AP5770-2016(47956)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP5770-2016  

Radicación n° 47956  

(Aprobado Acta n° 274)  

Bogotá,  D.C.,  agosto treinta y uno (31) de  dos mil dieciséis (2016).   

V    I    S   T   O  S   

Examina   la   Sala   los   requisitos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor  del  procesado  Carlos  Humberto Vargas González contra la sentencia proferida el 27  de  enero  de  2016 por la Sala Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca, que  revocó  en  su  integridad  la  dictada el 30 de octubre de 2014 por el Juzgado  Primero  Promiscuo Municipal de Conocimiento de Chía, que lo había absuelto y,  en   su   lugar,   lo   condenó   como   autor   del   delito  de  daño en bien ajeno.   

HECHOS  

          El  24  de  diciembre  de  2009,  Carlos  Humberto Vargas González,  representante  legal  de la sociedad «Siesta Hugs For  Limitada»,  quien  en  esa  condición había dado en  calidad  de  arrendamiento a Martha Janeth Galindo Rivera el inmueble denominado  El  Cruce,  ubicado  en  la  vereda  Cerca de Piedra de Chía (Cundinamarca), se  presentó  en  dicho  lugar  a  donde  ingresó sin autorización, procediendo a  retirar  el  furgón  en el que operaba la oficina de la mencionada y los avisos  publicitarios  del  negocio  de  venta  de materiales de construcción que allí  funcionaba,  asimismo  derribó  los ladrillos y bloques que estaban en el sitio  ocasionando  su  ruptura para, finalmente, encerrar el predio en alambre y malla  con  el  propósito  de  impedirle  el  acceso  a  la arrendataria, conducta que  reiteró  el  9  de enero siguiente, cuando acompañado de otras personas acabó  de  destruir los referidos bienes, los cuales días atrás había exigido a esta  última  que  retirara  del inmueble aduciendo que lo había vendido; daños que  fueron   estimados   por   la   afectada   en   la  suma  de  diez  millones  de  pesos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Por los hechos  antes  relacionados,  el 14 de agosto de 2012, ante el Juzgado Tercero Promiscuo  Municipal  con  Función  de  Control  de  Garantías  de  Chia, la Fiscalía le  formuló  imputación a Carlos Humberto Vargas González como autor del    delito    de   daño   en   bien  ajeno  (arts.  265  C.P.);  quien rechazó el cargo.   

          Cabe  anotar  que en dicha oportunidad el delegado del ente acusador  no  solicitó  la imposición de medida de aseguramiento en contra del imputado.  De  otra  parte,  el  1  de abril de 2010 se realizó audiencia de conciliación  entre  querellante  e indiciado, la cual resultó fallida, cumpliéndose así el  requisito  de  procedibilidad  previsto  en  el  artículo  522 de la Ley 906 de  2004.      

          2.  El  5 de octubre de 2012, la Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación  y,  el  14  de  marzo de 2013, ante el Juzgado  Primero  Promiscuo  Municipal de Conocimiento de Chía, se cumplió la audiencia  respectiva  en  la  que  reiteró  el  cargo  atribuido  en  la  formulación de  imputación.   

          3.  Realizadas la audiencia preparatoria y  el  juicio oral, el 30 de octubre de 2014, se dictó sentencia por cuyo medio se  absolvió  a  Carlos Humberto Vargas González del cargo por el cual se formuló  acusación.   

          4.  Apelada  la  anterior decisión por el  delegado  de  la  Fiscalía,  en fallo adiado 27 de enero de 2016, la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  la  revocó en su integridad y, en su  lugar,  condenó al procesado como autor del delito de  daño   en   bien   ajeno,  imponiéndole  las  penas  principales  de  16 meses de prisión y multa de 6,66  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  así  como  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo término de la sanción privativa de la libertad.   

          Asimismo,  le  reconoció el subrogado de la suspensión condicional  de la ejecución de la pena por un periodo de prueba de dos años.   

          5.  Contra  la sentencia de segundo grado,  el  abogado  que representa los intereses del acusado Vargas González interpuso  recurso   de   casación,   cuya   admisibilidad   es  el  objeto  del  presente  pronunciamiento.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Invocando   como  propósito  del  recurso  extraordinario  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  en punto del derecho del  procesado  a recurrir por vía de apelación la sentencia condenatoria proferida  por  primera  vez en segunda instancia, el demandante formula un reproche contra  el  fallo  de  segundo  grado  al  amparo  de  la causal segunda, prevista en el  artículo   181  de  la  Ley  906  de  2004,  que  se  resume  de  la  siguiente  manera:   

          Expone  que  el  fallo  de segundo grado afecta las garantías de su  prohijado,  concretamente el derecho a recurrir la sentencia condenatoria y a la  doble  instancia,  así  como  el debido proceso en su estructura, por cuanto se  impidió  a  la  defensa  «impugnar  dicho  fallo  a  través  del  recurso  ordinario de apelación, que no el recurso extraordinario  de  casación»,  facultad  reconocida  por  la  Corte  Constitucional  en  sentencia  C-792  del 29 de octubre de 2014, por medio de la  cual  se  declaró  la  inconstitucionalidad,  por  omisión legislativa, de las  normas  de la régimen procesal penal «que no prevén  la  posibilidad  de  apelar  las sentencias condenatorias proferidas por primera  vez,                en               segunda               instancia».           

          Anota  que  en  la  sentencia  en cita se exhortó al Congreso de la  República  para  que regulara integralmente el tema, concediéndole el término  de  un  año  para  tal  efecto,  pero  como  al  cabo de éste no lo hizo, debe  entenderse  que «procede la impugnación de todas las  sentencias  condenatorias  ante  el  superior  jerárquico  o funcional de quien  impuso  la  condena», conforme se determinó en dicho  fallo de constitucionalidad, que se encarga de trascribir.    

          De  tal  forma  que  como  en  su opinión la sentencia del Tribunal  limitó   el  derecho  de  su  prohijado  a  impugnarla  por  la  «vía  ordinaria», a través de un escrito  de  «libre factura», donde  la  única  carga  argumentativa  es  exponer los motivos de disenso frente a la  decisión  opugnada,  pero  sin  estar  sometido  a  las  exigencias  de forma y  contenido  que  impone  el recurso extraordinario de casación, de ello se sigue  que  se  vulneraron, entre otros, los artículos 29 de la Carta Política y 8 de  la  Ley  906  de  2004,  que  consagran  el  debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa.       

          En  esa  medida, el censor pide a la Corte decretar la nulidad de la  actuación  a  partir  de  la  sentencia  de  segundo  grado  para, en su lugar,  «permitirle…  [al  acusado] impugnar dicho fallo a  través  del  recurso  ordinario de apelación, que no el recurso extraordinario  de   casación,  que  fue  lo  dispuesto  en  el  numeral  sexto  del  fallo  en  cuestión».    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. De acuerdo con lo  normado  en  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurso de casación se  concibe  con  el doble propósito de servir de control constitucional y legal de  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  en procesos adelantados por  delitos, cuando afecten derechos o garantías procesales.   

Claramente   se  advierte  que  la  citada  codificación  no  establece  que  el  delito  de que se trate tenga previsto un  mínimo   de   pena  legal,  como  exigencia  para  acceder  a  la  impugnación  extraordinaria,  ni  señala  unos  requisitos  formales  que  deba  cumplir  el  libelo.   

Sin  embargo,  según  lo tiene decantado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la  demanda  no  puede  elaborarse  utilizando un  discurso  de libre composición, ni la casación penal puede entenderse como una  instancia  adicional para debatir aspectos que fueron materia de controversia, o  como facultad ilimitada para revisar el proceso.   

Por el contrario, de acuerdo con el artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, para que el libelo sea admitido se requiere que el  demandante  (i)  cuente  con  interés  para  impugnar;  (ii)  indique la causal  conforme  a  la  cual  se  estructura  el  reproche  de  las  contempladas en el  artículo  181  ibídem;  (iii)  postule  y  desarrolle  el  cargo siguiendo los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  contemple  el motivo  casacional  escogido;  (iv)  acredite  a  través  de  la  censura  formulada la  vulneración   de   derechos  fundamentales;  y  finalmente,  (v)  demuestre  la  necesidad  de  la  intervención  de  la Corte en orden a alcanzar alguno de los  fines  señalados  en  el  artículo 180 ibídem, vaga decir, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.                

          Además,  en  la  postulación y desarrollo de los cargos la demanda  debe  observar  los  principios que gobiernan la impugnación extraordinaria, en  especial  los  de  coherencia,  claridad y precisión, prioridad, autonomía, no  contradicción,  sustentación suficiente y crítica vinculante, por lo cual, en  orden     a     demostrar     los     errores    in  iudicando  o  in procedendo  en  los  que  haya  podido incurrir el fallador, no es  viable  argumentar  a  la manera de un alegato de instancia, sino de acuerdo con  la  dialéctica  propia del recurso de casación, evidenciando su trascendencia.   

Ahora,  sin  perjuicio  de  lo dicho, la ley  otorga  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte la facultad de superar los  defectos  de  la  demanda  para  decidir de fondo en aquellos eventos en que los  fines  de  la casación, su fundamentación, posición del impugnante dentro del  proceso e índole de la controversia planteada, así lo ameriten.   

Significa   lo   anterior,   que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si  lo  advierte  necesario para garantizarlos; y de igual forma, no  obstante  cumplir  el libelo los requisitos de lógica y debida fundamentación,  procede  su inadmisión si de acuerdo con dichos fines no se precisa de un fallo  de mérito.    

          2.  De  conformidad  con lo dicho, la Sala  anuncia  que  la  demanda  se  inadmitirá  debido  a los evidentes desatinos de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  se  advierten  en  la postulación y  desarrollo del cargo propuesto.   

          2.1  El  libelista pretende que se declare  la  nulidad de la actuación arguyendo que como en la parte resolutiva del fallo  de  segundo  grado  que, valga destacar, revocó la absolución proferida por el  juez  a  quo en favor del procesado y, en su lugar, lo condenó por el delito de  daño  en  bien ajeno, el ad  quem   advirtió   que   contra   esa   decisión   solo  procedía  el  recurso  extraordinario  de  casación,  de  ello  se  sigue  que se vulneraron el debido  proceso  en  su  estructura  y el derecho de defensa, dado que se desconoció la  facultad  del  acusado  de  impugnar  la  sentencia  condenatoria  proferida por  primera  vez  en  segunda  instancia,  en  los  términos  fijados  por la Corte  Constitucional  en  el  fallo  C-792  del  29  de octubre de 2014, que empezó a  surtir     efectos    un    año    después    de    su    notificación    por  edicto.        

          Sobre  la  censura  formulada,  resulta  oportuno  recordar  que  la  jurisprudencia  de  la Sala ha considerado que aun cuando la nulidad no requiere  cumplir  elevadas  exigencias  argumentativas  en  orden  a su acreditación, es  carga  de  quien  la  alega  proceder con precisión y claridad a identificar la  clase  de  irregularidad  sustancial que determina la invalidación; señalar si  se  trata  de  un  vicio  de  estructura  o  garantía; plantear sus fundamentos  fácticos;  indicar  los preceptos que considera conculcados; expresar la razón  de  su  quebranto; y especificar el momento de la actuación a partir de la cual  se produjo el vicio.   

          Asimismo,   compete  al  impugnante  informar  la  cobertura  de  la  invalidez,  evidenciar que procesalmente no existe manera diversa de restablecer  el   derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  comprobar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración  de  justicia   contenida    en    el    fallo    impugnado   –principio     de  trascendencia–,  dado que  el  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en situaciones ausentes de quebranto  (CSJ AP, 17 jun. 2015, rad. 45544).   

          Además,  exige  tener  en  cuenta  los  principios  que  rigen  esa  materia,  por  lo  cual  debe  quedar claro que: i) se  trate  de  uno  de  los  motivos expresamente contemplados en la ley              –taxatividad–;  ii)  afecte  de  manera  real y cierta las garantías fundamentales o altere las  bases  esenciales  de  la  actuación  –trascendencia–;  iii)  el acto tachado de irregular no haya cumplido su propósito  –instrumentalidad–;   vi)   quien  la  solicite  no  haya  dado  lugar  al  motivo  de  invalidación              –protección–;  v)  la  irregularidad  no  haya  sido  convalidada expresa o tácitamente por el  perjudicado,  siempre  que  no vulnere sus garantías fundamentales –convalidación–;  y,  vi)  no  haya  otra  manera  de  enmendar      el      agravio      –residualidad–.   

          Retornando   al  caso  examinado,  se  advierte  que  el  impugnante  incumple  las  exigencias  de forma y contenido necesarias a fin de acreditar la  existencia  de  irregularidad  sustancial  que  vicie  de  nulidad  la  presente  actuación,  en  este evento por afectación del debido proceso y del derecho de  defensa,  pues  si  bien  refiere  el  supuesto  fáctico  que en su opinión la  configura,  esto  es,  que  en  el  numeral  sexto  de la parte resolutiva de la  sentencia  de  segundo grado el Tribunal advirtió que contra esa decisión solo  procedía   el   recurso  de  casación,  no  explica  razonadamente  cómo  tal  declaración  configura  un  vicio y de qué manera ello impidió a su prohijado  controvertir  el  fallo que lo condenó por primera vez en esa instancia, frente  al  cual,  valga  destacar, el estatuto adjetivo penal contempla la impugnación  extraordinaria  como  medio  para  rebatir  su  legalidad, a la cual en últimas  acudió el defensor del sentenciado.   

          Ahora,  frente  a la forma de impugnación a la que hace alusión el  casacionista,  relativa  al  derecho  del acusado a controvertir el primer fallo  condenatorio  que  se  profiere  en  un  proceso  penal, reconocida por la Corte  Constitucional   en   la   sentencia  C-792  de  2014,  donde  se  señaló  que  «comprende,  por un lado, la facultad para atacar el  único   fallo  incriminatorio  que  se  dicta  en  juicios  penales  de  única  instancia,  y  por otro, la facultad para impugnar las sentencias que revocan un  fallo  absolutorio de primera instancia e imponen por primera vez una condena en  la  segunda,  en los juicios de doble instancia», esta  Corporación  es  del  criterio  que  como  no ha sido regulada normativamente y  siendo  que  no está dentro de sus competencias definir las reglas que permitan  su implementación, la misma resulta improcedente.   

          En  CSJ  AP,  12  jul.  2016,  rad. 48012, la Sala concluyó que tal  recurso no podía implementarse por las siguientes razones:   

1. La Corte Constitucional, en la Sentencia  C-792   de   29   de  octubre  de  2014,  que  el  tribunal  cita,  declaró  la  inexequibilidad  de  varios  artículos  de  la  Ley  906  de 2004, por déficit  normativo,  en  cuanto  omitían la posibilidad de impugnar todas las sentencias  condenatorias,  y  difirió  sus  efectos  a un (1) año, contado a partir de su  notificación,  que  se  cumplió  entre  el  22  y  el  24  de  abril del 2015.   

2.  En  la  misma  decisión,  exhortó  al  Congreso  de  la República para que en el término de un año, contado a partir  de  la  notificación  del  edicto del fallo, regulara el derecho a impugnar las  sentencias  penales  condenatorias dictadas por primera vez en cualquier estadio  procesal,  y  aclaró  que  de  incumplir  este  deber,  se  entendería  que la  impugnación  procedía ante el superior jerárquico o funcional de quien impuso  la condena.      

3. En la sentencia de tutela SU-215 de 28 de  abril  de  2016, la Corte Constitucional, al delimitar los efectos y alcances de  la  sentencia  C-792  de  2014,  precisó (i) que surtía efectos desde el 25 de  abril  de 2016, (ii) que operaba respecto de las sentencias dictadas a partir de  esa  fecha  o  que  para entonces estuviesen en proceso de ejecutoria, (iii) que  aunque  en  ella  solo  se había resuelto el problema de las condenas impuestas  por  primera  vez en segunda instancia, debía entenderse que su exhorto llevaba  incorporado   el   llamado  al  legislador  para  que  regulara  en  general  la  impugnación  de las condenas impuestas por primera vez en cualquier estadio del  proceso  penal, y (iv) que la Corte Suprema, dentro de sus competencias, o en su  defecto  el  juez  constitucional,  atendiendo  las  circunstancia de cada caso,  debía  definir  la  forma  de  garantizar  el  derecho  a impugnar la sentencia  condenatoria  impuesta  por  primera  vez  por su Sala de Casación Penal.    

4.  La  Sala  Plena  de  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  sesión de fecha  28 de abril de 2016, aprobó el comunicado  08/2016,  en  el  que  precisó  que  la pretensión de la Corte Constitucional,  plasmada   en  la  sentencia  C-792  de  2014,  de  implementar,  a  partir  del  vencimiento  del  término  de un  año, la impugnación en todos los casos  en   que   se   dictara   sentencia  condenatoria  por  primera  vez,  resultaba  irrealizable,  porque  ni  la  Corte,  ni  autoridad judicial alguna contaba con  facultades  para  introducir  reformas o definir reglas que permitieran poner en  práctica este derecho.      

5. En la misma dirección se ha pronunciado  la  Sala  de  Casación Penal, en el entendido que una orden de la naturaleza de  la  que contienen las sentencias C-792 de 2014 y SU-215 de 2016, requiere de una  reforma  constitucional y legal que solo puede adelantar el Congreso, por cuanto  implica  suplir  un  déficit legal normativo que incluiría la redefinición de  funciones,  la  creación  de nuevos órganos judiciales y la redistribución de  competencias,      entre     otros     aspectos.1     

          De  igual  forma,  en  CSJ  AP,  25  may.  2016,  rad.  37858,  esta  Corporación  advirtió que no estaba facultada ni por la Carta Política ni por  la   ley   para   llenar   los   vacíos  normativos  precisados  por  la  Corte  Constitucional en la sentencia C-792 de 2014, habida cuenta que:   

[E]l diseño constitucional y legal vigente  en  el  país,  impide  la  posibilidad  de  impugnar  los  fallos condenatorios  dictados  con  posterioridad a la fecha establecida por la Corte Constitucional,  o  aquellos  que no hubieren cobrado ejecutoria en ese momento, pues se requiere  que  el  Congreso  de  la  República  realice las reformas correspondientes. Se  trata  de  un  asunto  atinente  a  los  principios  de  legalidad, reserva y de  división  de  poderes,  esenciales a una democracia, pues la competencia emerge  como  condición  básica  para  que  una  persona pueda ser juzgada conforme al  debido  proceso  (art.  29 C.P.), y le corresponde al legislador fijarla, ya que  es  propio  de  sus  facultades  expedir  los  códigos en todos los ramos de la  legislación  y  reformar  sus  disposiciones (art. 150-1 y 2 Ib.), labores que,  claro  está, no puede asumir la judicatura dada la separación de poderes sobre  la  cual se edifica la estructura del Estado (art. 113), y porque la legitimidad  de  su  función  radica  en el sometimiento de sus actuaciones al imperio de la  Constitución y la ley (art. 230).   

          En  esa medida, ninguna irregularidad sustancial se configura porque  el  Tribunal  advirtiera  en la parte resolutiva del fallo impugnado, que contra  esa  decisión  solo  era  admisible el recurso de casación, pues tal aserción  está  de  acuerdo  con lo normado en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el  cual    dispone    que    la    impugnación    extraordinaria    «procede  contra  las  sentencias proferidas en segunda instancia en  los       procesos      adelantados      por      delitos      (…)».   

          Por  el  contrario,  en  el  evento de que el juez colegiado hubiera  habilitado  el trámite de impugnación de la sentencia de segundo grado como si  esta  decisión  admitiese  el  recurso  de  apelación,  según  lo  propone el  demandante,  ahí  sí  habría  incurrido  en  una  irregularidad sustancial al  arrogarse  una  competencia  de  la  que  carece y, de contera, asignarle a esta  Corporación   una   facultad  que  la  normativa  vigente  no  le  otorga,  con  desconocimiento  del  procedimiento  regulado  en la Ley 906 de 2004, el cual no  prevé  la  alzada  contra los fallos de segunda instancia, ni la posibilidad de  que  por  esa  vía la Corte examine los motivos de inconformidad formulados por  la  defensa contra la sentencia condenatoria, tal como recientemente lo señaló  la  Sala  al  rechazar  el  recurso  de apelación interpuesto en una situación  procesal    semejante    a   la   aquí   descrita2.   

          Así  las  cosas,  como  el  recurrente no acredita la existencia de  irregularidades  sustanciales  que  afecten  las  garantías del procesado y, en  cambio,  incurre  en  graves  desatinos  en  la  postulación y desarrollo de la  censura,  se  inadmitirá  la  demanda  de  casación  presentada  en nombre del  incriminado Carlos Humberto Vargas González.   

          3.  Resta  señalar  que no se observa que  con  ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia,  en los términos establecidos por la Sala en CSJ AP, 12 dic. 2005,  rad. 24322.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de Carlos Humberto Vargas  González.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Cópiese,        notifíquese y cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  «CSJ  AP, 18 de mayo de 2016, radicación 39156; CSJ  AP3280-2016,  25  de  mayo  de  2016, radicación 37858, entre otras».   

2 CSJ  AP, 27 jul. 2016, rad. 48046.     

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