AP4435-2014(40663)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

María del Rosario González Muñoz  

Magistrado  Ponente   

AP4435-2014  

Radicación N° 40663  

(Aprobado Acta Nº 243)  

Bogotá,  D.C.,  treinta (30) de julio de dos  mil catorce (2014)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Mediante sentencia del 21 de agosto de 2012,  el  Juzgado  2 Penal del Circuito con funciones de conocimiento de Buga condenó  a   Jean   Pierre   Kabir  Camargo  Suaza          como         autor  del delito  de  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego. En consecuencia, le impuso  108  meses  de  prisión  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones  públicas  por  término  igual  a la pena privativa de libertad y le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria.   

La  defensa  recurrió la decisión, que fue  confirmada  el  20  de noviembre de 2012 por el Tribunal Superior de esa ciudad.   

La Sala examina los presupuestos jurídicos,  lógicos   y   argumentativos  expuestos  por  el  estrado  defensor  con el fin de resolver sobre la admisión  de la demanda de casación presentada.   

HECHOS  

El  20  de julio de 2011, en el sector de la  calle  primera  con  carrera  novena  de  Buga, personal de la Policía Nacional  capturó  a  Jean Pierre Kabi Camargo Suaza,  portando una pistola marca Walter, serie 269479, calibre 22, apta  para disparar, sin salvoconducto.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En  audiencia  preliminar  del  21  del mismo mes y año, y a instancia de solicitud que en ese  sentido  elevó la Fiscalía, el Juez Penal Municipal con función de control de  garantías   de   esa   ciudad,   al   tiempo   que  impartió  legalidad  a  su  captura1,  formuló  imputación  por el delito de  fabricación,  tráfico,  porte  o tenencia de armas de fuego (artículo 365 del  Código  Penal,  modificado  por  el  artículo  19 de la Ley 1453 de 2011) y le  impuso   medida   de   aseguramiento   de   detención  domiciliaria2.   

2.  La  Fiscalía  radicó    escrito   de   acusación   por   el   punible   descrito3 cuya audiencia  se  realizó  el 6 de octubre siguiente ante el Juzgado 2 Penal del Circuito con  funciones           de          conocimiento4.   

3. Agotado el juicio  oral,   se   profirieron  los  fallos  ya  descritos5.   

LA DEMANDA  

El   apoderado  judicial  de  Jean  Pierre  Kabir  Camargo  Suaza una vez  identifica  los  sujetos  procesales, relata los hechos, sintetiza la actuación  procesal  y  la  sentencia  objeto de recurso, propone tres cargos al amparo del  artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, causal segunda, el primero principal, y  tercera  los  subsidiarios,  destacando  que la necesidad de intervención de la  Corte se fundamenta en el respeto del debido proceso.   

Primer      cargo.      Principal.  Nulidad.   

1.  El  fallo  se  dictó  en un proceso viciado de nulidad por violación del debido proceso al no  haberse  individualizado  e  identificado  al  procesado,  lo  que  conllevó la  violación  de  los  artículos 128, 181-2 y 457 de la Ley 906 de 2004; 29 de la  Constitución Política.   

2.  Bajo el título  de   desarrollo  temático,  destaca,  que  la  Fiscalía  omitió  “introducir  específicamente,  con  él  o  con  el  técnico en  dactiloscopia  o lofoscopia los documentos probatorios que establecían la plena  identidad      de     nuestro     representado”6,  luego  el mismo no puede ser  admitido como prueba.   

Tal   irregularidad,  repudia  el  mandato  contenido  en  el artículo  128 de la Ley 906 de 2004 el cual le impone al  Fiscal   verificar   la   correcta   identificación  e  individualización  del  imputado.   Se trata, por tanto, de un error de estructura insubsanable que  quebranta  el  debido proceso y la legalidad del juicio, como lo ha señalado la  jurisprudencia (CSJ SP, 27 Jul 2011, Rad. 34779).   

Ello,  le  permite  concluir  que  el  ente  acusador  “nada  hizo  en  materia  probatoria para  demostrar   la   individualización  o  identidad  del  procesado”7.   

3.  Adicional a lo  dicho,  no  existe ningún testigo directo frente a la existencia de la conducta  por  parte   del  acusado,  “al  margen  de la  captura  que cuyo informe fue confeccionado por el PT EFRAIN TAPIA TAPIA (según  descubrimiento   probatorio)   el  que  no  fue  introducido  a  la  actuación,  sencillamente  porque  el  captor  y/o  aprehensor  no  rindió testimonio en el  juicio8”.   

4.  Lo afirmado, a  términos  del  libelo,  reviste especial importancia pues al no introducirse en  el  juicio oral prueba sobre la identificación del acusado, conlleva la nulidad  de   la   actuación,   a   partir   de   la   audiencia   de   formulación  de  acusación.   

5.  Corolario a tal  declaratoria,  invoca  la libertad provisional del acusado merced al vencimiento  de   los   términos   previstos  en  el  artículo  317.5  de  la  Ley  906  de  2004.   

Segundo      cargo      (subsidiario).         Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error de hecho,  consistente  en  un  falso juicio de identidad que afecta el debido proceso y el  derecho de defensa.   

    

1. El  juzgador  de segunda instancia  incurre  en  el  yerro  que denuncia al soportar la prueba de cargo en contra de  Jean    Pierre   Kabir   Camargo   Suaza  con  el testimonio del Agente de Policía José Osorio Londoño, a  pesar  de  que  éste  no  realizó  personalmente  el  proceso de recolección,  embalaje,  traslado  o  aducción  del   medio  de  prueba;  igual,  no vio  directamente  el  acto mismo del hallazgo del arma, toda vez que la información  que  suministró  en  el juicio provino de la recibida por su compañero Efraín  Tapia Tapia.     

    

1. La  inadvertencia  del  órgano  acusador  es  evidente,  por  cuanto  no  obstante,  destacó,  la  necesidad de  escuchar    al  testigo  directo,  PT Efraín Tapia Tapia, funcionario  con  quien  se  introducirían  los elementos materiales probatorios y evidencia  física, renunció a su práctica.     

3.  Luego,  trae a  colación  el dicho de Frank Salazar Renteria, prueba de descargo de la defensa,  frente  al  cual destaca dos situaciones importantes: (i) nunca vio al procesado  portando  arma alguna, y, (ii) antes “de la supuesta  incautación  habían sido requisados por otros policiales, debido a un problema  en  la mesa contigua.  Lo que hace surgir la incertidumbre de si el acusado  realmente     era    portador    de    un    arma9”.  La sentencia censurada omitió mencionar este hecho.   

4.  A  manera  de  conclusión,  precisa,  que si el Intendente Osorio Londoño no es mencionado en  el  informe  sobre  captura  en  flagrancia  ha  de  entenderse que “no  existe  ningún  otro  elemento  cognitivo  que  reemplace o  confirme    la    versión   de   dicho   agente”10.   

Tercer cargo, error  de derecho por falso juicio de convicción.   

1. Para empezar cita  como  normas  violadas,  los  artículos  5,  7,  380,  381 y 382 del Código de  Procedimiento Penal, 29 y 250 de la Constitución Política.   

2.    A  continuación,  plantea  lo  que  denomina  problema  epistemológico,  así: la  versión  del intendente José Osorio Londoño es prueba de referencia, toda vez  que  “no  es  cierto  que  él  haya visto en forma  directa  la  aprehensión  del  objeto  material,  siendo sustraído del zapato,  zapatilla  o  extremidad  del  acusado  ya  que  fue  su  supuesto compañero el  patrullero    EFRAIN    TAPIA    TAPIA   quien   al   parecer   realizó   dicha  acción”11.   

Entonces, si de conformidad con el artículo  381  del  Código de Procedimiento Penal, la sentencia condenatoria no se podrá  basar  exclusivamente  en  pruebas  de referencia, lo que consagra a voces de la  jurisprudencia  una tarifa legal negativa, surge el falso juicio de convicción.   

3.  Así,  como no  existe  ningún  medio  de  conocimiento que apoye el fallo de responsabilidad y  que  haya  sido  legalmente  incorporado  a la actuación se ha de considerar la  duda razonable.   

CONSIDERACIONES  

          La  Sala  no  seleccionará  la  demanda  de  casación porque de su  estudio   se   advierte  que  no  se  precisa  de  la  intervención  de  la  Corte  para  hacer  efectivo  alguno  de  los  fines  del  extraordinario  recurso  a la luz del artículo 180 del Código de Procedimiento  Penal.  En efecto:   

            

Primer cargo.  Nulidad.  

1.  Para  iniciar  conviene  advertir,  que  la defensa no apeló la sentencia de primera instancia  por  los  motivos  que  ahora  erige  en cargo casacional, lo cual, en principio  genera  como  consecuencia la falta de interés jurídico; no obstante, en casos  como  el  presente,  donde  la argumentación se vincula a defectos de garantía  que  eventualmente  podrían dar lugar a la declaratoria de nulidad (del    fallo    o   de   algún   trámite   procesal),  el  recurso extraordinario sí puede interponerse por excepción,  precisamente  para  buscar a través de sus fines el respeto de las garantías y  la reparación de los agravios inferidos al impugnante.   

          2.  Frente  al  primer reparo, esto es, la  nulidad  de  la actuación por no encontrarse el acusado plenamente identificado  e  individualizado,  ciertamente,  es  temática que ha tenido plena vigencia en  las  diferentes legislaciones procesales penales (Decreto 050 de 1987, artículo  341;   Decreto  2700  de  1991,  artículo  319;   Ley  600  de  2000,  artículo   322;    Ley   906,   artículo   128  modificado    por   el     artículo  11  de la Ley 1142 de 2007),  presupuestos  normativos  que  en  forma pacífica la jurisprudencia de la   Sala  ha  decantado sobre la necesidad que surge al    momento de  proferir  el fallo y en aras de evitar problemas    de homonimia,  individualizar  de  manera  correcta                —unívoca—  o  identificar   —también        de        forma  inequívoca— a los autores  o    partícipes    de    la    conducta    punible12.  (CSJ SP, 13 Feb 2003, Rad.  11.412;  CSJ,  SP,  23  May  20007,  Rad.  25  393;  CSJ  SP,  23  En 2008, Rad.  28.301).   

          3.   No  obstante  lo  dicho, ningún  acierto   le   asiste  al  demandante  en  su  propuesta  y  menos  aún  en  la  invalidación  que reclama, por cuanto contrario a lo sugerido, tales exigencias  fueron plenamente satisfechas.  Veamos:   

          (i)  En relación con la individualización, la Fiscalía al momento  en  que radicó escrito de acusación señaló que se trataba de un individuo de  sexo  masculino,  de  25  años  de edad, nacido el 25 de marzo de 1985, hijo de  Esperanza  y   Luis,  estatura  1.73, trigueño, delgado y sin limitaciones  físicas.   

          (ii)   Frente a la identificación, y si bien acierta el censor  al  afirmar  que  el  informe  de  investigador  de  laboratorio, de fecha 21 de  septiembre   de   2011,   cuyo   objeto   fue   llevar   a  cabo  confrontación  dactiloscópica   de   Jean   Pierre   Kabir  Camargo  Suaza,   no  fue  introducido  al  juicio  oral,  tal  circunstancia  no  apareja  ninguna irregularidad como que desde la formulación  de  la  imputación  se  le  identificó  con  la cédula de ciudadanía número  94.285.535.   

          De  ahí  que  los falladores de instancia al momento de proferir el  fallo de condena no tuvieron dificultad alguna al respecto.   

          Adicional  a  lo  dicho  y sin que se entienda como una respuesta de  fondo  sino  como  una garantía más frente al planteamiento propuesto, la Sala  en  reciente  oportunidad  y  frente  a idéntico tema, señaló (CSJ SP, 19 Feb  2014, Rad. 43002):   

«No   entiende   la  Sala  cuál  es  la  motivación  que impulsa a la defensa técnica a reclamar tarjeta decadactilar o  copia  de  preparación  de la cédula de la funcionaria, cuando está claro que  la  ley  no  establece  ningún  tipo  de  tarifa  probatoria al respecto, pero,  además,  con los elementos de juicio desde el comienzo aportados el tópico fue  siempre pacífico e incontrovertible.   

Es necesario precisar, además, que el tema  de  la plena identidad del acusado no aparece determinado como propio del objeto  de  lo  discutido  ante  el  fallador  y, por ende, debería entenderse ajeno al  material  probatorio reclamado por las partes para introducir en la audiencia de  juicio  oral,  en  el  entendido que es ese, el de la identificación, un factor  necesario  para  el  inicio  mismo  del  trámite  formalizado del proceso, a la  manera  de  concluir,  en  estricto  sentido  jurídico,  que  si  se llega a la  audiencia   de   juicio  oral  es  necesariamente  porque  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación  y en la siguiente de acusación, ya se encontraba  suficientemente identificada la persona.   

Es  por  ello que expresamente el artículo  288  de  la  Ley  906  de  2004,  que  referencia  los  elementos formales de la  imputación,  reclama  en  su  numeral primero la “Individualización concreta  del  imputado,  incluyendo  su nombre, los datos que sirvan para identificarlo y  el  domicilio de citaciones”. Incluso, se ha establecido un sistema para que a  la  persona  se  le cedule, en caso de no contar con la correspondiente ficha en  la Registraduría Nacional del Estado Civil.   

En el escrito de acusación, a su vez, ha de  contenerse,  conforme  lo estatuye el numeral primero del artículo 337 ibídem:  “La  individualización  concreta  de  quiénes  son  acusados,  incluyendo su  nombre,   los   datos   que   sirven   para  identificarlo  y  el  domicilio  de  citaciones.   

Cuando  se  han  adelantado  las audiencias  previas   a   la   del  juicio  oral,  desde  luego  que  necesariamente  debió  identificarse  a la persona objeto de acusación, así que el tema de la llamada  “plena  identidad”,  no  tiene por qué representar objeto de prueba para el  juicio,  a  no  ser  que  ello  sea punto concreto de discusión y se alegue, en  consecuencia,  la  conducencia  y pertinencia de verificar algo que se entendía  dilucidado desde el comienzo del trámite».   

          4.  Así las cosas, ninguna razón le  asiste  al  demandante  en  su pretensión, en cuanto se satisfizo plenamente el  requerimiento  del  inciso  segundo  del  artículo  128  de  la Ley 906 de 2004  (artículo  11  de  la  Ley  1142 de 2007), o encontrándose entonces plenamente  satisfecho  tanto  la  individualización  (nótese que la captura se produjo en  situación  de  flagrancia) como la identificación el  reproche se inadmitirá.   

Segundo    cargo:    falso   juicio   de  identidad.   

1.  La  Sala tiene  dicho  que  este  tipo de yerro se presenta cuando respecto de determinado medio  de   prueba  legal  y  regularmente  aportado,  el  juzgador  hace  atribuciones  fácticas   trascendentes  que  no  corresponden  a  su  contenido  (adición),  o  porque  recorta  aspectos  sustanciales    de   su   texto   (cercenamiento   o  supresión),  o  porque muda o cambia el sentido de su  expresión       literal      (distorsión      o  tergiversación),  eventos  en los que se pone a decir  al  medio  de  prueba lo que no expresa materialmente. (Ver entre otras, CSJ SP,  11 abr 2007, rad. 23667):   

“Cuando se alega  esta  especie  de  vicio, se exige al demandante identificar inequívocamente la  prueba  sobre  la  cual  recae  la  incorrección que se denuncia, asistiéndole  primero  el deber de revelar lo que fidedignamente dimana de ella de acuerdo con  su  estricto  contenido  material,  y  luego  la obligación de precisar en qué  aspecto  radicó  la  desfiguración  de su literalidad, bien por supresión, ya  por  adición,  ora  por tergiversación, ejercicio que se lleva a cabo mediante  una  elemental confrontación de las precisiones hechas en el fallo acerca de su  tenor,     con     lo     que     en    realidad    enseña    ésta”.   

Así,  no  es suficiente entonces, citar los  medios  de  prueba  sobre  los  que  supuestamente  recae  el error, sino que es  necesario    señalar   de   qué   manera   el   Ad  quem  tergiversó,  distorsionó  o cercenó lo que la  prueba demuestra.   

    

1. Para  empezar,  lo  primero  que  se  ofrece  necesario  señalar es que incurre en un  contrasentido  la  propuesta  realizada  por  el recurrente, pues, no podía ser  objeto  simultáneamente  de  cercenamiento  y  tergiversación  un mismo aparte  —términos que utiliza en  forma   indistinta   e  indiscriminada—.   Así,  el  cercenamiento  supone prescindir de una parte de  determinado  medio  de  convicción,  en  tanto,  tergiversar se refiere a que a  pesar  de  tener  en  cuenta  su  contenido  material, del mismo no se extrae la  conclusión a la que llega el juzgador.     

    

1. Pero  ahí  no  se  quedan  las  inadvertencias  del  censor.   Nótese cómo, antes que satisfacer la carga  debida,  esto  es,  confrontar  el  medio  probatorio  que  afirma  “tergiversado  y  cercenado”  con  la  valoración  que  de  aquel hizo el Tribunal y su trascendencia en el sentido de  la   decisión,   cita   en  forma  descontextualizada  algunos  apartes  de  la  exposición  del  testigo  tales como “estoy detrás  de      mi      compañero”,     “estoy   pendiente  dando  seguridad”  o  “ya    era    de    noche    y    había    mucha  gente”,  para a partir de allí elaborar sus propias  conclusiones.     

Tal  forma  de  razonar  evidencia  que el error de identidad denunciado apunta exclusivamente a  una  forma  de  argumentación  diversa,  pero ésta en modo alguno demuestra el  yerro,  como que verifica es que en las dos formas de estimación, la judicial y  la  de  los  demandantes,  se  partió  de  lo que dice la prueba, solo que para  conferirle o negarle eficacia se acude a la crítica.   

5. En fin, el censor  pretende  hacer  prevalecer su inconformidad, asimilando que la casación es una  especie    de tercera instancia en la cual, a través de un escrito de  libre   confección,   puede  cuestionar,  de  cualquier  modo,  las  decisiones  judiciales producto de un proceso penal, cuando ello no es así.   

La  queja, entonces, no indica ni demuestra  que  se  hubieren hecho adiciones a la prueba, o cercenado apartes importantes o  tergiversado  sus  palabras  reales. En ese orden, el  desatino  es  patente, pues el Tribunal no le puso a decir a la prueba lo que el  testigo   no   refirió.   Por   el   contrario,  su  valoración  le  permitió  establecer13:   

“de las pruebas  practicadas  en  el  juicio  oral  se  constata  que contra el acusado existe el  testimonio  directo  del  policía JOSE OSORIO LONDOÑO, quien afirmó que el 20  de  julio  de  2011 acompañó al Patrullero EFRAIN TAPIAS TAPIAS a realizar una  requisa  en  la  carrera novena con calle primera de Buga, cerca de una tarima y  vio  cuando  aquél le encontró al señor JEAN PIERRE KABIR CAMARCO (sic) SUAZA  un   arma   de   fuego   en  uno  de  sus  zapatos”.   

De manera que, el recurrente no demostró que  el  Tribunal  hubiese  tergiversado  o  cercenado  las  palabras del testigo, es  decir,  que  les  hubiera  puesto  a decir lo que no dijeron.  Y, no podía  hacerlo,  justamente  porque  su  queja  a  lo  que realmente apunta es a que ha  debido   negársele   credibilidad   a   su   dicho.   

    

1. Así, las pretensiones han debido  ser  presentadas,  no  por  vía  del  falso juicio de identidad, como que no se  demostró  que  el  juez  colegiado  distorsionara  lo  realmente  dicho por las  declaraciones,  sino  por la del falso raciocinio, supuesto en el que tenía que  postular  el  desconocimiento  a  cualquiera  de  los  componentes  de  la  sana  crítica:  una  ley  de  la  ciencia,  un  principio lógico o una máxima de la  experiencia, exigencias que, igual, fueron ignoradas.     

    

1. Adicional  a  lo  dicho,  si  el  demandante, por vía de la violación indirecta de la ley  sustancial  tenía  interés  en  que fuera declarado que en el proceso existía  “la incertidumbre de si el acusado realmente era el  portador             del             arma14”,  debió orientar su censura a demostrar que en el proceso gravitaba  la  duda  probatoria  y  su  incidencia en el fallo, a través de los errores de  hecho  o  de derecho en la estimación de las pruebas. A nada de esto acudió el  impugnante.     

    

1. De manera que al argumentar de esta  forma  abandonó  las  obligaciones  que  se  le imponían para probar la causal  escogida  y  pretendió  en  forma  equivocada  imponer su criterio sobre el del  Tribunal,    consideraciones    que    conducen    a    inadmitir    el    cargo  propuesto.     

Tercer    cargo:    falso   juicio   de  convicción.   

1.  Como  bien lo  tiene  definido  la jurisprudencia de la Sala, consiste en el reconocimiento del  valor  que  la ley asigna a determinadas pruebas; presupone la existencia de una  «tarifa  legal», o lo que  es  lo  mismo,  la asignación de un valor demostrativo o de persuasión único,  predeterminado,  a  los medios de conocimiento, el que no puede ser alterado por  el intérprete.   

Esta   clase   de   yerro   —se           sabe—  es  de  restringida  aplicación por  haber  desaparecido  del  sistema  procesal  la  tarifa  legal, de manera que en  principio,  no  es  posible  para  los jueces incurrir en errores de derecho por  falso  juicio  de convicción, en la medida que la normatividad no somete por lo  general su raciocinio a evaluaciones probatorias predeterminadas.   

Con  todo,  en  estos  casos,  es deber del  casacionista  señalar  las  normas procesales que reglan la apreciación de los  medios  de  prueba sobre los que se predica el yerro, acreditar cómo se produjo  su transgresión y enseñar su incidencia en el sentido del fallo.   

2.  El censor  funda  su  reproche  en  el  artículo  381  del  Código de Procedimiento Penal  —Ley     906    del  2004— tras considerar que  el  legislador  ha  prohibido  que  la decisión de condena se edifique sobre la  denominada  prueba  de  referencia,  lo  que  no  es  otra  cosa  que una tarifa  probatoria   que  se  impone  en  la  apreciación  reglada  de  los  medios  de  convicción.   

Pues  bien,  para  empezar  dígase, que el  recurrente  parte  de una falacia, con lo cual da al traste con la demostración  del  vicio  denunciado,  así como con la pretensión formulada.  Ello, por  cuanto    el  testimonio de  José Osorio Londoño, el cual constituyó unos de los  soportes  para  edificar  el juicio de responsabilidad  no  es de referencia, en el sentido en que lo entiende  el legislador de 2004:   

“ARTÍCULO 437.  NOCIÓN.  Se  considera  como  prueba  de referencia toda declaración realizada  fuera  del  juicio  oral  y  que es utilizada para probar o excluir uno o varios  elementos  del delito, el grado de intervención en el mismo, las circunstancias  de  atenuación o de agravación punitivas, la naturaleza y extensión del daño  irrogado,  y  cualquier otro aspecto sustancial objeto del debate, cuando no sea  posible practicarla en el juicio.   

Ello por cuanto como lo reseña el Tribunal,  el  declarante  compareció  al  juicio  y  refirió  lo que de manera directa y  personal  pudo  percibir,  esto  es,  que  estuvo  presente en la requisa que se  practicó   al  enjuiciado  Camargo  Suaza,  acto en el que se le encontró un arma de fuego que llevaba en la  bota o zapatilla.   

3.   En  estas  condiciones,  la  Sala  advierte  que  el planteamiento del censor es equívoco,  pues   faltando   a  los  requisitos  de  claridad  y  precisión  que  le  eran  exigibles,   omitió  señalar  por qué la califica de referencia, como la  pretende  rotular,  para  así  asignarle  una  tarifa legal negativa, cuando es  claro  que  este  medio  de  prueba  fue  incorporado  al  juicio oral de manera  directa,  sin  que el legislador le haya fijado tarifa probatoria, circunstancia  que   por   sí   sola   descarta  el  error  de  derecho  invocado.   

4.   Y,  si  lo  anterior  resultara  insuficiente,  y  es  circunstancia que en forma por demás  velada  omite  señalar el recurrente, aquella no fue la única prueba tenida en  cuenta  por  los  juzgadores  de  instancia,  pues  también fueron valoradas en  juicio  las  declaraciones  del  policía  Osley  Antonio  Triviño Noreña y el  testigo  Frank  Salazar Rentería, así como el informe de laboratorio acerca de  la   condición  y  aptitud  del  arma,  elementos  estos  últimos  que  fueron  introducidos   al   juicio   a  través  de  las  estipulaciones  probatorias  .   

Resulta entonces, que ni la declaración de  José  Osorio  Londoño  constituye  una  prueba  de  referencia, ni el Tribunal  cimentó  la  certeza  judicial exclusivamente en aquella, de tal suerte que con  independencia  de  la  valoración  que  los  falladores hayan hecho de aquella,  fueron  diversos los medios probatorios que se tuvieron en cuenta para elevar el  juicio de responsabilidad.   

5. Dígase además,  que  así  el Ad quem hubiera  incurrido  en el yerro —que  no  sucedió—,  el  mismo  sería  intrascendente,  porque  aquel,  como  se afirmó, no sustentó en forma  exclusiva  la  sentencia  condenatoria, ni el casacionista derribó la capacidad  demostrativa de los otros medios de prueba.   

    

1. Por  lo  expuesto, al adolecer la  demanda  de casación del sustento conceptual, lógico y argumentativo propio de  esta  sede extraordinaria, será inadmitida,  además,  del  estudio  del proceso no se vislumbra violación de  derechos  fundamentales  o garantías de los sujetos procesales que den lugar al  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  de  índole constitucional y legal que al  respecto, le asiste a la Sala para asegurar su protección.     

    

1. Al amparo del artículo 184 de la  Ley  906  de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de  casación,   es   procedente  la  insistencia,  cuyas  reglas,  en  ausencia  de  disposición  legal,  han sido definidas por la Sala desde el año 2005 (CSJ AP,  12 dic. 2005, rad. 24322), a cuyas consideraciones se remite.     

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Jean        Pierre       Kabir       Camargo       Suaza.   

Segundo.  Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folios18 y 19 de la carpeta.   

2  Información  extractada  del fallo de segunda instancia y del registro de audio  obrante.   

3 Folios  20 a 24 de la carpeta.   

4 Folios  40 y 41 Id.   

5 Folios  136  a  138  de  la  carpeta,  el  de  primera  instancia,  y  173  a  183 el de  segunda.   

6 Cfr.  folio 198 cuaderno de la Corte.   

7 Cfr.  folio 202 id.   

8 Cfr.  folio 202 íb.   

9 Cfr.  folio 208 íb.   

10 Cfr.  íb.   

11 Cfr.  folio 209 íb.   

13 Cfr. folio 177 carpeta.   

14 Cfr.  fl 208 cuaderno Tribunal.     

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