SP2639-2015(44221)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada Ponente  

SP2639-2015  

Radicación 44221  

(Aprobado Acta No. 100)  

Bogotá  D.C.,  marzo  once  (11) de dos mil  quince (2015).   

VISTOS  

Procede  la  Corporación  a  verificar  las  exigencias  de  argumentación  lógica  y suficiente en la sustentación de las  demandas  casacionales  presentadas  por  los  defensores  de  los procesados el  Subteniente  CARLOS ANDRÉS FORERO MEDINA, el    Cabo   MAURICIO   MONCADA   TORRES,  y    los    soldados    profesionales   ALEXANDER  RODRÍGUEZ  NIETO,  JHON  JAIRO ZAPATA ROJAS,  JEFFERSON  RODRÍGUEZ ORTÍZ, MIRTILIANO  RAMOS     SALDAÑA,     DIEGO     ARMANDO     REYES    MARTÍNEZ    y      VÍCTOR      ALFONSO     SANTOS  OSPINA,  todos  del  Ejército  Nacional,  contra  la  sentencia  proferida en segunda instancia por el Tribunal Superior de Cúcuta el  7  de  febrero  de 2014, a través de la cual confirmó respecto de los primeros  cuatro  –  junto  con  el  soldado   Robinson  Valenzuela  Gutiérrez  –  el fallo  dictado   por   el   Juzgado   Primero   Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  de  la  misma  ciudad el 13 de julio de 2013, por cuyo medio los  condenó  como  coautores  penalmente  responsables  del  concurso de delitos de  homicidio   agravado   en   Gerardo  Quintero  Jaimes  y  porte  ilegal  de  armas  de fuego, amén de que el  primero  también fue condenado como coautor del punible de falsedad ideológica  en  documento  público,  y  los  absolvió  por  el  delito  de  concierto para  delinquir agravado.   

          A  su  vez,  el  Tribunal  revocó  la  absolución proferida por el  a   quo  respecto  de  los  soldados JEFFERSON RODRÍGUEZ ORTÍZ, MIRTILIANO RAMOS  SALDAÑA,  DIEGO  ARMANDO REYES MARTÍNEZ y  VÍCTOR ALFONSO SANTOS OSPINA, para en su  lugar  condenarlos  como  coautores de los referidos delitos contra la vida y la  seguridad   pública;  oportunidad  en  la  cual  confirmó  la  absolución  de  RAMOS  SALDAÑA,  REYES  MARTÍNEZ,  RODRÍGUEZ  ORTIZ  y  SANTOS OSPINA por el punible de concierto para delinquir.   

HECHOS  

Aproximadamente a las 8:45 de la mañana del  7  de  junio de 2007, en la vereda La Estrella, perteneciente al municipio de El  Carmen  (Norte  se  Santander),  en  la vía que de Cúcuta conduce a Ocaña, se  realizó  la  diligencia  de inspección al cadáver del agricultor Gerardo  Quintero  Jaimes,  reportado como  miembro  del ELN, muerto en combate en la madrugada del mismo día, por parte de  miembros del Ejército Nacional.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  base en las diligencias adelantadas por  el  Inspector de Policía de El Carmen, la Fiscalía Seccional de Ocaña dispuso  la   correspondiente   indagación  preliminar  y  luego  de  practicar  algunas  diligencias  declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo vinculó  mediante  indagatoria  al  Subteniente  CARLOS ANDRÉS  FORERO     MEDINA,     al     Cabo     MAURICIO  MONCADA  TORRES, y a los soldados  profesionales    Robinson   Valenzuela   Gutiérrez,  ALEXANDER  RODRÍGUEZ  NIETO,  JHON JAIRO ZAPATA ROJAS,  JEFFERSON   RODRÍGUEZ   ORTÍZ,   MIRTILIANO   RAMOS  SALDAÑA,  DIEGO  ARMANDO REYES MARTÍNEZ y        VÍCTOR        ALFONSO       SANTOS       OSPINA.   

Una  vez  culminada  la fase instructiva, la  Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  el  26  de  enero  de  2011 con  resolución  de  acusación  en contra de aquellos, como presuntos coautores del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado, concierto para delinquir y porte  ilegal   de   armas,   acusando   adicionalmente   al  Subteniente  FORERO  MEDINA  por  el delito de falsedad  ideológica en documento público.   

Impugnada  la  acusación por la defensa, la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal de Cúcuta la confirmó 31 de  mayo de 2011.   

Una  vez  surtida  la  etapa  del juicio, el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito Especializado de Descongestión de Cúcuta  profirió  fallo  el  31  de  julio  de  2013,  mediante  el  cual  condenó  al  Subteniente  CARLOS  ANDRÉS FORERO MEDINA  a  la  pena  principal  de trescientos veinticuatro (324) meses de  prisión  y  a las accesorias de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  quince  (15)  años  y  privación  del  derecho a la  tenencia  y  porte  de  armas de fuego por el mismo lapso, como autor penalmente  responsable  del concurso de delitos de homicidio agravado, porte ilegal de arma  de fuego y falsedad ideológica en documento público.   

También condenó al  Cabo MAURICIO MONCADA TORRES,  y   a   los   soldados   profesionales   Robinson   Valenzuela   Gutiérrez,   ALEXANDER   RODRÍGUEZ   NIETO  y   JHON   JAIRO   ZAPATA  ROJAS  a  la  pena principal de trescientos doce (312)  meses  de  prisión  y  a las accesorias de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por veinte (20) años y privación del derecho a  la  tenencia  y porte de armas de fuego por quince (15) años, como coautores de  los  delitos  de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de  arma de fuego y los  absolvió por el delito de concierto para delinquir.   

En la misma decisión el juez absolvió a los  soldados  JEFFERSON RODRÍGUEZ ORTÍZ, MIRTILIANO RAMOS  SALDAÑA,  DIEGO  ARMANDO REYES MARTÍNEZ y  VÍCTOR  ALFONSO  SANTOS  OSPINA por los  delitos de homicidio agravado y porte ilegal de arma de fuego.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  Fiscalía  y  la  defensa  de los  condenados,  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta  la  confirmó  respecto de los  sancionados  en  primer  grado, al paso que revocó las absoluciones, para en su  lugar  condenar a los soldados profesionales RODRÍGUEZ  ORTÍZ,  RAMOS  SALDAÑA, REYES MARTÍNEZ y  SANTOS  OSPINA  a  la  pena principal de  trescientos  doce (312) meses de prisión, y a las accesorias de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por veinte (20) años y  privación  del  derecho  a  la tenencia y porte de armas por quince (15) años,  como  coautores  del concurso de delitos de homicidio agravado y porte ilegal de  arma  de  fuego,  pero  mantuvo  la  absolución por el delito de concierto para  delinquir.   

          Los   procesados   fueron   condenados   al  pago  solidario  de  la  indemnización  de  perjuicios,  y les fue negada tanto la condena de ejecución  condicional    como    la    prisión    domiciliaria    sustitutiva    de    la  intramural.   

          Contra     la     decisión    del    ad  quem  se  dirige  ahora  el  recurso extraordinario de  casación   interpuesto   por   los   defensores  del  Subteniente  CARLOS  ANDRÉS  FORERO  MEDINA,  el  Cabo  MAURICIO  MONCADA  TORRES, y  los  soldados profesionales ALEXANDER RODRÍGUEZ NIETO,  JHON     JAIRO     ZAPATA     ROJAS,    JEFFERSON   RODRÍGUEZ  ORTÍZ,  MIRTILIANO  RAMOS  SALDAÑA,  DIEGO  ARMANDO  REYES  MARTÍNEZ  y  VÍCTOR  ALFONSO  SANTOS  OSPINA, quienes allegaron las  respectivas demandas, cuya admisibilidad se dilucida en este auto.   

LOS LIBELOS  

          1.        Demanda  presentada  a  nombre  de  CARLOS  ANDRÉS     FORERO     MEDINA     y    MAURICIO MONCADA TORRES   

          El  defensor  postula dos reproches, los cuales propone y desarrolla  en los siguientes términos.   

1.1.          Primer  reparo: Violación indirecta por  error de hecho   

Con  base en la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  reglada  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, el  recurrente  advera  que  los  falladores  apreciaron  indebidamente  las pruebas  trasgrediendo  los  postulados  de  la lógica por falso raciocinio, en especial  “la  ley  de  razón suficiente que informa que nada  existe   sin   razón  suficiente”  respecto  de  lo  expuesto  por el procesado Néstor Guillermo Gutiérrez  Salazar   –    quien   se   acogió   a   sentencia   anticipada   –    pues   se   retractó   de   las  incriminaciones  inicialmente  realizadas  que “buena  parte  niega  la falta de conocimiento y voluntad que tenía el procesado en los  hechos aquí investigados”.   

          Deplora  que  se  hayan  desestimadas  las  razones expuestas por el  referido  testigo  para  retractarse  y  transcribe  in  extenso   las  consideraciones  judiciales  sobre  el  particular;  igualmente  trae  a colación lo relatado por el mismo declarante y  advera    que    Gutiérrez   Salazar   se  retractó producto del arrepentimiento y el cargo de conciencia,  razones  suficientes  para  decir  la verdad, pues inicialmente señaló a mucho  militares en procura de conseguir beneficios por colaboración.   

Destaca que en la ampliación de indagatoria  de  Néstor Gutiérrez rendida  el  7  de  agosto de 2009 no fue juramentado al declarar contra otros militares,  sin  que  ello  quite  valía a su dicho “pero si los  principios  de  la  lógica  nos han venido insistiendo que la existencia de ese  juramento,  con  las  conminaciones  a  consecuencia  de  la  falta a la verdad,  también   son  razones  suficientemente  poderosas  para  motivar  a  decir  la  verdad”,  pero  lo  cierto es que cuando compareció  como testigo y ratificó su retractación, fue juramentado.   

          Considera  que  si se hubiera apreciado cabalmente la citada prueba,  el  sentido  del  fallo  sería  diverso,  pues Gerardo  Quintero  perdió  la vida por disparos efectuados por  miembros  de  la  Brigada  Móvil  No. 15 al mando del Cabo Segundo Néstor  Guillermo  Gutiérrez, el cual ha  expresado   que   CARLOS  ANDRÉS  FORERO   no   participó   directa  ni  indirectamente  en  la  muerte  de  aquél.   

          De  otra  parte descalifica la narración de la testigo María   Eugenia   Mejía  en  cuanto  no  precisó  en  su  intervención  por  qué  tenía  conocimiento  que  todos los  procesados  sabían  del irregular procedimiento que se adelantó y culminó con  la  vida  de  una  persona,  máxime  si  ella  misma  declaró que lo expresado  obedeció  a  amenazas  contra  su  vida  y  la  de  su futuro hijo por parte de  Gutiérrez             Salazar.   

          Asevera   que   el   Subteniente   FORERO  MEDINA  tenía  funciones  muy  limitadas,  en  cuanto  únicamente  era  instrumento de sus superiores, y añade que el informe de baja  en   combate  corresponde  a  la  retrasmisión  del  rendido  por  Néstor  Gutiérrez  Salazar,  dentro  del  conducto  regular establecido en la Ley 836 de 2003, y precisa que la Compañía  Esparta    al    mando    del    Subteniente   FORERO  MEDINA hacía parte de la Brigada Móvil 15, integrada  por  varios batallones de contraguerrillas, entre ellos el No. 98 a órdenes del  Mayor   Teherán,  del  cual  hacía  parte  la Compañía Esparta al mando de CARLOS  ANDRÉS  FORERO, con dos pelotones: Esparta 1 liderada  por  Ríos Marín y de la cual  hacía   parte   FORERO,  y  Esparta  2 conducida por Gutiérrez Salazar, que desarrolló la misión táctica jilguero 2.   

          De   lo   anterior   concluye   el   casacionista  que  su  asistido  FORERO  MEDINA  no puede ser  cuestionado  sobre  la  falsedad  de  la  orden  fragmentaria  misión  táctica  jilguero  2,  máxime  si  tampoco tenía posición de garante, pues al no saber  del irregular proceder no estaba llamado a conjurarlo.   

          Y  plantea  que las primeras sindicaciones que realizó Néstor   Guillermo   Gutiérrez   Salazar  respecto   de   CARLOS   ANDRÉS   FORERO  tenían  como  propósito  obtener  beneficios para él, pero debe  resaltarse  que  después sí dijo la verdad con sus retractaciones desestimadas  por  los  falladores, que al ser debidamente apreciadas imponen una sentencia de  absolución.   

1.2.          Segunda censura: Violación indirecta por  error de hecho   

          Advera     el    recurrente    que    su    asistido    MAURICIO  MONCADA TORRES se retractó en la  audiencia  pública,  y  además puso de presente la insuperable coacción ajena  que  sobre  él  ejercía  Néstor Guillermo Gutiérrez  Salazar  “de tal suerte que  de  haber  tenido  en  cuenta  de  manera  objetiva  lo  inserto  en  este medio  probatorio,  contraria  hubiera  sido  su  inferencia  y  el  mérito persuasivo  otorgado,  reconociendo  con ello la falta de conocimiento y voluntad que tenía  el  procesado  en  los hechos aquí cuestionados, al igual que de la insuperable  coacción   ajena  que  venía  siendo  víctima,  error  que  obedece  a  FALSO  RACIOCINIO,   desconociendo  los  postulados  de  la  sana  crítica”.   

          Señala  como  violados los artículos 232, 233, 238 y 277 de la Ley  600 de 2000.   

          En  la  demostración  del  yerro  trascribe apartes del fallo en el  cual  se  cita  lo  inicialmente  expuesto en su injurada por parte MONCADA  TORRES,  así  como  su  ulterior  retractación  y  las  amenazas de las cuales dijo ser víctima; igualmente cita  fragmentos   de  lo  expuesto  por  Néstor  Guillermo  Gutiérrez  Salazar,  para  concluir que el último de  los  nombrados  señaló  a su procurado en busca de beneficios punitivos porque  se   sometería   a   sentencia   anticipada,   de   modo   que  “existe   una   regla   lógica   de  no  retractación,  sin  razón  suficiente”,  pues al mediar amenazas contra la vida  y  la integridad personales los individuos amañan las declaraciones al interior  del    proceso    y   cuando   desaparecen   tales   circunstancias   dicen   la  verdad.   

          Indica   que   igual   ocurre   con   lo   dicho   por  Gutiérrez  Salazar,  pues “el  arrepentimiento  y  el  cargo  de conciencia son suficientemente  poderosas  (sic) para motivar  a decir la verdad”.   

          Reitera  que  en  la  ampliación  de  indagatoria  de  Guillermo   Gutiérrez  rendida  el  7  de  agosto  de 2009 no fue juramentado, omisión que no le resta valía a la prueba,  pero   es   claro  que  conforme  a  la  lógica  si  se  hubiese  realizado  la  correspondiente    amonestación,    se    habría    motivado    a   decir   la  verdad.   

          Colige  de  lo  expuesto que la víctima murió como consecuencia de  disparos  realizados  por  miembros  del  pelotón  Esparta 2, al mando del Cabo  Segundo      Néstor      Guillermo     Gutiérrez  Salazar,  con  la  aquiescencia  del  Teniente Coronel  Jesús   Rincón   Amado,  encargado de elaborar las órdenes de operaciones.   

          Nuevamente  refiere  que  la testigo María  Eugenia    Mejía   quería   la   declaración   de  responsabilidad  de  todos  los  procesados en este asunto y por ello expuso que  sabían  de  los  hechos  acaecidos,  sin  contar  con  soporte,  máxime si fue  condenada como cómplice del delito objeto de investigación.   

          A  partir  de  lo  anterior,  el  censor  reclama  para MAURICIO  MONCADA  TORRES la casación del  fallo recurrido.   

2.              Libelo   presentado   a   nombre   de  ALEXANDER   RODRÍGUEZ   NIETO,  JHON  JAIRO  ZAPATA  ROJAS,  JEFFERSON RODRÍGUEZ  ORTÍZ,  MIRTILIANO  RAMOS  SALDAÑA, DIEGO ARMANDO REYES MARTÍNEZ y      VÍCTOR     ALFONSO     SANTOS  OSPINA   

2.1.              Respecto     de     ALEXANDER  RODRÍGUEZ  NIETO y  JHON  JAIRO  ZAPATA  ROJAS la recurrente  formula    dos   censuras   que   postula   y   desarrolla   de   la   siguiente  manera.   

          2.1.1.                     Primer  reparo:  Violación  indirecta de la ley  sustancial por error de hecho producto de falso raciocinio   

          La  defensora  señala  que  a  partir  de  lo declarado por el Cabo  Néstor   Guillermo   Gutiérrez  Salazar  y  lo  dicho  por  sus  asistidos en las indagatorias, el Tribunal  infirió     erróneamente     que    RODRÍGUEZ      NIETO     y     ZAPATA     ROJAS     “fueron  los  que  idearon  el  supuesto  escenario  de  combate  donde  se  le  dio  muerte  al  señor  Quintero Jaimes,  justificando   su   actuar  mediante  documentos  en  los  cuales  ocultaron  la  verdad”.   

          Recalca  que  dicha  inferencia  se  aparta de las reglas de la sana  crítica,  las  reglas de la experiencia y el sentido común, pues no es posible  que  sus patrocinados, simples soldados, hayan sido quienes idearon el escenario  de     combate,     cuando     Néstor    Guillermo  Gutiérrez  ha  sido  claro al exponer que únicamente  él  disparó,  amén  de que por su poder de mando era quien podía imponer sus  órdenes  a  los  subordinados, de modo que los soldados eran meros instrumentos  para encubrir sus hechos y fechorías.   

Añade       que      Gutiérrez  se  retractó de sus iniciales  señalamientos  y  por  ello  sus asistidos no pueden ser condenados con base en  que  aparecen  relacionados  en  el  informe  de  patrullaje,  sin  que tuvieran  conocimiento  de  lo que en verdad estaba ocurriendo, es decir, no sabían de la  muerte      de      Quintero     Jaimes.   

          Puntualiza  que los falladores no tuvieron en cuenta que el estatuto  penal   colombiano   corresponde   a   un   derecho   penal   de   acto,  no  de  autor.   

          Afirma  que  si  bien sus procurados en las indagatorias dijeron que  la  víctima  murió  en  un  combate,  de  ello no puede concluirse que tenían  conocimiento  del  homicidio  perpetrado,  y  pueden estar incursos en el delito  autónomo de encubrimiento.   

          Considera   quebrantado   el   principio   de  culpabilidad  de  sus  asistidos,  así  como el principio de legalidad, derecho penal de acto y debido  proceso.   

Sin  hacer  explícita  su  pretensión,  la  defensora asevera que el cargo planteado está llamado a prosperar.   

2.1.2.          Segundo  reproche  (subsidiario):  Falso  juicio de existencia por omisión de pruebas   

          Plantea  la  recurrente que no se tuvo en cuenta lo declarado por el  Cabo    Néstor   Guillermo   Gutiérrez,  toda  vez  que  reconoció ser el autor del homicidio, máxime si  andaba  solo  y  utilizaba  a la tropa para cubrir sus ilegales procederes, pero  sin    que    se   comprometa   la   responsabilidad   penal   de   ZAPATA    ROJAS    o   de   RODRÍGUEZ  NIETO,  pues al momento de los  hechos      se      encontraba      con      los      soldados      Valenzuela       y       Ruiz,   lo  cual  es  ratificado  por  la  declarante    María   Eugenia   Ballena.   

          Expone  que  hay  presencia  de  una  duda  razonable que debió ser  resuelta  en  favor  de  sus  representados,  pues  no se probó que sabían con  anterioridad    de    la   ejecución   de   Quintero  Jaimes,  y  tanto  menos participaron en ella, todo lo  cual impone su absolución.   

2.2.            Con    relación    a   MIRTILIANO  RAMOS SALDAÑA, DIEGO ARMANDO REYES MARTÍNEZ, JEFFERSON  RODRÍGUEZ  ORTIZ  y VÍCTOR  ALONSO  SANTOS  OSPINA,  la  casacionista  propone dos  cargos, que formula y desarrolla en los siguientes términos.   

          2.2.1.                     Primera  censura: Violación indirecta de la ley  sustancial por error de hecho producto de falso raciocinio   

          Inicialmente  señala  la censora que el Tribunal sustentó el fallo  de  condena  en  las  indagatorias  de  los  mencionados  procesados,  en cuanto  “supuestamente”  admitieron    haber   dado   de   baja   a   Quintero  Jaimes,  y  que se encontraban en el equipo de combate  cuando  tuvo  lugar  el  enfrentamiento,  salvo  SANTOS  OSPINA;  participación  confirmada  por  la  señora  María  del  Carmen  Ascanio,  quien  da  cuenta  de 8 soldados frente a su casa junto con la víctima, lo cual  es    corroborado    por    el    Cabo    Gutiérrez  Salazar  al relatar los hechos, pese a que no menciona  específicamente  a  los  acusados,  pero  informa  sobre  el falso combate y la  apariencia  de  resultado  positivo  que  dieron  a  la  muerte  de Gerardo Quintero.   

          Precisa:  “La  defensa  no  comparte  la  inferencia   razonable   realizada   por   el   ad  quem,  como  son   (sic)   el   haberse   utilizado   las  indagatorias  como  medios de prueba para hallar la razón que mis representados  MIRTILIANO   RAMOS,   RODRÍGUEZ   ORTIZ,   SANTOS  OSPINA  y  REYES  MARTÍNEZ,  participaron  en  la  ejecución  de  los  hechos  y  luego  de ahí concluir su  responsabilidad  penal,  por la sencilla razón de haber aceptado en sus dichos,  el  haber  tomado  parte de la operación militar Jilguero II, cuando las reglas  de   la   lógica   nos   enseña  (sic)  que  éstas fueron rendidas después de lo sucedido, lo que no tiene  sentido  común  que  de  ahí  se  pueda pensar que ellos tuvieron conocimiento  previo  a  los  hechos  del  7  de  junio  de 2007, esto es, que el Cabo Néstor  Guillermo  Gutiérrez  Salazar fuera a darle muerte a Quintero Jaimes en la vía  que  conduce  del  Carmen   al municipio de Ocaña, por no haber contado en  sus indagatorias la verdad”.   

Añade:  “No  es  posible  deducirse  (sic)  de  las  indagatorias,  al  no  decirse  la  verdad  en  las declaraciones dadas, la  premisa  de  haberse  acordado con el Cabo Néstor Guillermo Gutiérrez Salazar,  la  ejecución  de  Quintero  Jaimes, como tampoco el conocimiento previo que el  Cabo  Gutiérrez  Salazar iba a cometer un falso positivo, cuando la realidad de  los  acontecimientos  nos  demuestra  otra  cosa  muy  distinta,  ya que el Cabo  Gutiérrez   Salazar   ejecuta   el   hecho   sin  concertar  o  contar  con  el  consentimiento  previo  de  la  tropa,  ya  que  se  cae  de  la  lógica que el  comandante,  para poder obrar, hubiese tenido que hacerlo con la aquiescencia de  su  soldados  que  se  encontraban  bajo  su  mando, cuando ellos son sólo unos  subordinados”.   

          Concluye  que  sus  patrocinados  no  son responsables del delito de  homicidio     agravado,    sino    a    lo    sumo    de    encubrimiento    por  favorecimiento.   

          Considera   que   hay   contradicciones   entre   lo   relatado  por  María  del  Carmen  Ascanio,  pues  dijo haber visto a la víctima con los soldados fuera de su casa, mientras  que  María  Eugenia  Ballena  manifestó     que    Quintero    Jaimes  fue  arrebatado  en el Arco del Puente cuando el Cabo Gutiérrez  salió  por detrás y lo tomó  por  el  cuello,  todo lo cual comporta una duda razonable que debe ser resuelta  en favor de los soldados acusados.   

          Sugiere      que      posiblemente      el     Cabo     Gutiérrez “los  haya  inducido  en  error,  haciéndoles  creer  que  si era una baja en combate  dentro  de  los  parámetros  de  la  Constitución  y  la  ley,  que fue lo que  realmente y en últimas aconteció”.   

          Con  base  en  lo  expuesto,  la  defensora  solicita  a la Sala dar  aplicación  al artículo 7º de la Ley 600 de 2000, en el sentido de absolver a  sus  representados  en  aplicación  del  principio  in  dubio pro reo.   

2.2.2.          Segundo reproche: Violación indirecta de  la   ley   sustancial   por   falso   juicio   de  existencia  por  omisión  de  pruebas   

Luego de transcribir los artículos 7º, 234,  238  y  277  de la Ley 600 de 2000, así como apartes de la declaración rendida  por    el    Cabo    Gutiérrez   Salazar  en  el  juicio,  en la cual aseveró que los soldados SANTOS       OSPINA,      REYES  MARTÍNEZ y  JEFFERSON  RODRÍGUEZ no se encontraban con él cuando  recogió  a  Gerardo Quintero,  y  que  además no sabían que se le daría muerte, como en efecto ocurrió pues  él      le      disparó      y      luego      el     Soldado     Valenzuela, considera la recurrente que el  Tribunal  no  valoró  dicha  declaración, pues si hubiera procedido a ello, no  habría  condenado  a MIRTILIANO RAMOS SALDAÑA, DIEGO  ARMANDO    REYES    MARTÍNEZ,    JEFFERSON    RODRÍGUEZ   ORTIZ   y VÍCTOR ALONSO SANTOS OSPINA.   

          A  partir de lo anterior, solicita a la Corte casar el fallo atacado  y dictar el que en derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene sentado la Colegiatura que en el examen  de  los  libelos  casacionales  corresponde a su órbita funcional constatar que  los  recurrentes  formulen  los  reparos  de  conformidad  con las exigencias de  crítica  lógica  y  suficiente  argumentación  definidas  por el legislador y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  con  el  propósito  de evitar que esta  impugnación  se  convierta  en una instancia adicional a las ordinarias. Dichos  requisitos  pretenden  conseguir  demandas  presentadas  dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y sustentación de los cargos  propuestos,  de  manera  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  pues  no  corresponde  a la Sala en su función constitucional y legal develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en esta sede.   

Adicionalmente, conforme a la preceptiva del  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000,  “si  el  demandante  carece  de interés o la demanda no reúne  los  requisitos  se  inadmitirá” (subrayas fuera de  texto).   

          Una   vez   advertido   lo   anterior,  procede  la  Corporación  a  pronunciarse  sobre  la  admisibilidad  de  los  reproches  planteados  por  los  recurrentes, así:   

1.             Demanda   presentada   a   nombre   de  CARLOS    ANDRÉS    FORERO   MEDINA   y MAURICIO MONCADA TORRES   

En punto del primer  reparo encuentra la Sala que como el recurrente invoca  la  violación  indirecta de la ley sustancial proveniente de error de hecho por  falso  raciocinio,  es  oportuno  rememorar que tal yerro tiene lugar cuando las  pruebas  son  tenidas  en  cuenta,  pero  en  su  valoración  los  funcionarios  quebrantan  las  reglas  de  la  sana  crítica,  esto  es, los principios de la  lógica,  las  leyes  de la ciencia y las máximas de la experiencia, caso en el  cual  es  deber  del  recurrente  expresar  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió  de  él  en  la sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo   a   la  par  indicar  su    consideración    correcta, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del yerro expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que su enmienda da lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable  a  los  intereses  de su representado, actividad que en este asunto no acometió  el actor.   

Por  el  contrario,  procedió a plantear su  parecer,  como  cuando  señala  que  fueron  vulnerados  los  postulados  de la  lógica,  en  especial  “la ley de razón suficiente  que  informa  que  nada existe sin razón suficiente”  respecto  de  lo  expuesto  por  el  procesado  Néstor  Guillermo   Gutiérrez    Salazar   –  quien   se   acogió   a     sentencia    anticipada   –  pues  se  retractó de las incriminaciones inicialmente realizadas  que  “buena  parte  niega la falta de conocimiento y  voluntad  que  tenía  el procesado en los hechos aquí investigados”.   

          Como  viene  de verse, es claro que el defensor alude a un principio  de  la lógica, pero no lo articula cabalmente con el cargo propuesto, y lo más  importante,  no  explica  de  qué  manera,  dicha falencia conduce a tener como  verdadera    la    retractación    de    Gutiérrez  Salazar  y  desechar  sus  iniciales  incriminaciones  claras  contra  FORERO MEDINA  como  coautor  del  homicidio,  en  cuanto refiere que recibió una pistola 9 mm  remitida  desde  Ocaña que a la postre le fue colocada al cadáver para simular  el  ataque  al  Ejército,  y  coordinó los momentos previos y posteriores a la  muerte      de     Gerardo     Quintero.   

Aunque    señala    que    Gutiérrez  Salazar  se  retractó  en  el  juicio  dado  su  “arrepentimiento  y  el  cargo  de  conciencia”,  motivo  por  el  cual  dijo la verdad,  encuentra  la  Corte  que  tal  planteamiento  no  pasa  de  ser  la  personal e  interesada  percepción  que  de  los  sucesos tiene el casacionista, sin que se  ubique  dentro  de  las reglas para postular y desarrollar el error de hecho por  falso raciocinio que inicialmente adujo.   

De otra parte se tiene que en forma confusa e  inconsistente,  el  demandante  advera  que  en la ampliación de indagatoria de  Néstor Gutiérrez rendida el  7  de  agosto de 2009 no fue juramentado al declarar contra otros militares, sin  que  ello  quite  valía  a  su  dicho  “pero si los  principios  de  la  lógica  nos han venido insistiendo que la existencia de ese  juramento,  con  las  conminaciones  a  consecuencia  de  la  falta a la verdad,  también   son  razones  suficientemente  poderosas  para  motivar  a  decir  la  verdad”;  sin tener en cuenta que cuando compareció  como  testigo  y  ratificó  su  retractación, fue juramentado; exposición que  además  de  confusa  y  contradictoria,  tampoco  corresponde  a una alegación  propia del falso raciocinio invocado.   

          En  efecto,  si como es reconocido por el mismo recurrente, lo dicho  por  el  Cabo  Gutiérrez no  puede  ser  desestimado  por  el  simple  hecho  de  que  no fue juramentado, no  manifiesta  ni  la  Sala  establece,  de  qué  manera  tal  formalidad  resulta  trascendente  para dar sentido de verdad a las retractaciones que ofreció en la  fase  del  juicio,  máxime  si  el ad quem  señaló  sobre  el  particular que “al  valorar  el contenido de su retractación, emerge con claridad, la intención de  tratar  de  salvar  a  los  procesados  de  las consecuencias a las que estos se  exponían       en       caso       de      resultar      condenados”.   

         Ahora,  en  punto de la crítica que emprende contra lo expuesto por  la   declarante   María  Eugenia  Mejía,  sin esfuerzo se constata que no invoca una especie de yerro en su  apreciación  por  parte  de  los  falladores  (falso juicio de identidad, falso  juicio  de  existencia,  falso  raciocinio,  falso  juicio  de legalidad o falso  juicio  de  convicción), de manera que se sustrae, sin más, al cumplimiento de  las  exigencias  propias  de  esta  impugnación  de  índole extraordinaria, no  dispuesta   para   que   los  recurrentes  se  explayen  en  sus  comentarios  y  observaciones,  sino  para  que denuncien fallas en la aplicación de la ley, la  apreciación   de   las   pruebas   o   la   guarda   de   la   legitimidad  del  diligenciamiento.   

          Iguales  consideraciones  a  las  precedentes  pueden efectuarse con  relación  al  análisis  que  el defensor emprende acerca del organigrama de la  Brigada  Móvil  15, en cuanto una vez más omite señalar cuál fue el error de  los falladores sobre tal aspecto.   

          Como  finalmente  el  censor  plantea que las primeras sindicaciones  que    realizó    Néstor    Guillermo   Gutiérrez  Salazar  respecto  de  CARLOS  ANDRÉS   FORERO   tenían  como  propósito  obtener  beneficios   para  él,  encuentra  la  Corte  que,  tal  como  lo  señaló  el  ad quem, no explica a cuáles  beneficios  se  refiere,  pues  es  claro  que si aquél se sometió a sentencia  anticipada, ello no le imponía culpar a sus compañeros.   

          Las   razones   expuestas   son   suficientes   para   inadmitir  el  reparo.   

Respecto     de     la    segunda   censura,   en   forma  palmaria  constata  la Sala que en la formulación y desarrollo de este cargo, el defensor  no  hace  esfuerzo  alguno  por  desarrollar  la  especie  de  yerro que postula  conforme a las exigencias propias de este recurso extraordinario.   

Así pues, si bien alude a un error de hecho  por  falso  raciocinio, no procede a explicar si se violó un principio lógico,  una  ley  científica  o  una  máxima de la experiencia, omisión que le impide  indicar  de  qué  manera  la  incorrección  debe  corregirse  con  la correcta  aplicación  del  principio,  la  ley  o la máxima pertinente, de manera que la  argumentación  resulta  deshilvanada,  en cuanto plantea una supuesta coacción  insuperable  ajena  de  Néstor  Guillermo  Gutiérrez  Salazar sobre su representado  MAURICIO  MONCADA,  pero  no  atina a explicar en qué  consistió,  cuál  fue  su  entidad,  y  lo  más importante, de qué manera se  prolongó  en  el  tiempo  como  para  haberle  impedido efectuar a lo largo del  proceso un relato acorde con la realidad.   

Aunque  el  defensor  aduce que Néstor   Guillermo   Gutiérrez   Salazar  señaló  a su procurado en busca de beneficios punitivos porque se sometería a  sentencia  anticipada,  impera  destacar  una  vez  más,  que no explica a qué  beneficios  se  refiere,  pues  es  sabido  que  el fallo antelado no precisa de  delatar a los demás coautores o partícipes.   

Encuentra  la  Corte  que  no  es  claro  el  libelista  al  decir que “existe una regla lógica de  no    retractación,    sin   razón   suficiente”,  planteamiento  que  resulta  ayuno  de  acreditación  y  no se compadece con la  seriedad de este recurso.   

Como  al  igual  que  lo hiciera respecto de  CARLOS   ANDRÉS   FORERO,  plantea    que    el    Cabo   Gutiérrez   dijo   la   verdad   en   su  retractación  por  “el    arrepentimiento   y   el   cargo   de   conciencia”,  impera  señalar  que  tal aseveración corresponde al parecer  del  recurrente,  pero  no encuentra cabida en el marco del falso raciocinio que  postuló.   

          Tampoco  es  claro  el planteamiento del censor cuando expone que si  en   la   ampliación   de  indagatoria  de  Guillermo  Gutiérrez rendida el 7 de agosto de 2009 hubiera sido  juramentado,  conforme  a  la  lógica  se  habría  motivado a decir la verdad.  Advierte  la Colegiatura que tal aserto es una especulación del recurrente, por  demás   indemostrada   e   insuficiente   para  derruir  el  fallo  de  condena  atacado.   

          Como  también  alude  a la apreciación del relato de la declarante  María  Eugenia  Mejía,  es  oportuno  reiterar que en tal caso debía señalar si el testimonio fue omitido,  supuesto,  adicionado, cercenado, tergiversado, o ponderado con quebranto de las  reglas de la sana crítica, proceder que no acometió.   

Para terminar constata la Colegiatura que de  manera  impropia cita como normas sustanciales violadas los artículos 232, 233,  238  y  277  de  la  Ley  600  de 2000, sin percatarse que tales cánones no son  sustantivos  sino  adjetivos, olvidando la exigencia señalada en el numeral 1º  del  artículo  207 del referido estatuto procesal, en el sentido de precisar la  norma    sustancial    quebrantada,   circunstancia   que   pone   de   presente  inconsistencias y omisiones en el desarrollo del reproche.   

Las  mencionadas  falencias  imposibilitan a la Sala acometer el estudio del libelo, pues si éste  no  corresponde  a un alegato de libre confección, su presentación con base en  meros  enunciados  confusos e inexplicados y sin atenerse a alguna de las reglas  lógicas  y  argumentativas  que  lo  gobiernan,  obliga  a  la  Corporación  a  inadmitir  la  demanda  de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 213  de  la  Ley  600  de  2000, pues en  virtud   del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,  la  Corte  no  se encuentra facultada para enmendar tales  equívocos.   

2.              Libelo   presentado   a   nombre   de  ALEXANDER   RODRÍGUEZ   NIETO,  JHON  JAIRO  ZAPATA  ROJAS,  JEFFERSON RODRÍGUEZ  ORTÍZ,  MIRTILIANO  RAMOS  SALDAÑA, DIEGO ARMANDO REYES MARTÍNEZ y      VÍCTOR     ALFONSO     SANTOS  OSPINA   

2.1.              Respecto     de     ALEXANDER  RODRÍGUEZ  NIETO y JHON JAIRO ZAPATA ROJAS   

          En     cuanto     atañe    al    primer  reparo  referido a que se violó indirectamente la ley  sustancial  por  falso  raciocinio, observa la Sala que al igual que el anterior  impugnante,  incurre  en  el  equívoco  de señalar el yerro, pero no procede a  desarrollarlo.  En  efecto,  si  bien  anota que a partir de lo declarado por el  Cabo  Néstor Guillermo Gutiérrez Salazar  y  lo  dicho  por  sus  asistidos en las indagatorias, el Tribunal  infirió      erróneamente      que     RODRÍGUEZ  NIETO     y     ZAPATA  ROJAS   “fueron  los  que  idearon  el  supuesto  escenario  de  combate  donde  se le dio muerte al señor  Quintero  Jaimes,  justificando  su  actuar  mediante  documentos  en los cuales  ocultaron  la  verdad”, no atina a identificar cuál  fue  la  “regla  de  la  experiencia  y  el  sentido  común”.   

Es incuestionable que no basta aducir que sus  patrocinados  eran  simples  soldados,  y  que  por  ello  no  pudieron idear el  escenario   de   combate,   y   tampoco   es   suficiente  alegar  que  toda  la  responsabilidad  del  homicidio  investigado recae única y exclusivamente en el  Cabo    Néstor   Guillermo   Gutiérrez  por  haber  sido quien disparó a Gerardo  Quintero.   

Tampoco  explica  a partir de qué postulado  científico,  principio  lógico o máxima de la experiencia puede colegirse que  los   soldados   profesionales   eran   meros   instrumentos   de   Gutiérrez  para  encubrir  sus  hechos  y  fechorías.   

No  brinda  argumentación sólida alguna en  punto  de  asumir  que  sus  asistidos  no  tenían conocimiento de la muerte de  Quintero Jaimes.   

          Sin  dificultad  encuentra la Colegiatura que la defensa denuncia el  quebranto  de  las  reglas  de  experiencia,  sin tener en cuenta que tienen una  entidad   definida  y  no  corresponden  a  simples  percepciones  personales  y  caprichosas de quien demanda en casación.   

Al  respecto  ha  dicho la Sala (CSJ. SP, 28  sep. 2006. Rad. 19888):   

“Las reglas de la  experiencia  se  configuran a través de la observación e identificación de un  proceder  generalizado  y  repetitivo  frente  a  circunstancias similares en un  contexto    temporo   –  espacial  determinado. Por ello, tienen pretensiones de universalidad, que sólo  se  exceptúan  frente  a  condiciones especiales que introduzcan cambios en sus  variables  con  virtud  para  desencadenar respuestas diversas a las normalmente  esperadas y predecibles.   

“Así las cosas,  las   reglas   de   la   experiencia   corresponden  al  postulado  ‘siempre o casi siempre que se presenta  A,  entonces,  sucede  B’,  motivo   por  el  cual  permiten  efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los  primeros,  referidos a predecir el acontecer que sobrevendrá a la ocurrencia de  una   causa  específica  (prospección)  y  los  segundos,  predicables  de  la  posibilidad  de  establecer  a  partir  de la observación de un suceso final su  causa eficiente (retrospección)”.   

          Conforme  a  lo anterior, se advierte que la casacionista procede de  manera  impropia a cuestionar el testimonio de cargo y a aludir genéricamente y  sin   identificarlas   a  supuestas  “reglas  de  la  experiencia”  o  del sentido común, pero no explica  por  qué  sus  postulados  tienen  tal  condición,  y  de  qué  manera fueron  quebrantados  en  forma trascendente en el fallo atacado, circunstancia a partir  de  la  cual  se  establece  que  su  escrito  no  guarda  el debido rigor en la  proposición   y   desenvolvimiento   del   reparo,  quedándose  en  la  simple  exposición  de  su  percepción personalísima sobre el asunto, sin identificar  los  pilares  de la sentencia y encaminar su esfuerzo argumentativo demostrativo  a  derruirlos,  desentendiéndose  de la dual presunción de acierto y legalidad  de la cual se encuentra revestido el fallo.   

          Las   consideraciones   precedentes   bastan   para   inadmitir   la  censura.   

Acerca  del segundo  reproche,  en  el  cual  se plantea un falso juicio de  existencia  por  omisión  de  pruebas,  impera  recordar que tal yerro acontece  cuando  pese a estar la prueba en el diligenciamiento es totalmente marginada en  la  apreciación  judicial,  caso  en  el  cual  debe  el  demandante indicar el  elemento   probatorio   omitido,   cuál   es   la   información  objetivamente  suministrada,  el  mérito  demostrativo  al  que  se  hace  acreedor y cómo su  estimación   conjunta   con  el  resto  de  pruebas  conduce  a  trastocar  las  conclusiones      de      la      sentencia      impugnada     (principio     de  trascendencia).   

          En  el  caso de la especie se constata que la defensa se sustrae por  completo  de  la  realidad  procesal,  en  evidente  quebranto  del principio de  corrección   material,   toda   vez  que  el  fallo  de  condena  se  sustentó  precisamente  en  lo  expuesto  por  el  Cabo  Néstor  Guillermo  Gutiérrez  Salazar.  Asunto diverso es que  los  falladores  hayan considerado de mayor credibilidad y confiabilidad algunas  intervenciones  de  aquél,  en  tanto  que  la recurrente pretende dar especial  valía  a  otros fragmentos, proceder inadmisible en este recurso extraordinario  dada  la  dual  presunción de acierto y de legalidad del fallo, amén de que el  cercenamiento  de  apartes  de  las pruebas no corresponde al error de hecho por  falso   juicio   de   existencia   por   omisión,   sino  al  falso  juicio  de  identidad.   

          Como   también  la  casacionista  denuncia  la  presencia  de  duda  razonable  que  debió ser resuelta en favor de sus representados, olvida que la  aplicación  del principio in dubio pro reo  no  corresponde  a  un  instrumento de impunidad, sino a un axioma  acuñado  para  evitar  la  injusta condena de aquél a quien no ha sido posible  probar  con  suficiencia  y  certeza  racional  la  existencia  del  delito y el  compromiso   de   su   responsabilidad   penal,   no  así  cuando  se  proponen  planteamientos   imprecisos  en  los  que  no  se  identifica,  ni  se  acredita  concretamente, en qué consiste la incertidumbre adverada.   

El reparo debe ser inadmitido.  

2.2.            Con    relación    a   MIRTILIANO  RAMOS SALDAÑA, DIEGO ARMANDO REYES MARTÍNEZ, JEFFERSON  RODRÍGUEZ  ORTIZ  y VÍCTOR  ALONSO SANTOS OSPINA   

          Como  en  la  primera  censura  se  plantea  la violación indirecta de la ley sustancial por  error  de hecho producto de falso raciocinio, pese a que ya fue expuesto en este  proveído,  es  pertinente  reiterar  que  en la acreditación de dicho yerro es  imprescindible  identificar  la  ley  científica,  el  principio  lógico  o la  máxima  de la experiencia indebidamente aplicada, para acto seguido proponer su  correcta  hermenéutica,  además de demostrar de qué manera ello se traduce en  un  cambio  sustancial  del  sentido  del  fallo  en  todo  caso favorable a los  intereses de quien lo alega.   

En el acápite del libelo ahora examinado en  punto  de  su  admisibilidad observa la Corte que la defensa no atina a proceder  de  la  mera indicada, pues simple y llanamente plasma su parecer sobre lo dicho  por    el    Cabo    Gutiérrez   Salazar   y   la   señora   María  del  Carmen  Ascanio,  pero  no realiza esfuerzo alguno orientado a  destacar por qué se violaron las reglas de la sana crítica.   

          Se  advierte  que  en  forma  confusa  únicamente  expone  sobre el  particular  que “La defensa no comparte la inferencia  razonable  realizada  por  el  ad  quem, como son (sic)  el  haberse  utilizado  la indagatorias como medios de  pruebas   para   hallar  la  razón  que  mis  representados  MIRTILIANO  RAMOS,  RODRÍGUEZ   ORTIZ,   SANTOS  OSPINA  y  REYES  MARTÍNEZ,  participaron  en  la  ejecución  de los hechos y luego de ahí concluir su responsabilidad penal, por  la  sencilla razón de haber aceptado en sus dichos, el haber tomado parte de la  operación   militar   Jilguero   II,  cuando  las  reglas  de  la  lógica  nos  enseña  (sic)  que  éstas  fueron  rendidas  después de lo sucedido, lo que no tiene sentido común que de  ahí  se  pueda pensar que ellos tuvieron conocimiento previo a los hechos del 7  de  junio  de  2007,  esto  es, que el Cabo Néstor Guillermo Gutiérrez Salazar  fuera  a  darle muerte a Quintero Jaimes en la vía que conduce del Carmen   al   municipio   de  Ocaña,  por  no  haber  contado  en  sus  indagatorias  la  verdad”.   

Y  acto  seguido  puntualiza  su  personal  percepción   del   suceso   en   los   siguientes   términos:  “No  es posible deducirse (sic) de  las  indagatorias,  al no decirse la verdad en las declaraciones  dadas,  la  premisa de haberse acordado con el Cabo Néstor Guillermo Gutiérrez  Salazar,  la  ejecución de Quintero Jaimes, como tampoco el conocimiento previo  que  el  Cabo  Gutiérrez  Salazar  iba  a  cometer un falso positivo, cuando la  realidad  de los acontecimientos nos demuestra otra cosa muy distinta, ya que el  Cabo  Gutiérrez  Salazar  ejecuta  el  hecho  sin  concertar  o  contar  con el  consentimiento  previo  de  la  tropa,  ya  que  se  cae  de  la  lógica que el  comandante,  para poder obrar, hubiese tenido que hacerlo con la aquiescencia de  sus  soldados  que  se  encontraban  bajo  su mando, cuando ellos son sólo unos  subordinados”.   

          Ahora,  en  cuanto  atañe  a  las contradicciones que la recurrente  afirma  median  entre  las  declaraciones de María del  Carmen   Ascanio  y  María  Eugenia  Ballena, baste indicar que una vez más olvida  la  naturaleza  del  reproche  postulado  en  este cargo, y procede a exponer su  criterio,  si  tener  en  cuenta que este recurso no se encuentra dispuesto para  que  los sujetos procesales ofrezcan sus comentarios, sino para que enjuicien la  aplicación  de la ley sustancial, la apreciación de las pruebas conforme a los  errores  de hecho y de derecho ya definidos, o bien, censuren la legitimidad del  trámite.   

Respecto  de la reclamación que cifra en la  falta  de  aplicación  del  principio  in  dubio  pro  reo,  era  imprescindible  que señalara la vía de su  impugnación,  esto  es,  si  se  trataba  de violación directa o indirecta. Si  postulaba   la   primera,   le   correspondía   demostrar  que  los  falladores  reconocieron  en  las consideraciones de la providencia atacada la existencia de  dudas  trascendentes  de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad de la  conducta  o  la  responsabilidad  del  procesado  y,  pese  a  ello, profirieron  sentencia  de  condena  con exclusión evidente de la disposición normativa que  contiene  el  principio,  cuando  debían  en  consonancia  con  su  exposición  absolver,  circunstancia  que  no  tuvo lugar en el fallo impugnado, pues por el  contrario,    señaló    el    ad   quem:   

“Si   bien  GUTIÉRREZ  SALAZAR  no nombra a los procesados en las imputaciones que realiza,  también  lo  es  que  los  enjuiciados  así  no  hubiesen  disparado contra la  víctima  y causado su muerte, hacían parte de la patrulla militar comprometida  la  cual  encabezaba GUTIÉRREZ SALAZAR, realizando acciones tendientes a fingir  el  combate,  pues  hasta  el  lugar  fueron  conociendo  que  se  iba  a dar un  ‘resultado  operacional’;  así mismo  se  debe  precisar,  tal  como  se  señaló  en  la  actuación, que en el caso  sometido  a  examen,  la  decisión  de dar de baja a  QUINTERO  JAIMES  y  presentarlo  como  una muerte en combate, fue el propósito  común  pactado  y  para  ello  se utilizó el pelotón Esparta II de la Brigada  Móvil   No.   15,  del  cual  hacían  parte  los  acá  procesados  (incluidos MIRTILIANO RAMOS, DIEGO REYES,  JEFFERSON   RODRÍGUEZ   y  VÍCTOR  SANTOS, se precisa),  los  cuales  se  encargaron  de  aparentar  que  la ejecución extrajudicial del  señor  QUINTERO  JAIMES  había  sido  como  consecuencia  de  un encuentro con  subversivos” (subrayas fuera de texto).   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

         Puede  verificarse  que la censora sólo  dirige  su  labor  a  deplorar  en  forma  desordenada,  confusa  y  sin un hilo  conductor  la  condena de sus asistidos, pero no atina a señalar con precisión  cuál  es  su inconformidad, y lo más importante, de qué manera los falladores  erraron  gravemente  en  la  aplicación  de  la  ley, en la apreciación de los  medios  probatorios  o en la guarda de la legitimidad del trámite, olvidando la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  la  cual  se  encuentra revestida la  sentencia objeto del recurso.   

De   acuerdo   con   las   consideraciones  precedentes, se impone la inadmisión del reproche.   

En punto del segundo  cargo,  en  el cual la libelista postula la violación  indirecta  de  la  ley sustancial por falso juicio de existencia por omisión de  pruebas,  sin dificultad se advierte la ausencia de claridad en su reclamo, pues  como  ya  se  dijo  anteriormente, no se aviene con la realidad procesal afirmar  que   los   falladores   marginaron   la   declaración  del  Cabo  Néstor  Gutiérrez  Salazar, como que fue  esa  la  prueba medular para edificar el fallo de condena en contra de todos los  acusados.   

          Asunto  diferente  es que la defensa tenga interés en apartes de la  exposición  que  rindió  en  el juicio, una vez se retractó de sus precisas y  claras  incriminaciones,  labor  ajena  al  rigor  de este recurso de casación,  máxime  si  cuando se considera que los sentenciadores cercenaron fragmentos de  las  pruebas,  corresponde  al  actor denunciar un falso juicio de identidad por  cercenamiento   y   no   un   falso   juicio   de  existencia  por  omisión  de  pruebas.   

          No   sobra  recalcar  nuevamente  que  la  impugnante  refiere  como  preceptos  sustanciales quebrantados los artículos 234, 238 y 277 de la Ley 600  de  2000,  sin  percatarse que no son sustantivos sino adjetivos, de modo que se  desentiende  de  la  exigencia contenida en el numeral 1º del artículo 207 del  referido  estatuto  procesal,  según  la  cual  es  preciso  para el demandante  señalar  la  norma sustancial quebrantada, circunstancia que permite establecer  inconsistencias y omisiones en el desarrollo del reparo.   

          Los    argumentos    anteriores    bastan    para    inadmitir    la  censura.   

Las  mencionadas  falencias  en el discurrir  de  la defensora imposibilitan a la Sala acometer el estudio de la demanda, pues  si  no  se  trata  de  un alegato de libre factura, su presentación con base en  análisis  probatorios  fragmentarios  e  indemostrados,  y  sin  atenerse a las  reglas  lógicas  y  argumentativas  que la gobiernan, obliga a la Colegiatura a  inadmitirla  de  acuerdo  con  lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000,   pues  en  virtud  del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,  la  Sala  carece de facultad para enmendar tales incorrecciones.   

Casación oficiosa  

Encuentra la Sala que en este caso se impone  acudir  a  la facultad consagrada en el artículo 216 de la Ley 600 de 2000 para  casar  oficiosa  y  parcialmente  el  fallo  impugnado,  pues se advierte que la  sentencia  resultó  violatoria  del  principio  de  legalidad,  dado  que no se  dosificó  adecuadamente  la  pena  accesoria  de  privación  del  derecho a la  tenencia y porte de armas impuesta a los procesados.   

En  efecto,  el  Juzgado  Primero  Penal del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  de Cúcuta profirió fallo el 31 de  julio  de 2013, en el cual impuso al Subteniente CARLOS  ANDRÉS  FORERO  MEDINA  y al  Cabo MAURICIO MONCADA TORRES,  así  como  a  los soldados profesionales Robinson   Valenzuela   Gutiérrez,   ALEXANDER   RODRÍGUEZ   NIETO  y   JHON   JAIRO   ZAPATA  ROJAS la pena accesoria de privación del derecho a la  tenencia y porte de armas de fuego por quince (15) años.   

          Por  su  parte,  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta la confirmó la  condena  respecto  de los sancionados en primer grado, y además, condenó a los  soldados   profesionales   RODRÍGUEZ  ORTÍZ,  RAMOS  SALDAÑA,  REYES  MARTÍNEZ  y  SANTOS  OSPINA  a  la pena accesoria de privación del  derecho a la tenencia y porte de armas por quince (15) años.   

De conformidad con el artículo 51 de la Ley  599  de  2000, el cual establece la “Duración de las  penas  privativas de otros derechos”, “La  privación  del derecho a la tenencia y porte de arma de uno (1)  a  quince  (15)  años”, es decir, que en este asunto  se  impuso  a los condenados el extremo máximo punitivo respecto de la referida  sanción  accesoria,  sin  sujetarse  en  su  tasación  al  sistema  de cuartos  regulado en el artículo 61 del Código Penal.   

          Como  ya  ha  tenido  de  señalarlo la Corporación (CSJ SP9226, 16  jul.  2014.  Rad.  43514),  el citado precepto establece que una vez fijados los  extremos  mínimo  y máximo de la pena, el juez procederá a dividir el ámbito  punitivo  de  movilidad en cuartos, labor que debe emprenderse tanto respecto de  las  sanciones  principales  como  de  las  accesorias, pues la ley no introduce  distinción al respecto.   

En  este caso los  falladores  acudieron  al  sistema  de  cuartos  para  cuantificar  la  pena  de  prisión,  pero  no  procedieron  de  igual  forma  respecto  de  la sanción de  privación   del   derecho   a  la  tenencia  y  porte  de  armas,  pues  impusieron  el  extremo  punitivo  máximo,  lo  cual  denota  que   desconocieron   el   principio  de  legalidad,  garantía   de   estirpe   fundamental   prevista  en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  al  amparo  de  la  cual  los funcionarios judiciales  están   obligados   a   determinar   las   sanciones  dentro  de  los  límites  cuantitativos  y  cualitativos establecidos en la ley,  circunstancia   que   impone   a   la   Corte   acometer   oficiosamente  dicha  ponderación     y    efectuar    la    respectiva  enmienda.   

En  tales  condiciones,  como en el fallo de  primer   grado  y  en  la  sentencia  de  segunda  instancia,  los  funcionarios  judiciales  impusieron  el  mínimo  de  pena  correspondiente a cada delito, en  cuanto  se  ubicaron  en  el  extremo  inferior  del  primer cuarto de movilidad  punitiva,  igual  procedimiento  debe  implementarse  en  el  cometido  de tasar  adecuadamente  la  sanción  accesoria de privación del derecho a la tenencia y  porte de armas.   

Como   ya   se  advirtió,  el  artículo 51 del estatuto punitivo fija  para  dicha  pena  accesoria  un tiempo de “uno (1) a  quince  (15)  años”,  de  manera  que conforme a la  dosificación  realizada  en las instancias, debe imponerse el mínimo, esto es,  un  (1)  año,  y  en  tal  sentido  se casará oficiosa y parcialmente el fallo  respecto  del Subteniente CARLOS ANDRÉS FORERO MEDINA,  el  Cabo  MAURICIO  MONCADA  TORRES,  y  los  soldados  profesionales  ALEXANDER  RODRÍGUEZ  NIETO,  JHON  JAIRO ZAPATA ROJAS,  JEFFERSON  RODRÍGUEZ ORTÍZ, MIRTILIANO  RAMOS     SALDAÑA,     DIEGO     ARMANDO     REYES    MARTÍNEZ    y      VÍCTOR      ALFONSO     SANTOS  OSPINA.   

Como el artículo 229 de la Ley 600 de 2000,  normativa    que   gobernó   este   trámite,   dispone   que   “La  decisión  de  la  casación  y  de  la  acción de revisión se  extenderá  a  los  no  recurrentes  y  accionantes,  según el caso”,  se impone extender las consecuencias de la casación parcial y  oficiosa  del  fallo  al no recurrente soldado Robinson  Valenzuela  Gutiérrez,  de modo que la pena accesoria  de  privación  del derecho a la tenencia y porte de armas se dosifica en un (1)  año.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.            INADMITIR  las  demandas   de   casación   presentadas   por  los  defensores  del  Subteniente  CARLOS    ANDRÉS    FORERO   MEDINA,   el    Cabo   MAURICIO   MONCADA   TORRES,  y    los    soldados    profesionales   ALEXANDER  RODRÍGUEZ  NIETO,  JHON  JAIRO ZAPATA ROJAS,  JEFFERSON  RODRÍGUEZ ORTÍZ, MIRTILIANO  RAMOS     SALDAÑA,     DIEGO     ARMANDO     REYES    MARTÍNEZ    y      VÍCTOR      ALFONSO     SANTOS  OSPINA,  todos  del Ejército Nacional, conforme a las  razones expuestas.   

2.            CASAR oficiosa y  parcialmente  el  fallo  en  el sentido de tasar la pena accesoria de privación  del  derecho a la tenencia y porte de armas impuesta al Subteniente CARLOS  ANDRÉS  FORERO  MEDINA,  al  Cabo  MAURICIO  MONCADA  TORRES,  y  los  soldados profesionales ALEXANDER RODRÍGUEZ NIETO,  JHON     JAIRO     ZAPATA     ROJAS,    JEFFERSON   RODRÍGUEZ  ORTÍZ,  MIRTILIANO  RAMOS  SALDAÑA,  DIEGO  ARMANDO  REYES  MARTÍNEZ  y  VÍCTOR  ALFONSO  SANTOS  OSPINA en un (1) año, según  lo expuesto en la parte motiva de este proveído.   

3.             EXTENDER  la  casación   oficiosa   y   parcial   al   no   recurrente  soldado  Robinson  Valenzuela  Gutiérrez,  de modo  que  la  pena accesoria de privación del derecho a la tenencia y porte de armas  se establece en un (1) año.   

4.           En   lo  demás  el  fallo  impugnado  permanece incólume.   

Según  el  artículo  187  del  Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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