AP5396-2014(44515)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP5396-2014  

Radicación N° 44515.  

Aprobado acta No. 298.  

Bogotá, D.C., diez (10) de septiembre de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Con  el  fin de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  los  artículos  205 y 212 de la Ley 600 de  2000,  examina  la  Corte  la  demanda  de  casación  presentada    por    el  apoderado    de    la    parte    civil,  en  contra  de  la  sentencia  de segundo grado proferida por la  Sala   Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial    de    Pasto  (Nariño),         el         29         de        abril de 2014,  mediante  la  cual confirmó  el   fallo   emitido   por  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito de la misma  ciudad,    el    22   de  noviembre  de 2013,            absolviendo  a  la  procesada  CECILIA  MARÍA PERAFÁN DE  ZAMBRANO, del cargo que se  le  formulara  por  la  conducta  punible    de   destrucción,   supresión   y  ocultamiento de documento privado.   

HECHOS  

En  anterior  oportunidad,  el  Tribunal  los sintetizó de esta manera:   

“En el proceso  civil  de  constitución  de  unión  marital  de  hecho que se adelantaba en el  Juzgado  Tercero  de  Familia  de  Pasto  propuesto  por  MARÍA  ARBONET MUESES  GUERRERO  contra  CARLOS  ALIRIO  CADENA  BURBANO  por  intermedio de la abogada  CECILIA  MARÍA  PERAFÁN DE ZAMBRANO se solicitó el embargo y secuestro de los  bienes  que  se  encontraban  en  los  establecimientos  denominados  TECNIAGRO,  MAGRECOL  y  URTIAGRO  propiedad  del demandado, para la practica (sic) de dicha  diligencia   se   comisionó   a  la  Inspección  Tercera  Civil  Municipal  de  Pasto, y el día 7 de julio  el  2006  (sic)  en  horas  de  la  mañana  se dio inicio a la diligencia en el  almacén   TECNIAGRO,   a   la  que  asistieron  empleados  de  la  Inspección    Tercera    Civil    Municipal    de   Pasto,   la  abogada   PERAFÁN   ZAMBRANO   (sic),   y   la  secuestre  ANA  JUDITH  PALACIO  BAHAMÓN.   

En  desarrollo  de la misma se procedió al  secuestro  de  diez  computadores  que  se  encontraban  instalados  en el local  comercial  y  uno  más que contenía las copias de seguridad de la información  de   la   empresa   a  saber  los  registros  contables  y  financieros  de  los  establecimientos  comerciales  propiedad  del  señor  CARLOS  ALIRIO  CADENA BURBANO, así como los soportes  para  la  presentación  de  las  diferentes declaraciones que se debían rendir  ante la DIAN.   

Una  vez finalizada la referida diligencia,  la  procesada,  sin  que  en el texto de la comisión  existiera  autorización,  ni  lo  hiciera la Inspectora Tercera Civil Municipal  que  presidía  la diligencia de secuestro, procedió a retirar los discos duros  de  los  equipos  de  cómputo para lo cual se valió  de  la colaboración de un ingeniero contratado a tal  fin,  los  que  posteriormente  fueron  entregados al  tecnólogo  en   sistemas   a  efectos  de que obtuviera una copia de los archivos.   

Al   regresar   los  discos  duros  a  su  propietario,   se  advirtió  que  la  información  contable  de  los  últimos  siete  años  de  la  empresa  que  reposaba en los mismos, había desaparecido”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Denunciados  los  hechos  anteriores  por el apoderado de Carlos Alirio  Cadena  Burbano,  el 27 de  julio     de     2006     la    Fiscalía  Octava  Seccional  de Pasto (Nariño) dispuso la práctica de  investigación previa.   

El 3 de julio de 2007, la misma dependencia  dictó   resolución   inhibitoria,   la  cual  fue  impugnada  por  aquél  y  revocada  por  la  Fiscalía  Cuarta delegada ante el  Tribunal Superior de Pasto, el 6 de agosto siguiente.   

Tres  días más tarde, el ente instructor  dispuso  la  apertura  de  la  instrucción  y la vinculación de CECILIA MARÍA  PERAFÁN  DE ZAMBRANO, quien fue escuchada en diligencia de indagatoria el 27 de  noviembre de ese año.   

Mediante  proveído  del  17  de diciembre  posterior,  la  oficina  investigadora  admitió  la  demanda        de        constitución   de   parte   civil promovida por el representante de Cadena Burbano.   

Clausurada  la  fase  instructiva el 4 de  agosto   de       2008,       la  Fiscalía  calificó  su  mérito  el 11   de   marzo   de   2009,    profiriendo    resolución   de  acusación     en     contra    de    la  sindicada     por  el   delito   de   falsedad   por   destrucción,    supresión    y    ocultamiento    de   documento  privado,  tipificado  en  el  artículo  293  del  Código Penal.   

La providencia calificatoria fue confirmada  por   el   superior   funcional,   el   23   de   noviembre   de   la   referida  anualidad.   

El conocimiento de la etapa de la causa fue  inicialmente               asumido  por  el  Juzgado Tercero          Penal    del    Circuito    de    esa  ciudad,   despacho  que  luego  de  realizar  las  audiencias  preparatoria  –el   10   de   marzo   de   2011-    y  pública  de  juzgamiento  –el   18  de  mayo  ulterior-,             condenó  a  la  procesada por el cargo contenido en el pliego  acusatorio,     a    través    de    sentencia     del    24  de  mayo de 2012, la cual fue apelada  por  las  partes.  Luego,  el    9    de   agosto   siguiente,   la   Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Pasto  anuló  la  actuación  desde los alegatos conclusivos de la vista  pública.   

Reasignado  el asunto al Juzgado Cuarto de  esa  especialidad,  ésta  dependencia  concluyó  la  audiencia  del  juicio  el  23  de abril de 2013, y  emitió  fallo  absolutorio  a  favor de la acusada el 22 de noviembre del mismo  año.   

Apelado  el  proveído   por   el  apoderado  de  la  parte  civil, esa Corporación lo  confirmó,   mediante   providencia   del   29   de  abril de 2014,  en  contra  de  la  cual  el  mismo  sujeto  procesal interpuso  oportunamente el recurso extraordinario de casación.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

El  representante de la parte civil solicita  que    se    “case   parcialmente”  la  sentencia  censurada, para condenar a la procesada, asegurando  que  el  Tribunal  violó directamente la ley sustancial. Al efecto, postula dos  reproches que desarrolla de la siguiente manera:   

Cargo primero.  

Destaca  el casacionista las contradicciones  que  advierte  entre  el  testimonio  de  la acusada y el de la inspectora Rossy  Chamorro  Mosquera,  para seguidamente enunciar la prueba testimonial que, en su  opinión,  demuestra que aquélla sí ordenó retirar de los discos duros de los  computadores.   

Con  base en lo anterior, consigna su propia  percepción   probatoria   y  defiende  las  consideraciones  contenidas  en  la  resolución  acusatoria  y  la  sentencia anulada, con el fin de sostener que no  pueden  ser  de  recibo  las  razones  por  las  cuales  el  juzgador absolvió,  acogiendo  la  figura  de  la  atipicidad subjetiva. De igual manera, analiza la  personalidad   de   la   incriminada,   a   efectos   de   sostener  que  actuó  dolosamente.   

En   esa   medida,  el  demandante  estima  indebidamente  aplicado  el  artículo  293 de la Ley 599 de 2000, puesto que el  fallador  omitió  considerar  que  sí se satisfacía el elemento de tipicidad,  aserto  que sustenta citando doctrina sobre el instituto y trayendo nuevamente a  colación el resultado de su particular examen de las pruebas.   

Cargo segundo (subsidiario).  

El  memorialista  transcribe un apartado del  proveído  de  llamamiento  a juicio, con el objeto de resaltar que la sindicada  confesó   el   hecho   y   que   ello   fue  desatendido  por  el  Ad quem.   

Es   por   ello,  dice,  que  se  excluyó  evidentemente  el  artículo 293 ya citado, agregando que si hubiese sido tenida  en  cuenta  la  personalidad de la investigada, “la  equidad,  el  dolo  con  que se cometió el delito por el cual se dicto (sic) la  resolución   de   acusación”,   no  habría  sido  absuelta.   

INTERVENCIÓN DE LOS NO RECURRENTES  

Dentro  del  término  de  traslado a los no  impugnantes,  el defensor de CECILIA MARÍA PERAFÁN DE ZAMBRANO allegó escrito  en  el que pidió que se inadmitiera el libelo, o cuando menos, que no se casara  el  fallo  demandado,  por  cuanto  éste  mecanismo  no  constituye una tercera  instancia,  como  parece  entenderlo el apoderado de la parte civil, insistiendo  en los planteamientos ventilados ante los juzgadores.   

Además,  desatiende  la  técnica  y  los  requisitos  de forma previstos para el recurso, ya que no identifica los sujetos  procesales  ni  las  sentencias,  no  tiene  claras  las  diferencias  entre  la  violación  directa  e indirecta de la ley sustancial, y confunde los efectos de  la casación con los de la acción de revisión.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

La demanda presentada por el representante  de  la  parte  civil será rechazada, no solo porque  omite   pronunciarse  sobre  la  procedencia  de  casación  discrecional,  sino  también   porque  nunca  desarrolla  causal  de  casación  alguna. En efecto,   

2.  Sobre  la  casación discrecional.   

Teniendo   en   cuenta  que  el  recurso  extraordinario  de  casación  fue  interpuesto en contra de un fallo de segunda  instancia,  dictado  por  un  Tribunal Superior de Distrito Judicial, en proceso  adelantado  por  delito  cuya  pena  máxima  es  de  seis  (6) años (delito de  destrucción,  supresión  y  ocultamiento  de  documento privado, tipificado en  el   artículo   293   del   Código   Penal),   es  absolutamente     claro     que     el   censor  omitió  por completo atender las previsiones legales y jurisprudenciales que se  han  trazado  respecto de la casación discrecional, situación que por sí sola  es suficiente para desestimar su libelo.   

Por  ello,  debe  una vez más reiterar la  Sala,  que  frente  a la casación excepcional, a más de las exigencias propias  de  este  mecanismo, se precisa de los mismos requisitos de procedibilidad de la  casación  común  u ordinaria, pues, conforme a lo establecido en el inciso 3º  del  artículo  205  del Código de Procedimiento Penal, dicho medio impugnativo  solamente  puede  proponerse  en  relación  con  los  fallos  de  segundo grado  proferidos  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal  Penal  Militar  en  procesos  adelantados  por delitos que tengan señalada pena  privativa  de la libertad cuyo máximo no exceda de ocho (8) años, o contra los  fallos  de  la  misma  naturaleza dictados por los Juzgados Penales del Circuito  sin   importar   en   estos   eventos   el   quantum  punitivo.   

En  ese orden de ideas, tales presupuestos  dicen  relación con su interposición dentro de la oportunidad legal por sujeto  procesal  legitimado  y  revestido  de  interés  jurídico,  quien además debe  enseñarle  a la Corte la necesidad de su intervención, bien para el desarrollo  de  la  jurisprudencia  -ya porque no exista antecedentes sobre una materia, ora  porque  existiendo  hay  pronunciamientos  enfrentados,  o  porque  es necesario  aclarar  algún aspecto- o para la garantía de los derechos fundamentales, caso  este  en el cual ha de especificarse el derecho fundamental objeto de quebranto,  señalando  el  medio que lo garantiza, y la irregularidad en la cual se origina  su  desconocimiento,  atropello  o  vulneración; valga decir, debe indicarse de  manera  concreta  en  qué consistió la violación y su influencia nociva en la  garantía,  que  no  permite  el goce o libre ejercicio del derecho fundamental,  pues,  como  lo  ha  sostenido  la  Sala (entre  otros,  en CSJ AP,  25 sept. 1997, Rad. 13401; CSJ AP, 21  sept.  2011,  Rad.  37324;  y  CSJ  AP,  11  sept. 2013, Rad. 42143):   

«Como   la  necesidad   del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de  los  derechos  fundamentales  surge del caso concreto, no de una abstracta consideración de la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de  juicios sobre la materia de inconformidad. Por  ello,  de  manera  razonable,  se exige al recurrente que escriba la motivación  concreta  que  lo  impulsa  a  interponer el recurso, referida a uno o a los dos  fines  exclusivos  de  la  casación discrecional, única manera de conciliar el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables necesidades de  interés  público,  pues, aunque con matiz excepcional, sigue siendo un recurso  extraordinario  que  se  radica  en  las partes y no una facultad oficiosa de la  Corte.   

Aunque  finalmente  todo  depende  de  la  discrecionalidad  reglada  de  la  Corte, lo cierto es que el peticionario ha de  exhibir  la  argumentación  autosuficiente  para  mostrar  la  necesidad  de un  desarrollo  jurisprudencial  o  de  la  protección  de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a partir del señalamiento concreto de  falencias  puede  el órgano decisor avanzar dialécticamente sobre temas que de  otra  manera  le  están  vedados  por  obra de la legalidad y el acierto que se  presumen      en      el      debate      de      las     instancias».   

Ninguno  de los  anteriores   derroteros   cumple   el  libelista,   porque   si   bien   la  impugnación  se  ejercitó  oportunamente  contra  sentencia  de  segundo grado  diferente  a  las  mencionadas, es lo cierto que la argumentación pertinente se  halla  huérfana  de  cualquier planteamiento serio que le indique a la Corte la  necesidad  de  su  intervención  en  orden  al cumplimiento del cometido que le  impone  una  cualquiera  de  las  alternativas  posibles  que  tornan  viable el  ejercicio  de  su  potestad discrecional, como con antelación se indicó, y del  mismo  modo, la acreditación del consecuente agravio  que   para   la  parte  representada      contiene      la     sentencia  cuestionada.   

3.    La  demanda.   

Como  el  actor  postula  dos  cargos  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  caracterizándose  ambos  por  la  falta  de fundamentación, la respuesta de la Sala a  los mismos se hará de manera conjunta.   

En efecto, aún  soslayando  las  omisiones  que  acaban  de  reseñarse,  bien  poco  tiene  que  responder   la   Corte  a  la  propuesta  casacional  del   demandante,  por  elemental  sustracción  de  materia,  pues,  y  en ello estribó la razón para  realizar  el  completo  resumen  que  precede, no se concreta ninguna causal, se  deja  de  fundamentar  la  postura  e  incluso  se omite señalar, así fuese de  manera  genérica, cuál es el yerro en el que pudo incurrir el Tribunal o cómo  lo    solicitado    encuentra    eco    en    los   hechos   evaluados   en   el  expediente.   

Como  si  fuera  poco,   de   entrada   se   advierte   el   desconocimiento   del   casacionista respecto de los    efectos    del    recurso  extraordinario, habida cuenta  que  en  ambas  censuras,  pese  a  que aboga por la  invalidación  del  fallo  absolutorio  para en su lugar condenar a la sindicada  por  el  cargo formulado  por    la    Fiscalía,   pide   que   se   “case  parcialmente”     la     sentencia.  No  entiende la Corte cómo, según  lo  propuesto  por el representante de la parte civil  y  dentro  de  un contexto lógico, procede casar una  decisión   absolutoria  de  manera  “parcial”,  para  reemplazarla por una de declaratoria de responsabilidad penal.  Difícil  saberlo,  sobre  todo  porque  el  memorialista  nunca  explica las razones de semejante pedimento.   

De otro lado, del inconexo escrito allegado  por   el  impugnante   con   bastante   esfuerzo  se puede adivinar qué es  lo   pretendido,   dado   que,   de   manera   vaga   y  abstracta  confunde  varias de las alternativas de  ataque   casacional,   pero   sin   desarrollar   argumentativamente  alguna  de  ellas.   

En   efecto,  de  manera  indiscriminada  dice  en las dos censuras  que  se violó la ley sustancial, pero en ambos casos  se  dedica  a  consignar  su particular análisis de la prueba, para simplemente  sostener,  sin  explicar  las  razones, que  los  juzgadores no debieron reconocer la atipicidad subjetiva  de  la  conducta  y  no podían, por tanto, absolver  a        la  enjuiciada por el cargo endilgado.   

Es así como en el primer reproche alude a  la  prueba  testimonial,  destacando  las  que,  a  su  juicio,  constituyen las  contradicciones  en  que  incurrió  la procesada respecto de lo testificado por  una  de las declarantes, y en el segundo además alude a su supuesta confesión.  Al  tiempo,  exalta  las providencias que en el curso del trámite afectaron los  intereses     de     la    investigada  y  en todo momento analiza su personalidad, para asegurar que de  ella se deriva el dolo en su proceder.   

Semejante  planteamiento  riñe  con  la  lógica   más   elemental,  pues,  de  entrada  se  advierte  que  el   recurrente   plantea  hipótesis  diferentes,  las cuales se quedaron en el mero enunciado, ya que apenas entiende  suficiente  con  formular  la  solicitud,  sin preocuparse de abordar el decurso  procesal     y     las     razones    que    fundamentaron    la    absolución por el delito contra   la   fe   pública,  como  es  exigencia básica del recurso de casación.   

Está claro, entonces, que no cumplió con  las   exigencias  de  fundamentación  propias  del  recurso  extraordinario  de  casación,  desconociendo  que  el fallo de segundo grado llega a este escenario  prevalido  de  una  doble  condición  de  acierto  y  legalidad  que solo puede  desvirtuarse  cuando de forma lógica, con argumentos suficientes sustentados en  los  hechos,  el decurso procesal y las normas jurídicas aplicables al caso, se  demuestra  un  error evidente, con la trascendencia suficiente como para revocar  o modificar lo decidido por las instancias.   

Lo    relacionado   por   el  recurrente  en su escrito, además  de  carente de argumentación mínima e incluso confuso y descontextualizado, ni  siquiera  puede  entenderse alegato de instancia, como quiera que no sustenta su  pretensión  y mucho menos da a conocer qué es lo no compartido de la decisión  de las instancias.   

Adicionalmente, a pesar de que denunció la  violación  directa  la  ley  sustancial,  en  lugar  de  realizar  un análisis  estrictamente  jurídico  sobre el particular, se dedicó a hacer críticas a la  apreciación  probatoria,  pero  apenas  para  tratar  de  anteponer  su  propia  visión.  Es decir, si bien no lo dice expresamente,  parece  recurrir  a  las figuras de la violación indirecta, en la medida en que  esboza     supuestos  errores  en  el  examen  de los elementos de juicio,  aunque    sin    concretar    la    naturaleza    de    los   mismos.   

En   últimas,   el   censor  no  desarrolla  ninguna       de       las      dos      posibilidades,      desconociendo   que   si  su  interés  apuntaba  a  denunciar  una  violación directa de la norma, debía concretar si  esta  provino por la falta de aplicación (exclusión evidente), por aplicación  indebida  (falso  juicio de selección) o por interpretación errónea (sobre su  existencia  material,  validez o sentido o alcance),  apoyándose  en  un  exhaustivo  análisis jurídico  sobre  el  contenido del fallo -dado que acá la discusión es de puro derecho-,  y  dar  a conocer y discutir, igualmente, ese estudio  esgrimido  por  los  falladores,  con el fin de confrontarlo con el suyo, acorde  con    el    cual    debió    condenarse   a   la  incriminada.   

O,  si  su  propósito  se  dirigía  a controvertir el examen probatorio de las instancias,  denunciando  al  efecto  errores  en  el  estudio  de los medios de convicción,  debió  tener  en cuenta que desconocer las reglas de producción y apreciación  alude  a  los  errores  de  derecho que se manifiestan por los falsos juicios de  legalidad  –práctica o  incorporación  de las pruebas sin observancia de los requisitos contemplados en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio  de convicción –alusivo  a  la  tarifa probatoria-,  mientras  que  los  errores  de  hecho  surgen  a  través  del  falso juicio de  identidad  –distorsión  o   alteración   de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-,  del  falso    juicio    de    existencia   –declarar  un hecho probado con base  en  una  prueba  inexistente  u omitir la apreciación de una allegada de manera  válida      al      proceso-     y     del     falso     raciocinio        –fijación  de  premisas ilógicas o  irrazonables  por desconocimiento de las pautas de la sana crítica-  (entre  otros,  CSJ AP, 14   abril  2010,  Rad.  33500  y  CSJ  AP,  29  mayo  2013,  Rad.  41160).   

Una  declaración  en  cualquiera de esos  sentidos  brilla  por  su  ausencia,  lo cual deja en evidencia las deficiencias  argumentativas  en que recae el libelista,  quien en últimas pretende oponer su personal criterio sobre el  más  autorizado  del  juzgador,  incurriendo  en  el  desatino de considerar el  recurso  extraordinario como una instancia adicional para la prolongación de un  debate  probatorio  fenecido mediante el proferimiento de una sentencia amparada  –vuelve a decirse- con  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad, únicamente destronable por la  presencia  de errores predicables del fallador, de tal magnitud que sólo con su  casación pudiera restaurarse la legalidad de lo decidido.   

En  suma,  las  deficiencias        de        fundamentación  conducen,            inexorablemente,   a   rechazar   los   cargos  formulados.   

4.          Decisión.   

Como consecuencia de lo antes expuesto, la  Sala  inadmitirá  la demanda de casación presentada  por   el  apoderado  de  la  parte  civil, no sin  antes   advertir   que  revisada  la  actuación  en  lo  pertinente,  no se  observó  la  presencia de alguna de las hipótesis que le permitirían obrar de  oficio  de  conformidad  con el artículo 216 del Código de Procedimiento Penal  de 2000.   

En  mérito de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema     de     Justicia,     Sala     de     Casación     Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  representante de la parte civil, en  seguimiento   de   las   motivaciones   plasmadas   en   el   cuerpo   de   este  proveído.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

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