AP7489-2014(42658)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP7489-2014  

Radicación N° 42658  

(Aprobado Acta N° 420)  

Bogotá,  D.C., tres (3) de diciembre de dos  mil catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas  y  argumentativas  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  Eduardo Serrano Castro contra  la  sentencia  del  8 de julio de 2013, mediante la cual el Tribunal Superior de  Bucaramanga  confirmó  el  fallo  del  10  de  octubre  de 2012, dictado por el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito Especializado Adjunto de la misma ciudad, y  condenó   al   procesado   como  autor  del  delito  de  extorsión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  Ad  quem  resumió la cuestión fáctica así:   

Se extrae de las diligencias que en el año  2005  en  el municipio de Barbosa (Santander), Eduardo  Serrano  Castro  adquirió  con Lilia  Esperanza  León  deudas  por  valor  aproximado  de  cuarenta  y  cinco  millones de pesos  ($45.000.000.oo),  las  cuales  no  fueron respaldadas por ningún documento, lo  que  dio  lugar  a  que  Serrano  Castro reconociera  la  mencionada  obligación por una suma inferior a la  pretendida.   

Con  el  fin  de dar solución al problema,  Lilia  Esperanza  León  fue  citada  en dos oportunidades por Luis Manuel Claro  Majares  (sic),  alias  “Bayron”  integrante  del grupo al margen de la ley,  Autodefensas  Unidas  de  Colombia.  Claro  Manjares (sic) fue acompañado en la  segunda  cita  por  Eduardo Serrano Castro,  quien  logró  una disminución de la deuda contraída, quedando  en  treinta  millones  de  pesos  (30.000.000.oo),  situación  a  la  que Lilia  Esperanza  León  se  vio obligada a acceder ante la presión que sentía por la  presencia       de       los      paramilitares1.   

2. La presente investigación se originó por  la  compulsa  de  copias  ordenada  por  la  Fiscalía  Delegada ante los Jueces  Penales  del  Circuito  de  Moniquirá, que adelantaba investigación preliminar  contra  Lilia  Esperanza  León,  según  denuncia  instaurada  por Eduardo  Serrano  Castro  por el delito de  constreñimiento                ilegal2.   

Se   dispuso   entonces   la  apertura  de  investigación   previa,   en   auto   del   18   de  mayo  de  20063,   y   más  adelante,  el  25  de  marzo  de  2010,  la apertura de instrucción,  contra Eduardo  Serrano     Castro,     entre     otros4,  quien fue vinculado mediante indagatoria  y  cobijado  con  medida de aseguramiento de detención preventiva por el delito  de  concierto  para  delinquir  agravado  en concurso con extorsión,  según resolución del 16 de febrero de  2011,  expedida  por  la  Fiscalía  Única Especializada de San Gil5, decisión que  el  29  de marzo siguiente la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de la  misma  localidad,  modificó,  en  el  sentido de revocar la medida respecto del  punible   de   concierto  para  delinquir  agravado  y  confirmarla  por  el  de  extorsión6.   

El   25  de  mayo  de  esa  anualidad,  el  funcionario     instructor     dispuso     el     cierre     parcial    de    la  investigación7,  en  relación  con  el implicado Serrano  Castro,  y  el  29  de  junio  posterior, calificó el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación  como presunto autor del  delito  de  extorsión  (artículo  244 del Código Penal, modificado por la Ley  733  de  2002)8,   decisión  que  fue  confirmada  por  la  Fiscalía  de  segunda  instancia,    el    26    de    agosto   de   20119.   

3.  El  10  de  octubre  de 2012, el Juzgado  Segundo   Penal   del  Circuito  Especializado  Adjunto  de  Bucaramanga  dictó  sentencia  mediante la cual condenó al enjuiciado por la misma conducta punible  objeto  de  acusación. Le impuso, ciento noventa y dos (192) meses de prisión,  multa  de  ochocientos  (800)  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  tiempo igual al de la sanción principal.   

Le  negó  la  suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y la prisión domiciliaria10.   

4.  El  Tribunal Superior de Bucaramanga, al  desatar  el  recurso  de  apelación  incoado  por  el  procesado y su defensor,  confirmó  en  su  integridad  la  decisión del A quo  en  providencia  del  8  de  julio de 201311.   

LA DEMANDA  

El     defensor     de    Eduardo    Serrano    Castro,   tras   identificar  los  hechos  y  la  actuación  procesal,  resumir las pruebas testimoniales y sintetizar los fallos  de  primera  y segunda instancia, formula un cargo, por la ruta de la violación  indirecta    de    la    ley    sustancial,    en    la   modalidad   de   falso  raciocinio.   

Anuncia,  al respecto, que su pretensión es  demostrar  el  yerro  en  que  incurrió  el Tribunal al momento de confirmar el  fallo  de  primer  grado,  porque  del  estudio globalizado de la prueba y de la  verdadera  ponderación,  unida  a  la retractación de la afectada, no surge la  certeza  de  la materialidad del hecho o la responsabilidad del procesado, sino,  por  el  contrario,  la  inocencia  de  éste  o al menos un estado razonable de  duda.   

Precisa, a continuación, que los falladores  le  dieron  credibilidad «a la versión inconducente,  incoherente,  contradictoria  y  falta  de  verdad  de  LILIA  ESPERANZA  LEON a  sabiendas     que     mintió    ante    su    primera    versión»,  rendida el 17  de  noviembre  de 2005, «lo que denota el error en la  existencia  de  las  contradicciones entre las dos declaraciones rendidas por la  testigo», por lo cual se acredita que esa valoración  no corresponde a la que imponen las reglas de la sana crítica.   

Frente  a  la  aludida  retractación,  en  consonancia  con  los  demás  testimonios,  afirma  que  nunca  hubo una línea  probatoria  que  llevara  a  la  certeza  de  los  hechos,  máxime  cuando  los  juzgadores  no  tuvieron  en  cuenta  que,  inicialmente, Lilia Esperanza León manifestó que era víctima de  extorsión    y    constreñimiento    y,  posteriormente,  se  retractó,  por  medio  de  una  declaración extrajuicio y luego durante la  audiencia     pública,    de    manera    concordante,    idéntica,    secuencial   y   en   igualdad   de  condiciones.   

Irene  Ruíz  Beltrán,  quien trabajó para  Eduardo   Serrano   Castro,  manifestó  que  la  denunciante  fue  quien  siempre buscó a su jefe, enviando  sujetos  que se identificaron como paramilitares y que, por esas circunstancias,  había tenido que salir de la región por temor a perder su vida.   

Luis   Manuel   Claro   Majarres,   alias  “Bayron”  quien, según el  actor,  «no conlleva a certeza sobre alguna clase de  alianza»,  no  refiere en su testimonio concertación  para extorsionar a la retractada víctima.   

Orlando Bravo Castillo no presenció ninguna  reunión  con  la  señora Lilia Esperanza León y el procesado; sólo le consta  algo  que  aquella le contó cuando la actuación ya estaba en marcha. Enseguida  apunta  que «con valoración razonable de las pruebas  lo  que  si  (sic)  se  permitió  inferir  es  que existía duda total sobre la  comisión  de  la  conducta  y  razonable  sobre  la  responsabilidad  penal del  condenado,  donde  con  la retractación de la inicialmente víctima del delito,  quedo  (sic)  sin  piso  legal  la ocurrencia del algún punible que debiera ser  calificado y sancionado».   

En  punto  de  la  retractación,  tema  que  ilustra  el  demandante  con  jurisprudencia,  se  dijo que todo era parte de un  complot  de  todas  las  personas  que  de  manera consciente intervinieron para  lograr  la  acusación  de  su  asistido,  que  se fundó en pruebas inciertas y  rectificadas,  en  tanto  que  se  desechó «el valor  acreditativo  de  las  retractaciones»  sin  tener en  cuenta  que la declarante suministró una explicación razonable para ese cambio  de actitud.   

Luego afirma que, conforme a las reglas de la  sana   crítica,   no   se   avizora   en   la  foliatura  prueba  documental  o  preconstituida,   que  demostrara  que  entre  su  defendido  y  la  denunciante  existieran   deudas   que   fueran  móvil  para  que  aquél  la  extorsionara,  pues,   inicialmente,   la  señora  León  hizo  referencia  a  varias  personas que para los falladores de  instancia  son  «grandes  detentores  de  la  verdad  frente  a  la  supuesta  conducta  punible», cuando en  realidad se contradicen, generando grandes dudas.   

Así,  mientras  la  denunciante señaló en  tres  ocasiones,  bajo  la  gravedad  del  juramento,  que la reunión donde fue  abordada  por  personas  que  decían pertenecer a un grupo paramilitar ocurrió  después  de  las siete de la noche, el señor Segundo Gumersindo Niño Malagón  señaló  que  tal  encuentro  se  llevó  a cabo entre las cuatro y cinco de la  tarde.   

Adicionalmente,  ninguno  de  los  testigos  logró  ubicar  una  fecha  exacta  de  los supuestos hechos, pues no se sabe si  realmente se presentaron en el año 1999 o en el 2005.   

En  criterio  del demandante, no obra dentro  del  proceso  prueba  alguna  que  demuestre,  como mínimo, la existencia de la  deuda  entre la señora León y su representado, las supuestas amenazas hacia la  víctima,  la  presencia  y  acción  de 15 o 20 paramilitares en el restaurante  “La  mona” en Barbosa (Santander), para que reconsiderara la obligación, el  recibo  que  avaló  la  Fiscalía,  suscrito  por aquella o el procesado, y los  actos  de  agresión  por  parte  de éste hacia ella.   

La  prueba  allegada  al  proceso  permite  advertir  que,  contrario a lo manifestado inicialmente por la denunciante, ella  sí  recibió  pagos  que  provenían  de los servicios prestados a Serrano  Castro, y no es lógico pensar que  una  persona  con alianzas paramilitares quiera forzar o constreñir a otra para  que  tome  su  dinero  y los falladores «no razonaron  efectivamente lo que la prueba demostró dentro del juicio»,   

Se  dice  que  la  extorsión  cometida  se  ejecutó   mediante   constreñimiento   favorecido   por   más  de  once  (11)  paramilitares,   pero   en   las  declaraciones  rendidas  no  existe  una  sola  afirmación  donde  se  sugiera  que  el procesado solicitó la intervención de  dicho   grupo.  Además,  se  desconoció  que  el  testimonio de Orlando Bravo, a quien los falladores ubican  como  decisivo  para  derivar la responsabilidad de su defendido, fue calificado  como  de referencia por la Fiscalía, por los comentarios que le hizo la señora  León.   

Aparte de referirse a la naturaleza del error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  asegura  el  letrado  que  tampoco se logró  determinar  la  suma  adeudada  por  su  representado  a  la  denunciante, quien  inicialmente  señaló $19.500.000.oo; luego manifestó que eran $10.000.000.oo,  y  por  último  habló de $51.363.256 millones de pesos, pero también refirió  que   la  obligación  iría  en  $100  o  $120  millones,  y  que  Serrano  Castro  le  había  dicho  que le  debía  $48.000.000.oo.  De  otra  parte,  el  testigo  Orlando  Bravo habló de  $180.000.000.oo  o  $200.000.000.oo,  y  finalmente Edwin Garzón, hijo de doña  Lilia, indicó que eran $62.000.000.oo.   

De lo anterior se deriva, que los falladores  de  primera  y segunda instancia «olvidaron de manera  razonada  someter  todo  lo  conculcado  dentro del proceso en contra del señor  SERRANO,  A  (sic)  un  juicio de valoración lógico donde se ubicara de manera  efectiva  lo  comunicado en el mismo, es decir, que se sustrajeron de emitir una  decisión  acentuada,  que hiciera caso a la veracidad de los hechos y lo que se  logró demostrar dentro del juicio».   

Recuerda,  entre otros tópicos, que la duda  es  un  estado  de  conocimiento  que  no  otorga  claridad a causa de distintos  factores,  entre ellos, las contradicciones de quienes declararon como testigos,  y   exalta,   al   efecto,  que  la  señora  Lilia  León  siempre  varió  las  circunstancias  de tiempo, modo, lugar, cuantía, forma de pago y actuación del  procesado.   

Tras examinar el principio de presunción de  inocencia  y  de  la  sana  crítica,  concluye  que, en este caso, la sentencia  dictada   contra  su  representado  es  violatoria  de  la  ley  sustancial  por  desconocimiento   de   los   parámetros  de  apreciación  racional.   

Solicita se case el fallo recurrido y, en su  lugar, se absuelva al procesado del delito de extorsión.   

CONSIDERACIONES  

          La  Sala inadmitirá la demanda que se examina, porque no se ciñe a  los  presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación que deben contener las  censuras propuestas contra el fallo de segunda instancia.   

          1.  Bastante  se  ha  insistido  que la discrepancia de criterios en  torno  a la valoración probatoria, no constituye error demandable en casación,  dada   la  autonomía  y  libertad  que  tiene  el  juez  para  asignar  mérito  probatorio,  quien  sólo  está limitado por las reglas de persuasión racional  soportadas en la sana crítica.   

Además,  porque  el fallo llega a esta sede  precedido  de  la  doble presunción de acierto y legalidad, en el entendido que  tanto  la  apreciación  y  valoración  de  los elementos de juicio, como discernimiento jurídico que define  la  cuestión, es conforme a  derecho.  De  allí que la naturaleza rogada del recurso, como medio procesal de  enjuiciamiento  a  la legalidad de la sentencia, precise de una demanda ajustada  a  los  requerimientos  formales  consagrados en el artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal,  de  tal manera que, en el marco de alguna de las causales  taxativamente  establecidas,  se  evidencie el acaecimiento de un error judicial  con capacidad para remover la decisión recurrida.   

2.  El defensor del procesado se sustrajo de  acreditar  la ocurrencia del error de hecho por falso raciocinio que atribuye al  sentenciador  y  lo  único  que  evidencia es su inconformidad con la decisión  adoptada,  en  el  marco  de  una  alegación  etérea  y alejada de la realidad  procesal.   

Es así como al afirmar vulneradas las reglas  de  la sana crítica, no demuestra realmente que el juzgador declaró una verdad  contraria  a  la  que  revela  el  proceso,   porque  para  ese  efecto  era  imperativo  indicar  aquello  que  objetivamente  dicen  las  pruebas indebidamente sopesadas, las conclusiones que  de  ellas  se  derivaron  y  el  mérito  suasorio  que  se  les asignó. Luego,  concretar  la ley científica, el principio lógico o la regla de la experiencia  quebrantada  y señalar el correcto postulado que se debió tomar en cuenta, sin  dejar  de  lado  la  trascendencia  del  error  en  la  parte  resolutiva  de la  decisión.   

El         actor,     en     su    discurso,  solo  refiere  que  se  ignoraron  los  parámetros  de  persuasión  racional,  y  a  partir  de  esa genérica premisa  emprende  una  crítica  fraccionada  al  fallo del Tribunal, especialmente, por  haberle  conferido  mérito probatorio a la inicial versión de la señora Lilia  Esperanza   León   y   negárselo  a  las  manifestaciones  en  las  que  ésta  posteriormente se retractó.   

Igualmente,  como  si  se  tratara  de un alegato de  instancia,  simplemente expresa el valor que le merecen los testimonios de Irene  Ruiz   Beltrán,  Luis  Manuel  Claro  Manjarrés,  alias  “Bayron,” y Orlando Bravo Castillo, incurriendo  así  en  el  clásico  error de querer anteponer sus apreciaciones subjetivas a  los  juicios  valorativos  del  fallador,  en  total  afrenta  a la naturaleza y  objetivos del recurso.   

A  esa  propuesta indiscriminada, se suma la  falta  de  desarrollo  del  enunciado  porque  el  letrado  no  se  esforzó por  acreditar  que  el  sentenciador,  al  derivar la certeza de responsabilidad del  enjuiciado,  desconoció  alguno de los componentes de la sana crítica y, tanto  menos,  enseñó  el  postulado de la lógica, de la ciencia o de la experiencia  que  se  debió  aplicar  para dilucidar el asunto sometido a debate.   

Valga  señalar  que  la  viabilidad  de una  censura  por  la  vía  indirecta,  está condicionada a la demostración clara,  nítida  y  puntual de algún error de hecho o de derecho en la apreciación del  conjunto  probatorio,  y  que  ese desacierto condujo al juzgador a declarar una  verdad  contraria  a  la  realidad  procesal,  efecto  para el cual, es menester  desvirtuar  los  medios  de  convicción  que  soportan  la decisión confutada.   

En  modo  alguno,  es  posible  postular una  simple  disparidad  de  criterios  en torno a la credibilidad asignada a ciertas  pruebas,  porque  el  análisis  del  fallador  prevalece,  hasta  tanto  no  se  demuestre,  con apoyo en la lógica y la técnica propia del recurso, un defecto  sustancial    y    su    repercusión   desfavorable   a   los   intereses   del  procesado.   

          3.  Además,  es  perceptible cómo el defensor, en el propósito de  acreditar    que    su   asistido   no   incurrió   en   el   tipo   penal   de  extorsión,  o  que  por  lo  menos  se  le  debió  absolver  por  duda, acude a las mismas propuestas que no  tuvieron  acogida  en  las  instancias,  respecto  de las cuales no menciona las  explicaciones   suministradas  por  el  juez  plural,  situación  que  de  paso  desatiende   el   principio   de   corrección  material  que  rige  el  recurso  extraordinario,  toda  vez que los fundamentos del reproche, no coinciden con la  realidad procesal. Obsérvese:   

3.1  Al  aducir  que  la valoración de los  juzgadores  no  corresponde a la que imponen las reglas de la sana crítica, por  darle  credibilidad  a  Lilia  Esperanza León pese a las contradicciones en que  incurrió,  no  comentó  que el Ad quem, luego  de  revisar  las  tres  declaraciones  suministradas  por  la  ofendida,  concluyó  que  tales  inconsistencias «no  son   relevantes   pues   apuntan   a   circunstancias   mínimas   o   detalles  insignificantes,  pero  si  guardan relación la prueba testimonial y documental  habida         en         la        foliatura12»,    cuyo  análisis  conjunto  e integral condujo a demostrar, más allá de toda duda, la  participación  del  encartado en la conducta punible objeto de investigación y  juzgamiento.   

En  cuanto  a la retractación que realizó  Lilia   Esperanza   León   por  medio  de  una  declaración  extra-proceso y luego en la audiencia pública,  y  que  el  actor  advierte  concordante, idéntica, secuencial y en igualdad de  condiciones, el Tribunal, razonó de esta otra manera:   

Si  bien estas dos versiones se apartan de  lo  dicho  a  lo  largo  de  la  investigación  por  parte  de la señora Lilia  Esperanza  León,  pues  van  en contravía con la postura de la víctima, sobre  todo  el  hecho  de  ser  contradictorias a las múltiples ocasiones que rindió  declaración  en las que hizo señalamientos contundentes, claros y específicos  en  contra del procesado. Esta Sala advierte el ánimo exculpatorio que busca la  denunciante  – víctima en  la  conducta desplegada por Serrano Castro,  pero  no  logra  ser  suficiente  para  derrumbar  el  juicio de  responsabilidad   contra   éste,   ya  que  analizada  en  conjunto  la  prueba  testimonial  se  demostraron  los  actos  de  constreñimiento  e  intimidación  psicológica  o  moral,  a  través  de  los  miembros de las autodefensas, para  lograr  el  propósito  buscado  por  Eduardo Serrano  Castro,  logrando  un  provecho ilícito, presupuesto  que   como   alternativa   se   encuentra   descrito   en   el   tipo  penal  de  extorsión13.   

3.2.  También  asegura  el censor que Luis  Manuel  Claro  Manjarres,  alias  “Bayron”,  no  refirió  en  su testimonio  concertación  alguna  para  extorsionar a la retractada víctima; empero, en el  fallo  se  cita el aparte textual donde aquél da cuenta del encuentro con Lilia  Esperanza  León  a  quien  citaron  en  un piqueteadero en Barbosa, para hablar  sobre  la deuda que Eduardo Serrano Castro tenía con ella, de lo cual el juez plural derivó:   

Esto  desmiente  el  dicho de Eduardo   Serrano  Castro  cuando  niega  haberse  válido  (sic)  de los integrantes de las autodefensas para intimidar a  la  señora  Lilia  Esperanza León, para lograr de esta manera una disminución  de  la  deuda,  como  también  cuando señala desconocía que Luis Manuel Claro  Manjarres  pertenecía  a  un  grupo al margen de la ley, por el contrario éste  afirma  que  era  miembro  de  un  grupo  paramilitar  central  Bolívar, que se  desempeñaba      como      punto      medio     en     Barbosa     –  Santander,  al mando del comandante  “Carreño”14.   

3.3.  Igualmente,  refiere el libelista que  Orlando  Bravo  Castillo no presenció reunión alguna con Lilia Esperanza León  y  su  asistido,  y  que  dicho  testimonio  fue calificado de referencia por la  Fiscalía,  pero,  según se constata, el Tribunal tuvo oportunidad de dilucidar  esa  inquietud  al defensor de entonces y al mismo procesado, con los siguientes  argumentos:   

En  el  presente caso, no puede señalarse  que  el  testimonio  de  Bravo Castillo sea un testimonio de oídas –o  de  referencia como lo consagra la  Ley  906  de  2004-,  ya  que  esta  persona  acudió junto con la señora Lilia  Esperanza  al  lugar  donde  los  esperaban miembros del grupo paramilitar, pudo  captar  por sus sentidos lo ocurrido en dicho encuentro, guardando relación con  lo  observado  por  Segundo  Gumersindo Niño, quien manifestó haber visto a la  denunciante  en  el  mencionado  establecimiento  de  comercio  en compañía de  varios  hombres  y  que  a  lo  lejos  se  observaba  una discusión. Situación  diferente  se  predica  de  lo  narrado  por  Bravo  Castillo  sobre  el segundo  encuentro,  ya  que como se hizo referencia, tuvo conocimiento de ello a través  de la misma denunciante.   

Así  las  cosas,  no  es  cierto  que los  testigos  de cargo no hayan percibido de manera directa el papel que jugaron los  miembros  de  las autodefensas para que Serrano Castro  evadiera   su   responsabilidad  en  la  obligación  adquirida   con   la   señora   Lilia   Esperanza15.   

3.4.  La  valoración  probatoria  también  permitió  establecer que el monto de lo adeudado por el procesado a la ofendida  ascendía  a  cuarenta  y  cinco  millones  de pesos ($45.000.000) y, por tanto,  desacierta    el    censor   al   asegurar   que   dicha   suma   no   se   pudo  determinar.   

4.  De  lo  anterior  se  sigue,  que  el  recurrente  acude  a  esta  sede  extraordinaria,  con  el objeto de extender el  debate  probatorio  y obtener una revaluación que atienda su personal criterio,  distinto  del  realizado  por  el  fallador,  sin  atender  que esa controversia  culminó con la emisión del fallo de segunda instancia.   

Esa  la  razón  por  la cual se debe tener  presente  que  la  posibilidad  de  derruir  la  doble  presunción de acierto y  legalidad  con  la  cual  arriba  la  sentencia  a esta sede, obliga elaborar un  juicio  objetivo  de  confrontación  a la dialéctica, con miras a materializar  errores    trascendentes    con   capacidad   de   modificar   el   sentido   la  decisión.   

Los insalvables defectos de orden técnico y  de  fundamentación,  que la Corte no puede enmendar por virtud del principio de  limitación  que  gobierna  la  casación,  imponen la inadmisión de la demanda  examinada.   

Casación      oficiosa.   

Constata  la  Sala  que,  en  punto  de  la  sanción   impuesta   al   procesado  Eduardo  Serrano  Castro,  el  juzgador incurrió en desatino al aplicar  el  incremento  dispuesto  en  el  artículo  14  la  Ley  890  de 2004, bajo el  entendido  que  se  encontraba  vigente  para  la época de los hechos, esto es,  julio  de  2005,  cuando  en  realidad  el  mismo  opera  frente a los trámites  adelantados      bajo      el      sistema      penal     acusatorio, implementado en la Ley 906 de 2004, como  de   manera   consistente   lo   viene  reiterando  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación.   

Por consiguiente, es preciso restablecer el  principio  de  legalidad,  pues el desacierto pasó inadvertido para el Tribunal  Superior  de Bucaramanga al momento de conocer el asunto por vía de apelación,  sin  que  para  ese  efecto  sea necesario correr el traslado a la Procuraduría  General   de   la   Nación,  previsto  en  el  artículo  213  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Con  ese  objetivo,  se  atenderá  a  los  parámetros fijados por el fallador de primera instancia.   

Señaló ese juzgador, que de acuerdo con el  artículo  244  del  Código  Penal,  en concordancia con la Ley 890 de 2004, la  pena  a  imponer  es  de 192 a 288 meses de prisión  y multa de 800 a 1800  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  quedando  los  cuartos  de la  siguiente manera:   

Primero:      de      192  a  216  meses y multa de 800  a  1050 s.m.l.m.v; segundo: de 216, 1  día  a  240  meses y multa de 1050 a 1300 s.m.l.m.v.; tercero: de 240, 1 día a  264  meses  y  multa  de  1300 a 1550 s.m.l.m.v. y, cuarto: de 264, 1 día a 288  meses y multa de 1550 a 1800 s.m.l.m.v.   

Ante la ausencia de circunstancias de menor  punibilidad,  escogió  el primer cuarto de movilidad para imponer en definitiva  la  pena  de ciento noventa y dos (192) meses de prisión y multa de ochocientos  (800)     salarios     mínimos     legales    mensuales    vigentes.   

Ahora, como la pena prevista en el artículo  244  del  Código  Penal,  modificado  por  el  artículo  5º  de la Ley 733 de  2002,  va  de  doce  (12)  a  dieciséis  (16)  años, o ciento cuarenta y cuatro (144) a ciento noventa y dos  (192)  meses  de  prisión, y multa de seiscientos (600) a mil doscientos (1200)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes; lo cuartos quedan de la siguiente  manera:   

Primero:         144  a  156  meses y multa de 600  a 750 s.m.l.m.v; segundo: 144+1 a 168  meses  y  multa  de 750 a 900 s.m.l.m.v.; tercero: 168 +1 a 180 y multa de 900 a  1050   s.m.l.m.v;   y,   cuarto:   180   +1  a  192  y  multa  de  1050  a  1200  s.m.l.m.v.   

En   consecuencia,   la   Sala   casará  parcialmente  la  sentencia  impugnada, en el sentido de fijar el monto inferior  del  primer  cuarto,  esto  es,  144  meses  de prisión y multa de 600 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  al  igual  que  lo  hizo el fallador de  primera  instancia,  tiempo  al  que  también  se  reduce  la pena accesoria de  inhabilitación     para     el    ejercicio    de    derechos    y    funciones  públicas.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR  la demanda examinada.   

Segundo:  Casar  oficiosa  y  parcialmente  el  fallo  impugnado,  en  el  sentido  de  fijar  al  sentenciado    Eduardo   Serrano   Castro  la  pena  principal  de  ciento  cuarenta  y cuatro (144) meses de  prisión  y  multa  de  seiscientos  (600)  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes,  tiempo al que también se reduce la pena accesoria de inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

Las  demás  determinaciones permanecen sin  modificación.   

En  consecuencia,  se  ordena  devolver  la  actuación al Tribunal de origen   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA   DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios 33 y 34 Cuaderno del Tribunal.   

2 Folio  24 Cuaderno original 1.   

3 Folio  26 Ib.   

4 Folio  78 Ib.   

5  Folios 170 a 186 Ib.   

6  Folios 256 a 261 Ib.   

7 Folio  16 Cuaderno original 2.   

8  Folios 73 a 95 Ib.   

9  Folios 129 a 136 Ib.   

10  Folios 1 a 70 Cuaderno original 5.   

11  Folios 33 a 49 Cuaderno del Tribunal.   

12  Folio 18 Cuaderno del Tribunal.   

13  Folio 20 Ib.   

14  Folio 15 Ib.   

15  Folios 13 y 14 Ib.     

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