41817(28-01-14)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

MAGISTRADO PONENTE  

Radicación N° 41817  

Bogotá D.C., veintiocho (28) de enero de dos  mil catorce (2014).   

ASUNTO  

          En  atención  a  lo  previsto  en el artículo 401 de la Ley 600 de  2000,  la  Sala  procede  a  emitir  los  pronunciamientos  correspondientes  al  trámite de la audiencia preparatoria dispuesta en este proceso.   

I.    ANTECEDENTES   Y   ACTUACIÓN  PROCESAL   

    

1. Con  fundamento  en  los hallazgos  efectuados  por  la  Contraloría  General  de  la  República,  en la auditoria  gubernamental   con   enfoque   integral,   realizada   el   9   de   agosto  de  20041,  en  la  Gobernación del Departamento del Casanare, se conocieron  irregularidades  y sobrecostos en los contratos números 481, 533 y 582 de 2002,  celebrados    todos    por    el    titular   de   ese   entonces   William  Hernán  Pérez  Espinel  y Karol  Emilce Cano Garzón, contratista.     

2.  A través  de           investigación          previa2  -28 de diciembre de 2006 – se  estableció  la calidad foral de William Hernán Pérez  Espinel   en   su   condición   de   Gobernador  del  Departamento  de  Casanare, durante el período constitucional comprendido entre  el  primero  (1)  de  enero  de  dos  mil  uno  (2001)  al treinta y uno (31) de  diciembre de dos mil tres (2003).   

3.  Conforme al  mandato  establecido en el artículo 331 del Código de Procedimiento Penal, Ley  600  de 2000, el 11 de enero de 2008 se dispuso la apertura de la instrucción y  su  vinculación a través de indagatoria, la que se cumplió el 7 de febrero de  20083.   

4.   El 30 de  abril  de  2013,  el  Fiscal Séptimo Delegado ante la Corte Suprema de Justicia  profirió   en   su   contra  resolución  de  acusación  como  presunto  autor  responsable  de  los delitos de contrato sin cumplimiento de requisitos legales,  en  concurso  heterogéneo  con  peculado  por apropiación a favor de terceros,  agravado  por la cuantía, conforme al Código Penal, Ley 599 de 2000, Libro II,  Título   XV,   capítulos  primero  y  cuarto,  artículos  410  y  397  inciso             

5.  Contra esta  determinación  la  defensa  interpuso  recurso  de  reposición,  el  cual  fue  resuelvo  adversamente el 20 de junio del mismo año4.   

6.  Una vez el  pliego  acusatorio  adquirió  firmeza,  las diligencias fueron remitidas a esta  Corporación,  en  donde  la Secretaría de la Sala dispuso el traslado previsto  en  el  artículo 400 del Código de Procedimiento Penal, oportunidad en la cual  la defensa presentó dos escritos.   

En  el  primero,  invoca bajo tres sendas la  nulidad  de  la  actuación, en tanto que en el segundo, la práctica de algunas  pruebas de naturaleza testimonial y documental.   

CONSIDERACIONES  

     

I. De la competencia.     

La  Sala  es competente para conocer de este  asunto,  de  acuerdo  con  lo  dispuesto en el numeral 4 del artículo 235 de la  Constitución  Política  y el numeral 6 del artículo 75 de la Ley 600 de 2000,  dado  que  la  conducta  atribuida  a  William Hernán  Pérez  Espinel, se relaciona con el desempeño de sus  funciones  como  Gobernador  del Departamento de Casanare, con independencia que  en la actualidad haya cesado en el ejercicio de ese cargo.   

II.    De   las   solicitudes  de  la  defensa.   

Transcurrido el término de traslado previsto  en   el   artículo   400   del   Código   de  Procedimiento  Penal5,  la  Corte  emite  el  pronunciamiento  correspondiente  sobre la petición de nulidad de la  actuación  y  las solicitudes probatorias invocadas por el defensor del acusado  William    Hernán    Pérez    Espinel6.   

I. De las nulidades.  

1. A la Sala se le ofrece oportuno, previo a  emitir  su pensamiento sobre la declaratoria de nulidad invocada por el defensor  del  acusado,  señalar,  que  al  análisis  de las causales de nulidad, según  dispone  el  artículo  310  de  la Ley 600 de 2000, le debe preceder un estudio  juicioso  sobre los principios que orientan su declaratoria y convalidación: de  protección,  instrumentalidad  de  las  formas,  residualidad, convalidación y  trascendencia, entre otros.   

Estos  enseñan,  que aun cuando se advierta  una  irregularidad,  factores  como  su insignificancia, la actividad desplegada  por  quien  la aduce, actitudes posteriores de los sujetos procesales o  la  existencia  de  alternativas menos drásticas, determinan que dicha anomalía no  genere necesariamente la declaratoria de nulidad.   

Además,  quien solicita tal reconocimiento,  tiene  el  deber inexcusable de precisar la causal invocada y los fundamentos en  los  cuales se apoya, e, igualmente, demostrar la ocurrencia del error aducido y  su  incidencia,  real  y  cierta,  en las garantías de los sujetos procesales o  sobre las bases fundamentales del proceso.   

2.  La  defensa en  escrito        oportunamente        presentado7,  solicita  por  tres  sendas  distintas,  la declaratoria de nulidad de la actuación, disponiendo la Sala por  razones  metodológicas  y en aras de evitar inútiles repeticiones realizar una  reseña de la petición y proceder a su análisis y definición.   

     

1. La primera es violatoria del debido  proceso  y  del  derecho a la defensa, advierte, previstos en el artículo 29 de  la  Carta Política, Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de San  José  de  Costa  Rica y en la Convención Americana de Derechos Humanos, normas  internacionales   incorporadas   a   las  internas  por  virtud  del  bloque  de  constitucionalidad.     

En  criterio  del  estrado  defensor,  basta  observar  las  constancias  secretariales  de  fechas  7  de  septiembre de 2012  –situación  jurídica- y  30  de  abril  de  2013  -calificación  del  mérito  del sumario- lapso que se  traduce  en 7 meses, 20 días, “tiempo que considera  la  defensa no ha sido el necesario y suficiente para que se asuma los deberes y  pueda  dentro de los cauces normales del proceso contar con el tiempo suficiente  para  asumir  la  defensa del procesado para comprender que el estrado defensivo  no   ha   tenido   el   tiempo   suficiente   para   asumir   la   defensa   del  procesado”8,  el que igual se reduce en la  mitad  al  descontarle  los  trámites propios de las notificaciones, recursos y  traslados.   

Dentro  del  mismo  acápite,  invoca,  la  inobservancia  del  principio de investigación integral, norma rectora que rige  la  actuación,  lo que devela la posición de la Fiscalía “de  acusar  a  ultranza  olvidando  deberes  legales  y  garantías  mínimas  para  el  reo”9, circunstancia que le impidió  a  la  defensa  contar  con  el  tiempo  suficiente  para preparar la estrategia  defensiva,  así  como  citar  a testigos de descargos que aún permanecen en el  anonimato,   contrainterrogar   a   los  de  cargos  y  la  ausencia  de  prueba  pericial.   

Lo  dicho, se ofrece manifiesto, en tanto se  omitió  designar  un  profesional  de  la contaduría para que se refiera a los  supuestos   sobrecostos  y  “al  análisis  concreto  y  cierto  del  concepto  extrajurídico    que    constituye    el    AIU    de    cada    uno   de   los  contratos”10,  pues  ello constituye fundamento en la  investigación.   

A  lo  expuesto,  destaca,  no se le podría  oponer  que  se  cuenta con la etapa del juicio para la práctica probatoria que  se  demanda,  pues por virtud del fuero constitucional que cobija al acusado, lo  que  implica juzgamiento ante la Corte Suprema de Justicia, tal escenario sería  “más  restringido para aportar pruebas”11.   

La trascendencia de la solicitud se apoya en  vicios  de  garantía  y  de  estructura  que  afectan el proceso, al habérsele  limitado  a  la  defensa  el tiempo para desarrollar su labor, situación que le  impidió    aporte   de   pruebas,   verbi   gratia,  el  manual de funciones del Secretario Jurídico de la  Gobernación,    documento   que   tenía   la   potencialidad   de   desvirtuar  “la  única  declaración  de  cargo  que realmente  existe  en  el  proceso”12.   

   Igual,  el hecho de que la Fiscalía  descartara  la  figura  jurídica  de  la  delegación así como el principio de  confianza,  con  menoscabo  de  las  garantías  del  acusado, ello le permitió  acusar.   

Se considera  

(i)  La  solicitud  de  invalidación  será  negada.  La  Sala  sin  dificultad  advierte que la situación descrita  no  tiene la consecuencia pretendida por el peticionario.   

(ii) De conformidad con el artículo 393 del  Código       de       Procedimiento      Penal13  el  ciclo  instructivo  se  cerrará  “[c]uando  se  haya  recaudado  la prueba  necesaria  para  calificar  o  vencido  el  término de instrucción”.   

De  manera que, el funcionario instructor no  está  compelido a practicar la totalidad de las pruebas decretadas o las que se  deriven  de  ellas,  pues  si  cuenta  con  los elementos de juicio necesarios    para    emitir    la  calificación  como  lo  tiene dicho la jurisprudencia de la Sala (CSJ AP, 29 Ag  2002,  Rad. 10863), tal circunstancia, viabiliza, como aquí sucedió, clausurar  ese estadio procesal.   

          Como   viene   de   verse,  entonces,  la  Corte  se  ha  ocupado  en  reiteradas oportunidades,  (CSJ  AP,  12  Sep  2002, Rad. 17179; AP, 15 Mar 2011,  Rad.  28436;  AP,  11  Feb  2013, Rad. 36046) del real  entendimiento   que   ha   de   otorgársele   a   la   expresión  “la     prueba    necesaria    para  calificar”, la que ha de  ser          determinada         –en  todo  caso  y  con  exclusividad-  por    el    funcionario    instructor:   

El acto de calificación competía adoptarlo  al  Fiscal, de tal manera que a éste, y sólo a él, la ley asignó la función  de   sopesar   en   qué   momento   de   la  instrucción  existe  ‘la     prueba    necesaria    para  calificar’, esto es, para  acusar o precluir […]”   

De tal manera que si la potestad de valorar  en  qué  momento  obra la prueba suficiente para calificar la ley la delegó en  el  Fiscal,  surge  obvio que el acto de clausura, adoptado como consecuencia de  esa  razón,  no  puede ser tachado de ilegal, de lesivo al derecho de defensa o  las  formas  propias  de  un  proceso  como  es  debido,  en la hipótesis de la  supuesta  ausencia  de  una  prueba, pues la apreciación sobre la existencia de  suficientes  elementos  para  calificar  es  tarea  exclusiva  y  excluyente del  Fiscal”.   

         “Resáltese   que   el  legislador  confirió  al  Fiscal  esa  facultad  para que determinara la prueba  apenas                 ‘necesaria’.  No  la  totalidad,  no  la  plena,  sino  la  precisa, la esencial, la útil, la  estrictamente  indispensable  con  el  fin  de  cumplir  las exigencias del acto  calificatorio”.  (CSJ.    SP,    6    Mar    2008,   Rad. 23754)   

         […]   

         En  otras palabras, la clausura de la instrucción no  está  supeditada  a la práctica de todos los medios probatorios posibles (y ni  siquiera  de  todos  los  elementos  de  convicción  decretados),  sino  tan  sólo  de  los indispensables para los fines de la etapa  procesal”.  (CSJ.  AP. 4  Sep 2011, Rad. 30682)   

(iii)  Pues  bien,  basta  observar,  cómo  durante  la instrucción se recibieron diversos testimonios de quienes laboraron  en  la  Gobernación  del  Departamento  del  Casanare   y  que  por  tanto  conocieron  la  temática  relacionada  con el proceso de contratación del ente  estatal  y  podían  testificar  sobre  ellos;  también,  que  a través de los  distintos  informes  del  C.T.I., se obtuvo prueba documental relacionada con el  trámite  y  suscripción  de  los  contratos 481, 533 y 582 de 2002, celebrados  todos  por  el  titular de ese entonces William Hernán  Pérez   Espinel   y   Karol   Emilce  Cano  Garzón,  contratista.   

Ello,  le  permite  a la Sala inferir que el  funcionario  instructor  contaba con distintos elementos de juicio para proceder  a  la  clausura  del  ciclo  instructivo,  sin  que tal determinación pueda ser  tachada  de arbitraria o ilegal, toda vez que como viene de verse es potestativo  de este funcionario adoptarla y en el trámite se ofrece razonada.   

Así mismo, mediante solicitudes a entidades  públicas  y  privadas,  se acopió información y evidencia de interés para el  proceso,  por manera que –a  términos  del  precepto  legal  citado-  se  cuenta  con el material probatorio  necesario  para  calificar su mérito, luego nada se oponía a que se procediera  en ese sentido.   

(iv)  De  tal  manera,  que  si  el  Fiscal  consideró  recaudada la prueba necesaria para calificar el mérito del sumario,  tal  postura  mal  puede considerarse violatoria del principio de investigación  integral  al  no  haberse  recaudado  la totalidad de la prueba reclamada por la  defensa.    Adicional   a   lo   dicho,  tal  axioma  no  se  agota  en  la  investigación sino que está referido al trámite del proceso.   

(v)  Agréguese, igualmente, que una postura  de  tal  naturaleza  resulta plenamente garantista y respetuosa del principio de  celeridad    que    debe   regir   las   actuaciones   judiciales   –artículo  4  de la Ley Estatutaria de  la       Administración       de      Justicia14-   al   impedir   mantener  abiertas  las  investigaciones de forma indefinida, sin avanzar en una decisión  de  fondo  respecto  de  los  procesados,  en  franco detrimento de sus derechos  fundamentales  y  de  la  necesidad  de  impartir  oportuna justicia con abierto  desobedecimiento  del término que para instruir consagra el artículo 329 de la  Ley 600 de 2000:   

[e]l  término  de  instrucción  no podrá  exceder  de  dieciocho  (18)  meses,  contados  a  partir  de  la  fecha  de  su  iniciación.   

(vi) Ahora, como bien lo señaló el estrado  defensor,  aun  cuando  signándole una orientación distinta y equívoca, será  la  etapa  del  juicio y a través de la oportuna y debida solicitud probatoria,  el   escenario   idóneo  para  la  práctica  probatoria  que  echa  de  menos.   

A lo dicho, anótese, que tampoco resulta de  recibo  lo expresado por el letrado en cuanto a que la presente actuación, ante  la  Corte  suprema  de Justicia se ofrece restrictiva, por cuanto justamente, la  circunstancia  de  adelantarse  ante  el  máximo  organismo de la jurisdicción  ordinaria  se  ofrece  en  una  garantía  para la investidura que en una época  tuvo.   Frente  a  tal  aspecto  en reciente decisión, SU-198 de 2013, con  apoyo en reiterada jurisprudencia, la Corte Constitucional sostuvo:   

       Pese a  que  el  juzgamiento de los aforados constitucionales por el máximo tribunal de  la  justicia  ordinaria,  no  representa  un privilegio personal del aforado que  pueda  ser aceptado o declinado soberanamente, sí comporta algunas ventajas que  han  sido  identificadas  por  la jurisprudencia constitucional: “cuando  la  Corte  Suprema  conoce en única instancia del proceso,  como  ocurre  en  tratándose de los altos funcionarios, el sindicado tiene a su  favor  dos ventajas: la primera, la economía procesal;  la segunda, el escapar  a  la  posibilidad  de  los  errores  cometidos  por  los  jueces  o  tribunales  inferiores.   A  las  cuales   se suma la posibilidad de ejercer la acción de  revisión,  una  vez ejecutoriada la sentencia. No es pues, acertado afirmar que  el   fuero  consagrado  en  la  Constitución  perjudica  a  sus  beneficiarios.   

   (vii) En esas condiciones, dado  que    en    el    expediente   obra   el   material   probatorio   necesario  para  calificar  su  mérito y  que,  además,  durante  un  lapso  considerable  se  cumplieron las diligencias  pertinentes   para  recaudar  las  pruebas   ordenadas,  garantizando  así  plenamente  el  derecho de defensa y el principio de investigación integral, no  procede la nulidad que se demanda.   

     

1. La   segunda  solicitud  invalidante,  igual, se encuentra consagrada en instrumentos  internacionales  así  como  en  el artículo 29 de la Carta  Política que  prevé  la  observancia  de  la  plenitud  de  las  formas  propias  del juicio,  propósito  con  el  cual  transcribe algunos apartes de la pieza calificatoria,  así  como  del proveído por cuyo medio se emitió pronunciamiento respecto del  recurso  de  reposición,  a cuyo termino destaca, que la Fiscalía ya sentó su  postura  sobre  la  responsabilidad del acusado, en abierta afrenta al principio  de presunción de inocencia que lo cobija.     

Conforme   el  lenguaje  empleado  por  la  autoridad    instructora    “no   hay   lugar   a  equívocos”   o   “la  sólida   argumentación   que  revela  de  manera  incontrovertible  el  ilegal  comportamiento     del     procesado”15  no  deja  espacio  alguno  tendiente  a  demostrar  la  presunción  de  inocencia  de  su  asistido;  entonces  se interroga la defensa “¿para  que  se  continúa  el  proceso  y  se persiste en la defensa del acusado, si en  términos  de  la  fiscalía no existe controversia que plantear, y el juicio de  culpabilidad       es      incontrovertible?”16.   

La nulidad que invoca, entonces, descansa en  el respeto a este principio.   

Se considera  

(i)  Para  la  Sala, resulta impertinente la  solicitud  de  invalidación  que  se pretende amparada en el lenguaje jurídico  empleado  por  la  Fiscalía,  pues  lejos  está  de  considerarse  a  la pieza  calificatoria      vulneradora      del      principio      de      presunción  de  inocencia por virtud de la contundencia probatoria  que destacó en el citado proveído.   

(ii)  Para  empezar,  dígase, que  ningún derecho, aunque sea de naturaleza fundamental, ostenta  el  carácter  de  absoluto.  Sostener  lo contrario,  imposibilitaría      la      coexistencia   y  convergencia  de  otros,  que  inclusive  a  veces  pueden  llegar  a ser contradictorios o antagónicos en las  mismas circunstancias.   

Esto   para   señalar,  que  la  presunción  de  inocencia tampoco  es  absoluta, y mal podría  serlo   en  el  modelo  de  un    Estado   Social,  Democrático  y  de Derecho, en el que todos los miembros debemos ceder parte de  nuestras  atribuciones,  con  el  fin  único  de contribuir al mantenimiento de  condiciones  mínimas para hacer factible la vida en sociedad, en relativa paz y  armonía.   

Entonces,   esa   garantía  latente  en  el  decurso  del  proceso  penal,  denominada presunción de inocencia, no es que  se  desconozca  o  se  vulnere  cuando una providencia  judicial  la  va  desvaneciendo. Lo que ocurre es que  ante   la   contundencia   de  las  pruebas,  dependiendo  la  fase  en  que  se  encuentren   las   diligencias,  aquella  va  cediendo  paso a otras manifestaciones válidas del Estado de  Derecho,  como  son  las  decisiones contenidas en los autos y sentencias de los  jueces  de  la  República.  Tan  es  así,  que  la  presunción  de  inocencia  finalmente  desaparece, cuando una sentencia en firme declara que una persona es  penalmente responsable de un hecho punible que se le endilga.   

Por  el hecho de  haber   calificado   el   mérito   del  sumario  con  resolución  de  acusación  y determinar    la   Fiscalía   la   contundencia  probatoria  para tal cometido, mal puede considerarse  por      ello      transgresora           del   principio   de  presunción  de  inocencia  como  lo  invoca  la  defensa,  pues  fue  justamente  el  acopio  y  valoración  del material  probatorio     válidamente     recaudado     el     que     le     permitió        al    ente    instructor,   funcionario  investido  por  ley  para  tal  cometido,  calificar  el mérito del sumario en la modalidad de resolución  de acusación.   

Son   estas   las   razones   por   las  que  no se accederá a su  pretensión invalidatoria.   

2.3.  La  tercera nulidad está referida al  hecho  de  no  emitir  pronunciamiento  “de  manera  completa  y  debida  frente  al  recurso  de  reposición  que se presentó para  controvertir  los  fundamentos  de hecho y de derecho que servían de  base  para     dictar     al     acusación”17,  garantía  que  está  prevista  en  los  artículos  8 y 25 de la Convención Americana de  Derechos Humanos.   

Advierte    el    peticionario,    que  “de   haberse  valorado  imparcialmente  la  parte  sustantiva  del recurso de reposición, bajo la égida de la sana crítica (…)  hubiese  dado  lugar  a  la  preclusión  de la investigación, o por lo menos a  hacer  menos  drástica  la  sentencia  de  condena  que  desde el acto procesal  profiere  la  fiscalía”18.   

Precisa,  cómo la Fiscalía incurre en una  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  falso  juicio  de legalidad  “incurre  en error de juicio en cuanto pone a decir  lo  que  la  prueba  no indica, la tergiversa, al altera, la deforma”19,   referido   éste  a  las  declaraciones  de Jairo Antonio Agudelo, Carlos Humberto Chica y Héctor Orlando  Piragauta    Rodríguez,   pues   “[s]i   se   lee  imparcialmente  el  texto  de  cada una de las declaraciones de ellos ninguno se  refiere  ni  siquiera  insinúa  la  real  existencia  de tal unidad paralela de  contratación,  sino que se refieren al ámbito de su conocimiento en el tema de  cómo  funcionaba la descentralización administrativa y la delegación en temas  de  contratación  en las oficinas y secretarías respectivas de la Gobernación  del     Casanare”20.   

Pero  ahí  no queda la desatención que se  reclama,   pues   a   más   de   que   no  les  otorga  valor,  “se  ignoran  declaraciones  tan  importantes  para  desentrañar la  verdad  como  las de EDGAR RINCON VELA, MIRIAM VARGAS, JUAN MANUEL URREGO, FANNY  LIZETH  NIÑO,  LUIS  GUILLERMO  HERNANDEZ,  todos  quienes  declaran  sobre  la  legalidad    de    la    contratación”21.   

Son  estas  las  razones  que  llevan  a la  defensa  a  demandar  protección  a  la  garantía  judicial  establecida en el  artículo 29 de la Carta Política.   

Para finalizar, señala, que igual resultó  en  vano la petición constante de la defensa, en cuanto a la designación de un  profesional  de  la  contaduría  llamado  a  precisar  el  valor del AIU de los  contratos,  lo  que  hubiera permitido descartar el fundamento de la imputación  jurídica.   

Es  por  tanto,  que  invoca  a la Corte se  declare  la  nulidad  de  la  actuación,  a  partir,  inclusive,  del cierre de  investigación    con    la    finalidad    de    subsanar    la   irregularidad  sustancial.   

Se considera  

(i)  De  entrada  la  Sala advierte, que la  réplica     de    la    defensa    —contrario   a   lo   debido  en  este  estadio  procesal—   apunta  a  la  aptitud  probatoria  otorgada   por  el  funcionario  instructor,   lo  que  impide  atender  su  pedimento.   

De  manera que, si la situación en la cual  se  finca  la  solicitud de nulidad corresponde en realidad a un tema relativo a  la   credibilidad  otorgada  a una determinada prueba y a la determinación  adoptada,  ciertamente, no es a través de la declaratoria de nulidad como puede  zanjarse  esa diferencia, sino adelantando el debate respectivo, cuyo escenario,  por  excelencia,  lo constituye el juicio ante el juez competente y con estricto  acatamiento al principio de contradicción, entre otros.   

(ii)   No   está   de   más   señalar,  que  el  artículo  237  del  estatuto  procesal consagra el principio de libertad probatoria, según el cual,  los  elementos  constitutivos  de  la  conducta  punible, la responsabilidad del  procesado,  las causales de agravación y atenuación punitiva, las que excluyen  la   responsabilidad,   la  naturaleza  y  cuantía  de  los  perjuicios  pueden  acreditarse  por  cualquier medio probatorio, excepto cuando la ley exija prueba  especial.   

Por  tanto, para determinar el monto de los  recursos  estatales  presuntamente extraviados, bien puede acudirse a cualquiera  de  los  elementos  de  juicio  recaudados en el proceso, en tanto para ello las  normas no demandan la práctica de una prueba determinada.   

Agréguese que en el proceso obran diversos  informes  rendidos  por  los funcionarios del CTI,  a través de los cuales  se  revela  el  desmedro  sufrido  por  los dineros estatales, los cuales fueron  objeto  de  valoración  por  el  instructor  y  le  permitieron  determinar  la  imputación en los términos señalados por el recurrente.   

No  existe,  entonces,  la vulneración del  debido  proceso  aducida  por  la  defensa, razón suficiente para desestimar la  nulidad propuesta por esa causa.   

Resta señalar, para terminar, que la Corte  tampoco  vislumbra  irregularidad  alguna, o violación de garantías, en virtud  de  la cual se torne imperativo disponer la nulidad del trámite, en tanto éste  se   ha   conducido   de   conformidad  con  las  exigencias  dispuestas  en  la  Constitución  y  la  ley,  guardando  el  respeto a los derechos de quienes han  intervenido.   

II. De las pruebas solicitadas  

Durante  el  término  de traslado previo a  esta    audiencia,    el    defensor   demandó   la   práctica   de   diversas  pruebas.   

(i) Para adoptar las decisiones sometidas a  su  consideración,  la  Corte atenderá la expresa referencia a la procedencia  de  las pruebas, efectuada en  el  artículo  400  de  la  Ley  600 de 2000, aspecto que, como se ha precisado,  guarda  relación  con los conceptos de conducencia, pertinencia, racionalidad y  utilidad del elemento probatorio.   

A  partir  de ellos, la Sala ha considerado  CSJ  AP, 17 Mar. 2004,  Rad. 22053 y 30 Nov. 2006, Rad. 26397, entre otros,  que  una  prueba  es conducente cuando su práctica es permitida por la ley como  elemento  demostrativo para que el funcionario judicial forme su juicio sobre la  materialidad  de  la conducta investigada o la responsabilidad del procesado. Es  pertinente,  cuando  guarda  relación  con  los  hechos,  objeto  y fines de la  investigación  o  el  juzgamiento  y,  además,  resulta  apta y apropiada para  demostrar  un  tema de interés en el trámite. La racionalidad se relaciona con  la  viabilidad  real de su práctica dentro de las circunstancias materiales que  demanda  su realización y finalmente, es útil cuando reporta algún beneficio,  por oposición a lo superfluo o innecesario.   

Además,  la  Corte  tiene  dicho que, para  evaluar  la  pertinencia, procedencia y utilidad de los elementos de convicción  pedidos  en la etapa del juicio, resulta necesario remitirse al marco fáctico y  jurídico de la imputación, delimitado en el pliego de cargos.   

Por  tanto, las pruebas pedidas en la etapa  del  juicio  además  de procedentes, deben contribuir al esclarecimiento de los  hechos  y  tener  un  propósito  claro en relación con los aspectos relevantes  bien  sea  de la imputación, la responsabilidad del procesado, su imputabilidad  o  inimputabilidad,  según se hayan concretado en la acusación. (CSJ AP, 23 En  2008,  Rad.  28758;  CSJ  AP, 23 de Feb 2005, Rad. 22862; CSJ AP, 5 de May 2000,  Rad. 15100 y CSJ AP, 7 Jun 2000, Rad. 16955).   

Con  expresa  atención  al  anterior marco  conceptual,   se   analizan   a   continuación   las   solicitudes  probatorias  allegadas.   

Pruebas  testimoniales  invocadas  por  el  estrado defensivo.   

1.  La defensa  solicita la ampliación de los testimonios de:   

(i) Jorge Cortés Colmenares, quien para la  época   de   los  hechos  se  desempeñaba  como  Secretario  Jurídico  de  la  Gobernación,  prueba  necesaria,  útil  y  pertinente  por ser “el    único    y    principal    testigo    de   cargo”22  y  quien  deberá  precisar  sobre  la  supuesta  unidad  paralela  de  contratación,  la  delegación de la  contratación  cuestionada  y su validación, como jefe de la oficina jurídica,  de los contratos cuestionados.   

(ii)   Edgar   Rincón  Vela,  testimonio  trascendente  por  su condición de Secretario General de la Gobernación.   Su  utilidad,  “se  funda  en  que a pesar de haber  expuesto  con  claridad  en  la etapa de la instrucción sobre la actuación del  gobernador  en  el  caso  la  Fiscalía  no  le  otorgó  ningún  mérito  a su  testimonio.   Lo  mismo  para  ejercer el derecho a la contradicción de la  prueba”23.   

(iii) Héctor Orlando Piragauta Rodríguez,  funcionario   de   la   administración   departamental,  cuyo  dicho  considera  conducente  y  pertinente,  principalmente,  para  que declare sobre la supuesta  unidad  paralela  de  contratación “toda vez que su  versión    sobre    este    punto    a   juicio   de   la   defensa   ha   sido  distorsionada”24.   

(iv)  Antonio  Agudelo Chaparro, testimonio  que  califica  de pertinente, útil, necesario y conducente por su condición de  funcionario  asesor  de  la Secretaría de Educación y quien aclarará sobre la  unidad  paralela  de contratación a que se refiere la Fiscalía “toda  vez  que  a juicio de la defensa del análisis de su versión  sobre  los  hechos  nunca se refirió a un tema como este, sino que el contenido  de  su  exposición  fue  distorsionada  por  el  ente  investigador”25.   

(v)   Humberto   Chica   Varela,   quien  “actuó      como     supervisor     de     los  contratos”26,   prueba   que   considera  útil.   

La  Sala  anuncia  que  no  accederá  a su  práctica. Las razones pasan a verse:   

a.  Como  viene  de verse, tras examinar la  fundamentación   efectuada   por   el   letrado  al  momento  de  sustentar  su  ampliación,  los argumentos expuestos no satisfacen los requisitos que demandan  su  práctica,  por cuanto todo su sustento apunta a la valoración otorgada por  el  funcionario  instructor  a  cada  uno  de  los medios probatorios, lo que de  entrada devela la impropiedad en su formulación.   

b.  Adicional  a  lo  señalado,  dichos  testimonios  ciertamente  se  ofrecían  conducentes y pertinentes en el proceso  por  su  misma condición de funcionarios adscritos a la gobernación al momento  en  que  los  hechos  tuvieron  ocurrencia,  sin  embargo,  ya  comparecieron al  trámite,  ya narraron su conocimiento, y, ningún argumento válido se ofreció  por    parte    del    estrado    defensivo    en    orden   a   viabilizar   su  ampliación.   

Se  le  imponía  a  la parte que así lo  requiriera  informar  su  objeto, qué asuntos en particular quedaron pendientes  de  surtir;  tarea  que  ciertamente  no  satisfizo  pues dedicó el espacio que  tenía  para  ello  a desestimar la valoración que realizó la Fiscalía de los  mismos y el desacuerdo del estrado defensivo con el mismo.   

c.   Y,  finalmente  dígase, que en  razón  a que el proceso penal reglado por la Ley 600 de 2000 opera el principio  de  permanencia  de  la prueba nada impide que se tengan como medios probatorios  objeto de valoración por el juez de la causa.   

Son estas las razones que llevan a la Sala  a desestimar su práctica.   

Pruebas  documentales  solicitadas  por  la  defensa.   

1.  El togado  invoca  que  se  oficie  al Juzgado 2 Penal del Circuito de Yopal, funcionario a  cargo  del  proceso que se adelanta por razón de estos mismos hechos, contra la  contratista  Karol  Emilce  Cano  Garzón  “para que  expida    constancia    del    proceso   que   se   adelanta   allí”27.   Lo   considera  útil  y  pertinente  para  restarle credibilidad a la versión del testigo de cargo Jorge  Cortés Colmenares, quien funge allí como apoderado de la acusada.   

La Sala accederá a su práctica por cuanto  la  utilidad que persigue la defensa está dirigida a derruir la contundencia de  este   testigo   en   virtud  de  un  eventual  interés  en  las  resultas  del  trámite.   

   Para  el  efecto, se solicitará al  despacho  en  mención  que  certifique  el  estado actual del mismo, remitiendo  copia  de  las  decisiones  de  fondo posteriores a la resolución de acusación  –pieza  procesal que obra  en el trámite- así como el nombre de las partes intervinientes.   

2. En relación con  la  incorporación  al  trámite  del  manual  de funciones correspondiente a la  Secretaría  Jurídica  de la Gobernación del Departamento del Casanare para la  época de los hechos, será desestimada:   

(i)  Tal  elemento, contrario a lo sugerido  por  la  defensa,  no  tiene  la  fuerza  demostrativa que se persigue, esto es,  “demeritar  la versión del testigo Dr JORGE CORTES  COLEMARES  (SIC) sobre su falta de intervención en los contratos celebrados con  KAROL     EMILCE     CANO     GARZON”28.   

(ii)  La  prueba  así  solicitada  resulta  superflua  por  cuanto no es la actuación del Jefe Jurídico de la Gobernación  el  tema  concreto  de  esta  investigación,  sino, entratándose del delito de  contrato  sin el cumplimiento de requisitos legales, la  violación  por  parte del Gobernador del Departamento  del  Casanare  al   principio de selección objetiva del contratista.   Por    ello,    resulta   innecesario   incorporar   a   la   actuación   dicho  manual.   

Siendo   así,  no  se  dispondrá  su  práctica.   

3.  En respuesta a  la  solicitud  de  la  defensa  dirigida  a  que  se  designe  un profesional en  contaduría  pública  o economía, para que emita dictamen pericial respecto de  los  gastos  administrativos  y  legales, imprevistos y utilidades, frente a los  contratos  números  481,  582  y  533  de  2002, a cargo de la Gobernación del  Departamento  del  Casanare,  es  petición  que será negada.  Las razones  pasan a verse:   

(i) A la Sala se le ofrece oportuno precisar  –en  idéntico sentido lo  realizó  la Fiscalía en la decisión calificatoria29-  que  el concepto de AIU en  el  que  “A”  significa,  administración,  “I”,  imprevistos y “U”,  utilidades,  y  que  con tanto ahínco ha invocado la defensa en el trámite del  proceso,  no tiene consagración legal o reglamentaria, lo que se traduce en que  será  a voluntad de los contratantes tanto su inclusión en el contrato como su  tasación.   

    Y, de otro lado, destaca  la   Corte,   aquel   está  llamado  –principalmente-  a  cubrir aquellos riesgos imprevistos generados en  contratos    de   obra.  Entonces,  si la modalidad de los convenios estatales objeto de escrutinio lo es  de  suministro, en la que los eventuales peligros de los contratistas se ofrecen  mínimos,  es situación que lleva a la Sala a considerar que la prueba pericial  con  ese  propósito  es  inútil,  superflua,  o lo que es lo mismo, no reporta  ningún tipo de beneficio.   

(ii)  A  lo  anotado  concurre  una  razón  adicional:  si  la  pretensión  de  la  defensa  estuviera  dirigida  a  que se  determinaran  valores  tales  como  administración  y  utilidades  (dos  de los  factores  del  AIU),  es  situación  que  como  ya  se  vio  fue asumida por la  Fiscalía;  o,  acaso  tal  vez,  establecer  la  existencia  de  sobrecostos  o  afectación   del   patrimonio   económico   estatal,  igual,  fue  ampliamente  satisfecha  con los distintos informes que con ese propósito rindió el C.T.I.,  lo    que    constituiría    un    argumento    adicional    para    negar   su  práctica.     

4. Pruebas de Oficio  

De oficio se dispondrá la práctica de las  siguientes diligencias:   

(i)  Como  uno  de  los  propósitos  de la  investigación  penal  es  establecer  si  con  la  conducta punible se causaron  perjuicios  materiales  y  morales,  se  procederá  a  designar  un  perito  en  contaduría  pública,  adscrito al C.T.I. de la Fiscalía General de la Nación  que  apoya  la  presente  comisión,  para que establezca la concurrencia de los  primeros,  con  base en la prueba acopiada al trámite, en cuyo caso, procederá  a  tasarlos de acuerdo con los parámetros legales establecidos para ello, labor  que desarrollará en el término de 15 días.   

(ii)   Solicitar   ante  las  autoridades  correspondientes   los  antecedentes  penales,  fiscales  y  disciplinarios  del  acusado.   

De  conformidad  con  lo expuesto, la Corte  Suprema   de   Justicia,   Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

1.   NEGAR  la  declaratoria  de  nulidad de la actuación cumplida en este caso, solicitada por  la   defensa  del  procesado  William  Hernán  Pérez  Espinel.   

2.  ORDENAR  la  práctica   del   siguiente   medio   probatorio   requerido   por   el  estrado  defensivo:   

Oficiar  al Juzgado 2 Penal del Circuito de  Yopal  para  que  certifique  el estado actual del proceso penal que se adelanta  contra    la    contratista    Karol   Emilce   Cano  Garzón,  remitiendo  para  el  efecto  copia  de  las  decisiones  de  fondo  posteriores  a  la resolución de acusación –pieza   procesal   que   obra  en  el  trámite- así como el nombre de las partes intervinientes.   

3.  ORDENAR,  de  oficio,  que se recauden los  siguientes elementos de juicio:   

3.1.  Designar un  perito  en  contaduría  pública, adscrito al C.T.I. de la Fiscalía General de  la  Nación  que  apoya  a la Corporación, para que establezca la existencia de  perjuicios  materiales,  con  base  en  la  prueba acopiada al trámite, en cuyo  caso,  procederá a tasarlos de acuerdo con los parámetros legales establecidos  para ello, labor que desarrollará en el término de 15 días.   

3.2. Solicitar los  antecedentes penales fiscales y disciplinarios del acusado.   

4.  NEGAR,   por   improcedente,   la   práctica   de   las  restantes  pruebas  invocadas  por  la  defensa,  las  que  fueron  debidamente enunciadas en esta audiencia.   

5.  De conformidad  con   lo  establecido  en  el  artículo  182  de  la  Ley  600  de  2000,  esta  determinación  se  notifica  a  los  sujetos procesales en estrados y contra la  misma sólo procede el recurso de reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folios 3-8 cuaderno anexo original 2 Fiscalía.   

2 Cfr.  folios 3 cuaderno original 1 Fiscalía.   

3 Cfr.  folios 183-198 íb.   

4 Cfr.  folios 136-151 cuaderno original 4 de la Fiscalía.   

5  Léase Ley 600 de 2000.   

6  La  Sala  destaca  que las únicas solicitudes provienen de este escaño.   

7 Fl.  14 a 36 c. Corte.   

8 Cfr.  folio 18 c. Corte.   

9 Cfr.  folio 19 íb.   

10 Cfr.  folio 21 c.c. Corte.   

11  Ib.   

12  Cfr. folio 23 íb.   

13  Léase Ley 600 de 2000.   

14  “Celeridad.    La    administración   de   justicia   debe   ser   pronta   y  cumplida”.   

15  Cfr. folios 27 y 28 c.o. Corte.   

16  Cfr. folio 29 íb.   

17  Cfr. folio 30 c.o. Corte.   

18  Cfr. folios 31 y 32 íb.   

19  Cfr. folio 32 íb.   

20  Cfr. folio 33 íb.   

21  Cfr. folios 33 y 34 c.o. 1 de la Corte.   

22  Cfr.     folio     37     cuaderno     original    de    la    Corte.   

23  Cfr. folio 38 cuaderno original de la Corte.   

24  Ib.   

25  Cfr. folio 39 íb.   

26  Cfr. folio 39 íb.   

27  Cfr. folio 40 cuaderno original de la Corte.   

28  Cfr. folio 40 c.o. Corte.   

29  “No  sobra  señalar  que  el  cálculo  del AIU no está regulado en la ley y  normalmente,  si  no  se  consigna  estipulación  especial  en  la  oferta,  se  sobreentiende  que  esta cubre dicho rubro. Así mismo, su estipulación depende  de  la  complejidad  del  objeto  del  contrato,  así  como  de los riesgos que  comporte   su   ejecución.   Sin  embargo,  en  los  contratos  objeto  de  análisis,  el  riesgo era prácticamente inexistente en razón a que se trataba  del  suministro  de  materiales  de  común  consecución  en el mercado, que la  contratista  supuestamente  tenía  a su haber y tan sólo debía ingresarlos al  Almacén  de  la entidad territorial.  No se trataba de un proceso complejo  de   fabricación  o  construcción  o  de  provisión  de  artículos  de  alta  tecnología  en  los  que  los  imprevistos  pueden  ser múltiples y de diversa  naturaleza.   

Así las cosas, este Despacho considera que  en  el  presente  caso,  para su tasación no se requiere de mayores análisis y  conocimientos  especializados  en cálculo actuarial, como lo pretende hacer ver  la  defensa, razón por la cual no se considera necesaria la intervención de un  perito  para  tal  fin,  pues  basta  con  un  porcentaje que de manera prudente  señale   el  margen  de  utilidad,  como  en  efecto  se  estableció”.   Confrontar folio 99 de la fiscalía 4.     

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