AP4458-2015(46234)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP4458-2015  

Radicación N°. 46234  

(Aprobado Acta N°. 271)  

Bogotá, D.C., cinco (5) de agosto de dos mil  quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con el fin de resolver su admisión, la Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor contractual de  Lida     Maryury     Acosta    Álvarez,  Víctor  Morales Hernández  y  Alfonso  Conde Hernández  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Neiva, el 9 de febrero de 2015, en virtud de la cual, tras  confirmar  la  dictada  por  el  Juzgado 5° Penal del Circuito con funciones de  conocimiento  de  esa ciudad, condenó a los acusados por el delito de homicidio  culposo.   

LA SITUACIÓN FÁCTICA  

De los fallos de primer y segundo grado surge  que  el  1°  de  septiembre de 2006, aproximadamente a las 08:10 horas, Héctor  Miguel  Bello Herrera, quien laboraba como electricista en la empresa Petróleos  Colombianos  Limited,  PETROCOL  LTD., se encontraba en el Campo Andalucía Sur,  ubicado  en  el  municipio de Baraya (Huila) y, previa reunión con Lida  Maryury  Acosta Álvarez,   ingeniera  y  jefe  de  producción  y  mantenimiento,  Víctor  Morales Hernández,  supervisor  de  producción,  y  Alfonso  Conde  Hernández, operador de batería y recorredor de  pozos,  en  la que se establecieron las tareas a realizar, se dirigió a revisar  el transformador que presentaba fallas.   

Una  vez  en el sitio, los acusados abrieron  los  seccionadores  de  esa  área  -suspendieron  la  electricidad-,  de  lo  cual  dieron  aviso  a Héctor  Miguel  y  éste subió al poste a realizar su labor. Estando allí se presentó  un  corto  que accionó el seccionador principal, razón por la cual el Campo se  quedó  sin  energía  y,  frente  a  ello,  los  antes nombrados maniobraron un  interruptor   que   energizó   todo   el  lugar.  En  ese  instante,  Héctor  Miguel  Bello Herrera recibió  una  descarga eléctrica de 13.000 voltios que le causó quemaduras de segundo y  tercer grado en más del 60% del cuerpo.   

Héctor  Miguel fue trasladado a la clínica  de   Especialistas   de  Neiva  y  luego  al  hospital  Pablo  Tobón  Uribe  de  Medellín, donde falleció el  día 15 de ese mes como consecuencia de las lesiones.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  La  Fiscalía  3ª  Seccional  de  Neiva  ordenó  apertura  de investigación previa el 30 de esa mensualidad1    y   de  instrucción    el    9    de    abril   de   20072,  a la cual vinculó, mediante  indagatoria,      a     Lida     Maryury     Acosta  Álvarez3,  Víctor  Morales Hernández4 y Alfonso       Conde      Hernández5.   

2.   Clausurado   ese   ciclo6,  el  26  de  junio  de  2012  la Fiscalía 6ª Seccional de esa ciudad formuló acusación en  contra  de los nombrados como probables autores de homicidio culposo7.   

La  determinación  fue  confirmada el 10 de  agosto  posterior por la Fiscalía 2ª Delegada ante el Tribunal Superior de ese  Distrito                   Judicial8.   

3. Finalizada la audiencia de juzgamiento, el  22  de  octubre  de  2014  el Juzgado 5° Penal del Circuito de la municipalidad  profirió  sentencia en la que condenó a cada uno de los procesados a las penas  principales     de     24     meses     de     prisión     y     $8’160.000     de    multa9,   y  a  la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  término  que  la  privativa de libertad. Así mismo, les  impuso  la  obligación  de  pagar  solidariamente  con  el  tercero  civilmente  responsable,    Petróleos   Colombianos   Limited,   PETROCOL   LTD., la suma equivalente a 930,7638 salarios  mínimos    legales    mensuales    vigentes,   por   concepto   de   perjuicios  morales.   

Concedió  a  los  acusados  la  suspensión  condicional   de   la   ejecución   de   la   pena10.   

4.  Apelado el fallo por la defensa y por el  representante      del      tercero      civilmente      responsable,   el  Tribunal  Superior  de  Neiva  lo  confirmó    el    9    de    febrero    de   201511.   

LA DEMANDA  

El    actor   identifica   los   sujetos  intervinientes  y  la  decisión  impugnada,  sintetiza  los  hechos  materia de  juzgamiento  y  la actuación procesal relevante y afirma que propone el recurso  por  la vía discrecional con el propósito de que se materialicen y efectivicen  los  derechos y garantías de sus prohijados, toda vez que, como lo demostrará,  los  juzgadores  incurrieron  en  falsos  juicios  de  identidad,  existencia  y  raciocinio,  con lo cual quebrantaron la presunción de inocencia y el derecho a  un  juicio  justo.  Adicionalmente,  la  Corte  debe desarrollar y actualizar su  jurisprudencia  en  torno al principio de confianza, precisando los requisitos y  momentos    en    los    cuales    se    da    esa   causal   de   ausencia   de  responsabilidad12.   

Propone  un  cargo  único  por  violación  indirecta,  por  distintos  errores  de  hecho  que llevaron a la aplicación indebida del artículo 109 del  Código  Penal  y  a  la  falta  de aplicación de los preceptos 32 –numeral  1- de esa normativa y 7 de la  Ley 600 de 2000.   

Después  de  trascribir el artículo 23 del  estatuto  sustantivo,  relativo  a la culpa, y de hacer una exposición sobre el  principio  de  confianza, como  expresión     del     riesgo    permitido,    sustenta    así    los    yerros  enunciados:   

1. Falso juicio de  identidad  por distorsión, que ocurrió al valorar la  declaración  de  Jhon Fredy Polo, puesto que se le dio un alcance distinto a su  contenido real.   

Trascribe  un  aparte  del fallo impugnado y  afirma  que  el  Tribunal  concluyó  que con el aviso de la desconexión de los  seccionadores  se autorizaba a la víctima para empezar el trabajo. No obstante,  desfiguró  la prueba en su integridad porque de ella no se puede determinar que  el  fallecido  hubiese  obtenido ese permiso, previamente acordado, para iniciar  la  labor.  Simplemente  se  le estaba informando sobre la desactivación de los  seccionadores.   

Copia  un  segmento  de  lo  narrado  por el  declarante,  para  sostener  que  el  alcance  dado  por  el juez colegiado a la  afirmación  «de  estas  cosas  nos  aviso (sic) por  radio»13,  no  corresponde  a  una autorización para adelantar la gestión,  toda  vez que lo allí narrado solo da a conocer a los operarios eléctricos que  ya     se    había    cumplido    con    una    parte    de    ella,   pero   no   los   facultaba  para  su  iniciación.   Es   más,   del   examen   integral  del  testimonio,  se  evidencia  que  Héctor  Miguel fue  consciente que el corte del fluido eléctrico era provisional.   

Del  hecho  que  Jhon  Fredy  Polo  hubiese  aseverado  en  la  primera  versión  que  no  se  les dio aviso para colocar la  energía,  no  se  puede derivar responsabilidad para los acusados, toda vez que  la  orden  no  era empezar los trabajos sin señal expresa, la cual no se había  dado.   

2. Falso juicio de  existencia por omisión.   

El   ad   quem  no  valoró  las  declaraciones  de  Armando  Barrios  Hernández  y  Fernando  Rojas Tovar (copia segmentos), quienes coinciden con lo  expuesto  por  Jhon  Fredy  Polo, esto es, que no escucharon que se autorizara a  Héctor      Miguel      para      comenzar      la      reparación.   

El juez colegiado admitió que el día de los  hechos  hubo  una  reunión  en  la  que se acordó ese permiso vía radio y que  Héctor  Miguel  portaba  un  elemento  de  comunicación,  por  manera  que las  declaraciones  referidas  «refutan la afirmación de  la  sentencia  demandada  en  sentido  que  el occiso inicio (sic) las labores a  propio  riesgo  incumpliendo con los acuerdos previos, configurándose la causal  excluyente     del     (sic)     responsabilidad     desatendida     por     los  falladores»14.   

Adicionalmente,  la  colegiatura  omitió examinar el concepto rendido por  el  perito  Pablo  Emilio  Parra Díaz, en el que se resalta el artículo 12 del  RETIE15,  para  significar  la importancia de las  comunicaciones  en  los  trabajos  eléctricos y la repetición de los mensajes.  Esa   pericia   «cotejada   con  las  declaraciones  distorsionadas          y         omitidas»16  da cuenta de la imprudencia  de la víctima.   

3.    Falso  raciocinio.   

El  Tribunal  violó el principio lógico de  razón   suficiente   al   incurrir  en  una  falacia  reductiva  cuando  expuso  «[p]ara  la Sala no existe duda que cuando al señor  Bello  Herrera  se  le  informo  (sic)  por  radio  sobre  la  apertura  de  los  seccionadores  (…),  esto  es  que  había  suspendido la energía en el área  donde  debía  hacerse  la  reparación  eléctrica y como la centrífuga que el  mismo  encendió para verificar aquella circunstancia también se había apagado  en  razón  a  su  experiencia  como  electricista, tenía el convencimiento que  podía  subir  al  poste a trabajar sin que se presentara ningún riesgo para su  vida       e       integridad       personal»17.   

El  juez  colegiado no podía suponer que la  utilización  de una centrífuga suplía las normas RETIE o los acuerdos previos  laborales  que  exigen  comunicación  expresa  para sustentar la operación. Se  afectaron  las  leyes de la lógica puesto que esa labor era arriesgada (cita un  fragmento  de  lo  sostenido  por  Jhon  Fredy  Polo en el que da cuenta que ese  mecanismo no era seguro).   

Por  lo  tanto,  justificar un aparente acto  previo  no  es razón suficiente para concluir que sus representados faltaron al  deber  objetivo  de  cuidado.  No  se puede presumir que, por haberse apagado la  centrífuga,    aquéllos    autorizaran    la    realización    del    trabajo  eléctrico.   

Todos  los  yerros  descritos,  en conjunto,  demuestran  que  sus  defendidos  no  incumplieron el deber objetivo de cuidado,  puesto  que  confiaron  en  que  Héctor  Miguel  Bello  Herrera  seguiría  las  instrucciones  dadas  en  la  reunión.  En  consecuencia, surge clara la causal  excluyente  de  responsabilidad  prevista  en  el numeral 1 del artículo 32 del  Código Penal.   

Solicita se case la sentencia recurrida y, en  su lugar, se dicte una absolutoria.   

NO RECURRENTE  

El apoderado de la víctima pide se inadmita  la  demanda  en  la  medida  en  que la pretensión del actor es que la Corte se  constituya    en    una    tercera    instancia,    lo   que   es   abiertamente  improcedente.   

Asegura  que  ninguno  de  los  yerros  fue  sustentado  en razones claras y exitosas. El recurrente se lamenta porque uno de  los    testimonios    (no   precisa)   se   valoró   equívocamente,  pero  nunca  pidió que fuera llamado a  ratificación  y  de manera tardía solicitó nulidades y alegó puntos que pudo  haber    planteado    con   anterioridad.   

CONSIDERACIONES  

1. El delito por el que se procedió en esta  ocasión  está  sancionado  con pena cuyo máximo no excede los 8 años, razón  por  la  cual,  conforme  a  lo  dispuesto  en  el  artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal  de 2000 -estatuto por el cual se  rigió   el   proceso-,  es  improcedente  la casación ordinaria. Sin embargo, siguiendo la misma normativa,  es  viable  acudir  a  la  discrecional  siempre  que  el impugnante, además de  cumplir  con  los  demás  requisitos  legales,  explique  por qué es necesario  admitir  el  libelo  a  efectos  de  desarrollar  la jurisprudencia o garantizar  derechos fundamentales   

El   censor  no  pasó  desapercibida  tal  exigencia,  pero al respecto solo adujo que a sus representados se les violó la  presunción  de inocencia y el derecho a un juicio justo y, además, que se debe  desarrollar  y actualizar la jurisprudencia en punto del principio de confianza.  Ningún  argumento,  dirigido  a  sustentar  esa  afirmación y a persuadir a la  Corte  sobre  su  deber de intervenir para cumplir con alguno de los propósitos  descritos, ofreció el letrado.   

Resulta  importante  recordarle  que,  para  habilitar  esta  vía  con  el  fin  de  desarrollar la jurisprudencia, no basta  simplemente  con  indicar  el  tema  sobre  el  cual  se  muestra interés, sino  exponer,  así  sea de forma sucinta pero con idoneidad, cómo sobre el mismo no  hay  decisión  alguna  o,  aun  existiendo, se hace forzoso replantear la tesis  reinante  o  ahondar  en  su estudio, ya sea para proveer un pronunciamiento con  criterio  de autoridad, bien para unificar posturas conceptuales o actualizar la  doctrina,   o  para  abordar  un  tópico  aún  no  desarrollado,  «con el deber de indicar de qué manera  la  decisión  solicitada  tiene la utilidad simultánea de brindar solución al  asunto  y  a  la  par  servir  de  guía  a la actividad judicial» (CSJ     AP,     26    sep. 2007, rad. 28184).   

Si  la  pretensión  del  casacionista  era  asegurar   la   garantía   de   derechos  fundamentales,  debió  demostrar  su  afectación,   señalar   los  preceptos  constitucionales  correspondientes,  e  indicar    cómo    fueron    desconocidos   por   el   fallo   recurrido,   sin  olvidar,    en    todo  caso,  que sus razones deben  guardar correspondencia con los cargos que proponga.   

Ese    no    fue    el    proceder   del  defensor.   

2.   Tampoco  acertó  el  jurista  en  la  proposición de las críticas por violación indirecta.   

2.1.  A  su  juicio,  se incurrió en falso  juicio  de identidad por distorsión del testimonio de Jhon Fredy Polo, toda vez  que  de  su relato no se desprende que se hubiere dado la autorización previa a  Héctor  Miguel  Bello  Herrera  para  iniciar  el  trabajo eléctrico en el que  perdió la vida.   

Una  adecuada formulación de la censura le  exigía  hacer  una  confrontación  objetiva  con  el  fallo  y  enseñar cómo  acaeció  esa  falta  de  coincidencia,  esto  es, cómo el Tribunal cercenó el  elemento,  cómo  lo  agregó  o distorsionó, atendiendo que de esa prueba hace  parte,     igualmente,    lo    narrado    por    el    declarante    ante    el  investigador,   quien  fue  debidamente  comisionado  por  el  fiscal  para  practicar  pruebas tendientes a  esclarecer   los   hechos.   

Su  discurso  va  orientado, simplemente, a  exhibir   su   propia   visión   sobre   lo   que  debió  extraerse  de  tales  manifestaciones,  lógicamente  acomodada  a  sus intereses, sin demostrar cómo  acaeció la falencia atribuida al juzgador.   

Adicionalmente,  de  la  lectura  del fallo  objeto  de  disenso,  emerge  que  el  Tribunal  no  sostuvo que Jhon Fredy Polo  hubiese   afirmado   específicamente   que   Héctor   Miguel   recibiera   una  autorización  –entendida  en  su  tenor  literal-  para  adelantar  el  trabajo,  sino  que  los  acusados  informaron  por  radio  el  momento en el cual abrieron los seccionadores de los  pozos  AS  16  y  AS 5, esto es, cuando quitaron la energía del sector donde se  debía realizar el mantenimiento del trasformador.   

Cosa  distinta  es  que  el  ad   quem,   luego  de  apreciar  en  su  integridad  el  material  probatorio,  a  la  luz  de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  hubiese concluido  que  la  información  suministrada  por  los procesados era suficiente para que  Héctor  Miguel  iniciara  el  mantenimiento y que el actuar de los acusados fue  imprudente  al activar, en ese  instante,  sin  consultar  con  el  experto,  la  energía en el Campo. Así las  cosas,  equivocó  el  camino  porque ha debido encauzar su crítica por la vía  del  falso  raciocinio  e  indicar  cuál  fue  la  regla  de  la lógica, de la  experiencia o de la ciencia desconocidas.   

Con  todo,  la  Sala  pudo  constatar  que,  justamente,   ello   fue  extraído  por  el  juez  plural,  no  solamente  del  hecho  que  por  radio se  comunicara  sobre  la  apertura de los seccionadores, sino de lo acaecido con la  centrífuga  que  el  hoy  fallecido  encendió  para  verificar  si había o no  corriente  en  el  sector,  la  cual  se  apagó  y solo luego aquél inició su  trabajo.   Así,   adujo   el   Tribunal  que  por  esos  motivos,  «en   razón   a  la  experiencia  como  electricista,  tenía  el  convencimiento  que  podía  subir  al  poste  a  trabajar sin que se presentara  ningún      riesgo      para      su     vida»18,  empero, lo que no esperaba  Héctor  Miguel  era  que los procesados, en una actitud imprudente, energizaran  de   nuevo  esa  área  sin  avisar,  hecho  éste  que  generó  el  accidente.   

2.2.  También denuncia el jurista un falso  juicio  de existencia por omisión, que lo hace descansar en que la magistratura  no  valoró  los  testimonios  de  Armando  Barrios  Hernández y Fernando Rojas  Tovar, ni el concepto rendido  por el perito Pablo Emilio Parra Díaz.   

Parece  olvidar el actor que esta modalidad  de  error  tiene  lugar cuando el juez inadvierte la presencia de una prueba que  materialmente   se   halla   en   el   expediente   y  resuelve  el  asunto  sin  considerarla.   

Eso   no   fue   lo   ocurrido   en  esta  oportunidad, pues una mirada  a    los   fallos   de   instancia   –que  conforman una unidad inescindible porque el Tribunal ratificó  íntegramente  el  apelado-,  permite  constatar  que  tales elementos probatorios sí fueron analizados, solo  que  los  jueces  no les dieron el alcance querido por el demandante19.   

De  manera  que  si, como se verificó, los  medios  de  convicción fueron examinados, no hay falso juicio de existencia por  omisión,  por  lo  que,  de  nuevo,  erró  el  censor  al escoger el motivo de  refutación en sede extraordinaria.   

Concretamente,  en lo atinente a las reglas  de  RETIE, el Tribunal afirmó  que   su  posible  desatención  «no  fue  la  causa  determinante         del         accidente»20,     sino    «el  hecho  que  los  procesados  sabiendo  que la víctima estaba  pendiente  de realizar el trabajo eléctrico y a pesar que habían suspendido la  energía  en  ese  sector,  al  presentarse  un imprevisto de última hora y sin  avisar  al  electricista  lo  que  había  ocurrido  y lo que pretendían hacer,  optaron  por  subir  el  taco  que permitía el paso de corriente y energizar el  campo    con    las   consabidas   consecuencias»21.   

A  juicio  del juez colegiado, los acusados  faltaron  al  deber  de cuidado que les era exigible, asumieron una tarea que no  les  correspondía, respecto  de    la    cual    no    tenían    la    experiencia    suficiente,   y,  sin  comunicar  tal  falla  a  la  víctima, esto es, al experto, decidieron energizar el área.   

2.3.  El  último  reparo del letrado es un  falso  raciocinio  por  desconocimiento del principio de razón suficiente, toda  vez  que  el  Tribunal  no  podía suponer que la centrífuga suplía normas del  RETIE   o   los   acuerdos   previos   laborales,   y,   justificar  esos  actos  anteriores, no es una razón  suficiente    para    concluir    que    los    acusados   faltaron   al   deber  objetivo.   

Al  respecto, la Sala evidencia que esos no  fueron   los   únicos   fundamentos   del   ad  quem  para  declarar  la  responsabilidad de los procesados,  pues   con   tales   propósitos   examinó  todo  el  acontecer  fáctico,  las  circunstancias  en  que  se  desarrolló; la información suministrada a Héctor  Miguel   sobre  la  apertura  de  los  seccionadores  de  los  pozos  del  área  respectiva;  la  constatación  hecha  por  éste  que  la centrífuga se había  apagado,   lo  que  le  permitía  afianzar  su  convencimiento  que  el  fluido  eléctrico  había  sido  cortado;  su  experiencia  por  más de 15 años en el  mantenimiento  eléctrico  y  la  actitud  imprudente de los encartados que, sin  darle  aviso,  subieron  el interruptor de la planta generadora y energizaron el  campo   donde   aquel   se  encontraba  reparando  el  transformador22.    Así    lo    condensó    el    ad  quem:   

El  hecho que los procesados tuvieran poco  conocimiento  en  electricidad,  influyó en el resultado final, pues, aunque en  principio  la  actividad  que  asumieron  relacionada  con  la  apertura  de los  seccionadores  de  los  pozos  no  parecía  ser de mucha complejidad, ya que se  trataba  solamente de bajarlos para suspender la energía del lugar en el que se  iba  a  hacer mantenimiento, la situación se volvió mucho más compleja cuando  al  desenergizar  el pozo AS 5 se presentó un arco el cual generó un corto que  fundió  los fusibles de loza que se encontraban en la subestación, lo que a la  vez,  hizo  que  se encendiera automáticamente la planta eléctrica, pero aquel  imprevisto  exigía de los acusados dar aviso inmediato al señor Héctor Miguel  Bello  Herrera,  quien  era  el  electricista  y al que minutos antes le habían  informado  por  radio  que  ya  se  había quitado la energía para que él como  experto  en  el tema les indicara qué tenían que hacer y se alertara de lo que  había  pasado,  pero  contra a ello (sic),   lo   que   hizo   Víctor   Morales  Hernández  cumpliendo  la  instrucción  que los demás procesados (sic), fue que se dirigió a la planta y  “subimos  el  taco  para  energizar  el  campo”.23   

A lo anterior hay que agregar que el censor  no  hizo  comentario alguno en punto de la declaración de Carmen Amparo Bonilla  Córdoba,  esposa  del occiso, quien, según se consignó en el fallo de segundo  grado,  adujo  que,  una vez  tuvo  conocimiento  del accidente, se trasladó a la clínica y su cónyuge, que  estaba  consciente, le manifestó «don Víctor no sé  porque      (sic)      me      hizo      esto»24.    Así    mismo,    que  «él  le había dicho a la ingeniera que le prestara  la  camioneta para ir personalmente a quitar la luz pero ella no había querido,  petición  que  también  le  hizo a Víctor, el cual tampoco accedió a ello, y  que  cuando  este  último  le  confirmó  que ha había quitado la energía del  bloque  5  que era donde Héctor Miguel iba a trabajar, subió al poste, cambió  un  fusible  y continuó haciéndole mantenimiento al pararrayos cuando recibió  la           descarga          eléctrica»25.   

2.4.  De  otra  parte,  hay que acotar que,  desde   el   punto  de  vista  dogmático,  la  propuesta  del actor se muestra anfibológica, pues orienta su  crítica   a   evidenciar   que   la   culpa   fue  exclusiva  de  la  víctima,  pero,  al tiempo,  aduce  que  se  debe  reconocer  a  sus  prohijados  una causal excluyente de responsabilidad, esto es, la prevista en el  numeral  1 del artículo 32 del Código Penal (caso fortuito o la fuerza mayor),  pasando  por  alto  que  se  está ante circunstancias distintas que, planteadas  conjuntamente,   resultan  contradictorias.   

Las falencias expuestas conducen a inadmitir  la  demanda  y  la  Corte  ha  revisado  integralmente  la  actuación  y  no ha  encontrado   causales   de   nulidad   ni  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales que le impongan su deber de actuar oficiosamente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Inadmitir   la  demanda  presentada  por  el  defensor  de Lida Maryury  Acosta   Álvarez,  Víctor  Morales  Hernández y Alfonso  Conde  Hernández contra la sentencia proferida por el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Neiva.   

En  consecuencia, devolver la actuación al  Tribunal de origen.   

Contra  esa  decisión  no  procede recurso  alguno.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio  16 del cuaderno original 1.   

2 Folio  103 Id.   

3  Folios 119 a 125 Id.   

4  Folios 107 a 113 Id.   

5  Folios 114 a 118 Id.   

6 El 11  de   mayo   de   2012   (folio   302   Id).   

7  Folios 345 a 357 Id.   

8  Cuaderno de segunda instancia de la fiscalía.   

9  Correspondientes a 20 salarios mínimos legales mensuales.   

10  Folios 266 a 309 del cuaderno original 2.   

11  Folios 4 a 45 del cuaderno del tribunal.   

12  Folio 88 Id.   

13  Folio 91 Id.   

14  Folio 92 Id.   

15  Reglamento Técnico de Instalaciones Eléctricas.   

16  Id.   

17  Folio 93 Id.   

18  Folio 27 de la sentencia.   

19  Folios  16,  17,  25, 26 y 31 del fallo de primera instancia y 7, 12 y 35 del de  segunda.   

20  Folio 35 de la sentencia.   

21  Folio 35 del fallo.   

22  Folio 33 del fallo de segundo grado.   

23  Folios 28 y 29 Id.   

24  Folio 34 de la sentencia.   

25  Id.     

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