AP5711-2014(44052)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Magistrada ponente  

AP5711-2014  

Radicación n° 44052  

(Aprobado  Acta No.  318)   

Bogotá D.C., veinticuatro (24) de septiembre  de dos mil catorce (2014).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  ÓSCAR   ARTURO  ORTIZ  HENAO  contra  la  sentencia  del 26 de marzo de 2014, a través de la cual el Tribunal Superior de  Manizales,  al  revocar  la  absolución  pronunciada  por  el Juzgado Penal del  Circuito  de Salamina (Caldas) el 13 de noviembre de 2012, condenó al procesado  a  la  pena  principal  de  208  meses  de prisión, así como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo lapso, como autor del delito de homicidio simple.   

HECHOS  

Se vienen resumiendo de la siguiente manera:   

“Siendo  las  00:20  horas  del  02  de  diciembre  de 2005, frente al inmueble con nomenclatura 1A – 37 de la carrera 7,  barrio   Fundadores   de   Salamina   –  Caldas,  se le propinaron varios impactos de proyectil de arma de  fuego  al señor John Alexánder Quintero Arenas, lo que le produjo la muerte de  manera instantánea.   

De esa muerte se señaló como responsable a  Fabio  Nelson  Mejía  Correa,  alias  ‘Jonathan’  Comandante  del  frente  Cacique Pipintá de las autodefensas unidas de Colombia  que  para  la  época  tenía influencia en el norte del departamento de Caldas.  Este  sujeto  aceptó  la responsabilidad penal en ese homicidio en audiencia de  formulación  de  imputación que ante el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de  Salamina,  realizada  el  05  de  junio  de  2012, se le hizo por los delitos de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de armas de fuego. En la misma fecha este  juzgado  lo  condenó como determinador en razón a que en calidad de comandante  de  dicho  frente  ordenó  a uno de sus escoltas personales que diera muerte al  señor Quintero Arenas.   

En la indagación realizada por la Policía  Judicial  sobre la muerte del señor Quintero Arenas y luego que se recepcionara  entrevista    el    16    de    marzo    de    2011    a   alías   ‘Jonathan’  en  el  establecimiento  carcelario  donde  estaba  recluido, la Fiscalía dirigió la investigación hacia el señor  Óscar  Arturo  Ortiz Henao, porque al parecer, éste le había pedido al citado  comandante  de  las  AUC  que  le  diera  muerte  a  Quintero Henao (sic)  como  retaliación  a  que  éste  había  sido  el  autor material del homicidio de su medio hermano, Luis Alfonso  Quintero  Henao,  el  20  de junio de 1999 en la vía que de Salamina conduce al  municipio   de   Pácora,   sector   conocido   como   balneario  Giraflores”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El 6 de enero de 2012 el Juzgado Tercero  Promiscuo  Municipal con funciones de control de garantías de Salamina realizó  audiencia  preliminar,  en  cuyo desarrollo legalizó la captura de ÓSCAR  ARTURO  ORTIZ  HENAO. En la misma  diligencia,  la  Fiscalía  le  formuló imputación, a título de determinador,  por  los  delitos de homicidio agravado y por ilegal de armas o municiones. Acto  seguido,   el   juez   le   impuso   medida   de   aseguramiento  de  detención  preventiva.   

2.  El  24  de  febrero  siguiente  el  ente  investigador    presentó    escrito    de    acusación   contra   ORTIZ   HENAO   por   los   punibles  en  mención.   

3.  El 26 de marzo postrero el Juzgado Penal  del  Circuito  de  la  precitada  localidad  celebró la respectiva audiencia de  formulación de acusación.   

4. La audiencia preparatoria se llevó a cabo  el  24 de abril del mismo 2012, mientras el juicio oral se celebró entre el 5 y  6  de  junio,  a cuyo término el juez anunció el sentido del fallo, precisando  que sería de carácter absolutorio.   

5.  El fallo anunciado se profirió el 13 de  noviembre  de  2012.  Contra  el  mismo  la  Fiscalía  y el representante de la  víctima  interpusieron  el  recurso  de  apelación,  por cuya vía el Tribunal  Superior  de  esta ciudad lo revocó parcialmente para, en su lugar, condenar al  acusado  por  homicidio  simple.  A  su  turno,  impartió  confirmación  a  la  absolución  pronunciada  por  el  delito de porte ilegal de armas o municiones.   

9.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda  instancia,  el defensor del procesado acudió al recurso extraordinario  de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  dos  cargos  contra la sentencia de segunda  instancia,  ambos  al  amparo de la causal tercera de casación de la Ley 906 de  2004, esto es, violación indirecta de la ley sustancial.   

          En    el    primer   cargo   acusa   al  Tribunal  de  incurrir  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

          Para  sustentar  el  reproche  el  actor  cuestiona la decisión del  juzgador  de  segundo  grado  de otorgar credibilidad a la afirmación hecha por  Fabio    César    Mejía    Correa,   alias      “Jonathan”,  en  entrevista  rendida  ante la Policía Judicial, conforme a la  cual   el   procesado   le   pidió   el  “favor”  de ordenar la muerte de John  Alexánder Quintero Arenas.   

          Destacando  cómo  el  a quo desestimó  la entrevista porque el declarante no entró en detalles  y  sólo  relató  generalidades,  al  demandante  le  parece  más razonable la  respuesta  ofrecida  por el mismo alias “Jonathan”  durante  el  testimonio  rendido  en el juicio oral al  señalar,  retractándose de lo dicho anteriormente, que ordenó matar al occiso  porque   así   se   lo   pidió   Camilo,    alias    “Muñeco”,  escolta personal suyo y con quien la víctima tenía “problemas”        en       esos  días.   

          Considera           inconcebible           que          “Jonathan”,  así fuere un despiadado  comandante  paramilitar,  le  hubiese  hecho  tal favor al aquí acusado, cuando apenas lo conocía, no sabía  su  nombre  y  no  era  amigo  de  él, conforme lo aseguró aquél. Estima más  lógico    que    ese   favor   se   lo   hubiera   efectuado   a   Camilo,  pues  pertenecía  a  la  misma  organización.   

          Tras  referir la existencia de dudas generadas tanto por la falta de  detalles   y   las   generalidades   en   el   relato  inicial  de  “Jonathan”,  máxime  cuando  en  esa  oportunidad  anunció  que  ampliaría  tal señalamiento ante la Fiscalía, sin  que  esa  intención  se  concretara por negligencia del ente investigador, como  por  el  hecho  de no tener amistad con el procesado, conforme lo dio a entender  el  testigo,  el impugnante cuestiona al Tribunal por desconocer una regla de la  experiencia   social   cuando   dio   por  establecido  que  entre  ÓSCAR  ARTURO ORTIZ HENAO y el comandante  paramilitar  en  mención se produjo una interacción, en el curso de la cual el  primero   le   pidió   el  “favor”  al  segundo  de  ordenar la muerte de John  Alexánder Quintero.   

En su criterio, un episodio de tal naturaleza  “solamente  puede  presentarse  cuando  entre quien  solicitó   ese   ‘favor  personal’ y el requerido,  existe  cuando  menos  una  cercanía  creadora  de confianza. Que, por ejemplo,  garantizara   la   posibilidad  del  secreto  tras  el  crimen”.  Porque,  añade, ese tipo de favores “no  se  le hace a cualquiera”, salvo si media algún tipo  de  contraprestación,  como  de  hecho  ocurrió  en  muchos  de los homicidios  ordenados  por  comandantes paramilitares. Pero, concluye, el propio Tribunal se  encargó  de  descartar  que  la  muerte  de  Quintero  Arenas     hubiera     sido     un     “homicidio sicarial”.   

          Juzga  relevante el yerro porque la ausencia de amistad o, al menos,  “cercanía  generadora  de confianza”  creaba hesitación sobre la supuesta participación del acusado en  el  homicidio  en cuestión, lo cual le imponía al ad  quem    reconocer    el    principio    in dubio pro reo.   

          En    el   segundo   cargo   denuncia  la  incursión  en  errores  de  hecho por falso juicio de  existencia.   

          Según  el censor, el Tribunal dejó de valorar, en primer lugar, el  testimonio  de  John  Fredy  Ochoa  Díaz,  amigo  de toda la vida del occiso y quien manifestó que éste le  comentó    estar    “aburrido”    porque   tenía   problemas,   al   haberse   enredado  “como  que con las autodefensas o con los paracos” en    razón    de    una    mercancía    por    la   cual   debía  responder.   

          En  su  criterio,  la mencionada deponencia constituye un importante  respaldo  a  las  manifestaciones de alias Jonathan”  cuando  reiterativamente  sostuvo  que el escolta suyo  alias  “Camilo”  tenía  problemas  con  John Alexánder Quintero. Para  el  libelista,  a  juzgar  por  el  testimonio de Mejía    Correa,    ese   “paraco”   no   era   otro   que  su  escolta.   

          Sobre  la  relevancia  del  yerro, estima que la no apreciación del  testimonio     de    Ochoa    Díaz    impidió   al   Tribunal   reconocer   el   principio   in  dubio pro reo, dada la incertidumbre y  hesitación  que surge de dicha prueba, en el sentido de que el procesado no era  el  único interesado en la muerte del occiso, conforme lo concluyó el juzgador  de primer grado.   

          Y,  en  segundo  lugar,  el  testimonio  de  la señora Margarita  Liliana Escobar, quien declaró  que  el  29  de  noviembre  de  2005, a las 5:30 de la tarde, a su casa ingresó  corriendo      Alexánder     Quintero,  pidiéndole  dejarlo esconder, tras lo cual cerró la puerta, por  lo  que ella se asomó a la ventana, observando a dos hombres con pasamontañas,  quienes  le  gritaron  “señora  dígale a Alex que  salga  que entregue la mercancía”, pese a lo cual no  abrió  la  puerta  y, al final, aquél se “voló”  por  la parte de atrás de la casa.             

          Para  el demandante, el testimonio de John  Fredy  Ochoa  Díaz encuentra un significativo respaldo  en    la    declaración    de   Margarita   Liliana  Escobar,   en   cuanto   el  primero  manifestó  que  John  Alexánder Quintero le  contó  tener “problemas”  con  una  “mercancía” y  la  señora  Escobar relató  un  incidente  en  el  cual  salió  a  relucir,  precisamente, una “mercancía”.  Pese  a que la testigo  no  identificó  a los hombres que llegaron a su casa detrás del hoy occiso, el  actor  infiere,  de  una  parte,  que  se  trata  de miembros del Frente Cacique  Pipintá  de  las AUC, porque por esa época dicha organización ilegal ejercía  a  sus  anchas  su  criminal  hegemonía  en  esa  zona  y,  de  la otra, que la  “mercancía”  a la cual  se  referían  era cocaína o “bazuca”,  por  cuanto  dicho  grupo  paramilitar  terminó  controlando  el  tráfico ilegal de estupefacientes.   

          Considera   que   el   testimonio   de   la   señora   Escobar,  en cuanto indica que el acusado  no    era    el    único    interesado    en   las   muerte   de   Alexánder,     crea     “hesitación  e  incertidumbre”  sobre  la    supuesta   participación   de   ORTIZ   HENAO  en  dicho acaecer delincuencial, por cuya razón su no  valoración  impidió  aplicar  el  principio in dubio  pro reo.   

          El  casacionista  explica  la  trascendencia  general de los yerros,  insistiendo,  de  una  parte,  en  que  la  incursión  en  los mismos llevó al  Tribunal    a    soslayar    los    “motivos   de  incertidumbre” a los cuales se refiere en la demanda  y  a  concluir que en este caso debían prevalecer las atestaciones iniciales de  Fabio    César    Mejía    Correa.   Y,  de  la otra, en que esos “motivos de  dubitación”   debilitan  severamente  los  indicios  edificados  por  el  Tribunal  en  contra  del acusado. Esto último, por cuanto  –dice-  la  existencia de  una    condena    anterior    por    la    muerte   violenta   de   Alfonso  Quintero  Henao, las “palabras  ociosas  de  un borracho” y  las  supuestas  amenazas  “deben ser caracterizados  –cuando   mucho-  como  configurantes apenas de leves sospechas”.   

          Reiterando  que en el presente evento se imponía la aplicación del  principio  in dubio pro reo,  solicita  casar  la  sentencia  para,  en  su  lugar,  absolver  a  ÓSCAR ARTURO ORTIZ HENAO.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

La  admisión  de  una  demanda de casación  requiere  la  satisfacción  de exigencias de lógica y adecuada argumentación,  cuyo  fin  es  permitirle  a  la  Corte,  a partir de la coherencia y precisión  conceptual  del libelo, establecer sin dificultad cuál es el error atribuido al  sentenciador,  causante  de  la  violación  de  la  Constitución o la ley o la  afectación de las garantías fundamentales de las partes.   

Esos  presupuestos  de sustentación, acorde  con  lo  establecido en los artículos 183 y 184, inciso segundo de la precitada  Ley  906  de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal invocada  y  al  adecuado desarrollo de los cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

Además,  en  la  estructuración  de  las  censuras  al  demandante  le  es  imperioso respetar el principio de corrección  material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos y contenido del ataque  deben  corresponder  en un todo con la realidad procesal (Cfr. CSJ AP, 2 de mayo  de 2012, Rad. 26846).   

          En  el  caso  objeto de examen, advierte la Sala que el libelista no  cumple dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

          En  efecto,  en el primer cargo  denuncia  la  incursión  en  error de hecho por falso raciocinio.   

Este   dislate  se  estructura  cuando  el  fallador,  al  valorar el conjunto probatorio, vulnera los principios de la sana  crítica,  integrados  por las reglas de la experiencia, los postulados lógicos  y  las  leyes  de  la  ciencia. Para su demostración le compete al casacionista  indicar  el  principio de la aludida naturaleza, en concreto, desconocido por el  juzgador,  señalar  aquel  o  aquellos  que  debió aplicar éste y explicar la  trascendencia del yerro.   

          En  el  presente  caso,  el  demandante aduce la vulneración de una  regla  de la experiencia, la cual hace consistir en que solamente alguien acepta  ordenar  la  muerte  de  otra  persona  cuando sostiene una cercana relación de  amistad  con  quien  le  pide un favor de esa envergadura, salvo si media algún  tipo de contraprestación.   

Las  reglas  de  la  experiencia  son  todas  aquellas  “generalizaciones  que  se hacen a partir  del  cumplimiento  establece  e  histórico  de  ciertas  conductas similares”  (CSJ  SP, 19 de nov. de 2003, rad. 18787), de modo que  para  que  ofrezca  fiabilidad una premisa elaborada a partir de un dato o regla  de  la experiencia ha de ser expuesta, a modo de operador lógico, así: siempre  o  casi siempre que se da A, entonces sucede B (CSJ SP, 21 de nov. de 2002, rad.  16472)   

Ahora bien, como lo tiene también precisado  la  Corte,  la sola elaboración de máximas a partir de hechos no admitidos por  las  instancias  carece  de  idoneidad para desvirtuar el valor de verdad de las  conclusiones  fácticas  de  los  fallos,  de  modo  que  cuando en casación es  planteado  un  error  de hecho por falso raciocinio derivado de la transgresión  de  una  regla  de  la  experiencia,  el  objeto  de  la  crítica por parte del  demandante  no  puede ser la propuesta de una máxima que pretenda desvirtuar el  acontecimiento  fáctico reconocido en el fallo materia de impugnación, sino la  misma  elaboración  teórica  de  la  cual  el  cuerpo colegiado se valió para  inferir,  a  partir de la prueba de un determinado suceso, la existencia de otro  (CSJ SP, 12 de sept. de 2012, rad. 36824).   

          En  el  desacierto  referido, precisamente, incurre el impugnante al  estructurar  la  censura,  pues parte de la base según la cual entre el testigo  Fabio  César Mejía Correa,  alias  “Jonathan”  y el  aquí  procesado  no existía amistad de ninguna índole, conclusión que extrae  a  partir de la declaración ofrecida por el primero de ellos en el juicio oral,  pero  es  claro  que ese hecho no fue reconocido por el Tribunal, en cuyo fallo,  por  el contrario, desestimó la credibilidad de lo expuesto por el deponente en  esa   oportunidad,   dando   solamente   por  admitida  la  ausencia  de  prueba  demostrativa   de   pago   o   promesa  remuneratoria  para  la  ejecución  del  homicidio.   

          Surge  así  evidente que el actor, para edificar el ataque, no hace  sino  postular  su  propia  visión  suasoria acerca del alcance de las pruebas,  pretendiendo  se  otorgue  crédito  a  la  versión  brindada  por Mejía  Correa  en  el  juicio  oral y se  deseche  la  suministrada  en  la  entrevista rendida ante la Policía Judicial,  incorporada  al  debate  público  a  través  de aquel testimonio, criterio que  opone  al  expuesto por el juzgador de segundo grado, con lo cual olvida que ese  tipo  de  controversias  probatorias no son dables en sede de casación, dada la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad de que está revestida la decisión  impugnada.   

          En    el   segundo   cargo   aduce  la  presencia  de  errores  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia.   

Dicho   yerro   se   configura  cuando  el  sentenciador,  al apreciar el conjunto probatorio, omite valorar algún medio de  convicción   obrante   en  el  proceso  o  supone  otro  inexistente.  Para  su  demostración  al libelista le corresponde señalar si el yerro se presentó por  haberse    omitido    la    apreciación    de    una    prueba    (existencia  por  omisión)  o  porque  el  sentenciador   inventó   una   que   no   obra   en  el  proceso  (existencia  por  invención),  precisando  cuál  es  el  contenido de la prueba omitida o cuál el mérito asignado por el  juzgador  al  medio  supuesto  y, en ambos casos, indicando la trascendencia del  error.   

          En  este  evento  el actor acude a la primera de las modalidades del  falso  juicio  de  existencia  para  predicar  la  falta  de apreciación de los  testimonios  de  John  Fredy Ochoa Díaz y  Margarita  Liliana Escobar,   quienes   dan   cuenta   de   la   existencia   de  “problemas”  entre  el  hoy  occiso y  miembros   de   alguna   organización   armada   ilegal  por  una  “mercancía”.   

           Aunque,  de  la  anterior  forma, el censor cumple la exigencia de  identificar  la  prueba  omitida  y  de  reseñar  su  contenido, no fundamenta,  empero,  adecuadamente  la  trascendencia  del  yerro  aducido, pues se limita a  sostener  que  con  las mencionadas declaraciones surge establecido que el aquí  acusado  no  era  el único interesado en acabar con la vida de la víctima, sin  rebatir  mediante  el rigor argumentativo inherente al recurso extraordinario de  casación1,  la  enfática  declaración  de  Fabio  César    Mejía    Correa,    alias    “Jonathan”,  ofrecida  en  entrevista  rendida  ante  la  Policía  Judicial,  pero  introducida,  como  se  dijo  en  precedencia, al juicio oral a  través  del  propio testimonio del aludido, oportunidad aquella en que admitió  haber  ordenado  la muerte de John Alexánder Quintero  Arenas     por     solicitud     de    ÓSCAR ARTURO ORTIZ HENAO.   

Atendidas,   por   tanto,  las  falencias  advertidas  en  los dos cargos formulados, la Sala inadmitirá la demanda objeto  de  examen, considerando además la no concurrencia de circunstancia vulneradora  de  garantías  fundamentales que imponga superar los desaciertos técnicos para  decidir de fondo.   

Se  precisará,  finalmente,  que contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada de la Sala (CSJ AP, 12 dic 2005, Rad. 24322).   

                     

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  ÓSCAR ARTURO ORTIZ HENAO.   

         

De conformidad con lo dispuesto en el inciso  segundo  del  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos  referidos  en  el acápite final de esta determinación, contra la misma procede  la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Si  bien  en  el  primer  cargo  intentó  hacerlo,  al  final  solamente propuso su  personal   enfoque  sobre  el  mérito  probatorio  arrojado  por  el  medio  de  convicción, según quedó visto atrás.      

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