15235jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15235  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 127  

          Santafé de Bogotá, D.C., julio veintiseis de dos mil.   

VISTOS  

          Estudia  la  Corte el aspecto formal de la demanda presentada por el  defensor  del  procesado  PEDRO NOLASCO REDONDO contra la sentencia del Tribunal  Superior  de Santa Marta fechada el 15 de diciembre de 1997, confirmatoria de la  que  en primera instancia había proferido el Juzgado 4 Penal del Circuito de la  misma  ciudad el 12 de agosto del mismo año para condenar al acusado como autor  del  delito  de  homicidio  a 25 años de prisión, junto con Giovanny de Jesús  Rodríguez   a   quien   como   cómplice   le  impuso  14  años  de  la  misma  pena.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  horas  de  la  noche del 27 de abril de 1996, en el barrio 20 de  julio  de  la  ciudad  de  Santa Marta, resultó muerto René Fuentes Arias como  consecuencia  del  disparo  de arma de fuego que recibió en la región temporal  derecha de la cabeza.   

          Adelantadas   las  primeras  diligencias  por  la  Fiscalía  15  de  Reacción  Inmediata  de  Santa Marta, pudo establecerse la intervención en los  sucesos  de  PEDRO  NOLASCO REDONDO y GIOVANNY RODRÍGUEZ, razón por la cual se  les  vinculó  con  indagatoria  y  luego  recibieron medida de aseguramiento de  detención  preventiva por homicidio, injusto por el cual después de cerrada la  investigación  los  acusó  la  Fiscalía 18 Delegada ante los Juzgados Penales  del  Circuito, según resolución del 20 de marzo de 1997, al primero en calidad  de autor a tiempo que al segundo como cómplice.   

          En  firme  la  decisión  calificatoria,  las diligencias pasaron al  Juzgado  4  Penal  del Circuito, despacho que tramitó la etapa del juicio hasta  proferir  la sentencia mediante la cual condenó a los procesados, decisión que  impugnada luego fue confirmada por el Tribunal.   

LA DEMANDA  

          El  censor,  con  base  en  la  causal  primera de casación, cuerpo  segundo,  denuncia  un  “error  de  hecho  por falso  juicio  de existencia de una prueba testimonial (testigo único)”,  que  llevo al Tribunal a dejar de aplicar los artículos 247, 254,  294  y  445  del  C.P.P.  y  a  aplicar  indebidamente  el  artículo 323 del C.  P.   

Sostiene  el  libelista  que  la  colegiatura  únicamente  tuvo  en cuenta para condenar a PEDRO NOLASCO REDONDO el testimonio  del  primo  hermano de la víctima, Carlos Ceballos  Arias, prueba que, por  ser  eje  del  cargo,  requiere  de un especial juicio de valor. No obstante, su  contenido  es  contradictorio  con  la  declaración  de  la  hermana del occiso  -también  presencial  de  los  hechos-  en  el  sentido  de que mientras aquél  afirmó  que  los  agresores  huyeron a pie, ésta indica que lo hicieron en una  moto;  testimonio  que  extrañamente  fue  dado  siete  meses  después  de los  acontecimientos   sin  posibilitarse  para  la  defensa  el ejercicio de la  contradicción  pues  el  deponente dejó de asistir a la ampliación, siendo de  destacar  que en el lugar de los hechos había mucha gente pasada de tragos, que  no  hubo  discusión entre víctima y victimarios, que el testigo estaba libando  desde  temprana  hora  y al momento del insuceso estaba comprando una botella de  licor;  a  todo  lo cual debe agregarse que no se practicó un reconocimiento en  fila   de  personas,  tampoco  una  inspección  judicial,  y  el  procesado  se  encontraba  bailando  con  su mujer, sin que el testimonio de ésta hubiese sido  desvirtuado en tal sentido.   

          A  partir  de  este  planteamiento,  dice  el  actor que el Tribunal  estructuró  un  indicio  de  presencia  y  otro  de  mentira, siendo el primero  circunstancial  y  el  segundo  sin  prueba  plena  del hecho indicador, pues se  extraña  de que no se haya contado con las primeras declaraciones de la hermana  del   occiso,  las  cuales  bien  pudieron  ser  descartadas  a  través  de  la  apreciación  conjunta  de  las  pruebas y apreciado de acuerdo con lo estatuido  por  el artículo 294 del C.P.P. En consecuencia, el testimonio fue aisladamente  considerado,  sin que sea válido afirmar “que porque  falten  antecedentes  judiciales o de similar índole contra el declarante tiene  valor de PLENA PRUEBA LEGAL DE RESPONSABILIDAD”.   

          En  el  entendido  de  que para apreciar legalmente un testimonio se  deben  tener  en  cuenta  los  principios de la sana crítica, la naturaleza del  objeto  percibido,  el  estado  de  sanidad  de  los  sentidos  perceptores, las  circunstancias  de  tiempo,  lugar  y  modo,  la personalidad del declarante, la  forma  de  la  declaración  y  las  singularidades  que pueden observarse en la  declaración,  el  censor  enrostra  al  ad  quem  haber  tenido en cuenta sólo  “la  omisión  de  antecedentes, la personalidad del  declarante”,    lo    cual   indica   el   parcial  desconocimiento  de  criterios  que  gobiernan  la  apreciación  de  la  prueba  testimonial.   

          Sobre  cada  uno  de tales criterios, propone diversos interrogantes  de  acuerdo  con  las  circunstancias  que  al principio afirmó derivaban de la  versión  del  testigo  -ubicación,  aglomeración,  estado  de  alicoramiento,  etc.-,  para  finalmente  poner en duda el carácter de plena prueba del mentado  testimonio  y  estimar  transgredido, por falta de aplicación, el principio del  in dubio pro reo.   

          Finaliza  asegurando  que  de  no  haber incurrido el fallador en la  inobservancia  de  los  artículos  254,  294  y  445  del  C.P.P.  “otra  hubiese  sido la decisión, ya que al tener en cuenta dicho  testimonio  como  plena prueba legal de responsabilidad (art 81 de la Ley 190 de  1995)  contribuyó al (sic) un falso juciio (sic) de existencia de la norma (art  81  Ley  190  de 1995) que modificara el art 247 del C. de P.P.”, pues  el  testimonio  no  resiste la sana crítica y de él no puede  depender  el  principio de la presunción de inocencia, menos cuando la versión  del  acusado  no  ha  sido  desvirtuada, por ende “la  falta  de  certeza  legal  o  plena prueba legal, ha debido devenir en sentencia  absolutoria”.   

          Solicita   la   casación  del  fallo  y  el  proferimiento  de  uno  absolutorio  de  remplazo  “sin que la Sala pierda la  facultad  de  acudir  a la casación oficiosa, si encuentra vicios de nulidad en  el trámite por falta de investigación integral”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  construcción de un juicio técnico jurídico que ponga a prueba  la  legalidad  de los fallos proferidos por los tribunales en segunda instancia,  es  el primer paso que deben dar los censores en procura del estudio de fondo de  los  asuntos  impugnados  en casación. Lo anterior significa que si del estudio  preliminar  que  de  la  demanda  hace  la  Corte no aparece cumplido el aspecto  formal  establecido  en  el  artículo  225 del C.P.P.,  de   acuerdo   con   el  artículo  226  ejusdem la demanda deber ser inadmitida de  plano y declarado desierto el recurso.   

          Es  ese  el caso frente al cual se encuentra la Corte, habida cuenta  de  que  el  censor  parte  de  un supuesto “error de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  de  una  prueba  testimonial (testigo  único)”,   y  pese  a  que  deja  de  mencionar  la  modalidad  de  éste  -esto  es, si se debe a omisión o más bien a suposición  del  elemento  de  convicción-,  luego  desarrolla  un  discurso contrario a la  naturaleza  del  yerro  anunciado,  pues  si  éste  se refiere al testimonio de  Carlos  Ceballos,  el  censor   reconoce  su  existencia en el proceso pero  refuta  la  apreciación  que  de  tal probanza hizo el Tribunal, actitud con la  cual   deja   sin   piso   tanto   la   suposición   como  su  omisión  en  la  sentencia.   

          Ahora  bien, si con detrimento del principio de limitación que rige  la  casación  se  llegase  a  entender  que el falso juicio de existencia está  referido  al  testimonio  de  la  hermana  del  occiso,  la  falta de claridad y  precisión  en  el  cargo,  que ya era bastante, asume contornos superlativos al  punto  de  hacer ininteligible la censura, amén de que sobre ésta o cualquiera  otra  de  las  pruebas  que  al  desgaire  dice están afectadas por el error de  existencia  nada  se dice sobre su potencialidad para derruir el fallo, esto es,  que  de  haber  sido  analizadas  por  el  juzgador  no  se habría producido la  condena.   

Por  el  contrario, la falencia se hace más  ostensible  cuando  el  censor afirma que con el testimonio del primo hermano de  la  víctima  indebidamente  se  construyeron  los  indicios  de  presencia y de  mentira,  pero  sin explicar cómo a partir de cualquier clase de error cometido  sobre  la  prueba  resultaba  impropia  la  configuración  de  dichos medios de  convicción,  bien  que  el yerro afectara el hecho indicador, ora la operación  mental  de  inferencia  del  dato  indicado  y menos la estimación individual o  conjunta de su mérito suasorio.   

En  síntesis,  el  actor no precisa ningún  desatino en la apreciación de las pruebas del sentenciador.   

          Diverso  a  ello,  lo que muestra la demanda es la inconformidad con  el  poder  de  convicción  que  les  otorgó  a las unidades de información el  juzgador  de  instancia, convirtiendo el escrito en una simple confrontación de  criterios  para discutir el crédito que la sentencia da a la versión de Carlos  Ceballos  Arias,  tomando  entre  otros  como  soporte  a  su  opinión  que  el  declarante  estaba  alicorado,  que  se hallaba en un sitio que hacía dudosa su  plena  percepción  del  hecho,  que  provenía  de una zona poco respetuosa del  derecho  a  la  vida  y  que  tardó  siete  meses  en entregar su versión a la  autoridad.   

          Estos   reparos   sobre  la  valoración  de  la  prueba,  que  bien  planteados  deberían  encauzarse por una vía diferente a la del error de hecho  inicialmente  propuesto  como  fundamento del reproche, tendrían que ver con un  falso  juicio  de convicción -error de derecho- de difícil planteamiento en un  régimen  probatorio  carente de tarifa legal -artículo 253 del C.P.P.- como el  nuestro,  donde  el  juez  aprecia libremente las pruebas sujeto en su análisis  únicamente   a   la   racionalidad   que  le  impone  el  método  de  la  sana  crítica.   

          No  menos desatinada es la invitación que  el libelista hace a  la  Corte  a acudir a la casación oficiosa si encuentra vicios de nulidad en el  trámite  por  falta  de una investigación integral, pues con ello desconoce la  naturaleza  rogada de esta extraordinaria forma de impugnación, confundiéndola  con  el  grado  jurisdiccional de la consulta e ignorando de paso que ella sólo  adquiere  competencia  para revisar los fallos de segunda instancia mediante una  demanda en forma que aquí brilla por su ausencia.   

          En  las  anteriores  condiciones,  el libelo deviene inidóneo   para  suscitar  el  estudio  de  fondo  de  la  situación dada a conocer por el  impugnante,  lo  que  constituye  razón  más  que  suficiente para disponer su  prematuro   rechazo   y   la   consiguiente   declaratoria   de  deserción  del  recurso.   

          En   consecuencia,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL   

RESUELVE  

          RECHAZAR  IN LIMINE la demanda de casación  presentada  en favor del procesado PEDRO NOLASCO REDONDO contra la sentencia del  Tribunal   Superior   de   Santa   Marta   que   lo   condenó   como  autor  de  homicidio.   

          Declárase desierto el recurso interpuesto.   

          Por  alcanzar  ejecutoria  al  momento de su suscripción, contra de  esta decisión no procede recurso alguno.   

          Cópiese,     cúmplase     y    devuélvase    al    Tribunal    de  origen.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GÁLVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

         

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR           

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERES RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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