AP7293-2016(49062)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

AP7293-2016  

Radicado N° 49062.  

Aprobado acta No. 338.  

Bogotá, D.C., veintiséis (26) de octubre de  dos mil dieciséis (2016).   

V I S T O S  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado ECG, contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bogotá   el  18  de  agosto  de  2016,  que  confirmó,  con  modificaciones  en  la  pena, la condena emitida el 10 de septiembre de 2015 por  el  Juzgado  20  Penal  del  Circuito  de la ciudad, en la cual se determinó al  acusado  responsable  del  delito  de  actos  sexuales  con  menor  de  14 años  agravado,  en  concurso  homogéneo sucesivo, e impuso sanción de 74 meses y 19  días  de prisión. Allí mismo se decretó la pena accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, por un lapso igual al de  la  privación  de  la  libertad, y se negaron al procesado los subrogados de la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la   pena   y   prisión  domiciliaria.   

HECHOS  

En  el  fallo  de segundo grado se narró lo  ocurrido, de la siguiente forma:   

“los  hechos  que  dieron  origen  a  la  presente  actuación,  tuvieron  ocurrencia en el inmueble ubicado en la carrera  (…)  número  (…),  barrio (…) Norte de esta ciudad, durante los años dos  mil  cinco  (2005)  a  dos  mil siete (2007), lapso en el que ECG efectuó actos  sexuales  en  varias oportunidades con la menor hija de su compañera permanente  L.X.C.O.,  quien  para  el año dos mil siete (2007), tenía trece (13) años de  edad.”   

DECURSO  PROCESAL   

      El  19  de julio de  2012,  en  el  Juzgado 43 Penal Municipal de Bogotá, tuvo lugar la audiencia de  formulación  de  imputación,  en  la  que  se  atribuyó  a ECG, el delito, en  concurso  homogéneo  sucesivo,  de  actos  sexuales  con  menor  de  14  años,  agravado,    al    cual   no   se   allanó.   No   se   solicitó   medida   de  aseguramiento.   

       El   escrito  de  acusación  fue  presentado el 14 de septiembre de 2012. Consecuentemente, el 13  de  septiembre  de  2013,  en  el  Juzgado  20 Penal del Circuito de Bogotá, se  celebró  la  audiencia  de formulación de acusación, en la cual se reiteraron  los cargos consignados en la imputación.   

      El 25 de octubre de  2013, tuvo lugar la audiencia preparatoria.   

     Los días 22 de mayo  y  20 de agosto de 2014, 21 de abril,  15 y 30 de julio, y 10 de septiembre  de  2015,  fue  realizada  la  audiencia  de juicio oral, al final de la cual el  funcionario judicial anunció sentido de fallo condenatorio.   

      El 10 de septiembre  de  2015,  se  profirió la sentencia condenatoria, apelada oportunamente por la  defensa.   

     Finalmente, el 18 de  agosto  de  2016,  fue  leída  la  sentencia de segundo grado, que confirmó la  condena  y  por  ello  motivó el extraordinario recurso de casación presentado  por el defensor de ECG.   

SÍNTESIS  DE LA DEMANDA   

Cargo único  

Lo radica el recurrente en la causal tercera  consignada  en  el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  que  remite  al  “manifiesto  desconocimiento  y  apreciación de la  prueba     sobre     la     cual     se     funda    la    sentencia”.   

Al  efecto,  si  bien,  al  inicio  de  su  exposición   el   recurrente   significa  que  las  instancias  efectuaron  una  “interpretación       errada      de      los  testimonios”,  y  después  precisa  que el fallo de  condena  ha sido elaborado a partir de prueba de referencia y de lo revelado por  la  víctima, a quien debe estimarse “contradictoria  y  ajena  a  la  realidad”, finalmente precisa que el  cargo  se  soporta  en  la  materialidad  de  un  falso juicio de existencia por  suposición,  dado  que  los  hechos  asumidos  por  el  Tribunal  no  se fundan  “en    medios    de    prueba    suficientemente  idóneos”.   

A fin de apuntalar su tesis, el demandante se  ocupa  de  examinar  lo  declarado  por la víctima, de la cual pregona falta de  credibilidad  por  incurrir  en contradicciones, entre ellas, las referidas a la  época  de  ocurrencia  de  los  hechos  y  la  manera  en que se ejecutaron los  vejámenes denunciados.   

Como  la  prueba  testimonial  directa no es  atendible,  razona  el  casacionista,  el  fallador incurrió en falso juicio de  existencia   por   suposición   al   dar   por  demostrados  los  hechos  allí  narrados.   

De  igual  manera,  acota,  no  es  posible  evidenciar  credibilidad  o  ratificación  a  lo  dicho  por  la  menor,  en lo  consignado  por  otros  declarantes,  pues,  se  trata  de prueba de referencia,  allegada por quienes no conocieron de primera mano lo sucedido.   

Algo  similar  sucede  con  la  experticia  médica,  anota  el  demandante,  en  tanto, el Tribunal desplaza al perito para  sostener  que puede haberse presentado la penetración sin que dejase rastros de  semen o espermatozoides.   

En  contrario,  añade  el  impugnante,  la  defensa  presentó  testigos que demuestran imposible la ocurrencia de los actos  denunciados,  simplemente,  porque para esa época ya no residía la menor en la  vivienda habitada por el acusado.   

Por  último, el demandante trae a colación  apartados  jurisprudenciales  recientes  en los cuales la Corte precisa la forma  en  que  debe  ser  abordado  el  examen de lo testimoniado por menores, para de  allí concluir que perfectamente estos pueden mentir.   

Advierte,  en punto de trascendencia, que de  no  haberse  presentado los yerros relacionados en su escrito, necesariamente se  habría    generado    duda    suficiente    para    la    emisión   de   fallo  absolutorio.   

Por  ello,  solicita  casar  la  sentencia a  efectos     de     emitir    la    consecuente    decisión    absolutoria    de  reemplazo.     

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

    

    Cargo único  

         Para  la  Corte,  la  sola  lectura del cargo propuesto advierte del  absoluto  desconocimiento  que  posee  el  recurrente  acerca de la naturaleza y  fines  del  mecanismo  excepcional  de  la  casación,  pues,  entremezcla en la  causal,  referida  a  un  supuesto error de hecho por falso juicio de existencia  por  suposición, temas completamente ajenos al tópico, al punto que, entonces,  la   definición   de  aquella  apenas  sirve  de  fachada  a  un  por  completo  intrascendente   alegato   de   instancia,   desde  luego,  ajeno  a  esta  sede  extraordinaria.   

     No  es la casación, debe  aclararse  al  recurrente,  una  opción  general e indiscriminada a la que deba  acudir  la defensa solo porque no tuvieron eco sus argumentos o se le venció en  juicio,  ni  se  instituye la misma a manera de tercera opción para que se siga  discutiendo  lo  que fue suficientemente analizado y resuelto por los falladores  ordinarios.   

      Precisamente   por  su  connotación  extraordinaria, prevalida del concepto arraigado que refiere cómo  la  decisión  de  segundo  grado  se halla prevalida de una doble condición de  acierto  y  legalidad, la sentencia del Tribunal solo puede derrumbarse a partir  de  precisas,  específicas  y  demostradas  causales,  consignadas  en la ley y  desarrolladas en sus efectos por la jurisprudencia de la Sala.   

     De  esta  manera,  si  de  verdad  se  materializa  un  yerro  notorio y trascendente que impone reformar o  revocar  el  fallo  de  segunda  instancia,  lo obligado para el casacionista es  ubicar   la   causal,   demostrar   la   existencia  del  vicio  y  precisar  su  trascendencia.   

     Para el caso concreto, si  el  demandante  aduce  que  se  presentó  violación  indirecta de la ley en el  componente  del  falso juicio de existencia por suposición, vale decir, que las  instancias  fundaron  la  sentencia  de  condena  en  una  prueba  que nunca fue  arrimada  al  juicio  oral,  la  verificación del aserto se le ofrece expedita,  pues,  basta  con  traer  a  colación,  transcribiéndolo,  el  apartado  de la  sentencia  en  el  cual  se referencia la inexistente prueba, y confrontarlo con  los  medios  aceptados  y  efectivamente  recogidos  en  juicio,  para verificar  inconcuso   un   yerro   que   opera  esencialmente  objetivo.      

      La  auscultación  del  contenido  argumental  del  cargo  permite  concluir  que  la  pretensión allí  consignada  no obedece siquiera adjetivamente a este tipo de yerro, en tanto, no  se  trata  de  demostrar  que  los  hechos estimados probados por el Tribunal se  soportan  en  una prueba imaginada por este, sino de controvertir la valoración  realizada  por  las  instancias  a  elementos  de  juicio  adecuada,  oportuna y  efectivamente ingresados al juicio oral.   

     Como la discusión, en la  práctica,  deriva  hacia  el  tema  específico de la manera en que el Tribunal  examinó  el  efecto demostrativo de lo contenido en las pruebas, necesariamente  la   fundamentación  del  cargo  debió  dirigirse  por  el  camino  del  falso  raciocinio,   en   tanto,  se  trata  de  definir  que  en  dicha  tarea  fueron  desatendidos los parámetros de la sana crítica.   

     Ello reclamaba inexorable  precisar  cuál  de  las  aristas  de  la  sana  crítica  (ciencia,  lógica  o  experiencia)  fue afectada en concreto, delimitando la utilizada inadecuadamente  por  las  instancias  y la que debe gobernar el asunto, para después definir su  efecto,  en  cuyo  caso  se  obliga  realizar  un  reexamen  de  todo  el acopio  probatorio,  ahora  expurgado  el  vicio,  para  demostrar que sin este ya no se  sostiene la condena.   

        Esa    forma  lógico-jurídica  de  demostrar  el supuesto vicio jamás fue emprendida por el  casacionista,  quien  mejor prefirió el camino fácil pero inane de anteponer a  la  valoración  adelantada  por las instancias, su muy particular visión de lo  que  en  el tópico de credibilidad arroja lo dicho por la víctima y del efecto  legal   que,   en  su  sentir,  comporta  la  que  señala  prueba  de  respaldo  eminentemente referencial.   

     En  este  sentido,  cabe  recordar   que   los  mismos  temas  tratados  en  el  cargo  fueron  objeto  de  presentación  de  la  defensa  en  el  alegato  de  cierre del juicio oral y el  recurso  de  apelación  propuesto  contra el fallo de primer grado, solo que no  tuvieron eco ante los falladores.   

     La  Sala  observa  que en  ambos  escenarios  lo  planteado  por  el  defensor  fue  amplia y profundamente  examinado,  con  cabal  respuesta  a  los  aspectos salientes, sin que ahora, en  procura  de  soportar  la  causal  de casación aducida, el demandante acierte a  definir  cómo  los  argumentos  plasmados  en  los  fallos de primera y segunda  instancias,  representan  algún tipo de violación a los criterios que rigen la  sana crítica.   

        Soslaya    el  casacionista,  se agrega, que el objeto de controversia en casación no lo es la  prueba  aisladamente  considerada,  sino  la evaluación específica que de ella  realizó  el  sentenciador; por ello, se erige en simple alegato de instancia el  examen  que  aquí  intenta de lo revelado por la víctima, pues, cabe destacar,  las  contradicciones  en que ella incurrió, se repite, planteadas en el alegato  de  cierre  y la apelación del fallo, sí fueron efectivamente consideradas por  los  jueces  singular y colegiado, solo que con consecuencias diversas a las que  propuso la defensa.    

    

      Los   sentenciadores  aceptaron  que  la  menor no precisa cuándo ocurrieron los hechos, pero adveran  que  ello  apenas  refleja  su  falta  de  comprensión  del tema, por lo demás  coincidente  con  la época en que se materializó el vejamen, sin que afecte el  núcleo  básico  de  lo  relatado,  atinente  a  que  el  acusado la sometió a  vejámenes  sexuales  durante varios meses (entre los años 2005 y 2007), cuando  ocupaban   la   misma   residencia   y  antes  de  que  alcanzara  ella  los  14  años.   

     De  igual  manera  fueron  respondidas  las  críticas  atinentes al tipo de maniobra sexual reiterada y la  presencia    o    no    de    familiares    cuando    se    ejecutaban    dichas  prácticas.   

     Empero,  los muy precisos  argumentos   presentados  por  los  falladores  en  las  sentencias,  no  fueron  abordados  por  el  impugnante para hacer ver algún exabrupto de raciocinio que  los  deslegitime,  razón  suficiente  para  determinar  carente  de  soporte el  cargo.   

    Por lo demás, la crítica  que  se  realiza  al  examen conjunto que de los medios de prueba realizaron las  instancias,  debe  trasladarse  al  impugnante,  como  quiera  que  se limitó a  efectuar  apreciaciones  aisladas  en  torno  del  carácter  de referencia que,  considera,  comporta lo dicho por otros de los testigos de cargo, sin señalar a  qué  conduce  su  afirmación,  o  si  lo  pretendido  es  fundar  un juicio de  legalidad  en  torno  de  la  forma  como se allegaron dichas declaraciones o el  efecto   probatorio   que   ellas   puedan  tener.        

     Sobre este particular, no  observa  la  Corte  que  el examen probatorio efectuado por las instancias pueda  ser  controvertido por aristas formales o legales, en tanto, a la prueba directa  que  representa  lo dicho por la víctima se le sometió a análisis intrínseco  de  credibilidad  para  después  someterla  al  tamiz  ratificatorio  de  otras  pruebas,  en  particular,  lo  dicho  por  la  profesional de la sicología y la  narración  que  de su comportamiento durante la época en que se sucedieron los  hechos traumáticos y posteriormente, dejó evidenciar la menor.   

    También fueron examinados  en  su totalidad los testimonios allegados por la defensa, aunque se destacó su  escaso  valor  demostrativo, ora porque corresponde a personas que no pueden dar  fe  de  los  hechos,  ya  en  atención  a  que  se  entienden  parcializados  o  francamente  interesados y mendaces, como sucede con lo dicho por la madre de la  menor y a la par compañera permanente del acusado.   

      No  se  entiende,  por  último,  a  qué  conduce  la  afirmación  del  recurrente  referida  a que el  Tribunal  desatendió  lo  referido  por el perito médico, pues, se tiene claro  que  este  habló  de  la  inexistencia  de  acceso  carnal y, precisamente, las  instancias  terminaron por advertir que, en efecto, el mancillamiento no superó  el acto sexual.   

       Desde   luego,   la  manifestación  aislada  atinente  a  que no necesariamente una u otra conductas  implican  la  transmisión  de  espermatozoides  o  líquido  seminal, a más de  cierta, resulta intrascendente para el delito que se examina.   

     En  fin,  que la completa  ausencia  de  argumentación encaminada a verificar la existencia de algún tipo  de  vicio  trascendente en el análisis probatorio realizado por las instancias,  convierte  la  crítica  del  demandante,  como  ya  se  anotó,  en  alegato de  instancia  que  necesariamente  conduce  a la inadmisión del cargo propuesto y,  en   general,  de  toda  la demanda, como quiera que la Corte, examinado el  trámite  procesal  y  las  varias  decisiones  tomadas  en  curso del mismo, no  advierte  violación  trascendente  de  garantías  que reclame su intervención  oficiosa.     

    En mérito de lo expuesto,  LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  Sala      de      Casación      Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de casación presentada en nombre de ECG,  En  seguimiento  de  las  motivaciones  plasmadas  en  el  cuerpo  del  presente  proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

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