SP2649-2015(45441)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

SP2649-2015  

Radicación No. 45441  

(Aprobado     Acta     No. 100)   

Bogotá, D.C., once (11) de marzo de dos mil  quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Corte  examina  las  bases  jurídicas,  lógicas  y  argumentativas  de  la demanda de casación presentada directamente  por     el    procesado    José    Antonio    Calle  Forero1  contra la sentencia del Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Buga,  del 1° de diciembre de 2014, que confirmó,  entre  otras  determinaciones,  la  condena  que,  por el delito de contrato sin  cumplimiento  de requisitos legales, impuso al nombrado el Juzgado 4° Penal del  Circuito de Palmira.   

HECHOS  

En el informe de auditoría realizado por la  Contraloría  Municipal  de  Palmira a algunos de los contratos suscritos por la  administración  de  esa  municipalidad para el año 1999, se detectaron varías  anomalías,  entre  ellas, la  relacionada   con   el  contrato  de  prestación  de  servicios  003  del  29 de enero de ese año, suscrito  entre     el    alcalde    José    Antonio    Calle  Forero y el particular Josías Rojas Azcárate, con el  objeto  de llevar a cabo la liquidación de la sociedad Hotel La Factoría S.A.,  en  el cual se desconocieron principios de la contratación administrativa, como  el de selección objetiva y transparencia.   

Para  la fecha, Oscar Hernán Guzmán Moreno  era  el  Secretario  General  de  la  Alcaldía  y Delly Amparo Guiffo Aponte la  directora de la Oficina Jurídica.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. La Fiscalía 42 Seccional de Cali ordenó  apertura  de  investigación  previa  el  27  de  septiembre de 20012   y  formal  instrucción    el   24   de   octubre   de   20023,  a la cual vinculó, mediante  indagatoria,  a  José Antonio Calle Forero,  Josías  Rojas  Azcárate,  Oscar  Hernán Guzmán Moreno y Delly  Amparo            Guiffo            Aponte4.   

2.  El  19  de  octubre de 2004 resolvió la  situación   jurídica   de   los  encartados,  sin  imposición  de  medida  de  aseguramiento5;  el  19  de  noviembre  siguiente  clausuró esa etapa6  y  el  29 de  diciembre   posterior   calificó   el  mérito  del  sumario  en  forma  mixta,  así7:   

2.1.          Acusó  a  José  Antonio   Calle   Forero,   Oscar   Hernán   Guzmán  Moreno,  Delly Amparo Guiffo  Aponte  y  Josías  Rojas  Azcárate  como  presuntos  coautores  del  delito de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales, según su tipificación en el  artículo  146  del  Código Penal de 1980, modificado por la Ley 80 de 1993; y,  adicionalmente, al último como autor de peculado por apropiación.   

2.2.          Precluyó investigación a favor de Oscar  Hernán Guzmán Moreno por prevaricato por acción.   

3. Apelada la decisión por los defensores de  Calle Forero y Guzmán Moreno  y  por  la  procesada  Guiffo Aponte, la Fiscalía 2ª Delegada ante el Tribunal  Superior  de esa ciudad, el 19  de  febrero  de 2007, la confirmó parcialmente para8:   

3.1.   Precluir  la  investigación  seguida  en contra de Delly Amparo  Guiffo  Aponte, por contrato  sin    cumplimiento    de    requisitos    legales,    y    de   Josías   Rojas  Azcárate,  por peculado por  apropiación.   

3.2.   Acusar  a   José   Antonio  Calle  Forero, además, por peculado por apropiación.   

3.3.  En lo demás, se estuvo a lo dispuesto  por el inferior.   

4.  El  Juzgado  2° Penal del Circuito de Palmira avocó conocimiento  el      27      de      junio      de      20079,   presidió  las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento  y  el 6 de mayo de 2010, en cumplimiento de un  Acuerdo   emanado   de  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  remitió  el  diligenciamiento  a su homólogo del Juzgado 4° para  proferir                  sentencia10.   

5.   Este   último  despacho  emitió  la  correspondiente  el  14  de  febrero  de  2013  en  la que resolvió11:   

5.1.  Declarar la  nulidad  parcial  de  la  resolución de acusación de  segunda  instancia, solo en relación con el llamamiento a juicio a Calle  Forero por el delito de peculado por  apropiación  y, en consecuencia, remitió copia de la actuación a la Fiscalía  Seccional.   

5.2.   Condenar  a:   

Calle        Forero,  en calidad de  autor  del  delito  de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales, a las  penas  principales de 4 años de prisión, multa de 20 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes (s.m.l.m.v.) e inhabilitación para el ejercicio de derechos  y funciones públicas por 1 año.   

Rojas  Azcárate, en calidad de partícipe12         del  mismo  injusto, a 3 años de prisión, multa de 16 s.m.l.m.v. e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por 9  meses.   

Les negó a ambos la suspensión condicional  de   la   ejecución   de   la   pena   y   la   prisión  domiciliaria,  y  los  condenó,    en    forma  solidaria,   al   pago  de  perjuicios materiales en cuantía de $25.000.000.   

5.3.   Absolver  a   Guzmán   Moreno  del  punible  de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales.   

6.  El  fallo fue recurrido por Calle   Forero  y  confirmado  el  1°  de  diciembre  de  2014 por el Tribunal Superior de Buga13.   

7. El expediente arribó a la Corte el 19 de  febrero              de             201514  y  al  día  siguiente  se  remitió       al       magistrado      ponente15,  a  quien correspondió por  reparto.   

8.  El  3  de  marzo  ulterior  Calle     Forero    radicó, en la Secretaría de la Sala,  un  memorial  en  el  que  solicita  se  declare  la  prescripción  de  la  acción  por cuanto han transcurrido 8 años  desde    el    día    en    que    cobró    ejecutoria   la   resolución   de  acusación.   

LA DEMANDA  

El acusado identifica los sujetos procesales  y  el fallo impugnado y hace una síntesis de los hechos objeto de juzgamiento y  de  las circunstancias que -dice- antecedieron a la suscripción del contrato de  prestación de servicios 003 del 29 de enero de 1999.   

En este último acápite destaca que el 26 de  julio  de  1979  el  gobernador  del  Departamento  del  Valle y la alcaldesa de  Palmira,  de  ese  entonces, constituyeron,   por   escritura   pública,  el  Hotel  la  Factoría de Palmira S.A. Para ese fin, crearon una  sociedad  de  carácter  mixto  con algunos comerciantes, en la que el municipio  aportó    un    lote    de    terreno    y   se   estableció   que,  en  caso  de  liquidación,  se  adjudicaría al socio aportante (el  ente territorial).   

El 13 de noviembre de 1993 el burgomaestre de  la  época  convocó  a  asamblea  para liquidar la sociedad y allí se designó  como  liquidador a Josías Rojas Azcárate, además, se requirió la devolución  del   inmueble  para  los  efectos  correspondientes.  Luego,  en  1998,  cuando  Calle  Forero  fungía  como  mandatario  local  exhortó  a  la  municipalidad para conseguir financiación y  proceder  a  la liquidación, motivo por el cual aprovechó los conocimientos de  Rojas  Azcárate,  con  quien  acordó  $50.000.000  y  le  dio  un anticipo del  cincuenta  por  ciento. Fue el secretario general de la Alcaldía, Oscar Hernán  Guzmán,  quien se apersonó  del negocio jurídico.   

Asegura el actor que la finalidad del recurso  extraordinario  es  restablecer las garantías trasgredidas como consecuencia de  la      violación      directa     de     la     ley     sustancial,  por  falta  de  aplicación parcial del  artículo  3  del  Decreto 855 de 1994, toda vez que no se tuvo en cuenta que el  contrato    era   intuito   personae,   e  inaplicación  del  13  del  Decreto 2170 de 2002, que derogó el  aludido  precepto;  así  como  por  la  variación  del  núcleo fáctico de la  acusación,  porque  mientras  la  fiscalía  no  halló  irregularidades en las  «fase  primera  y segunda del contrato»16,    la  colegiatura  soportó  la  condena  en  la infracción de la ley durante todo el  proceso  contractual.  También  pretende  la unificación de la jurisprudencia,  toda  vez  que  no  existe un caso «reciente acorde a  los       hechos       aquí       relatados»17.   

Formula dos cargos así:  

Primero         (principal).   

Violación  directa de la ley sustancial por  falta  de  aplicación  del  numeral 1 –literal  a-  del  artículo 24 de la Ley 80 de 1993 (vigente para la  época)  y  del precepto 13 del Decreto 2170 de 2002, lo que derivó en indebida  aplicación   del  146  del  Decreto  100  de  198018.   

Señala que se aplicó parcialmente el canon  3  del Decreto 855 de 1994; se dejó de emplear el 24 -numeral 1°- de la Ley 80  de  1993,  82  de  la  Ley  1474  de  2011 y 13 del Decreto 2170 de 2002, lo que  condujo  a un inadecuado uso de los artículos 146 del Decreto 100 de 1980, 24 y  30 de la Ley 80 de 1993.   

Trae a colación un aparte de la providencia  de   segunda  instancia  y  advierte  que,   aunque   el   ad   quem  citó  el artículo 3 del Decreto 855 de 1994, dejó de examinar las  excepciones  previstas  en el parágrafo, las que fueron alegadas por la defensa  durante  toda  la  investigación,  en la audiencia pública y en la apelación,  especialmente,  la relacionada con «los contratos por  servicios  dada  la  especialidad  del contratista»19.  Con  tal  proceder,  la  colegiatura  vulneró el principio de lealtad procesal.   

Recuerda  que  Rojas  Azcárate  había sido  inicialmente  designado  por  la  asamblea de socios del Hotel La Factoría como  liquidador,   por  lo  que  su  trayectoria,  experiencia  e  idoneidad  estaban  demostradas,  en  los términos del artículo 13 del Decreto 2170 de 2002, norma  que  debió  ser  observada  por  favorabilidad, dado que estaba vigente para el  instante  de los alegatos finales en el juicio, y así salvaguardar el principio  de investigación integral.   

La calidad de los contratistas se autorizaba  por  el  numeral  1°  del  artículo 24 de la Ley 80 de 1993, que fue declarado  exequible  por  la  Corte Constitucional en la sentencia C-400 de 1999, donde se  concluyó   que   el  factor  experiencia  no  hace  la  elección  subjetiva  o  discriminatoria.   

El  fallador  excluyó  el  literal  a), del  numeral  1°  del  artículo  24  de  la Ley 80 de 1993, para fijar el valor del  contrato,  en  tanto  adujo  que  se  infringió  la  cuantía  dispuesta por el  legislador   al   no  haber  efectuado  «licitación  pública»20.   

El juzgador reprochó que se hubiese signado  un    contrato    intuito   personae   rebasando  los  topes  de  los  contratos  de  menor  cuantía.  Sin  embargo,  luego  de  hacer  las  cuentas, aduce que el presupuesto del municipio  para  1998 se encontraba en el rango de 120.000 e inferior a 250.000, por manera  que  la  menor cuantía era de $62.755.800, de donde los 100 salarios mínimos a  que  alude  el sentenciador para convocar a oferta pública es una exigencia que  rebasa el ámbito de la legalidad.   

El ejercicio contable no fue realizado por el  sentenciador, con lo cual violó el debido proceso.   

Segundo         (subsidiario).   

Falta  de  congruencia  fáctica  entre  la  acusación  y  el fallo, «LO CUAL DERIVA EN CAUSAL DE  NULIDAD  ACORDE  CON  LO  PREVISTO EN EL NUMERAL 3° DEL ARTÍCULO 207 DE LA LEY  600  DE 2000»21.   

La  Fiscalía  de segunda instancia afirmó  que  no tenía crítica en punto de su responsabilidad en las primeras fases del  contrato  (cita  un  segmento  de esa resolución), sino en la post contractual,  concretamente, en la de ejecución.   

Por  consiguiente,  tanto  en  los alegatos  finales  del  juicio,  como  en  la  apelación  de  la sentencia, la defensa se  orientó  a  sostener  que, si  no  hubo imperfección en las etapas de planeación y precontractual, el negocio  jurídico    se    ajustaba   a   los   requerimientos   legales   y,        por        ello,  limitar la conducta a la de ejecución,  desdibujaba el elemento típico del delito.   

El   a   quo  varió  el  elemento fáctico, intentando auscultar el  sentido  real  de  la  acusación,  y  con ello sorprendió al procesado. En ese  orden,   la   providencia   atacada  incurre  en  falsa  motivación22,    es  anfibológica23.   

El  vicio  advertido  conduce  a  dejar sin  efecto  lo  actuado  para  que  el  juez  de  primera  instancia  profiera nueva  decisión conforme a los hechos por los que fue acusado.   

Solicita  se case la sentencia impugnada y,  por  razón  del  primer  cargo,  se  dicte otra de carácter absolutorio; y, en  virtud  del  segundo, se decrete la nulidad a partir de la providencia de primer  grado.   

CONSIDERACIONES  

La  Sala  debe  determinar  si  el  libelo  presentado  por  el  acusado  Calle Forero cumple  con  los presupuestos exigidos por la norma legal para darle  curso  y  si  se  evidencia la violación ostensible de garantías fundamentales  que imponga a la Corte la necesidad de intervención oficiosa.   

Previamente,  dado  que  el  procesado  en  mención  solicita se declare la prescripción de la acción penal seguida en su  contra,  se  emitirá  el  pronunciamiento  correspondiente,  toda  vez  que, de  verificarse  su  ocurrencia,  no  habría otro camino que declararla.   

1.    La  prescripción de la acción penal.   

1.1.  La  conducta punible imputada en esta  ocasión  prevé un sujeto activo cualificado, lo que supone que sólo puede ser  ejecutada  por  quien  reúna  esa  condición.  No  obstante, puede suceder que  personas  que,  sin  ostentar  esa calidad, también concurran a la realización  del  verbo  rector  y  ejecuten  la  conducta como suya, esto es, como autor. Es  allí   donde,   como   lo   ha   sostenido   la   jurisprudencia   (CSJ  SP,  8  jul.  2003,  rad.  20704;  CSJ SP, 21 mar. 2007, rad.  19794,     y     CSJ    AP,    23    ene.    2008,    rad.    28890),    opera   la   acepción   legal   de  intervinientes,  según  las voces del inciso final del artículo 30 del Código  Penal de 2000.   

En   ese   orden,   en    los   delitos   propios   al   interviniente  -coautor  sin  la  cualidad  exigida  para  el sujeto  activo-  se  le sanciona con la pena dispuesta para el  delito,  pero se hace merecedor a la rebaja en una cuarta parte; al determinador de la conducta, con o sin la  condición   legal   requerida,   le   corresponde  la  pena  prevista  para  la  infracción,  y al cómplice,  careciendo  o  no  de la especial condición, se le reconoce una disminución de  la pena de una sexta parte a la mitad.   

Ahora,  para  efectos  de  contabilizar  la  prescripción  de  la  acción  penal, a los servidores públicos se les aplica,  tanto  en instrucción como en juicio, el aumento contemplado en el artículo 83  de   la  Ley  599  de  2000,  mientras  que  ello  no  ocurre  respecto  de  los  particulares.   

1.2. Así las cosas, no le asiste razón al  memorialista,  toda vez que para la fecha de los hechos era servidor público y,  respecto  de  él,  el  legislador,  tanto  de  1980  como  de  200024,  previó  aumento   de   una   tercera   parte,  incremento  que,  como  lo  ha  sostenido  reiteradamente  la  jurisprudencia,  opera  tanto en instrucción como en juicio  -al  límite  máximo  previsto  para el delito se le  aumenta  una  tercera  parte  y  en  la  causa  ese resultado se divide por dos,  subtotal  que,  de  ser  inferior  a  5 años, se aproxima a estos, aplicando de  nuevo  el  aumento  de  la  tercera  parte- (Ver, entre  muchas  otras,  CSJ SP 25 ago.  2004,  rad.  20673; CSJ AP 22 mar. 2013, rad. 40079 y CSJ AP, 29 may. 2013, rad.  39542).   

En efecto, según el artículo 83 de la Ley  599  de  2000,  la  acción  penal prescribe en un tiempo igual al máximo de la  pena  fijada  en la ley, sin que sea menor de 5 años ni exceda de 20, salvo las  excepciones allí previstas, que no son aplicables al caso.   

La  iniciación  de ese término comienza a  contarse,    para   los   delitos   instantáneos,   desde   el   día   de   su  consumación25,  y  se  interrumpe  con  la resolución de acusación, debidamente  ejecutoriada,  y  comienza  a  correr  nuevamente  por  uno igual a la mitad del  señalado  en  el artículo 83, sin que pueda ser inferior a 5 años ni superior  a 10.   

Al  hacer  la  dosificación  punitiva,  el  a  quo  acudió al artículo  146  del Decreto Ley 100 de 1980, modificado por el 57 de la Ley 80 de 1993, que  sancionaba  el contrato sin cumplimiento de requisitos legales con prisión de 4  a 12 años.   

El  acto  de  llamamiento a juicio alcanzó  ejecutoria  el día en que la fiscalía de segundo grado resolvió el recurso de  apelación  propuesto  contra  el  calificatorio,  esto  es, el 19 de febrero de  2007,  en  virtud  de  lo  dispuesto  en el inciso segundo del artículo 187 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  y  no  el  12  de marzo de ese año, como se  consignó  a  folio  526  vuelto del cuaderno 2, puesto que la notificación que  allí  se  ordenó  solo  tenía  la  finalidad  de  cumplir con el principio de  publicidad.   

Por  la  calidad  de  servidor público, la  prescripción opera así:   

En instrucción: 16  años, que resultan de aumentar una tercera parte a 12  años     -máxima    pena    prevista-.   

En  juicio:  10  años,  porque  la  mitad  de  los  16  años  es  8,  pero,   aumentados  éstos  nuevamente  en  una  tercera  parte, da un resultado de 10.666, que quedan en 10  años, los que a la fecha no han trascurrido.   

En    consecuencia,   se   negará   su  petición.   

1.3.  Cosa distinta ocurre frente a Josías  Rojas  Azcárate,  quien fue  declarado  penalmente  responsable del mismo injusto, en calidad de partícipe,  y  condenado  a  3  años de  prisión,  multa  de  16  s.m.l.m.v.  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por 9 meses, así como a pagar solidariamente,  con   Calle   Forero,  los  perjuicios materiales.   

Se advierte que la acción penal seguida en  su  contra  se  encuentra prescrita y que ese fenómeno acaeció antes del fallo  de primer grado.   

En estos casos la Sala ha sostenido (CSJ AP  4,     may.   2006,   rad.   25422   y  CSJ  AP,  1  jun. 2006, rad. 25540) que si  bien     existe    un    quebrantamiento    del    debido    proceso,  puesto  que  el  juzgador  dictó  una  providencia  sin  estar  ya facultado jurídicamente para ello por haber operado  el  fenómeno  de  la  prescripción  de  la  acción,  es  decir, por cuanto la  potestad  punitiva  del  Estado  cesó  por el transcurso del tiempo, no resulta  lógico  dar  traslado  al  Ministerio Público para que emita concepto sobre la  posibilidad de declararla de oficio.   

A  Rojas  Azcárate, por ser interviniente,  esto  es,  por  carecer  de  la  cualidad  exigida  para  el sujeto activo de la  conducta  punible,  se  le  sanciona  con la pena dispuesta para ese tipo penal,  pero  rebajada  en  una  cuarta  parte,  según  lo  manda  el  inciso final del  artículo   30   del   Código   Penal   de   200026   y   lo   reconoció   el  a  quo.  Disminución  que,  según   el   precepto   60   ibidem,   se  aplica  al mínimo y al máximo de la infracción básica. Igual  derrotero se sigue para contabilizar el término de prescripción.   

Por  manera que, al restarle a 12 años una  cuarta  parte,  da  un  total de 9, lo que implica que en la etapa del juicio el  término  de  prescripción es de 5 años -la mitad de  9  es  4 y medio-, que en este caso se cumplieron el 19  de febrero de 2012.   

Como  es  ostensible  que ellos se agotaron  antes  de  que  se  dictara  sentencia  de primera instancia, que data del 14 de  febrero  de  2013,  se  impone casar oficiosa y parcialmente el fallo de segundo  grado  para declarar, en favor de Rojas Azcárate, la cesación de procedimiento  por    prescripción   de   las   acciones   penal   y   civil   derivadas   del  delito.   

Consecuente con lo anterior, se excluirá a  Rojas  Azcárate  de  la  condena  solidaria  en  perjuicios impuesta en primera  instancia.   

Por la prescripción detectada, se ordenará  compulsar  copias  a  la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Seccional  de la Judicatura del Valle del Cauca para lo de su cargo.   

2. El examen de la  demanda.   

La Corte la inadmitirá porque, tal como se  expone  a  continuación,  no  cumple con los requisitos formales y sustanciales  previstos  en  el  artículo  212 del Código de Procedimiento Penal de 2000, ni  con los presupuestos argumentativos exigidos por la jurisprudencia.   

2.1.  La finalidad del recurso de casación  es  hacer  efectivo  el  derecho material y las garantías debidas a los sujetos  procesales,   unificar  la  jurisprudencia  y  reparar  los  agravios que con la decisión impugnada se haya  causado     a     alguna     de     las    partes27. No  obstante,  por  tratarse  de  un  medio extraordinario, dirigido a cuestionar un  fallo   proferido   en   segunda   instancia,   es   necesario  que  el  escrito  correspondiente   contenga   una   argumentación   sólida,  clara,  lógica  y  coherente,  a  través  de  la  cual, con fundamento en los motivos expresamente  señalados   por  el  legislador,  se  planteen  los  errores  de  juicio  o  de  procedimiento   en   que   pudo   incurrir   el   juzgador   y   se  resalte  su  trascendencia.   

Así  las  cosas,  no  puede tratarse de un  memorial  más  dentro  del  proceso,  por  cuya virtud se exhiban toda clase de  cuestionamientos,  sin orden  racional    ni    contenido    jurídico,  con  el único propósito de continuar con el debate propio de las  instancias.   

Bajo  esos  parámetros,  debe contener una  fundamentación  sólida,  jurídica y suficiente, de modo que las censuras sean  claras  y  se  ajusten  a  alguno  de  los motivos de casación descritos por el  legislador  en  el  artículo  207  del Código de Procedimiento Penal, para que  así  la  Corte  entienda, sin  dificultad,  cuál  es  la  falencia  judicial,  cuál  su  relevancia  en  el  caso  concreto y cómo de no  haberse  incurrido  en  ella  la decisión habría sido totalmente distinta y en  favor de los intereses de quien recurre.   

No  resultan, entonces, admisibles aquellas  en  las que sin estructura alguna se hace un simple listado de irregularidades y  de  inconformismos  frente  a  la  providencia  que  se discute; o en las que se  anuncie  un  cargo  al  amparo  de  un  específico  motivo de casación pero al  momento  de  exhibir  sus  fundamentos  se  incluyan  contenidos propios de otra  causal,  logrando  una mixtura inadecuada que riñe con la técnica exigida para  la formulación y sustentación de las censuras.   

Bajo ese contexto, es fácil evidenciar los  desatinos del actor.   

2.2. Las dos críticas del libelo -principal  y  accesoria-  se  hallan  erróneamente  propuestas  porque el letrado parte de  hipótesis  distintas  a  las consignadas por el Tribunal, olvida que los fallos  de  instancia  conforman  una  unidad  inescindible,  dado  que  el ad  quem  confirmó  integralmente el que  fue  objeto  de apelación, e ignora que no resulta suficiente la enunciación o  constatación  del yerro, sino que es imperioso demostrar su trascendencia en la  determinación recurrida.   

2.2.1.         Primer cargo.   

2.2.1.1.   El   ataque  por  violación  directa  impone  señalar con  precisión   si   ella   ocurrió   por   falta   de  aplicación,   aplicación  indebida  o  interpretación  errónea  de  una  norma  sustancial,  y  enseñar las  disposiciones   que,   en   consecuencia,  resultaron  infringidas.  Así  mismo,  dado  que la discusión se  centra  en  aspectos  de  pleno  derecho,  los  argumentos  de reproche se deben  concentrar  exclusivamente  en  demostrar  el  equívoco  de orden jurídico del  fallador    de    segundo   grado   al   aplicar   la   normatividad   al   caso  concreto.   

Por   consiguiente,   si   el   discurso  soslayadamente  comprende  un  desacuerdo  con  los  hechos  declarados o con la  valoración  probatoria  realizada  por  el  ad quem,  el  cargo  se halla incorrectamente formulado y habrá  de inadmitirse.   

Correrá   igual   suerte   cuando   se  alegue, al tiempo, respecto de idéntica disposición, más  de  una modalidad de infracción. De modo que si el abogado reprueba al Tribunal  porque   dejó  de  aplicar  un  precepto  determinado,  no  puede,  a  la  vez,  amonestarlo  porque  lo  interpretó  erróneamente;  sería  un  contrasentido.   

Si la discrepancia es en el entendimiento de  la  norma,  se  le  impone demostrar cómo el sentenciador, al interpretarla, le  atribuyó  un sentido que no tiene o le asignó efectos distintos o contrarios a  su  contenido;  y,  si  lo  es  por  su  exclusión, ha de enseñar cuál fue la  situación  de hecho reconocida por el juzgador y cómo a la misma no le aplicó  la  consecuencia  en el derecho, esto es, cómo dejó de imponer la disposición  que  regula el caso, ya sea porque la olvidó, la desconoció, estuvo convencido  de su derogatoria o inexequibilidad, o no la consideró de recibo.   

No  resultan  válidas las censuras que por  esta  vía  se  exhiban  partiendo  de  una interpretación sesgada, equívoca o  acomodada  del  precepto  que en criterio del impugnante se excluyó, es preciso  que  se  ciña  a  la  que  surge  nítidamente  de  su  tenor, sin agregados ni  acondicionamientos propios.   

2.2.1.2.  Los  anteriores derroteros fueron  abandonados por el casacionista.   

De un lado, faltó al principio de claridad  al  relacionar  las normas sobre las cuales recayó la infracción, pues, según  sea  el  acápite  de la demanda, se citan unas, se agregan y se suprimen otras,  lo que hace ininteligible el cargo.   

Obsérvese  cómo,  al  ocuparse  de  las  finalidades  del  recurso,  indica  como  excluidos,  el  canon  3 (parcial) del  Decreto  855  de  1994 y el 13 del Decreto 2170 de 2002; más adelante, ya en la  censura,  señala  como tales el literal a), del numeral 1° del artículo 24 de  la  Ley  80  de 1993 y el artículo 3 (parcial) del Decreto 855; y, después, en  los  fundamentos, refiere el numeral 1° del artículo 24 de la Ley 80, sin más  concreción,  el  artículo 8 del Decreto 1474 de 2011 y el 13 del Decreto 2170.  Seguidamente,  en  punto  de  las  disposiciones  aplicadas  indebidamente, cita  inicialmente  el  146  del  Código Penal de 1980 pero, al desarrollar el cargo,  adiciona el 24 y el 30 de la Ley 80 de 1993.   

Atentó  también contra el principio de no  contradicción,  pues  respecto  de  un  mismo  artículo, el 24 de la Ley 80 de  1993,  hace  reproches  al  Tribunal porque no lo aplicó y, a la vez, porque lo  hizo indebidamente.   

Omitió  respetar  la  realidad  fáctica  reconocida  en  la  sentencia,  en tanto basta una simple mirada a su texto para  constatar  que, a juicio del  juez   plural,  uno  de  los  principios  de  la contratación estatal trasgredidos por el acusado al celebrar  el  contrato  fue  el de transparencia, previsto en el artículo 24 de la Ley 80  de  1993,  relativo  a  la  escogencia  del contratista y en cuyo numeral 1° se  regulaban los casos en los que se podía contratar directamente.   

Es   más,   la   magistratura  no  pasó  inadvertida  la  existencia  del  artículo  3 del Decreto 855 de 1994, toda vez  que,   con  base  en  él,  consideró  que  el  recurrente  ha  debido  obtener, por lo menos, dos ofertas,  antes   de   asignar   el   contrato   a   Josías  Rojas  Azcárate.   

Ahora, a juicio del demandante, el Tribunal  no  tuvo  en  cuenta  el  parágrafo del aludido Decreto, pero olvidó demostrar  cómo,  venerando  la  situación  fáctica  descrita  en la providencia, había  lugar  a  aplicarlo.  El  procesado  pretende  convencer  que  no  se aplicó el  contenido  de  ese  parágrafo,  pero dejando al margen que el supuesto de hecho  allí  regulado  no  fue  admitido  por  la  colegiatura, por lo que equivoca el  sendero de ataque.   

En efecto, en el artículo 3 del Decreto en  comento  se  preveía  el  procedimiento  a  seguir  en  la  celebración de los  contratos  a  que  se refieren los literales a) -menor  cuantía-  y d) -prestación  de   servicios   profesionales   o   ejecución   de  trabajos  artísticos  con  determinadas  personas  naturales  o  jurídicas  o el desarrollo de actividades  científicas  o  tecnológicas-  del  numeral  1° del  artículo  24  de  la  Ley  80  de 1993, para cumplir con el deber de selección  objetiva    en    la    celebración    de    esos    contratos;   y,  en el parágrafo echado de menos por el  censor,  se  mencionaban los eventos en los cuales era posible contratar sin que  previamente  se  hubiesen  recibido  las  ofertas,  uno  de ellos, precisamente,  cuando  se  tratara  de  contratos  intuito personae,  esto  es, en consideración a las calidades personales  del  contratista  y  cuando  la  necesidad  inminente  del  bien  o  servicio no  permitieran solicitar varias ofertas.   

De  manera que si a juicio de fallador, tal  como  se constata en la sentencia objetada, no se estaba ante un negocio de esta  última  naturaleza,  no  entiende  la  Corte  cómo  el  actor  controvierte la  determinación por esta vía.   

Sin  duda,  bajo  el  distractor de citas y  trascripciones  normativas,  se  encierra su abierto desacuerdo con los hechos y  la valoración probatoria hecha.   

Por  otra  parte, se muestra incomprensible  que  el  accionante  cuestione  al Tribunal porque no aplicó el Decreto 2170 de  2002,  bajo  el  lacónico  argumento  –no   exhibió   razones-   de  ser  más  favorable,  cuando  el contrato cuya celebración se censura data de 1999, fecha  en   la  que  no  había  sido  siquiera  considerado  por  el  legislador.  Por  consiguiente,  es  inviable  aplicar  una  disposición  que no existía para el  momento de ocurrencia de los hechos objeto de juzgamiento.   

La  razón  aducida  por el acusado en este  segmento,  según la cual, era  necesario   acudir   a   esa   normativa   para  salvaguardar  el  principio  de  investigación   integral,   riñe  con  la  modalidad  de  infracción  directa  elegida.   

Tampoco  advierte la Sala la pertinencia de  la  sentencia  C-400 de 1999 de la Corte Constitucional, traída por el letrado,  pues    los    escasos    tres    renglones   que   trascribe   son   totalmente  descontextualizados.   En   ese   orden,  vale  la  pena  destacar  que  en  esa  providencia,  el  alto  tribunal  declaró  la  exequibilidad,  por  los  cargos  propuestos,  de  la  expresión  “la escogencia del  contratista   se   efectuará  siempre  a  través  de  licitación  o  concurso  público”, contenida en el numeral 1° del artículo  24;  y si bien allí se hizo referencia al principio de igualdad, ello fue en un  marco  distinto  al  sugerido  por  el  casacionista.  Así dijo la Corporación  guardiana de la Carta Política:   

4.2  En  últimas  las  acusaciones  del  demandante  cuestionan  en  si  mismo  el proceso de escogencia de contratistas,  partiendo  de  la  base  de que sólo se pueden escoger ofertas, sin mirar   las  condiciones que permiten garantizar la seriedad de las mismas, por el hecho  de  que  estas  circunstancias son, en su sentir, datos subjetivos del oferente,  como pueden ser la experiencia, la organización, los equipos etc.   

Sin  embargo,  por  todo  lo anteriormente  expuesto,  la  Corte  encuentra que la selección que no tuviera en cuenta tales  circunstancias,  no resultaría suficientemente garantista del interés general,  y  podría, incluso, clasificarse de negligente. Y por otro lado ve también que  las  circunstancias  anotadas,  cuando  llevan  a  la  selección,  no  la hacen  subjetiva   o   discriminatoria,  y  ello  por  cuanto  de  conformidad  con  lo  reiteradamente  afirmado  por  la  jurisprudencia constitucional, la igualdad no  consiste   necesariamente en dar un trato idéntico a todos los individuos.  En  efecto,  esta  Corte en muchas oportunidades  ha hecho ver que un trato  desigual está muchas veces constitucionalmente legitimado (…).   

De otro lado, no es cierto, como lo asegura  el    impugnante,   que   el   ad   quem  hubiese echado de menos la licitación pública en este caso, pues  lo  que con exactitud extrañó fueron las dos ofertas de que trata el artículo  3 del Decreto 855 de 1994.   

Finalmente,  se reprueba al Tribunal porque  aseguró  que  se  rebasaron  los  topes de la menor cuantía, a pesar de que el  contrato   003   era   intuito  personae.  Sin  embargo,  nuevamente  se  le  recuerda  al procesado que esa  condición  no  fue registrada como demostrada por el juez colegiado, por lo que  no había lugar a otorgarle consecuencias jurídicas.   

2.2.2.         Segundo cargo.   

2.2.2.1  En  esta  oportunidad,  en  que se  denuncia   un   vicio  por  incongruencia  fáctica  entre  la  sentencia  y  la  acusación,  tampoco el actor desarrolla la censura con apoyo en los parámetros  exigidos  para  una  adecuada  postulación,  no solo porque exhibe pretensiones  ajenas     al     cargo     y    toca    aspectos    diversos    que,  por  su disimilitud, le imponían hacer  acápites  distintos,  sino  porque  sus afirmaciones no son fieles al acontecer  procesal  y  no  demuestran  la  trascendencia  del  supuesto  yerro.   

Nótese  que  solicita  la  declaratoria de  nulidad  de  lo  actuado, con lo cual olvida que, de constatarse la falencia, lo  que procede no es la anulación sino dictar un fallo de reemplazo.   

2.2.2.2. Según dice, el defecto radicó en  que  la  fiscalía  de segunda instancia consignó que no tenía crítica alguna  en  punto  de  las  primeras  fases  del  contrato,  sino en la post contractual  y,   sin   embargo,   el  a  quo  varió  ese núcleo  fáctico  para,  sin  competencia,  desentrañar  el  sentido de la acusación y  concluir   que   hubo   anomalías  también  en  la  inicial  etapa.   

Fundamenta  su  censura  en  la lesión del  derecho  de defensa, pero al amparo de una mixtura de defectos que tornan oscura  su   propuesta   y,   en   todo   caso,   sin   lograr   comprobar  su  efectiva  violación.   

En  efecto,  so  pretexto de fundamentar la  consonancia,  el  impugnante  ataca  el  fallo  del  Tribunal  por  contener una  motivación  falsa  y  resultar  anfibológico.  Esa  crítica no solo ha debido  encauzarla  por  sendero  distinto  al  de  la causal segunda de casación, sino  atendiendo  que  esos  dos errores de motivación son desemejantes y responden a  circunstancias  distintas,  lo  que le imponía hacer una detallada e individual  descripción   de   las   falencias.   Ese   no   fue   su  proceder.   

De  otra  parte,  hay  que destacar que, en  cuanto  al  delito  de contrato sin cumplimiento de requisitos legales respecta,  la  fiscalía  de  segundo  grado  confirmó,  sin  supresiones,  la resolución  proferida  por  el  instructor,  en  donde,  tal como se puede verificar con los  fallos  de instancia y con esa misma pieza procesal, se hizo mención a defectos  durante todo el trámite contractual.   

2.2.2.3. Ahora, aun de admitir, en gracia de  discusión,  que  la  fiscalía  delegada  ante  el  Tribunal  limitó  el marco  fáctico  de  la  conducta,  tampoco  tal  postura  comportó lesión alguna del  derecho  a  la  defensa, como lo asegura el actor, toda vez que él mismo admite  en  su  escrito  que  durante la investigación, el juicio y la apelación de la  sentencia,  se  ocupó de explicar que el contrato se había suscrito atendiendo  la  especialidad  del  contratista.  Igualmente,  en  la  providencia de primera  instancia  se  verifica que durante los alegatos finales el defensor disertó en  torno   a   la   etapa   pre  contractual  para  reiterar  su  apego  a  la  ley  así:   

…dado  que  se  trató de un contrato de  prestación  de  servicios profesionales cuya característica básica es que son  intuito  personae  (artículo 29 del decreto 2170 de 2002) y por tanto no había  lugar  a  licitación  ni  concurso.  Se  trataba entonces de un caso típico de  contratación  directa  si  formalidades  plenas, en el que podía prescindir de  varias                    ofertas.28   

Por  consiguiente,  ninguna afectación del  derecho  a  la  defensa  del  actor  se  vislumbra porque sus salidas procesales  siempre  se  dirigieron a exculparse respecto de su actuación durante todas las  etapas del contrato.   

Así las cosas, la demanda será inadmita y  la  Sala  ha  revisado  íntegramente la actuación y, salvo lo consignado en el  punto  1.3.,  no  ha encontrado causales de nulidad ni flagrantes violaciones de  derechos   fundamentales,   que   le   impongan   penetrar   en   el  fondo  del  asunto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.  Negar la petición de nulidad  elevada  por  José  Antonio  Calle Forero.   

Segundo. INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por José Antonio  Calle Forero.   

Tercero.  Casar  oficiosa  y  parcialmente  la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior de  Buga  el  1°  de  diciembre  de  2014  y  declarar prescritas y extinguidas las  acciones  penal  y  civil,  derivadas  de  la  conducta  punible de contrato sin  cumplimiento    de    requisitos    legales    atribuida    a    Josías   Rojas  Azcárate.   

En  consecuencia,  decretar  en su favor la  cesación  de  procedimiento  y  excluir  al  nombrado  del  pago  de perjuicios  materiales.   

Cuarto. El juzgado  de  primera  instancia  deberá  tomar todas las medidas como consecuencia de la  extinción de la acción penal.   

Quinto.  Compulsar  copias  a  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo Seccional de la  Judicatura del Valle del Cauca para lo de su cargo.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

SP2649-2015  

RADICACIÓN  45441   

        Con  el respeto  que     la     mayoría    merece,    consigno     a    continuación    las  razones   por    la    cuales    disiento  de  la  decisión  de declarar la  prescripción de la acción  civil,   adicionalmente  a  la  prescripción  de  la  acción     penal,     por     el     delito    de  celebración   de   contratos  sin  cumplimiento  de  requisitos      legales      imputado      al      coprocesado      Josías Rojas  Azcárate.   

Al efecto, reitero los argumentos expuestos  en  el salvamento parcial de voto que presenté frente  al  auto  del 14 de abril de 2010, en el cual la Corte  adoptó  similares  determinaciones a las asumidas en  esta  especie,  ocasión  en  la que hice las siguientes precisiones, que ahora reitero,   

“…  que  mi  discrepancia    es    frente    a   la   oportunidad   en   que   se   hace   la  declaración      de     prescripción  civil  y  por  quien la hace, y no en cuanto se relaciona con la  cesación  de procedimiento penal  por el delito  de  omisión  del  agente  retenedor  o  recaudador,  pues,  en  verdad,  a  partir  de la ejecutoria de la  resolución  de  acusación  hasta   la   fecha   de   este   pronunciamiento,   ha  transcurrido  de  manera  ininterrumpida   un  término  superior  a cinco  años,    suficiente    para   que   el  Estado  perdiera toda oficiosidad para  continuar  ejerciendo  la  acción penal,  ya que  tal  determinación  no  amerita  reparo alguno de mi  parte.   

Tal  y  como  lo expuse en el curso de los  debates  orales  en  el  seno  de  la  Sala, no puedo prohijar la providencia en  comento  sin  referirme  a  la  decisión   de  declarar  prescrita  la  acción  civil,   pues   si   bien  ella  corresponde  a  una  interpretación  literal  de la norma que la establece (Art. 98 del C. Penal), su  aplicación  inmotivada  no se compadece con el deber  de  establecer  primero la  razón   de   ser   de   la  disposición,   su   conformidad   con   la  Carta  Política,  o al menos con  el   principio   rector   de  aplicación  prevalente  relativo  al  restablecimiento del derecho, según el  cual  los  funcionarios  judiciales  deberán adoptar  las  medidas  necesarias  para  que  cesen los efectos creados por la comisión  de  la  conducta  punible, las cosas vuelvan al estado anterior, y se indemnicen  los  perjuicios,  pues es claro que el delito -como fuente de obligaciones-, ni,  por       supuesto,      sus      efectos      materiales,      económicos  y  sociales,  desaparecen por  haber     operado     el     fenómeno    de    la  prescripción     de     la    acción penal.   

No   se   tuvo   en   cuenta,   que  la  disposición     aplicada     al     caso     sin  consideración al sistema a que pertenece, se ofrece  excesivamente       gravosa      para      los      intereses      particulares  de los perjudicados con el delito, que ven frustradas  sus  expectativas  y  resultan  sancionados a consecuencia de la inactividad del  Estado.   

Esto,  si  se  considera que en el evento  presente    la    parte    civil    ejerció    la  acción   en   oportunidad   y   acudió  a  uno de los mecanismos previstos  por   el   ordenamiento  jurídico  para  lograr  el  restablecimiento de su derecho.   

Con     la     decisión  mayoritariamente  adoptada, no sólo  se  exonera,  sin más, de toda responsabilidad civil  a  la persona que ha sido acusada, sino que deja a la  afectada    sin    instrumentos    para    perseguirla,    tan   sólo  por  haber  optado  por pretender la indemnización   dentro   del  proceso  penal,  y  no  por  la  vía  civil  donde  la prescripción de la  acción      opera      en      términos   mucho   más   amplios,   se  interrumpe       con      la      notificación  del  auto admisorio de la  demanda  y  no  hay  lugar  a  declararla como consecuencia de la simple y llana  inactividad           del           órgano  judicial.             

Y  si  bien no desconozco que el Tribunal  Constitucional   mediante   Sentencia   C-570   de   2003   declaró   exequible   el   Artículo  98  de  la  Ley  599  de  2000,  bajo  el  supuesto  de  que  “la medida de ligar el  término de prescripción  de  la  acción  civil  al  de la acción  penal,  cuando  la primera se ejerce en el marco de la segunda,  es  proporcional  y  ajustada a la exigencias propias  del  proceso  penal  y  a  las  características que  identifican    al    papel   de   la   parte   civil   en   las   últimas  diligencias”,  tampoco puedo  pasar  por  alto  que  el  pronunciamiento  del  Tribunal Constitucional, pese a  haberlo   anunciado,  desconoció  que  “en     cuanto     hace  a  la acción civil, el objetivo de  la  prescripción es extinguir el derecho de reclamar  judicialmente  el  crédito  como consecuencia de la  inactividad    del    acreedor    en    demandar    el    cumplimiento   de   la  obligación”.   

De  ahí que,  con   todo   y   el   pronunciamiento  de  la  Corte  Constitucional  en  torno  a  la  exequibilidad  del  precepto,  considero  que  cuando  el legislador precisa en el artículo  98  del  Código Penal que   “la acción  civil  proveniente  de  la conducta punible, cuando se ejercita  dentro    del    proceso   penal,   prescribe,   en  relación con los penalmente responsables, en tiempo  igual  al  de  la  prescripción  de  la  respectiva  acción  penal”,  debe  ser  entendida  en  el  sentido  de que el juez penal no puede proferir el fallo  civil  correspondiente  a la demanda de constitución  de  parte  civil, y el afectado queda en libertad de  reclamar  los  perjuicios ante la jurisdicción civil  mientras  que  la acción se encuentre vigente, pues,  en  palabras  de  la  propia  Corte  Constitucional  en la sentencia en comento,  “no  sería  razonable  que el juez penal dictara  la  condena  en  perjuicios si la acción penal ya ha  sido prescrita”.   

Lo   contrario   implicaría    victimizar    nuevamente    al    sujeto    pasivo    de   la  infracción   penal   por  haber  incurrido  en  el  desacierto  de acudir a la jurisdicción penal con la  esperanza  de que allí se  produjera  en  un  tiempo menor la reparación por el  agravio  recibido,  frente a la opción de ir ante la  jurisdicción  civil,  ya  que  a  pesar  de  haber  ejercido  en tiempo el derecho de reclamar el pago por los perjuicios recibidos,  la  lentitud  del  aparato  judicial  en el trámite de su pretensión,   le  implicó  perder  el  derecho  frente  al penalmente responsable, para obligarlo acudir al inicio de un proceso  contencioso  administrativo  en  contra  del  órgano  judicial  que  frustró sus expectativas, nada de lo  cual hubiera ocurrido de  haber  presentado  la  demanda  ante la jurisdicción  civil.”   

      

Son estos razonamientos los que me llevan a  discrepar respetuosamente de la decisión mayoritaria.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado  

Fecha ut supra.  

ACTA  100                          FECHA: 11 DE MARZO DE 2015   

OTRAS CONSTANCIAS  

En  la  Casación  43881,  el  doctor EYDER  PATIÑO CABRERA, salva el voto.   

En la Revisión 43152, la doctora MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ, aclara el voto.   

En la Extradición 42380, la doctora MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ, salva parcialmente el voto.   

En  la  discusión  y  aprobación  de  la  Casación  42012,  no  participa  el  doctor  EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER,  por  hallarse  incurso  en  la  causal  de impedimento prevista en el numeral 6° del  artículo  99  de  la Ley 600 de 2000, del Código de Procedimiento Penal.    

En  la  Casación  45441,  por  un  error  involuntario  no  se  colocó  en la entrefirma del doctor JOSÉ LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ,  que  salvaba  el  voto; no obstante que éste ha sido su criterio en  cuanto   a   la  declaratoria  de  prescripción  y  extinción  de  la  acción  civil.    

ACTA  100                          FECHA: 11 DE MARZO DE 2015   

En la discusión y aprobación de la Segunda  Instancia  43023,  no  participa  el doctor GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ, por  hallarse  incurso  en  la  causal  de impedimento prevista en el numeral 6° del  artículo  56  de  la Ley 906 de 2004, del Código de Procedimiento Penal.    

Se   declara   fundado   el   impedimento  manifestado  por  el  doctor GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ, para conocer de la  Segunda  Instancia  43023,  por  hallarse  incurso  en  la causal prevista en el  numeral   6°  del  artículo  56  de  la  Ley  906  de  2004,  del  Código  de  Procedimiento Penal.    

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    Sala    de    Casación  Penal   

    

1  Abogado.   

2 Folio  30 del cuaderno 1.   

3  Folios      88      a      90      Id.   

4  Folios  116  a  124,  241  a  245, 255 a 265, 271 a 275 y 281 a 284 Id.   

5  Folios 285 a 299 Id.   

6 Folio  343 del cuaderno 2.   

7  Folios      381      a      398     Id.   

8  Folios 504 a 524 Id.   

9 Folio  544 del cuaderno 2.   

10  Folio 725 del cuaderno 3.   

11  Folios 741 a 755 Id.   

12 El  a  quo  advirtió que así  debía responder por ser contratista.   

13  Folios 784 a 805 del cuaderno 3.   

14  Folio 1 del cuaderno de la Corte.   

15  Folio 4 Id.   

16  Folios 7 del libelo y 843 del cuaderno 3.   

17  Folios      8      y      844      Id.   

18  Id.   

19  Folios      10      y      846      Id.   

20  Folios 12 y 848 Id.   

21  Folios 16 y 852 Id.   

22  Folios 22 y 858 Id.   

23  Folios 23 y 859 Id.   

24 Sin  la modificación introducida por la Ley 1474 de 2011.   

25  Artículo   84   de   la   Ley  599  de  2000  y  83  del  Decreto  Ley  100  de  1980.   

26  Al  interviniente  que  no  teniendo  las  calidades  especiales  exigidas  en  el  tipo  penal  concurra  en  su  realización, se le  rebajará la pena en una cuarta parte.   

27  Artículo 206 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

28  Folio 12 del fallo de primera instancia.     

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