AP5688-2015(46448)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado ponente  

AP5688-2015  

Radicación Nº 46448  

(Aprobado acta N°  350)   

Bogotá, D.C., treinta (30) de septiembre de  dos mil quince (2015).   

I.   V   I   S   T  O  S   

La Corte se pronuncia sobre los requisitos de  lógica    y    debida   fundamentación   de   la   demanda   de   revisión  presentada  por el apoderado de  Ferley    Alexander    Herrera    Serna  contra  la  sentencia  del 18 de julio de 2011 que lo condenó por  los   delitos  de  homicidio  agravado  y  concierto  para  delinquir  agravado,  decisión  confirmada  en  segunda  instancia  el  9  de  febrero de 2012 por el  Tribunal Superior de Popayán.   

II.   HECHOS   Y  ANTECEDENTES  PROCESALES  RELEVANTES   

El  24  de agosto de 2003, en el atrio de la  iglesia  del  corregimiento  de  San Joaquín, municipio de El Tambo (Cauca), un  grupo  de  individuos  pertenecientes  a  las  autodefensas,  entre  los  que se  encontraba  Ferley Alexander Herrera Serna,     alias     diecisiete,  de  forma  violenta amordazaron al agente de la Policía Nacional  Felipe  Armando  Díaz  Díaz,  lo  patearon, le propinaron disparos con arma de  fuego,  le  cortaron  las  orejas,  la  lengua y lo degollaron. Seguidamente, su  cadáver  fue  transportado  en  una  camioneta  y arrojado en la vereda Moyunda  Piagua  del  mismo  municipio,  donde fue hallado el 21 de septiembre siguiente.   

Ferley  Alexander  Herrera Serna  fue  vinculado  como persona ausente el 30 de septiembre de 2005 y  el  6  de  octubre siguiente se posesionó su defensor de oficio. El 10 de abril  de  2006  la  Fiscalía 21 Especializada, adscrita a la Unidad de DDHH y DIH, lo  acusó  como  couator  de  los  delitos  de  homicidio agravado y concierto para  delinquir  agravado  (artículos  103,  104-6º-10º  y 340, inciso segundo, del  Código Penal).   

Surtida normalmente la etapa de la causa, el  18  de julio de 2011 el Juzgado 2º Penal del Circuito Especializado de Popayán  condenó  a  Herrera  Serna a  las  penas  principales  de  28  años  y  9 meses de prisión y multa por valor  equivalente  a 2000 salarios mínimos legales mensuales vigentes, as{i como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  de  20  años,  como coautor de los delitos que fueron  objeto  de  la acusación. Así mismo, fue sentenciado al pago de los perjuicios  de  orden  civil derivados de la ejecución del delito, se le negó el subrogado  de  la  ejecución  condicional  de  la  sentencia y el sustituto de la prisión  domiciliaria.   

Apelado  por  la  defensa,  el  fallo  del  a  quo  fue  confirmado  en  segunda  instancia  el  9  de  febrero  de  2012  por  el  Tribunal de Popayán.   

El  sentenciado  se  encuentra privado de la  libertad en  en el EPMSCCAR de Cartagena.   

III.  LA  SENTENCIA  

El   juzgador   encontró   demostrada  la  materialidad  de  las  conductas punibles de homicidio agravado y concierto para  delinquir  agravado,  as{i  como  la  responsabilidad  del procesado. Para ello,  recurrió  al  relato de testigos presenciales, algunos de ellos provenientes de  los   mismos   coautores   del   crimen   que   se  sometieron  a  la  sentencia  anticipada;     la    mayoría    de    ellos   ubicaron   a   Herrera  Serna  en el lugar de los hechos,  como  integrante  del grupo paramilitar de las AUC que ultimó al servidor de la  Policía Nacional y luego trasladó su cadáver a un paraje rural.   

Así  mismo,  frente  a la inconformidad del  defensor  apelante,  señaló  que no existió violación alguna al derecho a la  defensa  técnica  del  procesado,  pues  su  abogado  estuvo atento al trámite  procesal,   se   notificó   de  las  decisiones  principales,  asistió  a  las  diligencias,  aun  cuando  frente  a la contundencia del conjunto probatorio era  poco  lo que podía hacer para obtener un mejor resultado para su asistido, como  no  fuera  una  dosificación  punitiva  lo  más favorable posible. Así mismo,  precisó  que  se agotaron los medios necesarios para procurar su comparecencia,  las   cuales  fracasaron,  motivo  por  el  cual  fue  vinculado  como  ausente.   

IV. LA DEMANDA DE REVISIÓN  

Con sustento en la causal sexta de revisión  de  que  trata  el  artículo  220  de  la  Ley  600  de  2000  (cuando mediante  pronunciamiento  judicial  la  Corte  haya  cambiado  favorablemente el criterio  jurídico  que  sirvió  para sustentar la sentencia condenatoria), el apoderado  de  Herrera Serna sostiene que  este  fue  vinculado  como persona ausente y, por tanto, sus explicaciones sobre  los hechos no fueron escuchadas.   

Cita las providencias de la Corte que fueron  empleadas  en  la sentencia, y asegura que el derrotero de la Sala sobre el tema  de  la  vinculación como persona ausente cambió, en particular en lo que tiene  que  ver  con  los  derechos  a  la  defensa  y contradicción que le asisten al  procesado.  Así,  sostiene que a través de los radicados 42337 del 18 de marzo  de  2015,  31809  del  28 de septiembre de 2011 y 32966 del 28 de abril de 2010,  todo    ellos    –dice-  posteriores  a  la  sentencia, la Sala de Casación Penal indicó que la defensa  técnica debe ser constante para el procesado.   

Desde  que  su  asistido  fue vinculado como  persona  ausente  no se presentó ningún despliegue defensivo, ni se llevaron a  cabo  los  mecanismos  para  ubicarlo  y  enterarlo  del diligenciamiento penal.  “Y  ello brilla por su ausencia, pues no se hizo ni  mención  en  el  fallo  de  condena y mucho menos se dio en la realidad para el  momento   en   que   se   requería   la   injurada  de  mi  ahijado”.   

Recuerda que el segundo de los radicados que  enuncia  señala  que:  “razón  asiste  en el caso  concreto  al  cargo  imputado  a  la sentencia, bajo el restrictivo entendido de  considerar  que  en  el  caso  concreto las autoridades judiciales y de policía  conocían  del  lugar en el que habitaba la persona imputada y pese a ello no se  orientaron  todos  los  esfuerzos  en  forma  perentoria  y decidida a lograr su  captura  y  en  todo  caso enteramiento de este profeso en orden a garantizar el  ejercicio   de  su  defensa”.   Por  tanto,  el  procesado  fue  sentenciado  como  convidado de piedra, no fue escuchado y en la  sentencia sólo hubo consideraciones en su contra.   

Luego  de  trascribir  un  fragmento  de  la  última  de  las radicaciones citadas, asegura que en este caso no se cumplieron  los  llamados  y  averiguaciones  necesarias antes de proceder a la vinculación  como  persona  ausente,  “o  sea guardaron silencio  sobre la forma como se le vinculó”.   

Le  pide  a  la Corte que deje sin efecto la  sentencia  y  declare  la  nulidad  de  todo lo actuado desde que se declaró al  entonces  procesado  como  persona  ausente  y,  en consecuencia, se disponga su  libertad.      

V. CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La Sala anticipa su decisión de inadmitir   el  escrito  que  sustenta  la  acción  de  revisión,  pues incumple el deber de una adecuada demostración de  la  causal  de  revisión alegada y, además, no acredita que la condena hubiera  sido  el  producto de un componente de evidente injusticia material. Las razones  son las siguientes:   

1.  Como se ha señalado de forma recurrente  (CSJ  SP,  10  de  octubre  de  2012,  rad.  37734), la acción de revisión fue  concebida  por  el  legislador  como un mecanismo a través del cual se busca la  invalidación  de  una  decisión  que ha adquirido firmeza y de la cual resulta  razonable  predicar  que  entraña un contenido de injusticia material porque la  verdad  procesal  declarada  resulta ser bien diversa a la verdad histórica del  acontecer   objeto   de   juzgamiento,   demostración   que  sólo  es  posible  jurídicamente  dentro  del  marco  delimitado  por  las  causales taxativamente  señaladas  en  la  ley.  Acorde con esa naturaleza, para la admisibilidad de la  demanda  se  exige  el  cumplimiento  de  algunas  exigencias,  no otras que las  señaladas  en  el artículo 222 de la Ley 600 de 2000 o el 194 de la Ley 906 de  2004.   

La  causal  de  revisión  invocada,  es  la  consagrada  en  el numeral 6º del artículo 222 de la Ley 600 de 2000, esto es,  cuando  mediante  pronunciamiento judicial la Corte haya cambiado favorablemente  el    criterio    jurídico    que   sirvió   para   sustentar   la   sentencia  condenatoria.   

En  este  caso,  se  tutela el valor   justicia  a  través  de la variación de la jurisprudencia,  en   el   entendido   de  que  se  trata  de  amparar  las  garantías   a   la   igualdad   y   la   equidad,   pues   a   una   misma  situación  de  hecho  corresponde  aplicar  la misma  solución  en  derecho.  La  causal  pretende  que el  juzgador  reconozca que una  interpretación   dada,   pudo   estar   errada   y  que, por tanto,   debe   variar,   o   bien  que  las  circunstancias  fácticas han variado y se impone otra  hermenéutica  que debe ser aplicada a casos juzgados  con   fundamento   en   la   interpretación  que  se  modifica.   

2.  Pues  bien,  confrontados        los        lineamientos        anteriores       con  los  argumentos  que  sustentan  el  motivo  de  revisión  y  la realidad procesal, surge  nítido  que  la  jurisprudencia  que  se  alega como  novedosa,  en  realidad  no lo es; que las     posturas     fijadas  en las decisiones jurisprudenciales que  empleó  el  juzgador  en  líneas         generales         aún     se     mantienen,   y   que   no   existió  error alguno en la vinculación del hoy  sentenciado como persona ausente.   

Dígase, en primer  lugar,  que -al contrario de  lo   que   afirma   el   accionante-   dos   de   las   tres   decisiones  de  la  Corte  que  aquel  reseña  como  nuevas  (la  del  28 de septiembre de 2011, rad  31809,  y  la  del  28  de abril de 2012, rad. 32966),  fueron  emitidas  por  la Sala en fecha anterior a la  sentencia  de  instancia (9  de  febrero  de  2012),  por  lo  que, al menos en lo  temporal,   carecen   de   la   novedad   que  se  le  atribuyen.  Lo  cierto  es  que  tampoco el contenido  material    de   dichas  decisiones     resulta     novedoso,    pues    la  garantía  de  una defensa constante a lo largo de la  actuación,     las  características     que    debe    revestir    la  gestión  defensiva,  o la  necesidad  de  cumplir las diligencias razonables para intentar la comparecencia  personal  de  quien va a ser vinculado a la actuación  son,  todo ellos, temas que  han   sido  decantados  de  tiempo  atrás.   

En efecto, la exigencia de intentar ubicar y  hacer  comparecer  a  quien  debe  ser  vinculado a la investigación             –diligencias  que  en  criterio  del  accionante  no  se cumplieron,  motivo  principal para revisar la sentencia- ya había  sido  establecido  por  la  jurisprudencia   de   esta   Corporación,    al    ocuparse   de   los     alcances     del  Código  de  Procedimiento  Penal de  1991   (Decreto   2700  de  1991).  Así  consta  en  las  decisiones  de  la Sala de Casación  Penal  del  7 de diciembre de 2005, rad 21141, y del 5 de julio  de  2007, rad 26560, de modo que las providencias que  se  enuncian  en el escrito, en el sentido reseñado,  no son novedosas.   

Por otra parte,  las   decisiones   jurisprudenciales   empleadas    por   el   a        quo        -todas   ellas   del  año  2003-  para  sustentar que  en este caso concreto no  existió  la  violación   al   derecho   a  la  defensa         técnica       mantienen  su  vigencia  hoy en día.    Lo    anterior   es   incuestionable   porque   asuntos  como la inactividad del defensor como motivo por    sí    mismo   insuficiente  para  decretar  una nulidad  por    violación    a   la   garantía,   la   divergencia   de  criterios  defensivos  para obtener el mismo propósito,       la       relativa   inactividad  probatoria  y  otros           temas          afines, han  sido  reiterados  en  providencias  recientes,  entre otras, en las dos  del  4 de diciembre de 2013, rad.  36324  y  41511,  29  de abril y 24 de junio de 2015,  rad. 45123 y 45867.   

2.          Además, no  es  cierto,  como  lo  asegura  el  accionante,  que  el sentenciador no hubiera  analizado  lo  relativo a  la  vinculación  como  persona ausente del entonces  procesado. Al respecto, dijo lo siguiente:   

“…  las autoridades judiciales fueron  prudentes,  agotando  los  medios  necesarios  para asegurar la comparecencia de  alias                 ‘diecisiete’,     identificado    e    individualizado    como    Ferley  Alexander Herrera Serna, quien,  conociendo  que  la  autoridad judicial lo necesitaba  por    sus    propias   acciones   del   crimen   (24   de   agosto   de   2003)  renunció al ejercicio personal de su defensa con su  ocultación               –mientras       sus       otros  compañeros   del  mismo  delito  se  sometieron  a  sentencia  anticipada-, motivo legítimo para ordenar  su          captura          –sin            resultados    positivos-   y   razón  contundente   para   continuar   con   la   opción  válida  de  vincularlo a la instrucción       en       calidad       de      contumaz,      ‘porque la investigación  y  juicio,  desde  un  punto  de vista razonable y legal, no se  podía  paralizar o suspender hasta tanto   aquel   compareciera   o   fuera  capturado’”.   

“Con  esa  declaratoria  de  persona  ausente  tampoco  se determina quebrantamiento de sus  derechos,    puesto    que    con    las    herramientas   dispuestas   por   la  legislación procesal durante todo el proceso estuvo  asistido   por   un  abogado  titulado,  el  que  se  notificó  de  todas  las  decisiones con las formas  propias  del  ordenamiento  penal,  sin  que aquí se  haya  demostrado,  por  la censura, incidencia trascendental de falta de defensa  técnica,   por   la  no  interposición  de  recursos o de solicitud de nulidades”.   

“Y  si  la  prueba  recaudada  apabulló al acusado-contumaz, la  misma  se  recolectó así  por            su           ‘ocultamiento’  deliberado,  ante  el  conocimiento  claro que tenía  de  sus  acciones contra la vida y la seguridad pública,  ese  24  de  agosto de 2003, en  San  Joaquín, el Tambo, Cauca, comportamiento que le  merecía una explicación  ante  la  justicia,  la  cual  no  ha  querido  entregar  en parte alguna de los  eslabones o secuelas del proceso”.   

Así  pues, el  fallador  no  encontró  irregularidad  alguna en la  forma  de  vinculación del entonces procesado ni en  su    garantía    al    derecho    de    defensa,  conclusión  que  llega  a  esta sede amparada por  la  presunción  de  acierto,  sin que el accionante  demuestre    que   es  equivocada    o    que    a    ella   subyace  un  componente  de injusticia  material,     como    no    sea    mediante    la  presentación  de  unas  decisiones  de la Corte que  ninguna    situación  favorable  le  representan  al     condenado    y,    además,    carecen   de   idoneidad   para   mutar   la  decisión         de        instancia.  A  través de aquellas, el  censor           busca          inútilmente        reabrir    sin    ningún  fundamento  una  nueva  posibilidad  para  que el hoy sentenciado ejerza la defensa material a la que voluntariamente  renunció.   

4.    En  conclusión,   por  no  demostrar  el defensor los  supuestos  de la causal alegada, ni motivo alguno que  justifique  revisar  el  fallo  de  condena, la demanda  será  inadmitida a esta sede  extraordinaria.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de   revisión   formulada   por   el  apoderado  del  sentenciado  Ferley Alexander Herrera Serna.   

Contra  esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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