AP4509-2016(47049)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado ponente  

AP4509-2016  

Radicación n° 47049  

(Aprobado Acta No.211)  

Bogotá  D.C., trece (13) de julio de dos mil  dieciséis (2016).   

La  Sala se pronuncia respecto del recurso de  apelación  interpuesto  por  el  apoderado  de  JORGE  ELIÉCER BUITRAGO LÓPEZ  -quien  adujo  la condición de víctima-, en contra de la providencia proferida  el  16  de  octubre de 2015 por la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Pereira,  mediante  la  cual  fue  decretada,  a  solicitud  de la  Fiscalía,  la preclusión de la indagación adelantada por posible prevaricato  por  acción denunciado contra  JOSÉ     HILDER  HERNÁNDEZ  BURITICÁ  -Juez Sexto  Penal del Circuito de la misma ciudad-.   

ANTECEDENTES  

Descripción    fáctica    objeto    de  pronunciamiento.   

En  el  proceso  adelantado en contra de JHON  IDEGAR  HENAO DÁVILA por homicidio culposo  –quien  por  accidente    de    tránsito    atropelló    al   ciclista   JOHNIER   BUITRAGO  OROZCO-,  JOSÉ  HILDER  HERNÁNDEZ BURITICÁ  en  calidad  de Juez Sexto Penal del Circuito de Pereira profirió  sentencia  absolutoria  el  14  de  agosto de 2008, la cual, valga precisar, fue  confirmada  el  16 de febrero de 2011 por la Sala Penal del Tribunal Superior de  la misma ciudad.   

El fallo de primera instancia fue señalado  de  prevaricador  por  el denunciante JORGE ELIÉCER BUITRAGO LÓPEZ, por cuanto  lo  estimó  “manifiestamente  contrario a derecho,  -de   una   parte-   por  contrariar   (sic)  las  pruebas  habidas  en  el  proceso,  las  cuales  fueron  apreciadas  en  contravía de las reglas de la lógica, la sana crítica (sic) y  de  la  experiencia”, y, de  otra,    porque,    pese    a    la    decisión    absolutoria,   el   entonces  procesado  “extrañamente  fue condenado a resarcir  los   perjuicios   morales   irrogados   a  los  parientes  del”  fallecido.   

Actuación.  

1. El Fiscal Primero Delegado ante el Tribunal  Superior  de  Pereira, solicitó la preclusión en audiencia llevada a cabo el 6  de  abril de 2015, por considerar que el comportamiento objeto de indagación es  atípico.   

2.  El apoderado de la posible víctima en su  intervención  indicó que el juez indiciado incurrió en conducta prevaricadora  al  adoptar  la  decisión  absolutoria,  por  cuanto:  (i) debiendo creer en lo  declarado  por  las  señoras LUZ ADRIANA y JUANA MARÍA ÁVALOS JIMÉNEZ, no lo  hizo;  y  (ii)  desconoció los dictámenes periciales rendidos por expertos del  Instituto  Nacional  de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Además (iii) no era  necesario  que  las hermanas ÁVALOS acudieran nuevamente a rendir testimonio en  el  juicio,  porque  ya  habían declarado en la instrucción y (iv) él incluso  fue  víctima  de  intimidaciones por su desempeño en el proceso adelantado por  homicidio  culposo,  pues también lo intentaron sobornar para que no apelara el  fallo  absolutorio y como no accedió, fue amenazado de muerte; por tanto es muy  probable  que  el  juez  haya  sido  coaccionado  para  que profiriera sentencia  absolutoria.   

3.  La  Sala Penal del Tribunal Superior de  Pereira  -integrada por dos conjueces y un magistrado  distinto  de  los  que  profirieron la sentencia de segunda instancia dentro del  asunto  objeto  de  la indagación- el 16 de octubre de  2015 decretó la preclusión pedida por la Fiscalía.   

Contra  este auto el  apoderado  de  quien  intervino como víctima interpuso  recurso  de  apelación, el cual una vez concedido, el expediente fue remitido a  la Corte Suprema de Justicia para su resolución.   

DECISIÓN APELADA  

El  Tribunal  Superior  de Pereira consideró  atípico  el  hecho  indagado,  pues  en  la  sentencia  proferida  por el funcionario indiciado en el proceso  adelantado   contra   JHON   IDEGAR   HENAO  DÁVILA  no  observó  contrariedad  legal manifiesta. Las razones  para arribar a esta afirmación fueron las siguientes:   

1. El juez HERNÁNDEZ  BURITICÁ, “no desconoció  la  prueba  técnica  habida  en  el  proceso,  y  (…)  por  el  contrario  se  fundamentó  en  esas  experticias para respaldar y apalancar la tesis propuesta  en   la  sentencia  redargüida  de  prevaricadora,  la  cual  fue  avalada  por  –la   Sala   Penal  del  Tribunal     Superior     de    Pereira-  en fallo de segunda instancia adiado el 16 de febrero de 2011, en  el  sentido de que el óbito, JOHNIER BUITRAGO OROZCO, era el único responsable  de  su  tragedia  al  incrementar  el  riesgo  permitido en el momento en que se  movilizaba en un velocípedo”.    

2.   HERNÁNDEZ  BURITICÁ  tras  examinar los testimonios rendidos por  “LUZ  ADRIANA y JUANA MARÍA ÁVALOS”  -quienes declararon tanto en la fase de  instrucción   como   en  la  del  juicio-,  advirtió  contradicciones  en  “ambas versiones”,   pues   en   sus   primeras  entradas  procesales  indicaron  haber presenciado “el momento  en  el  que  la  buseta arrolló al ciclista” y en la  vista pública indicaron no haber percibido el evento.   

Este      análisis      –calificó el  a  quo- no fue constitutivo de  falso  juicio  de  identidad,  pues  ciertamente  la  primera de las declarantes  mencionadas     “se     retractó”  y  la  segunda “fue presa de un ataque  de  amnesia  al asegurar no recordar lo que había pasado, aunado a que padecía  de   afecciones   que   limitaban   el   órgano  de  la  visión”.   

Además,  pese que lo anterior era suficiente  “para  poner en duda el grado (…) de credibilidad  de  los  dichos que merecían las aludidas testigos”,  -prosiguió  el Tribunal- el  juez   HERNÁNDEZ  BURITICÁ  confrontó  las  atestaciones  con  el resto del acervo probatorio, “en  especial  con  la  prueba  de  inspección  judicial que con  intervención  de  peritos  fotógrafos  fue  practicada  en  el  teatro  de los  acontecimientos,  en la cual participaron las testigos de marras, en cuya virtud  (…)  llegó  a  la  conclusión  (…) que el conductor de la buseta cuando se  produjo  la  colisión,  no  llevó a cabo ningún tipo de maniobra imprudente o  temeraria   al   pretender   cambiar   de   carril”.   

3.  En  relación  con  lo  indicado  por  el  apoderado  de  las  víctimas,  en  el  sentido  de que no era necesario que las  hermanas  ÁVALOS  JIMÉNEZ  declararan  nuevamente  en  el  juicio, recordó el  a  quo  que  el principio de  permanencia  de  la  prueba establecido para los procesos adelantados por la Ley  600  de  2000,  no  impide  que los sujetos procesales soliciten la práctica de  pruebas  “evacuadas en la etapa de la instrucción,  para                  –satisfacer- los  principios  de  inmediación y de contradicción. Siendo ello lo que ocurrió en  el  presente  asunto, en atención a que los testimonios de las hermanas ÁVALOS  JIMÉNEZ  fue  deprecado  por  la  defensa en su debida oportunidad (…)”.   

A  su  vez,  con  base en lo indicado por las  hermanas  ÁVALOS,  quienes  coincidieron en establecer que el ciclista carecía  tanto       de       casco       como       de       señales       “reflectivas”,  aunado  a  que  éste  motu   proprio   decidió  adelantar  la  buseta  por  la  izquierda,  el juzgador determinó, “acorde  con los postulados de la imputación objetiva, (…) que  el  resultado  muerte no se le podía imputar jurídicamente al otrora procesado  JHON  IDEGAR  HENAO,  en  atención  a que la víctima  –fatal-,  con  su  imprudente  proceder,  había  incrementado  el  riesgo  permitido”.    

4.  Las  manifestaciones  del  apoderado  del  denunciante  en  el  sentido  de haber sido sometido a una serie de coacciones y  amenazas  para  que actuara en contra de sus deberes profesionales en el proceso  adelantado     por     homicidio     culposo,    fueron    sólo    “especulaciones”     que  “no  tuvieron  respaldo probatorio  alguno   en   las   pesquisas  adelantadas  por  la  Fiscalía  en  el  presente  asunto”.   

“Prueba de lo anterior la encontramos en la  entrevista    absuelta    por    el    detective    del   extinto   ‘D.A.S.’,  RÓBINSON  RODRÍGUEZ  LÓPEZ,  el  cual  en  la actualidad funge como investigador del C.T.I., quien desmiente todo  lo  dicho  (…)  respecto  de  las  amenazas e intimidaciones (…)”.   

“En igual sentido  el     abogado    –que  representó-  los  intereses  de  la parte civilmente  responsable,   es   categórico   en   –señalar-  que  todo  lo  dicho  por  el  letrado  -actual apoderado de  quien  funge  como  víctima-  es  producto  de una patraña urdida con el protervo propósito de justificar su  comportamiento  negligente  acontecido  a partir del momento en que dejó vencer  los   términos   para   interponer   el   recurso  de  casación”.   

Además,  si  se  aceptara  como  cierta  la  afirmación  según  la  cual:  el  juez probablemente  profirió    sentencia    absolutoria    por    ser   sujeto   de   “amenazas             e             intimidaciones”;    ello  “redundaría   en   beneficio   de  los  intereses  procesales       del       doctor      HERNÁNDEZ  BURITICÁ,  ya que su proceder estaría eventualmente  amparado  por  la  causal  de  exclusión  de  responsabilidad de la insuperable  coacción  ajena,  consagrada  en  el  numeral 8º del artículo 32 del C.P., la  cual a su vez se erige en causal de preclusión”.   

5.  Finalmente, si bien el indiciado el 22 de  enero  procedió,  por  solicitud  de  la  parte  civil,  a tasar los perjuicios  morales    “infligidos    a    los   deudos   del  difunto”,  ello  fue una lamentable ligereza, porque  la   regla   general   consagrada   en   la   Ley   600   de  2000  “es  que  la indemnización de los perjuicios (…) generados por  la  comisión  del  delito,  es  una  consecuencia  de  la  declaratoria  de  la  responsabilidad  penal”.  Tal situación conllevó a  que  surgiera  en  los  sucesores  del  occiso, entre ellos el denunciante JORGE  ELIÉCER  BUITRAGO LÓPEZ, “expectativas respecto de  los  dineros que iban a percibir como consecuencia del trágico fallecimiento de  (…) JHONIER BUITRAGO OROZCO”.   

Consecuencia  de  lo  anterior  el  Tribunal  Superior  de Pereira decretó la preclusión de la indagación adelantada contra  el     juez      JOSÉ    HILDER    HERNÁNDEZ  BURITICÁ.   

LA APELACIÓN  

El representante de las víctimas solicitó la  revocatoria  de  la  decisión  atrás  mencionada,  para  cuyo  efecto señaló  que:   

1.   El   juez   indiciado   “partió  de  una  premisa que no había podido demostrar, porque  afirma  que  a las hermanas ÁVALOS no se les puede creer porque disque incurren  en    imprecisiones   o   incoherencias,   -lo   cual  es- una conclusión infundada y peligrosa en el campo  procesal   que   debió   haber   dado   lugar   a   una   denuncia   por  falso  testimonio”.   

2.     Explicó     que    “en        este        homicidio       culposo       (sic)     hay     dos    clases    de  testigos”: unos presenciales del hecho que ocasionó  la  muerte de JHONIER BUITRAGO OROZCO, como fueron las hermanas ÁVALOS; y otros  que     no     vieron     el     suceso,     pero     declararon    “mendazmente  por  coacción,  por  dinero, por aleccionamiento o  por  otra  causa indebida, como ocurrió con el policía que acomodó los hechos  como  se  lo  pidió el conductor de la buseta, o como ocurrió con el guarda de  tránsito  que  consignó  hechos que no percibió, porque no estaba en el sitio  del  hecho  de  tránsito; cómo es lógico suponer omitió otros por ligereza o  por irresponsable y otros más (sic)”.   

“En   situación   aún   más   grave,  desconcertante  e  insostenible,  como  ocurrió  con  los técnicos de Medicina  Legal1,  uno  de  los  cuales  es la física forense, quien se atrevió a  ubicar   al   ciclista   desplazándose   en   forma   horizontal   ‘delante  de  la bicicleta’   -tal   vez   quiso   expresar  el  escribiente  ‘delante de  la   buseta’-  (sic)  y  haciendo  un  giro  sobre  el costado izquierdo, a folio 13 de la resolución de  acusación  (sic),  pues  ni las hermanas ÁVALOS JIMÉNEZ ni el sindicado HENAO  DÁVILA, ni los otros testigos se refirieron a esa situación.   

“Si la posición del ciclista hubiera sido  la  referida  por  la  física  forense,  con  toda seguridad el conductor de la  buseta  lo  habría  visto  y  sobre todo lo habría admitido en su indagatoria.  Pero,  sobre  todo,  no podía girar sobre su izquierda (sic), porque ese era el  carril  por donde se desplazaba precisamente (sic) porque iba para Cuba (sic). O  sea   que   iba   en   la   ubicación,   en   la  dirección  y  en  el  carril  correctos”.   

Además  nada de lo declarado por el entonces  “sindicado” fue cierto,  pues  éste  dijo  que  el  ciclista  salió de unos arbustos, pero las hermanas  ÁVALOS  manifestaron  que éste adelantó a la buseta  “por  el  lado  izquierdo y que no salió de uno de  los    arbustos    que    había    al    lado    de    la   vía”.   

3.  De otra parte, señaló el impugnante, la  tasación  de  perjuicios  no  fue una ligereza del juez, pues hubo “una  solicitud”  de  la  parte civil  ajustada   al   ordenamiento  y  “un  procedimiento  agotado”.   

Para su demostración indicó que concluida la  instrucción  en  el  proceso  de  la  Ley  600  de  2000, con la resolución de  acusación,  la  parte  civil  puede ir ante el juez a  “solicitarle  la tasación de perjuicios materiales  e inmateriales”.   

4.    Además  –continuó el recurrente-  “cuando  sale  (…) el fallo de absolución (…),  la    acción    civil    ya    había    terminado   (…)   con   condena   de  perjuicios”   a  favor  de  su  representado,  pues  “hay   una   sentencia   por   daños   morales”  respecto  de  la  cual dijo haber obtenido    “hace   poco”,   “certificación   de   que   quedó   en  firme”.   

INTERVENCIÓN DE LOS NO RECURRENTES  

1. El delegado de la  Fiscalía  pidió  la confirmación del fallo apelado,  por  cuanto  el  caso  que  debió  resolver  el  juez  indiciado es      “de      alta     dificultad  probatoria”,  como  suele  ocurrir      en      “los     accidentes     de  tránsito”,  máxime  que  las  hermanas  ÁVALOS  tuvieron  “contradicción en  sus  propios  dichos”  y no se escuchó “que  el  defensor  en  su  apelación  hiciera  mención  a este  particular aspecto”.   

Señaló que tanto la sentencia proferida por  el  juez  JOSÉ HILDER HERNÁNDEZ BURITICÁ,   como   por   el   Tribunal   cuando   la  confirmó,  “es  el  producto  de  un análisis sesudo, razonado del acervo  probatorio,    con   el   cual   se   puede   discrepar,   como   todo   en   el  derecho”,  pero  ello  no  significa  que se hubiese  incurrido en prevaricato.   

La  prueba pericial del Instituto Nacional de  Medicina  Legal  y  Ciencias Forenses da cuenta de que no fue el conductor de la  buseta   “quien  creó  el  riesgo  jurídicamente  desaprobado  que  concluyó  en el resultado: muerte del ciclista”,  sino  que  éste  “imprudentemente se  puso en peligro”.     

2. El apoderado de la  Rama  Judicial, solicitó se mantenga la decisión, por  cuanto  sólo  observó  discrepancias  de  la parte civil sobre la comprensión  probatoria adoptada por el juez indiciado.   

3.   El   representante   del  Ministerio  Público solicitó se confirme  la  decisión  recurrida,  por  cuanto en este asunto no se observa “decisión  sin  soporte probatorio y no ajustada a la legalidad,  tampoco  intención  clara  y  directa  dirigida a realizar un obrar contrario a  derecho,  sino  que  se  ciñó  a  las  leyes  penales,  procesales penales, de  tránsito    e    incluso    a    las   leyes   de   la   física”.   

De  otra  parte,  “en  cuanto  a  lo  argumentado sobre las presuntas  amenazas”  señaló “que  el  denunciante  lo  hace por deducción extensible al juez de la causa, pero no  existe   la   menor   prueba   ni   manifestación”  en   el   sentido   de  que  el  doctor  HERNÁNDEZ  BURITICÁ hubiese adoptado una  decisión contraria a derecho por esos motivos.   

4. JOSÉ  HILDER HERNÁNDEZ BURITICÁ consideró  no  haberse sustentado el recurso de apelación, pues el  abogado  de  las  víctimas  se limitó a formular nuevamente los argumentos que  expuso  al interior del proceso adelantado contra JHON IDEGAR HENAO DÁVILA para  solicitar  su  condena  y  no  se  escucharon argumentos válidos del impugnante  dirigidos  a  debatir  las  razones  por  las cuales el Tribunal se equivocó al  decretar la preclusión.   

5.        El        defensor  del  indiciado  también estimó  que  el  apelante  no  confrontó  las  razones  de la decisión de preclusión.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  Sala es competente para resolver este  asunto  de  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 32-3 de la Ley 906 de  2004,  por  tratarse  de  la  apelación  contra  la  decisión  adoptada por un  Tribunal   Superior   de  Distrito  Judicial  en  el  curso  de  una  actuación  penal.   

2.  La  Constitución  Política  radicó  la  disposición  del  ejercicio  de  la  acción  penal  en  cabeza de la Fiscalía  General  de la Nación –art.  250-,  siendo por tanto el órgano encargado de calificar cuál es el tipo penal  que  se  adecúa al hecho investigado y consecuentemente formular la acusación,  así  como  establecer  los  asuntos  y  delitos  que  someterá al principio de  oportunidad,  y determinar cuáles investigaciones o indagaciones se subsumen en  las causales de preclusión, entre otras actividades.   

El   instituto  de  la  preclusión  de  la  investigación  está consagrado en el artículo 331 de la Ley 906 de 2004 y las  causales      para     su     invocación     en     el     332     ídem, así:    

El   fiscal  solicitará la preclusión en los siguientes casos:   

1.  Imposibilidad de iniciar o continuar el  ejercicio de la acción penal.   

2.  Existencia de una causal que excluya la  responsabilidad, de acuerdo con el Código Penal.   

3.     Inexistencia     del     hecho  investigado.   

4.     Atipicidad     del     hecho  investigado.   

5. Ausencia de intervención del imputado en  el hecho investigado.   

6.   Imposibilidad   de   desvirtuar   la  presunción de inocencia.   

7. Vencimiento del término máximo previsto  en     el     inciso    segundo    del    artículo    294   de   este   código.   –Subrayado fuera de texto-.   

Respecto  de las mismas, esta Corporación ha  señalado2   

:  

1.  De  acuerdo  con  el sistema acusatorio  colombiano  (artículos 250 de la Constitución Política y 200 de la Ley 906 de  2004),  corresponde  a  la  Fiscalía  General  de la Nación el ejercicio de la  acción  penal  y  realizar  la  indagación  e investigación de los hechos que  revistan  las  características  de  una  conducta  punible  que  lleguen  a  su  conocimiento,  siempre  y  cuando  medien  suficientes  motivos y circunstancias  fácticas  que  indiquen la posible existencia de la misma. Despojada, por regla  general   de   funciones   jurisdiccionales,   deberá   solicitar  al  juez  de  conocimiento  la  preclusión de la investigación cuando según lo dispuesto en  la ley no hubiere mérito para acusar.   

         

(…)  

La  preclusión también se debe adoptar en  cualquier  etapa  del trámite una vez comprobada la existencia de cualquiera de  las  causales  de  extinción  de  la acción penal del artículo 77 del Código  Penal,  como  son:  muerte  del  imputado  o  acusado, prescripción, amnistía,  oblación, caducidad de la querella y desistimiento.   

Bajo  este  contexto,  la preclusión de la  investigación  sólo  podrá  ser  decretada  por  el  juez  de  conocimiento a  petición  de  la  Fiscalía de comprobarse alguna de las causales previstas por  el  artículo  332  del Código de Procedimiento Penal de 2004, y en tratándose  de   la   segunda,   a   las   que  se  refiere  el  artículo  32  del  Código  Penal.   

Componente  objetivo  del  tipo  “prevaricato              por              acción”.   

El   artículo   413   del  Código  Penal,  señala:   

“El   servidor  público  que  profiera  resolución,  dictamen o concepto manifiestamente contrario a la ley, incurrirá  en prisión (…)”   

El  presupuesto fáctico objetivo de la norma  transcrita,  como  se  ve, se encuentra constituido por tres elementos, a saber:  (i)  un  sujeto  activo calificado, es decir, que se trate de servidor público;  (ii)  que el mismo profiera resolución, dictamen o concepto; y (iii) que alguno  de  estos  pronunciamientos  sea manifiestamente contrario a la ley, esto es, no  basta  que  la  providencia  sea  ilegal  -por razones  sustancial  (directa o indirecta), de procedimiento o de competencia-  sino  que  la  disparidad del acto respecto de la comprensión de  los  textos  o  enunciados  -contentivos  del derecho  positivo  llamado  a  imperar- no admite justificación  razonable alguna.   

Ciertamente  en  torno  a  la  contrariedad  manifiesta  de  una  decisión  con  la  ley,  la  Corte  Suprema de Justicia en  sentencia  proferida  el  13  de  agosto  de  2003,  radicado  193033  consideró:   

Esta     última    expresión,   constituye   un elemento normativo del tipo penal al cual la jurisprudencia  de  la  Corte  se  ha  referido  en  forma amplia para concluir, que para que la  actuación  pueda  ser  considerada como prevaricadora, debe ser “ostensible y  manifiestamente  ilegal,”  es  decir, “violentar  de  manera   inequívoca  el  texto  y  el sentido de la norma”4  ,  dependiendo  siempre  de  su  grado  de  complejidad,  pues  resulta  comprensible  que  del  grado de  dificultad   para   la   interpretación  de  su  sentido  o  para  su  aplicación  dependerá  la  valoración  de lo manifiestamente ilegal, de allí  que,  ciertamente,  no  puedan  ser  tenidas como prevaricadoras, todas aquellas  decisiones  que  se  tilden  de  desacertadas, cuando quiera que estén fundadas  “en  un concienzudo examen del material probatorio y en el análisis jurídico  de    las    normas    aplicables    al    caso”5.   

En  similar  sentido se pronunció la Sala en  sentencia  del  23  de  febrero  de 2006, Rad. 239016:   

La  conceptualización  de  la contrariedad  manifiesta  de  la  resolución  con  la  ley  hace  relación  entonces  a  las  decisiones  que sin ninguna reflexión o con ellas ofrecen conclusiones opuestas  a  lo  que  muestran  las  pruebas  o al derecho bajo el cual debe resolverse el  asunto,  de  tal  suerte  que el reconocimiento que se haga resulta arbitrario y  caprichoso  al  provenir  de  una  deliberada  y  mal  intencionada voluntad del  servidor  público  por  contravenir  el  ordenamiento  jurídico.  (Resaltado fuera de texto).   

En  consecuencia,  no  caben  en  ella  las  simples  diferencias  de  criterios respecto de un determinado punto de derecho,  especialmente  frente  a  materias  que por su enorme complejidad o por su misma  ambigüedad  admiten  diversas  interpretaciones  u  opiniones,  pues  no  puede  ignorarse  que  en  el  universo  jurídico suelen ser comunes las discrepancias  aún  en  temas  que  aparentemente  no  ofrecerían  dificultad  alguna  en  su  resolución. (Resaltado fuera de texto).   

Como  tampoco la  disparidad  o controversia en la apreciación de los medios de convicción puede  ser  erigida en motivo de contrariedad, mientras su valoración no desconozca de  manera  grave  y manifiesta las reglas que nutren la sana crítica, pues no debe  olvidarse  que  la  persuasión  racional, elemento esencial de ella, permite al  juzgador  una  libertad  relativa  en  esa  labor, contraria e inexistente en un  sistema de tarifa legal.   

Sin embargo, riñen con la libertad relativa  la  apreciación  torcida  y parcializada de los medios probatorios, su falta de  valoración  o  la  omisión  de  los  oportuna  y legalmente incorporados a una  actuación,   en   consideración   a   que   por   su   importancia  probatoria  justificarían  o  acreditarían la decisión en uno u otro sentido a partir del  mérito    suasorio    que    se    les    diera    o    que    hubiera   podido  otorgárseles.   

Análisis del caso concreto  

1. La causal en la cual se basó la decisión  de  preclusión  en  la providencia que se procede a examinar, es la prevista en  el   numeral  4º  del  artículo  332  de  la  Ley  906  de  2004  -atipicidad        del       hecho  investigado-, por verificar  que  la  sentencia  denunciada  de prevaricadora no es  manifiestamente ilegal.   

Como  viene  de  verse  en  el  acápite  de  la  decisión apelada,  a  esta conclusión arribó el  Tribunal   a   partir   de   considerar   que  el  juez  indiciado  (i)  apreció correctamente el contenido  de  las  declaraciones  de las hermanas ÁVALOS, cuyas contradicciones imponían  la  valoración  por  éste  acogida; (ii)   no   desconoció   la   prueba  técnica  allegada  al  proceso,  pues  incluso  se fundamentó en esas experticias para  respaldar  la  tesis  propuesta en la sentencia, la cual además fue avalada por  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Pereira en fallo de segunda instancia  proferido el 16 de febrero de 2011.   

Además    señaló    el   a         quo:        (iii)  nada  impedía  que  las testigos  declararan  nuevamente  en el juicio; (vi)  la  manifestación  del apoderado de la  víctima  -en  el  sentido  de que fue sometido a una  serie  de  coacciones  y  amenazas  para  que  actuara  en contra de sus deberes  profesionales   en  el  proceso  adelantado  por  homicidio  culposo-,               fueron              sólo              “especulaciones”   que  “no   tuvieron   respaldo  probatorio  alguno  en  las  pesquisas  adelantadas  por la Fiscalía en el presente asunto”;  y    (v)  si  bien  el  indiciado  por  solicitud  de  la  parte  civil,  tasó  los  perjuicios morales  “infligidos  a los deudos del difunto”,  ello  solo  fue  una lamentable ligereza que generó expectativas  infundadas en ellos.   

2. En relación con la primera proposición de  la   decisión  impugnada,  el  censor  insiste  en  que  el  juez  HERNÁNDEZ     BURITICÁ    “partió  de  una  premisa que no había podido demostrar, porque  afirmó  que  a  las  hermanas  ÁVALOS  no  se  les  puede  creer  –por           sus-   imprecisiones   o   incoherencias,  -lo cual es- una conclusión  infundada  y  peligrosa  en  el campo procesal que debió haber dado lugar a una  denuncia por falso testimonio”.   

Al  respecto  cabe  recordar  que el Tribunal  observó   cómo   el   juez   si  bien  no   dio   mérito  al  relato  de  las  señoras  ÁVALOS  JIMÉNEZ  -respecto  del momento en que ocurrió el impacto por  el   cual  falleció  JOHNIER  BUITRAGO  OROZCO-,  esa  valoración  la basó en que: (i) en ese punto específico éstas incurrieron en  contradicciones    y   (ii)   no   encontró   respaldo   en   la   “prueba técnica”.   

La apelación, sin embargo, ninguna oposición  manifestó  en  contra  de  las  precitadas  justificaciones;  y  respecto de la  inferencia  valorativa  del funcionario –consistente  en no creer aquel aspecto de  las  declaraciones-,  el  impugnante  la  calificó de  infundada  y  peligrosa.  No  obstante,  como  se  puede  observar,  la  conclusión sí está fundada, pues el juez se basó precisamente  en  las premisas atrás mencionadas, y la conclusión que de ellas extrajo no se  advierte  irrazonable  o  desentendida de los postulados orientadores de la sana  crítica,  como  tampoco  la  apelación  revela  alguna  reflexión que así lo  demuestre.   

Ahora, de que el juez  no  hubiese  compulsado copias para que las hermanas ÁVALOS fueran investigadas  penalmente  por  falso  testimonio,  no  se  sigue  la  existencia   de   algún  error  en  el  examen  probatorio,  pues  la  acertada  valoración  -constatada por el Tribunal-     y     la     no     expedición    de    copias    –aducida por el impugnante-,  son hechos no excluyentes entre sí, es decir, pueden coexistir,  máxime  cuando  la  incorrección  de los testimonios no necesariamente implica  mala  fe  de  quienes  los  rindieron,  pues  siempre es posible la presencia de  defectos  en  la  percepción  -como  tener por hecho  circunstancias  que  el testigo supone-, o experimentar  alteraciones inconscientes de la memoria sobre lo observado.   

Además,  revisada  la sentencia señalada de  prevaricadora,  se  advierte  que  el juez no percibió que las declaraciones de  las  hermanas ÁVALOS hubiesen estado orientadas por su determinación de faltar  a  la  verdad,  al  punto  que  gran parte de sus exposiciones fueron tenidas en  cuenta  -en  conjunto  con  otras pruebas-  para  establecer  lo  ocurrido y fijar la premisa fáctica por la  cual   el   entonces   procesado   fue   absuelto  de  responsabilidad  culposa.   

Por tanto, contrario a la apelación, no se ve  motivo  alguno  por  el  cual  el  funcionario, a partir de sus consideraciones,  debía haber compulsado copias penales contra las testigos.   

3. En relación con la segunda proposición en  la  que  se  basó  el  auto impugnado –que  el  juez  sí  observó  la  prueba  técnica  allegada  al  proceso-,  fue ofrecida por el  Tribunal  como  respuesta al planteamiento del apoderado de las víctimas según  el  cual, el juez indiciado desconoció los dictámenes  periciales  rendidos  por  expertos  del  Instituto Nacional de Medicina Legal y  Ciencias     Forenses;  sin   embargo  el apelante no la cuestionó.   

En  su  lugar, desatinadamente éste criticó  las  pruebas  allegadas  al  proceso  adelantado  por  posible homicidio culposo  -los  informes  tanto  del  servidor  de policía que  acudió  a  la  escena  del  accidente  como  de  la autoridad de tránsito y el  dictamen  de  los  técnicos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias  Forenses-,  las  cuales las  calificó   de   mendaces,  producto  –en  su  opinión-  de haber sido rendidas  “por   coacción,  por  dinero,   por   aleccionamiento   o   por   otra  causa  indebida”.   

Esta           “crítica”  probatoria,  además  de  observarse  subjetiva,  no  está  dirigida a demostrar la incorreción del auto  apelado,  ni  que  el  juez  hubiese  posiblemente  incurrido en alguna conducta  prevaricadora  no advertida por el Tribunal.  Más  aún al proponerla el impugnante abandonó el planteamiento  inicial  según  el cual, el juez desconoció la prueba  pericial.   

En este punto, es preciso llamar la atención  al  recurrente,  en  el  sentido  de  que  la  actuación  penal por prevaricato  adelantada     contra     el     juez     HERNÁNDEZ  BURITICÁ  no  es  el mecanismo idóneo para continuar  debatiendo  o defendiendo la postura fáctica planteada por la parte civil en el  proceso   adelantado  por  homicidio  culposo,  el  cual  incluso  se  encuentra  concluido mediante sentencia ejecutoriada.   

Lo  que  correspondió  en  este  trámite al  Tribunal,  fue  determinar  si el acto denunciado e indagado por la Fiscalía es  atípico  del  delito de prevaricato, y a la Corte le incumbe desatar el recurso  de  apelación,  es  decir,  verificar  si la decisión impugnada fue acertada y  ajustada  al  ordenamiento  en los aspectos señalados en la sustentación de la  alzada,  para  lo cual nada aportaron las opiniones del impugnante en el sentido  de      que      las      pruebas     –diferentes a las declaraciones de las  hermanas  ÁVALOS  JIMÉNEZ-  son mendaces.   

4.  De  otra parte, señaló el apelante, que contrario a lo considerado  por  el  Tribunal, la tasación de perjuicios no fue una ligereza del juez, pues  hubo  “una solicitud” de  la  parte  civil  ajustada  al  ordenamiento  y  “un  procedimiento agotado”.   

Ciertamente  el  a  quo hizo la manifestación confrontada por el apelante  -en  el sentido de que la tasación de perjuicios fue  una  ligereza  del  juez-, sin embargo, el reparo de la  alzada  resulta  intrascendente  de  cara  a  conseguir  la  revocatoria  de  la  providencia   apelada,   toda   vez   que  tal  cuestión  no  fue  ratio  decidendi, es decir, no es la razón  que  soporta  la  decisión  impugnada,  pues  al  margen  de  que  la tasación  provisional  de perjuicios decretada por el funcionario indiciado hubiese sido o  no  un  acto  apresurado, ello no aporta nada a la discusión de si la sentencia  carece  de uno de los ingrediente objetivos del tipo de prevaricato por acción:  el    de   ser   manifiestamente   contraria   a   la  ley.   

Lo  relevante  es  que  en  el  proceso penal  adelantado  por  posible  homicidio  culposo,  realmente  no  hubo  condena  por  perjuicios,  sino una simple  tasación  de  estos  por  petición  de  la parte civil, sin que por esto pueda  decirse  que  la  sentencia  absolutoria  fue  ilegal  y  menos  aún  de manera  manifiesta u ostensible.   

5. También señaló el apelante que cuando el  juez   profirió   fallo  absolutorio,  la  “acción  civil”   promovida   para  la  reparación  de  los  perjuicios ya había terminado.   

Este  argumento se observa impreciso en tanto  el  apelante  no  indicó  cuál  autoridad  en  concreto profirió la decisión  civil,  en qué fecha, y cómo pudo suceder  teniendo  en  cuenta  que  el  denunciante  a través de su actual  apoderado  se  constituyó como parte civil dentro del proceso penal y el inciso  6º  del artículo 48 de la Ley 600 de 2000, señala que para la formulación de  la     demanda    se    requiere    “la  manifestación,  bajo  la  gravedad  de  juramento, (…) de no  haber  promovido  proceso  ante  la jurisdicción civil, encaminado a obtener la  reparación   de   los   daños   y   perjuicios  ocasionados  con  la  conducta  punible”.   

Adicionalmente la afirmación del apelante no  está  llamada  a  ser  examinada  por la Corte por tratarse de una manifestación    nueva    sin   soporte  demostrativo   alguno,   que   no  fue  conocida  por  la  Fiscalía7  ni  alegada  ante el Tribunal.   

No obstante, nada impide a la Sala precisar,  que  de  cualquier manera el señalamiento del impugnante resulta intrascendente  de  cara  a determinar si la sentencia denunciada de prevaricadora se observa -o  no-  manifiestamente  ilegal  por  motivo  del  examen  probatorio  llevado  a  cabo por el funcionario que la  profirió,   pues   los   procesos   civil  y  penal  se  surten  por  trámites  independientes  y  bien  pueden resultar sus juicios o consideraciones adversas,  sin    que   ello   –per  se-  pueda  dar  cuenta  de  la  existencia  de alguna  conducta prevaricadora en alguno de ellos.   

Consecuencia de lo anterior el auto objeto de  alzada  permanece  inalterado  y, por lo mismo, la decisión que se impone es su  confirmación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Confirmar   la  decisión  apelada.   

Comuníquese y cúmplase.  

Contra   este  auto no procede recurso alguno.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Minuto  6:42  del  archivo  de  la  sustentación del  recurso de apelación.   

2Auto  de  8  de  febrero  de  2008, radicado 28908, reiterado en AP 17 nov. 2010, rad.  35109;  AP  7 de noviembre de 2011, rad. 37613; AP 11 de diciembre de 2012, rad.  42043.   

3  Pronunciamiento  reiterado  en  SP  3 jul. 2013, rad.  40226   

4  Decisión del 24 de junio de 1986.   

5  Providencia del 24 de junio de 1986.   

6  Pronunciamiento  reiterado  por  la  Sala  en SP 28 feb. 2007, rad. 22185; SP 18  jun.  2008, rad. 29382; SP 22 ago. 2008, rad. 29913; SP 3 jun. 2009, rad. 31118;  SP  26 may. 2010, rad. 32363; SP 31 ago. 2012, rad. 35153; SP 10 abr. 2013, rad.  39456;  SP  26  feb.  2014, rad. 42775. SP 21 may. 2014, rad. 42275, entre otras  providencias.   

7  Así  lo  hizo  saber el ente Fiscal al momento en el  que el apelante hizo esa manifestación.     

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