15855dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15855  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 213  

          Bogotá,  D.  C.,  diecinueve  (19)  de  diciembre  del año dos mil  (2.000).   

VISTOS  

          Se  pronuncia la Sala sobre los requisitos técnico – formales de la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  del  señor MARTÍN  ALBEIRO CARDONA PATIÑO, contra la  sentencia  del  17  de  noviembre de 1998, proferida por el Tribunal Superior de  Pereira,  que  confirmó  la  dictada  por el Juzgado 2º. Penal del Circuito de  dicha ciudad.   

         

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  23  de febrero de 1997, los hermanos JULIO ANIBAL y MARTÍN  ALBEIRO PATIÑO CARDONA estuvieron  departiendo  y  libando alcohol en el bar “El Adiós”, del perímetro urbano  de  la  ciudad  de  Pereira. Luego de sostener una   discusión,   salieron   del   establecimiento   en  las  horas   de   la  madrugada.  Cuando  se  encontraban  los  dos  solos en el andén,  MARTÍN increpó a su hermano  para  que  se  fueran  a la casa, por lo que éste lo golpeó en el rostro. Como  reacción,  MARTÍN  ALBEIRO  hirió  con  un  arma  cortante  a  JULIO ANÍBAL en el cuello  y enseguida  emprendió  la  huida,  mientras  el herido era conducido al hospital San Jorge,  donde falleció el 1º. de abril siguiente.   

          Tras  las  diligencias  normales  de  instrucción,  el   29 de  septiembre   de  1997,  la  fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución  acusatoria  contra MARTÍN ALBEIRO CARDONA  PATIÑO,   por   el  delito  de  homicidio  agravado.   

          Posteriormente,  el  10 de septiembre de 1998, el Juzgado 2do. Penal  del  Circuito de Pereira lo condenó a 40 años de prisión, 10 de interdicción  en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas y al pago de los perjuicios  materiales  y  morales,  como  autor  del hecho imputado en el pliego de cargos.  Impugnado  el fallo por la defensora del señor CARDONA  PATIÑO,  el  Tribunal de la misma ciudad lo ratificó  íntegramente.    

         

LA  DEMANDA   

          Con   apoyo  en  la  causal primera de casación, la demandante  acusa  la  sentencia  de  violar  indirectamente  la ley sustancial por error de  hecho,  y  señala  como  normas vulneradas, por aplicación indebida,  los  artículos  247, 254, 294, 300 y  445 del Código de procedimiento penal, y  2,  5,  35,  323,  y   324  del  Código  Penal. Así presenta la “causal  invocada”:   

          “Se  invoca  la  causal citada, dado que el juzgador tergiversó y  distorsionó  el sentido de la prueba indiciaria, la incorrecta apreciación del  material  lo  hizo  producir una eficacia probatoria que no tenía, consiguiendo  inferir  un  grave  agravio  al  procesado.  La  causal invocada la prescribe el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal  como  causal  primera de  casación”.   

          “La  defensa  acusa el fallo condenatorio de una censura legal por  considerar  que  la  prueba  arrimada  a la causa penal se le hizo un inadecuado  análisis.  es evidente y ostensible que hay una tergiversación e incongruencia  en el estudio de la prueba indiciaria”.   

          “Se  alega  mediante este recurso un error de hecho porque fué en  la  elaboración  o  construcción  de  los  indicios y en la inferencia lógica  donde  tuvo apoyatura la actitud del fallador. Se construyeron indicios de cargo  dirigidos  a  sustentar un fallo condenatorio adverso al procesado. El Honorable  tribunal   lo   aceptó   asi  corroborándolo  y  dejando  de  valorar  los  de  descargo”.   

          “El  juicio  de  identidad,  análisis  e inferencia lógica en la  construcción   de  los  indicios  fué  desviado  por  el  juzgador  obteniendo  caprichosamente  certeza  legal  para condenar, cuando lo que aparece bajo éste  rotulo  tan sólo es duda e incertidumbre, lo que hace ilegal la providencia que  se impugna”.   

          Para  sustentar  el cargo señala “…que se alega una (sic) error  de  hecho   porque fue en la elaboración o construcción de los indicios y  en  la inferencia lógica donde tuvo apoyatura la actitud  del fallador. Se  construyeron  indicios  de  cargo  dirigidos  a  sustentar un fallo condenatorio  adverso  al  procesado”.  Después  afirma  que  “el  juzgador tergiversó y  distorsionó  el sentido de la prueba indiciaria, la incorrecta apreciación del  material  le  hizo  producir una eficacia probatoria que no tenía, consiguiendo  inferir   un   agravio   al  procesado”.    

          Afirma  y  reitera  que  el  Juzgador  tergiversó y distorsionó el  sentido  de la prueba indiciaria, pues “…la prueba arrimada a la causa penal  se le hizo un  inadecuado análisis”.   

          Anuncia  que como es necesario demostrar los errores de hecho en que  el  juzgador  incurrió  en  la construcción de los indicios y en la inferencia  lógica,   demostrará   cómo   “…algunos   hechos  indicadores  no  fueron  demostrados  por el juzgador, otros se tergiversaron y la inferencia lógica fue  errada”.  Luego  transcribe  algunas  citas de la doctrina y la jurisprudencia  sobre  el  indicio  y  concluye  que  “El error de hecho que se hace  evidente  a  través  de  las  sentencias  proferidas  por  los  funcionarios de  instancia,  se  da  por  no  concluir con un verdadero sentido lógico lo que se  deduce de la prueba obrante en la causa”.   

          Refiriéndose   a   los   fundamentos  probatorios  en  los  que  se  apoya   la   prueba   indiciaria   que   sirve  de  sustento  a  la  sentencia  impugnada,  expresa  que “Recortes de testimonios,  declaraciones  no  tomadas en su real y verdadero contexto sirven de antecedente  a     la    gran    revelación”.    Procede,    entonces,   a  concretar  su  crítica  a  los  indicios  de  “oportunidad” y  “de móvil o de razón”, construidos  por el fallador.   

          Del   primero   dice   que   el  hecho  indicador,  según  el  cual  MARTÍN CARDONA era la única  persona  que  acompañaba  a  su  hermano momentos antes de ser agredido -que de  acuerdo  con  la demandante tiene su fuente en el testimonio de JAVIER DE JESÚS  ROMAN-,  no  puede  tenerse  como  debidamente demostrado, dada la mendacidad de  dicho  testigo,  pues  mientras  éste  afirma  que  los dos hermanos estuvieron  completamente  solos  en  la  mesa  que  compartían  en  el  bar,  los señores  EDELBERTO  TORO, HELIBERTO RÍOS y LUZ MARINA CARDONA, dicen que varias personas  acompañaron  a  los  hermanos.  Añade  que  del propio testimonio de JAVIER DE  JESÚS  ROMAN  se  podría inferir que un tercero, una persona joven, distinta a  su  hermano,  fue  la  que se le acercó en el andén a JULIO ANÍBAL e intentó  llevárselo,  antes  de  que  fuera  agredido.  Considera  que  de esa manera se  desvanece  el  mencionado  indicio de oportunidad, en cuanto que no solamente el  procesado tuvo la oportunidad de agredir a su hermano.    

          Señala,   además,   que  “Los  buenos  oficios  de  MARTÍN al querer llevarse a su hermano no  tienen  que  llevar a inferir sus malas intenciones cuando ni siquiera se estaba  presentando  una  pelea  o  cualquier  otro  indicio de hostilidad entre los dos  hermanos  pues  de igual manera la inferencia podría llevar a concluir que solo  quería proteger a JULIO porque estaba borracho y ya era tarde”.   

          Respecto  del  indicio  de “móvil o de  razón”, considera  que   el   hecho  indicador   consistente  en   la reyerta o  discusión  que  se  presentara entre los hermanos, contrario a lo que estima el  fallador,   no   está   demostrado.  Por  ello,  “…Se  tergiversó  por  el  sentenciador  la magnitud de un simple mal entendido, para hacerlo aparecer como  las  razones  que  tuvo  el  procesado  para matar a su hermano”. Y añade que  nunca  se  demostró que el procesado portara un arma con la que pudiera agredir  a  su  carnal.                 

          Asegura  que  el  error  de  hecho  también  radica  en la falta de  apreciación  de  las  pruebas  que favorecen al procesado, pues se desestimaron  las   amenazas  verbales  que  HERNAN  LÓPEZ  SALAZAR  lanzara   contra   JULIO  ANÍBAL  CARDONA  el  mismo  día  en que éste fuera herido.   

Termina  señalando  que  “La  inferencia  lógica,  en  el  caso  que  se  examina  está  viciada porque hay indicios que  generan  duda  afectando  el  conjunto  de  la  prueba  indiciaria  y no permite  concluir  algo  definitivo”  y que, por lo tanto, se impone la aplicación del  in dubio pro reo .   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La demanda examinada debe ser inadmitida, por  las siguientes razones:   

1.  Como  emana  de su lectura, en verdad se  trata  simplemente de un escrito tal vez apropiado para someter a consideración  de  los  señores  jueces  de  instancia,  más  no  para  sustentar  un recurso  extraordinario  de  casación, que se dirige al análisis puramente jurídico de  la  sentencia  impugnada  con  base en errores protuberantes, patentes, que debe  mostrar,  con  nitidez y precisión, el impugnante; y, de la otra, por cuanto la  sentencia  de  2a. instancia que se recurre extraordinariamente llega a la Corte  acompañada  de  la  presunción de acierto y legalidad, punto de apoyo que debe  ser  destruido por el formulante demostrando yerros grandes e insalvables. Ello,  como  es  obvio,  no  se  logra  solamente volviendo a plantear -o replanteando-  argumentos  blandidos,  por ejemplo, en una sustentación de apelación o dentro  de   la   dialéctica   del   debate   propio   de  una  audiencia,  pues  tales  consideraciones  deben  ajustarse  a  la técnica propia de la casación y a los  lineamientos específicos de la causal aducida.   

2.   Intimamente  vinculado  al  principio  anterior  se  encuentra otro: en casación no es bienvenida la mera propuesta de  interpretación   de  los  hechos  plasmada  por  el  demandante  para  que  sea  parangonada  con  la edificada por el Tribunal en la sentencia, con el ánimo de  que  la  Corte,  mirando  aquí  y  allá,  escoja  una  de las dos como la más  apropiada.  En casación se exige, repítese, que a la Corte se le enseñen, con  precisión  y  claridad,   equívocos  ostensibles  predicables  del  fallo  impugnado.  Mientras  tanto, la señora demandante se limitó a decir a la Corte  cómo entendía ella la prueba, especialmente la indiciaria.   

3. También es inherente a la imputación de  cargos  por  violación  indirecta  de la ley sustancial -enunciado hecho por la  defensora   del   señor  CARDONA  PATIÑO-  determinar  con  exactitud  la perfecta ilación que debe existir  entre  el  desconocimiento de las reglas que regulan el tema de las pruebas y la  afectación  de la normatividad sustancial. Así, por ejemplo, es imprescindible  explicar  que cierto error de hecho o de derecho condujo, en hilvanada relación  de  fundamento  a  consecuencia, a que la ley sustancial resultara erróneamente  interpretada,  indebidamente  aplicada  o, sencillamente, inaplicada. Esta labor  no  la  desarrolló la profesional del derecho que elaboró el escrito, quien se  redujo  a  decir  cuáles  habían  sido  -desde  su  óptica- las disposiciones  procesales  y  sustantivas  vulneradas,  entre  otras cosas, sin explicación en  torno a cada una de ellas.   

                     4. Cuando en  materia  de  prueba  indiciaria  la  acusación  se dirige hacia la fuente de la  inferencia,  le  compete  al casacionista que se basa en error de hecho, afirmar  que  se  está  ante  esta modalidad “… porque la prueba de la circunstancia  conocida  pudo  haberse supuesto; o porque pudo  haberse dejado de apreciar  otro   medio   demostrativo  que  la  neutralizaba  o  disolvía;  o  porque  se  tergiversó  su  contenido  material  haciéndola  decir  algo  que no decía; o  porque  el  proceso  de valoración que condujo a la afirmación de la premisa a  partir  de la cual se hará luego la inferencia, se apartó de los principios de  la   sana   crítica”11   

.  

                      Si bien la  defensora   -ciertamente   sin   severidad  y  rigor-  aludió  a  distorsiones,  tergiversaciones,  “sentido  lógico”  y  a  pruebas  omitidas,  olvidó que  también   le   correspondía   señalar  las  falencias  judiciales  sobre  los  componentes  de  la  sana  crítica  atendidos en materia de hecho indicador, es  decir,  explicar  por  qué  el  Tribunal se había apartado de las reglas de la  experiencia,  de los principios lógicos y de las leyes científicas y, además,  de  cuál  o cuáles de esas reglas, principios y leyes se había alejado, y por  qué  motivos.  Y  olvidado  esto,  devino  otra  falla: cuál o cuáles reglas,  principios o leyes, debían ser las utilizadas en el caso concreto.   

                      5. La Corte  también  tiene  sentado  que cuando la atención del casacionista se fija en la  inferencia  lógica, debe orientar su ataque con fundamento en el error de hecho  por  transgresión  ostensible de los principios de la sana crítica, hipótesis  que  supone la aceptación del hecho indicador y la demostración de que el juez  realizó  juicios  de  valor  contrarios   a  las  leyes de la ciencia, los  principios  de  la  lógica  o  a  las reglas de la experiencia. Y ha explicado,  entonces,  que para que el cargo quede correctamente formulado es imprescindible  concretar  el  error  y  comprobar  cómo  han  sido transgredidas tales reglas,  principios   o   leyes22.   

                   La demandante,  que  en  algunos  apartes de su trabajo se ha referido a la inferencia, en veces  lo  hace  respecto de una prueba, en veces de otra, pero en parte alguna afronta  el  tema  de  los  elementos  de la sana crítica, como para demostrar que una o  varias  reglas,  principios  o  leyes  han sido injurídicamente utilizadas. Con  ello,  ha incumplido la labor fundamental, cual es la admisión, sin reparos, de  la  existencia  plena  del hecho indicador y, desde luego, no ha desarrollado lo  que  sigue:  la  prueba  de  la falla sobre la escogencia de las leyes, reglas o  principios,  y  de  aquellas  que,  en vez de las anteriores, han debido ser las  atendidas por el fallador.   

                         6.  Por  último,  obsérvese  que  la  señora  demandante  ha  hecho  un  esfuerzo para  derrumbar  la  prueba  indiciaria  pero  que  en  el  camino  ha  bifurcado  sus  pretensiones  pues que, al lado de lo ya esbozado en materia de indicios, apunta  también  al  principio in dubio pro reo pero con un lamentable olvido: insinúa  la  incertidumbre  probatoria, con artículo y todo -445 del C. de. P. P.-, pero  no  enfoca  cómo  el  juez,  viendo  en  el  expediente  la  duda  razonable  y  manifiesta,   ignoró  su  existencia  para,  sin  más,  proceder  a  condenar.   

                      La demanda,  entonces,  carece  de soportes técnico- formales que impiden  proseguir la  ruta de la casación.   

                    En mérito de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE   

                   1. Rechazar la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   MARTÍN  ALBEIRO  CARDONA  PATIÑO  y, por  ende, declarar desierto el recurso de casación interpuesto.   

                              

                      2. Como de  conformidad  con  el artículo 197 del Estatuto Procesal Penal, contra este auto  no  cabe  recurso  alguno,  devolver  el  expediente  a  la  oficina  de origen.             

Cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE  E.    CÓRDOBA  POVEDA                 

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                          JORGE   A.   GÓMEZ  GALLEGO                                

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR                        

ÁLVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN                                NILSON      PINILLA  PINILLA                                      

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 C. S.  J.,  Sala  de  Casación  Penal,  Casación del 20 de octubre de 1999, M. P. Dr.  Carlos Eduardo Mejía Escobar.   

2 C. S.  J.,  Sala  de  Casación  Penal,  Casación del 20 de octubre de 1999, M. P. Dr.  Carlos Eduardo Mejía Escobar.     

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