15113jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso Nº 15113  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 116  

          Santafé de Bogotá, D.C, diez de julio de dos mil.   

VISTOS  

          Resuelve  la  Corte  sobre  la admisibilidad formal de la demanda de  casación  presentada  por el defensor del procesado OSCAR MAURICIO TOVAR DÍAZ,  contra  la  sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bucaramanga  del  26  de  junio  de1998, confirmatoria de la proferida por el Juzgado 8 Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad, por medio de la cual condenó, entre otros  acusados,  al  impugnante  extraordinario  como autor responsable del injusto de  acceso    carnal    violento,   a   la   pena   principal   de   40   meses   de  prisión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Entrada  la noche del 21 de marzo de 1994 OSCAR MAURICIO TOVAR DIAZ,  Nelson  Armando  Huérfano,  Hernán José Roa y Jhon Alexander Manzano Farfán,  soldados  bachilleres  que prestaban el servicio militar en la Segunda División  del   Ejército   en  Bucaramanga,  con  el  ánimo  de  libar  abandonaron  las  instalaciones  de  reclutamiento en una camioneta conducida por Huérfano y más  tarde   se   les   unió   en   la   jarana   el  civil  José  Mauricio  Dorzan  León.   

          Pasadas  las  2  de  la madrugada, detuvieron el vehículo frente al  bar  “El  ESCORPIÓN”,  lugar  en  el  que  divisaron  a Astrid Lucía Luna,  trabajadora  sexual  del sector, en compañía de Jorge Guerrero Sánchez y Juan  Pinto  Rojas, varones a quienes después de informar que eran miembros del grupo  UNASE  requisaron  y  obligaron  a no mirarlos al rostro, pero comoquiera que el  primero  de  éstos  desatendió  la  orden  recibió un puñetazo en la cara de  parte  de  uno  de  los  militares,  a  tiempo  que  a  la mujer se le introdujo  bruscamente   en  la  camioneta  so  pretexto  de  que  sería  conducida  a  la  SIJIN  para interrogarla sobre unos revólveres.   

          En  el sitio conocido como “LA CEMENTO”  los  soldados  hicieron  descender  del automotor a la  damisela,  procediendo  a copularla contra su voluntad mientras que Dorzan León  la  ofendía  verbalmente  y manoseaba su cuerpo. Hecho lo anterior, el grupo de  jóvenes  dejó  de nuevo a la accedida en la esquina del lugar donde la habían  recogido, advirtiéndole que si los miraba le propinarían un tiro.   

          Como  los  acompañantes  de  la  víctima  habían  informado  a la  autoridad  sobre  el  suceso,  la  Policía  se dio a la tarea de capturar a los  transgresores,  logrando  aprehenderlos frente al bar “EL BARÚ”, excepción  hecha  de  Jhon  Alexander Manzano de quien se conoció su participación en los  sucesos debido a que había dejado su cédula de ciudadanía.   

          Por  los  anteriores hechos la Fiscalía 2 de la Unidad de Previas y  Permanente  de  Bucaramanga  ordenó  la  apertura  de instrucción, escuchó en  indagatoria  a  los  implicados  y  como  el proceso pasó a la Fiscalía 12 del  Grupo  Vida  de  la Unidad Delegada ante los Juzgados Penales del Circuito, este  despacho  les  definió la situación jurídica con detención preventiva por el  delito  de  acceso carnal violento, salvo a José Mauricio Dorzan León respecto  de   quien   se   abstuvo   de   imponer  medida  alguna.  Una  vez  cerrada  la  investigación,  se  calificó  el  sumario  con  proveído  fechado  el  28  de  noviembre  de  1996  en  el  que  los  procesados  resultaron  acusados  por  el  mencionado  injusto  a  tiempo que en contra de Dorzan León se profirió medida  de   aseguramiento   de   detención  preventiva  y  acusación  en  calidad  de  cómplice.   

          Del  juicio conoció el Juzgado 8 Penal del Circuito de Bucaramanga,  trámite  que  pese a algunos incidentes de nulidad concluyó el 9 de febrero de  1998  con  sentencia  condenatoria  en  contra  de los procesados OSCAR MAURICIO  TOVAR,  Nelson  Armando  Huérfano,  Jhon  Alexander  Manzano  y  José Mauricio  Dorzan,   imponiéndoles   a   los   tres  primeros  la  pena  de  40  meses  de  prisión,  y al último 33 meses.   

          Apelada  la decisión de primera instancia, el Tribunal la confirmó  el  26  de  junio  de  1998,  excepto en lo relativo a Jhon Alexander Manzano, a  quien absolvió.   

LA DEMANDA  

          Invocando  la  causal  primera  de  casación,  el censor propone un  cargo  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  en  la  hipótesis de  interpretación errónea del artículo 298 del Código Penal.   

          En      el      delito     de     acceso     carnal     –dice-  la violencia, particularmente la  moral,  como elemento normativo del tipo hace necesario que el Juez considere el  entorno  y  la  personalidad  de  quien  se  reputa  ofendida, comoquiera que la  afectación   de   su  consentimiento  sobre  la  libertad  sexual  depende  del  entendimiento que ésta tenga de la propia vida sexual.   

          A  partir  de  esta  proposición afirma que no es lo mismo intentar  avasallar  la  voluntad  de una mujer dedicada al cumplimiento de roles normales  que  la  de  una  meretriz,  pues  en  el  primer caso es cierto que se anula la  facultad  individual  de  la víctima “a consecuencia  de  un  mal  grave  y  próximo  que,  particularmente, hace que ésta preste su  consentimiento  a  la  cópula  que en otras condiciones no habría otorgado”,  a   tiempo   que   “las  condiciones  de  vida  de una damisela, en nuestro medio, implican de por sí su  exposición  diaria al acecho para obtener de allí un producido por su trabajo,  lo que hace que su consentimiento se revele como ofrecido”.   

          Así,  en  la  amenaza que estructura la violencia moral, además de  ser  necesario  distinguir la naturaleza y el contenido de la misma, también es  preciso  diferenciar  las  condiciones  de  vida de quien recibe el apremio. Por  eso,  tratándose  de  una prostituta cuyo habitat es el bajo mundo, el contacto  con  la  delincuencia,  el  vicio  y  la  constante  asechanza  sobre  su  misma  subsistencia,  no  hay  tal  amenaza  a un mal grave y próximo, ya que ésta de  manera  recurrente  ha  sido  admitida  por  la  persona  que a la práctica del  mercado  sexual se dedica, desde el momento en que decidió hacerlo “entregándose  a  un  placer  que  no  sólo conlleva el disfrute  libidinoso  sino  el  contacto con todos los vicios y con los riegos (sic) de la  calle”.   

          De  otra  parte,  asevera, el intérprete de la norma debe otorgarle  un  contenido de verdad a la moral de la persona sobre quien recae la violencia,  ya  que  si cuando se habla de violencia física, lo físico está referido a la  integridad  personal  de  la víctima, lo moral yace en la moral de la víctima,  para  a  partir  de ahí “determinar la naturaleza y  entidad  del  mal  amenazante  como  aquel  que  de  verdad resulta idóneo para  doblegar  la  voluntad  del  amenazado  y  poner  su consentimiento a merced del  infractor”.   

          Estos  planteamientos en opinión del censor son precisos en aras de  la  demostración del error del sentenciador en la labor hermenéutica, en punto  del  concepto  de  violencia moral como elemento normativo del tipo contenido en  el  artículo 298 del Código Penal, al que de haberse dado su verdadero sentido  y  alcance,  teniendo  en  cuenta  las  condiciones del hecho, las relaciones en  nuestro  medio  y las amenazas constantes que en el medio de la prostitución se  viven,  la  conclusión  jurídica  no  podía  haber  sido  diferente  a  la de  considerar atípico el comportamiento del procesado.   

Remata    diciendo    que    “Con  fundamento  en  la  causal 1°, cuerpo primero, del art. 220  del  C.  de  P.P., demostrada la violación directa por interpretación errónea  de  la  norma  del  art. 298 del C.P., lo que generó su aplicación indebida”  solicita  a la Corte casar el fallo censurado para que  en  uno  de  remplazo  se  absuelva  al  procesado  del  cargo  por  el cual fue  acusado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Pacífica   y   reiterada   ha   sido   la  jurisprudencia  de  esta  Sala  en  punto  de que, al orientar la censura por el  quebrantamiento  directo de la ley sustancial, el casacionista no debe perder de  vista   que  por  la  naturaleza  del  reproche,  esto  es  por  el  proceso  de  intelección   de   las   normas   aplicables   al  caso  concreto,  es  preciso  circunscribir  el desarrollo del cargo a una cualquiera de las hipótesis que lo  fundamentan:  falta  de  aplicación,  aplicación  indebida  o  interpretación  errónea,  sin incurrir en confusiones entre las distintas modalidades, pues con  ello   la  demanda  deviene  antitécnica  por  la  presencia  de  proposiciones  antagónicas  e  irreconciliables, con la inmediata consecuencia de no auspiciar  el  estudio  de  fondo  de  la  situación  por incumplimiento de los requisitos  formales  establecidos  en  el artículo 225 del Código de Procedimiento Penal,  específicamente   el  numeral  3  que  impone  claridad  y  precisión  en  los  fundamentos de la causal.   

Es  el  caso  frente al cual se encuentra la  Corte,  en  el que además de no aparecer la necesaria aceptación de los hechos  y  de  la  valoración  dispensada por el Juzgador a las pruebas, punto de apoyo  lógico  al ejercicio del debate de pleno derecho que constituye la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial, según lo ha enseñado también la  Sala,    tampoco    hay   coincidencia   entre   el   cargo   propuesto   y   su  desarrollo.   

Al  efecto  basta observar que el demandante  aduce  la  interpretación errónea del artículo 298 del Código Penal, lo cual  hacía  pensar  a  la Corte que el censor entregaría argumentos tendientes a la  demostración  de  que  a  pesar  de  que el juez acertó en la selección de la  norma  aplicable  al  caso,  le atribuyó un sentido jurídico que no tiene o le  asignó efectos que no derivan de su contenido.   

Empero,  otra  es  la  dirección  que  el  demandante  da  al cargo en la medida en que remplazó la anunciada tarea por la  de  combatir  la  posición  del  juez  cuando considera demostrada la violencia  moral  a  la que fue sometida la víctima por parte del procesado para lograr la  consumación  del  injusto  en contra de la libertad sexual y la dignidad humana  de la vilipendiada mujer.   

Con  una tal manera de argumentar, el censor  desarrolla  otra propuesta compatible con un error en la selección de la norma,  pues  si  la  discusión en definitiva la centró sobre uno de los elementos que  tipifican    la   conducta,   como   el   ingrediente   normativo   “violencia”,  ello  significa  que  el  actor  comulga  con  que  el  precepto  sustancial  supuestamente quebrantado no  podía  ser tomado como base de la resolución judicial de condena, por falta de  adecuación del comportamiento del procesado al tipo penal.   

Este  ejercicio,  por lo incorrecto no menos  contradictorio  y  antitécnico,  llega  a  su  mayúscula  expresión cuando el  censor  cierra  la  demanda  sosteniendo  que  la  interpretación  errónea del  artículo   298   del   Código  Penal  “generó  su  aplicación   indebida”,  manifestación   ayuna  de  la  claridad  y  precisión  requeridas  por  la  ley para las demandas en forma -numeral 3 del artículo 225  del  Código  de Procedimiento Penal-, ya que constituye un craso error sostener  coetáneamente  que  una  norma  reputada  adecuadamente  seleccionada  pero mal  interpretada, ha sido también indebidamente aplicada.   

Esta falencia es suficiente para inadmitir la  demanda,  pero  si en gracia de discusión se aceptara que el libelista busca la  sustitución  del  fallo  con base en la aplicación indebida de la ley, tampoco  así  el  libelo  presenta  visos  de  formalidad comoquiera que guarda silencio  sobre  la  norma  que,  en  lugar  de  la incorrectamente traída, supuestamente  correspondía  aplicar  al caso, creando por contera un estado de ignorancia que  no  puede  en  ningún  evento  suplir  la  Corte,  en  razón  del principio de  limitación que rige la casación.   

De  otro lado, los diferentes argumentos que  ofrece  como  determinantes  de  la  equivocación  en  que  dice  incurrió  el  Tribunal,  no  pasan  de ser apreciaciones salidas del contexto protector de los  bienes  jurídicos,  como  es el concepto de que por ser la víctima una persona  dedicada  al  mercado  carnal no es pasible de agresión en su libertad sexual y  dignidad  humana;  inusual  reflexión  que  fluye  de las palabras “por  eso  la  amenaza  de  un mal grave y próximo no es tal para  quien  se  desenvuelve  en  esas condiciones de prostitución, pues es su diario  quehacer  una  amenaza  recurrente,  la  que  ha sido admitida por la prostituta  desde  el  momento  mismo  en  que decidió dedicarse a ello, entregándose a un  placer  que  no sólo conlleva el disfrute libidinoso sino el contacto con todos  los vicios y con los riegos (sic) de la calle”.   

Este  peregrino  criterio  por supuesto no  sólo  atenta  contra el adecuado entendimiento de los elementos y la estructura  del  concepto de delito como juicio de desvalor sobre algunos actos humanos y su  autor,  sino  que  en  manera  alguna  su  planteamiento  es posible, en sede de  casación,    dentro   de   la   causal   invocada   como   fundamento   de   la  censura.   

De  acuerdo  con  lo  anterior, el libelo no  supera  el  examen preliminar por carecer de la técnica requerida y ser más un  escrito  informal  dirigido  a combatir un fallo que por estar amparado por  la  doble presunción de acierto y legalidad, sólo es susceptible de ruptura en  esta  sede  extraordinaria  con  una demanda que avise con lógica y sindéresis  los   errores  in  procedendo  o  in  iudicando  de  que  se  duele,  para  cuya  demostración  y  reparo  está  instituido  el juicio de legalidad propio de la  casación.   

En este orden de ideas, se impone el rechazo  de  plano  de  la  demanda  y  la  consiguiente  declaración  de deserción del  recurso.   

En  tal  virtud, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.   RECHAZAR   IN   LIMINE   la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  OSCAR MAURICIO TOVAR DÍAZ.   

2.    DECLARAR   DESIERTO   el  recurso  de  casación  concedido por el Tribunal de Bucaramanga  dentro del presente asunto.   

3.  DEVOLVER  el  expediente a su lugar de origen.   

CÚMPLASE  

   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                                                                  JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ     GALLEGO                       

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS    E    MEJÍA    ESCOBAR           

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *