STP14033-2014

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

SALA DE DECISIÓN DE TUTELAS No. 3  

         

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Magistrado Ponente  

STP14033-2014  

Radicación No 76122  

(Aprobado  Acta  No.  333)   

Bogotá. D.C., siete (7) de octubre de dos mil  catorce (2014).   

Resuelve  la  Sala  de  Casación Penal de la  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Decisión de Tutelas, la acción interpuesta  por     URIEL     GONZÁLEZ     CHACÓN, en contra de la  Sala  Penal  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué y el Juzgado  Quinto  de  Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad de esa misma ciudad, por  la supuesta vulneración de sus derechos fundamentales.   

ANTECEDENTES  

Y  

FUNDAMENTOS DE LA ACCIÓN  

1. El accionante fue  condenado  por  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Ibagué,  el  12  de enero de 2010, por el delito de secuestro extorsivo, hurto calificado  y  agravado  y  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal, por hechos  llevados  a  cabo el 10 de septiembre de 2003, a la pena principal de 28 años y  4  meses  de  prisión,  además  de  otras  sanciones accesorias y pecuniarias.   

El Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Ibagué,  el  9  de  septiembre  de  2010,  decretó  la nulidad de la sentencia  mencionada,   para   que   se   profiriera  una  nueva  decisión,  conforme  al  procedimiento ordinario establecido por la Ley 600 de 2000.   

Surtida  la  actuación  de  acuerdo  con  el  trámite  correspondiente,  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado  Adjunto  de  Ibagué, mediante sentencia de 30 de noviembre de 2011, condenó al  peticionario,  por  el  delito  de secuestro extorsivo, a la pena de 22 años de  prisión.   

Contra  esa determinación no se interpuso el  recurso  de  apelación,  la  cual cobró ejecutoria el 21 de diciembre de 2011.   

Correspondió al Juzgado Quinto de Ejecución  de  Penas  y  Medidas de Seguridad de Ibagué la vigilancia de esa sanción y de  otras  condenas,  por  homicidio agravado y secuestro extorsivo, provenientes de  otros procesos.   

El condenado solicitó acumulación jurídica  de  penas,  la cual fue resuelta por el juez ejecutor en auto de 9 de febrero de  2012,  donde  se  fijó  como  sanción  principal  la  condena  de  40 años de  prisión.   Contra  esa  decisión  interpuso  los  recursos  de  reposición  y  apelación,  ambos  negados,  en  su  momento  por  las  autoridades accionadas.   

Con posterioridad, solicitó la rebaja de pena  consagrada  en  el  artículo  70  de  la  Ley  975  de  2005, petición que fue  despachada  desfavorablemente  por  el  Juzgado  de  Ejecución  y  el  Tribunal  Superior  de Ibagué, en providencias de 28 de febrero de 2013 y 15 de noviembre  del mismo año, respectivamente.   

Inconforme, acudió a la acción de tutela, en  la  cual deprecó la rebaja punitiva del 10% de la condena, con fundamento en el  artículo  70  de  la  Ley  975  de 2005. Amparo que fue negado por esta Sala en  fallo  de 22 de octubre de 2013 -Rad. 70023- porque el actor no cumplía con los  requisitos  para  acceder  a ese beneficio, dado que la sentencia había quedado  en  firme  después  de  la  vigencia  de  la referida disposición legal.    

2. Se queja el actor  porque,  en  su  opinión,  la  sentencia del Juzgado Segundo Penal del Circuito  Especializado  Adjunto  de Ibagué, de 30 de noviembre de 2011, mediante la cual  se  le  condenó, por el delito de secuestro extorsivo, a la pena de 22 años de  prisión,   desconoció  la  confesión  de  su  participación  en  los  hechos  delictivos,  actuación  que  le hacía acreedor a la rebaja de penas consagrada  en los artículos 280 a 283 de la Ley 600 de 2000.   

Alega el accionante:  

Como se puede notar en todo el contenido de la  primera  sentencia  que  fue objeto de nulidad por el Tribunal Superior, en todo  lo  actuado,  para que se realizara un nuevo pronunciamiento jurídico, bajo los  rituales  de  la  Ley 600 de 2000, siendo (sic) arrebatado en la nueva sentencia  el  (sic)  beneficio que hoy imploro ante los Honorables Magistrados de la Corte  Suprema   de   Justicia.1   

Por  último,  solicita  la  aplicación  del  principio  de  igualdad  debido  a  que  “la señora  Beatriz   Velásquez   Quintero,   fue   vinculada   en   los   mismos   hechos,  encontrándonos  en la misma situación y quien goza del beneficio consagrado en  el   artículo   40  de  la  Ley  600  de  2000”.2     

3.  En consecuencia,  pide  al  juez  de  tutela concedan su “demanda, bajo  los  argumentos  y  leyes,  en  sus  artículos  expuestos como son los derechos  constitucionales  y  el  derecho  a  la igualdad.”3   

RESPUESTA     DE     LAS    AUTORIDADES  ACCIONADAS   

La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Ibagué  manifestó  que  la  decisión objeto de ataque  –  sentencia  de  30  de  noviembre  de  2011,  dictada  por  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito   Especializado  de  esa  misma  ciudad  –  no  fue  objeto  de  apelación  y  por  esa razón no conoció en  segunda instancia de ese proveído.   

Adicionalmente, aclaró que aunque esa Sala ha  conocido  en  apelación  de  las  decisiones  que  involucran al procesado, las  mismas  tienen  su  génesis  en la ejecución de la pena que le fuera impuesta,  destacando  que  en  la fase de ejecución de la sanción no es posible examinar  la  sentencia ejecutoriada, debido a que la misma goza de presunción de acierto  y legalidad.   

El  Juzgado  Quinto  de Ejecución de Penas y  Medidas  de  Seguridad  de  Ibagué,  por  su  parte,  hizo  un  relato  de  las  actuaciones   procesales   y  decisiones  tras  cada  solicitud  del  condenado.  Coincidió  con  el  Tribunal  accionado  en la limitación del juez ejecutor de  abordar    los    alegatos   del   actor   contra   la   sentencia   debidamente  ejecutoriada.    

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  tutela  es  un  mecanismo  de protección  excepcional  frente  a  providencias  judiciales,  su  prosperidad  va ligada al  cumplimiento  de  estrictos  requisitos  de  procedibilidad  que implican una carga para el actor tanto en su  planteamiento  como  en  su  demostración,  como lo ha expuesto la propia Corte  Constitucional4.   

Tan  exigente  es,  que  la acción de tutela  contra providencias judiciales, requiere:   

a. Que la cuestión que se discuta resulte de  evidente relevancia constitucional.   

b.  Que  se  hayan  agotado  todos los medios  -ordinarios  y  extraordinarios-  de  defensa  judicial al alcance de la persona  afectada,  salvo  que  se  trate  de  evitar  la  consumación  de  un perjuicio  iusfundamental irremediable.   

c.   Que  se  cumpla  el  requisito  de  la  inmediatez,  es  decir,  que  la  tutela  se  hubiere interpuesto en un término  razonable    y    proporcionado   a   partir   del   hecho   que   originó   la  vulneración.   

d.  Cuando  se  trate  de  una  irregularidad  procesal,   debe   quedar  claro  que  la  misma  tiene  un  efecto  decisivo  o  determinante  en  la  sentencia  que  se  impugna  y  que  afecta  los  derechos  fundamentales del accionante.   

e.  “Que la parte  actora  identifique  de  manera  razonable  tanto  los  hechos  que generaron la  vulneración   como   los   derechos   vulnerados  y  que  hubiere  alegado  tal  vulneración   en   el   proceso   judicial   siempre   que  esto  hubiere  sido  posible.”.5   

f.   Que  no  se  trate  de  sentencias  de  tutela.   

Los  anteriores requisitos no pueden quedarse  en  meros  enunciados,  pues  han  sido  reiterados por la Corte Constitucional,  primero  en  la  sentencia C-590 de 2005, luego en las decisiones T-332, T-780 y  T-212   de   2006,  reforzando  lo  dicho  en  la  primera  de  las  mencionadas  providencias,  en  el  sentido  de  que,  cuando  se trata de acciones de tutela  contra   providencias   judiciales,   las   mismas  sólo  pueden  tener  cabida  “…  si  se cumplen ciertos y rigurosos requisitos  de  procedibilidad.   Dentro de estos pueden distinguirse unos de carácter  general,  que  habilitan  la  interposición  de la tutela, y otros de carácter  específico,   que   tocan   con  la  procedencia  misma  del  amparo,  una  vez  interpuesta”. -C-590 de 2005-   

Análisis del caso concreto  

1. El accionante se  queja  de  la  sentencia  de  30  de  noviembre  de 2011, dictada por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito Especializado Adjunto de Ibagué, mediante la cual  se  le  condenó, por el delito de secuestro extorsivo, a la pena de 22 años de  prisión.   

Bajo  este  panorama,  salta  a  la vista la  improcedencia  de  la  presente  acción  por el incumplimiento del requisito de  inmediatez.   

En   lo  que  toca  a  esa  exigencia,  la  jurisprudencia  constitucional  ha  precisado  que  la  acción  de  tutela debe  interponerse   dentro   de   un  plazo  razonable,  so  pena  de  declararse  su  improcedencia6.  A  la  hora de valorar la razonabilidad de dicho término, según  la  sentencia  T-173  de  2002,  el  juez  habrá  de  considerar los siguientes  factores:   

   

i)            Si  existe  un  motivo  válido  para la  inactividad de los accionantes;   

ii)           Si esta inactividad injustificada vulnera  el  núcleo  esencial  de  los derechos de terceros afectados con la decisión y   

iii)           Si  existe  un  nexo  causal  entre  el  ejercicio  inoportuno  de  la  acción  y la vulneración de los derechos de los  interesados7.   

En el presente caso, el período trascurrido  entre  la  supuesta  vulneración de garantías fundamentales y la presentación  de   la   demanda   de   tutela  es  de  más  de  32  meses,  sin  que  se  evidencie ningún motivo válido  para   la  inactividad  del  actor  ni  alguna  circunstancia  justificante  del  ejercicio inoportuno de la acción.   

Sobre este último aspecto, se resalta que el  actor  ha  acudido  con  anterioridad  a  otra  acción de tutela, exponiendo su  inconformidad  contra  la  sentencia  condenatoria  reseñada,  respecto  de  la  supuesta  omisión  de  la rebaja punitiva del 10% de la condena, contemplada en  el  artículo  70  de  la Ley 975 de 2005- y sólo hasta ahora alega que con esa  misma  decisión  se  le desconoció su derecho a la “sentencia anticipada”.  Actitud   que   no  es  compatible  con  la  inmediatez  que  exige  la  acción  constitucional.   

Si  tan  palmaria  resultaba  esa  supuesta  arbitrariedad,  no  entiende  la  Sala  por qué el actor, en el lapso de los 32  meses   siguientes  a  la  sentencia  condenatoria,  no  acudió  a  este  medio  excepcional,  aspecto  que  el accionante pudo evidenciar desde el mismo momento  que  tuvo  acceso  a las motivaciones de la misma. Su incuria solo es indicativa  de  la  ausencia  de  la  vulneración  alegada,  dado  que  la  exigencia de la  inmediatez  no  es  simplemente  un  requisito de procedibilidad, también es la  conducta  esperada,  y exigible, de quien padece una conculcación ostensible de  sus derechos fundamentales.    

Finalmente,   importa  subrayar  que  esta  iniciativa  judicial  tiene  su  origen  en un intento del actor de reactivar la  discusión  procesal,  a  partir  de  la  elucubración  de  un  nuevo motivo de  inconformidad  contra la sentencia condenatoria, frente a la cual el actor ni su  apoderado   judicial   formularon   oportunamente   el  recurso  de  apelación,  obviándose  de  esa  forma,  además del requisito de inmediatez, la naturaleza  subsidiaria de la acción de tutela.   

2. Por consiguiente,  refulge  incuestionable  que  el  incumplimiento  del requisito de inmediatez es  razón    suficiente    para    declarar    la    improcedencia    del    amparo  constitucional.    

Así lo determinó la Corte Constitucional en  la sentencia T-580/06, en los siguientes términos:   

Este requisito (la inmediatez) reclama que la  acción  de  tutela sea utilizada en un término prudencial, esto es, con cierta  proximidad   y  consecuencia  a  la  ocurrencia  de  los  hechos  que  se  dicen  violatorios  de  derechos  fundamentales,  pues es claro que la tutela pierde su  sentido  y su razón de ser como medio excepcional y expedito de protección, si  el  paso  del  tiempo,  lejos  de  ser  razonable,  desvirtúa tal inminencia la  necesidad  de  la  protección constitucional. Cuando ello ocurre, la acción de  tutela resulta, en consecuencia, improcedente.   

En ese orden de ideas, siendo los requisitos  genéricos     de     procedibilidad    de    la    tutela    de    carácter  concurrente,  no alternativos,  el  incumplimiento de la exigencia de inmediatez torna en improcedente el amparo  constitucional,  siendo  innecesario  abordar el examen de las demás exigencias  de idéntica naturaleza.   

Por   consiguiente,  el  fallo  objeto  de  impugnación habrá de confirmarse.   

3.  Por  último,  frente  a  la  supuesta  vulneración del derecho a la igualdad, por el presunto  trato  diferenciado  que  ha  recibido  el  actor,  la  Sala trae a colación un  pronunciamiento  en  sede  de  tutela,  en  el  cual  se  abordó  el ámbito de  aplicación de esa garantía fundamental:   

«La   jurisprudencia   constitucional  ha  señalado  que  el  principio  de  igualdad  puede  ser  descompuesto  en cuatro  mandatos:   

“(i)  un mandato  de   trato  idéntico  a  destinatarios  que  se  encuentren  en  circunstancias  idénticas,  (ii) un mandato  de   trato   enteramente  diferenciado  a  destinatarios  cuyas  situaciones  no  comparten  ningún elemento en común, (iii) un mandato  de  trato  paritario  a  destinatarios cuyas situaciones presenten similitudes y  diferencias,   pero  las  similitudes  sean  más  relevantes  a  pesar  de  las  diferencias  y,  (iv)  un  mandato  de trato diferenciado a destinatarios que se  encuentren  también  en una posición en parte similar y en parte diversa, pero  en  cuyo  caso  las  diferencias sean más relevantes que las similitudes. Estos  cuatro  contenidos  tienen  sustento  en  el  artículo  13 constitucional, pues  mientras   el  inciso  primero  del  citado  precepto  señala  la  igualdad  de  protección,  de  trato y en el goce de derechos, libertades y oportunidades, al  igual  que  la  prohibición  de  discriminación; los incisos segundo y tercero  contienen  mandatos específicos de trato diferenciado a favor de ciertos grupos  marginados,    discriminados    o    especialmente   vulnerables.”8  (Resalta  la  Sala)   

En  razón  de  los límites funcionales del  juez  de  tutela,  solo  es posible analizar el caso desde la perspectiva de los  dos  primeros  mandatos.  Una  intervención  constitucional a partir de los dos  últimos  mandatos, en relación con la valoración del requisito subjetivo para  el  otorgamiento  de la libertad condicional, implicaría la sustitución de las  funciones  del  juez  de  ejecución  de  penas y por tanto, se desconocería la  jurisprudencia  de  esta  Sala sobre la competencia exclusiva del juez natural a  la hora de hacer valoraciones sobre aspectos subjetivos.   

Aclarado  lo  anterior,  resta  recordar  la  existencia  de  tres  presupuestos básicos que deben ser tenidos en cuenta para  el   amparo   del   derecho   a   la   igualdad  en  estos  casos:  i)  las decisiones a partir de los cuales  se  alega el derecho deben ser idénticas, en sus elementos fácticos. Cualquier  variación  implica,  por parte del juez la necesidad de valorar esa diferencia,  ii) las providencias que se  invocan   como   parámetros   de  referencia  no  deben  ser  contrarias  a  la  Constitución,   las   leyes   o   la   jurisprudencia   vinculante   sobre   la  materia9   y  iii)  los  fundamentos  normativos  empleados  en  aquellas decisiones deben ser aplicables  respecto   del   caso   con  el  cual  se  hace  la  comparación.»10   

Conforme  a  lo  anterior,  el  actor  debe  acreditar  que  en  circunstancias idénticas la autoridad judicial impuso sobre  él un injustificado trato diferenciado.   

Revisado  el  plenario,  se  constata  que el  solicitante  del  amparo  no acreditó la circunstancia de trato discriminatorio  que  pueda ser objeto de intervención del juez de tutela, en cambio, se limitó  a  manifestar  que  “la  señora  Beatriz Velásquez  Quintero,  fue  vinculada  en  los  mismos  hechos,  encontrándonos en la misma  situación  y  quien  goza del beneficio consagrado en el artículo 40 de la Ley  600  de  2000”,  afirmación  que  en  manera alguna  permite,  por  si  sola,  realizar  una  valoración respecto de la racionalidad  empleada por el juez natural.   

Por  lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL –  EN   SALA   DE   DECISIÓN   DE  ACCIONES  DE  TUTELA,  administrando  justicia,  en  nombre  de  la  República  y  por autoridad de la  Ley,    

RESUELVE   

NEGAR    la  protección constitucional deprecada.   

DEVOLVER   el  expediente  allegado  en  calidad  de préstamo por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito Especializado de Ibagué.   

NOTIFICAR  esta  sentencia   de   conformidad   con   el   artículo   30  del  Decreto  2591  de  1991.   

REMITIR a la Corte  Constitucional  para  su  eventual  revisión  de  no ser impugnada –Artículo  31  del  Decreto  2591  de  1991-   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 El.  4   

2  Ibídem.   

3 El.  9   

4 Fallo  C-590 de 08 de junio de 2005 y T-332 de 2006.   

5  Ibídem.   

6   C. Const., cent. T-173/02.   

7  Ídem.   

8  Sentencia C-250 de 2012   

9  “…  si  a  alguna  persona le fue concedido dicho  beneficio  ilegalmente, ese acto contrario a derecho no sirve de fundamento para  reclamar  el mismo tratamiento, toda vez que no es legítimo solicitar el amparo  del  derecho  a la igualdad cuando el parámetro de referencia es una situación  ilegal  o  inconstitucional, pues la sociedad en general tiene derecho a que sea  respetado  el  orden  jurídico.   Obsérvese que si se aceptara que algún  tratamiento  ilegal  habilitara  a otros ciudadanos a reclamar igual privilegio,  ningún  sentido  tendría  el ordenamiento jurídico ni el deber constitucional  de  las  autoridades públicas de actuar de conformidad con el mismo y el de los  particulares  de respetarlo.” Sentencia de Tutela de 11 de julio de 2013, ex.:  67268. Sala de Casación Penal, Corte Suprema de Justicia.   

10  Sentencia  de  tutela  de  30  de julio de 2013, ex.:  67963.   Sala   de  Casación  Penal,  Corte  Suprema  de  Justicia.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *