AP4889-2016(44315)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP4889-2016  

Radicación N° 44.315  

(Aprobado Acta Nº 224)  

Bogotá  D.C.,  julio veintisiete (27) de dos  mil dieciséis   

VISTOS  

          Decide  la  Corte  sobre la admisibilidad de la demanda de casación  presentada  por  el defensor de JAIRO CASTAÑO VALENCIA, contra la sentencia del  28  de  febrero  de  2014, proferida por la Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito Judicial de Manizales.     

I. HECHOS  

          El  27  de marzo de 2011, a las 9:20 a.m. aproximadamente, L.I.O.L.,  de  9  años  de  edad,  acudió,  por  instrucción  de  su  progenitora,  a la  miscelánea  Los  Fundadores  -ubicada en la carrea 5  Nº  14-08  de Riosucio (Caldas)- para comprar tostadas  y  chocolate. Allí fue atendida por JAIRO CASTAÑO VALENCIA, quien tras haberle  entregado  los productos, la sujetó por detrás y le tocó la vagina por debajo  de  la falda. La niña salió corriendo para la casa e inmediatamente relató lo  ocurrido a su mamá.   

II.      ANTECEDENTES      PROCESALES  PERTINENTES   

          Por  los  referidos  hechos,  en  audiencia  del 13 de mayo de 2011,  celebrada  ante  el  Juzgado  1º  Promiscuo  Municipal  de  Riosucio,  luego de  legalizarse   la  captura  previamente  ordenada  por  el  juez  de  control  de  garantías,  la  Fiscalía  imputó  a  JAIRO  CASTAÑO  VALENCIA, en calidad de  autor,  la  posible  comisión del delito de actos sexuales con menor de catorce  años  (art. 209 CP). Tras no haber aceptado la imputación, el juez le impuso a  aquél  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva en establecimiento  carcelario.   

          Radicado  el  escrito  de acusación, en audiencia del 6 de julio de  esa  anualidad,  ante  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de dicho municipio, se  formuló  acusación en contra del señor CASTAÑO VALENCIA por el delito arriba  mencionado.   

          El   acusado   optó   por   ejercer   su   derecho  a  ser  juzgado  públicamente.  Concluido  el debate y emitido sentido de fallo condenatorio, la  correspondiente  sentencia  se  dictó  el  8  de marzo de 2012. Por encontrarlo  penalmente  responsable  de los cargos  imputados, la juez condenó a JAIRO  CASTAÑO  VALENCIA  a la pena principal de 9 años de prisión, al tiempo que le  impuso  la sanción accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones públicas por idéntico lapso.   

             Habiendo  interpuesto  el  defensor  el  recurso  de  apelación  contra  el  fallo  de  primer  grado, la Sala Penal del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Manizales lo confirmó mediante  sentencia del 28 de febrero de 2014.   

          Dentro   del  término  legal,  el  defensor  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y allegó la respectiva demanda, lo que motiva el  conocimiento del proceso por la Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          Al  amparo del art. 181-3 de la Ley 906 de 2004 (CPP), el demandante  censura  la  sentencia  de  segundo  grado por manifiesto desconocimiento de las  reglas  de  producción y apreciación probatoria sobre la cual se ha fundado la  sentencia.  Denuncia  la infracción indirecta de la ley sustancial, por errores  de hecho consistentes en falsos juicios de identidad.   

          En  esa  dirección,  tras resumir los razonamientos probatorios que  soportan  la  decisión  condenatoria,  consignados  tanto  en  la  sentencia de  primera  instancia como en el fallo de segundo grado, formula un primer reproche  cifrado  en  el  cercenamiento  del testimonio rendido por David Augusto Becerra  Herrera,  así  como  del  contenido  de  un  video  incorporado a la actuación  través de aquél.   

          Luego  de transcribir el registro de la declaración ofrecida por el  testigo,  con  quien  se  introdujo  una  prueba  ilustrativa  del  escenario  de  los hechos, alega, es dable  afirmar  objetivamente que:  a)  la  grabación  en que se recrea el desplazamiento de la menor en la mañana  del  27 de marzo de 2011 se elaboró un domingo, a la misma hora en que habrían  ocurrido   los   sucesos   por   aquélla   relatados  y  b)  para  un  día domingo, a eso de las 9:00 a.m.,  concurren  muchas personas al establecimiento comercial del acusado. A partir de  tales  asertos, prosigue, puede concluirse que “para  el  día  y  hora  en que ocurrió la presunta (sic) agresión sexual…llegaban  muchas     personas    a    comprar    víveres    a    la    miscelánea    Los  Fundadores”.    

          Empero,  afirma,  tal  aspecto  fue  mutilado  o  cercenado  por los  falladores,  como  quiera que, no habiéndose referido el Tribunal al testimonio  de   David  Becerra  ni  al  video  por  él  elaborado,  el  juez  a  quo apenas observó dos aspectos de las  aludidas  pruebas,  esto es, que la madre de la víctima estaba en imposibilidad  de  seguir  visualmente  todo el trayecto de la niña hacia la miscelánea y que  la  tienda  El  Divino  Niño  era más cercana a la residencia de la menor. Sin  embargo,  resalta,  los  juzgadores  pasaron  por  alto  que,  de acuerdo con lo  declarado  el  prenombrado testigo -en consonancia con  el  video  por  él  realizado “el mismo día y a la  misma    hora”    en    que    habrían    acaecido   los   hechos-,  la  tienda  atendida  por  el  procesado, “en un día domingo, a  eso  de  las  9:00  a.m.,  es  altamente  concurrida  por personas que buscan la  adquisición de víveres”.   

          En  consecuencia,  insiste,  se  presentó  un  grave  error  en  la  observación  de  la prueba, por mutilación de su contenido. La miscelánea Los  Fundadores,  resalta,  es  un  establecimiento  abierto  al público, ubicado en  diagonal      al      comando     de     policía,     donde     “los              domingos”,  en  horas  de  la  mañana,  “mucha  gente  llega a comprar cosas”.  Por  consiguiente,  enfatiza, afirmar que los hechos investigados  ocurrieron  en  ese  lugar  es  contrario a la regla de experiencia -invocada  por el Tribunal-, conforme a la  cual  los  delitos  sexuales  suelen  perpetrarse ocultamente, fuera de la vista  pública,   para   que   el  agresor  tenga  intimidad  y  no  sea  descubierto.   

          En   tal   virtud,   concluye,   establecido  dicho  “patrón”   circunstancial,   hay   dos  situaciones    que    se    contraponen    y   generan   dudas   “insalvables”:  por  una  parte, la gran  afluencia    de    público    que,   “por   regla  general”,   había   en   la  tienda  del  acusado,  “para    ese    día   y   esa   hora”;   por   otra,   “la  soledad  que  presuntamente         (sic)        aprovechó  CASTAÑO  VALENCIA  para  realizar los tocamientos a la  menor”.  En  ese  contexto, subraya, la Fiscalía no  probó   que,   cuando   L.I.O.L.   acudió   a   la  miscelánea,  estaba  dada  “la  soledad”  que, como  regla general, se requiere para la comisión de un abuso sexual.   

          En  conexión  con lo anterior, denuncia la existencia de otro falso  juicio  identidad,  relacionado  con  el  testimonio pericial del sicólogo Luis  Fernando  Herrera  Rojas,  cuyo  contenido, asevera, fue igualmente cercenado en  aspectos  medulares.  Mientras  los jueces de instancia, destaca, se focalizaron  en  la  corroboración  o  descarte  de rastros compatibles con abuso sexual, el  perito  puso de presente que a la niña “le disgusta  que  su  madre  la  envíe  a  sitios  lejanos,  pero que le obedece por temor a  represalias”,    así    como   que   “la  menor de pronto puede ir en contraposición a una orden dada  por un adulto”.   

          El  soslayo  de  tan  singular  aspecto,  continúa,  impidió a los  falladores  dar  por probado que a la menor le molestaba hacer mandados. De ahí  que,  agrega,  aquélla tenía una razón para incriminar falsamente al acusado,  pues  así podría liberarse para siempre de la molesta tarea de ir a tan lejana  tienda.   

          Para  acreditar  el  yerro,  igualmente  reseña las consideraciones  efectuadas  en  las  sentencias,  en punto de valoración, sobre los dictámenes  sicológicos  practicados  en  el  juicio,  junto  a  los apartes del testimonio  supuestamente  mutilado. Basado en ello, enfatiza, el Tribunal reconoció que la  miscelánea  del  procesado  quedaba  a tres o cuatro cuadras de distancia de la  casa  de  la  menor,  más  lejos  que otra tienda -El  Divino  Niño-  donde  vendían  los mismos productos.   

          Si   este   hecho,   prosigue,   hubiera   sido  articulado  por  el  ad  quem con el disgusto que  a   L.I.O.L.   le   producía  desplazarse  a  lugares  distantes  -como   a  la  miscelánea  del  acusado-,  habría  podido  concluir que aquélla tenía motivos para decir que había sido  agredida  sexualmente; y, de esa manera, relevarse de volver a ese lejano lugar.  Así,  resalta,  como  L.I.O.L.  pudo  haber mentido, surge otra duda que, en su  criterio, impide derruir la presunción de inocencia.   

          Y  esa  lectura  probatoria,  añade,  cuenta  con  respaldo  en  el  “remanente  probatorio”,  compuesto  por  los  testimonios  de Sandra Milena Serna Gómez y Natalia Gómez  Serna,  compañera  permanente  e  hijastra  del  acusado, respectivamente. Tras  referirse  a la valoración que de dichas pruebas se efectuó en las instancias,  transcribe  apartes  de  las  declaraciones para significar que son “complementarias”     -no   contradictorias-  con  los  cargos  propuestos.  Ello,  en la medida en que, dice, a la gran afluencia de público a  la  tienda  los  domingos en la mañana, debe agregarse que cotidianamente JAIRO  CASTAÑO  VALENCIA estaba acompañado por algún miembro de su núcleo familiar,  ya  que el establecimiento comercial, abierto al público y de alta concurrencia  de  clientes,  era  un  negocio  de la familia CASTAÑO GÓMEZ, donde el acusado  también residía en compañía de Sandra Milena y Natalia Gómez.   

          Con  base  en  las  anteriores  apreciaciones,  afirma,  el Tribunal  violó  el  art. 29 de la Constitución y los arts. 7º, 238 y 381 de la Ley 906  de  2004,  al  tiempo  que  aplicó  indebidamente  el  art.  209  del  CP.  Por  consiguiente,  demanda  que  la  Corte,  atendiendo  el  principio  in  dubio  pro  reo, case la sentencia de  segunda instancia y, consecuentemente, absuelva al procesado.   

  IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

          4.1                       De acuerdo con el art. 183 del CPP, la admisión  de      la      demanda      de     casación     supone     su     debida  presentación.  El  censor  está  obligado  a  consignar  de manera precisa y concisa tanto las causales invocadas  como    sus    fundamentos.   Ello   implica   acreditar   la   afectación   de  derechos  fundamentales  y  justificar  la  necesidad  del  fallo  de  casación, de cara al cumplimiento de  alguno   de  sus  fines  (efectividad  del  derecho  material,  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  reparación  de  los  agravios inferidos a  éstos y unificación de la jurisprudencia).   

             Ese   propósito  no  se  consigue  de  cualquier  manera.  A  voces  del  art. 184 inc. 2° ídem, no será admitido el  libelo    cuando    el    demandante    carezca   de  interés,   prescinda   de   señalar   la  causal  o  no  desarrolle  adecuadamente  los cargos  de  sustentación.  Tampoco,  si  se  advierte la irrelevancia del  fallo para cumplir los propósitos del recurso.   

          Tales   exigencias  derivan  de  la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación,  enraizada  en  la  presunción  de  acierto y legalidad  inherente  a los fallos de instancia. A partir de esta presunción, se asigna al  censor  la  carga  de  acreditar  que  con  la  sentencia  se causó un agravio,  apoyándose   para   ello  en  las  causales  taxativamente  consagradas  en  la  ley.   

          De  ahí  que,  como  pacífica  y  reiteradamente viene diciendo la  Corte,        la       debida       sustentación         implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se  evidencie  nítido y la Corte pueda dar a los reproches planteados una respuesta  adecuada.   

          Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de  acreditación de la  afectación  de  derechos  fundamentales, la idoneidad  sustancial  de  la demanda significa que sus cargos no  sólo  han  de  estar  debidamente  sustentados desde la perspectiva formal. Los  reproches  deben  ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o parcial de la sentencia,  en  el  entendido que, de no haberse materializado el yerro, otra  habría  sido  la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada alrededor del tema debatido, en  cuanto  logren  evidenciar la violación de una norma sustancial o una garantía  procesal.   

          Si  la  demanda  incumple  con las aludidas exigencias formales para  estudiarla   de  fondo  o  se  establece  de  entrada  su  falta  total  de  idoneidad,  de  cara a los fines  inherentes a la casación, la decisión debe ser la inadmisión.   

          4.2                       En  ese  entendido,  la  Corte  inadmitirá  el  libelo,  por  cuanto,  como  a  continuación  se expondrá, el censor carece de  interés   jurídico  para  recurrir  algunos aspectos de la sentencia de segunda instancia y los cargos, en  todo  caso,  fueron  desarrollados  con  incorrecciones  formales  y materiales.   

          4.2.1  A  fin  de  determinar el interés jurídico para impugnar en  casación,      tiene     dicho     la     Corte1,  no  basta  con  verificar la  mera  discrepancia  genérica  con el fallo de primer grado, expresada a través  de  la  interposición  del  recurso  de  apelación;  además, es indispensable  establecer,  en  concreto,  si  existe  identidad  sustancial entre el  tema  objeto  de  impugnación  y  el  planteado  en  los  cargos  de la demanda. Ello es conocido como el principio de  unidad  temática,  cuyo  desconocimiento tiene lugar cuando se invoca a última  hora un agravio que no fue objeto del recurso de apelación.   

          En              tanto              recurso             extraordinario,    la   casación   es  esencialmente   un  juicio  de  legalidad  contra  la  sentencia  del  Tribunal.  Por  ende,  mal puede reprochársele a ésta un error  sobre  una  temática  que no fue propuesta en la apelación, como quiera que la  competencia  del  ad quem se  limita  a  resolver los aspectos planteados por el sujeto inconforme2.  De ahí que  la  infracción  del  aludido principio conlleve a la indamisión del respectivo  reproche.   Sobre   el   particular,   textualmente  ha  puntualizado  la  Sala:   

La  demanda  de  casación  debe  guardar  coherencia  con  los  asuntos  que fueron objeto de la apelación, pues sólo de  esa     manera     se     habilita    al      ad     quem     para  emitir  un  pronunciamiento sobre determinado asunto, de modo  que  la falta de identidad de las pretensiones del recurso de apelación con las  de   la   demanda,  imposibilita  atribuir  un  error  respecto  de un tema que no fue propuesto en la alzada  ni    planteado    a    la    segunda   instancia.3   

         Pues   bien,  cotejado  el  primer  reproche  por  falso  juicio  de  identidad  con las anteriores premisas, salta a la vista la carencia de interés  jurídico  para  recurrir  en  casación,  por  quebrantamiento del principio de  unidad   temática.  El  censor  denuncia  un  supuesto  error  de  observación  probatoria,  consistente en  el  cercenamiento  del  testimonio  de  David  Augusto  Becerra,  así  como del  contenido  del  video  por  aquél  incorporado.  Empero,  tal  temática no fue  agotada  en  la  segunda  instancia, debido a que el defensor no la propuso como  objeto  de apelación. Ésta se circunscribió al cuestionamiento del proceso de  valoración  de otros medios de conocimiento, a saber, el  testimonio  de  L.I.O.L.,  los dictámenes periciales en sicología -practicados  por  solicitud  tanto  de  la  Fiscalía  como  de la  defensa-  y las declaraciones de Guillermina Sánchez,  Beatriz  Helena  Largo,  Maribel  y  Lucy Trejos, Natalia Gómez Serna, Luz Mary  Muñoz  y  Astrid  Andrea Alzate (cfr. fls. 193-216 C.  1).   

         Sin  perjuicio  de  lo  anterior,  el reclamo carece en todo caso de  aptitud  formal  y  sustancial  para  ser  admitido. Pues, a fin de acreditar el  supuesto   cercenamiento   de  las  referidas  pruebas,  el  censor  coteja  las  apreciaciones   efectuadas   por  el  juez  de  primera  instancia  con  conjeturas por él elaboradas, no con  el contenido literal del testimonio de David Becerra.   

          En  la  transcripción  de  la declaración presentada en la demanda  (fls.  25-49), se advierte que -el domingo 24 de julio  de    2011    “a   la   hora   referida   por   la  menor”-   aquél   hizo  un recorrido “temporo-espacial”  similar  al descrito  por  L.I.O.L.  en  las  declaraciones.  El video, según la versión del testigo  -presentada  en  el libelo-,  muestra  una  locación  geográfica  a  partir  de  la  cual  se  continuó una  trayectoria  hacia  la  tienda  donde habrían ocurrido los hechos investigados.  Sin  embargo,  no es con esa información con la que el demandante contrasta las  observaciones    del    juez    a   quo,  sino  con  un  aserto  por  él elaborado, a saber, que existe un  “patrón” circunstancial  reiterado,     consistente     en     que,     los  domingos, a las 9:00 a.m., muchas personas entran a la  tienda  a  comprar  víveres.  El  testigo  apenas  mencionó  que  un  día domingo fue a la miscelánea del  acusado,  sin  indicar  que  en  varios  domingos,  a  la  misma  hora, tuvo una  idéntica  percepción.  De  suerte  que  la  “regla  general”       o     el     “patrón”   a  los  que  se  refiere  el  libelista  para  nada pertenecen al contenido objetivo de las pruebas que reputa  mutiladas,  sino  que  derivan  de  conjeturas  y  tergiversaciones. Así, quien  realmente   incurre   en   un  falso  juicio  de  identidad  es  el  demandante.   

          A   su  vez,  desde  el  plano  lógico,  el  reclamo  es  del  todo  intrascendente,  en  tanto  el hecho de haberse encontrado muchas personas en la  tienda,  en  la  mañana del 24 de julio de 2011, para nada descarta una premisa  fáctica   fijada   en   la   sentencia   de   primera  instancia  -ratificada   por   el   Tribunal-,   con  fundamento  en  la credibilidad que los juzgadores le otorgaron al testimonio de  L.I.O.L.,  esto  es,  que  el  domingo 27 de marzo de  2011,  cuando  JAIRO  CASTAÑO  VALENCIA  le  tocó la  vagina,    sólo   ella   y   aquél   estaban en la tienda (cfr. fl. 183 C. 1).   

          En  esa  dirección,  el  reproche  carece  de idoneidad sustancial.  Pues,   además   de   que  la  prueba  no  es  indicativa  de  ningún  patrón  circunstancial  -como  equivocadamente lo sostiene el  libelista-,  el  relato  de  la menor hace relación a  unos     episodios     que     el    Tribunal    catalogó    de    fugaces      (fl.     283  ídem).  Esto,  en  consonancia  con el  fallo  de  primer  grado, donde se dio por probado que el procesado abrazó a la  niña  muy  duro  y  la  tocó,  pero  ella  inmediatamente  se  soltó y se fue  corriendo  para  la  casa  (fl.  183 ídem).  Mas  las  razones  probatorias  que los falladores adujeron para  otorgarle  crédito  a  ese señalamiento efectuado por la víctima -capacidad  cognitiva  de ésta, afectación emocional al declarar,  reiteración  en  las  sindicaciones, consistencia interna del relato y ausencia  de  animadversión  de  la  menor y su progenitora para incriminar falsamente al  acusado-,  no son de ninguna manera cuestionadas por el  censor.   

          4.2.2 Por otra parte, en lo concerniente  al  segundo  reproche,  el  adecuado planteamiento del falso juicio de identidad  impone  la  carga  de  señalar,  en  concreto,  cuál  fue  la  prueba  que  se  distorsionó  o cercenó. Así mismo, indicar lo que ella decía y demostrar que  el  entendimiento que del medio de conocimiento obtuvo el juzgador fue distinto.  Se  trata,  entonces,  de un ejercicio de confrontación que, a la manera de una  doble  columna,  reproduce en la primera lo que textualmente dijo la prueba y en  la  segunda lo que se le hizo decir, para destacar luego la incidencia del yerro  en  la  decisión,  de  forma que si no se hubiera cometido el error, el sentido  del         fallo         habría         sido         otro         sustancialmente  diferente  (Cfr.  CSJ AP  03.08.05, rad. 23.77).   

          Por  lo  tanto, quien aduce un dislate de esa estirpe tiene la carga  de  hacer un cotejo fidedigno  entre  el  texto  o tenor de la prueba de la cual lo predica, con la síntesis o  aprehensión  que  del  contenido  de la misma se consignó en el fallo atacado.  Esta   labor,   ha   puntualizado  la  Sala  (CSJ  AP  14.03.2012,  rad.  36.975),  lleva aparejado el deber,  igual  que  en  cualquier  otro  error  demandado  en  casación, de enseñar su  trascendencia,    demostrando   cómo   la   contemplación   del   exacto  tenor de aquélla, en conjunto con  los  demás  elementos  de  convicción  que sustentan la sentencia, lleva a una  conclusión    jurídica    diversa    y   favorable   a   los   intereses   del  impugnante.   

          A    la    luz    de    las   anteriores   premisas,   también   es   clara   la  inadmisibilidad  del  segundo  reproche  formulado  en  la  demanda. En lo formal, el  cotejo  del  testimonio  del  sicólogo  Luis  Fernando Herrera  Rojas  con  las apreciaciones probatorias consignadas  en     las     sentencias    confutadas    no    es  fidedigno  con  el  contenido  objetivo de la prueba.  En lo sustancial, no refuta  con  suficiencia  las razones probatorias esgrimidas por los jueces de instancia  para    haberle   dado   credibilidad   al   testimonio   de   la   víctima.   

          En   cuanto   al   primer   aspecto,  a  la  hora  de  fijar   los   apartes   del  testimonio  supuestamente  cercenados,  el libelista resalta, parafraseando al perito, que la  niña  le manifestó a éste  que,        en  ocasiones,      le  disgustaba hacer mandados y  se  molestaba con  su  progenitora  porque  la enviaba a  sitios   muy  lejanos,  pero  que  aceptaba las órdenes por temor a represalias.  Así   mismo,  según  el  demandante,  el  sicólogo  indicó  que  la  menor en  cierto  momento  podía  tener bloqueos a nivel      sensorial      que     le  imposibilitarían       ejecutar       acciones  adecuadas  o la llevarían  a   utilizar   mecanismos   de   defensa,     por     ejemplo:    “si  a  mí me mandan a hacer algo que  no  me  gusta  lo  voy  a  hacer  mal  y  entonces sencillamente puedo llamar la  atención  diciendo que estoy enfermo, que me duele la cabeza, que tengo cólico  para   sencillamente  no  ejecutar   la   misma   acción   o   la   misma   conducta  emitida”.   

          Empero,  no  son  dichas apreciaciones y opiniones manifestadas por  el  experto  las que constituyen la base de contraste con las apreciaciones que,  de  la  prueba,  consignaron  los  falladores  en  las  sentencias. El    censor    agrega    algo   más,  que  veladamente  pretende  atribuir  al  sicólogo,  pero  que  en  verdad  corresponde  a una apreciación  subjetiva:  que  la  molestia  que  le producía a la  menor  ir  al  negocio  del acusado es motivo para que  lo   hubiera  incriminado  falsamente.   

          Si  el  objeto  principal  de  la prueba  pericial     es    la    incorporación          de         valoraciones  científicas,    ajenas    al    conocimiento   del  juez   (art.   405  inc.  1º  del  CPP),     la  acreditación   de   un   falso  juicio  de  identidad  supondría  mostrar  que  la  opinión  experta  fue  desatendida.  Sin  embargo,  el reproche no se basa en  un  tal  supuesto,  sino  en una interpretación que  desborda  el  concepto del perito: éste no concluyó  que  la  niña  pudo haber inventado que fue    abusada    sexualmente,   como  tampoco  lo  insinuó  al  mencionar  ejemplos,  que  apenas   la   concernían   a   ella   -como  afirmarse  enferma,  decir que tiene cólicos o que le duele  la  cabeza-,  no  a  terceras  personas que podrían  verse afectadas.   

         Y  es  en  este  preciso  aspecto  donde  el  reproche  también  se  advierte  carente   de  aptitud  sustancial,  en  razón    de    su    inatinencia.    La    base    de    refutación    propuesta   por   el  censor  estriba, apenas,   en   que  la  menor  podría  tener  un  motivo  para mentir,  mientras  los  falladores  no afirmaron el crédito probatorio del testimonio de  la  víctima  en  la exclusión de cualquier tipo de  razón   para   una  falsa  incriminación,  sino  en  un  aspecto  diverso   y   específico,     a     saber,    la              inexistencia             de             animadversión   de  la  menor  y  la  progenitora de ésta hacia el acusado.   

         Como   se   extracta   de  la  sentencia  de  segunda  instancia  (cfr.   fl.  266  C.1),  en la actuación no se acreditó ningún    interés    “ladino”     o    “protervo”,    esto    es,    perverso    o  malintencionado,  indicativo  de  que la niña o sus  familiares  incriminaron  injustamente  al acusado. A  este    razonamiento    subyace    la    regla   de   experiencia   -reconocida  por  la  Corte4-             indicativa  de que, por lo general, nadie  le  imputa  falsamente  a  otra  persona  la comisión de un delito, si no tiene  sentimientos  de animadversión, enemistad o resentimiento para ello.  Empero,  habiéndose   abstenido  el  censor  de  refutar  la  anterior   conclusión,  de  ninguna manera está el reproche en capacidad de  derruir los fundamentos probatorios de la decisión condenatoria.   

         Menos,   cuando  la  prosperidad  del  reclamo  se  hace  depender  de  apreciaciones  subjetivas que, desconociendo la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad que cobija a los fallos confutados,  propenden    por   la  implantación de una lectura probatoria diversa a la  aplicada    en    las    instancias.    Ello,   por  cuanto,  a  la  hora  de  referirse   al  “remanente  probatorio”,  el demandante pasa por alto que a  los   testimonios   de   Sandra   Milena   Serna   Gómez   y   Natalia   Gómez  Serna  -familiares  del  procesado-,  se les negó  credibilidad en razón de  inconsistencias  internas  y externas de los relatos,  inverosimilitud   de   las   versiones    e   interés   de  favorecimiento  (cfr.   fls.   187-188   y   284   C.1).  De  ahí  que,  sin haber formulado  ningún  reproche  contra  el  escrutinio  de dichos testimonios, mal podría el  censor  implantar  una premisa fáctica diversa a la  fijada  en  las  instancias,  para  decir que el procesado cotidianamente estaba  acompañado por sus familiares en la atención del negocio.   

          Así,  es  claro que, en ese aspecto, los planteamientos presentados  por  el libelista apenas constituyen reproches formulados con la amplitud propia  de  las instancias, los cuales distan mucho de los estándares mínimos exigidos  para analizar un cargo por falso juicio de identidad.   

          Como   lo   tiene  dicho  la  Sala,  no  hay  lugar  a  predicar  la  configuración  de  dicho  yerro cuando simplemente se presenta una apreciación  probatoria  que  no  se comparte. La mera disparidad de criterios en ese aspecto  no  habilita  para acudir al recurso de casación (CSJ  AP  03.12.09,  rad. 27.264). En la misma dirección, ha  puntualizado  que  la  simple  oposición de apreciaciones subjetivas contra los  razonamientos  probatorios efectuados por el juez o la postulación de críticas  a  la  actividad  valorativa, formuladas con la amplitud propia del ejercicio de  contradicción  de  las  instancias  y  sin  el  debido  planteamiento técnico,  conduce    a    la   inadmisión   del   recurso   de   casación   (CSJ   AP   16.06.2010,   rad.   33.697).   

          4.3                       En  consecuencia,  no habiéndose presentado los  reclamos  en  casación  con respeto de los estándares mínimos para su estudio  de  fondo,  es  innegable  su  indebida  fundamentación. Ello constituye razón  suficiente  para inadmitir la demanda. Además, la Sala no advierte la presencia  de  supuestos  justificantes  para  superar  los  defectos  del  libelo  con  el  propósito  de  decidirlo  de  fondo  o  emitir  un  pronunciamiento oficioso en  casación, de conformidad con el art. 184 inc. 3º del CPP.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte  Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada en nombre de JAIRO CASTAÑO VALENCIA.    

          ADVERTIR   que,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  art.  184  inc. 2º de la Ley 906 de 2004, contra la presente  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia,  con atención de las reglas  definidas jurisprudencialmente por la Sala.    

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1   CSJ SP 18.07.2002, rad. 15.175 y AP 07.03.2012, rad. 36.173   

2   CSJ AP 30.05.2007, rad. 27.214.   

3   CSJ. AP 05.08.2015, rad. 45.309.   

4 Cfr.,  entre otras, CSJ SP 11.04.2007, rad. 26.128.     

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