AP5704-2014(40610)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado ponente  

AP5704-2014  

Radicación n° 40610  

(Aprobado Acta No. 318)  

Bogotá, D.C., veinticuatro (24) de septiembre  de dos mil catorce (2014)   

ASUNTO  

Procede   la   Sala  a  resolver  sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda  de casación presentada por el defensor de Fabio  Antonio  Mendoza  Prieto,  contra  la  sentencia  del cuatro de octubre de 2012,  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá que  confirmó   la   del  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  la  misma  ciudad,  mediante la cual condenó al acusado a una  pena  de  100  meses  de prisión y multa de 69.42 S.M.L.M.V., como autor de los  delitos    de    peculado    por    apropiación    y   fraude   a   resolución  judicial.   

HECHOS  

Fueron  narrados  en  la sentencia de segunda  instancia, en los siguientes términos:   

“…Dentro  del  proceso  ejecutivo  adelantado ante el Juzgado 63 Civil Municipal de    Bogotá,    por   MIGUEL   RUBIANO  GUTIÉRREZ     contra     GUSTAVO    CALDERÓN  y  CARLOS  JULIO  VERA GONZÁLEZ, propietario del 50% del  apartamento  N°  103,  localizado en el edificio Ana  Carolina,  ubicado  en  la Avenida 15 N° 118-48 de la  ciudad,  de  cuyo otro 50% es dueña la señora  NELLY  LEONOR DIAGO PATERNINA, se  decretó  el  embargo del 50% de dicho inmueble, cuyo  secuestro   lo   efectuó  la  Inspección     Primera     “D”   de  Policía  de  Bogotá  el día 10 de abril de 2008, diligencia  en  la  que  se nombró como secuestre a FABIO ANTONIO  MENDOZA  PRIETO, integrante  de  la  lista  de  auxiliares  de  la  justicia,  quien  lo recibió  materialmente  el día 30 del mismo mes  y   año  de  manos  de  quien  en  ese  momento  lo  tenía  en arriendo, sin que haya rendido cuentas, no  obstante   el   respectivo  requerimiento  hecho  por  el  Juzgado,  mediante  auto  del  17  de  junio  de  2008…”.   

         ACTUACIÓN            PROCESAL  RELEVANTE   

En  audiencia  preliminar  realizada el 8 de  noviembre  de  2010  en  el  Juzgado  Catorce  Penal  Municipal con funciones de  Control  de  Garantías,  el representante de la Fiscalía General de la Nación  formuló  imputación  contra  Fabio  Antonio  Mendoza  Prieto  por los delitos de peculado por apropiación y  fraude a resolución judicial.   

El  1° de abril de 2011, el Fiscal formuló  acusación  ante  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Conocimiento de  Bogotá,  en  la cual mantuvo la adecuación típica de la conducta atribuida al  acusado  en  la  formulación  de  la  imputación,  mientras  que  la audiencia  preparatoria se realizó el 29 de julio del mismo año.   

Posteriormente, en sesiones realizadas el 16  de  mayo  y  el  26  de  junio  de  2012,  se verificó el juicio oral y una vez  culminado,  el  Juez  anunció  el  sentido  del fallo de carácter condenatorio  contra el acusado.   

Seguidamente se dio lectura a la sentencia de  primera   instancia,   por   medio   de   la   cual  se  impuso  a  Fabio  Antonio  Mendoza  Prieto  las penas  principales  de  cien  (100)  meses  de  prisión,  multa  de 69.42 salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos    y    funciones   públicas   por   lapso  idéntico  al  de  la  pena privativa de la libertad,  como  responsable  de  los  delitos  de  peculado  por  apropiación y fraude a resolución judicial.   

Impugnada  la  condena  por el defensor, el  Tribunal  Superior de Bogotá la confirmó  en  su integridad, decisión        contra       la              cual, a su vez,  el   defensor   interpuso   el   recurso   extraordinario   de  casación,  cuya  calificación     de     la     demanda     es     el    objeto    del    actual  pronunciamiento.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal segunda de casación,  acusa  el  defensor  el  fallo  de  segundo  grado de haber sido proferido en un  asunto  viciado  de  nulidad  debido  a irregularidades sustanciales lesivas del  debido  proceso  por  afectación de la garantía debida a los procesados, al no  existir  consonancia  entre  la acusación y la sentencia, en lo que respecta al  delito de peculado por apropiación.   

En orden a fundamentar el cargo, aduce que si  bien  en  el  escrito  de  acusación  se  mencionan  correctamente los aspectos  personal,  fáctico  y jurídico del delito de fraude a resolución judicial, no  ocurre  lo  mismo  en  cuanto se relaciona con el peculado por apropiación, del  que  solo  se  hizo  referencia  a los aspectos personal y jurídico, pero no al  fáctico.   

Afirmó que no se indicó de manera expresa,  clara,   precisa   y   circunstanciada  la  conducta  concreta  endilgada  a  su  representado, es decir, no se realizó la imputación fáctica.   

En  apoyo  de  su  pretensión,  luego  de  transcribir  apartes  del  escrito  de  acusación, sostuvo que en la respectiva  audiencia  el  Fiscal  se  limitó  a  darle  lectura  al  mismo y a agregar que  “…los  montos  que se adeudan son aproximadamente  treinta   y   cuatro   millones   a   la   fecha   de   la  denuncia…”,  escrito  que  sólo  contiene  los supuestos de hecho de un  posible delito de fraude a resolución judicial.   

Expresa  que  las  sentencias  de  primera y  segunda  instancia ofrecen cada una de ellas un supuesto de hecho diferente para  el  delito  de peculado por apropiación, pues mientras en la de primer grado se  dice  que  al haber entregado el secuestre el apartamento en comodato a terceros  “…estos   disfrutaron  de  manera  gratuita  del  mismo…”,   el   Tribunal   Superior   afirma  que  “…no  existió  tal comodato sino que el inmueble  fue  entregado  al  tercero  a  título  de  arrendamiento  y  que el acusado se  apropió de los cánones pagados…”.   

Agrega  que  la  ausencia  de  señalamiento  expreso  y  circunstanciado de la conducta de peculado es evidente, al punto que  ni  siquiera  se  deduce  del  relato  de  os  hechos juzgados que se hizo en el  encabezamiento de los fallos.   

Concluye  que  al  no  existir  congruencia  fáctica  entre  la  acusación  y  la  sentencia  en  lo  relativo al delito de  peculado  por  apropiación,  procede  la absolución de su representado, acorde  con  lo  previsto en el artículo 448 de la ley 906 de 2004, por lo que solicita  a  la  Corte  casar  parcialmente  la sentencia impugnada y en su lugar absolver  a    Fabio    Antonio   Mendoza   Prieto por el delito de peculado por apropiación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Atendiendo  al  contenido  de  la Ley 906 de  2004,  la  casación  debe  entenderse como un medio de control constitucional y  legal  de  las  sentencias  de  segunda  instancia,  encaminado  a  proteger los  derechos  y garantías fundamentales consagrados en la Constitución Política y  en   los   tratados   de  derechos  humanos  que  forman  parte  del  bloque  de  constitucionalidad,  así  como a garantizar la efectividad del derecho material  y  la  reparación  de  los  agravios inferidos a quienes intervienen dentro del  proceso penal.   

Por  tal  motivo,  se  trata  de un medio de  oposición  estrictamente  reglado,  en  cuanto  su  ejercicio  debe someterse a  determinados  presupuestos  de  postulación de los reproches de acuerdo con las  causales  taxativamente  señaladas  en  la  Ley,  de  manera  que  no  es dable  asimilarlo a un simple alegato de instancia.   

En tales condiciones, para que la demanda de  casación  sea  admitida,  es  necesario  que  la  pretensión del demandante se  dirija  a  demostrar  la  afectación de algún derecho o garantía fundamental,  motivo  por  el  cual,  además de señalar la causal escogida para denunciar el  agravio,  ha  de contar con un desarrollo adecuado de cada uno de los cargos que  le  dan  sustento,  así  como demostrar la necesidad del fallo de casación, ya  que,  de  lo  contrario,  el  escrito  será  inadmitido,  según  lo dispone el  artículo 184 de la mencionada Ley.   

Lo anterior, en cuanto la sentencia que agota  las  instancias goza de la doble presunción de acierto y legalidad, y por tanto  es  deber  del  censor desvirtuarla con la demostración de algún error grave o  esencial  por  parte del Tribunal, labor que impone la observancia de las reglas  de  coherencia,  precisión  y claridad que conduzcan al cabal entendimiento del  reparo,  en  razón  a  que  corresponde  a  la  Corte  además de verificar los  fundamentos  de  lógica, de debida argumentación y de contenido de la demanda,  analizar  la  procedencia de su intervención en sede extraordinaria con miras a  cumplir alguna de las finalidades del recurso.   

De acuerdo con los  referentes  normativos y jurisprudenciales señalados,  advierte  la  Sala  varias  deficiencias insuperables  en el libelo, que imponen su  inadmisión, según se evidencia a continuación.   

Acorde     con     las    estrictas  cargas  argumentativas  fijadas  por  la Ley 906 de 2004 para  acceder    a    esta    sede   extraordinaria,   es   claro   que   aparte  de las exigencias propias para la  postulación  de  los  cargos  que  ha  desarrollado  suficientemente  esta  Corporación frente a cada una  de    las    causales   de   casación,   la   nueva  legislación  procesal  exige  con  mayor  rigor  la  fundamentación de los fines que pretenda alcanzar el  recurrente.   

No  precisa  el  actor   en   esta  oportunidad  la  finalidad  de  su  pretensión,  circunstancia  que  le  impide  demostrar que se precisa del fallo  para  cumplir  alguno  de los propósitos del recurso de casación, en cuanto es  bien  conocida  la  exigencia  relativa  a  que  la  demanda  aborde en acápite  separado   la   explicación   respecto  a  qué  se  pretende  con  el  recurso  extraordinario, motivo suficiente para no seleccionar el libelo.   

Omitió  el  demandante concretar qué es lo  efectivamente  pretendido,  como  tampoco explicó las razones que determinan un  pronunciamiento  en sede extraordinaria de casación para alcanzar alguna de las  finalidades   previstas   en   el  artículo  180  de  la Ley 906 de 2004, porque  ninguna  razón  contiene  el  libelo  acerca  de  la  necesidad   de  lograr  la  efectividad  del  derecho  material,   el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación de agravios inferidos  a  éstos o la unificación  de la jurisprudencia.   

De      esa      forma,  es evidente que incumplió  uno  de  los  presupuestos  esenciales de la casación,  precisamente  el que se refiere a la  fundamentación  de la finalidad del recurso, sin que  se  advierta  oficiosamente  la necesidad de un fallo para cumplir alguna de sus  legítimas  finalidades, lo que necesariamente genera  su inadmisión.   

Sobre  la particular temática planteada por  el  casacionista relacionada con el principio de congruencia, resulta pertinente  recordar  que  en  la  acusación  deben ser precisados los aspectos fácticos y  jurídicos  de  la  conducta  punible  por la cual se procede, parámetros a los  cuales  indefectiblemente  se  ha  de  sujetar  el  sentenciador a efectos de no  incurrir  en  vulneración de este apotegma, que hace parte de la noción amplia  de  debido  proceso,  entendido  como  el  plexo  de garantías de que gozan los  diversos  sujetos procesales e intervinientes que participan en el proceso penal  en   el  marco  de  un  Estado  Social  y  Democrático  de  Derecho1.   

El desconocimiento de este principio no sólo  comporta  vulneración  de la estructura del proceso, sino que además afecta el  derecho  a  la  defensa, por cuanto el sujeto pasivo de la acción penal resulta  sorprendido  en  la sentencia con imputaciones fácticas y/o jurídicas respecto  de las cuales no ha tenido oportunidad de controversia.   

Por consiguiente, la incongruencia, entendida  desde  la  doble  perspectiva  de garantía y postulado estructural del proceso,  implica   que  el  fallo  debe  guardar  armonía  con  las  conductas  punibles  atribuidas    en    el    acto    de    acusación2.   

Dicha  imputación  debe  ser  fáctica  y  jurídica,  única  manera  de  garantizar  el derecho de defensa y el principio  acusatorio,  el  cual  tiene entre sus proyecciones esenciales la de informar al  imputado  por  parte  de  la  Fiscalía  sobre la denominación de las conductas  imputadas  en  forma  precisa,  de  manera  tal  que  se  le  permita  la  plena  comprensión de sus alcances y consecuencias.   

En  cuanto  se  relaciona con la imputación  fáctica,  ha  puntualizado  la  Sala  que  se  contrae al deber de precisar los  hechos  constitutivos  de la conducta típica objeto de investigación, esto es,  el  conjunto  de  circunstancias espacio temporales y modales que la configuran;  mientras  que  la imputación jurídica se relaciona con la determinación clara  y concreta del delito cometido, o especie delictiva que se endilga.   

Respecto a las eventualidades procesales que  pueden  dar  lugar  a la vulneración del principio de congruencia, ha precisado  la  Sala  que  puede  producirse,  entre otras, cuando el fallo introduce nuevas  conductas  punibles,  agrega  circunstancias  específicas  de  agravación o de  mayor  punibilidad,  desconoce  las  específicas  de  atenuación  o  de  menor  punibilidad  tenidas  en  cuenta  al momento de calificar o hace más gravosa la  forma  de  intervención en el delito, en cuyo caso se impone un nuevo fallo que  se sujete al marco fáctico y jurídico de la acusación.   

Delimitada  en  tales términos la cobertura  del  principio de congruencia y apreciado el contenido de la censura, observa la  Sala  que  el demandante lejos de exponer una fundamentación lógica encaminada  a  demostrar que los juzgadores de instancia se apartaron ostensiblemente de los  términos  de  la  acusación,  dedicó  su  esfuerzo  a  pretender acreditar la  indebida  motivación de la acusación por ausencia de delimitación del aspecto  fáctico  relacionado con el delito de peculado por apropiación, con lo cual se  alejó    de   los   senderos   del   motivo   de   invalidación   inicialmente  aducido.   

En el presente evento, lo único que presenta  el  censor es una personal opinión acerca de la manera en que debió redactarse  el   aspecto   fáctico   relativo  al  delito  de  peculado  por  apropiación,  pretendiendo  que sea acogida es desmedro de la ofrecida por el representante de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  forma de argumentar que lejos está de  acreditar  el pretendido error sobre la falta de congruencia entre la acusación  y la sentencia.   

Así   las  cosas,  ante  la  ausencia  de  precisión de  la  finalidad de la pretensión y la nula demostración del error  aducido, la demanda será inadmitida.   

          Para  concluir  es necesario señalar que no se observa con ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  violación  de  derechos o  garantías   del   procesado   Fabio  Antonio  Mendoza  Prieto,  como  para  que  tal  circunstancia impusiera  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3º del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Por último, es claro que de conformidad con  el  artículo  184  de  la  Ley  906 de 2004, contra el presente auto procede el  mecanismo  especial  de  insistencia,  dentro  de  los  términos  y parámetros  desarrollados   por   la   jurisprudencia  de  esta  Corporación  (CSJ  SP, 15 Dic. 2005, Rad. 24322; 28 Sep. 2011, Rad. 35724; 5 Sep.  2012,   Rad.   36578;   17   Feb.  2013,  Rad.  37948,  entre  otros).   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

1.          Inadmitir la  demanda  de  casación presentada por el defensor de  Fabio     Antonio     Mendoza    Prieto,      conforme     con lo expuesto en precedencia.   

        2.                     De   conformidad   con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, contra esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia,  según  lo  indicado  en  la  parte  motiva  de este  auto.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO  CASTRO CABALLERO   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO   

JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

EUGENIO      FERNÁNDEZ CARLIER   

MARÍA  DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ   

EYDER  PATIÑO  CABRERA   

PATRICIA   SALAZAR   CUÉLLAR   

LUIS GUILLERMO  SALAZAR OTERO   

Nubia  Yolanda  Nova  García   

Secretaria  

    

1 Cfr.  Sentencia de mayo 4 de 2011, rad. 31091.   

2  Artículo        337,       ibídem.     

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