SP9105-2016(42227)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada Ponente  

SP  – 9105 – 2016   

Radicación 42227  

Aprobado Acta No. 199  

Bogotá  D.C.,  seis  de  julio  de  dos mil  dieciséis (2016).   

V    I   S   T   O  S   

Resuelve  la Sala el recurso extraordinario  de  casación  presentado  contra  el  fallo  de  segundo grado proferido por el  Tribunal      Superior     del     Distrito     Judicial     de     Manizales, mediante el cual se    decidió   revocar   parcialmente  la  sentencia  absolutoria  que  emitió  el  Juzgado  Único  Penal del Circuito  Especializado    con    funciones   de   conocimiento   de   Pereira,  en  favor  de  MARÍA ISBELIA PATIÑO  CAÑAS,  para  en su lugar  condenarla  en  calidad de  autora   del  delito  de  Rebelión.   

LOS HECHOS CONSIGNADOS EN  LA ACUSACIÓN   

Entre  los  años 2004 y 2007, época en la  cual  se  desempeñaba  en  el  cargo  de  Tesorera  del  municipio de Marulanda  (Caldas),  MARÍA ISBELIA PATIÑO CAÑAS hizo entrega  de  diferentes  sumas  de  dinero (en total, dieciocho  millones  de  pesos)  destinadas  a  una facción del  frente   47   del  grupo  guerrillero  Farc.   

Así mismo,  el  14  de octubre de 2006, cuando transitaba por un paraje  rural  de aquella municipalidad, miembros de la misma organización guerrillera  dieron  muerte  al entonces  alcalde Rigoberto Castaño Tobar.   

Según  los términos de la acusación, los  dineros   entregados   por   MARÍA  ISBELIA  PATIÑO  CAÑAS  constituían  una  contribución    voluntaria   a   la   organización  insurgente   que   buscaba   como  compensación  la  intervención  de  los  rebeldes  en  las  contiendas  electorales  municipales    en    favor    de   sus  candidatos;    por   su  parte,  en  el  homicidio prestó una ayuda necesaria  para su ejecución.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con fundamento en los anteriores hechos, la  Juez  Séptima  Penal  Municipal  con  función  de  control  de  garantías  de  Manizales   ordenó  la  captura  de  MARÍA  ISBELIA  PATIÑO CAÑAS, haciéndose efectiva el 19 de marzo de 2009.   

Ese  mismo  día,  ante  la  Juez  Tercera  Municipal  con  función  de  control  de  garantías de Manizales, fue  legalizado  el  procedimiento  de captura de PATIÑO CAÑAS, a  quien  además  el delegado de la Fiscalía formuló imputación por los delitos  de   Homicidio  agravado  y  Rebelión  (artículos  103,  104-10  y  467 del Código Penal), en calidad de  cómplice,  sin  que  se allanara a los cargos. En su contra se impuso medida de  aseguramiento   consistente   en   detención   preventiva   en   su   lugar  de  residencia.   

Presentado  el  escrito  de  acusación por  parte  del Fiscal Primero Especializado de Manizales, le correspondió adelantar  la  etapa  de  juzgamiento  al  Juez Único Penal del Circuito Especializado con  funciones  de  conocimiento  Pereira,  luego  de  que  su homólogo de Manizales  declarara  su  impedimento,  celebrándose  la  audiencia de acusación el 10 de  julio  de  2009.  La  imputada  fue  acusada,  en  calidad de cómplice, por los  delitos     de    Homicidio    agravado  (artículos  103  y 104 –  10  del  Código  Penal)  y  Rebelión  (artículo  467  ibídem),  en  concurso de conductas  punibles.    

El  20  de  agosto  de  2009 se celebró la  audiencia preparatoria.   

La audiencia de juicio oral y público se  llevó  a cabo en sesiones desarrolladas los días 3 de diciembre de 2009, 27 de  enero  y  8  de  febrero de 2010. Clausurado el debate en esta última fecha, se  emitió  sentido  del  fallo  declarando  inocente  a  la  acusada  MARÍA          ISBELIA          PATIÑO         CAÑAS.   

El  12  de abril de 2010, el mismo despacho  judicial  profirió  el  fallo absolutorio, siendo impugnado mediante recurso de  apelación por el Fiscal y el representante de las víctimas.   

La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de  Manizales,  en  decisión  del 21 de junio de 2013, revocó el fallo absolutorio  en  relación  con el delito de Rebelión (artículo  467  del  Código  Penal),  condenando  a  MARÍA   ISBELIA   PATIÑO   CAÑAS,  en  calidad  de  autora,  a las penas principales de 96 meses de prisión y multa de  133,33  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, y a la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones   públicas   por   el   mismo  tiempo  de  aquella.  Además,  confirmó  la  absolución por el  delito     de     Homicidio    agravado  (artículos  103  y 104 – 10 del Código Penal).   

Oportunamente  el  defensor  de               la         sentenciada,  interpuso  el recurso extraordinario  de   casación,   siendo   sustentado   en   escrito   que   ahora   analiza  la  Corte.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Tres  cargos  principales y uno subsidiario  postula  el  apoderado  de la sindicada MARÍA ISBELIA  PATIÑO  CAÑAS,  que  se  pueden  sintetizar  de  la  siguiente  manera  y  con los cuales, según su entender, resultaron infringidas  las  disposiciones  procesales  contenidas en los artículos 7º, 238, 381 y 467  de la Ley 906 de 2004:   

    

1. Cargo primero: falso raciocinio     

Con fundamento en el numeral 3 del artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, el defensor acusa la sentencia de segundo grado por  violación  indirecta  proveniente de errores de hecho por falso raciocinio, que  recayeron  sobre  los  testimonios de Norbey de Jesús Gallego Valencia, Fermín  Antonio Cano Cardona y Carlos Alberto Zuluaga Ramírez.   

Plantea como sustentación del cargo, que en  la  valoración  de estos testimonios el Tribunal transgredió los postulados de  la  sana crítica, desconociendo una máxima de la experiencia, en tanto que con  sus  declaraciones  no  se  probó  el  hecho que se dio por demostrado sino las  palabras que los testigos oyeron de otras personas.   

Desarrollando  su  censura,  el  demandante  aduce  que  al  emitir la sentencia en segunda instancia, el Tribunal se sirvió  de  los  tres testigos en mención para concluir que la procesada participaba de  la  ideología  subversiva  del grupo guerrillero, haciendo entregas de recursos  económicos  e  incluso  de  joyas  a  miembros  del  frente  47  de  las  Farc,  atribuyéndole de esa manera la condición de rebelde miliciana.   

Sin  embargo,  asegura, ninguno de aquellos  declarantes   fue   testigo   directo   de   los   hechos  que  el  Ad    quem   valoró   como   probados.  Concretamente,  refiere  que  Norbey  de  Jesús Gallego Valencia manifestó que  dentro  del  grupo  subversivo  le  expresaron  que  la  tesorera  de  Marulanda  «trabajaba»   con   la  organización;  que por orden de sus comandantes, el guerrillero a. Mauricio  salió a hablar con la acusada  y,  según  aquel contó, le entregó diez millones de pesos; y, que escuchó de  a.  Mauricio  que  PATIÑO  CAÑAS le regaló algunas de sus joyas.   

En  el  mismo  sentido,  el testigo Fermín  Antonio  Cano  Cardona  manifestó que no conocía a la procesada MARÍA ISBELIA  PATIÑO  CAÑAS,  y  que  por  terceras personas se enteró que había sostenido  conversaciones  con  líderes  de  la organización y entregado dinero y algunas  joyas  a  sus  miembros,  concretamente  una  cadena  y  un anillo, sin que haya  presenciado esos acontecimientos.   

En  relación  con  el testimonio de Carlos  Alberto  Ramírez  Zuluaga,  advierte  que  aunque  puede  ser  cierto  que haya  acompañado    al    apodado    Mauricio  en  una  oportunidad  en  que se encontró con la acusada PATIÑO  CAÑAS,  adujo  que  fue  aquel  quien  le informó que la mujer le había hecho  entrega  de  diez millones de pesos, así como de «un  anillo  de  oro y una cadena», sin que haya percibido  ese hecho ni tampoco le indicó el motivo de esa cesión.   

En  consecuencia, concluye el libelista, al  asumir  como  evidencia  de  los  hechos los referidos testimonios de oídas, el  Tribunal  desconoció  una  regla de la experiencia contenida en el postulado de  la  teoría  de la prueba, relativo a que los deponentes se refirieron a relatos  de otras personas y no a acontecimientos por ellos percibidos.   

    

1. Cargo segundo: falso juicio de identidad     

Con fundamento en el numeral 3 del artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004, el demandante acusa la sentencia de segundo grado  por  incurrir  en  múltiples  errores  de  hecho por falso juicio de identidad,  consistentes  en  la distorsión y mutilación de la prueba testimonial de Marco  Fidel  Giraldo  Torres, Jainiver Restrepo Osorio, Edison de Jesús Rúa Cataño,  María  Isbelia  Patiño  Cañas,  Fabio  Serna  Giraldo, Diana Patricia Patiño  Cañas,  Hubert  Grajales  Muñoz, Guillermo Patiño Cañas y Marco Fidel Osorio  Serna,  Javier  Molina  Jaramillo,  Libardo Loaiza Escobar, Blanca Nelly Garcés  Quiceno,  Johan  Fernando  Vidal  Patiño  y  Nicolás  Giraldo Gómez. De igual  manera,   denuncia   el   mismo   error   en   relación   con  el  «recibo          de          Efraín         Gusmán».   

Hace  consistir  su  censura,  respecto  al  testigo  Marco  Fidel  Giraldo  Torres, en que el Tribunal mutiló apartes de su  testimonio  en  el  que  sostuvo  que  aunque  inicialmente, en una declaración  anterior,  había afirmado que se reunió con la acusada en la finca La Argelia,  en  el  juicio  precisó  que en verdad dicha reunión no se pudo llevar a cabo.   

Sin embargo, aduce, en el fallo impugnado se  asumió  como cierta la versión anterior del declarante para dar por demostrado  que  la  procesada  concertó mediante entrevistas con los integrantes del grupo  guerrillero  la  entrega  voluntaria  de dinero, con lo que se dio por cierta su  afinidad  ideológica,  sin  considerar que la credibilidad de Giraldo Torres se  encontraba menguada en razón de la disparidad de sus versiones.   

En el mismo sentido, el libelista repara en  el  valor  demostrativo  que  el  Ad quem  dio  al  testimonio  de  Jainiver  Restrepo  Osorio,  quien,  sin  embargo,  precisó  en  el  juicio que no le constaba que la acusada hablara por  celular  con  miembros  del  grupo  armado, como tampoco que se entrevistara con  ellos.  Afirma  que  el  testigo  refirió  que  lo  que  sabía  era  porque a.  Mauricio  se  lo  contaba,  pero  que nada le constaba sobre las relaciones de la procesada con los jefes de  la  facción  guerrillera,  sobre  la  entrega de dinero o de joyas por parte de  aquella,  aspectos  que  a  la  hora  de  su  análisis  fueron segregados de su  declaración.   

Así  mismo,  en  relación  con el testigo  Edison  de  Jesús  Rúa  Cataño,  sostiene  el  recurrente que fue mutilado el  contenido    de   su   declaración,   en   tanto   el   Tribunal   «suprimió  la afirmación hecha por este exguerrillero del Frente  47  de  las FARC–EP según  la  cual  “un  grupo  al  margen  de la ley como una organización guerrillera  suele      acudir     a     la     ‘presión’  cuando    solicita    contribuciones    económicas    entre   la   ‘población      civil’  y,  que a la postre, el ciudadano a  quien    se    le    exige    tal    clase    de   contribución,   ‘la    da,   o   la   da’”».    

Con ello, afirma, habría quedado demostrado  que  las  entregas  de dinero de la acusada no fueron voluntarias, sino fruto de  la extorsión.   

De igual manera, se reprocha que el Tribunal  haya  descalificado  de  manera  genérica  el  testimonio  de la acusada MARÍA  ISBELIA   PATIÑO   DE  CAÑAS,  sin  que  justificara  por  qué  no  merecían  credibilidad  sus  afirmaciones  sobre  que  entre  los  años  2004  y 2007 fue  constreñida  a  hacer entregas de dinero a la guerrilla de las Farc, en suma de  dieciocho  millones de pesos y que, en el año 2006, fue obligada a renunciar al  cargo  de  Tesorera del Municipio de Marulanda, lo que determinó la distorsión  y mutilación de su declaración.   

En  relación  con  el  testimonio de Fabio  Serna  Giraldo,  sostiene  el  demandante  que fueron mutilados y distorsionadas  afirmaciones  que daban cuenta del estado generalizado de zozobra que reinaba en  el  municipio  de  Marulanda a raíz de las extorsiones realizadas por las Farc,  sin que en el fallo se haga la mínima mención a este aspecto.   

Igualmente,  se sostiene en la demanda, que  fue  mutilado  el contenido de los testimonios de Diana Patricia Patiño Cañas,  Hubert  Grajales Muñoz, Guillermo Patiño Cañas y Marco Fidel Suárez, quienes  confirmaron  la existencia de las extorsiones de que fue víctima la acusada, la  renuncia  obligada  a su cargo público y la frustrada entrevista en la finca La  Argelia  con  un  líder  del  grupo guerrillero, asuntos que ni siquiera fueron  mencionados en la sentencia impugnada.   

En  cuanto  al  testimonio de Javier Molina  Jaramillo,  el demandante censura que se hayan mutilado y distorsionado aspectos  relacionados  con el ambiente de zozobra, miedo y terror creado por las acciones  delictivas  ejecutadas por el grupo guerrillero Farc; con las extorsiones de que  fue  víctimas la acusada; y, con el conocimiento que el testigo tenía sobre la  militancia  en  esa  agrupación  de Lorenzo Gallego, quien se presentó como su  emisario en la primera extorsión.       

De  igual  manera,  como  falso  juicio  de  identidad,  el  recurrente  señala  que el testimonio de Libardo Loaiza Escobar  fue  objeto  de  mutilación en lo que atañe a su declarado conocimiento de las  extorsiones  de que fue víctima la procesada, de su viaje a la finca La Argelia  para  dialogar  con  el  líder  guerrillero  y  de  la coacción que sobre ella  gravitó  para  que  renunciara  al cargo público que tenía en aquel entonces.   

Falso  juicio  de identidad que extiende el  demandante  a  los  testimonios  de Blanca Nelly Garcés Quiceno, Johan Fernando  Vidal  Patiño  y  Nicolás  Giraldo  Gómez,  de  quienes  dice  que  no fueron  mencionados   en   la  sentencia  («ni  siquiera  se  mencionaron  sus  nombres»,  afirma), no obstante la  importancia  de  sus  declaraciones en torno a los mismos tópicos del estado de  zozobra  en  el  municipio, las múltiples extorsiones que padeció la acusada y  la  renuncia  a su cargo público obligada por las amenazas que provenían de la  guerrilla.   

Por último, se refiere a un falso juicio de  identidad    en    relación    con    la    apreciación    del    «recibo»  expedido por a. Efraín   Gusmán   (sic),  miembro  del  frente  47  de  las  Farc,  con el que se dejó constancia de la entrega de seis  millones    de    pesos    por   parte   de   la   acusada,   por   «motivo de impuesto».   

Al  respecto  afirma  el  recurrente que se  cercenó      por      el      Tribunal      los      vocablos      «recibo»      e      «impuesto»,  para  valorar que con ese  documento  solo  se  demostró  el  ingreso  del dinero a las arcas de las Farc,  desconociéndose   que   se  trata  de  una  «prueba  reina»  y  que  contribuía  a  derruir  la  fuerza  persuasiva   de   los   testigos   de  cargo  y  a  respaldar  las  «aserciones   exculpatorias»   de  la  acusada,  puesto  que  de  esa  manera  quedaron  demostrados los requerimientos  extorsivos de que fue víctima.   

La  trascendencia  de  las  mutilaciones y  distorsiones  probatorios  aludidas,  expone  el demandante, se conduce a que de  haberse  considerado  los  aspectos  disgregados  en los testimonios, se habría  contribuido  a  la  refutación  de  las  versiones incriminatorias ofrecidas en  contra  de  la acusada, con lo que habría quedado sin fundamento la conclusión  de  ostentar  la  condición de rebelde, de pertenecer a las redes milicianas de  la   subversión   y   de   ser   colaboradora   financiera  de  la  agrupación  guerrillera.   

    

1. Cargo tercero: falso juicio de existencia     

Con  fundamento  en el mismo numeral 3 del  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, el defensor acusa la sentencia de segundo  grado  por violación indirecta de la ley sustancial, derivada de error de hecho  por falso juicio de existencia.   

En  fundamento  de  su  censura plantea la  presencia  de  errores  consistentes en la omisión material de varios medios de  convicción,   comenzando  por  la  entrevista  de  Nelly  Gómez  de  Amariles,  incorporada   como  prueba  a  través  de  estipulación  probatoria  entre  la  fiscalía y la defensa de la acusada.   

Aduce el demandante que en la sentencia no  se  hizo  la  menor  alusión a dicha entrevista, así como tampoco se sustentó  por   qué   su   contenido   carecía   de  relevancia  jurídico  –   procesal.   En   suma,  advierte,  «no   hubo   valoración   alguna   de  esa  prueba  testimonial»,  no obstante que de dicha declaración  se  podía  establecer  que  funcionarios  de  la  administración pública eran  obligados  a  pagos  por motivo de extorsiones del frente 47 de las Farc, lo que  conduciría,  sin  duda,  a  que  una  de  las  personas  extorsionadas  era  la  acusada.   

De  igual  manera,  en  relación  con los  testimonios  de  Ceneida  Noreña  Vidal,  Guillermo  Pérez  Arenas  y  Otoniel  Restrepo  Trujillo,  aduce  el  demandante  que tampoco fueron mencionados en la  sentencia  recurrida,  dejándose  de  valorar aspectos importantes relacionados  con   el  ambiente  de  zozobra  creado  en  el  municipio  de  Marulanda  y  la  generalizada  práctica  de  la  extorsión  por parte de las Farc de la que fue  víctima  la  procesada, quien en dos oportunidades fue obligada a desplazarse a  la  zona  rural  de la población para entrevistarse y entregar dineros exigidos  por miembros del grupo guerrillero.   

El  tercer  error  por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  probatoria,  lo  hacer  recaer  el  libelista  en  el  testimonio  de  John  Elmer Patiño Osorio, cuya valoración fue desconocida por  el  fallador,  no  obstante  haber referido que hizo entrega a la acusada de una  boleta  extorsiva  que  le obligó a llevar un integrante del frente guerrillero  asentado  en  la población, lo que confirmó la versión que sobre ese episodio  entregó aquella.   

De  la misma manera, censura el demandante  que  se haya omitido la estimación del testimonio de Gustavo Carmona González,  quien  no  solo  manifestó su conocimiento sobre la actividad guerrillera en la  población,  sino  que  además  tuvo  percepción  directa  sobre  una  de  las  extorsiones  de  que fue víctima la acusada PATIÑO CAÑAS, al punto que fue la  persona  encargada, en septiembre de 2007, de llevar la suma dineraria reclamada  en  la  última  exigencia  y  quien  recogió el recibo por el pago del llamado  «impuesto»  del  grupo  subversivo.   

Adicionalmente,  aduce  el  demandante, el  Tribunal  omitió  considerar el testimonio de José Nolberto Hernández Franco,  quien  declaró  que en el mes de diciembre de 2007, la procesada se trasladó a  la  vereda  San  Isidro del Municipio de Marulanda con el fin de encontrarse con  un  líder guerrillero, por convocatoria que éste le había hecho; sin embargo,  según  sostuvo  el  testigo,  la  reunión  finalmente  no  se  llevó  a cabo.   

Dicho  testimonio corrobora lo manifestado  por  la  acusada PATIÑO CAÑAS y, de paso, desmiente lo aseverado en entrevista  por   el   jefe   guerrillero   Marco  Fidel  Giraldo  Torres,  a.  Garganta.   

Del  mismo  modo,  arguye  el defensor, se  omitió  la  valoración  del  testimonio  de  Rubén  Darío  Quintero  Mejía,  exalcalde  de  Marulanda,  quien  desmintió  al  jefe  guerrillero  Marco Fidel  Giraldo     Torres,     a.     Garganta,  en cuanto que no es cierta su afirmación de que a cambio de los  dineros  recibidos por la acusada PATIÑO CAÑAS, «se  orientó  a la gente que votara por el señor Rubén Darío y así lo hice… en  la     vereda    ‘El  Zancudo’  le  digo  a la  gente  que  vote  por Rubén Darío… y sacó diecisiete votos…»,  en  las  elecciones  celebradas  el  28  de  octubre de 2007. El  mentís  se  acredita  en el hecho declarado por el testimonio omitido de que la  votación obtenida en esa vereda fue de 32 votos por ese candidato.   

Igualmente, refiere el demandante el falso  juicio  de  existencia  por  omisión  en  relación  con  diferentes documentos  dejados   de  apreciar  por  el  Ad  quem.  Concretamente  hace alusión, en primer lugar, al oficio firmado  por  Abiud  Bedoya  Noreña,  inspector  de  Policía  de  Marulanda, el cual se  incorporó  a  la actuación procesal acompañado por otros documentos que daban  cuenta  de las acciones delictivas ejecutadas por el frente 47 de las Farc en el  municipio  de  Marulanda  entre  los  años  2001  y  2008. En segundo lugar, al  documento  expedido  por  el Alcalde de Marulanda, relacionado con el Consejo de  seguridad  llevado  a cabo en el 28 de abril de 2006. Y, en tercer lugar, a otra  certificación  expedida por el Alcalde de Marulanda, relacionado con mandatos y  reclamos    del    burgomaestre    al    comandante    de    policía    de   la  población.   

Con tales documentos se habría acreditado,  según  expone  el  demandante,  el  ambiente  de  zozobra  que  se vivía en el  municipio  de Marulanda en el año 2006, en razón de las actividades criminales  ejecutadas  por  el  frente  47  de las Farc, en especial la generalización del  delito de extorsión.   

Así mismo, un adicional error de hecho por  falso  juicio  de  existencia  denuncia  el  demandante  por  la  omisión en la  valoración  de  los documentos en los que se certificó los salarios percibidos  por  la  acusada  y  su  hermana  en  el mes de diciembre de 2006, con lo que se  habría  corroborado  que  ciertamente  destinaron sus emolumentos al pago de la  suma   de   dinero  que  de  manera  extorsiva  le  fue  exigida  por  el  grupo  guerrillero.    

Finalmente,  se  censura  que  el Tribunal  omitió  valorar  la  prueba  documental aportada con relación a los resultados  electorales  para la Alcaldía de Marulanda, entre los años 1988 y 2007, con lo  que  quedaría  sin  fundamento  la  aseveración  de que la acusada suministró  dinero  al  grupo  guerrillero con el propósito de influir en la votación para  la alcaldía en las elecciones del 28 de octubre de 2007.   

La  trascendencia de los múltiples yerros  relativos  a  falsos juicios de existencia, según el demandante, estriba en que  se  lograría  con  la  prueba  omitida  refutar  las  versiones incriminatorias  tenidas  en  cuenta  por  el  Tribunal,  pues  de  esa  manera  se les restaría  prestigio  como  fundamento  para  concluir, como se hizo en el fallo impugnado,  que  la  procesada  PATIÑO CAÑAS tenía la condición de rebelde y cumplía el  rol de colaboradora financiera de las Farc.    

Además,  concluye  el  libelista,  en  la  actuación  judicial  no  se  obtuvo  corroboración alguna a los señalamientos  sobre  la  acusada,  que  provinieron  en  su  totalidad  de  miembros del grupo  guerrillero  del  que  ella  fue  víctima,  por  lo que resultaba de perentoria  aplicación   el   principio   del   in   dubio  pro  reo,  pues  no  se demostró, más allá de toda duda  razonable,  su  responsabilidad  penal  en la conducta por la cual fue condenada  por el Tribunal.   

    

1. Cargo      cuarto      –subsidiario-: nulidad     

Con  base  en  la  causal  segunda  del  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, de manera subsidiaria, el censor presenta  como  reparo  que  con el fallo se socavó el debido proceso en la medida que se  desconoció  el  principio de congruencia, previsto en el artículo 448 ibídem,  por  cuanto  la  procesada  PATIÑO  CAÑAS  declarada penalmente responsable en  condición  de  autora,  cuando  había sido acusada en calidad de cómplice del  delito         de         Rebelión.   

De  esa manera, rememora el demandante, la  formulación  de la imputación se llevó a cabo «por  los  punibles de Homicidio, art. 103 con circunstancias de agravación punitiva,  art.  104  numeral  10  y  Rebelión,  art.  467  C.P. en calidad de cómplice»  (sic).   

Imputación   que   fue  sostenida,  sin  modificación  alguna  en el escrito de acusación, así como en la audiencia de  acusación  correspondiente,  en  la  que,  para  mayor  claridad,  el  juez  de  conocimiento  requirió  al  delegado  de  la Fiscalía para que puntualizara la  forma  de participación atribuida en la realización de las conductas punibles,  precisándose  que,  en  efecto,  lo  era como cómplice, tanto del Homicidio   como   de  la  Rebelión.   

De   manera   constante,   sostiene   el  demandante,  al  ser  interrogada  al  inicio  del juicio oral y público, se le  cuestionó  a la acusada si se declaraba culpable o inocente de ambos delitos en  la  condición  de  cómplice, lo que fue corroborado por el acusador al momento  de presentar su teoría del caso.   

Sin  variación  alguna,  en su alegato de  conclusión  el  delegado  de la Fiscalía no refirió de modo alguno la demanda  de condena en calidad de autora o coautora de la procesada.   

Advierte el demandante que, en consonancia  con  la  pretensión  de  la  fiscalía,  el  juez de conocimiento al momento de  anunciar  el  sentido  del  fallo, declaró inocente a la acusada de los delitos  atribuidos,  en  condición  de  cómplice.  Consonancia que se mantuvo hasta la  sentencia absolutoria de primera instancia.   

Sin  embargo,  aduce  el  recurrente,  el  Ad   quem   revocó   la  sentencia  impugnada  en lo referente al delito de Rebelión, para condenar a la  procesada  PATIÑO  CAÑAS  en  calidad  de  autora  de  dicha conducta punible,  agraviando  de esa manera la necesaria sujeción que, en virtud del principio de  congruencia,  debía  mantenerse en materia del grado de participación criminal  atribuido en la acusación.   

Por  lo  anterior,  de manera subsidiaria,  solicita  a  la Corte la declaración de condena de la acusada PATIÑO CAÑAS en  calidad       de       cómplice       del      delito      de      Rebelión   y,   en   consecuencia,  se  redosifique la pena impuesta.   

AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

En  la  audiencia  de  sustentación de la  demanda,     los     sujetos     procesales     efectuaron     las    siguientes  intervenciones:   

    

1. Intervención     del  demandante:     

El  defensor  de la acusada reiteró en lo  fundamental  los  argumentos de la demanda, ratificándose en lo allí escrito e  insistiendo en los reproches consignados inicialmente.   

Enfatiza en que el Tribunal desconoció la  calificación  jurídica  dada  por  la  Fiscalía  a la conducta endilgada a la  acusada   PATIÑO   CAÑAS,   quebrantando   de   esa  manera  el  principio  de  congruencia.   

Igualmente, hizo referencia a los 22 cargos  que  por violación indirecta presentó en su demanda, aduciendo que el Tribunal  llevó  a  cabo  una  revisión  superficial  de las pruebas, sin cumplir con su  obligación  de  analizar los registros y los documentos incorporados durante el  juicio  oral,  por  lo  que  procedió  a  descalificar  de manera genérica las  pruebas aportadas en favor de la causa de la defensa.   

Reclama que se case el fallo del Tribunal,  para  en  su  lugar  dejar  en firme la sentencia absolutoria dictada en primera  instancia por el juzgado de conocimiento.   

                 

1. Intervención     de     la     Fiscalía     y    del    Ministerio  Público:     

Tanto  la Fiscal Séptima Delegada ante la  Corte  Suprema  de  Justicia,  como  la  Procuradora  Tercera  Delegada  para la  Casación  Penal,  se refirieron exclusivamente al cargo subsidiario, relativo a  la nulidad reclamada por el demandante.   

Concuerdan  en que el cargo debe prosperar  toda  vez  que  se  evidencia  la  vulneración  del  principio  de congruencia,  resultando  afectada la estructura del proceso y el derecho de defensa cuando la  procesada  fue  condenada  en  calidad  de  autora  de un delito de Rebelión,   mientras   el   grado   de  participación  criminal  endosado por el acusador se refería a la complicidad.   

Solicitan,   en   consecuencia,   casar  parcialmente  la sentencia recurrida y adecuar de manera proporcional la condena  impuesta.   

CONSIDERACIONES   

    

1. Anotaciones preliminares:     

Toda  vez  que  la  demanda  presentada se  declaró  ajustada  conforme con los parámetros del artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  la  Corte  analizará  los  problemas jurídicos allí propuestos, de  conformidad    con    las   funciones   asignadas   en  virtud  del  recurso  de  casación,       especialmente      dirigidas  a  la búsqueda de la eficacia  del   derecho  material,  el  respeto  de     las     garantías    de    quienes    intervienen    en    la  actuación  y la  reparación  de  los agravios inferidos a las partes, según    lo    establecido    en    el    artículo   180 ibídem.   

Bajo  la  égida  de  la causal tercera de  casación   –art.  181,  numeral  3,  de  la  Ley  906  de  2004–,  el  demandante denuncia tres cargos que estructura en múltiples  errores  de  hecho  que  concreta  en  falsos  raciocinios,  falsos  juicios  de  identidad  y falsos juicios de existencia por omisión de la prueba; además, de  manera  subsidiaria,  presenta  un cargo de nulidad, con fundamento en la causal  segunda del artículo 181 ibídem.   

Al respecto, es necesario advertir, previo  al  estudio de los reparos ofrecidos por la defensa, que la Corte ha definido de  tiempo  atrás  la  relativización  del  principio  de  prioridad, a la hora de  abordar  los  cargos  de la demanda, en el sentido de que no necesariamente debe  prevalecer  en  su  postulación,  estudio  y  efectos  los  relacionados con la  nulidad  de  la actuación procesal, sobre los que plantean errores in iudicando o de juicio.   

Lo  anterior  para  precisar  que  ante la  alternativa  presentada  por  el  defensor de declarar la nulidad por vicios que  afectan  los  derechos  de la procesada, no se hace necesario plantear en primer  orden  el  cargo con el que se aspira a la invalidación de la actuación por el  quebrantamiento  de los derechos fundamentales, cuando en realidad reviste mayor  significación  la  posibilidad de eximirla de responsabilidad penal, resultando  esta  opción de mayor significación sustancial, en tanto reivindica el derecho  a  la  absolución como finalidad suprema de la garantía fundamental de defensa  y,   en   consecuencia,   como   objeto  de  protección  prevalente1.   

En  este  sentido, la Sala ha sostenido la  siguiente posición:   

Si  el  derecho  de defensa tiene como fin  brindar  al  sujeto  pasivo  de  la  acción  penal herramientas jurídicas para  oponerse  a  la  pretensión punitiva estatal y buscar, de esa forma y por regla  general,  desvirtuar  las  pruebas  de  cargo  y,  por  consiguiente, obtener la  declaración  judicial  de  su  inocencia,  ninguna  razón  tiene  invalidar la  actuación  con  el  único  objetivo  de  garantizar  el adecuado ejercicio del  derecho  de  defensa  cuando  las pruebas recaudadas imponen el proferimiento de  una  absolución. En este caso, la mejor garantía de protección del derecho de  defensa  es  la  adopción  en  este  momento  de  la  decisión favorable a los  intereses  del  acusado.2   

Así,  entonces,  en  el presente caso, la  Corte  aprehenderá  el análisis de los cargos presentados sobre la base de los  errores  de  apreciación  y  con  los  que  se  estructura  la  pretensión  de  absolución,  que  de  prosperar  harán  inoficioso  el  estudio de la nulidad.   

Para  ese  cometido,  se  planteará  el  problema  jurídico  y los fundamentos de la decisión recurrida; se analizarán  dichos  fundamentos  a  partir  del  contexto  de  los  acontecimientos y de las  conductas  relevantes  realizadas  por  la acusada, con indicación de la prueba  omitida  por  el  fallador;  finalmente,  se consignarán las conclusiones de la  Sala  en  torno  a  la  trascendencia de la prueba omitida en la declaración de  condena de la procesada.      

    

1. Planteamiento    del    problema    y    fundamentos    del    fallo  recurrido:     

Los errores de interpretación probatoria,  según   lo  propone  el  apoderado  de  la  procesada,  se  presentaron  cuando  el       cuerpo      colegiado      incurrió  en  el desconocimiento de las  reglas  de  apreciación  de  la  prueba,  en  tanto  fijó premisas ilógicas o  irrazonables  por desconocimiento de las pautas de la sana crítica –falso  raciocinio-;  distorsionó y  cercenó  la  expresión  fáctica de los elementos probatorios -falso juicio de  identidad-;  y, declaró hechos demostrados omitiendo la apreciación de pruebas  allegada  de  manera  válida al proceso -falso juicio de existencia–.   

Errores        que,       a       decir      del  demandante,  resultaron trascedentes en la  declaración  de justicia contenida en la condena de la acusada  MARÍA  ISBELIA  PATIÑO  CAÑAS,  en la medida en que por esa vía se entendió  que  los  dineros  a  cuya  entrega se vio compelida por los actos de extorsión  ejecutados  en su contra por los miembros del frente 47 de las Farc, que para la  época  de  los  hechos  delinquían  en  el municipio de Marulanda (Caldas), en  realidad  fueron  ofrecidos  de manera voluntaria como un aporte financiero a la  causa guerrillera.   

Se  recordará que en su fallo el Tribunal  Superior  de  Manizales,  tras  confirmar  la  absolución  de  la  acusada como  cómplice  del  homicidio cometido sobre Rigoberto Castaño Tobar, para entonces  alcalde  en  ejercicio  del  municipio  de Marulanda, al no encontrar prueba que  respaldara  su  contribución  en  la comisión de esa conducta, concluyó en la  responsabilidad  penal  que asistía a la acusada PATIÑO CAÑAS como autora del  delito   de   Rebelión,  aduciendo  que «era una activista directa de aquellas  fuerzas  insurrectas,  tenía  la  condición de rebelde-miliciana».   

Tal  conclusión  la  derivó  el Tribunal  especialmente  de los testimonios de Marco Fidel Giraldo Torres, a. Garganta3;  Norbey      de      Jesús      Gallego      Valencia,      a.      Cascarero       o      Alberto4;   Fermín   Antonio   Cano  Cardona,   a.   Tomás5; Jainiver Restrepo Osorio, a.  Cristian6;   Edison   de  Jesús  Rúa  Cataño,  a.  Garraseca7;  y,  Carlos Alberto Ramírez  Zuluaga,   a.   Becerro8;  todos  exintegrantes  de la  facción  subversiva  alineada en el frente 47 de las Farc. Infirió, con ellos,  que  a cambio de asegurar resultados políticos electorales, la acusada prestaba  ayuda financiera a esa organización.   

Debe  decirse, para precisar el objeto del  debate,  que  se  aceptó  como hecho probado dentro del juicio que la procesada  transfirió   dineros  a  la  organización  insurrecta  con  influencia  en  el  municipio  de  Marulanda  (Caldas), lo que llevó a cabo en cuatro oportunidades  entre  los años 2004 y 2007. Se admitió, adicionalmente, que la suma entregada  por  la  acusada  en  total  ascendió a $18.000.000, además de un anillo y una  cadena.   

Admitidas    dichas    transferencias  económicas,  la  tesis  presentada  por  el  acusador  se  precisó en que esos  dineros  fueron  cedidos  por  la  procesada  como  una voluntaria contribución  financiera  a  la  organización  guerrillera,  a  cambio  de  obtener  réditos  electorales.  Por contrario, la defensa no obstante haber admitido la entrega de  los  bienes,  adujo  que  fue  consecuencia  de  la extorsión de la que se hizo  víctima.   

Habiéndose conducido en el juicio oral la  prueba  en  uno  y  otro  sentido,  el Tribunal Superior de Manizales entendió,  dándole  la  razón  a  la  Fiscalía, que se demostró más allá de cualquier  duda  razonable  la existencia de la conducta punible y la responsabilidad de la  acusada,   puesto   que,   según  consignó  en  el  fallo,  se  acreditó  que  «para  Patiño  Cañas  no  había orden de causarle  daño  o  merma  en  su haber patrimonial, sino de recibirle dinero, que tampoco  sabían  si  salía  de  las arcas de la administración o de su propio peculio,  precisamente   porque   el   único   interés  era  recibirlo  y  brindarle  en  contraprestación,  el  apoyo con los potenciales electores de las veredas, para  sacar  avante  la  permanencia  de  los  candidatos  en  el poder, con todos los  beneficios     que     el     poder     entraña»  (sic).      

    

1. Análisis  de  la  Corte  acerca  de los fundamentos de la decisión  recurrida y la prueba omitida por el juzgador:     

Para  dilucidar  el  asunto  ofrecido como  problema  jurídico  en relación con la responsabilidad de la acusada, la Corte  entiende  innecesario la definición puntual de cada uno de los cargos y errores  que  en  extenso presenta la demanda, por lo que se concentrará en aquellos que  revisten  especial trascendencia, básicamente relacionados con errores de hecho  consistentes  en  falsos  juicios  de  existencia,  y  que podrán determinar la  modificación del sentido del fallo a favor de la implicada.   

     

1. El contexto de los acontecimientos:     

Entrando  en materia, es preciso dejar por  sentado  que  no  obstante  resultar  de especial importancia para establecer el  contexto   en   el   que   tuvieron   ocurrencia  los  hechos,  el  Ad  quem  omitió por completo cualquier  referencia   a  las  circunstancias  relativas  al  orden  público  en  que  se  desenvolvía  la vida diaria del municipio de Marulanda (Caldas) durante aquella  época transcurrida entre los años 2004 y 2007.   

La  prueba  aportada en este sentido en el  juicio  oral por la defensa de la acusada es abundante y da cuenta que desde los  años  1998 y 1999, se inició la presencia del denominado frente 47 de las Farc  en  jurisdicción  de  esa municipalidad. Las acciones de la agrupación rebelde  se  fueron  intensificando  y  pronto,  según  lo  puntualizaron  los testigos,  aparecieron  las  extorsiones  a  la población, llamadas de manera eufemística  como      «colaboraciones»,      «impuestos»,  «aportes»          o          «vacunas»,  ejecutadas  en principio a  finqueros y comerciantes de la región.   

Así  lo relató en el juicio, Fabio Serna  Giraldo:   

Pues  comentarios  de  la  presencia de la  guerrilla.  Ya  después  aparecen  las  extorsiones y que lo llaman a colaborar  pues  con  plata.  Y  pues  ahí es donde uno se siente intimidado y se aleja de  esos   predios,   pero   me  tocó  darles  plata.9   

Tales extorsiones se fueron generalizando,  como  puede  advertirse  por  la  prueba  recaudada10,   y   su   idoneidad  para  vulnerar  los  bienes  jurídicos  de  la  autonomía  personal  y el patrimonio  económico  de  los  habitantes  de  la región, reposaba en cotidianos actos de  intimidación  consistentes  en  amenazas,  homicidios,  sacrificio  de  ganado,  incendios,  hostigamientos,  acciones armadas y por la misma presencia constante  de  los  efectivos  de  la fuerza insurgente en el municipio, inicialmente en la  zona rural y luego extendida al casco urbano.   

Ese  estado  de  cosas fue explicado de la  siguiente  manera por Johan Fernando Vidal Patiño, quien para entonces oficiaba  como Personero del municipio:   

Las  represalias que tomaban, que tomaron,  que  se dieron durante el tiempo que yo me desempeñé tanto como concejal, como  personero,  fueron  terribles,  o sea, terribles en el entendido de que, como le  dije,  Marulanda  se  caracteriza  por  ser  un municipio latifundista, donde la  tierra  es de pocas personas y los finqueros son poquitos, entonces ellos, pues,  apresionaban  (sic)  por  intermedio  de los mayordomos o de los agregados de la  finca,  diciendo  que  si  no  pagaban  estas  vacunas,  que si no pagaban estos  impuestos,  pues  procedían,  como  lo hicieron, a quemar las casas, a explotar  las  casas, de matar a los agregados, o a matar reses. Por ejemplo, en el sector  de  Valle  Alto  degolló  la  guerrilla 250 reses y fuera de degollarlas, pues,  mató  a  uno  de  los  agregados  de  otra casa que vivía más abajo. En igual  sentido  fueron  destruidas  otras  propiedades como La Mulata, como la hacienda  Victorias,  y  en  el Cristo, también cercano a la hacienda Victorias, también  degollaron    otra    cantidad    de    animales.11   

    

Así  mismo,  se refirió a este asunto el  testigo Libardo Loaiza Escobar:   

[a]  ver,  empezaron  a  extorsionar  a la  gente,   quemaron  fincas,  mataron  gente,  incluso  mataron  un  hacendado  en  Marulanda,  se llamaba Jairo Sierra, mataron a sus agregados, volaron las torres  de  Telecom,  nosotros  estuvimos  alrededor  de  cuatro o cinco, seis meses sin  comunicaciones.  En  algún  momento  de  la  alcaldía  de  don Rigoberto, ello  tenían,  la CHEC tenía un convenio de electrificación rural con el municipio,  ¿qué  pasó?,  la  CHEC  le  tocó  suspenderlo  porque la guerrilla le estaba  solicitando  una  suma  de  dinero  al ingeniero de la CHEC, me consta porque el  ingeniero  de  la  CHEC envió un oficio al señor Alcalde donde decía por qué  había    suspendido.12      

Aparte  de  los testimonios de Fabio Serna  Giraldo,  Johan  Fernando  Vidal  Patiño  y  Libardo Loaiza Escobar, otros más  dieron  cuenta del estado de orden público permanentemente alterado por aquella  época  en el municipio de Marulanda por la presencia activa del frente 47 de la  organización  guerrillera  de  las Farc. Así, lo relataron, entre otros, Diana  Patricia           Patiño           Cañas13,     Hubert     Grajales  Muñoz14,     Guillermo    Patiño    Cañas15,   Marco   Fidel   Osorio  Serna16,     Javier     Molina    Jaramillo17,     Ceneida     Noreña  Vidal18,    Otoniel    Restrepo    Trujillo19,     Gustavo     Carmona  González20,    John    Elmer   Patiño   Osorio21    y   Nicolás   Giraldo  Gómez22.   

Condiciones de orden público en la región  durante  aquel  período  que  igual  se encuentran acreditadas mediante copiosa  prueba  documental  incorporada  al  proceso, que da cuenta de toda la actividad  delictiva   (secuestros,   extorsiones,   desplazamientos   de   la  población,  hostigamientos,  daños,  atentados contra la infraestructura) realizada por los  insurgentes  de  la  facción  del frente 47 de las Farc, entre la que bastaría  mencionar  el  oficio  del 3 de agosto de 2009, de la Central Hidroeléctrica de  Caldas;  oficio  427 del 16 de agosto de 2009, del Comandante de la Subestación  de  Policía de Montebonito; oficio 1681 del 6 de agosto de 2009, del Comandante  del  Gaula  de  Caldas;  oficio  341 del 18 de agosto de 2009, de la Personería  Municipal  de  Marulanda;  oficio  del  20 de noviembre de 2009, del Coordinador  Territorial  de  Acción  Social; acta 02 del Consejo de Seguridad del Municipio  de Marulanda, del 28 de abril de 2006.    

De   ello   se   sigue  que  no  era  un  acontecimiento  insular  la  activa  presencia  de las fuerzas subversivas en el  municipio  de  Marulanda,  con  claras  manifestaciones de confrontación con la  institucionalidad,  valiéndose  para ello de una serie de actividades al margen  del  ordenamiento  legal,  entre  las  que  destacaba con especial incidencia el  cobro   de   extorsiones,   que  en  el  léxico  subversivo  se  trataban  como  «colaboraciones»,      «aportes»      o     «impuestos»    o,    de    manera    más    genérica,    como   «vacunas»,   

En  dicho  contexto  se desenvolvieron los  hechos  en los que resultó involucrada la acusada PATIÑO CAÑAS, por lo que se  hacía  indispensable  su  contemplación  al  momento  de  valorar su conducta,  resultando  en  un  error ciertamente trascedente haberlo ignorado, omitiéndose  la  consideración  de  los  testimonios  y  los  documentos  incorporados  a la  actuación que daban cuenta de la aludida situación.   

Es cierto, como lo sostiene el demandante,  que  el  Tribunal  omitió  valorar  tales  testimonios,  con lo que no obstante  reconocer  la  presencia  guerrillera  en la región por conducto del mencionado  frente  47 de las Farc, dejó de considerar aspectos de especial importancia, en  tanto,  tales  circunstancias,  como  se  verá, condicionaban los hechos que le  fueron imputados a la procesada.   

En este orden de ideas, al ignorarse en el  fallo  de  segunda  instancia  esas particulares condiciones que acompañaban la  presencia  del  grupo insurgente, por el desconocimiento de las pruebas que así  lo  acreditaban, se incurrió en errores de hecho consistentes en falsos juicios  de   existencia   por   falta   de   apreciación   de  la  prueba  –que  no de falso juicio de identidad,  como  lo  vino  postulando el recurrente-, cuya trascendencia se verá reflejada  en  el  juicio  de  reproche hecho a la procesada MARÍA ISBELIA PATIÑO CAÑAS,  como a continuación se entrará a desarrollar.   

     

1. De  las  conductas  realizadas por la acusada MARÍA ISBELIA PATIÑO  CAÑAS     

Ubicados   en   ese   escenario  de  los  acontecimientos,  es  preciso  reiterar que se ha tenido como un hecho inconcuso  que  la procesada hizo varias entregas de dinero a representantes del mencionado  frente 47 de las Farc.   

Es la propia acusada quien rememora que en  cuatro  oportunidades  hizo  entrega  de  las  siguientes  sumas  de  dinero: en  septiembre  de  2004,  $2.000.000;  en  diciembre de 2006, $10.000.000; en 2007,  inicialmente  $2.000.000  y  luego  $4.000.000.  Además, al tiempo que llevó a  cabo  la  entrega  de  esos  dineros,  también  lo  hizo  de  un  anillo  y una  cadena.   

El  Tribunal dedujo que esas trasferencias  económicas,  conformaban  el  apoyo  financiero que brindaba a la organización  insurrecta,  sosteniendo  en  consecuencia  que  se  trataba de una «miliciana  o  colaboradora financiera»  y    que    además    sostenía    una   «estrecha  amistad»   con   varios   cabecillas   del   frente  guerrillero.   

Para   arribar  a  esa  conclusión,  se  fundamentó   de   manera   exclusiva  en  el  testimonio  ofrecido  por  varios  exintegrantes  de  la  organización  guerrillera, especialmente en lo declarado  por       Marco       Fidel       Giraldo      Torres,      a.      Garganta       o       Isaías,   y   Edison  de  Jesús  Rúa  Cataño,        a.        Garraseca.   

El   primero  de  ellos,  manifestó  al  respecto:   

[s]e  vienen  las  elecciones  del  mes de  octubre  como  para  el año 2007…de gobernadores y alcaldes… yo mandé a un  muchacho…  que  el  alias  era  “Arnulfo”  o  “Tomás”…  yo entro en  comunicación  telefónica con la señora Luz Isbelia Patiño… como la señora  no  recuerda  yo  le  decía  que  era  “Efraín”… no me le hice pasar por  “Garganta”  porque  el  secretariado  me había dicho que cambiara de alias,  cierto,  entonces me pusieron Efraín Guzmán… la campaña la iba ganando otro  muchacho…  no  recuerdo el nombre, entonces por medio de la señora Isbelia yo  entro  en  comunicación telefónica con Rubén Darío, actual alcalde, entonces  ahí  cuadramos  una  plata…  la señora Isbelia me manda en ese entonces seis  millones  más,  fuera de lo que había dado a “Arnulfo” o “Tomás”…me  los  mandó  con un muchacho Gustavo Cardona… este señor era el administrador  general  de  las  fincas  de  un hacendado llamado Octavio Llano… el señor me  pide  un papel de constancia de que yo había recibido la plata, eso hice yo, yo  le  dije  no hay necesidad señor, no crea que le voy a robar… para entregarle  a  la  señora…  pues,  se  me  pide  a mí que neutralizara, cierto,… yo en  ningún  voy  a matar a nadie para darle gusto a otro, se orienté la orden para  que  votaran  por  el  señor  Rubén  Darío  y  así  lo  hice por medio de un  líder…  en  la  vereda  “El zancudo” le digo a la gente que votara por el  señor  Rubén  Darío…  y  sacó  diecisiete votos, por esos diecisiete votos  ganó  el  señor  Rubén  Darío  las  elecciones.23   

Además, para concretar la naturaleza de la  cesión   económica   de   la   acusada,  el  Tribunal  extrae  fragmentos  del  interrogatorio  de  dicho  testigo,  para  concluir  que  no  fue  fruto  de  la  extorsión,   así   como  tampoco  ejercían  presiones  sobre  la  población:  «en  ningún  momento  yo  presionaba  a nadie… la  orientación  que  le daba a la población civil era que votara por el que ellos  creyeran  más  conveniente  y  en  el  que  vieran  futuro…  era la orden del  secretariado…»,   enfatizando   que  «en  ningún  momento  extorsionamos…  la plata que ella dio fue  voluntaria…   no   sé   si   la   sacaron   de   la  Alcaldía  o  la  dieron  personalmente…».   

A  su  vez,  del  testimonio  de Edison de  Jesús   Rúa   Cataño,   a.   Garraseca, se extrajo en el fallo:   

En  la  organización se crean sus propios  apoyos,  sus  propias  fuentes,  sus propias redes de información… una de las  partes  de  la  misión  que  le encomendé a Germán era crear esa red de apoyo  rural,  perdón,  urbana…  y  pues  ya  con la señora (refiriéndose a María  Isbelia)  se  planteaba  la situación… cómo empezar a crear una red de apoyo  para  contrarrestar  una  supuesta  red  de informantes que tenía organizada el  señor     Alcalde     para     ese     entonces.24   

Adicionalmente, se resaltó que el testigo  adujo    que    quien    era    conocida   como   La  tesorera  era una firme aspirante a hacer parte de la  organización, persona de confianza y colaboradora.   

De   igual   manera,   trascendiendo  la  discusión  de  si  se  trataban  de  testigos directos o de referencia, el juez  colegiado  aludió  a  los  testimonios de Norbey de Jesús Gallego Valencia, a.  Cascarero  o  Alberto25;   Fermín   Antonio  Cano  Cardona,   a.   Tomás26;  Jainiver Restrepo Osorio,  a.      Cristian27; y, Carlos Alberto Ramírez  Zuluaga,   a.   Becerro28,   militantes   del  grupo  guerrillero,  quienes  narraron que supieron por voces de sus comandantes que la  acusada  les hacía entrega voluntaria de dineros y que en alguna oportunidad la  observaron   reunida   con   a.  Mauricio,  líder  de  la  organización,  y  que éste les comentó que le  había  entregado  diez  millones de pesos, además de un anillo y una cadena de  oro.   

El  Tribunal  suscribe  como  cierta  la  afirmación   de   Norbey   de   Jesús   Gallego   Valencia,   a.  Cascarero,  en  el sentido que el dinero  entregado  por  la  acusada  no era producto de un acto de constricción sino de  una cooperación a la que ella siempre estuvo dispuesta:   

El  conocimiento mío, nosotros mandamos a  Mauricio  como delegado de la unidad a hablar con ella a una vereda que se llama  El  Mesón,  salió  Mauricio con ella allá por orden de Fabio e Iván Ríos…  nosotros  le  mandamos  pedir veinte millones de pesos… y entonces Mauricio le  propuso  a  ella que le diera veinte millones de pesos, ella dijo que no, que la  capacidad   de   ella   eran   diez   millones,  que  con  mucho  gusto  nos  lo  daba.29   

Con  fundamento  en  dicho  testimonio  se  concluyó,  en  principio,  por el Ad quem  que  la  entrega  de  los  dineros tuvo un carácter donativo por  parte   de  la  acusada,  dando  así  crédito  a  la  afirmación  del  líder  guerrillero  en  el  sentido  que  la  organización no presionaba a nadie y que  recibían        «colaboraciones»  en  todo  caso voluntarias por parte de la población, por lo que  puntualiza,  invocando a dichos testigos, que las entregas dinerarias de PATIÑO  CAÑAS  no fueron producto de «actos intimidatorios o  extorsivos».   

No obstante, el Tribunal, sin detenerse por  un  solo  instante  en  el  análisis  de  las demás pruebas, que no fueran los  testimonios  de  los  propios  insurgentes,  las descalifica de manera genérica  bajo  el entendido de que como quiera que la acusada no era combatiente activa y  uniformada  de  las  Farc,  nadie  podía  dar  cuenta  de  su  pertenencia a la  organización.   

De esa manera, no solamente se desconoció  por  completo  el contexto en el que se desenvolvieron los acontecimientos, sino  que  también se ignoraron los elementos de prueba que reafirman la tesis de que  la  acusada  fue  víctima  de  múltiples  actos  de extorsión que bien pueden  explicar,  de  manera  razonable, las diversas entregas de dinero que hizo a los  miembros de la agrupación insurgente.   

Bajo  este  entendido,  se  omitió por el  fallador  valorar  el  testimonio de la acusada MARÍA ISBELIA PATIÑO CAÑAS en  relación  con  cada una de las acciones que le fueron reprochadas, así como su  constatación   con  la  prueba  de  corroboración  ofrecida  por  la  defensa.   

De ello se ocupará la Sala a continuación  en  una  simple  pero necesaria tarea de verificación sobre la prueba ignorada,  siguiendo  el  orden  presentado  en  la  demanda  en relación con las acciones  relevantes,  que  corresponden  al  fundamento  de  las  entregas de dinero a la  organización  guerrillera,  al  desarrollo  de los comicios electorales y a los  diversos contactos que tuvo la procesada con los insurgentes:   

     

1. La primera extorsión:     

Narró  la  procesada  que  en  el  mes de  septiembre  de  2004  fue  víctima  de  una  inicial  extorsión  por cuenta de  miembros  del frente 47 de las Farc, para entonces ya asentadas en el municipio,  hecho que, según relató, sucedió de la siguiente manera:   

[r]ecuerdo muy bien esa fecha porque era la  fecha  en  que  mi  papá estaba muy delicado de salud. Yo me encontraba en, con  él,  en el municipio de Marulanda, cuando tocaron el portón. Yo salí y era el  señor  Lorenzo  Gallego,  yo  le dije que a la orden y él me dice que, eh, que  venía  a  traerme  una  razón  de  la guerrilla, que la guerrilla me mandaba a  decir  que  necesitaba  que le mandara dos millones de pesos. Yo le dije que por  qué.  Y  me  dijo  que un impuesto que ellos cobraban por la finca.30   

Finalmente, explica, el dinero reclamado lo  entregó   ocho   días   después   al   mismo  Lorenzo  Gallego,  sintiéndose  constreñida  por la manera recurrente como actuaba el bloque guerrillero cuando  las  víctimas  no  se plegaban a sus exigencias, por lo que no se requería una  amenaza  explícita,  bastando  el  conocimiento que se tenía sobre  las  consecuencias negativas que supondría el incumplimiento de  sus designios:   

Ah pues, eso sí no había necesidad de que  me  hiciera,  porque  ya  se  sabía  qué  le pasaba a uno si uno no pagaba ese  impuesto  o  la  vacuna.31    

Ese  inicial  episodio  fue confirmado por  Diana  Patricia  Patiño  Cañas,  Guillermo  Patiño  Cañas  y  Javier  Molina  Jaramillo.    Éste   último   se   refirió   al   hecho   de   la   siguiente  manera:   

[e]stando  el  papá de María Isbelia muy  enfermo,  yo,  pues,  yo soy muy amigo de toda la familia, y lo estaba visitando  una  noche,  perdón, y estando yo en la casa de María Isbelia llegó un señor  llamado  Lorenzo  Gallego,  tocó  la  puerta  y  María Isbelia y yo salimos al  portón  y él la retiró hacia la calle y estuvo hablando con ella y luego ella  se  entró muy asustada, llorando. Yo casi no la calmo. Casi no me cuenta lo que  le  sucedía. ¿Qué le pasa?, y ella me contestó: no me faltaba sino lo que me  acaba  de  suceder.  ¿Qué  le  sucede?,  y  me  dijo:  la  guerrilla  me está  extorsionando,  que tengo que mandarles plata y vea esta situación tan horrible  con  mi  papá,  la  plata que he gastado, la situación tan difícil, ¿yo qué  voy  a  hacer?,  yo  me voy a enloquecer. Ya casi no la calmo. Ahí me di cuenta  que  estaba  siendo extorsionada. Este señor Lorenzo le llevó la razón que le  llevara   según  me  contó  ella  una  plata  como  de  dos  millones  o  algo  así.32   

Por  su  parte,  Hubert  Grajales  Muñoz,  quien,  según  testimonió,  se  encargó  de entregar el dinero producto de la  extorsión, dijo:   

[l]a  primera  ocasión  yo  mismo  entregué  dos millones de pesos al señor Lorenzo Gallego,  porque  yo  me  encontraba  ese  día  en  Marulanda. Viajábamos muy de seguido  porque  el  papá  de  ella  estaba  muy mal de salud y llegó el señor Lorenzo  Gallego  por  un encargo, yo le dije a María Isbelia y ella me dijo que entrara  y  sacara  una  plata  que  había en un chifonier y que se la contara al señor  Lorenzo  Gallego.  Claro que ella ya nos había contado que le habían mandado a  pedir  dos millones de pesos de vacuna, hace ocho días, pero que ella no había  tenido  la  plata,  entonces que habían quedado de volver por ella.33   

     

1. La segunda extorsión:     

Una   segunda   extorsión,   según  la  narración  de la procesada, tuvo lugar en diciembre de 2006. Así describió lo  ocurrido:   

[e]n diciembre del 2006 el comandante Fabio  me  manda  a  decir  que  lleve  diez  millones  de  pesos,  porque ellos ya, me  necesitaba,  eh,  no  recuerdo si fue a las doce o a qué horas. Entonces en él  me  dijo que arrimara a la finca Palogrande, que ahí me prestaban una mula, que  me   prestaban   una   bestia   y   que   podía   ir   acompañada.34   

Con   lujo   de   detalles,   narró   a  continuación   que   ajustó   la  suma  de  dinero  exigida  con  los  dineros  provenientes  de  su  salario y las prestaciones sociales, suyas y de su hermana  Patricia.   

Recogido   el  dinero  y  siguiendo  las  instrucciones  que le habían dado, su sobrino Jonhy Fernando Osorio la llevó a  un  sitio  rural  conocido  como  La  Represa,  donde  la  recogió  en una moto  Guillermo  Pérez  Arenas,  esposo  de  una  sobrina, con quien se dirigió a la  finca  Palogrande.  Allí le prestaron una bestia y se encaminaron a la finca La  Ceiba,   habitada  por  Otoniel  Restrepo  Trujillo,  lugar  señalado  para  el  encuentro con el enviado de la guerrilla.   

Dijo  que  a  poco  se  hizo  presente  el  guerrillero  alias Mauricio,  con  quien  sostuvo  una  fuerte discusión porque en malos términos le exigió  que  le  entregara  información relacionada con la administración municipal, a  lo  que  ella se negó. Luego de ello, dijo, entregó el dinero y se regresó al  casco urbano de Marulanda.   

La  recolección del dinero, en los mismos  términos  narrados  por  la acusada, es objeto de corroboración por su hermana  Diana  Patricia  Patiño Cañas, quien tuvo que disponer de sus emolumentos para  ajustar la cifra exigida. Así lo expresó:   

Ese  dinero  lo  reunimos con la prima, mi  sueldo  de  diciembre  y la platica que a ella le habían pagado ya de salida, y  lo    que    era    el    sueldo,    la    prima.35   

Ese   episodio   es  respaldado  con  el  testimonio  de  Guillermo  Pérez Arenas y Otoniel Restrepo Trujillo. El primero  de ellos, manifestó:   

Nosotros, pues, ella me, me pidió el favor  de  que  la  acompañara.  Llegamos  a  una  finca que se llama Palogrande, ahí  prestamos  una  bestia,  de  ahí  nos dirigimos hacia La Ceiba, allá llegamos,  esperamos  un  momento ahí, llegaron dos guerrilleros, uno se dirigió con ella  a  un  extremo  de  la  casa,  yo  me  quedé  con  el  otro  en el patio, ellos  conversaron  un  rato  ahí,  ya  nos  despacharon.36   

Así  mismo,  Otoniel  Restrepo  Trujillo,  morador  de  la finca La Ceiba, donde la acusada tuvo su encuentro con el líder  guerrillero,  corroboró  la existencia de ese hecho, narrando con exactitud las  mismas  circunstancias  ofrecidas  en  su  testimonio por MARÍA ISBELIA PATIÑO  CAÑAS  y  dando cuenta que se presentó acompañada por Guillermo Pérez y que,  en efecto, se entrevistó con el subversivo:   

Entonces  a  mí me pareció extraño y le  dije:  usted  qué  está haciendo aquí. Y me dijo que me mandaron a llamar esa  gente,   que   tenía   que  venir  a  encontrarme  con  ellos  acá37.   

     

1. La tercera extorsión:     

La  procesada  refiere  un  tercer  acto  extorsivo  del  que  fue víctima en el año 2007, el que empezó a fraguarse el  día  que  recibió en su casa una boleta, firmada por el frente 47 de las Farc,  en  la  que se le indicaba que debía comunicarse a un número telefónico. Así  se refirió a ese evento:   

En el año 2007, ahí voy a comentar que en  ese  año  fue  que el señor, éste señor John Elvier me llevó una boleta del  frente  47,  a  la cual yo, pues no me comuniqué a ese número de celular. Pero  en  el  2007,  ahí  es  donde llaman al señor Libardo Loaiza y le dicen que me  diga  que  con  ellos  no  es  jugando, que se acuerde que ellos me mandaron una  boleta  y  que entonces mande dos millones de pesos, por, que por el impuesto de  la  finca.  Entonces,  y  que  se los entregara a un señor Alonso Arenas, éste  señor  es  un  ciudadano  de  allá de Marulanda, un campesino que vivía en la  finca  La  Libertad,  propiedad  del  señor  Gustavo Carmona, Gustavo Londoño,  perdón.  Entonces,  yo  llamo a Libardo, ya Libardo me comenta eso y yo le dije  Libardo  yo  no  tengo  plata  en este momento, préstemela usted. Libardo me la  presta  porque  él  estaba  recogiendo  una  plata  para  comprarse una motico,  entonces  él  me  la  proporcionó  y  efectivamente  se la entregué al señor  Alonso                    Arenas.38   

Sobre  ese  acontecimiento, Libardo Loaiza  Escobar refirió:   

[a] mediados de agosto del 2007, tipo diez  de  la  mañana,  me  sonó  el celular, yo contesté, un tipo me dijo por favor  Libardo,  yo  le  dije,  habla  con  él,  entonces  yo le dije, ¿yo con quién  hablo?,  y  él dijo, no le interesa, pero bueno, si quiere saber más habla con  el  frente  47  de las Farc, habla con Efraín, alias Garganta. Obviamente, pues  yo  me  asusté y entonces me dijo, necesito que ubique a la extesorera y le dé  una  razón,  y  entonces  yo le dije, no señor, María Isbelia renunció, y yo  hace  días  que no sé nada de ella, entonces me dijo el tipo, ¿usted nos cree  güevones?  hombre,  nosotros  sabemos que usted a diario se comunica con María  Isbelia,  ¿por  qué?  porque usted la tiene elegida en su celular, adicional a  eso  usted  cuando  viaja  a  Manizales  va  a la casa de María Isbelia, cuando  Isbelia  vivía  y  trabajaba  acá  en Marulanda usted vivía en la casa de, de  ella,  vea  nosotros  sabemos  usted qué come, usted come en el mismo plato con  María  Isbelia,  y  ¿qué  me  tocó?, decirles que sí, y entonces el tipo me  dijo  que  le dijera que necesitaba dos millones de pesos, que del impuesto, que  cuando  tuviera esos dos millones de pesos se los entregara a un muchacho que se  llama            Alonso            Arenas.39   

El testigo manifestó, además, que llevó  el  mensaje  a  la  acusada  y  que  él  mismo  le prestó el dinero que le fue  entregado a Alonso Arenas, según las instrucciones dadas.   

      

1. La   cuarta   extorsión  y  el  recibo  de  pago  del  «impuesto»:     

Una cuarta extorsión refirió la acusada.  Narró  que  en  el  mismo  2007, encontrándose en una reunión de Familias   en  Acción,  Libardo  Loaiza  Escobar  le comunicó que había recibido una nueva llamada telefónica de alias  Garganta,  quien le pidió  que  le  entregara  un  número telefónico para que se comunicara con él, cosa  que hizo y sostuvo el siguiente diálogo:   

Entonces me dice, vea señora, lo que pasa  es  que  yo  la llamo para decirle que, que yo le voy a mandar esos dos millones  de  pesos  que  usted  me envió, porque nosotros no necesitamos limosnas, no le  estamos  pidiendo  una  limosna a usted, nosotros necesitamos cuatro millones de  pesos,  porque  usted  debe  los  impuestos del 2005, 6 y 7. Yo le dije, ¿cómo  así?,  y  entonces  él vuelve y me dice, si, así como lo está escuchando, si  los  quiere  mandar  bien  y  si no yo le devuelvo estos dos millones y usted ya  sabe  qué es lo que pasa con nosotros. Entonces yo le dije que, que a quién se  los  tenía  que  entregar,  él  me  dice que se los entregue al señor Gustavo  Carmona,    el   mayordomo   del   señor   Octavio   Llano   Ruíz.40   

Este episodio es igualmente recreado en su  testimonio por Libardo Loaiza Escobar:   

[e]ntonces  a las tres de la tarde (del 14  de  septiembre  de  2007,  aclaró el testigo) me sonó el celular, yo contesté  cuando,  ¿con  Libardo?,  y  yo, si con él, habla con Efraín, alias Garganta,  entonces  yo  le  dije,  ¿qué sería?, me dijo, hágame un favor, como resulta  que  usted  invitó  a la extesorera, a Isbelia, a una actividad que usted tiene  de  Familias  en  Acción,  y  ella va en una buseta, hágame un favorcito, dele  este   número   de   celular   y   dígale  que  por  favor  se  comunique  con  nosotros.41   

Dice el testigo que efectivamente entregó  el  mensaje  a  la  procesada  y,  según supo, consiguió el dinero requerido a  través de su hermano Guillermo.   

En  efecto,  Guillermo  Patiño  Cañas,  hermano de la acusada, relata sobre este asunto que:   

Ocurrió que la guerrilla llama otra vez a  Libardo  Loaiza  y  le da un número para que le pasara a mi hermana para que se  comunicara  con  ellos.  Ella  lo  llama  y  le dice, tiene que mandarnos cuatro  millones  de  pesos  más,  que  porque nosotros no le estamos pidiendo limosna,  nosotros  estamos  pidiendo  la  vacuna  del  2005,  2006  y  2007.  Entonces yo  personalmente  le  entregué  los  cuatro  millones  de  pesos al señor Gustavo  Carmona.42     

Por  su  parte, Gustavo Carmona González,  testificó  que  fue contactado por Guillermo Patiño Cañas para que le hiciera  entrega   del   dinero   exigido   por   la   guerrilla   a  alias  Garganta, advirtiéndole la necesidad de  que  les  exigiera un recibo por ese dinero entregado. Así relató el encuentro  en  la  finca  La  Alejandría,  de  la  que era su administrador, entregándole  cuatro millones de pesos al guerrillero:   

Yo  estaba  ahí  y  ya  llegó,  llegó  Garganta,  y me preguntó que si yo llevaba un encargo de la familia de Isbelia,  y  le  dije  que sí, y yo se la entregué y le dije que me hiciera el favor que  me  diera  un  recibo, que era que me habían exigido un recibo. En un principio  él  no, no me lo quería entregar, y ya cuando me fui a ir volví y le reclamé  el  recibo  y  me  lo  entregó…  un recibo por seis millones de pesos, porque  según   eso   los   dos   millones   ya   los   habían  entregado.43   

El recibo al que se hace alusión por el  testigo  –que además lo  reconoció  en  el  juicio oral-, fue aportado como prueba documental dentro del  juicio  oral,  haciéndose  la  salvedad,  por  parte  de los declarantes, en el  sentido  que  se corresponde con la entrega en el año 2007 de los seis millones  de  pesos,  alusivos  a  lo  que  se  viene  refiriendo  como  tercera  y cuarta  extorsión.   

Ese  documento fue objeto de estipulación  probatoria entre las partes, y a la letra dice:   

10 17 007  

Señora Isbelia cordial saludo.  

La  presente  es  con  el  fin  de  dejar  constansa  de la resibida de 6000.000 por motivo de impuesto por usted al Fte 47  de las FARC = EP  B-J-M-C.   

Firma quien recibio el impuesto  

Efrain  Gusmán  (sic)   

     

1. Encuentros  con  la  guerrilla de las Farc. La solicitud de renuncia  al   cargo   público   ejercido   por   la   acusada   y   el  despojo  de  sus  joyas:     

Se  entendió  en  el fallo recurrido, con  fundamento  en  la declaración de los miembros de la organización guerrillera,  que  la  acusada  en  dos oportunidades visitó a los líderes de las Farc y, en  uno  de  esos  encuentros,  no solamente les hizo entrega de dinero en efectivo,  sino también de la cadena y del anillo que llevaba consigo.   

Sobre  este tema, de igual manera refirió  la  acusada,  en  extenso,  que  el  16  de noviembre de 2006 fue visitada en su  oficina  por  Ceneida  Noreña  Vidal,  campesina asentada en el área rural del  municipio,  quien  le  comunicó  que debía presentarse ante representantes del  grupo guerrillero en la finca San Antonio.   

Manifestó que después de consultar con el  alcalde  del  municipio,  Nicolás  Giraldo  Gómez,  emprendió camino hacia el  lugar  que le fue señalado, inicialmente en el carro de Libardo Loaiza Escobar,  quien  la  dejó en un paraje donde se encontró con su cuñado Marcos, y a lomo  de  bestias  prosiguieron  hasta  la  finca  donde  la  esperaba  el  comandante  guerrillero.   

Afirmó  que,  tras  identificarse  con el  alias   de   Mauricio,  su  interlocutor   le   comunicó   la   exigencia  de  su  comandante  Fabio  para  que  renunciara al cargo de  tesorera  que  en esos momentos regentaba en la administración municipal. Luego  de  alguna  resistencia a dicha solicitud, fue conminada a presentar su renuncia  en  el  mes  de  diciembre de ese año, cosa que finalmente ocurrió44.   

Pero  además,  relata  la  acusada,  fue  despojada de las alhajas que llevaba consigo:   

Yo le dije que si ya me podía ir, el tipo  me  dice  que,  que  sí  pero que antes le deje algo. Yo le dije cómo así que  algo,  entonces  me  dijo  que  sí. Yo llevaba una ruana puesta, porque es algo  típico  de  Marulanda,  nosotros  para donde salimos, salimos con nuestra ruana  porque  allá  es  donde se hacen las ruanas de Marulanda. Yo me fui a quitar la  ruana  y  el tipo me dice, cómo cree que le voy a recibir esa maricada sabiendo  que  nosotros cargamos unos putos morrales llenos y que encima me va a echar una  ruana.  Yo  le  que  le  estoy  pidiendo es ese anillo y esa cadena.45   

Los anteriores hechos son corroborados por  Ceneida  Noreña  Vidal, manifestando que a su finca arribaron dos guerrilleros,  uno  de  ellos  a. Mauricio,  preguntando  por su esposo, aduciendo que requerían que le llevara una boleta a  MARÍA ISBELIA. Ella respondió:   

Qué  pena,  pero  mi esposo no puede, por  qué,  porque  él  tiene  que  ir  a  organizar un ganado abajo al espartillán  (sic).  Y  entonces  yo  le dije, pues ustedes verán, si quieren yo voy mañana  para  Marulanda  a hacer arreglar la casa, si quiere yo le llevo la razón. Pero  lleve  esta  boleta.  Y  yo le dije, no, yo boleta no le llevo porque en el Alto  hay  mucho de esos soldados y me investigan y yo no quiero por hacerle favores a  ustedes,  yo  favores  no  les  hago,  y  me dijeron, tiene que hacerme el favor  porque  si  usted  no  nos hace favores o nos sapea (sic) usted ya sabe qué les  pasa.46   

        Finalmente,  agregó,  obligada  por  las  amenazas se presentó al  día  siguiente en la Alcaldía, trasmitió el mensaje a la acusada, diciéndole  que  «Isbelia  suba  porque  si no sube la matan, le  mandaron   a   decir  que  si  no  va,  la  matan»47.     

Igualmente,   Libardo   Loaiza  Escobar,  expresó al respecto:   

María Isbelia me llamó a su oficina y me  pidió  el  favor que por favor la acompañara hasta un sector que llama el Alto  de  la Virgen, que lo que pasaba era que la guerrilla la había citado, entonces  que  para que yo me quedara cuidando el carro y un cuñado de María Isbelia que  se  llama  don Marco Osorio fue la persona que llevó las bestias y acompañó a  María  Isbelia  hasta  la  finca  San  Antonio, esto fue el 16 de noviembre del  2006.48   

De  igual  modo, Marco Fidel Osorio Serna,  ratifica lo dicho por la acusada:   

Bueno,  ahí  llego yo con las bestias, ya  nos  montamos  en  las  bestias  y nos fuimos. Llegamos a esa finca San Antonio.  Habían  (sic)  dos  señores de los cuales se la, se la retiró de mi bastante,  se   la   llevó  y  el  otro  se  quedó  conmigo.49   

Nicolás  Giraldo  Gómez,  para  entonces  Alcalde  municipal,  refirió  que supo de la visita que le hizo Ceneida Noreña  Vidal,  luego  de  lo  cual  la  acusada le comunicó la citación que le había  hecho  la  guerrilla  en  la finca San Antonio. Agregó que en la tarde del día  siguiente,  cuando  había  cumplido con el requerimiento, lo llamó para que se  presentara  en  su  casa,  donde  la  encontró  «muy  cansada,  embarrada», informándole que la guerrilla  había        exigido        su       renuncia50.   

Así  mismo, a través del testigo Fermín  Antonio    Cano   Cardona,   a.   Tomás,  el  Tribunal robustece la idea de la cercanía de la acusada con  los  miembros  de la guerrilla, aludiendo a visitas que aquella les hacía en la  vereda La Argelia.   

Es  preciso  consignar  que  la  procesada  reconoció  un  frustrado  encuentro  con  los  rebeldes,  manifestando  que  en  diciembre    de    2007    fue    mandada   a   llamar   por   a.   Garganta,   quien  telefónicamente  le  recriminó  por  el  comportamiento  de  sus  hermanos,  dedicados  a las faenas  agrícolas,  y  le  exigió  la  presencia  de  uno  de  ellos  en  la vereda La  Argelia.   

Afirma  que  previendo  el  peligro  que  podrían  correr  sus  hermanos,  ella  se  ofreció  a  cumplir  la cita con el  guerrillero.  De  esa  manera,  siguiendo las instrucciones que le habían dado,  acompañada  de  su  cuñado  Marco  Fidel  Osorio, se trasladó a dicha vereda,  concretamente  a  la finca de Nolberto Hernández Franco, donde finalmente no se  hizo presente el jefe subversivo.   

Este  hecho  fue corroborado en juicio por  Marco        Fidel        Osorio        Serna51   y   por  José  Nolberto  Hernández                   Franco52,  quienes  en su orden, con  total   coincidencia   con   lo   manifestado   por  la  acusada,  narraron  las  circunstancias  del  viaje,  la estadía en ese lugar y el fallido encuentro con  el guerrillero que la había citado.   

     

1. Las elecciones de 2007:     

En el fallo recurrido, se concluyó que la  acusada  PATIÑO  CAÑAS  «simpatizaba  con  ideales  insurrectos   buscando   beneficios  propios  de  corte  político».   

En concreto, se razonó por el Ad  quem  que los dineros entregados por  ella  a  la  guerrilla, tenían como contraprestación el apoyo a sus candidatos  políticos,  con  especial  referencia  a  las  elecciones  celebradas  el 28 de  octubre  de  2007,  sustentado  dicho  predicado  en  que el testigo Marco Fidel  Giraldo     Torres,     a.     Garganta,   declaró  que  a  cambio  del  aporte  económico  «se  orientó  a la gente a que votara por el señor Rubén Darío  y  así  lo  hice», actividad que el jefe guerrillero  afirmó  haber  desarrollado  en  la vereda El Zancudo, donde según sostuvo, en  virtud  de  esa intervención, dicho candidato «sacó  diecisiete votos».   

Sobre  las  mencionadas  elecciones  es la  propia  procesada  quien  aclaró  en  su  testimonio que apoyó a Rubén Darío  Quintero  Mejía,  en reemplazo del candidato que accidentalmente falleció poco  antes de los comicios.   

Pero  además, por cuenta de la defensa de  la  procesada, se aportó como prueba documental los oficios DC-CE 1569 del 5 de  agosto  de  2009, de la Delegación del Registrador Nacional del Estado Civil de  Caldas  y 179 del 18 de agosto de 2009 de la Registraduría Municipal del Estado  Civil de Marulanda.   

En ellos se constata que la votación para  el  candidato a la Alcaldía en las elecciones del 28 de octubre de 2007, fue de  32  votos para Rubén Darío Quintero Mejía en la vereda El Zancudo53.   

Aquella  cifra  de  los  votos  obtenidos  difiere   de  la  narrada  por  el  cabecilla  guerrillero,  pero  además  debe  destacarse  que  el  grupo  político  que apoyaba la acusada en el municipio de  Marulanda  registraba  un  trabajo  proselitista  en aquella vereda desde tiempo  atrás,  según  certificación expedida por el Registrador Municipal del Estado  Civil54,  incorporado  a  la  actuación  como  prueba  documental, lo que  acredita  en  principio que no fue una situación inusual, atribuible a un hecho  externo  ilegal,  la  votación  obtenida  en  aquellas elecciones por el citado  candidato.   

    

1. Conclusiones  de  la  Sala  en torno a la trascendencia de la prueba  omitida:     

Como  atrás quedó dicho, la declaración  de  condena contenida en el fallo en contra de MARÍA ISBELIA PATIÑO CAÑAS, se  fundamentó  de  manera exclusiva en el testimonio de los militantes, capturados  y  procesados,  del frente 47 de las Farc, en el entendido que se dio crédito a  sus  afirmaciones  relativas  a que los dineros transferidos a esa organización  guerrillera  eran  el producto de la militancia de la acusada y, en últimas, de  una  suerte  de acuerdo en el que ésta obtuvo beneficios traducidos en el apoyo  electoral  brindado  por  los  insurgentes  a  sus  candidatos  a  los cargos de  elección popular dentro del municipio.   

Al   tiempo,  la  desestimación  de  la  abundante  prueba  que  en  contra  de  dicha  tesis fue aportada al proceso, se  produjo  a  través  de  una  notable  omisión en su apreciación por parte del  juzgador   que   se  limitó  en  su  referencia  a  una  lacónica  expresión,  desprovista  de  cualquier contenido crítico en cuanto a la credibilidad que no  le deparaba:   

Por  contracara,  muy  a  pesar  que  los  testigos  de  descargo  llevados  a juicio por la defensa, pretenden hacer notar  que  unos u otros fueron víctimas de extorsiones y “vacunas” en esa época,  acreditando  la  presencia  guerrillera  en la zona, tales asertos no alcanzan a  derruir  la  fuerza  persuasiva  de  los  tantas  veces  citados  declarantes de  cargo.   

De  esa  manera,  simplista por demás, el  Tribunal  despachó  un  asunto  que  revestía  una especial complejidad con un  argumento  que  alberga evidente falacia de petición de principio, al sustentar  la  inverosimilitud  de  los  que  llama «testigos de  descargo»,   no   en  sus  propias  inconsistencias  internas,   sino   en   una   cuestionable   «fuerza  persuasiva»  que de manera inmotivada atribuye a los  testigos ofrecidos por el acusador.   

Pero,   además,   repudió   cualquier  posibilidad  de  contemplar  el valor de las probanzas aportadas por la defensa,  bajo  el  peregrino  argumento  de  que  como  la  acusada no lucía uniforme de  combate  de  la  guerrilla,  su  función  como  miliciana  no  podía  ser  del  conocimiento  de  los demás testigos, sin reparar en que precisamente el debate  suscitado  no  se enfocó de manera particular en sus actividades al interior de  la  tropa  guerrillera,  sino  en si los dineros entregados a las Farc lo fueron  como  consecuencia de una contribución a la causa insurgente o como el producto  de extorsiones de las que fue víctima por varios años.   

La  primera  consecuencia  del  mal juicio  sobre   la   responsabilidad   de   la  acusada,  provino  sin  duda  del  total  desconocimiento  del  contexto en el que ocurrieron los hechos, ignorando que la  modalidad  delictiva  de  la  extorsión se convirtió durante aquella época en  una práctica cotidiana impuesta por el frente 47 de las Farc.   

En este sentido, no se motivó en el fallo  por  qué  los «impuestos»  que  los  demás  ciudadanos tributaban a la guerrilla de las Farc como forma de  extorsión,  según  fue  demostrado ampliamente en la actuación, en el caso de  la acusada constituían actos de financiación a esa organización.   

El  Tribunal  omitió  la  estimación  de  cualquier  prueba  que  condujera  a  la  demostración de las circunstancias de  orden  público  que  se presentaron entre los años 2004 y 2007 en el municipio  de  Marulanda, sabiéndose con toda claridad que en esa región del país hacía  presencia  el  denominado  frente  47  de  las  Farc, desarrollando una serie de  actividades  que  sin duda alguna mantenía en estado de intimidación y zozobra  a la población.   

En ese orden de ideas, como se desprende de  la  prueba atrás relacionada, desconocida por el fallador, las constantes   acciones  perpetradas por la organización guerrillera impusieron un régimen de  sometimiento   a   los  ciudadanos,  compelidos  de  esa  manera  a  acatar  sus  propósitos    a   sabiendas   de   los   males   consecuentes   a   una   orden  desobedecida.   

De  esa  manera,  se  convirtió  en  una  ejercicio    común    por    aquella    época   el   cobro   de   «colaboraciones»,   «impuestos»   o  «vacunas»,    forma  eufemística  impuestas por la misma guerrilla para referirse a verdaderos actos  de  extorsión,  cuyo  recaudo  estaba  antecedido  de  un  temor latente que no  necesitaba  explicitud sobre los potenciales daños para quienes se negaran a su  cumplimiento,  según coincidieron todos los testigos. Asimismo, de acuerdo a lo  probado  en  el  juicio, no había ninguna posibilidad de denunciar los delitos,  por el mismo peligro que ello podía conllevar.   

Bastaba, según narran todos los testigos,  unas  simples  expresiones por parte de los subversivos, para reconocer su carga  intimidatoria:  «lo  primero que esta gente dice es,  si  denuncian  ya  saben  lo que sucede, y ¿qué es el ya saben? Que lo matan a  uno»55, sostuvo Diana Patricia Patiño Cañas.   

Elementos que no era posible soslayar para  entender  la  dinámica  de  los  acontecimientos, dentro de los cuales adquiere  relevancia  la  condición  personal de la acusada, quien no solamente detentaba  un  cargo  en  la  administración  municipal,  sino  que su familia mediante la  tenencia  de  una  finca  se  dedicaba  a la explotación agropecuaria, segmento  poblacional    sobre    el    que    recaía    el    denominado    «impuesto»    por    parte   de   la  subversión.   

En   este   marco  contextual,  adquiere  relevancia  la  prueba  que  igualmente  fue ignorada por parte del Ad  quem, relacionada con los eventos en  que  la  acusada  relató  la entrega de dineros al grupo guerrillero, compelida  por  la fuerza y la coacción, con las que habría quedado develada la verdadera  naturaleza   de   la   «colaboración»,  que  con  tanto ahínco sostuvieron los testigos del acusador en  el juicio.   

Por  cuenta de las pruebas presentadas por  la  defensa,  se  expusieron en el juicio por lo menos cuatro eventos en los que  se  produjo la entrega de dineros por parte de la acusada, sin que en ninguno de  ellos  pueda  advertirse un propósito dadivoso con el grupo insurgente. Todo lo  contrario,  lo  que  de tales elementos de juicio puede desprenderse es que cada  exacción  económica estuvo precedida de idóneos actos de constreñimiento que  no   ofrecieron   alternativa   distinta  a  la  víctima  que  plegarse  a  los  requerimientos que le hicieron.   

En septiembre de 2004, diciembre de 2006 y  en   2007,  en  dos  oportunidades,  según  expresó  de  manera  detallada  la  procesada,  se  vio  compelida  a  hacer entrega de dieciocho millones de pesos,  hechos  que  además  de  su  relato fueron acompañados probatoriamente con una  amplia  y  precisa  prueba  de  corroboración,  por  completo  ignorada  por el  juzgador.   

En  el primero de aquellos eventos, aparte  de  la narración de la acusada, se recibieron los testimonios de Diana Patricia  Patiño  Cañas,  Guillermo  Patiño  Cañas,  Javier  Molina Jaramillo y Hubert  Grajales   Muñoz,   quienes   fueron   testigos   presenciales  de  la  acción  constrictiva  y  de  la  entrega del dinero exigido, cuya credibilidad nunca fue  cuestionada    en    el    fallo    recurrido,    pues    ni   siquiera   fueron  mencionados.   

La  segunda  extorsión  referida  por  la  acusada,  cuenta  con  la  relación  pormenorizada de los hechos, incluyendo de  igual  modo  los  testimonios de Diana Patricia Patiño Cañas, Guillermo Pérez  Arenas  y  Otoniel  Restrepo  Trujillo,  quienes  tuvieron  participación en el  proceso  de  recolección  del  dinero  demandando y su posterior entrega en una  zona  rural  de  la  población.  Testigos directos de los acontecimientos, cuya  contemplación igualmente fue desconocida.   

Así  mismo,  el  tercer  acto  extorsivo  narrado  por  la procesada, se encuentra respaldado con el testimonio de Libardo  Loaiza   Escobar,   quien  es  contactado  por  los  guerrilleros  para  que  le  trasmitiera   la  acción  coactiva,  además  de  haberle  prestado  el  dinero  exigido.   

Finalmente, la última extorsión también  es  recreada  en el juicio oral con especial prolijidad por la procesada, siendo  respaldada  en  sus aseveraciones por su hermano Guillermo Patiño Cañas, quien  le  prestó  la  suma exigida, y por Gustavo Carmona González, mayordomo de una  finca  y designado por la propia guerrilla para que les llevara el dinero, quien  además,  siguiendo  las  instrucciones  que había recibido, reclamó un recibo  relacionado con la entrega dineraria.   

Otros  acontecimientos,  igualmente fueron  objeto  de  prueba  no sólo a través del dicho de la acusada sino también con  la  presencia  de testigos presenciales, como el caso en el que fue despojada de  las  alhajas  que  llevaba  consigo  en  una  oportunidad  en que fue obligada a  desplazarse   a   un   sector  rural  del  municipio,  donde  el  comandante  a.  Mauricio,   además   de  exigirle   su   renuncia   al   cargo  que  para  entonces  desempeñaba  en  la  administración  municipal,  le  hurtó un anillo y una cadena, evidente despojo  de  sus  haberes  personales  que  inexplicablemente  el  Tribunal tomó como un  aporte más a la causa guerrillera.   

En este punto, debe subrayarse que además  de  la  falta  de apreciación de la prueba por parte del juzgador, incurrió en  notable  falso  raciocinio  en relación con el referido recibo entregado por la  guerrilla  en  la  consumación  de  la  última  extorsión,  pues  habiéndolo  considerado  en  su  análisis,  concluyó,  contrariando  cualquier regla de la  experiencia  que  pudiera edificarse dentro del contexto de los acontecimientos,  que    el    guerrillero   Marco   Fidel   Giraldo   Torres,   a.   Garganta, «le  firmó  un  documento-recibo  (estipulado  probatoriamente)  para  ratificar  el  ingreso   del   dinero   a   las   arcas   fiscales   del   Frente».   

Por  eso,  el  Tribunal  asumió  en forma  francamente  irracional,  que  el recibo que el propio jefe guerrillero admitió  haber                    entregado56,   no   era  más  que  un  instrumento  de  soporte  de la contabilidad del frente subversivo, cuando de su  propia   letra   se   advierte   que   correspondía   al  llamado  «impuesto»,  que  de manera ilegal era  cobrado  y  cuya  naturaleza  no  podría corresponder a cosa distinta que a una  extorsión,  por  mucho  que  se  le  tratara  como  un aporte contributivo a la  organización.   

El   mismo   recibo   de   «impuesto»,  sirve  para  ponderar  la  trascendencia  de  toda  la  prueba ignorada por el Ad  quem. En efecto, a partir de su existencia bien puede  sostenerse  la  veracidad  de  las  versiones  entregadas  por la acusada MARÍA  ISABEL  PATIÑO  CAÑAS,  quien  circunstanció cada uno de los episodios en que  fue  compelida  por  los  integrantes  del frente 47 de las Farc, soportando sus  afirmaciones  con  abundante prueba de corroboración, testimonial y documental,  que  incomprensiblemente fue desconocida en el fallo que revocó la decisión de  absolución de primera instancia.   

Peor aún, encontrándose el Tribunal en la  obligación  de  confrontar la prueba ofrecida por el acusador con la presentada  por  la  defensa,  pretermitió  ese  ejercicio  dialéctico,  para sostener una  condena  de  manera  exclusiva  en  las  versiones interesadas de quienes fueron  ejecutores  materiales  de  las  conductas  de  extorsión  que de forma regular  practicaban  en aquella época en todo el territorio de Marulanda, donde tenían  influencia como grupo al margen de la ley.   

De  ese  modo,  sin la menor alusión a la  prueba  que  lo  infirmaba,  se  dio  total  crédito  a  las  palabras  de  los  integrantes  del frente 47 de las Farc, cuyas explicaciones bien se sintetizaron  en  la respuesta brindada por Norbey de Jesús Gallego Valencia, a. Cascarero, ante la pregunta del acusador  sobre  si  los  dineros  entregados  por  la  procesada  fueron  o  no  fruto de  extorsión:   

Eso  fue  voluntario  porque  nosotros  en  ningún  momento  la  obligamos,  ni  la  obligamos  a  que nos las (sic)  diera  sino  que  ella  desde  un  comienzo  dijo  que nos da diez millones de pesos, yo misma los traigo, yo misma  se   los   llevo  a  ustedes,  con  mucho  gusto  yo  les  colaboro.57              

   

No  reparó  el fallador en que fueron los  propios   extorsionistas   quienes   declararon   en   el  juicio,  por  lo  que  difícilmente  podía  esperarse  de  ellos  que  admitieran que los dineros que  recibieron  de  la  acusada  eran  producto  de  acciones  ilegales  dirigidas a  doblegar  su  voluntad.  Es obvio, entonces, que la aceptación de los hechos en  su  verdadero  sentido, habría implicado un acto de autoincriminación procesal  para   dichos   declarantes,   lo   que   tampoco   fue  objeto  de  la  mínima  consideración.   

De  esa  forma,  contrariando  el contexto  atrás  definido, y apropiándose de las palabras de Marco Fidel Giraldo Torres,  a.   Garganta;  Norbey  de  Jesús  Gallego  Valencia,  a.  Cascarero  o  Alberto;  Fermín  Antonio  Cano  Cardona, a. Tomás;      Jainiver      Restrepo      Osorio,      a.     Cristian; Edison de Jesús Rúa Cataño,  a.  Garraseca;  y,  Carlos  Alberto   Ramírez  Zuluaga,  a.  Becerro,  el  Tribunal  asumió como cierto aquello de que los insurgentes  recibían        «colaboraciones»  de  la  acusada  y  no,  de lo que claramente se trataba, pago de  extorsiones;  que  la  procesada  era  una simpatizante de la causa rebelde; que  ella,  buenamente,  ofrecía  contribuciones  económicas al grupo subversivo; y  que     como     gesto     de    generosidad    les    entregó    -«voluntariamente»-  hasta  sus alhajas  más personales.   

    

De  otro  lado, el sentido de la decisión  recurrida  se  dirige  a  cuestionar  que  la  procesada  ofrecía  sus tributos  económicos  a  la  guerrilla,  porque  como contraprestación recibía de ésta  apoyo  a  sus  propósitos  electorales, no obstante otorga credibilidad al jefe  guerrillero  a. Garganta, se  suscribió  que  «en ningún momento yo presionaba a  nadie…  la  orientación  que se daba a la población civil era que votara por  el  que  ellos  creyeran  más  conveniente  y en el que vieran futuro… era la  orden          del          secretariado»58.   

El  mismo  guerrillero  en  curso  de  su  testimonio  sostuvo  que  en  las  elecciones  de  2007,  acordó con la acusada  «neutralizar  la  zona… se orientó a la gente que  votara  por  el  señor  Rubén  Darío  y  así  lo  hice…  en la vereda «El  zancudo»  le  digo  a la gente que vote por Rubén Darío… y sacó diecisiete  votos».   

En este aspecto, desconoció el juzgador de  segundo  grado  las  notables  contradicciones en la declaración de Marco Fidel  Giraldo     Torres,     a.     Garganta,  cuya  credibilidad  no  solo  fue  impugnada  en  el  juicio  en  repetidas  circunstancias  que  desdicen  claramente  de su fiabilidad, sino que  además,  en  ese asunto en particular, relacionado con la votación obtenida en  la  vereda  El  Zancudo  para  elecciones  de  alcalde  en  2007, a partir de la  supuesta  «orientación»  que  las  Farc  brindaron  al  electorado,  el  candidato Rubén Darío Quintero  Mejía  obtuvo  32  votos,  no 17, según prueba omitida en el fallo59   

,  lo que, según se dijo, fue producto de  la  actividad  proselitista  desarrollada  desde tiempo atrás y de manera legal  por  la campaña del aspirante, por lo que se muestra infundada la existencia de  un pacto en ese sentido con la acusada.   

Así  las cosas, de la misma manera que el  Tribunal  convalida eufemismos al delito de extorsión, aceptando su nominación  como  «colaboración»  o  «impuesto»,   termina  admitiendo  como  real  que  el  grupo  armado  con  presencia armada en toda la  región,   se   dedicara  a  «orientar»  a  la  población  de  las  elecciones municipales, como si tales  expresiones  en  el  contexto  en que se desarrollaron los hechos permitiera una  interpretación  semántica  distinta a la que fue declarada por los testigos en  el juicio oral.   

Se  significa  con  ello  que  carece  de  cualquier  fundamento  la  atribución  que  se hace en el fallo recurrido de la  existencia  de  un pacto entre la acusada y la organización guerrillera, con el  propósito  de  obtención  por  parte  de  aquella,  en  virtud  de los dineros  entregados,  de unos beneficios electorales traducidos en la influencia ejercida  en  la  zona  rural  del  municipio,  concretamente  en  la vereda El Zancudo, a  efectos  de  promover  entre la ciudadanía la votación por el candidato Rubén  Darío Quintero Mejía.   

Valga  decir,  ninguna  prueba confirma la  afirmación  del líder guerrillero en torno a que los votos obtenidos por dicho  aspirante  fue el resultado del acuerdo económico establecido con la procesada.  Por   el   contrario,  la  prueba  omitida  demuestra  la  tesis  opuesta.    

A ese despropósito llegó el Tribunal, se  reitera,  por  la  falta  de apreciación de la prueba. Pero además, sentado lo  anterior,  la  Sala  estima  necesario  hacer  notar  que se incurrió en graves  errores   de   conceptualización   de   los  hechos,  de  su  prueba  y  de  su  tipificación,   incluso  si  por  gracia  de  discusión  se  partiera  de  sus  insostenibles  premisas,  lo  que  revela  a  las  claras la sinrazón del fallo  recurrido.   

Importa citar en este sentido que aunque se  afirma,  en primer lugar, que la acusada era una militante del grupo guerrillero  y  que  su  actividad  se  desplegaba en materia de contribución financiera, se  termina  aduciendo  que  los  recursos  económicos  que  proporcionaba  estaban  determinados  por  una  suerte de pacto con la guerrilla para que sus efectivos,  como  «contraprestación»,  intervinieran  en  las  justas  electorales  en favor de los candidatos que ella  apoyaba.   

Si así fuera, es obvio que unas hipótesis  fácticas  de  esa  naturaleza no atienden a la estructura típica del delito de  Rebelión   –artículo  467  del  Código  Penal-  puesto  que,  en ningún evento, puede decirse que la acusada hacía parte de la  organización  subversiva para llevar a cabo los verbos rectores y los cometidos  finalísticos allí previstos.   

Así,  en el primer evento, si se asumiera  –como  inicialmente  se  consigna  por  el  Tribunal-  que  la procesada se dedicaba a financiar un grupo  armado  al  margen  de  la  ley,  sin hacer parte de sus filas, su actuación se  correspondería  con  el tipo penal del artículo 345 del Código Penal, sin que  para    ello    se    pudiera   afirmar   que   ostentara   la   condición   de  rebelde.   

Si,   por  el  contrario,  se  predicara  –como también se hace en  el  fallo- que entregaba dineros como contraprestación a una actividad concreta  de  la  guerrilla  dirigida a intervenir en los comicios electorales en favor de  los  candidatos  que  eran apoyados por la procesada, tendría que afirmarse que  su  actuación estaría contraída a promover, mediante el pago, la realización  de  delitos  contra  los  mecanismos  de participación democrática, caso en el  cual  la  conducta  reprochada  a  la  acusada  PATIÑO  CAÑAS,  de  haber sido  demostrada,      correspondería     a     un     delito     de     Constreñimiento     al     sufragante  –artículo   387   del  Código  Penal-,  en  el  grado  de  participación  criminal  de determinadora.   

Es  tal  la  confusión creada en torno al  tema  de  la  tipicidad  de la conducta endilgada a la procesada PATIÑO CAÑAS,  que  la  Fiscalía  presentó la acusación en su contra en calidad de cómplice  del  delito  de  Rebelión,  sin  que  ninguna fundamentación ofreciera en torno a la contribución prestada  para  la  realización  de  ese  comportamiento que permitiera la atribución de  responsabilidad  por  esta  forma  accesoria  de  participación  en la conducta  punible,  más allá de genéricos e inasibles conceptos que en nada precisan su  intervención punible.   

Confusión  que fue retomada por el propio  Tribunal  en  la  decisión  de  segunda  instancia  recurrida, desconociendo la  calificación  jurídica  llevada a cabo por el acusador, relativa a la forma de  participación  criminal  en  el  delito  y, de manera incongruente –incongruencia  entre la pretensión y  el  fallo, que aunque es notable, no será considerada por la Sala en razón del  sentido  de  esta  decisión-,  terminó condenando a la procesada en calidad de  autora,      no     de     cómplice,     del     delito     de     Rebelión.    

Así   las   cosas,  más  allá  de  la  inconsistencia  dogmática  en  la  adecuación  de  la  conducta  revelada como  probada,  lo  cierto  es  que  de  haberse  considerado  la prueba que de manera  inexplicable  ignoró el sentenciador de segunda instancia, habría que concluir  que  el  comportamiento  realizado por la acusada MARÍA ISBELIA PATIÑO CAÑAS,  fue   atípico,   bajo   cualquiera  de  las  consideraciones  ofrecidas  en  el  fallo.   

En  suma,  es  notable que el Tribunal, al  revocar   la   decisión   absolutoria  emitida  por  el  juzgador  A  quo,  incurrió  en errores de hecho,  consistentes  en  falsos  juicios  de  existencia  y  en falsos raciocinios, que  permitieron  la  declaración  de responsabilidad de la procesada como autora de  un  delito  contra  el régimen constitucional y legal, cuando en realidad, como  respuesta  al problema jurídico planteado, se demostró con suficiencia, acorde  con  la  decisiva  prueba  omitida,  que los dineros entregados por ella eran el  producto  de sucesivas extorsiones de las que fue víctima y no de una actividad  de   militancia   en   las   fuerzas   guerrilleras   del   frente   47  de  las  Farc.   

Tampoco,  valga  agregar, se acreditó que  esos  dineros representaran una forma de cooperación en la comisión del delito  o  de  financiación de la agrupación guerrillera o, en últimas, que con ellos  se  determinara  a  esa  organización para la comisión de conductas lesivas de  los mecanismos de participación democrática.   

Como consecuencia de lo expuesto, la Corte  casará      la     parcialmente     decisión  de  segundo  grado  y,  en  su  lugar,  otorgará plena  vigencia   al   fallo   de   absolución  impartido  por  el  juez  A  quo  en relación con la         procesada   MARÍA  ISBELIA PATIÑO CAÑAS.   

Por  último,  como  quedó establecido en  este  fallo de casación, al prosperar los cargos que estructuran la pretensión  de  absolución, no se hace necesario el estudio de la nulidad por incongruencia  planteada de manera subsidiaria por el demandante.   

En mérito de lo expuesto, la Sala    de    Casación    Penal    de    la    Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de la  República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

PRIMERO:  CASAR  PARCIALMENTE  la  sentencia  de  segunda  instancia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Manizales el 21 de junio de 2013, en razón  de  la  prosperidad  de  los  cargos  formulados en la demanda presentada por el  abogado defensor de la acusada MARÍA ISBELIA PATIÑO CAÑAS.   

SEGUNDO:  Como  consecuencia  de  las anteriores determinaciones, dejar en firme la sentencia de  primera   instancia   dictada   por   el   Juzgado  Único  Penal  del  Circuito  Especializado  con  funciones  de  conocimiento  de  Pereira,  mediante  la cual  absolvió  a  MARÍA  ISBELIA  PATIÑO CAÑAS, por el  delito         de        Rebelión.   

TERCERO:         Expídanse  la  órdenes  de  libertad  en favor de la procesada en  mención.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase al Despacho de origen.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1                     CSJ SP, 5 may. 2010, rad. 30948.   

2                     CSJ  SP,  10 jun. 2008, rad. 28693. En el mismo sentido, CSJ SP, 17  jun.  2009,  rad.  27816;  CSJ AP, 31 ago. 2011, rad. 34848; CSJ SP-2940, 9 mar.  2016, rad. 41760.   

3                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  3,  min.  00:02:00   

4                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  4,  min.  00:02:40   

5                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  5,  min.  00:03:08   

6                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  5,  min.  00:47:26   

7                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  6,  min.  00:01:48   

8                      Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  6,  min.  00:30:35   

9                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 11, min.  1:14:42   

10                     Pueden  confrontarse  en este sentido, entre otros, los testimonios  de  Marco Fidel Osorio Serna (Registro de video, juicio oral, CD Nº II, archivo  14,  min. 00:38:55) y Gustavo Carmona González (Registro de video, juicio oral,  CD Nº II, archivo 12, min. 00:40:00).   

11                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 15, min.  00:10:37   

12                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 15, min.  01:01:50   

13                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 13, min.  01:41:00   

14                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 12, min.  01:01:46   

15                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 14, min.  00:02:50   

16                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 14, min.  00:31:00   

17                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 11, min.  00:04:11   

18                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 11, min.  00:30:01   

19                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo  9, min.  01:02:10   

20                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 12, min.  00:41:45   

21                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo  9, min.  00:35:27   

22                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 15, min.  00:40:05   

23                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  3,  min.  00:15:00   

24                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  6,  min.  00:09:52   

25                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  4,  min.  00:02:40   

26                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  5,  min.  00:03:08   

27                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  5,  min.  00:47:26   

28                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº I,  archivo 6, min. 00:30:35   

29                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  4,  min.  00:10:08           

30                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 10, min.  00:16:48   

31                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 10, min.  00:20:00   

32                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 11, min.  00:09:30   

33                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 12, min.  01:06:22   

34                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo  4, min.  01:11:08   

35                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 13, min.  01:03:15.  Afirmación  relacionada  con el origen del dinero con destinación a  la  guerrilla  en  diciembre de 2006, que igualmente fue acreditado a través de  los  certificados  expedidos por el Tesorero General de Marulanda, aportado como  prueba documental al proceso.   

36                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 12, min.  01:20:49   

37                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo  4, min.  00:07:05   

38                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo  4, min.  01:23:57   

39                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 15, min.  01:10:05   

40                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo  4, min.  01:26:55   

41                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 15, min.  01:13:28   

42                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 14, min.  00:10:50   

43                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 12, min.  00:49:50   

44                     La  circunstancia de su renuncia al cargo de Tesorera del Municipio  de  Marulanda,  en  la  fecha que le fue impuesta, igualmente fue demostrada con  prueba documental.   

45                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 10, min.  01:02:55   

46                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 11, min.  00:38:20   

47                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 15, min.  00:40:56   

48                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 15, min.  01:05:24   

49                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 14, min.  00:38:55   

50                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 15, min.  00:44:14   

51                     Registro    de    video,   juicio   oral,   CD   Nº   14,   minuto  00:31:54   

52                     Registro    de    video,   juicio   oral,   CD   Nº   11,   minuto  00:56:28   

53                     Cfr. fls. 80 y ss., cuaderno de pruebas de la defensa.   

54                     Oficio  179 del 18 de agosto de 2009 de la Registraduría Municipal  del Estado Civil de Marulanda.   

55                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  II,  archivo 13, min.  01:04:20   

56                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  3,  min.  00:43:40   

57                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  4,  min.  00:11:40.  En  el mismo sentido, el testimonio de Marco Fidel Giraldo Torres, a.  Garganta,  Registro  de  video, juicio oral, CD Nº I, archivo 3, min. 00:43:40   

58                     Registro  de  video,  juicio  oral,  CD  Nº  I,  archivo  3,  min.  00:02:00   

59                     Oficios  DC-CE  1569 del 5 de agosto de 2009, de la Delegación del  Registrador  Nacional  del Estado Civil de Caldas y 179 del 18 de agosto de 2009  de la Registraduría Municipal del Estado Civil de Marulanda.     

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