SP490-2016(45790)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

SP490-2016  

Radicación N° 45790.  

Aprobado acta No. 19.  

Bogotá,  D.C.,  veintisiete (27) de enero de  dos mil dieciséis (2016).   

V I S T O S  

Se          decide el recurso de casación interpuesto  por   el   defensor  de  CLAUDIO  DE  JESÚS  CAICEDO  PARRA  en  contra  de  la  sentencia    proferida    por    el    Tribunal    Superior    de   Bogotá   el  4    de   febrero      de      2015,    que  confirmó  la decisión de  condenar   a   dicho   procesado   como   autor   del   delito  de  Fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego,  accesorios, partes o municiones.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos     

En   la  sentencia  impugnada  se  enuncian  como  hechos  penalmente  relevantes los siguientes:   

El  24  de  diciembre  de 2011 al sur de la  ciudad  de  Bogotá,  se  presentó  una  riña  en  vía  pública, la cual fue  atendida  por  la Policía del cuadrante, quien al llegar se percató de que uno  de  los  participantes del suceso se alejó, en el instante que descendieron los  agentes  de  la  patrulla,  y huyó a un establecimiento de comercio cercano, en  una  de cuyas sillas arrojó un objeto, que posteriormente fue identificado como  un arma de fuego.   

Entonces,  la  policía solicitó al señor  que  previamente  había  huido de la riña, y que fue identificado como Claudio  de  Jesús  Caicedo  Parra, el respectivo permiso para portar el arma incautada,  el  cual  no  fue  presentado.  La  policía  decidió  recurrir a la Central de  Información  Nacional  de  Armas,  para  verificar  si  el señor Caicedo Parra  tenía  permiso  vigente  para  portar  armas  de  fuego,  el cual arrojó, como  resultado,  que  no  existía  algún  permiso  vigente. Lo anterior, produjo la  captura en flagrancia del señor Claudio de Jesús Caicedo Parra.   

    

1. Procesales     

En   audiencia  preliminar  celebrada  el  25  de  diciembre  de  2011  ante el Juzgado 25 Penal  Municipal  de  Bogotá  con  función  de  control de garantías, la Fiscalía formuló imputación a CLAUDIO  DE    JESÚS   CAICEDO   PARRA   como   autor   del   delito   de   Fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego,  accesorios,  partes  o  municiones (art. 365 del C.P.,  modificado por la Ley 1453 de 2011).   

El  escrito de acusación fue presentado el  16  de  febrero  de 2012 y correspondió su conocimiento al Juzgado 12 Penal del  Circuito   de  Bogotá,  el  cual,  el  16  de  abril  siguiente,  realizó  la  audiencia  en  la  que  la  Fiscalía  formuló  el mismo cargo que desde un inicio imputó. Ese mismo año,  el 13 de julio tuvo lugar la audiencia preparatoria.   

En  sesiones realizadas el 19 de julio y el  28  de noviembre de 2013, y el 1 de julio de 2014, se desarrolló el juicio oral  al  término  del cual el juzgado anunció sentido condenatorio del fallo.   La  lectura de éste tuvo lugar el 20 de agosto siguiente decidiéndose condenar  al  acusado  por  el delito contra la seguridad pública, a la pena principal de  prisión  por  un período de 108 meses y a la accesoria de inhabilitación para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por igual lapso.   

El 4 de  febrero de  2015,  ante  el recurso de  apelación  promovido  por  los titulares de la defensa, el Tribunal Superior de  Bogotá  decidió  confirmar  la  condena.  A  su  vez,  la sentencia de segunda  instancia  fue  objeto  del  recurso  de  casación  por  el  defensor, quien lo  sustentó  mediante  la  presentación  de la respectiva demanda el 26 de marzo de 2015.   

E L  R E C U R S O  

1. Demanda de casación  

En primer lugar, se identificaron los sujetos  procesales,  los  hechos  juzgados, la actuación relevante y los fundamentos de  la  sentencia impugnada. Luego, se invocó la causal de casación prevista en el  numeral  2º  del  artículo 181 del C.P.P./2004 para acusar aquella providencia  de  ser violatoria de la garantía de la defensa técnica, toda vez que la labor  del  abogado  que  la  ejerció  durante  la  audiencia preparatoria careció de  pertinencia  y  de  preparación,  a  tal  punto  que  las  pruebas directas que  demostrarían     la     inocencia     del     acusado    fueron    “desperdiciadas     del     escenario     procesal”  y  las  decretadas  por el juzgado “se  tornan  como pruebas aisladas y al momento de la valoración, carecen de soporte  con otros elementos materiales”.   

Después de citar como normas aplicables los  artículos  457,  8 (literal k), y 125 (numerales 4, 5 y 6) del C.P.P./2004 y el  29  constitucional,  aduce que el fin perseguido con la demanda es el respeto de  las  garantías  de los intervinientes que, en el presente evento, habrían sido  vulneradas  por  “la actitud incompetente o de falta  de  instrucción”  del  defensor en la dinámica del  sistema   procesal,   especialmente   al   momento  de  incorporar  las  pruebas  testimoniales   que  favorecían  al  procesado.  A  renglón  seguido,  trae  a  colación   sendas   decisiones   de   esta   Corte1       y       de       la  Constitucional2  en  relación  a  los  presupuestos  de una afectación al núcleo  esencial de la defensa.   

Señala  como  irregularidades de la defensa  técnica  durante  la audiencia preparatoria, las siguientes: a) la designación  de  quien  la  ejerció  en esa ocasión obedeció a las afecciones de salud del  apoderado  principal  y  no a la confianza del procesado; b) enunció, de manera  extemporánea,  una prueba de “inspección ocular”  y  ante  la  oposición  a  su práctica, “de  manera  dócil” la retiró; c) no  sustentó  la admisibilidad de los testimonios de Jorge Eliécer Sánchez Gamba,  Claudia  Patricia Prada Herrera, Carolina Rotavisque Castro y el del acusado; d)  omitió  la  sustentación  de las declaraciones de Leonardo Domínguez Moreno y  Edilson  Medina  Marín,  no obstante su previa enunciación; e) insistió en la  práctica  de  la  inspección  que  antes había sido descartada; f) sin previo  descubrimiento   ni   enunciación,  pretendió  introducir  el  testimonio  del  investigador  Gonzalo  Salazar  Gordillo  y un álbum fotográfico; y g) no supo  controvertir   la  decisión  de  negarle  la  mayoría  de las pruebas que  había solicitado.   

En  la  demanda se argumenta la conducencia,  pertinencia  y  admisibilidad  de  las  pruebas  dejadas  de  practicar  por las  deficiencias  de la defensa técnica de entonces, esto es, de los testimonios de  Jorge  E. Sánchez Gamba, Claudia P. Prada Herrera y Carolina Rotavisque Castro.  Seguidamente,  sintetiza  las  razones  por  las  cuales  estima  se produjo una  vulneración  a  la  garantía  de  la  defensa  técnica: a) hubo fallas que de  ninguna  manera  podían  encuadrarse  en el margen de libertad de la estrategia  defensiva,  que  no son imputables al procesado y que fueron trascendentes en la  decisión  judicial; b) es palmaria la vulneración a los derechos fundamentales  del  acusado;  y c) el defensor no tuvo “una actitud  proactiva  y  diligente”  en  el  cumplimiento de su  función.  Aunado a lo anterior, asegura el libelista que especificó los medios  de   prueba   omitidos,   justificó   la  procedencia  de  cada  uno  de  ellos  aproximándose  a  su  contenido,  explicó  la potencialidad de fundamentar una  absolución   y,   por  último,  las  confrontó  con  las  que  soportaron  la  sentencia.   

Con base en lo anterior, solicita se decrete  la  nulidad  del  proceso a partir de la audiencia preparatoria con el objeto de  poder  solicitar  y sustentar los testimonios que extraña. Como consecuencia de  tal  medida,  continúa,  deberá  remitirse  la  actuación  no  al juez que ya  conoció  del  asunto, sino al que se le sigue en turno. Por último, ruega a la  Sala superar los defectos de la demanda.   

2. Audiencia de sustentación  

2.1 Recurrente  

En   primer  lugar,  enuncia  como  normas  “supraconstitucionales”  aplicables  al  caso los artículos 1º y 8º de la  Declaración  Universal  y  de  la  Convención  Americana  de Derechos Humanos,  respectivamente.  Luego,  alega  que la labor del defensor en la Ley 906 de 2004  debe  ser  proactiva y diligente, a diferencia de lo que ocurría en el régimen  procesal  anterior en el que dicho rol podía ser desempeñado de manera pasiva,  tal  y  como  fue  aclarado en la sentencia del 11 de julio de 2007, radicado No  26827.  En  el  mismo  sentido,  destaca  que  en el nuevo procedimiento el juez  cumple  una  tarea  esencial  de  defensa  de  las garantías fundamentales como  consecuencia de la constitucionalización del derecho penal.   

En  el contexto normativo indicado, denuncia  que  la  falta  de la diligencia debida en la defensa del acusado, el deficiente  manejo  del  rol  del  abogado  en  el  sistema  acusatorio  y la ignorancia del  procedimiento  de  la  audiencia  preparatoria;  fueron  las  circunstancias que  dieron  al  traste  las  pruebas testimoniales directas de descargo que de haber  sido  sustentadas en debida forma hubiesen armado a la defensa para enfrentar la  pretensión  de la Fiscalía. Aunado a ello, continúa, fue evidente la falta de  vigilancia   del   juez   en  relación  a  la  efectividad  de  las  garantías  fundamentales reconocidas al procesado.   

Finalmente,  señala  que  la  demanda  de  casación  persigue  el respeto a las garantías del acusado, pues la inadecuada  actuación  del  abogado malogró las pruebas que demostrarían la atipicidad de  la  conducta por la que se condenó a CLAUDIO DE JESÚS CAICEDO PARRA, en razón  de  lo  cual  el  único  mecanismo  apto  para  reparar la irregularidad de una  defensa  técnica  deficiente  sería el decreto de la nulidad del proceso desde  la audiencia preparatoria.    

2.2 No recurrentes  

2.2.1 Fiscalía  

De  entrada, advirtió que la inadmisión de  las  pruebas  originada  en la falta de destreza del abogado no es un reflejo de  la  ausencia de defensa técnica, por lo que solicita denegar la pretensión del  demandante.  Argumenta  que  no  todo  ejercicio  inadecuado  o  superable de la  defensa  es  antijurídico,  siendo  esta  misma  Corporación  la que en varias  ocasiones  ha  definido  que  la  medida  anulatoria  dependerá  no sólo de la  existencia  de  un error o de una omisión sino que ese comportamiento determine  la vulneración del derecho a la defensa.   

En el caso que interesa, afirma la existencia  de  una defensa activa con base en las actuaciones que su titular desplegó, las  cuales  enuncia  así:  solicitó  dos  testimonios  que  fueron decretados (del  investigador   y   del   acusado),   presentó   teoría   del   caso,  realizó  estipulaciones  probatorias,  contrainterrogó  a  los  testigos  de  fiscalía,  desistió  de pruebas y presentó alegatos de clausura. Manifiesta, además, que  la  renuncia  del  defensor  a  las  pruebas  que le habían sido autorizadas no  implica   violación  a  las  garantías  sino  una  estrategia  de  litigación  diferente  a  la del abogado anterior. Por último, recuerda que en la sentencia  C-536  de 2008 se definió el principio de igualdad de armas como la posibilidad  de  que  las  partes  puedan  utilizar  en  condiciones de equilibrio los medios  procesales,  especialmente  el  de  recaudo  probatorio, por lo que ninguna duda  alberga en cuanto al respeto del principio aludido en el proceso.   

Conforme   a  lo  anterior,  reafirmó  su  petición  de  no  casar la sentencia, más aún cuando el demandante no habría  mostrado  los  argumentos  por  los  cuales  estima que los testimonios omitidos  revelarían la inocencia del acusado.   

2.2.2 Ministerio Público  

Inicialmente  precisa  que  el  problema  a  dilucidarse  es si las actuaciones del defensor fueron tan torpes que dejaron al  acusado  desprovisto  de  elementos probatorios que hubiesen podido demostrar su  inocencia.  A  continuación,  presenta  consideraciones teóricas en torno a la  construcción  de  la  verdad  en  un sistema acusatorio resaltando su carácter  dialéctico,  para  concluir  que  si  una  parte  no  es  capaz de sustentar la  pertinencia  y  utilidad  de  las pruebas con las que demostrará su teoría del  caso, se estará ante una irregularidad.   

Frente al asunto bajo examen, advierte que no  se  trata de que el nuevo defensor planteara una estrategia defensiva distinta a  la  de  quien lo antecedió; por el contrario, habiéndola mantenido se duele de  la  incapacidad  de  este  último  para  lograr la admisión de las pruebas que  sacarían  avante su teoría porque demostrarían la ausencia de responsabilidad  o  una  duda  razonable  insalvable.  En  ese  orden,  asegura que la actuación  antitécnica  del  abogado efectivamente privó al procesado de que se cumpliera  a  cabalidad  con  el  derecho  a  obtener la comparecencia de los testigos a su  favor   (lit.   k,   num.   8º);   por  tanto,  se  reunirían  las  exigencias  jurisprudenciales  contenidas, entre otras, en la providencia del 21 de enero de  2015,  rad.  44112,  pues se señalaron las pruebas que no fueron decretadas por  la  falta  de  sustentación  del  defensor  y  se  demostró  que éste no solo  desconocía  la  oportunidad  para cumplir con esa carga sino la sistemática de  los recursos.   

Concluye,  entonces,  si el defensor hubiese  tenido  el  manejo  técnico  de  cómo  allegar  las pruebas al juicio, el juez  hubiese  conocido  otra  versión  de  los  sucesos  y  obtenido el conocimiento  dialéctico  pertinente.  Por  esa vía, continúa, se resquebrajó el principio  adversarial, por lo que solicita casar la sentencia.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

Con  fundamento  en  la causal de casación  prevista  en  el numeral 2º del artículo 181 del C.P.P./2004, en la demanda se  formula  un cargo de nulidad por violación al derecho a la defensa técnica que  le  asiste a CLAUDIO DE JESÚS CAICEDO PARRA, básicamente porque el abogado que  la  ejerció  durante  la audiencia preparatoria carecía de la cualificación o  de    la    idoneidad  necesaria  para  litigar  en  un  proceso  penal  acusatorio  como el contemplado    en   la   Ley   906   de  2004 y ello impidió que al  juicio   se   incorporaran   pruebas   que   podían  demostrar   la  inocencia  del  acusado.   

1. La defensa técnica  

El   artículo  29  de  la  Constitución  Política  consagra  el  derecho  del  sujeto  pasivo  de  la acción penal a la  asistencia  letrada,  cualificada  o  científica  como presupuesto esencial del  debido      proceso      penal,      cuando     indica     que:     “(…)   Quien  sea  sindicado  tiene  derecho  a  la  defensa  y  a la asistencia de un abogado escogido por él, o de  oficio,   durante  la  investigación  y  el  juzgamiento;  (…)”.  Por su parte, el artículo 8º, numeral e), del código procesal  de   2004,  consagra  a  favor  del  procesado  el  derecho  a  ser  asistido  y  representado  por  un  abogado  de  confianza  o  nombrado  por  el  Estado. Esa  garantía   igualmente  se  encuentra  reconocida  en  tratados  internacionales  ratificados  por  el  Congreso  de la República que, en virtud del artículo 93  superior,     “prevalecen     en     el    orden  interno”,     como     son    el    Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos3    y   la  Convención    Americana   de   Derechos   Humanos4, aprobados por las leyes 74 de  1968 y 16 de 1972, respectivamente.   

En   relación   a   la   importancia  y  características   de   la   defensa   técnica   en  materia  penal,  la  Corte  Constitucional   ha  advertido  que  “…  hace  parte  del núcleo esencial  del  debido  proceso,  cuyo  propósito  no  es otro que ofrecer al sindicado el  acompañamiento   y   la   asesoría   de  una  persona  con  los  conocimientos  especializados   para   la   adecuada   gestión  de  sus  intereses”,  agregando que de esta última se  exige     “…,  en  consideración  a su habilidad para utilizar con  propiedad   los  medios  e  instrumentos  de  defensa  previamente  instituidos,  adelantar  una  actuación  diligente  y  eficaz,  dirigida  asegurar no solo el  respeto  por  las  garantías  del  acusado,  sino también a que las decisiones  proferidas    en    el   curso   del   proceso   se   encuentren   ajustadas   a  derecho”5.   

En  la  misma línea, esta Corporación ha  reiterado  que  la defensa técnica “constituye una  garantía  de  rango constitucional, cuya eficacia debe ser vigilada y procurada  por   el   funcionario   judicial,…”  y  que  se  caracteriza  por  ser  intangible,  real  o  material  y permanente.  “La intangibilidad está relacionada  con  la  condición  de  irrenunciable,  por  lo  tanto,  en el evento de que el  imputado  no designe su propio defensor, el Estado debe procurárselo de oficio;  material  o  real  porque no puede entenderse garantizada por la sola existencia  nominal  de  un  defensor  profesional  del derecho, sino que se requieren actos  positivos  de  gestión  defensiva y finalmente la permanencia conlleva a que su  ejercicio  debe  ser  garantizado en todo el trámite procesal sin ninguna clase  de                  limitaciones”6.     

Por resultar particularmente de interés para  el  asunto  bajo  examen, en relación a la segunda de tales características se  trae  a  colación el fallo de casación del 11 de julio de 2007, rad. 26827, en  el cual se aseveró que:   

El  carácter  obligatorio  de  la defensa  técnica,  sin  embargo,  no  es  suficiente  para que en el proceso penal pueda  reputarse  como  cabalmente  satisfecha  la respectiva garantía constitucional,  pues  además debe ser efectiva, es decir, no basta con que al imputado se le de  la  oportunidad  de  contar  con  un abogado que lo asista y lo represente en la  investigación  y  en  el  juicio,  sino  que debe ser real o material, esto es,  traducida y perceptible en actos de gestión que la vivifiquen,…   

2.  La  defensa  técnica en la Ley 906 de  2004   

Mediante  el Acto Legislativo No 03 del 19  de  diciembre  de  2002  se  introdujeron sendas modificaciones a los artículos  116,  250  y  251  de  la  Constitución,  cuyo  objetivo  fue el de permitir la  adopción  de un sistema de enjuiciamiento penal de naturaleza acusatoria, tal y  como  expresamente se reconoció en el artículo 4º,  no  obstante  la  introducción  de  algunas  peculiaridades  como  son:  a)  la  adversarialidad    es    matizada    porque,   a   más   de   la   fiscalía    y    la    defensa,  en el proceso intervienen el  Ministerio  Público  y  las  víctimas;  b)  el  rol  del  juez no se corresponde con el de un “mero  árbitro”  ya  que debe propender por la aplicación de la justicia material y  por  la  defensa  de  los  derechos  y  garantías fundamentales de las partes e  intervinientes7;  c) la fiscalía continúa adscrita a  la   rama   judicial   y  ejerce  algunas  funciones  de  ese  orden;  y  d)  se  mantiene una concepción  fuerte  del principio de legalidad y la disponibilidad excepcional de la acción  penal  siempre  está  sujeta  a  decisión  judicial,  entre  otras.   

La introducción del principio adversarial  trajo  consigo  el de igualdad de armas y éste, a su vez, necesariamente incide  en   el   ámbito   y   en   la  función  de  la  defensa  técnica,   tal   y   como   lo  ha  precisado  el  tratadista italiano  Luigi              Ferrajoli:   

Para  que  la  contienda  se  desarrolle  lealmente  y  con  igualdad  de  armas, es necesaria, por otro lado, la perfecta  igualdad  de  las  partes:  en  primer  lugar, que la  defensa  esté  dotada de la misma capacidad y de los  mismos  poderes  que  la acusación; en segundo lugar, que se admita su papel de  contradictor  en  todo  momento  y  grado  del  procedimiento y en relación con  cualquier  acto  probatorio,  de  los  experimentos judiciales y las pericias al  interrogatorio  del  imputado, desde los reconocimientos hasta las declaraciones  testificales y los careos.   

La  primera de estas dos condiciones exige  que  el  imputado  esté asistido por un defensor en  situación  de  competir  con el ministerio público.  (…)8    

        Además,  en su obra cumbre “Derecho  y  razón”, dilucidó con precisión la importancia  de    la labor del  defensor en la construcción de la prueba como medio  para  obtener  un conocimiento fiable de los hechos en los procesos adversariales:   

La principal condición epistemológica de  la  prueba  en  los  sistemas  acusatorios  en  los  que se desplaza la carga de  aquélla  sobre la acusación es “la refutabilidad de la hipótesis acusatoria  experimentada  por  el  poder de refutarla de la contraparte interesada, de modo  que  no  es  atendible ninguna prueba sin que se hayan activado infructuosamente  todas   las   posibles   refutaciones   y   contrapruebas.   La   defensa,   que  tendencialmente  no  tiene  espacio  en  el  proceso  inquisitivo,  es  el  más  importante   instrumento   de  impulso  y  de  control  del  método  de  prueba  acusatorio,  consistente  precisamente  en el contradictorio entre hipótesis de  acusación     y     de     defensa    y    las    pruebas    y    contrapruebas  correspondientes…”9   

En  el  mismo  sentido,  nuestro  tribunal  constitucional   determinó   los   contornos   que  adquirió   la   asistencia  cualificada  en  materia  penal  a  partir  de  las  características    del   procedimiento   acusatorio  acogido  en  el  Acto Legislativo No 03 de 2002 y desarrollado por la Ley 906  de  2004.  Así lo explicó en la sentencia C-127 de  2011:      

En  relación con el derecho a la defensa  técnica,  conocido  en  el  modelo de tendencia acusatoria como el principio de  “igualdad  de  armas”, la jurisprudencia constitucional ha sido enfática en  sostener  que  el mismo hace parte del núcleo esencial del derecho a la defensa  y  al  debido  proceso, y su garantía plena es particularmente relevante si se  considera  que  de su ejercicio se deriva la garantía de otros derechos como el  de  igualdad  de  oportunidades  e  instrumentos  procesales. Para la Corte, el  principio  de  igualdad  de  armas “constituye  una  de  las características  fundamentales   de  los  sistemas  penales  de  tendencia  acusatoria,  pues  la  estructura  de  los  mismos,  contrario a lo que ocurre con los modelos de corte  inquisitivo,  es  adversarial,  lo que significa que en el escenario del proceso  penal,  los  actores  son contendores que se enfrentan ante un juez imparcial en  un  debate  al  que  ambos  deben entrar con las mismas herramientas de ataque y  protección”.   

Por  último,  esta  Corte  de  Casación  desde   años   atrás   ya   había   aclarado  lo  concerniente  al  rol  del  defensor  técnico  en el  vigente     sistema     procesal     de  marcada tendencia acusatoria y sus  diferencias  con  el  que  antes  regía, así:   

(…),   es   evidente  que  frente  al  procedimiento  reglado  en la Ley 906 de 2004, lo dicho por la jurisprudencia en  materia  de defensa técnica, en cuanto a que la táctica o estrategia concebida  por   el  abogado  “…según  su  fuero  interno,  capacitación,  estilo  y  actitud ética…”, bien  puede   consistir   en   asumir  una  actitud  simplemente  pasiva,  silenciosa,  expectante,   debe   ser  revisado  y  matizado  frente  al  nuevo  ordenamiento  procedimental.  Una  consideración como la aludida, no cabe duda, era admisible  en  el  modelo de enjuiciamiento anterior, de corte mixto, en el que el acusador  tenía    la    obligación    constitucional   y   legal   de   “investigación     integral”    e  imparcial,  es  decir,  de  escudriñar  con  igual  celo  lo  desfavorable como  favorable  al  procesado; en el que el juez gozaba en forma plena de la facultad  o  iniciativa  probatoria  con la misma finalidad, y en el que, por lo mismo, el  procesado  “…podía  permanecer  inactivo  en el  proceso,  al tanto de lo que sobre su responsabilidad penal decidieran el fiscal  y el juez de la causa”.   

Pero,   en  un  sistema  con  tendencia  acusatoria,  adversarial,  en  el  que  la  verdad  acerca  de  los hechos no es  monopolio  del  Estado, sino que debe construirse entre las partes, a las que se  garantiza  la  igualdad  de armas, y quienes llegan con visiones distintas de lo  sucedido  a  debatirlas  en  un  juicio  regido  por los principios de oralidad,  publicidad,  inmediación,  contradicción,  concentración  y  el respeto a las  garantías  fundamentales,  con  el fin de convencer al juez, tercero imparcial,  de  su  posición  jurídica,  no  es  siempre  acertado sostener que la defensa  técnica  se  desarrolla  en forma válida, efectiva y eficaz con una actitud de  inercia,  de  simple  complacencia  o  indiferencia  ante  la  acusación  de la  Fiscalía.10   

3. Asunto examinado  

        Como  quiera  que  el  demandante  plantea  como  cargo  único la  violación  al  derecho  a  una  defensa  técnica  efectiva  que  determinó la  inadmisión    de   pruebas   pertinentes   y   útiles   en   la   demostración  de  los  hechos  materia  de acusación  y que, en  consecuencia,  evitó  que  al juicio se introdujera  una  visión  histórica  que  refutara  la  teoría del caso de la fiscalía   y   que   potencialmente  generara   una   decisión   de   inocencia  y  no  de  responsabilidad     penal;    forzoso    resulta  presentar un recuento de lo ocurrido en la audiencia  preparatoria,  especialmente de aquellas partes en las que intervino el entonces  defensor  de  CLAUDIO DE JESÚS CAICEDO PARRA, con el  objeto  de  verificar los  argumentos    de    la    demanda    y,   luego,  definir    las    consecuencias    jurídicas   que  correspondan.   

        Al   inicio   de   la   audiencia   preparatoria  y  ante  la  pregunta  de la juez en el sentido de si fiscalía había  cumplido   con   el   descubrimiento   probatorio11,  contestó  el  defensor:  “No  su señoría, en esta audiencia comedidamente  solicito   las   pruebas   que   serán  aducidas  en  la  audiencia  de  juicio  oral”12.  La juez  le  aclara  que  la  pregunta  es  que  si  la  fiscalía  le  hizo el descubrimiento de los elementos que  anunció  en la acusación. Entonces responde: “Sí  doctora,               parcialmente”13.   Ante   ello,  la  juez  pregunta:      “parcialmente…?”.   Responde  el  defensor:  “si  Dra  porque hemos encontrado  que  nos  falta  parte  del  álbum  fotográfico  y  parte  del  informe  de la  inspección    judicial    que    hicieron,…”14.   

Después,  la  juez  interroga  al  titular  de la defensa técnica  sobre       si       haría      descubrimiento  probatorio       y      éste      contestó:         “en   este   momento   no   Dra,  para  solicitar”15.   

En  la fase de enunciación, relacionó el defensor los testimonios  de   Jorge   Eliecer   Sánchez   Gamba,     Claudia     Patricia    Prada  Herrera,    Carolina  Rotavisque    Castro,   el   acusado   Claudio  de  Jesús Caicedo Parra y los  policías   Leonardo  Domínguez  Moreno  y  Edinson  Medina                    Marín16.   

Una vez la fiscalía enunció  la  estipulación  de  la  plena identidad del acusado y ante el  requerimiento  de  la  juez  para  que  el  defensor  se   pronunciara  sobre  aquélla,  éste    manifiesta  “me   disculpa,  se  me  quedaba  en  el  tintero  solicitarle  muy respetuosamente también señora juez una inspección ocular al  sitio  de  los  hechos  donde se incauta el arma”17.  La  juez  lo  interrumpe  para    advertirle    que   está   enunciando   una   prueba   y   esa  etapa  ya  había  concluido.  El  defensor   responde   “si   Dra  fue  que  se  me  pasó”. A continuación, la juez le comunica que a  pesar   de   la   enunciación  realizada,  la  solicitud  sería  improcedente.  Aquél    responde:  “Listo       su      señoría”18.   

En la etapa de  petición   de   pruebas,  el  defensor  manifestó:  “su  señoría  solicito respetuosamente dentro de  la  pertinencia  y  la  conducencia  en  aras  de  demostrar  la inocencia de mi  defendido   los   testimonios  de  Jorge  Eliecer  Sánchez  Gamba  (…)19,  igualmente  de  Claudia  Patricia     Prada    Herrera    (…)20, Carolina  Rotavisque  Castro (…)21,  al  igual que recibir en  testimonio  al  acusado  Claudio  de  Jesús Parra Caicedo que se encuentra acá  presente  como  testigo en su propia causa… Su señoría, ahora sí es posible  solicitarle  la  inspección ocular, me autorice la inspección ocular del sitio  de  los  hechos de la incautación del arma con toma de fotografías, en aras de  aclarar  la situación del hecho que nos ocupa, a la dirección del sitio de los  hechos.  Son  elementos  necesarios,  pertinentes y conducentes para aclarar los  hechos    de    la   incautación   del   arma,   su   señoría.”22   

La  directora de la audiencia requiere al  defensor    para    que    ofrezca    mayor    claridad    frente   a             la  solicitud                probatoria        y       aquél  contesta:   “Si   su  señoría,  eso  es  los testimonios directos de estas personas, de los testigos  directos,  al  igual que los policiales pero ya los solicitó la Fiscalía, pero  si  no  es  redundante  pues  se  solicita  que  se  les reciba testimonio a los  policiales    Jesús    Leandro    Domínguez    Moreno    y    Edinson   Medina  Marín”23.   Le   pregunta,  entonces,  si  ya  concluyó con el pedido y el abogado contestó afirmativamente.   

Inmediatamente,     la     juez     procedió    a    darle    traslado    de    la    solicitud   probatoria         de   la   defensa  a  la  fiscalía.  En ese momento, interrumpe  el  defensor  expresando: “discúlpeme, discúlpeme  su  señoría, para introducir todos estos, el soporte de todos esos testimonios  por  medio  del  investigador,… el investigador se encuentra acá presente, es  el    señor    Gonzalo    Salazar    Gordillo”24.  La  juez  le pregunta si  este    último   fue   relacionado   entre   los   testimonios  solicitados  porque  no  lo  tiene  registrado  y  él  contesta  “hasta  ahora  lo  estoy  mencionando doctora”25.  Enseguida,  le  cuestiona  sobre  el  documento  que  será  incorporado por el  investigador  y  el  defensor  responde  “el álbum  fotográfico     y    el    informe”.   Ante  ese  panorama  la  juez  le  advierte   al   letrado   que   no   ha   sido   lo  suficientemente  claro  y  que si desea 5  minutos  para  que ordene las ideas,  oferta que fue aceptada.   

Luego  del  receso, continuó     el    defensor:    “Para   introducir   por   intermedio   del   investigador   una  inspección  ocular  al  sitio  de  los hechos para determinar la ubicación del  arma,  el  sitio en donde se encontraba Claudio Caicedo Parra y la ubicación de  los  testigos  que  le acabé de mencionar (…). Para determinar y así aclarar  doctora  la  claridad de  los  hechos como ocurrieron. Esa inspección ocular se apoyará con fotografías  para  ver  la  luminosidad,  la  claridad  del  ambiente dada la hora que era de  noche,  se procurarán tomar fotografías similares a la hora que ocurrieron los  hechos  para con un croquis determinar el sitio donde fue encontrada el arma, el  sitio  donde  se encontraba el acusado y la ubicación de las personas que van a  rendir          su          testimonio.”26   

Al  momento  de  resolver,  la juez negó  a  la  defensa  la  declaración  de los  supuestos  testigos  presenciales  Jorge Eliecer Sánchez Gamba,  Claudia  Patricia  Prada  Herrera  y  Carolina  Rotavisque  Castro, y    la  de  los  policías  Leonardo  Domínguez  Moreno  y  Edinson   Medina   Marín,  debido  a  la  falta  de  sustentación  de  la  pertinencia  y admisibilidad de tales pruebas.   Contrario  a  ello,  decretó  los  testimonios  del  investigador Gonzalo Salazar Gordillo y del acusado, así como  todas las pruebas requeridas por la Fiscalía.   

Al  notificársele  el  auto  de pruebas,  el   defensor   afirma  “Su señoría yo le presentaría recurso en razón  de  que  los  testigos que acabo de mencionar, en igual forma que en  la  solicitud  del  croquis  y de las  fotografías   de   la   inspección  judicial  que  se  solicita,  se  estaría  corroborando…  su  señoría  por  ser  testigos  presenciales  y  aclarar las  circunstancias  de  tiempo, modo y lugar de los hechos de esa noche doctora.”  A  continuación,  la juez le  solicita         que         aclare cuál es el recurso que interpondrá  advirtiéndole    que  se          encontraba          precluida  la    oportunidad   para   sustentar   la      pertinencia     de     las  pruebas,   respondiendo   el   defensor:        “Listo       doctora,  continuamos”.   Ante  esto,    la    funcionaria    pregunta:    “¿qué    significa   eso,   señor   defensor?”  y  éste  le  informa:  “Doctora  pues que queda en firme  la                 determinación”27.    

        Del  recuento  del desarrollo de la audiencia preparatoria, pueden  hacerse  las  siguientes  reflexiones  críticas en  relación   a   las  actuaciones  desplegadas  por  el  titular  de  la  defensa  cualificada:   

1. Interrogado  por    la   juez   sobre   las   observaciones   al  descubrimiento   probatorio   de   la  fiscalía,  el  defensor manifestó que  el  mismo  no  había  tenido  lugar y que “solicitaba las pruebas”  que  serían  aducidas  al juicio  oral.  Luego,  ante  la  aclaración que la      primera      hiciera  sobre el sentido de la pregunta,  respondió  que  sí  pero que “parcialmente”. Esa contradicción inicial ya  permitía  vislumbrar,  cuando menos, una confusión  entre   los   conceptos   de   descubrir   y  de  solicitar  pruebas,      así      como      entre      esta      último  y  el de  elementos   materiales   probatorios   y   evidencias   físicas.   

2.          En la oportunidad que le fue conferida  al  efecto,  el titular de  la       defensa  cualificada  manifestó  que   no   descubriría  elementos   materiales  probatorios     o  evidencias  físicas.    Pero,    más   tarde,   en  la  misma  audiencia pretendió se admitiera la incorporación  durante      el  juicio,      por      intermedio      de      un  investigador,    del    informe   y   de  las fotografías de una inspección  al  lugar  de  los hechos.  De    esa    manera,    se    reafirmaba  la  inicial  impresión  de que el  abogado  desconocía  no solo el concepto de descubrimiento sino su esencialidad   en   el   debido   proceso   probatorio            (art.   356,  numeral     2º,    del    C.P.P./2004).   

3.  De manera  extemporánea,     el    defensor    enunció     como     prueba    una    inspección    “ocular”  al  lugar  en  que se incautó el  arma   y   se   capturó   al   acusado.  En  estricto  sentido, debe decirse  que  ni  siquiera  enunció  tal  medio  de  conocimiento sino que lo  “solicitó” cuando la audiencia  transitaba  ya por la fase  de  estipulaciones  probatorias  y cuando, obviamente, no se había dado  inicio  a         la         de         peticiones.        Así,   se   trastocaba   groseramente  el  desarrollo  de  la  audiencia preparatoria y las  fases  previas  a  la  admisión de las pruebas, aspectos regulados con  meridiana claridad en el precitado  artículo 356 y siguientes.   

4.  Ante  la advertencia que hizo la juez  sobre   la   improcedencia   de   la   prueba        enunciada   por  fuera    de   la   oportunidad   legal,    el   defensor   manifestó,    en   actitud   sumisa,   su  plena                  conformidad.     Sin    embargo,    en  la  fase de solicitudes         probatorias     incluyó    la    referida     inspección   sin   expresar   nada   sobre   su   pertinencia,   utilidad  y  admisibilidad,  distinto a que serviría para aclarar  los   hechos,   menos  aún  sobre  los  requisitos  específicos   de   su  procedencia   (arts.   435   y   436   C.P.P./2004).  Es  decir,  esta  parte  procesal  (i)  insistió en la práctica de una prueba que antes había aceptado  era   improcedente   por   su   extemporánea   enunciación,  (ii)  omitió  la  sustentación  debida de la petición, y, (iii) pasó  por  alto  la naturaleza  excepcional  de la prueba de inspección en el vigente sistema de enjuiciamiento  penal.   

5. El  representante  del acusado enunció  como  pruebas los testimonios de los dos miembros de  la   Policía  Nacional  que  realizaron  el  operativo  de  captura,     luego    omite    solicitarlos   en   la  oportunidad  correspondiente  y, finalmente, cuando  la  juez exige aclaración  sobre   la  inspección  “ocular”         deprecada,            introduce  la  petición  de  aquellas  declaraciones   condicionándola   a   que        no       fuera      redundante        porque        se       trataba       de       pruebas  ya  solicitadas       por      la      fiscalía.    En  las   actividades   y  omisiones  que se relatan  se  advierte  no  un  simple  olvido  en quien debía  garantizar   la   asistencia   cualificada  sino  la  incapacidad  de  articular la petición de pruebas a la estrategia defensiva, el  desconocimiento  de  las  posibilidades  que  ofrece  el       contrainterrogatorio      en     juicio     y    el          incumplimiento         ostensible         del     deber    de    sustentar  su   pedido.   

6. En   la   oportunidad   en   que  debía  sustentar  la  solicitud  de  los  testimonios  de  Jorge  Eliecer  Sánchez  Gamba,  Claudia  Patricia  Prada  Herrera  y  Carolina  Rotavisque   Castro,  el  defensor  se  limitó  a  aducir que eran testigos  directos    de   los   acontecimientos.   Esa  pálida  sustentación  provocó  la  previsible  inadmisión  de  las referidas pruebas, pues  el  peticionario  desatendió las  disposiciones      contenidas      en     los     artículos     375,     376     y     357,     inciso     2º,   del   C.P.P./2004.  Estas  últimas  ni  siquiera  consagran  reglas  de argumentación  probatoria especializadas  para  un proceso acusatorio, lejos de eso  son  principios básicos que       rigen      la  prueba judicial en general y que se  refieren  a la admisibilidad, pertinencia y necesidad  de  aquélla. Por último,  la  sola  alusión  a  la  vinculación  “directa”  de  los testigos con los  sucesos,     a     pesar     que     reflejaba  la  importancia  que para la teoría del caso defensiva  tenían             aquéllos,   constituyó   una   inaceptable        petición de principio.   

7. Después de  finalizar   el   turno  de     solicitud    de    pruebas    del  defensor  y  cuando  la juez daba  traslado  de  ella  a la  fiscalía,  aquél  la interrumpe para solicitar el  testimonio   de  Gonzalo  Salazar  Gordillo, a quien  menciona  por primera vez en la audiencia  como  su  investigador y   con   quien,  expresa,   introduciría   el   “soporte”  de  todos  los  testimonios  solicitados,  aclarando luego de una amonestación de  la      funcionaria     judicial     que  aquél  incorporaría  el informe y el álbum fotográfico de  una   inspección   al   sitio  en  que  se  capturó  al  procesado.   

Esa  petición  no solo fue extemporánea  porque  se  presentó  cuando  ya  había precluido la oportunidad para tal fin,  sino  que  pasó  por  alto  etapas  medulares  del  debido proceso de   incorporación  de  las  pruebas  como     son     el     descubrimiento    y    la  enunciación,   con   lo   cual,   adicionalmente,  se   vulneraba   el   principio   de   igualdad  de  armas.       No  obstante,     esas  irregularidades   fueron  omitidas     por    la    juez   que   terminó   decretando   la   prueba  testimonial,    inclusive    también   por   la  misma   fiscalía     que     ninguna     oposición     manifestó  al  respecto,    comportamientos    éstos    que  únicamente    encuentran    explicación   en   una   actitud   compasiva  ante  la orfandad letrada  del  acusado,  toda  vez  que  ambos  funcionarios  demostraron  en la audiencia  preparatoria  que  conocían  con  suficiencia la dinámica probatoria y podían  prever  que  una  posición rigurosa privaba a aquél  de     cualquier     medio     de    prueba a su favor.   

8. Con  el anterior testigo manifestó el defensor introduciría unos  documentos  (informe  y  fotografías de una inspección al lugar de los hechos)  que,  como  antes  se  dijo,  jamás  descubrió  y  que  ni siquiera suministró al propio acusado ni al  abogado  que  lo  sucedió  en  la  defensa  técnica.  Por  esa razón y porque  ni           siquiera          facilitó         el contacto  del supuesto investigador        con  el  defensor  que  lo  reemplazó  para el juicio        oral,       este  último  tuvo que desistir de la  práctica  de  esa prueba  testimonial.   

En    tales   condiciones,  o  el referido testigo no adelantó  las   labores   investigativas   que   fundaron   su   petición   y   posterior  decreto, por lo menos no  la   referida   visita   al   lugar   de   los   hechos   y   su   levantamiento  fotográfico               -nunca        conocidas    en   el   proceso-,   o  sí   existieron  tales  labores    y   sus   respectivos   soportes,   pero  el    defensor    se  desincorporó  del  proceso  llevándose consigo  cualquier  vestigio  de  esas  actividades          probatorias.             Cualquiera  fuera  la  hipótesis  explicativa  que  se  acogiera,  lo  cierto  es  que  el  resultado    vulneró   el   derecho   a  una  defensa  técnica  real  y,  de  paso,  la  garantía a la  contradicción   a   través   de   la   presentación   de  pruebas.  Ello  ocurrió  con cierta complacencia de la juez porque   su   compasiva  flexibilidad  la llevó a admitir unos  elementos materiales probatorios que jamás nadie conoció.   

9. En    contra   de   la   providencia  que  denegó la práctica  de  los  testimonios  de  Jorge  Eliecer  Sánchez Gamba, Claudia Patricia Prada  Herrera  y  Carolina  Rotavisque  Castro, el defensor  manifestó          que         interponía        “un           recurso”   sin   especificar  cuál  y,    en   lugar   de  ello,  argumentó     que  aquellos  eran  testigos  directos        que       aclararían       las       circunstancias.   Cuando  la  juez lo     reconviene     por       no       indicar    el   recurso   que      en     concreto            promovía       y       por  la extemporánea sustentación de  pertinencia     de     las     pruebas,     se     limitó     a    rogar  que  continuara   la   audiencia   y   que   “quede  en    firme    la    determinación”.   

En la actuación del defensor se advierte  su  desacuerdo  con  el  auto  que  decidió las solicitudes probatorias, por lo  menos  en  la  parte  que  denegó  la  declaración  de quien él estimaba eran  testigos  directos  de  los  hechos  materia  del  juicio,  producto  de lo cual  realizó  un  intento  de  oposición  a la decisión judicial al manifestar que  contra  ella interponía un recurso. No obstante, esa  legítima  pretensión  no  pudo avanzar debido a la  ignorancia  de su autor en  torno   a   la   singularidad   de   los   medios   de  impugnación     y     a     la    debida  sustentación  (oportunidad  y  ámbito)  de los mismos.  Es  evidente, entonces, que fueron éstas y no otras  las  razones  por  las cuales aquél, vencido por su propia ineptitud, desistió  de su propósito.   

A  partir de las anteriores observaciones  se  concluye  que a pesar  que    la    estrategia   manifiesta   de   la  defensa  desde  la  audiencia  preparatoria  consistió   en   incorporar  pruebas  testimoniales     y  documentales     que  refutaban  la        acusación;    la  ignorancia y la falta de  aptitud  del  abogado que ejerció la defensa en aquella audiencia, en relación  al  debido  proceso  probatorio  contemplado  en la Ley 906 de 2004 y a las más  elementales  nociones  del  régimen de las pruebas y  de    los    recursos    judiciales,   impidió  que  la  verdad  declarada  en  la  sentencia  fuera  el  resultado  de  la  confrontación de las tesis de dos adversarios, imponiéndose  así  la  única ventilada  en    el    juicio    que,    obviamente,    fue    la    acusatoria. De esa manera, la inefectividad  de  la  defensa  material  prácticamente anuló las  posibilidades    de    controversia    y    por   esa   vía   se   desvirtuó  el  fundamento  epistemológico de un sistema procesal de corte acusatorio, como  el colombiano.   

En  las  circunstancias  anotadas  queda  evidenciada  una  vulneración  flagrante  al  derecho a la defensa técnica del  acusado,  la  cual  ocurrió  no  por  la  ausencia  absoluta  de  un  profesional  del  derecho  ni  por  la  inexistencia  de actos  positivos  de  gestión,  sino porque su ejercicio durante la fase trascendental  de  preparación  del juicio oral, en la cual se definían las bases probatorias  que  permitirían  confrontar las tesis de la acusación y de la defensa, estuvo  a  cargo  de un abogado que carecía de las mínimas habilidades y conocimientos  para  litigar  en  el  sistema  acusatorio  adoptado  por la Ley 906 de 2004. Es  decir,  a  pesar  de  la  presencia formal de un profesional del derecho y de la  realización  de  algunas  actuaciones, éstas fueron  tan  torpes, tan estultas  y  tan manifiestamente equivocadas que dejaron en una  indefensión material  al acusado que extendió sus  efectos  al  posterior  desarrollo  del  juicio  y,  eventualmente, a      la      definición     del  proceso.    

No      sobra      precisar  que, tal y como lo advirtió  la  delegada  del  Ministerio  Público,  en  el  presente  evento la demanda de  casación     no    consistió    en    un    ejercicio    de    descalificación  de  la  estrategia  del  abogado  que  lo  antecedió  en  la defensa de CLAUDIO DE JESÚS CAICEDO PARRA,  sino  en  la exposición de una serie de reparos a la actuación del defensor en  la  trascendental  fase  de  preparación  del  juicio  oral  que  frustraron la  incorporación  del  soporte  probatorio necesario de la táctica defensiva, los  cuales  tuvieron  lugar  debido  a  la  ausencia  de  las  habilidades  y de los  conocimientos  que  demanda  la litigación en el sistema acusatorio, inclusive,  algunas  veces,  de  la  preparación  jurídica  en  aspectos procedimentales y  probatorios   básicos.  Por  ende,  tampoco  se  está en presencia de meras  omisiones  que  permitieran hablar de una inaceptable defensa pasiva;  por  el  contrario,  hubo  actividad  del letrado pero esta fue  manifiestamente errónea y torpe.   

Por último, no  puede  dejarse a un lado que la violación al derecho a una defensa técnica fue  el  resultado  de  la  ineptitud  por  parte  del  abogado que la ejerció, pero  también  de  la falta de vigilancia y corrección de la juez de conocimiento en  el  aseguramiento  de  las  garantías  fundamentales  del acusado. Recuérdese     que    son     deberes     del    funcionario    judicial    el     de    salvaguardar   los   derechos   de  todos   los   intervinientes   en  el  proceso28        dejando       constancia,  inclusive,     del  cumplimiento       de       esa      garantía29,        y    el    de    corregir    los   actos   irregulares30.  En  el  asunto   que   se  decide,  la  juez  no  garantizó  ni  una  defensa  técnica  efectiva ni la   igualdad  de  armas;  muy    a   pesar   que   en   sus   múltiples  requerimientos  de  aclaración    al  defensor,    en   sus  constantes  correcciones,  en  la  concesión  de  tiempos  adicionales  para la  preparación   de  aquél  y  hasta  en  su  decisión  de  decretarle una prueba sin que hubiese cumplido  los   requisitos  para  su  admisión,  refulge  que  advirtió  las      irregularidades      defensivas      y  no  las  evitó  ni  las  corrigió  adecuadamente.   

Conforme    a   las   consideraciones  expuestas, el derecho del  acusado  CLAUDIO  DE  JESÚS  CAICEDO  PARRA  a  una  defensa      técnica      real     únicamente   puede   restablecerse   mediante   la   anulación    parcial   del  proceso, conforme lo establece el  artículo       457       del      C.P.P./200431,   sin  que  esa    lesión    sea   subsanable   en  virtud  de  los principios de instrumentalidad  de  las  formas, de protección o de convalidación32  porque  se  trata  de una  garantía       fundamental.       Mucho  menos  es admisible sostener,  como  lo hace la fiscalía no recurrente,   que   la  inexistencia  material  de    la       defensa       técnica       en      la      fase  preparatoria  se  solventó        con      la     activa  intervención  del  defensor  que  asistió     al  juicio,    pues    olvida    que    el  desarrollo  de  éste  último  en lo que hace a la práctica  probatoria,              viene  delimitado         por         las     decisiones     adoptadas  en            la            primera.         Además,  la  presencia del defensor  es   presupuesto  de  validez  de  la  audiencia preparatoria (art.  355,  inc.  2º,  ibídem)  y  aquélla  no  puede  entenderse  como  una  mera  condición  óntica  sino  como    la    garantía   de   una   representación  experta,      sin      la      cual     se     produce     una     indefensión    equivalente  a    la            ausencia   física   de un abogado.   

En   consecuencia,   se   remitirá        el   proceso   al  Juzgado  12  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  con   función   de   conocimiento   para  que  se  reponga  la actuación a partir de la preparación  del  juicio  oral  salvaguardando  siempre  las garantías debidas a las partes,  especialmente    la   defensa   técnica   efectiva   del   acusado.   Esta   medida   obedece  a  que,  contrario  a  lo  aseverado  por el demandante, no se observa causa legal   alguna  que  impida            a  la  misma  funcionaria  judicial  rehacer parcialmente el  proceso, más aún cuando se anuló su inicial   sentencia   y    la    que    le   corresponderá  dictar  a  futuro dependerá de  una  nueva realidad procesal y probatoria.   

4. Otras determinaciones  

Se  compulsarán  copias  de la presente  actuación   con   destino   al   Consejo   Seccional   de   la   Judicatura  de  Bogotá, con el objeto  de  que  se  investigue  disciplinariamente    al   abogado   que   nominalmente   ejerció  la  defensa  técnica  durante  la  audiencia   preparatoria,  por  haber  incumplido   los   deberes   que   la   profesión  le  impone.   

De otra parte, se llamará la atención a  la  Juez  12  Penal  del  Circuito  con función de  conocimiento     de    esta    ciudad,  para  que  ejerza  una  adecuada  vigilancia  y  supervisión  del  cumplimiento  de  las garantías debidas a las  partes  e  intervinientes en los procesos que ante ella se adelanten, tal y como  lo    ordenan   los  artículos  138,  numeral  2,  y  139,  numeral  6,  del C.P.P./2004.   

Por  último,  no  sobra advertir que el  acusado  CLAUDIO DE JESÚS CAICEDO PARRA se mantendrá en libertad, toda vez que  en el proceso no se le ha impuesto medida  de aseguramiento alguna. Además,  la  orden  de captura dispuesta en la sentencia decayó con la anulación que de  ésta aquí se decreta.   

D   E  C  I S I Ó N   

En  mérito de lo expuesto, la   Corte   Suprema   de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por autoridad de ley,   

R E S U E L V E  

Primero: Casar  la  sentencia condenatoria proferida contra CLAUDIO DE  JESÚS  CAICEDO PARRA por el delito de Fabricación,  tráfico,   porte   o   tenencia   de  armas  de  fuego,  accesorios,  partes  o  municiones.    En    consecuencia,   decretar   la  nulidad  del  proceso  desde la audiencia preparatoria.   

Segundo:  Remitir  el proceso al  Juzgado   12   Penal   del   Circuito   de  Bogotá  con   función   de   conocimiento   para  que  se  reponga  la actuación a partir de la preparación  del  juicio  oral  salvaguardando  siempre  las garantías debidas a las partes,  especialmente la defensa técnica del acusado.   

Tercero:  Compulsar  copias de la  presenta  actuación  ante el Consejo Seccional de la Judicatura de Bogotá, con  el  objeto  de  que se investigue disciplinariamente al abogado que nominalmente   ejerció  la  defensa  técnica durante la audiencia preparatoria.   

Cuarto:  Llamar  la atención de  la    Juez    12    Penal    del   Circuito   de   Bogotá   con   función   de  conocimiento,   para   que   ejerza  una  adecuada  vigilancia  y  supervisión  del  cumplimiento  de  las garantías debidas a las  partes e intervinientes en los procesos que ante ella se adelanten.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Decisiones  del  21  de enero de 2015, Rad. 44112; del 13 de julio de 2005, Rad.  17819; y otra, sin fecha, en el Rad. 44620.   

2  Sentencia T-266 de 2009.   

3  Artículo  14, numeral 3, literal d): “[d]urante el  proceso,  toda  persona acusada de un delito tendrá derecho, en plena igualdad,  a  las  siguientes  garantías  mínimas:  (…)  d)  A  hallarse presente en el  proceso  y  a defenderse personalmente o ser asistida  por  un defensor de su elección; a ser informada, si  no  tuviera  defensor,  del  derecho  que le asiste a tenerlo, y, siempre que el  interés  de  la  justicia  lo  exija,  a  que  se le nombre defensor de oficio,  gratuitamente, si careciere de medios suficientes para pagarlo.”   

4  Artículo    8º,    numeral    2,    literales    d)    y    e):   “(…)  [d]urante  el  proceso,  toda  persona tiene derecho, en  plena  igualdad,  a  las  siguientes  garantías  mínimas: (…) d) derecho del  inculpado  de  defenderse  personalmente  o  de  ser  asistido  por  un  defensor  de  su  elección  y de  comunicarse   libre   y   privadamente   con   su   defensor;   e)  derecho   irrenunciable   de   ser   asistido   por   un  defensor  proporcionado  por el Estado, remunerado o no según  la  legislación  interna,  si  el  inculpado  no se defendiere por sí mismo ni  nombrare defensor dentro del plazo establecido por la ley.”   

5  Sentencia C-069 de 2009.   

6 Fallo  de  casación  del  19 de octubre de 2006, rad. 22432, reiterado en el fallo del  11 de julio de 2007, rad. 26827.   

7 Así  lo  advirtió   en  la  sentencia C-591 de 2005:  “Además,  cabe  recordar,  que  el  nuevo diseño no corresponde a un típico  proceso  adversarial  entre dos partes procesales que se reputa se encuentran en  igualdad  de  condiciones;  por  un  lado,  un  ente  acusador,  quien  pretende  demostrar  en  juicio  la solidez probatoria de unos cargos criminales, y por el  otro,  un acusado, quien busca demostrar su inocencia; ya que, por una parte, el  juez  no es un mero árbitro del proceso; y por otra, intervienen activamente en  el  curso  del mismo el Ministerio Público y la víctima. Cabe recordar, que en  desarrollo  de  la  investigación las partes no tienen las mismas potestades, y  la  misión  que  corresponde  desempeñar  al  juez,  bien  sea  de  control de  garantías  o  de  conocimiento,  va  más  allá  de la de ser un mero árbitro  regulador  de  las  formas  procesales,  sino  en  buscar  la aplicación de una  justicia  material,  y  sobre  todo,  en  ser  un  guardián  del respeto de los  derechos  fundamentales  del  indiciado o sindicado, así como de aquellos de la  víctima,…”.   

8  FERRAJOLI,  Luigi.  Derecho  y  razón.  Teoría del  garantismo  penal, 9ª ed, Edit. Trota, Madrid, 2009,  p. 614.   

9  Ibídem, p. 613.   

10  Fallo del 11 de julio de 2007, rad. 26827.   

11  Minuto 1:38 del primer archivo   

12  Minuto 1:48 ibídem   

13  Minuto 2:07 ibídem   

14  Minuto 2.13 ibídem   

15  Minuto 5:19 ibídem   

16  Minuto 7:50 ibídem en adelante   

17  Minuto 11:00 ibídem   

18  Minuto 12:01 ibídem   

19  Aporta la cédula, dirección y teléfono del testigo   

20  Ibídem   

21  Ibídem   

22  Minuto 25:34 ibídem   

23  Minuto 28:00 ibídem   

24  Minuto 28:50 ibídem   

25  Minuto 29:14 ibídem   

26  Minuto 00:03 del segundo archivo   

27  Minuto 11:07 ibídem en adelante   

28  Artículo 138, numeral 2,  del C.P.P./2004   

29  Artículo 139, numeral 6,  ibídem   

30  Artículo  10,  inciso  final,   y   139,   numeral   3,   ibídem   

31  “Es causal de nulidad la violación del derecho de  defensa  o  del  debido  proceso  en aspectos sustanciales. (…)”.   

32 El  artículo  306  de  la  Ley  600 de 2000 lo prescribía expresamente, sin que su  falta  de  consagración  en el Código de Procedimiento Penal de 2004 impida la  aplicación  de  los principios que orientan las declaratorias de las nulidades,  pues son de la esencia de este instituto procesal.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *