AP617-2016(47373)

2016

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP617-2016  

Radicación N° 47373.  

Aprobado acta No. 32.  

Bogotá, D.C., diez (10) de febrero de dos mil  dieciséis (2016).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de   casación   presentada  por  el defensor del        acusado       BAYRON    GABRIEL    CARVAJAL   OSORIO,  Teniente  Coronel  (r)  del  Ejército  Nacional  de  Colombia,  en  contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial  de  Cali  (Valle  del  Cauca), el 22         de        julio            de   2015,  mediante  la cual revocó el  fallo     absolutorio  emitido     por     el     Juzgado    Tercero  Penal  del  Circuito Especializado  con   funciones   de  conocimiento  de  esa     ciudad,     el    2         de         septiembre  de  2013,   para   en  su  lugar  condenar  al   mencionado   procesado  –y a Luis  Eduardo  Mahecha  Hernández,  Sargento Segundo de esa institución-,         como        coautores              responsables  del  concurso  de  delitos  de    tráfico,    fabricación    o    porte    de  estupefacientes         y         ocultamiento,  alteración   o   destrucción   de   elemento  material  probatorio.   

HECHOS  

En   el   proveído  impugnado, se prohíja el siguiente recuento de los mismos:   

“Encontramos  como  hechos  jurídicamente  relevantes,  los  siguientes:  que  para el 23 de abril de 2006, los Pelotones  del  Ejercito Arpón 2 y Arpón 4, pertenecientes al Batallón de Alta Montaña,  del  cual el señor BAYRON  CARVAJAL  OSORIO  era  su comandante y el señor LUIS EDUARDO MAHECHA HERNÁNDEZ  era  su  S-2,  hallaron  en  la  vereda  La  Chorrera,  Corregimiento  de  Villa  Colombia,  Vereda  Liberia  Municipio de Jamundí, dos  laboratorios  para  el  procesamiento  de  cocaína, dotados con sus elementos e  insumos,  los  cuales  fueron  destruidos sin levantamiento de acta alguna, pero  fijando  fotográficamente  la  escena  de estos hechos por uno de los oficiales  que  se  encontraban  en el lugar; laboratorios que no obstante su destrucción,  posteriormente  funcionarios  del  CTI llevaron a cabo diligencia de inspección  judicial  y  análisis  pericial  de residuos, encontrando trazas de cocaína en  algunos  de  estos,  labor que se determinó a través de un perito que llevó a  cabo este análisis.   

También   como   hecho   jurídicamente  relevante,  tenemos  que  allí  mismo, a escasos metros de la ubicación de los  laboratorios  para  el  procesamiento  de  cocaína,  en  una casa de color azul  fueron  hallados  trece  kilos  de una sustancia que para el momento y dadas sus  características   se  identificó  como  cocaína  por  parte  de  quienes  estuvieron  presentes  en  el lugar; de los cuales uno  de  ellos  fue  entregado  en  cumplimiento  de  las órdenes del Coronel BAYRON  CARVAJAL  OSORIO,  a  la  persona  que  brindó  la  información  relacionada  con  la  existencia de los  laboratorios.   

Pese a haberse fijado y registrado la escena  de  los  hechos  a  través  de  fotografías  y  haberse  hecho entrega de este  material  al  Batallón de Alta Montaña N° 3, comandado entonces por el señor  BAYRON  CARVAJAL  OSORIO y haberse dado instrucciones precisas al señor MAHECHA  HERNÁNDEZ  para  su judicialización, este material desapareció y estos hechos  nunca se judicializaron.   

Se omitió por parte de los señores BAYRON  GABRIEL    CARVAJAL   OSORIO   y   Sargento   LUIS  EDUARDO  MAHECHA HERNÁNDEZ poner en conocimiento de  las   autoridades   judiciales   el  hallazgo  de  los  laboratorios    para    el    procesamiento   de  estupefacientes,  sus insumos y la sustancia considerada hasta entonces cocaína  por  sus  características,  sustancia  y  elementos  que   quedaron   finalmente   en   manos   de   los  señores  BAYRON  CARVAJAL OSORIO y  LUIS EDUARDO MAHECHA HERNÁNDEZ.   

Contrariamente, sin  ningún  permiso  se  tuvo  consigo,  se  almacenó  y se conservó para sí una  sustancia  que  se  reportó  en todos los registros,  esto   es,   en  la  Bitácora  de  Resultados  del  Batallón Alta Montaña,  en    el    informe    trimestral    de   Operaciones   del   Batallón  de Alta Montaña, como equivalente  a  trece  kilogramos  de  cocaína,  después de hacerle entrega de uno de estos  kilos  en  el  lugar  antes  descrito  a una persona no identificada  que  dio información sobre los laboratorios; se ocultaron todas  las  pruebas  que  daban cuenta de los hallazgos de los laboratorios y sustancia  estupefaciente;  entre  ellas  el  material fotográfico que registró la escena  del  hecho,  tomado  por  uno  de los Comandantes de los pelotones de la Misión  Táctica;  y  finalmente cuando comenzaron a ser requeridos sobre los resultados  de  esta  operación  por  parte  de los superiores se allega un informe de LUIS  EDUARDO  MAHECHA  HERNÁNDEZ,  dirigido  al  Comandante  de la Brigada, donde se  indica sobre uno de los resultados, sin soporte alguno.   

El     material    fotográfico     que     acorde   con  las  informaciones  de  los  Comandantes     de    los    pelotones  Arpón  2  y  4  fueron  tomadas  de  la  escena  de los hechos,  desapareció.   

Pese  a  que el  Mayor  JAIME GUIDO OCHOA, en oficio de fecha  19 de mayo de 2008, da cuenta sobre cuál es el procedimiento  a  seguir en caso de hallazgo de laboratorios para el  procesamiento   de  cocaína,  cuándo  es  posible  dar   información   y  cuándo   no   es   posible  hacerlo  dadas  las  condiciones  del  área,  por  parte  del  Coronel    BAYRON   CARVAJAL   OSORIO  Comandante  de Batallón  de   alta   (sic)   Montaña   No.   3,  nunca  se  cumplió  con  estos  procedimientos;  pues  nunca se  solicitó      apoyo      o      acompañamiento      de      autoridad     judicial     con    el   fin   de   proceder   a  la  destrucción  y toma  de  muestra  de  las  sustancias  halladas;  nunca  se solicitó a una autoridad  judicial  la  autorización  para  la destrucción del laboratorio, para hacerlo  sin  el  acompañamiento  de la autoridad judicial atendiendo a la zona donde se  encontraba;  nunca  se  tomaron  muestras de las sustancias destruidas; nunca se  puso  en conocimiento de la autoridad judicial el hallazgo del estupefaciente ni  de  los insumos y elementos hallados en los laboratorios destruidos para efectos  de  su judicialización, nunca se levantó acta de destrucción de la sustancia.  En  suma,  teniendo  la  obligación y deber de hacerlo, nunca se judicializaron  por parte suya estos hechos.   

Ahora  bien,  tampoco por parte del señor  LUIS  EDUARDO  MAHECHA  HERNÁNDEZ,  se  judicializaron  los  hechos  que fueron  puestos  en su conocimiento sobre la incautación de insumos y elementos propios  para   el  procesamiento  de  estupefacientes,  como  tampoco     se     puso    en    conocimiento de  la  autoridad  judicial la incautación de doce kilos  de  cocaína  que  le  fueron  entregados precisamente para su judicialización.  Sustancia      respecto      de     la  cual  debemos  precisar,  fue  hallada a escasos metros de  donde fueron hallados los  dos  laboratorios  para el  procesamiento      de      cocaína,       sobre       los  cuales con posterioridad   a   su   destrucción  fueron  objeto  de  análisis  algunos de sus restos, resultando  positivo  para cocaína; sustancia hallada al interior de una vivienda junto con  una  planta eléctrica, una gramera y distintos insumos para el procesamiento de  cocaína”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En  audiencia  preliminar llevada a cabo  el  27  de  agosto  de   2009  ante  el  Juzgado     Quince  Penal  Municipal  con función de control de garantías de Cali            (Valle      del      Cauca),  se    le    formuló  imputación  a BAYRON GABRIEL CARVAJAL OSORIO y LUIS  EDUARDO   MAHECHA  HERNÁNDEZ  por  el  concurso  de  conductas  punibles  de tráfico, fabricación  o   porte   de   estupefacientes   y   ocultamiento,    alteración    o    destrucción    de    elemento    material  probatorio.   

En          diligencias  del  9 y 21 de septiembre  de   ese   año,   el  mismo  despacho  les  aplicó  medida  de aseguramiento  de detención preventiva en centro carcelario.   

Como          los  procesados     no     se    allanaron         a         los  cargos  endilgados, la Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación el 24      de     septiembre    siguiente,   ratificándolos.   

El 18 de enero 2010 se ordenó la libertad  de los incriminados, por vencimiento de términos.   

La  fase  del  juzgamiento  la  adelantó  el  Juzgado  Tercero   Penal   del  Circuito  Especializado  con  funciones  de  conocimiento  de  esa  ciudad, despacho que luego de  realizar       las       audiencias       de       acusación       –el  24  de  marzo,  31  de  mayo  y  6 de septiembre de dicha  anualidad-,      preparatoria     –el  3  y  22  de  noviembre  ulteriores- y juicio oral   –en  múltiples  sesiones  celebradas  entre  el  14  de  febrero de 2011  y  el  30 de abril de 2013-, dictó sentencia el 2 de septiembre  posterior,  absolviendo  a  ambos  implicados  de los ilícitos contenidos en el  pliego acusatorio.   

Apelado  el fallo por el representante del  ente  instructor,  la  Sala  Penal del Tribunal  Superior  de Cali lo revocó el 22 de julio de 2015, para  en  su  lugar condenar a CARVAJAL OSORIO y MAHECHA HERNÁNDEZ por las hipótesis  delictuales  de  tráfico,  fabricación  o porte de  estupefacientes         y        ocultamiento,    alteración    o    destrucción    de    elemento    material  probatorio.   

Consecuente     con     su    determinación,   el             Ad            quem             les impuso  las    penas   principales   de   314   meses   de  prisión  y multa  por  el  equivalente  a  37.832  salarios  mínimos legales  mensuales   vigentes,  y  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso; de igual  manera,    les   negó  los  beneficios  sustitutivos    de  la       suspensión       condicional  de  la  ejecución  de  la pena y  prisión domiciliaria.   

En  contra  del  proveído  de  segunda  instancia, la  defensa  técnica  de  CARVAJAL  OSORIO  interpuso oportunamente el recurso extraordinario de casación y  allegó la correspondiente demanda.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Luego  de consignar su particular visión de  los   hechos,   resumir   el   decurso   procesal1,   aludir  al  interés  para  recurrir  y  sostener que con el recurso propende por la efectividad del derecho  material,  el defensor del acusado BAYRON GABRIEL CARVAJAL OSORIO se apoya en el  numeral  3°  del  artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004 para denunciar que el  Tribunal  violó  indirectamente  de  la  ley sustancial, por haber incurrido en  errores  de hecho en la apreciación probatoria. Al efecto, postula dos censuras  que desarrolla de la siguiente manera:   

Cargo    primero:    falso   juicio   de  existencia.   

Según el casacionista, el juzgador sustentó  la  condena  en  un  elemento de juicio inexistente, ya que supuso el experticio  que  da  cuenta  “de  la  existencia  de  base  de  clorhidrato  de cocaína en la sustancia contenida en los 12 paquetes que fueron  hallados  en  el  lugar  de  la  operación”. De tal  forma,      el      Ad     quem     desconoció  que  cuando  se  trate  de sustancias sospechosas, para  descartarlas   o   confirmarlas  las  pericias  deben  ser  practicadas  por  un  profesional  perito  químico,  lo cual no ocurrió en este evento, ya que aquí  la  conclusión  se  extracta  con base en las declaraciones de las personas que  hallaron  la  sustancia, la trasladaron al batallón y la entregaron al sargento  Mahecha Hernández.   

Esos  testimonios,  precisa,  son los de los  miembros  del  Ejército  Juan  Pablo  Palacios  Alarcón,  José  Alfredo Jerez  Duarte,  Carlos  Ramiro  Bonilla  Rengifo,  Leonardo  Valderrama  Ortiz,  Carlos  Alberto  Lozano Rojas y Juan Carlos León Jaimes, de los cuales extracta algunas  de  sus  respuestas  para  seguidamente  concluir que con base en los mismos, el  fallador  supuso que la droga hallada en la vereda La Chorrera del corregimiento  Villacolombia  del  municipio  de Jamundí, era base de clorhidrato de cocaína.  También  cuestiona  que el último de los mencionados haya realizado experticia  en  los  elementos  recaudados  tres  meses  después  de  los  hechos,  en  los  laboratorios destruidos por las tropas.   

Para  el  demandante,  esa  prueba  no es de  recibo,  ya  que  sólo  lo sería la preliminar de PIPH, practicada en el sitio  donde  fue  encontrada  la sustancia incautada. Y aunque al perito del CTI Isaac  Urrutía  Bermúdez  se le envió lo decomisado para dicho estudio, del apartado  transcrito  de  su  deponencia  se  desprende que no determinó si era sustancia  estupefaciente, pero tampoco rindió informe sobre el particular.   

Para terminar, resume los hechos, insiste en  que  “la  ley no permite otra prueba que no sea la  pericial  para  identificar  la  sustancia”, vuelve a  resaltar  que  acá  no  se  practicó la prueba homologada PIPH, asegura que lo  trascedente  del asunto es que si no se demostró qué clase de sustancia fue la  incautada  se  debió  absolver a su representado, enuncia las normas que estima  infringidas2,  y pide que se case la sentencia impugnada, para emitirse el fallo  de reemplazo que corresponda.   

Cargo segundo: falso raciocinio.  

De manera previa, sostiene el impugnante que  dicho  yerro  se  presentó  en el proceso de inferencia lógica y razonable que  realiza  el  Tribunal  respecto del indicio del móvil para delinquir con el que  sustenta  la  condena  por el delito de ocultamiento,  alteración o destrucción de elemento material probatorio.   

En  orden  a  fundamentar  su  reparo,  cita  precedente  de  la  Sala sobre la forma de argumentar en estos casos, para luego  afirmar  que  se quebrantaron los postulados de la sana crítica y, en concreto,  las  reglas  de la experiencia o el sentido común al construirse el indicio del  móvil,   concluyendo  que  su  defendido  “tenía  interés  de no permitir el conocimiento de lo realmente sucedido y así generar  impunidad”. De ésta forma, agrega, se desconocieron  normas  e  instrumentos  internacionales,  asi  como  la efectividad del derecho  material,    propiciando    una    condena    injusta    en    contra    de   su  patrocinado.   

Acto  seguido,  el  mandatario  judicial del  procesado  repasa  la  forma en que el Tribunal construyó el indicio, expone su  propia  visión probatoria y concluye que se dejó de aplicar la regla según la  cual  “casi siempre las órdenes del comandante no  interfieren   el   fuero  interno  del  subalterno”,  teniendo  como hecho indicado que “el teniente JUAN  PABLO  PALACIO  ALARCÓN  entrega  el rollo fotográfico al sargento viceprimero  CARLOS  RAMIRO BONILLA RENGIFO, este a pesar de haber firmado el acta contentiva  de  cada  uno  de  los elementos incautados incluido el rollo fotográfico niega  rotundamente  haber  recibido los mismos”, a pesar de  que en el juicio oral se pronunció en contrario.   

Acorde con lo anotado y de nuevo consignando  su  propia percepción probatoria, sostiene que la prueba del hecho indicador no  dice  que  su  defendido  hubiera  ordenado  ocultar  los  elementos  materiales  probatorios,  ni que aquellos funcionarios hayan sido presionados o coaccionados  para desparecerlos u ocultarlos.   

A  continuación, el recurrente sugiere como  debió  interpretarse  la  prueba  testimonial,  insistiendo en desvincular a su  prohijado  y  afirmando  que  el  delito  pudo  haber  sido cometido por Palacio  Alarcón  y  Bonilla  Rengifo,  “quienes  pudieron  actuar  en  forma  contraria a la ley y no entregar los elementos probatorios al  batallón”.   

Por  último,  afirma  que  si no se hubiese  cometido  el  yerro de hecho, su representado no habría sido condenado; enlista  los    preceptos    que    considera    violados3,  aboga por la necesidad de la  sentencia,  pide  a la Corte que estudie la posibilidad de casación oficiosa y,  de   nuevo,   que   se   admita   la   demanda   y   se   case   la  providencia  censurada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

Siendo   evidente   que   el       censor      desconoce         absolutamente   los   requisitos   de  fundamentación  exigidos  para  la  admisibilidad  de  la demanda de casación,  desde ya anuncia la Sala que inadmitirá la misma.   

Previamente,      debe  la  Corte  precisar  que  la  demanda  de  casación  posee  una  connotación  extraordinaria,  dada la naturaleza del recurso y la finalidad del  mismo,  a cuyo amparo no puede representarse un alegato de libre confección, ni  faculta  acudir  a  ella  para  buscar  hacer  valer  la particular e interesada  visión  que  del  trámite procesal, las pruebas o el apartado dogmático tiene  el  libelista,  por  muy  versada que se ofrezca su tesis.   

Dado que el fallo de segundo grado arriba a  esta  sede  prevalido  de un doble rasero de acierto y legalidad, únicamente es  posible   derribar   sus   cimientos   a  través  de  la  demostración  de  la  materialización  de  un  yerro no solo ostensible, sino trascendente, dentro de  los  parámetros  argumentales  que  respecto de las causales establecidas en la  ley, de manera pacífica ha reiterado esta Corporación.   

No  basta,  a  este  efecto,  con  que  el  actor   enmarque   su  discurso  dentro  de  determinado yerro o causal, sino que se obliga cumplir con  los  presupuestos  propios  de  uno  y  otra,  pues,  en contrario, la propuesta  defensiva apenas enmascara el alegato de instancia aquí proscrito.   

Lo  anotado, que sirve de criterio general  al   análisis   particular  de  los  cargos  presentados  por  la  defensa,  permite  anticipar  que  los  mismos  serán  objeto  de rechazo, no solo porque no se demuestra yerro alguno,  sino  también  porque  no se cumple con la carga argumentativa exigida en estos  eventos.   

Ello,  por  cuanto  lejos  de  acreditar  un    error    en    materia    de   pruebas,   el  casacionista dedica todos sus esfuerzos a demostrar,  bajo   su   propia   óptica   probatoria,   que   en  el  proceso  no  se  demostró  la  materialidad  de  la  conducta  punible  de  fabricación  o porte de estupefacientes    (cargo   primero),   asi  como  que respecto del ilícito de  ocultamiento, alteración o destrucción de elemento  material  probatorio,  el  juzgador  infirió  equivocadamente  el  móvil para  delinquir (cargo segundo). Véase:   

2.   Cargo  primero: falso juicio de existencia.   

De entrada se advierte el contrasentido en  que  incurre  el demandante, pues, parte por señalar  que     el     Tribunal    supuso    la             prueba  que da cuenta de la naturaleza  de  la  sustancia  estupefaciente incautada, pero a renglón seguido explica que  ello  lo  extrajo  de varios testimonios de los soldados que intervinieron en el  procedimiento,  incluido  uno  que  estuvo en la escena de los hechos tres meses  después  y  rindió  concepto  ratificando que el producto ilegal consistía en  clorhidrato de cocaína.   

Para  el  memorialista,  la  única  forma  legalmente  posible de acreditar la naturaleza del estupefaciente, era a través  de la prueba de campo y pesaje PIPH.   

Precisado  lo  anterior,  es  obvio que la  inconformidad    del  defensor  se centra en el  examen    probatorio   del   Ad   quem,   particularmente  porque  determinó  que   el  alijo  incautado  correspondía a clorhidrato de cocaína a partir  de      su      análisis      de      la     prueba     testimonial.   

En   esa   medida,   postula              el   falso  juicio  de existencia por  suposición     que  sustenta    adoptando   una   particular   metodología,  en  la  cual  toma  a  su  amaño  las  respuestas  que  le    interesan    de    los   soldados  testigos  que  tuvo  en  cuenta  el  fallador, al  tiempo  que  va consignando sus propias impresiones,  las  cuales,  se  dijo  ya,  apuntan exclusivamente a  desestimar    que    se    haya    demostrado   la  naturaleza    de   la  sustancia incautada.   

Ahora  bien,  incurre  en  falso juicio de  existencia  el fallador que omite apreciar el contenido de una prueba legalmente  aportada  al proceso (falso juicio de existencia por omisión), o cuando, por el  contrario,  hace  precisiones  fácticas a partir de un medio de convicción que  no  forma  parte  del  proceso,  o  que no pertenecen a ninguno de los allegados  (falso      juicio      de      existencia      por      suposición)4.   

Al  efecto,  el  representante  judicial  del procesado simplemente se  limita  a insistir en que  la  prueba de campo y pesaje era la única forma posible de haber comprobado que  lo  decomisado correspondía a clorhidrato de cocaína, creando en tal forma una  tarifa  probatoria  que,  desde luego, con contadas excepciones, no tiene     cabida     en     nuestra  legislación.   

Parece  desconocer  el  recurrente que el  artículo  373  de  la  Ley  906  de  2004  establece  el  principio de libertad  probatoria en estos términos:   

“Los hechos y circunstancias de interés  para  la  solución  correcta  del caso, se podrán probar por cualquiera de los  medios  establecidos  en  este  código  o  por  cualquier otro medio técnico o  científico, que no viole derechos humanos”.   

En  este  asunto, lo hace saber el propio  censor,  fue  con abundante prueba testimonial que se acreditó que lo incautado  correspondía   a  clorhidrato  de  cocaína,  a  lo  cual  se  suman      indicios      y  el informe rendido por el funcionario  JUAN   CARLOS   LEÓN   JAIMES,   así  valorado  por  el  juzgador  de  segundo  grado:   

“No  puede  descartar   la   Sala  como  bien  lo  aseveró  el  A-quo  que  en  los  laboratorios  incinerados          efectivamente          se         procesaba el alcaloide de cocaína, puesto  que  se encontraron elementos que son necesarios para la elaboración de base de  cosa,  como así lo acreditó el testigo teniente JUAN CARLOS LEÓN JAIME, quien  afirmó  que  una  vez  realizó  varias  pruebas  a  varios     puntos  de  esos  laboratorios,  determinó que allí había  cocaína,  debiendo  recordar  que  fue en la casa azul donde se encontraron los  elementos   estupefacientes  ya  empacados,   lugar   en   donde   también   se   encontró   una  planta  eléctrica  de  color  verde HP, una gramera,    una    escopeta    y   seis  cartuchos para la misma”.   

Lo  anterior, que no es sino un fragmento  del  extenso y acertado análisis del Tribunal corrobora que no supuso la prueba  sobre la naturaleza de la sustancia incautada.   

En     síntesis,     el  yerro  que  bajo la modalidad del falso juicio de existencia  se   denuncia,   carece  de  fundamento.   De   ahí   que   se  rechace           la          primera          censura.   

3.    Cargo    segundo: falso raciocinio.   

En       una       deshilvanada  argumentación,  que  de  nuevo  se caracteriza porque el censor se limita a consignar su particular y muy  subjetiva  visión  probatoria,  denuncia  que  el juzgador de segunda instancia  incurrió  en un falso raciocinio al determinar el indicio del móvil, es decir,  que  ocultó  los  elementos  materiales probatorios para que no se conociera lo  realmente sucedido y así generar impunidad.   

Adicionalmente, analiza probatoriamente el  proceder   de   los  soldados  Juan  Pablo  Palacio  Alarcón  y  Carlos  Ramiro  Bonilla  Rengifo,  para  concluir que pudieron ser ellos quienes ocultaron la prueba.   

También   de   manera  aislada  y  sin  explicación  alguna,  dice  que  debió  aplicarse  la  regla de la experiencia  según  la  cual  “casi  siempre  las órdenes del  comandante   no  interfieren  el  fuero  interno  del  subalterno”,   

Se  tiene  entonces  que  la censura  planteada  por  el    libelista,   apoyado  en  un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  respecto de la  equivocada  valoración  de  la  prueba  indiciaria, se torna bastante confusa y  ambigua,  lo  que  necesariamente  conduce  a la inadmisión del cargo, dado que  imposibilita  de  la  Corte  conocer  en  concreto  cuál  es la irregularidad o  violación que lo soporta.   

Ello   porque   el   actor    deja    el    reparo  en  el  mero enunciado, como quiera que se limita a decir  genéricamente que la sentencia  acusada  erró  al establecer indebidamente el móvil  para       delinquir,      sin      acatar     los     requisitos    de  fundamentación  que deben colmarse en este tipo de ataque casacional, frente al  cual,  ha  sostenido pacífica y reiteradamente la jurisprudencia de la Sala, el  casacionista   ha   de  informar  si  la  equivocación se cometió respecto de los medios demostrativos  de   los  hechos  indicadores,  la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de  valoración  conjunta  al apreciar su articulación, convergencia y concordancia  de  los  varios indicios entre sí, y entre éstos y las restantes pruebas, para  llegar a una conclusión fáctica desacertada.   

De  manera  que, si el error radica en la  apreciación  del  hecho  indicador,  como quiera que necesariamente éste ha de  acreditarse  con  otro  medio  de  prueba,  indispensable resulta postular si el  yerro  asoma  de  hecho  o  de  derecho,  a  qué expresión corresponde y cómo  alcanza demostración para el caso concreto.   

Y  si  el error se ubica en el proceso de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del medio con el  que  se  acredita el hecho indicador y demostrar al tiempo que el juzgador en la  labor  de  asignación  del  mérito  suasorio  se  apartó  de  las leyes de la  ciencia,  los  principios de la lógica o las reglas de la experiencia, haciendo  evidente  en  qué  consiste  y  cuál  es  la operancia correcta de cada uno de  ellos,    y    cómo    específicamente    esto    es   desconocido5.   

Ninguno     de     los     tópicos  mencionados,   se   itera,   fue  abordado  por  el  defensor,  quien  se  limita  a  hacer  un  análisis  del  comportamiento de dos uniformados –diferentes   a  los  sentenciados-  para   concluir   que   fueron   ellos,   y  no  su  representado,  quienes cometieron el delito de ocultamiento de elemento material  probatorio.   

Además,  en el desarrollo de la censura,  privó  a  la  Corte  de  conocer  el  contenido del  proceso  de  construcción  y  valoración  probatoria en punto de los indicios,  pues,  como mínimo, debió transcribir el apartado de la sentencia en el que el  Ad   quem   analiza  y  concluye    el   indicio   del   móvil,  para  facultar  el  examen  de  los  medios  demostrativos  que  permitieron  deducir  la  responsabilidad de CARVAJAL  OSORIO  en  la hipótesis  delictual    de    ocultamiento,   alteración   o  destrucción de elemento material probatorio.   

Es  que,  en  estricto     sentido,    el    memorialista     apenas     postula  el cargo y luego pretende, a través del típico alegato de  instancia,    distraer   a   la   judicatura,    consignando    su   propio  análisis    de    la    prueba,   pero  en  aras  de  tratar  vanamente  de  acreditar  que  los  militares  Juan  Pablo  Palacio  Alarcón  y  Carlos  Ramiro  Bonilla  Rengifo son los  responsables del hecho.   

Por lo demás, la regla de la experiencia  que   propone  y  nunca  explica,  no  es  tal;  se  trata  de  una  afirmación  descontextualizada    que   carece   de  las  propiedades  de  generalidad y reiteración a partir de las  cuales     debe     entenderse     confeccionada    adecuadamente    la    regla  propuesta.   

Así    las    cosas,    la  falta de fundamentación de la censura conduce inexorablemente  a su inadmisión.   

4. Precisiones finales.   

4.1.   Como  consecuencia  de lo antes expuesto, la Corte inadmitirá la demanda de casación  presentada    por   el  defensor   del   acusado   BAYRON  GABRIEL  CARVAJAL  OSORIO.   

4.2.   Se   advertirá   que     en     contra     de     este    proveído    procede  el mecanismo de insistencia, en los términos ampliamente  decantados por la jurisprudencia de la Sala.   

4.3. Según la  facultad  que  le  otorga  el  inciso  3°  del  artículo  184  del  Código de  Procedimiento  Penal,  la  Corte,  atendiendo  los  fines de la casación, tiene  sentado6  que  le  surge el deber de actuar oficiosamente, cuando advierta  la  necesidad  de  hacer efectivo el derecho material, preservar o restaurar las  garantías  de  los  intervinientes,  reparar  los agravios inferidos a éstos o  unificar  la  jurisprudencia.  Ello, se aclara, sin que medie la realización de  la  audiencia  de  sustentación  a que se refiere su inciso final, en cuanto el  adelantamiento     de     ésta     se     halla  condicionada  a  una  demanda  que  por  haber  sido  presentada   en   forma,   fue  admitida,  lo  que  no  ocurre  en  el  presente  asunto.   

En este caso aparece necesario determinar  si  los  juzgadores  pudieron  haber  desconocido  las formas propias del juicio  y  las  garantías  que le asisten a los        incriminados,  porque  al  dosificar  una  de  las sanciones, desconocieron el  principio de legalidad.   

Por lo tanto, una vez quede en firme esta  providencia,  la  actuación  regresará al despacho del Magistrado Ponente para  que    estudie    la    posibilidad   de   la   casación   oficiosa.   

DECISIÓN  

En  mérito de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado BAYRON GABRIEL  CARVAJAL  OSORIO,  en  seguimiento de las motivaciones plasmadas en el cuerpo de  este proveído.   

2. De conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es facultad de la  recurrente elevar petición de insistencia.   

3.  En  firme  la  anterior  decisión  y  una  vez  resuelto lo relacionado con la insistencia, en  caso  de  que  se  formule,  regrese  la  actuación  al despacho del Magistrado  Ponente para que sopese la posibilidad de la casación oficiosa   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 En  cuya  labor dedica un extenso apartado -62 páginas- en compilar algunas pruebas  practicadas en el juicio oral.   

2 El  memorialista  cita  los  artículos  7°,  372, 374 y 377 a 382 de la Ley 906 de  2004;  1°,  2°  y  29  de  la  Constitución  Política;  y 9 y 10 del Código  Penal.   

3 Los  mismos enunciadas en el anterior capítulo.   

4  Entre  otros pronunciamientos, en CSJ AP, 27 feb. 2013, Rad. 40585, y CSJ AP, 20  nov. de 2013, Rad. 42324.   

5  Entre  otros,  CSJ  SP,  26  jun.  2002, Rad. 11451 y CSJ AP, 6 sept. 2007, Rad.  27946.   

6  Entre  otros, CSJ AP, 9 junio 2008 Rad. 29520, CSJ AP, 16 dic, 2008, Rad. 30242,  y CSJ AP, 18 jul. 2012, Rad. 39.30.     

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