AP7365-2016(47742)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

LUIS     ANTONIO     HERNÁNDEZ BARBOSA   

Magistrado Ponente  

AP7365-2016  

Radicación 47742  

(Aprobado Acta No. 338).  

Bogotá D.C., octubre veintiséis (26) de dos  mil dieciséis (2016).   

VISTOS:  

         Resuelve  la Sala si admite o no la demanda de casación presentada  por el defensor de RVC.   

HECHOS:  

Aproximadamente  desde cuando tenía 6 años  de        edad,       la       niña       YYY1,  nacida  en mayo de 1995, fue  objeto  de  tocamientos y besos en sus genitales por parte de RVC, compañero de  su  progenitora.  Ya  cuando  cumplió  12  años  la  accedió  carnalmente  en  múltiples  ocasiones  en  su  residencia  ubicada  en  la  carrera (…) sur de  Bogotá,  situaciones  que en forma detallada la menor relató a la esposa de su  tío,  MRCR,  el  16 de noviembre de 2009, quien las puso en conocimiento de las  autoridades.   

ACTUACIÓN PROCESAL:  

En audiencia realizada el 16 de septiembre de  2013  en  el Juzgado 23 Penal Municipal con función de control de garantías de  Bogotá,  se  impartió  legalidad a la captura de RVC y la Fiscalía le imputó  la  comisión de los delitos de acceso carnal abusivo y actos sexuales con menor  de  14  años, ambos en concurso homogéneo sucesivo. En la misma oportunidad le  fue   impuesta   medida   de   aseguramiento   privativa   de   la  libertad  en  establecimiento carcelario.   

Presentado el escrito de acusación, el 10 de  septiembre   de   2014  se  realizó  la  correspondiente  audiencia,  en  la  cual la Fiscalía imputó las  referidas conductas punibles.   

Surtida  la  fase  del juicio, el Juzgado 14  Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de Bogotá profirió fallo el  10  de  junio  de  2015,  condenando a VC a  162  meses  de  prisión  e  inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso, como autor del concurso  homogéneo  de  delitos  de  actos sexuales con menor de 14 años y lo absolvió  por  el concurso de accesos carnales abusivos. Le negó la condena de ejecución  condicional y la prisión domiciliaria.   

La  Fiscalía  y  la  defensa  impugnaron la  sentencia.  El  Tribunal Superior de Bogotá la revocó parcialmente respecto de  la  absolución  a  través  del fallo recurrido en casación, expedido el 11 de  diciembre  de 2015 y entonces, tasó la pena en 252 meses de prisión y 20 años  de    inhabilitación    para    el    ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas.   

LA DEMANDA:  

El defensor formuló un cargo por violación  del  debido  proceso derivada de la afectación sustancial de su estructura y la  garantía debida a las partes.   

         En   su   acreditación   señaló   que  el  Tribunal  de  Bogotá  desconoció  lo  dispuesto por la Corte Constitucional en sentencia C-792 del 29  de  octubre  de  2014,  pues  no  ordenó  el trámite del recurso de apelación  contra  el  fallo  condenatorio proferido por primera vez en segunda instancia y  únicamente     dio     curso    a    la    impugnación    extraordinaria    de  casación.   

         Se  violaron  los  artículos 8-2 de la Convención de San José de  Costa  Rica, 14-5 del Pacto de Nueva York, 6, 8, 10 y 20 de la Ley 906 de 2004 y  29 de la Constitución Política.   

En suma, se privó a RV, aduce el defensor,  de  impugnar  el  fallo  condenatorio  proferido por el Tribunal, motivó por el  cual  se  vulneró  su  derecho  a  la  defensa.  Entonces,  solicitó anular la  actuación   desde   “el  evento  procesal  de  la  expedición  del fallo de condena de segunda instancia, de fecha 11 de diciembre  de  2015,  para  que  se  modifique  la parte resolutiva, en su numeral segundo,  parte  segunda”,  de  modo  que  se  establezca  la  procedencia  del  recurso  ordinario  contra  dicha providencia de condena, para  “tener  la  oportunidad  de  que su caso en vía de  apelación  sea  estudiado  por  el  superior,  sin el apego a los formalismos y  tecnicismos   que   le   son   propios   al  recurso  extraordinario”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

Según  el  artículo  181  de la Ley 906 de  2004,  el  recurso  de casación se encuentra dispuesto para cuestionar la falta  de  aplicación,  interpretación errónea o aplicación indebida de las normas,  el  quebranto  del  debido  proceso  y las garantías debidas a las partes, así  como  los  errores  en  la  apreciación  de  las pruebas sobre las cuales se ha  edificado el fallo de segundo grado.   

         Entonces,  si  el  actor  en  este asunto sólo censuró que no fue  otorgada  a la defensa la posibilidad de interponer recurso de apelación contra  el  fallo  de  condena  proferido  por primera vez por el Tribunal, es claro que  erró  el  sendero  para  atacar la sentencia desfavorable a los intereses de su  representado,  en  cuanto desdeñó el recurso de casación legalmente dispuesto  para  exponer  su  inconformidad  y  a  la  par propuso un recurso de apelación  inexistente   e   imposible   de   activar   según   lo   ha   señalado   esta  Sala.   

Además,  como  el  demandante se limitó a  reprochar  el  trámite  posterior  al  fallo de segundo grado pero no atacó la  sentencia,  la  acreditación de la materialidad del delito o la responsabilidad  de  su  asistido  ni  tampoco  la  legitimidad  del  proceso, las pruebas, etc.,  encuentra  la  Corte  que  no  debió  acudir  al  recurso  de  casación,  pues  le  correspondía  simple  y  llanamente  proponer la  nulidad  de dicha actuación que consideraba irregular, se reitera, en la medida  que  no  cuestionaba  el  trámite  anterior  a tal providencia o lo decidido en  ella,  máxime  si  ni siquiera dejó constancia de su interés en interponer el  recurso de apelación que echa de menos.   

          En  efecto,  en  virtud  del  principio de legalidad contenido en el  artículo  6  de  la  mencionada  legislación procesal, que cita el recurrente,  “Nadie  podrá  ser  investigado  ni  juzgado  sino  conforme  a la ley procesal vigente al momento de los hechos, con observancia de  las  formas  propias  de  cada juicio”, de manera que  para  comenzar, resulta por lo menos inconsistente solicitar a la Sala que honre  dicho  principio, para acto seguido demandar el trámite de un recurso ordinario  de  apelación  no  previsto  por  el  legislador  para  los  fallos  de segundo  grado.   

          Ahora,  como  ya se ha definido en otras  actuaciones  (Cfr.  CSJ  AP, 12 jul. 2016. Rad. 48012,  CSJ  AP,  24  ago.  2016.  Rad. 48546, CSJ AP, 14 sep.  2016.  Rad. 48512 y CSJ AP, 14 sep. 2016. Rad. 48675, entre otras), en cuanto la  legislación  procesal  penal  no prevé el recurso de  apelación     contra     fallos     de    segunda  instancia,   carece   la  Corte   de   competencia  reglada  para  definir  su implementación   y  tanto  menos  está habilitada para  actuar   como   tribunal   de   apelación  en  tales  casos.   

         La  Corte  Constitucional  en  sentencia  C-792   de   29  de  octubre  de  2014,  declaró  la  inexequibilidad  de varios artículos de la Ley 906 de  2004    por    déficit  normativo,  en  cuanto  omitían  la  posibilidad  de  impugnar    todas    las   sentencias   condenatorias   y   difirió  sus efectos a un año, contado a partir  de  su  notificación,  que  se  cumplió  entre  el 22 y el 24 de abril del 2015.  A   su   vez,   en   la  sentencia  de  revisión  de  tutela  SU-215  del 28 de  abril   de   2016,   al   delimitar  los  efectos  y  alcances  de  aquel  fallo  de  constitucionalidad  precisó  que: (i) Surte efectos desde el 25 de abril  de  2016.  (ii)  Opera  respecto  de sentencias dictadas a partir de esa fecha o  que   para   entonces   estuviesen   en  proceso  de  ejecutoria.   (iii)   Aunque   en   ella   sólo  se  había resuelto el problema de las condenas impuestas  por   primera   vez   en  segunda  instancia,  debía  entenderse  que  su  exhorto  llevaba  incorporado el llamado al legislador para  que regulara en general la  impugnación  de  tales  decisiones  dispuestas  por  primera  vez  en  cualquier  estadio  del  proceso penal. (iv) La Corte Suprema,  dentro  de  sus competencias, o en su defecto el juez constitucional, atendiendo  las    circunstancias    de   cada   caso,  debía definir la forma de garantizar  el  derecho a impugnar la sentencia condenatoria impuesta por primera vez por su  Sala de Casación Penal.   

Sobre   el   particular,   la    Sala   Plena   de   la   Corte   Suprema   de   Justicia,   en  sesión  del 28 de abril de 2016, aprobó  el  comunicado  08/2016,  en  el  cual  señaló        que        “La  impugnación en todos los casos de  la  primera  condena  dictada en el proceso penal es irrealizable porque ni esta  Corte  ni ninguna otra autoridad judicial en el país cuenta con facultades para  definir  las  reglas  que permitan poner en práctica la aspiración de la Corte  Constitucional   expresada   en   la   sentencia   C   792  de  2014”,  además,  “no está al alcance de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  máximo  Tribunal  de la justicia ordinaria y  órgano  de  cierre,  la  creación  de  un  superior jerárquico que revise las  sentencias de sus Salas especializadas”.   

No    hay    duda    que   una  orden  como  la  contenida  en  las sentencias C-792 de 2014 y  SU-215   de   2016,   requiere   de  una  reforma  constitucional  y  legal  que  sólo  puede  adelantar  el  Congreso,  por  cuanto  implica  suplir  un déficit  legal      normativo     que     incluiría     la  redefinición  de  funciones, la creación  de  nuevos  órganos  judiciales y la  redistribución   de   competencias,   entre   otros  aspectos2.   

         Desde  luego,  no  sobra  puntualizar  que  como ya lo manifestó  esta  Sala  respecto  de  otra  decisión   de  la  Corte  Constitucional,  se  advierte      que      tiene     “poca  familiaridad  con  el  instituto  de la casación”3,        como        a  continuación se explica.   

Básicamente,  la  Corte  Constitucional  considera  que “el recurso de casación no satisface  los  estándares  del derecho a la impugnación, por las siguientes razones: (i)  no  todas  las  sentencias  condenatorias  que  se  dictan por primera vez en la  segunda  instancia  son  susceptibles  de  ser  impugnadas, porque el recurso no  procede  contra  los  fallos que juzgan contravenciones, porque el recurso puede  ser  inadmitido  a  discreción cuando se considere que la revisión judicial no  es   necesaria   para   los   fines   de  la  casación,  y  porque  cuando  los  cuestionamientos  del  recurrente versan sobre la orden de reparación integral,  son  aplicables  todas  los condicionamientos de la legislación común; (ii) el  tipo  de  examen  que  efectúa  el  juez  de  casación  es distinto del que se  efectúa  en  el  marco  del derecho a la impugnación, porque no recae sobre la  controversia  que  da  lugar  al  proceso  judicial  sino  sobre  la providencia  recurrida,  y  porque  el  juez no tiene plenas potestades para efectuar revisar  (sic) integralmente el fallo  sino  sólo  a  partir  de  las  causales  establecidas de manera taxativa en el  derecho  positivo;  (iii)  por regla general, en sede de casación no existe una  revisión  oficiosa  del  fallo recurrido, porque la valoración de la sentencia  se  debe  circunscribir  a los cargos planteados por el casacionista”.   

Al respecto se tiene que en el ámbito de la  comisión  de  delitos  –  como   ocurre   en   este   asunto   –  y  conforme  al  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, todas las  sentencias  de  segunda  instancia son susceptibles del recurso de casación, de  modo  que con la referida legislación ya no se distingue entre casación común  y  excepcional.  Ahora,  si  los  fallos  de  segundo  grado por contravenciones  penales  no  son  susceptibles  de  tal  impugnación, ello en nada desdibuja el  problema abordado, en cuanto corresponde a otra hipótesis.   

Es  cierto que la demanda de casación puede  ser  inadmitida  cuando  se  considere  que la revision judicial no es necesaria  para  los fines de tal impugnación, pero no se trata de una potestad arbitraria  o  caprichosa,  en  cuanto  exige  que  del contexto del escrito “se  advierta  fundadamente que no se precisa del fallo para cumplir  algunas   de   las   finalidades  del  recurso”,  en  consecuencia,   corresponde   a   una   facultad   reglada  y  fundamentada  que  sustancialmente  no  recorta  en  modo  alguno  las  garantías  y  derechos del  impugnante.   

Al  respecto  señaló esta Sala4:  “Como  puede  verse  el  recurso  extraordinario de  casación  en  la Ley 906 de 2004 es eminentemente reglado, y el hecho de que la  Corte  deba  superar los defectos de la demanda para decidir de fondo atendiendo  los  fines  de  la  impugnación, no significa que el recurso sea discrecional o  excepcional  sino  que  se  le dota de la libertad de  selección   del  libelo,  en  todo  caso  sujeta  a  parámetros      claramente      establecidos     por     la     ley”.   

          Por  el  contrario,  el  inciso 3º del artículo 184 del Código de  Procedimiento  Penal  señala  que  “atendiendo los  fines  de  la casación, fundamentación de los mismos, posición del impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada,  (la  Corte)  deberá superar los defectos  de  la demanda para decidir de fondo”. Se trata de un  mecanismo  dispuesto  para  dar  prevalencia  al  derecho  sustancial  sobre las  formas,  que  sin  duda rebasa los alcances del recurso ordinario de apelación,  en  cuyo  marco  no  es  posible  que  el  superior  supere las falencias de una  impugnación,  en  cuanto  está  sometido,  de  una  parte,  a  la exigencia de  adecuada  sustentación  so pena de imponerle declararlo desierto y, de otra, al  principio  de limitación, según el cual, el funcionario de segundo grado está  sujeto  a  los temas propuestos por el recurrente y a aquellos inescindiblemente  atados a éstos.   

Debe  recordarse  que en la teoría general  del  proceso los recursos, entre ellos el de apelación y casación, cuentan con  dos  supuestos  ineludibles.  En  primer  lugar, deben ser propuestos, es decir,  tienen  carácter  rogado,  pues  no hay lugar a tramitarlos de manera oficiosa,  sino a pedido del interesado.   

Y  en  segundo  término, quien los propone  debe  tener  legitimación  en el proceso,  esto  es, contar con la condición de sujeto procesal habilitado  para  actuar,  además  de legitimación en la causa o  interés,  que surge cuando la decisión es de alguna  manera  desfavorable  a  quien  la  impugna,  y  se pierde, cuando el interesado  demuestra conformidad con lo que en ella se decide.   

Como afirma la Corte Constitucional, en orden  a  demostrar  que  el  recurso de casación es insuficiente al compararlo con el  apelación,  que  “cuando  los cuestionamientos del  recurrente  versan  sobre la orden de reparación integral, son aplicables todas  los  condicionamientos de la legislación común”, se  advierte  que  el  tema civil no corresponde al derecho a la impugnación de las  sentencias  condenatorias, según se colige del artículo 29 de la Constitución  al   señalar   que   “toda  persona  (…)    tiene   derecho   (…)    a    impugnar   la   sentencia  condenatoria”,  el artículo 8.2.h de la Convención  Americana   sobre   Derechos  Humanos  en  cuanto  dispone  que  “toda   persona   inculpada   de   delito   tiene   el  (…)  derecho de recurrir del fallo ante  juez  o  tribunal  superior” y el artículo 14-5 del  Pacto  de Nueva York al establecer que “toda persona  declarada  culpable  de  un delito tendrá derecho a que el fallo condenatorio y  la  pena que se le haya impuesto sean sometidos a un tribunal superior, conforme  a  lo  prescrito  por  la  ley”,  máxime si así es  expresamente aceptado en la misma sentencia C-792 de 2014.   

          En  efecto, el Comité de Derechos Humanos y la Corte Interamericana  de  Derechos  Humanos  han  señalado  que  el derecho a impugnar las sentencias  condenatorias  se limita al ámbito punitivo. En la Observación General No. 32,  el   Comité  Derechos  Humanos  señaló  que  “la  garantía  (…) no se aplica  a  los  procedimientos  para determinar los derechos y obligaciones de carácter  civil  ni  a  ningún  otro  procedimiento  que  no forme parte de un proceso de  apelación penal”.   

No  es  acertado afirmar que “el  tipo  de  examen  que efectúa el juez de casación es distinto  del  que  se efectúa en el marco del derecho a la impugnación, porque no recae  sobre   la  controversia  que  da  lugar  al  proceso  judicial  sino  sobre  la  providencia   recurrida”,  pues  si  el  recurso  de  casación  se  encuentra  dispuesto  para  censurar  la  falta  de  aplicación,  interpretación  errónea  o aplicación indebida de las normas, la vulneración  del  debido proceso y las garantías debidas a las partes, además de los yerros  en  la  apreciación  de  las pruebas que sirvieron de pábulo a la sentencia de  segunda  instancia,  no  se  advierte  qué aspecto del fallo podría quedar por  fuera del amplio espectro de tales causales.   

          Ahora,  como  también  la  Corte  Constitucional  señala que en la  casación  “el juez no tiene plenas potestades para  revisar  integralmente el fallo sino sólo a partir de las causales establecidas  de   manera   taxativa   en  el  derecho  positivo”,  encuentra  la  Sala  que contrario a tal aserto, el inciso 2º del artículo 184  de  la  Ley 906 de 2004 establece que “En principio,  la  Corte  no  podrá tener en cuenta causales diferentes de las alegadas por el  demandante.   Sin   embargo,   atendiendo   a   los   fines   de  la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición del impugnante dentro del proceso e  índole  de  la  controversia  planteada,  deberá  superar  los  defectos de la  demanda  para  decidir  de  fondo”, de modo que esta  Corporación  cuenta  con la facultad oficiosa de ocuparse de temas ajenos a los  propuestos   por  el  recurrente,  mientras  que  en  virtud  del  principio  de  limitación,  cuando  el  superior  resuelve  el  recurso  de  apelación,  debe  someterse,  como  ya  se  advirtió,  a  los  temas  objeto  de impugnación y a  aquellos inescindiblemente vinculados.   

Tampoco es cierto lo manifestado por la Corte  Constitucional  al indicar que “en sede de casación  no  existe  una revisión oficiosa del fallo recurrido, porque la valoración de  la   sentencia   se   debe   circunscribir   a  los  cargos  planteados  por  el  casacionista”.   Se  reitera,  el  inciso  2º  del  artículo  184  del  estatuto  procesal penal dispone lo contrario, a diferencia  del recurso de apelación.   

          Entonces,  si  el  derecho  a  la  impugnación  de  las  sentencias  condenatorias  comporta  que  todo  fallo penal condenatorio pueda ser impugnado  por  el  sancionado;  que  la  controversia  pueda  ocuparse del contenido de la  decisión  judicial,  así  como  de  sus  fundamentos  normativos,  fácticos y  probatorios,  en  procura  de  conseguir una revisión integral del asunto y del  fallo  condenatorio; y que los planteamientos del impugnante sean estudiados por  una  instancia  judicial  diferente  de la que lo condenó, para que sean por lo  menos  dos  funcionarios  los  que  determinen  la  responsabilidad  penal  y la  sanción,  considera  la Corte que tales exigencias son satisfechas sobradamente  por el recurso de casación, según se puntualiza a continuación.   

1.             Como  ya  se  advirtió,  todas   las  sentencias  proferidas  por  delitos,    como    en    este   caso,   son   susceptibles   del   recurso   de  casación.   

2.             La   controversia   propuesta  por  el  condenado  no  reprocha  únicamente la decisión judicial, pues las causales de  casación   permiten   cuestionar   sus   fundamentos  normativos,   como   ya   fue  dicho,  por  falta  de  aplicación,  interpretación  errónea  o  aplicación  indebida de las normas,  además  de  los  fundamentos  fácticos  y probatorios por  vía  de  censurar,  de  una  parte,  la  violación  del  debido  proceso y las  garantías  en  el  curso  de  la  actuación  y,  de  otra,  los  errores en la  apreciación  de  las  pruebas en las cuales fue sustentada en segunda instancia  la condena.   

         3.        Desde  luego, con tal examen de la Corte en el recurso de casación,  se  consigue  que  los  argumentos  del  sentenciado  sean  dilucidados por otra  instancia  y  que  por  lo  menos  dos pronunciamientos judiciales determinen la  responsabilidad penal y la correspondiente punibilidad.   

No   en   vano  el  Comité  de  Derechos  Humanos   de  la  ONU  ha  aceptado  que el recurso de casación, en cuanto  comporte  el  análisis  detallado  y  minucioso  del  caso,  de los hechos, las  pruebas  y  las  normas,  así  como  de  las  irregularidades planteadas por el  condenado,  es  apto  y  eficaz para concluir que no se violó el artículo 14-5  del       Pacto       de       Nueva       York5.   

A  su  vez,  la  Corte  Interamericana  de  Derechos    Humanos    ha    señalado    sobre   el   tema   que   “independientemente  del régimen o sistema recursivo que adopten  los  Estados Partes y de la denominación que den al medio de impugnación de la  sentencia  condenatoria,  para  que  éste  sea  eficaz debe constituir un medio  adecuado  para  procurar la corrección de una sentencia errónea. Ello requiere  que  pueda  analizar cuestiones fácticas, probatorias y  jurídicas en que  se  basa  la  sentencia  impugnada,  puesto  que  en la actividad jurisdiccional  existe   una   interdependencia   entre   las  determinaciones  fácticas  y  la  aplicación  del  derecho,  de  forma tal que una errónea determinación de los  hechos  implica  una  errada  o  indebida  aplicación  del  derecho”6.   

         Dado  que  la  Corte  Constitucional  en  la sentencia C-792 de 2014  citó  los  ejemplos  de  Costa  Rica  y  Argentina, en los cuales el recurso de  casación  no  fue  considerado eficaz para impugnar fallos de condena, advierte  la  Sala  que  en  la  misma  providencia se explicó por qué tales mecanismos,  sustancialmente  diversos  de  la  casación  reglada  en el sistema colombiano,  quebrantaron  el  Pacto:  Respecto  del  caso  Herrera  Ulloa  vs  Costa Rica, “los  recursos  de  casación  presentados  contra  la sentencia condenatoria de 12 de  noviembre  de  1999  no  satisficieron  el requisito de ser un recurso amplio de  manera  que  permitiera que el tribunal superior realizara un análisis o examen  comprensivo  e  integral  de  todas  las cuestiones debatidas y analizadas en el  tribunal  inferior (…) sino  limitado”.   

         Por  su  parte,  en  el  caso  Mohamed vs  Argentina  la  Corte  Interamericana consideró que el  recurso  federal  de casación no era eficaz, accesible y de suficiente amplitud  para  que  la condena fuera revisada, en cuanto “las  causales  que  condicionan la procedencia de dicho recurso están limitadas a la  revisión  de  cuestiones  referidas  a  la  validez  de una ley, tratado, norma  constitucional  o  a la arbitrariedad de una sentencia, y excluye las cuestiones  fácticas  y  probatorias,  así  como  de  derecho  de  naturaleza jurídica no  constitucional  (…)  esas  causales  limitaban  per  se  la  posibilidad  del  señor  Mohamed  de plantear  agravios    que    implicaran    un   examen   amplio   y   eficaz   del   fallo  condenatorio”.   

Entonces,  advierte  la  Sala  que la Corte  Constitucional  descartó  la  eficacia del recurso de casación dispuesto en el  sistema  procesal colombiano sin detenerse a constatar sus bondades, en especial  su  evolución,  en  el  entendido  que  no tiene los mismos alcances formales y  rigidos  que  en  las décadas de los ochenta y noventa, sino que a partir de la  Constitución  de  1991  y  en  especial  de  este siglo, ha sido desarrollado y  ampliado  en  procura  de asegurar efectivamente los derechos fundamentales y el  derecho  material,  al  punto  que  la  Corte  tiene  facultades  oficiosas para  disponer su guarda y respeto.   

Ahora, aunque el legislador dispuso ciertas  exigencias  para  acceder  a  la  casación, en verdad no se trata de requisitos  ajenos  a  la  razón  o desproporcionados, sino de unos mínimos de coherencia,  orden  y  claridad  en  el  planteamiento  de  las  censuras  por  parte  de los  impugnantes,  sin  que  incorrecciones tales como la falta de nominación de los  errores  en  la apreciación de las pruebas, la indebida ordenación prioritaria  de  los cargos (principio de prioridad), la insuficiente propósición jurídica  completa,  la  no  identificación  de  los  sujetos  procesales,  la  falta  de  síntesis  de los hechos o la indebida construcción de los cargos, entre otras,  conlleve necesariamente su inadmisión.   

Por  el  contrario  y ello lo acreditan los  precedentes  judiciales de los últimos años, es frecuente que la Sala disponga  superar  los  defectos  de  la  demanda  de  casación para entrar a conocer del  asunto,  o  bien,  que  acuda  a  su  facultad oficiosa para casar fallos en los  cuales  se  considera  violado  el debido proceso o las garantías debidas a las  partes  e  intervinientes,  inclusive,  cuando se ha vulnerado indirectamente la  ley  por  indebida  apreciación  de las pruebas y, en consecuencia, disponer la  correspondiente               enmienda7.   

Puede concluirse con relación al derecho a  la  impugnación  de  las sentencias condenatorias, que el recurso de casación,  como  el  de  apelación,  cumplen  cometidos protectores de los derechos de los  condenados,  en  varios  aspectos  aquél  con  mayor  posibilidad  efectiva  de  cobertura.   

Así las cosas, en concordancia con lo dicho  al  inicio  de  las  consideraciones,  ante  la circunstancia evidente de que el  defensor  no atacó en casación el fallo de segundo grado, sino que propuso dar  trámite  a  un  recurso  de apelación no establecido en la ley contra el fallo  del   Tribunal,   la  Sala  inadmitirá  la  demanda  presentada  en  nombre  de  RVC.   

Contra  este  auto  procede el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004  y  las  reglas  que  ha  definido  la  Sala  de  manera  pacífica  en  pronunciamientos anteriores.   

        En  virtud  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR  la  demanda de casación presentada por el defensor del procesado RVC.   

        Contra  esta determinación procede el mecanismo de insistencia, en  los   términos   definidos   pacíficamente   por   la   jurisprudencia  de  la  Sala.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

CORTE    SUPREMA    DE   JUSTICIA   

SALA     DE    CASACIÓN PENAL   

ACLARACIÓN DE VOTO  

Casación.    Tema:    Impugnación  Especial   

Radicado. 47742  

Procesado:  RVC   

Acta  No.  338  de  26  de  octubre  de  2016   

Respeto  el  criterio  mayoritario  de la  Sala.  No  me  queda  duda  que  la  decisión adoptada y la mía obedecen a las  convicciones  jurídicas que definen la postura asumida en la providencia que se  aprueba   y   la  del  suscrito  en  la  inconformidad  que  manifiesto  con  el  voto.   

Mi discrepancia radica en que a mi juicio  a  partir  del  25 de abril de 2016 debe tramitarse y resolverse la impugnación  contra  la primera condena emitida por los Tribunales, en virtud de lo dispuesto  en  la  sentencia C-792 de 2014, complementada con la sentencia SU-215 del 28 de  abril de 2016, proferidas por la Corte Constitucional.   

La  sentencia C-792 de 2014 dispuso en el  numeral   2º  de  la  parte  resolutiva  «EXHORTAR  al  Congreso  de  la  República  para  que,  en  el  término  de  un  año  contado  a partir de la notificación por edicto de esta  sentencia,  regule  integralmente  el  derecho  a  impugnar todas las sentencias  condenatorias.  De  no  hacerlo,  a  partir del vencimiento de este término, se  entenderá  que  procede  la  impugnación de todas las sentencias condenatorias  ante   el  superior  jerárquico  o  funcional  de  quien  impuso  la  condena»  por  lo  que  la  única  interpretación  que puede  hacerse  de  dicha  decisión  es  que  la impugnación procede contra todas las  sentencias  condenatorias  ante  el superior del juzgador que impuso la condena.   

En  la sentencia en cita dispuso la Corte  Constitucional  «se dispondrá que en caso de que el  legislador   incumpla   el   deber   anterior,  se  entenderá  que  procede  la  impugnación  de  los  referidos  fallos  ante  el  superior jerárquico (sic) o  funcional  de  quien  impuso  la  condena».  A esta  última  afirmación  en la decisión se hizo un llamado a pie de página con el  número  141,  del  que  en  lo  pertinente  se  trascribe:  «…  esta  Corporación ha señalado la necesidad de que al interior de  organismos   judiciales  colegiados  como  la  Corte  suprema  de  Justicia,  se  diferencie  orgánicamente  la  función  de  investigación  y  la  función de  juzgamiento,  cuando  ambas  han  sido atribuidas a esta corporación. De manera  análoga,  en  estas  hipótesis se debe garantizar la revisión de los primeros  fallos  condenatorios  que  se  dictan  en  el  marco  de  un  juicio  penal por  instancias que carecen de superior jerárquico.»   

Para  el suscrito no tiene discusión que  con  las  decisiones  de la Corte Constitucional de marras se creó el derecho a  impugnar  la primera condena proferida por los Tribunales y la Sala de Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia.   

En cuanto a la impugnación de la primera  condena  proferida  por  los Tribunales, la Carta Política y la Ley 906 de 2004  regulan  las  autoridades  judiciales  que  tienen  la  condición  de  superior  funcional   para  resolver  las  impugnaciones,  apelaciones  o  el  recurso  de  casación.   

No  riñe  con la Constitución Política  que  por  jurisprudencia  se  establezcan  las  reglas  para darle trámite a la  impugnación  en  los  términos  en que lo ordenó la Sentencia C-792 de 2014 y  SU-215  de  2016  para  las  primeras  condenas  proferidas  por  los Tribunales  Superiores de Distrito Judicial.   

En  consecuencia,  la primera condena del  Tribunal  debe  notificarse  y durante el término de ejecutoria establecido por  la  ley  procesal  penal para recurrir la decisión, las partes deben manifestar  si interponen recurso de casación o impugnación.   

Como  los  recursos son rogados, si no se  hace  manifestación,  en  los  términos señalados en el párrafo anterior, la  sentencia  queda  ejecutoriada.  De  llegar a recurrirse puede expresarse que se  interpone  únicamente  casación  o  simultáneamente impugnación y casación.   

Si  solamente  se  interpone impugnación  debe  remitirse  al  superior  funcional,  como el ad  quem  es el Tribunal, la remisión debe hacerse a la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia, para que ésta de  plano la resuelva con plena competencia.   

Si  únicamente  se  interpone recurso de  casación  se  resolverá exclusivamente éste pues por voluntad del condenado o  su  defensor se renunció a agotar la impugnación como medio de protesta contra  la decisión adoptada.   

Si  se manifestó el deseo de recurrir en  casación  e  impugnación,  fenecido  el  término  de ejecutoria del fallo que  impuso  la primera condena se debe correr traslado simultáneo para sustentar la  casación  y  la  impugnación,  por  el  término  previsto  por la ley para el  primero  y  luego  la  Corte  debe  resolverlos  conforme  a  la  técnica  y la  competencia  que  a  cada  uno  le  corresponde, lo que debe hacerse en la misma  providencia,  dado  que  la  que  resuelve  la  impugnación  no  tiene  recurso  extraordinario.   

En  cuanto a la primera condena proferida  por  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  la solución no es idéntica a la de los  Tribunales.   

La  estructura  constitucional vigente no  establece  un  superior  funcional  para  la  Corte  Suprema  de Justicia y esta  Corporación  está prevista como órgano superior de cierre de la jurisdicción  ordinaria,  ámbito  al  que  pertenece  la  primera  condena, por tal razón el  único  autorizado  por el ordenamiento jurídico para establecer la autoridad y  el  trámite  para  resolver  la  impugnación  contra  decisiones de la Sala de  Casación  Penal  es  el  Congreso  de  la  República  a  través  de  un  acto  legislativo,  entidad a la que se le otorgó 1 año para proceder de conformidad  y omitió el cumplimiento de su deber.   

Es  absolutamente imposible para la Corte  Suprema  de  Justicia  sustituir  la  voluntad  del  constituyente para crear un  superior  jerárquico  y  funcional  de  dicha Corporación en materia penal, la  Corte  Constitucional  ha  reiterado  que  ni  siquiera  el congreso puede hacer  reformas  que  desconozcan  la  voluntad  del  constituyente  primario de 1991 y  desnaturalicen  y  modifiquen  la  estructura  sustancial  del Estado colombiano  conforme  a  la Carta Política aprobada, así se ha ratificado, entre otras, en  resiente  decisión  que  declaró  inexequible  el  acto legislativo 02 de 2015  sobre la reforma para el equilibrio de poderes.   

Por  tanto,  la  situación de la doble  conformidad  de  la  primera  condena  impuesta por la Corte Suprema de Justicia  tiene  creado  el  recurso de impugnación pero conforme a la Carta Política es  absolutamente  imposible  su  trámite  y  decisión,  lo  que  solamente podrá  hacerse  cuando  el  Congreso  de  la  República  cumpla  con  la  orden que le  impartió la Corte Constitucional.   

Cordialmente,  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  

       Fecha ut supra   

    

1 No se  registra  el  nombre de la niña en aplicación del numeral 8º del artículo 47  del     Código     de     la    Infancia    y    la    Adolescencia.   

2 CSJ  AP,  18  may.  2016. Rad. 39156 y CSJ AP, 25 may. 2016. Rad. 37858, entre otras.   

3 CSJ  SP, 22 jun. 2016. Rad. 42930.   

4 Auto  del 24 de noviembre de 2005. Rad. 24323.   

5   Caso    Pérez   Escolar   c.   España.              Comunicación 1156/2003.   

6   Caso    Mohamed    vs    Argentina.   Sentencia del 23 de noviembre de 2012.   

7  Sentencia del 25 de agosto de 2004. Rad. 21829, entre otras.     

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