución de acusación y comienza a contarse nuevamente por  un  tiempo  igual  a la mitad del establecido para la etapa de instrucción, sin  que  pueda  ser  inferior  a  cinco  (5) años, ni superior a diez (10), con las  salvedades de ley que ha precisado la jurisprudencia.   

Tal  límite  de  prescripción que tiene su  excepción  en  lo  normado  en el  artículo 1º de la Ley 1426 de 2010 al  establecer  para  los  delitos  graves  como  genocidio,  desaparición forzada,  tortura,  desplazamiento  forzado  y  homicidio  contra miembro de organización  sindical,  defensor  de  derechos  humanos  o  periodista,  un término  de  treinta  (30)  años,  así  como por el artículo 1° de la Ley 1154 de 2007 al  contemplar  para los ilícitos sexuales o de incesto cometidos contra menores un  lapso  de  veinte  (20)  años  contados a partir del momento en que la víctima  alcance la mayoría de edad.   

Y  también  cuando  se  trata  de conductas  punibles  iniciadas  o  consumadas  en  el  exterior,  en cuyo caso el tiempo se  aumenta  en la mitad, así como cuando son cometidas por servidores públicos en  ejercicio  de  las  funciones  de su cargo o con ocasión de ellas en virtud del  artículo  14 de la Ley 1474 de  2011, lapso que para la fase del juicio no  puede  ser  inferior  a  seis  (6)  años y ocho (8) meses ni superar trece (13)  años y cuatro (4) meses, (CSJ, AP, 21 0ct. 2013, rad. 39611).   

De otro lado, la jurisprudencia ha precisado  que  la  calificación  jurídica  definida  en  la  sentencia  irradia  efectos  sustanciales  para  todos  los efectos legales, no sólo en el ámbito punitivo,  sino  también  para  los  cómputos  de  prescripción  de  la acción penal en  referencia a cualquiera de las etapas del proceso.   

En  efecto,  en  CSJ  SP, 5 mar.   1996,   rad   8336,   se   precisó  que:   

La   ley   penal   colombiana   vincula,  inexorablemente,  casi todas sus instituciones al cuadro normativo previsto para  los   hechos   que   se  regulan  en  ella.  Sin  embargo  dicho  cuadro    normativo   va   adquiriendo   su   perfil   definitivo   a  través  del  juicio  de valor que sobre los hechos y  sobre   el   derecho   se   lleva   a   cabo  progresiva  y  provisionalmente  a  través  del trámite y las  etapas procesales.   

De   allí  se  deriva,  entonces,  como lo ha sostenido la Corte, que  las  variaciones  a la calificación jurídica  de  la  conducta  imputada, introducidas a través   del   proceso,  deben  considerarse  para  los  cómputos  propios  de  la  prescripción y  produciendo  efectos  que  se han asimilado a los de la retroactividad.  (Confrontar  sentencias  de  marzo  24/81  y  noviembre  16/93 por ejemplo). Esto no puede ser sino así,  si  se  repara en que la acción penal  que  prescribe  es  la  generada  por  el delito respectivo y que éste   por   su   parte,   adquiere   su  identificación     plena     y    definitiva en el acto de sentencia.   

De   este   modo,   mientras  el  sistema  prescriptivo       esté      diseñado  con  referencia a la identificación  jurídica    del    hecho    punible,    pues   que  allí    se    constata   la   duración  de  su  pena y por ende el término de  prescripción, tendrán que  admitirse    las   repercusiones   que   sobre   el  fenómeno   extintivo   de   la   acción  tenga la calificación definitiva, sea  que   se   afecten   con   ello   fases   superadas  del  proceso  o  que,  como  acá,  se  influya  la  sentencia misma impidiendo su  ejecutoria.   

No   se   trata   de   plantear    acá    la    conveniencia   o  inconveniencia   de   que   un   sistema   como  el  indicado  produzca  en  las  calificaciones  jurídicas que se formulan durante el  trámite,  actos jurídicos  inestables    o    inseguros,    sino    de   que   mientras   el   sistema   de  prescripción     se     sostenga    sobre   éste  modelo  y  éstas regulaciones de derecho positivo, es  inevitable    que    el    fenómeno   prescriptivo  esté  sujeto al vaivén de  la  calificación  definitiva hecha en la sentencia y  que   ella   produzca   efectos   sustanciales  y  procesales  sobre  todas  las  consecuencias  jurídicas derivables de la misma.   

Si  no fuese así  el  asunto,  prevalecería  en  el  proceso lo formal  sobre  lo  sustancial,  sobre la justicia material, e incluso podrían   llegarse   a   patrocinar   formas   de  deslealtad  procesal.  Piénsese  si  no,  en  que  por otra vía  hermenéutica como la sostenida por la  Corte  hasta  abril  de 1977, el sujeto de la función  acusadora  podría impedir la prescripción   de   un   delito   deduciendo  agravantes  inexistentes  en  la  resolución  de  acusación  en    desmedro    del    derecho    del    imputado    a    su   declaratoria,     puesto     que     se  daría   carácter   de  inmutable  a  lo que no lo tiene por naturaleza, es decir al acto calificatorio,  cuya  misión  al  interior  del proceso es netamente  funcional  pues  no  tiene  por  objeto  decidir la litis sino el ámbito  dentro  del  cual  se desenvolverán la acusación y la defensa.   

Tal    criterio   hermenéutico    ha    sido    reiterado,    por    ejemplo   en     CSJ     AP,     24  sep.  2002, rad. 12951     y    AP    9    abr.    1999,    rad.   Nº   13165,   entre   otros,   en   los  siguientes  términos:   

La calificación  sumarial   impartida  en  la  resolución   de   acusación  no  obstante  su  carácter   provisorio  se  convierte  en  ley  del  proceso,  pues  es  el hito fundamental a partir del cual el Estado garantiza al  acusado  el derecho de defensa y se desarrolla la actividad defensiva durante el  debate  del juicio, pero a  la  vez está sujeta a las resultas de éste,     materializadas     en     la     sentencia     de     las  instancias.   

Esta, cuando es condenatoria y se pronuncia  bajo   los   parámetros   del   debido  proceso  y  concordantes  con  la  resolución acusatoria, es el  único  pronunciamiento  judicial  dentro  de  la  fase  ordinaria  del proceso con categoría    de   definitividad   [sic]   en   la   imputación  penal,  sea  que  la  mantenga  en  los  mismos términos  de  la  acusación fiscal o que  le   introduzca   variaciones   de   menor   compromiso   penal,   de  donde  se  colige  que  es  el tipo  penal  contemplado  en  el  fallo  de  las  instancias  con  las  circunstancias  específicas   declaradas,   el  que  establece  el  término     de    la    prescripción de la acción penal.   

Las anteriores precisiones le permiten a la  Corte  establecer  que  en  este caso al calificar el  mérito   probatorio   del   sumario   RODRIGUEZ  BARROS  fue acusado  como autor del delito de lesiones  personales   dolosas,   ajustando  el  comportamiento  a  los  artículos  111,  112-3,  113-2,  114-2  y  116-1  del  Código   Penal,   ya   que  la  víctima  además de la incapacidad  definitiva  de 120 días, presentaba como secuelas de  carácter  permanente  la  perturbación   funcional  del  sistema  nervioso  central  que  afectaba  las  áreas  de  locomoción,  excreción,   micción,  erección y fonación, la  perturbación    funcional    del   órgano  del  sistema   digestivo,   la   pérdida  funcional  de  miembros,   así  como  deformidad  física que afectaba el cuerpo.   

No  obstante, el juzgador de segundo grado  al  emitir  sentencia  de condena lo hizo únicamente  en  relación  con  la  incapacidad  definitiva  por  enfermedad,  prevista  en  el  artículo 112, inciso  tercero   del  Código  Penal,  de  ahí  que  le impuso las penas principales de  30 meses de prisión y 12 s.m.l.m.v. de multa.   

En  consecuencia, la calificación jurídica  definitiva  plasmada  en  el  fallo  además  de ser el referente y determinante  para    la    punibilidad,    también  lo  ha  de  ser  para  los         términos        de  prescripción     de     la    acción penal.   

En estas condiciones, el delito por el cual  fue  condenado  contempla  una  penalidad de dos (2) a cinco (5) años  de prisión, lo cual lleva a que el  término de prescripción  de  la  acción no pueda ser inferior a los cinco (5)  años,   tanto  en  el  sumario,    como    en    el    juicio.   

Con   base  en lo anterior, como  los   hechos   ocurrieron   el   19   de   agosto   de   2006,   en   tanto  que  resolución       de      acusación, emitida  el  3  de  julio  de  2011, adquirió firmeza el 27 de  febrero   de  2012,  es  evidente  que  el    fenómeno    jurídico  de  la  prescripción   de  la  acción  penal  se causó  el  20  de  agosto  de  2011,  en  la fase sumarial,  constatación  eminentemente objetiva que implica su  reconocimiento por parte de la Corte.   

En tal virtud, la Sala casará  de  oficio  el  fallo  atacado,  en  el  sentido de cesar       procedimiento      por  prescripción     de     la    acción  penal  derivada  del  delito de lesiones personales en favor de  JOSÉ  LUIS  RODRÍGUEZ  BARROS.   

Como  resultado  de  lo anterior, se deberá  declarar  prescrita  la  acción  civil  que  se  adelantó  dentro  del proceso  penal.   

El juez de primera instancia procederá a la  cancelación  de los compromisos adquiridos por el incriminado en razón de este  diligenciamiento,  los  registros  o  anotaciones  originados por el mismo, así  como     levantar      las    medidas    cautelares    que    hayan    sido  impuestas.   

En mérito de lo  expuesto,    la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de   Justicia,   administrando   justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

1.            CASAR  DE OFICIO la sentencia emitida el  18   de  noviembre  de  2014  por  el  Juzgado  Primero  Penal  de  Circuito  de  Descongestión   de   Barranquilla   en   contra   de   JOSÉ   LUIS  RODRÍGUEZ  BARROS.   

2.             DECLARAR  prescrita  la  acción  penal  derivada  del  delito  de  lesiones personales dolosas por el cual se condenó a  JOSÉ  LUIS  RODRÍGUEZ  BARROS, según las razones expuestas en la parte motiva  de esta decisión.   

3.            ORDENAR, en consecuencia, la cesación de  procedimiento en favor del enjuiciado JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ BARROS.   

4.            DECLARAR igualmente prescrita la acción  civil que se adelantó dentro del proceso penal.   

5.            PRECISAR  que  corresponde  al  juez  de  primera  instancia  proceder a la cancelación de los compromisos adquiridos por  el  procesado  en  razón  de este diligenciamiento, los registros o anotaciones  originados  por  el  mismo,  y  levantar  las  medidas cautelares que hayan sido  impuestas.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

1 Folio  4, cuaderno original 1.   

2  Folios 6 y 7, ídem.    

3  Folios 71-74, ibidem.   

4  Folios 4-21, ídem.   

5 Folio  19, ídem.   

6  Acuerdo Nº PSAA 139962 del 31 de julio de 2013.   

7  Folios 123 y 124, ídem.   

8  Folios 227-231, ídem.   

9  Folios 234-253, ídem.     

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