AP7411-2015(45257)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada  Ponente   

AP  – 7411 – 2015   

Radicación n° 45257  

Aprobado acta nº 446  

Bogotá, D.C., dieciséis de diciembre de dos  mil quince (2015)   

VISTOS:  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación presentada por la defensora de SIMÓN RIASCOS RIASCOS, en  contra  de  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Popayán, del 7 de julio de 2014,  mediante  la  cual  confirmó  el  fallo  emitido  por  el Juzgado Promiscuo del  Circuito  de  Guapi  (Cauca)  el  12  de julio de 2013, condenando al mencionado  procesado  como  responsable de los delitos de Peculado  por  apropiación  y Falsedad  ideológica  en  documento  público,  en  concurso de  conductas punibles.   

H E C H O S  

En  el fallo impugnado fueron narrados de la  siguiente manera:   

En  virtud de la compulsa de copas decretada  por  la  Fiscalía  05004 Grupo contra la Administración Pública y la Eficaz y  Recta  Impartición  de  Justica  de  esta  ciudad,  en  aras que se iniciara la  investigación  en contra de los señores SIMÓN RIASCOS RIASCOS y OSCAR RIASCOS  ANGULO  –Alcalde y Tesorero  del  Municipio de López de Micay Cauca (para la época), por el giro y pago del  cheque  Nº  9254914  del  BANCO POPULAR, librado el 19 de abril de 2001 a favor  del  señor  DENNIS  PLACIDES  OBREGÓN,  por  valor de $7.110.000, de la cuenta  corriente  No.  110-570-07013-6  del  Banco  Popular  de  Buenaventura,  la cual  corresponde  a  los  depósitos de sobretasa a la gasolina, soportando el egreso  con   un   contrato  que  presenta  serias  inconsistencias  e  irregularidades,  celebrado  en el año “2001” entre el ex alcalde referido y el señor DENNIS  PLACIDES  OBREGÓN,  cuyo objeto era el “Fortalecimiento del Programa especial  del sector agropecuario”.   

La cuenta no fue reportada al ente de control  que    correspondía    y    la    rendición    de    cuentas    no   se   hizo  oportunamente.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Con  fundamento  en  los anteriores hechos y  después  de  haberse  agotado  una  indagación preliminar, la Fiscalía Cuarta  Seccional  de  Popayán, el 8 de mayo de 2003 declaró abierta la investigación  penal  en  contra  de  SIMÓN  RIASCOS  RIASCOS,  OSCAR  RIASCOS ANGULO y DENNIS  PLACIDES OBREGÓN (fls. 31 y s.).   

El  6  de noviembre de 2003 fue escuchado en  indagatoria  OSCAR  RIASCOS  ANGULO (fls. 38 y s.). El 20 de octubre de 2008, la  Fiscalía  Seccional  de  López  de  Micay  (Cauca)  declaró persona ausente a  SIMÓN RIASCOS RIASCOS (fls. 78).   

Clausurada  la  etapa  de  instrucción,  el día 1º de diciembre de  2008,  la misma Fiscalía Seccional de López de Micay  (Cauca)   emitió   resolución   de  acusación  en  contra  de  SIMÓN RIASCOS RIASCOS por los delitos de  Peculado  por  apropiación y  Falsedad ideológica en documento público,  en concurso de conductas punibles, y en  contra    de    OSCAR   RIASCOS   ANGULO   por   el   delito   de   Peculado  por  apropiación  (fls.  116  y  ss.).   

Ejecutoriada la  resolución  de acusación,  el    proceso   le   fue  repartido,    para    adelantar    la    fase   del  juicio,    al   Juzgado  Promiscuo  del  Circuito de Guapi – Cauca,       ante       el       cual       se       adelantaron            las          audiencias      preparatoria     y    pública    de    juzgamiento,    los    días    18    de  agosto   de   2010   y   15   de   mayo   de   2013,  respectivamente.   

El  12  de  julio de 2013, el mismo despacho  judicial  emitió  el  fallo  condenatorio,  declarando  responsables  a  SIMÓN  RIASCOS  RIASCOS y OSCAR RIASCOS ANGULO, en calidad de  coautores     del    delito    de    Peculado    por  apropiación  (artículo 133  del  Decreto 100 de 1980); al primero de los nombrados  se   le  declaró  además  responsable    en    calidad    de    autor    del    delito   de   Falsedad   ideológica   en   documento  público   (artículo  219  del  Decreto 100 de 1980),  en concurso de conductas punibles.   

Impuso las penas principales de 42 meses de  prisión   y   multa  de  $7.110.000  a SIMÓN RIASCOS  RIASCOS    y   18   meses   de   prisión  y  multa  de $7.110.000 a OSCAR RIASCOS  ANGULO.  Además,  les  impuso las penas accesorias de  inhabilitación  para  el  ejercicio   de   derechos   y   funciones   públicas  por   los  mismos  lapsos  de  las  principales.  Le  negó  el  derecho  a  los  subrogados  de  la  condena  de ejecución condicional a SIMÓN RIASCOS RIASCOS,  concediéndoselo a OSCAR RIASCOS ANGULO (fls. 237 y ss.).   

En  contra  de la  decisión,      la  defensora      del  procesado  RIASCOS RIASCOS,  interpuso  el recurso de  apelación, siendo confirmada en todas sus partes por  la      Sala     Penal     del     Tribunal     Superior     de     Popayán,  en  fallo  del  7         de         julio  de 2014  (fls. 85 y ss.).   

Oportunamente       la           defensora      de      SIMÓN      RIASCOS  RIASCOS   interpuso   el  recurso  extraordinario de casación, el mismo que fue  sustentado        en        escritos  que  ahora  analiza  la  Corte  en su  debida fundamentación.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Dos  cargos de nulidad, uno principal y otro  subsidiario,     postula     la    apoderada    del    sindicado    SIMÓN   RIASCOS   RIASCOS, que fundamenta de la siguiente manera:   

Primer  cargo:  nulidad  por  violación  al  derecho de defensa   

Acusa la sentencia de segundo grado con base  en  la  causal  tercera  del  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, por haberse  dictado  en  un  juicio  viciado  de nulidad, por quebrantamiento del derecho de  defensa del procesado.   

En  el  desarrollo  del  cargo  señala  la  demandante  que  durante el proceso hubo una absoluta falta de defensa técnica,  pues  posesionado  el defensor de oficio que fue nombrado al acusado no hizo uso  de  su  derecho  de  formular  alegaciones  previas a la calificación y tampoco  impugnó  la  resolución de acusación no obstante las notables irregularidades  en el trámite procesal.   

Adicionalmente,  el defensor de oficio en la  etapa   de  juzgamiento  convalidó  la  actuación  adelantada  en  contra  del  procesado,  no  solicitó  pruebas  que  lo  favorecieran  y  no reclamó por su  presunción   de   inocencia,   calificando   su   actuación  de  negligente  y  descuidada.   

No  es  cierto, afirma la impugnante, que el  acusado  contara  en  todo momento con un defensor técnico, como lo sostuvieron  las  instancias.  Tampoco  es  verdad  que  RIASCOS  RIASCOS  se  haya  negado a  comparecer  al  proceso.  Lo  primero porque sólo se le proveyó de su defensor  cuando  fue  declarado  persona ausente y, lo segundo, porque aquel se presentó  ante  la  fiscalía  el  29  de  agosto de 2007, según consta en el expediente,  informando  que  no  tenía  dinero  para  sufragar  los  gastos  de  un abogado  contractual  y  solicitando,  en  consecuencia,  que  se  le proveyera de uno de  oficio.   

Lo anterior confirma, según lo puntualiza la  libelista,   que   en  el  trámite  de  la  investigación  estuvo  el  acusado  desprovisto  de  una verdadera defensa técnica, pues solamente de manera formal  tuvo  un  defensor  de sus intereses, quien nunca propuso una prueba ni reclamó  alguna  circunstancia  favorable  a  sus  intereses,  no  obstante  «las  ostensibles  fallas que se podían advertir hasta ese momento  procesal».   

De  igual  manera, aduce, que en la etapa de  juzgamiento  el  defensor  se desatendió del proceso, no recurriendo ninguna de  las  providencias  que  le  fueron  notificadas  y no haciendo uso del derecho a  solicitar  pruebas  y  sustentar  nulidades  en  la  audiencia  preparatoria, no  obstante   «las  graves  falencias  que  se  venían  advirtiendo en el sumario».   

Concluye que no existiendo ningún otro medio  apropiado  para remediar el vicio procesal advertido, debe declararse la nulidad  de lo actuado a partir del cierre de la investigación, inclusive.   

Segundo      cargo      –subsidiario-:      nulidad      por  desconocimiento del principio de investigación integral   

Con fundamento en la misma causal tercera del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, de manera subsidiaria, la demandante  plantea  la  nulidad  de  lo  actuado por quebrantamiento del debido proceso, en  razón a la violación del deber de investigación integral.   

Se  fundamenta el reproche en que, según lo  expresa  la  impugnante, «la fiscalía como el juez de  conocimiento   se  abstuvieron  de  buscar  con  igual  celo,  las  pruebas  que  condujeran    a    demostrar    la    exoneración   e   inocencia».   

Puntualiza  la  demandante  que  nunca  se  cumplieron  los cometidos anunciados en la investigación previa, referidos a la  necesidad  de  establecer  un análisis presupuestal y determinar si el contrato  sobre  el que versaba la supuesta conducta punible correspondía efectivamente a  lo   recibido   o   pactado,   además   de  otros  aspectos  que  tendieran  al  esclarecimiento de los hechos.   

De  esta manera, se dejó de abordar al Jefe  de  Presupuesto  que  suscribió  el  certificado de viabilidad presupuestal del  contrato,  a  efectos de conocer si expidió o no el respectivo documento y, con  ello,  determinar  a ciencia cierta si el contrato señalado de falso fue real o  figurado.   

Así mismo, se echa de menos por parte de la  demandante  que,  a  efectos  de  perfeccionarse  la  investigación  previa, se  dispuso  por  parte  de  la  Fiscalía  la compulsa de copias con destino a este  proceso  de  algunas piezas probatorias obrantes en juicios fiscales adelantados  por  la Contraloría en contra de los acusados, lo que finalmente no se llevó a  cabo.   

Tampoco  se  cumplió  la orden contenida en  auto  del  9  de  junio  de  2004,  referida  a  la incorporación al proceso de  fotocopia  por  las  dos  caras del cheque 9254914 por valor de $7.110.000, así  como  la  determinación de la persona que cobró el cheque y la identificación  del contratista.   

De  esta  manera, entiende la censora, no se  verificaron  las  circunstancias favorables al procesado y no se practicaron las  pruebas  ordenadas en su momento, con lo que resultó vulnerado el artículo 234  de  la  Ley  600  de  2000,  afectándose  el  acceso a la verdad como fin de la  investigación  penal,  por  lo que existen dudas razonables sobre el alcance de  las  conductas objetivamente atribuidas al procesado, por lo que debe decretarse  la nulidad a partir de la resolución de cierre de investigación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa  

Como mecanismo de impugnación extraordinario  el  recurso  de  casación  impone  que  el recurrente formule sus reproches con  apego  a  los  requisitos  de lógica y adecuada argumentación definidos por el  legislador  y  desarrollados  por la jurisprudencia, con el fin de evitar que se  convierta   en   una   instancia   adicional   a  las  ya  surtidas,  en el entendido que a esta sede arriba  el  fallo prevalido de una  doble   presunción  de  acierto y legalidad.   

Tales  requerimientos están orientados a la  presentación  de  una  exposición  argumentativa  basada  en unos presupuestos  mínimos  de  lógica  y  coherente  postulación  y  desarrollo  de  los cargos  propuestos,   de  tal  manera  que  resulten  claros  e  inteligibles,  sin  que  corresponda  a  la Corte el desentrañar el sentido de las pretensiones a partir  de oscuras y contradictorias alegaciones del demandante.   

La demanda está sujeta de manera ineludible  a  unos  contenidos mínimos de naturaleza formal, que a decir del artículo 212  de  la  Ley 600 de 2000, estatuto bajo el cual se tramitó este proceso, son los  siguientes:  (i)  la identificación de los sujetos procesales y de la sentencia  impugnada;  (ii)  una  síntesis  de  los  hechos materia de juzgamiento y de la  actuación  procesal;  y,  (iii)  la enunciación de la causal y la formulación  del  cargo,  indicando en forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que  el demandante estime infringidas.   

Igualmente, la Sala ha puntualizado de tiempo  atrás1  que  al  impugnante  le  es exigible conjugar la sustentación del  recurso  extraordinario  con  sus precisos fines, por lo que sus reproches deben  estar   encaminados  a  obtener  la  efectividad  del  derecho  material  y  las  garantías  de  los  intervinientes  en  el proceso penal, la unificación de la  jurisprudencia  nacional  y/o  la  reparación  de  los agravios inferidos a las  partes  con  la sentencia demandada (artículo 206 de la Ley 600 de 2000).    

Adicionalmente,  el  libelo  debe enmarcarse  dentro  de  los principios que gobiernan el recurso extraordinario de casación,  entre los que destacan:   

[l]os de sustentación suficiente según el  cual,  la  demanda  debe  bastarse  a  sí misma para provocar la anulación del  fallo;  el  de  crítica  vinculante, por cuyo medio se exige una argumentación  fundada  en  las  causales previstas taxativamente por la normatividad vigente y  el  cumplimiento  de  los  requisitos  de  forma  y  contenido de acuerdo con la  seleccionada  por  el  actor;  el  de  no  contradicción, que informa que no es  posible,  en  un  mismo  cargo,  invocar  varias  causales; y el de objetividad,  conforme   al  cual  la  alegación  debe  guardar  absoluta  fidelidad  con  la  actuación2.   

En este orden de ideas, se recordará que con  la  pretensión  de  obtener una declaratoria de nulidad, la demandante endereza  sus  censuras  por  la vía de la causal tercera del artículo 207 de la Ley 600  de  2000,  postulando  dos  cargos  de  nulidad,  uno como principal y otro como  subsidiario.   

Previo  al  estudio  de  las  censuras, debe  precisarse  que  en  materia  de  nulidades,  si  bien  la  Sala ha dicho que su  proposición          y         demostración  es  menos  exigente  que  tratándose  de  las  otras  causales  de  casación,  lo  cierto  es  que  impone  al  censor  proceder  con  precisión  al identificar la clase de irregularidad sustancial que determina la  invalidación;  señalar  si  se  trata  de  un vicio de estructura o garantía;  plantear   sus  fundamentos  fácticos;  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados;  fijar  el  momento  procesal  en  que se produjo la anomalía y la  cobertura   de   la   invalidez   deprecada;   y,  acreditar,  en  términos  de  trascendencia,  la  necesidad  de  acudir  a  la  nulidad  como remedio único y  extremo  para  restablecer  el derecho afectado con la anormalidad procesal o la  garantía conculcada.   

Lo  anterior  en  estricta  sujeción de los  principios  que  rigen  esa  materia,  por  lo cual debe quedar claro que: i) se  trata  de  uno  de  los motivos expresamente contemplados en la ley –taxatividad–;  ii) afecta de manera real y cierta  las  garantías  fundamentales  o  altera  las bases esenciales de la actuación  –trascendencia–;  iii)  no procede la rescisión cuando  el  acto  tachado  de  irregular  ha  cumplido el propósito para el cual estaba  destinado,   siempre  que  no  se  viole  el  derecho  de  defensa  –instrumentalidad–;  vi)  quien  la solicita no ha dado  lugar  al  motivo  de  invalidación  –protección–;  v)  la  irregularidad  no  ha  sido  convalidada  expresa  o tácitamente por el  perjudicado,  siempre  que  no vulnere sus garantías fundamentales –convalidación–  y,  vi)  no  hay  otra  manera  de  enmendar      el      agravio     –residualidad–.   

Cargo  primero  (principal):  nulidad  por  falta de defensa técnica   

La  demandante  aduce  que  la  sentencia se  dictó  en  un juicio viciado de nulidad por afectación del derecho de defensa,  censurando  que  durante  todo  el trámite de la actuación el procesado estuvo  desprovisto  de  una  defensa técnica, real y actuante en pro de sus intereses,  mencionado  para  ello  que apenas con su declaratoria de persona ausente le fue  designado  un  defensor  de  oficio,  el  cual ninguna intervención activa tuvo  tendiente  a  la  solicitud  probatoria y a la objeción frente a las múltiples  irregularidades presentadas a lo largo del proceso.   

Se   tiene   dicho  por  esta  Sala  que  el   derecho   a  la  asistencia  jurídica     cualificada    durante    la    investigación   y   juzgamiento  escogida  por  el  procesado  o  provista  por  el  Estado, es garantía  fundamental  del  debido  proceso,  de  aplicación general, presupuesto para la  realización  de  la  justicia como valor superior del ordenamiento jurídico, y  se  encuentra  consagrado  en  el  artículo  29 de la Constitución     Política,    así     como     también    en    los  artículos   8.2   literales   d)   y   e)   de  la  Convención  de San José  de  Costa Rica (Ley 16 de 1972) y 14.3 del Pacto de Nueva York (Ley 74 de 1968),  los  cuales  a  su  vez  forman  parte del Bloque de  Constitucionalidad   por   mandato   expreso   del  artículo  93  de  la  carta  constitucional.   

De    igual    manera,    dicha       garantía             es  intangible,  real  o  material  y  debe ofrecerse permanente  en   todo   el   proceso,   por   lo   que    su    quebranto,    constitutivo    de    un    vicio    de  garantía    en   sede   de   casación,      se     presenta  cuando el procesado carece de un abogado que lo represente o, si  teniéndolo,    abandona    o    desatiende    su  gestión  defensiva  durante  todo  o  algún interregno del trámite    procesal   penal,   debiendo  aparecer   ostensible   que  no  actuó   o   que  estratégicamente  tampoco  ejerció  ningún control  o  vigilancia  sobre  el  proceso  para que al final el fallo de condena hubiere  podido      evitarse,      o      por     lo     menos     atenuarse.   

Resulta   relevante,  además,   en  la  configuración  de  la  afectación  al  derecho de  defensa              técnica,  tener en  cuenta  en  el  caso  concreto  que las fallas en la  labor  del  profesional trasciendan su margen de libertad de gestión   estratégica;  que  la  falta  de  adecuada  defensa  técnica  comporte un  verdadero  sentido  de  trascendencia en la decisión  judicial;  y,  que  las  deficiencias  de la defensa no le sean  imputables   al   propio  procesado,  resultando  de  especial  importancia  la  determinación de si su no  comparecencia  al proceso es producto de ocultamiento  o lo es de desconocimiento de su existencia.   

Así  ha  sido  precisado este aspecto por la Corte Constitucional:   

Desde  esta  perspectiva  la  Corte  ha  considerado  que  se  entiende  violado  el  núcleo  esencial  del  derecho  a la defensa técnica, cuando  concurren los siguientes elementos:   

i)  Que efectivamente se presenten fallas  en  la defensa que, desde ninguna perspectiva posible, puedan encuadrarse dentro  del  margen  de  libertad con que cuenta el apoderado para escoger la estrategia  de  defensa  adecuada.  Ello implica que, para que se  pueda  alegar  una  vulneración  del  derecho  a la  defensa  técnica, debe ser evidente que el defensor  cumplió  un  papel  meramente  formal,  carente  de  cualquier    vinculación    a    una   estrategia  procesal.   

ii)  Que  las  mencionadas  deficiencias  no  le  sean  imputables  al  procesado  o  no hayan  resultado   de   su   propósito   de   evadir   la  acción   de   la   justicia.   Habrá  de distinguirse en estos casos, entre quienes no se presentan al  proceso  penal  porque  se  ocultan  y  quienes  no  lo  hacen  porque  les  fue  imposible  conocer  su  existencia.   

iii)   Que   la   falta   de   defensa  técnica  revista  tal  trascendencia y magnitud que  sea   determinante   de   la   decisión   judicial  respectiva,   de   manera   tal   que  pueda  afirmarse  que  se  configura  una  vía   de   hecho   judicial   por   uno   de   los  defectos   anotados   y,   en   consecuencia,   una  vulneración  del  derecho  al  debido  proceso  y,  eventualmente, de otros derechos fundamentales.   

Así   las  cosas, frente a una presunta vulneración   del   derecho   fundamental   a  una  defensa  técnica,    es    necesario    estudiar   cada   caso   concreto  para  evaluar sus precisas consecuencias a partir de una  ponderación  que tenga en cuenta las circunstancias  particulares           del          mismo.3   

Se  recordará  que  el presente proceso se  inició  a partir de las copias compulsadas de otra investigación penal, con lo  que  se  dispuso  de unos actos de investigación con fundamento en el artículo  322  de  la  Ley 600 de 2000, tendientes al esclarecimiento de los hechos y a la  determinación  de  la  procedencia  de la apertura de la instrucción, aspectos  que  supusieron desde su génesis el conocimiento para el acusado SIMÓN RIASCOS  RIASCOS  de  la  existencia  del  proceso  que  se adelantaba en su contra, pues  además  desde  un  comienzo se dispuso como diligencia preliminar escucharlo en  versión libre, lo que en efecto aconteció el 31 de marzo de 2003.   

En su crítica, desconoce la demandante que  desde  aquel  momento  y  en  lo  sucesivo del trámite procesal, se procuró la  comparecencia  de  RIASCOS  RIASCOS a efectos de que rindiera su indagatoria, no  obstante  se mostró siempre renuente a atender las múltiples citaciones que le  eran  extendidas,  incluso  muchos  de  ellas recibidas y firmadas por él mismo  (fls.  31,  49  vto.,  53,  59,  64), viniéndose a presentar el 29 de agosto de  2007,  con  posterioridad a las fechas programadas para la diligencia, aduciendo  que  no  lo había hecho por carecer de los recursos económicos para procurarse  un abogado contractual (fls. 65).   

En razón de ello, le fue nombrado defensor  de  oficio  y  citado  de nuevo de manera insistente (fls. 66, 68, 70), nunca se  hizo  presente.  Por  ello,  se  libró en su contra orden de captura (fls. 75),  mecanismo  que  igual  resultó infructuoso, procediéndose a declararlo persona  ausente mediante resolución del 20 de octubre de 2008.   

Así  las  cosas, debe precisarse que desde  antes  de  la  misma  apertura  formal  de  la instrucción, el procesado estuvo  representado  por  un  profesional  del  derecho,  cuya  idoneidad  no  ha  sido  cuestionada,  quien  a juzgar por su presencia en el proceso, según lo elucubra  el  Ad  quem  y  puede  ello  constatarse,   mantuvo   una   constante     vigilancia     del   devenir   judicial   al   interior   de   la  causa,   resultando   infundada   la   censura   relativa  a  que  haya  abandonado     su  función  técnica en pro  de los intereses del ausente.   

No   fundamenta   la   libelista   en  términos   precisos   el   por   qué  debía  el  entonces  defensor     de    oficio    solicitar  determinadas  pruebas,  presentar alegatos previos a  la  calificación  del sumario o interponer recursos  en  contra de la resolución acusatoria, diluyendo  su  argumentación  en  una  serie   de   conjeturas   sobre   los   deberes  incumplidos  del  profesional  del  derecho,  resultando  pertinente relevar que ante  dicha  situación  el juzgador de segundo grado tuvo  oportunidad de precisar que:   

La  apelante  no  demostró     con     argumentos    sólidos,  cuáles  eran las concretas prerrogativas echadas de  menos,   pues   no   basta   la   retórica  de  afirmar  que  los  defensores  debieron  pedir pruebas o  apelar      providencias,      sin      señalar  específicamente  cuales  de  esas  actividades  en  concreto,  eran  de  tal relevancia que hubieran dado lugar a arribar a un fallo  diferente     al    que    se    emitió.   

Pero,   además,  omite  la  impugnante  ajustarse  a  la  realidad que informa el expediente en relación con la actitud  que  en torno a su defensa  material   observó   el   propio   procesado,   lo   que  necesariamente  tiene  repercusiones  en  el  ejercicio  de  la  defensa  técnica,  pues  se  hace palpable su voluntad de eludir  el  compromiso  con  la  administración  de  justicia,  asumiendo  siempre un comportamiento tendiente a  evitar   la  comparecencia  al  proceso,  no  obstante  estar  al  tanto  de  su  existencia,  lo  que  aparte  de generar no pocos tropiezos en el trámite de la  investigación,   incidió   de   manera   negativa   en  la  integración    del    binomio   defensivo  conformado  con  el  profesional designado de manera  oficiosa.   

Al respecto, no se ajusta a la corrección  material,  el reclamo contenido en la demanda, cuando  se  sostiene  que  “no  es absolutamente cierta la  renuencia  de  Simón  Riascos  de presentarse a la investigación, en cambio si  resulta  evidente  que  hubo  una  vinculación tardía a la misma».   

Sí  que  fue  renuente RIASCOS RIASCOS a  participar  del  proceso  y  a  ejercer  su  defensa  material, según ha podido  verificarse,  por  lo  que,  en  suma,  no  se  acreditó por la demandante un  defecto    real    en    el    ejercicio    de   la  defensa  del procesado que pueda desbordar el margen  de  libertad  con  que contaba el profesional oficioso para elegir la estrategia  defensiva    adecuada;    no    se    ofrecieron   razones   de  abandono  o  desatención  en  su gestión por parte del defensor oficioso; no se puntualizó  la  trascendencia  de  los  genéricos defectos que viene señalando  la  censora; y, además, se   desconoció   la   posición  de  contumacia  del  acusado  frente a su propia defensa.   

Las   anteriores   razones     obligan     a    la   inadmisión  del  cargo.   

Segundo      cargo     –subsidiario-:      nulidad      por  desconocimiento del principio de investigación integral   

También al amparo de la causal tercera del  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, la impugnante reclama la nulidad de la  actuación,   argumentando  la  vulneración  del  principio  de  investigación  integral.   

La  investigación  integral, principio del  debido  proceso  previsto  en  el  artículo  20  de  la Ley 600 de 2000, es una  garantía  que  la  ley  reconoce en favor del procesado, que impone al servidor  judicial  la  obligación  de  decretar  y practicar las pruebas que se ofrezcan  indispensables  en  orden  a  verificar  las  citas  y  las  afirmaciones que en  ejercicio  de  su  derecho  material  de  defensa  realice  el  sindicado en sus  intervenciones  procesales,  o disponer aquellas que solicita el defensor que lo  asista.   

Sin embargo, cuando el demandante reclama el  quebrantamiento  del  principio  de  investigación  integral, aparte de indicar  suficientemente  cuáles  fueron  los  medios  de  convicción que se dejaron de  practicar,  precisando  cuál  es  su  fuente,  tiene  el  deber  de  definir su  pertinencia,   conducencia,  utilidad  y  trascendencia,  lo  que  emana  de  su  confrontación  lógica  con el restante acervo probatorio en que se sustenta la  sentencia,  al  punto de demostrar que de haberse practicado, su sentido habría  sido  favorable  al acusado, haciéndose indispensable invalidar lo actuado para  que las pruebas omitidas puedan ser practicadas.   

Así lo ha precisado la Sala:  

En  efecto,  si  lo  pretendido  por  el  demandante  era denunciar una presunta violación al principio de investigación  integral,  no  sólo  debió  enumerar  con precisión las pruebas supuestamente  omitidas  o  dejadas  de  practicar, sino que le era preciso señalar su fuente,  conducencia,  pertinencia  y  utilidad,  amén  de su incidencia favorable a los  intereses  del  procesado  frente a las premisas conclusivas del fallo, esto es,  su  aptitud  para  refutar  la  incriminación,  descartar  la  responsabilidad,  invocar  la  aplicación  de  diminuentes  punitivas  y,  en  general,  procurar  situaciones beneficiosas a la pretensión defensiva.   

Ello porque, como también lo ha señalado  la  Sala,  la  no  práctica  de  determinada diligencia no puede calificarse de  entrada  como  desconocedora  de  ese  principio,  pues  el funcionario judicial  dentro  de  la  órbita  de  sus  atribuciones  y  conjugando  los  criterios de  economía,  celeridad  y  racionalidad,  está  facultado para decretar, bien de  oficio,  ora  a  petición  de los sujetos procesales, solamente la práctica de  las  pruebas  que sean de interés para la investigación, procurando siempre el  mejor     conocimiento     de     la     verdad.4   

Por  lo  anterior,  esta  Corporación  ha  enfatizado  que  lo  decisivo  a  la hora de demostrar la violación al deber de  investigación  integral  no es la omisión probatoria en sí misma considerada,  sino  su  relevancia  real,  y  no  apenas  hipotética  o  fundada  en  juicios  inciertos,  frente  a  la  estructura  argumentativa  de la decisión impugnada,  supuesto  que  exige  definir  cuál  es su conducencia y verdadera utilidad, no  para  apoyar  la  postura  defensiva  del  sujeto procesal, sino para afectar la  lógica  argumentativa y conclusiones elaboradas por el sentenciador, pues sólo  así  se  podrá  evidenciar  la  trascendencia  de  la omisión probatoria y su  idoneidad  para  traer  al  expediente  un  conocimiento  más  real  sobre  los  hechos5.   

Criterio  que  en su momento se encargó de  reiterar  la  Sala,  señalando  que  aunque  la  investigación  integral es un  imperativo  para  los  funcionarios judiciales dentro de los procesos tramitados  por  la  Ley  600 de 2000, no supone indefectiblemente agotar hasta sus últimas  consecuencias  la  posibilidad  investigativa de instructor y fallador, ni mucho  menos  corroborar  con  otros  medios lo que ya dentro de los cauces probatorios  adecuados          fue          demostrado6.   

Precisamente, al margen de los lineamientos  atrás  referidos, el libelista afirma que la prerrogativa constitucional se vio  vulnerada   básicamente   porque,   de   una   parte,  no  se  verificaron  las  circunstancias  favorables  al  procesado,  y  de  otra,  no  se  cumplieron los  cometidos  anunciados  en  la investigación previa y se omitió la práctica de  trascendentes    pruebas    que    fueron   ordenadas   a   lo   largo   de   la  investigación.   

En relación con el primer aspecto referido,  la  demandante  incurre  en  una  absoluta generalidad, desconociéndose cuáles  podían  ser  aquellas  pruebas cuya práctica fue omitida y que habrían podido  incidir de manera favorable en los intereses del procesado.    

De  otra  parte,  en  lo  que  atañe a las  anunciados  cometidos  de  la  investigación  previa,  puede verificarse que en  aquella  resolución  la  Fiscalía consignó el propósito de una averiguación  preliminar  tendiente  a  «determinar  si  ha  tenido  ocurrencia  conducta  punible  alguna», por lo que se  dispuso  librar una misión de trabajo para el Cuerpo Técnico de Investigación  a  efectos  de  que  a  través  de  un  contador  público  se determinaran las  circunstancias   relacionadas   con  los  hechos  puestos  en  conocimiento  del  investigador, lo que en efecto se llevó a cabo.   

Declaración   de   propósitos   de   la  investigación  previa,  sobre  la  cual la demandante no sustenta el sentido de  transgresión  al  principio de investigación integral, lo que tampoco emprende  cuando  señala  que  el  investigador dejó de incorporar piezas probatorias de  los  procesos  fiscales  adelantados  por  la Contraloría, dejando de precisar,  como  le  correspondía,  su pertinencia y utilidad de cara a la declaración de  justicia  consignada  en  los  fallos proferidos por las instancias, esto es, la  importancia  que  pudiera  tener  el  contenido  de  los  juicios fiscales en la  comprobación   de  los  hechos  y  en  la  definición  de  la  responsabilidad  penal.   

Además,  ya  en  curso la instrucción, la  fiscalía  libró una nueva misión de trabajo, pretendiendo con ello establecer  la  identidad  y  comparecencia de la persona que efectivamente cobró el cheque  sobre  el  que  recayó  la realización de la conducta punible, cometido que no  fue  logrado,  pero  que en modo alguno puede representar un quebrantamiento del  principio  de  investigación  integral,  cuando  otros  medios de prueba vienen  acreditando la realización del hecho.   

Así, siguiendo el análisis emprendido por  el  Ad  quem, se incorporaron  al  proceso  pruebas documentales tales como la fotocopia del cheque Nº 9254914  por  valor  de  $7.110.000.oo, girado y pagado el 19 de abril de 2001, según se  pudo  constatar  con el comprobante de egreso, el extracto bancario de la cuenta  contra  la  cual  fue  girado  y  el  libro de contabilidad de la sobretasa a la  gasolina  del  municipio  de  López  de  Micay,  a donde fue cargado el egreso,  además  de  pruebas  testimoniales  que  dejaron  total  perplejidad  sobre  el  destinatario  del  cheque  librado  por  el jefe de la administración pública.   

De manera especial, el juicio de valor sobre  la  existencia  de  la conducta punible se asentó sobre el documento contentivo  del  contrato  a  través  del cual se justificó el reprochado egreso, el mismo  que  en  consideración  de las instancias carece de elementos constitutivos que  le  otorguen  validez  jurídica, con lo que se perfiló la fundada tesis de que  el  procesado  RIASCOS  RIASCOS, en su condición de Alcalde Municipal de López  de  Micay  (Cauca)  y  como  ordenador  del  gasto  público, se apropió de los  dineros  relacionados con el cheque girado a expensas de un ficticio contrato de  prestación  de  servicios  con  cargo  al  rubro  de recursos de sobretasa a la  gasolina.   

La  demandante  omite fundamentar la manera  como  aquellos  presupuestos  fácticos  asumidos por el fallador podrían haber  variados  con la presencia de los elementos de prueba que no fueron incorporados  en  el  curso de la investigación. Ninguna tarea realiza tendiente a establecer  la  conducencia,  pertinencia y utilidad de aquellas probanzas echadas de menos,  desconociendo  además  que los hechos constitutivos de las conductas punibles y  la  responsabilidad  del  procesado  fueron  acreditados  a  través de diversos  medios  de  convicción, sin que pueda siquiera advertirse que otra habría sido  su   suerte   de   haberse   ofrecido  pruebas  distintas  a  las  efectivamente  practicadas.   

En  consecuencia,  contrario a lo planteado  por    el    libelista,    es   evidente   que   la  Fiscalía  cumplió  con  los    objetivos    trazados   al   inicio   de   la   investigación,   por   lo   que   le  resultaba  innecesario  el acopio de otros medios de conocimiento,  por  lo  que  ninguna  afectación a la investigación  integral  se  puede  desprender  por  la  no  práctica de las pruebas aludidas,  quedando  en  la  mera  especulación  los predicados sobre su importancia y sin  fundamento  alguno  la incidencia que pudieran tener  en   punto   de   generar   el   convencimiento   de   que  su  práctica   habría   variado   el  curso  valorativo del conjunto probatorio.   

En  consecuencia,  el  cargo  no amerita su  análisis de fondo.   

DECISIÓN  

Como consecuencia de lo antes expuesto, la  Sala   inadmitirá   la   demanda  de  casación  presentada  por  la         defensora    del   enjuiciado   SIMÓN   RIASCOS  RIASCOS,  no  sin  antes advertir que revisada la actuación en lo pertinente,  no  se  observó  la presencia de alguna de las hipótesis que permitirían a la  Corte  obrar  de  oficio  de  conformidad  con  el  artículo 216 del Código de  Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora del acusado SIMÓN RIASCOS  RIASCOS,  en  seguimiento  de  las  motivaciones  plasmadas en el cuerpo de este  proveído.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1                    CSJ AP, 6 jul. 2011, Rad. 35486.   

2                    CSJ AP 3439, 25 junio 2014, Rad. 41752.   

3                    Sentencia T-957 de 17 de noviembre de 2006.   

4                    CSJ AP, 23 may. 2006. Rdo. 25.260   

5                    CSJ SP, 20 nov. 2013, Rad. 41192   

6                    CSJ SP, 20 ago. 2014, Rad. 44334     

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