AP4982-2014(43513)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada Ponente  

AP4982-2014  

Radicación 43513  

(Aprobado Acta No. 280)  

Bogotá D.C., agosto veintisiete (27) de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Acomete  la  Colegiatura la verificación de  las  exigencias  de  argumentación  lógica y suficiente en la sustentación de  las  demandas  casacionales  presentadas  por  los  defensores de los procesados  JOSÉ    IGNACIO   CARDONA   PATIÑO   y   JAIRO   MORALES  OSORIO,  contra la sentencia proferida en segunda instancia por el Tribunal  Superior  de Neiva el 25 de noviembre de 2013, a través de la cual confirmó el  fallo  dictado  por  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito Especializado de la  misma  ciudad  el  27  de  mayo de 2013, por cuyo medio condenó al primero como  coautor   del  concurso  de  delitos  de  homicidio  en  la  menor  Y.B.L1.,  tentativa  de  homicidio en  José    Elías    Rojas    Núñez    y  José de Jesús Rodríguez,  tentativa  de  homicidio  agravado en los miembros de la Policía  Nacional  que repelieron el ataque guerrillero, terrorismo y rebelión, mientras  que condenó al segundo como autor del punible de rebelión.   

HECHOS  

Aproximadamente a las 7:00 de la noche del 10  de  diciembre  de  2000,  cerca  de  100  guerrilleros de las Farc llegaron a la  inspección  departamental  de  policía  de  San  Alfonso  en  el  municipio de  Villavieja,  Departamento  del Huila, procediendo a atacar el puesto de policía  y  a  los  miembros  de  tal  institución que allí se encontraban, mediante la  utilización  de  armas convencionales como fusiles y granadas de mortero, amén  de  armas  no  convencionales  como cilindros bomba, causando la destrucción el  puesto  de  policía,  así como de 20 casas ubicadas en su inmediaciones, amén  de   la   muerte   de   la  menor  Y.B.L.   y   heridas   de   consideración  a  los  señores  José   Elías   Rojas   y  José de Jesús Rodríguez.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con fundamento en la compulsa de copias de la  versión  rendida  por  el  postulado  Aldemar  Rojas  López, la Fiscalía Especializada de Neiva dispuso el  14  de  julio  de  2010  la  correspondiente  indagación  preliminar y luego de  practicar   algunas  diligencias  declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo   vinculó   mediante   indagatoria,   entre   otros,   a    JOSÉ   IGNACIO   CARDONA   PATIÑO  y    JAIRO    MORALES  OSORIO,  definiéndoles  su  situación  jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional  como  posibles  coautores  del  concurso  de  delitos  de homicidio  agravado,  terrorismo,  daño  en  bien  ajeno,  rebelión, homicidio en persona  protegida y tentativa de homicidio en persona protegida.   

          Cerrada  parcialmente  la investigación, el mérito del sumario fue  calificado  el  8  de febrero de 2012 con resolución de acusación en contra de  CARDONA   y  MORALES,  como presuntos coautores de los  delitos  de  homicidio  en  persona protegida, tentativa de homicidio en persona  protegida,  tentativa  de homicidio agravado, terrorismo, y rebelión, decisión  que  al  ser  impugnada  por  la defensa, fue anulada por la Unidad de Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Neiva, a partir de la resolución de cierre de  instrucción.   

          Rehecho   el  diligenciamiento,  la  investigación  fue  nuevamente  calificada  el  21  de  junio  de  2012  con  resolución  acusatoria contra los  mencionados ciudadanos como coautores de los referidos punibles.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Primero Penal del Circuito Especializado de Neiva, despacho que una  vez  surtido el rito pertinente profirió fallo el 3 de agosto de 2012, mediante  el   cual  condenó  a  MORALES  OSORIO  a  la  pena  de doscientos ochenta (280) meses de prisión, multa de  $44.212.500.oo  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  tiempo de la pena privativa de libertad, como coautor  penalmente  responsable del concurso de delitos objeto de acusación, precisando  que  como  para  la fecha de los hechos, 10 de diciembre de 2000, aún no había  entrado  en  vigencia  la  Ley  599 del mismo año, se imponía reconocer que no  existía  el  delito de homicidio en persona protegida, de modo que la tasación  de  la  pena  debía efectuarse por el punible de homicidio, además de tener en  cuenta  en  virtud  del principio de favorabilidad, el Código Penal de 2000 con  efectos retroactivos.   

          A    su    vez,   condenó   a   CARDONA  PATIÑO  a  la  pena  principal de sesenta y seis (66)  meses  de  prisión, multa de cincuenta y cinco (55) salarios mínimos mensuales  legales  y  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena de prisión, como autor del  delito de rebelión.   

          A  los  acusados  les  fue  negada  tanto  la  condena de ejecución  condicional como la prisión domiciliaria.   

Contra   la   decisión  del  ad   quem  se  dirige  ahora  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  los  defensores de JOSÉ        IGNACIO       CARDONA       PATIÑO       y   JAIRO   MORALES   OSORIO,  quienes allegaron las respectivas demandas, cuya admisibilidad es  objeto de estudio en este proveído.   

LOS LIBELOS  

          1.        Demanda  presentada  a  nombre  de  JOSÉ  IGNACIO CARDONA PATIÑO   

Sin percatarse que el procesado JAIRO  MORALES OSORIO otorgó poder a otra  profesional  del  derecho el 5 de junio de 2013, esto es, antes de proferirse el  fallo  de  segundo  grado,  el  defensor  de  CARDONA  PATIÑO  señala  inicialmente  que  allega  el libelo  casacional  en  representación  de  los  dos  acusados,  motivo  por el cual se  tendrá  en  cuenta que únicamente representa a JOSÉ  IGNACIO CARDONA.   

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo  de  casación, el recurrente denuncia la violación indirecta de la ley  sustancial,  derivada de falso raciocinio por quebranto de las reglas de la sana  crítica  y  considera violados los artículos 232, 238, 277, 284, 287, 303, 304  y 445 de la Ley 600 de 2000.   

          En   el   desarrollo   del   reparo   aduce   que   los   juzgadores  “tergiversaron  la  prueba  testimonial,  la prueba  indiciaria  y  el reconocimiento en fila de personas, por lo cual incurrieron en  error     de     hechos    por    falso    juicio    de    identidad”.   

          Dice  que  no  se  guardó  el principio de investigación integral,  pues  el  reconocimiento  en  fila  de  personas  se contaminó con la relación  previa  “que  los  acusadores tenían entre sí, ya  que compartían patio y penitenciaría”.   

          Luego  de  aludir  al  concepto  de  terrorismo, señala que en este  asunto  se  trató  de  “un  acto  de  guerra  más  (sic)    no   un   acto  terrorista”   cuando  tuvo  lugar  la  toma  de  la  Inspección de policía de San Alfonso.   

          También     asevera     que     respecto     del    “delito  de  tentativa  de  homicidio calificado, la defensa echa de  menos  la  existencia  de  una prueba objetiva, como un dictamen médico legal o  una  epicrisis  de atención médica, que acredite la existencia de la lesión y  si   aquella  puso  en  peligro  realmente  la  vida  del  agraviado”, amén de que no se probó el dolo homicida.   

          De    otra   parte   advera:   “Refuto  categóricamente  la  apreciación  del  ente  acusador,  de  que los encartados  estén  incursos  en  los  delitos que se les atribuyes  (sic),  dado  que  el  margen  de  error en este caso  radica  en  que no existe absoluta certeza, ni acervo probatorio contundente que  permita  INFERIR  responsabilidad  penal  en su contra y los indicios apreciados  desconocen   el  derecho  de  contradicción,  pues  resultan  inatacables  esas  inferencias,  en  la  medida  en  que  no  se  expresa el proceso mental que los  fundamenta,   para  negar  así  en  forma  absoluta  la  afectación  del  bien  jurídico,  circunstancia  que  es  de suyo suficiente para que los cargos deban  desestimarse”.   

          También  indica  que  si  los  procesados fueran guerrilleros, así  aparecerían  registrados  en  los  informes  de  batalla, pero no se encuentran  anotados,  y deplora que sólo se hayan tenido como pruebas las declaraciones de  Marlio       Mora      Morales      y   Aldemar   Rojas   López,   las   cuales   no   son   creíbles  e  incurren  en  múltiples  inconsistencias  y  contradicciones,  pues  si  se dice que portaban explosivos,  ello  no  se  compadece  con las clases que hay y los especiales cuidados que su  transporte   conlleva,   amén   de   que   no   cabían  en  un  campero  marca  Uaz.   

          Se  pregunta  por  qué sus asistidos fueron vinculados tantos años  después   de  los  hechos,  sin  que  inicialmente  fueran  mencionados  en  el  diligenciamiento.   

          Concluye  que  del análisis de las pruebas no se establece en grado  de  certeza  la responsabilidad de los procesados, de manera que se imponía dar  aplicación  al principio in dubio pro reo.   

          Con  base  en  lo  expuesto, el defensor solicita a la Sala casar el  fallo  demandado,  para  en su lugar dictar sentencia absolutoria a favor de los  acusados.   

2.             Demanda   presentada   a   nombre   de  JAIRO MORALES OSORIO   

          Después      de      referir      in  extenso  la  actuación procesal, la defensora formula  dos   reproches,   los   cuales   postula   y   desarrolla   en  los  siguientes  términos:   

2.1.          Primer cargo: Nulidad por violación del  derecho de defensa   

         Con  base  en  la  causal tercera de casación, la recurrente advera  que  en  la  diligencia  de inspección judicial realizada en el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  de Neiva se dispuso la incorporación de piezas procesales  incompletas,  tales  como  la  indagatoria  de  Yined  Becerra,    la    declaración    de    Andrés  González,  la  síntesis  de la  actuación  realizada por la Fiscal Especializada, el informe de incursión a la  Inspección    de   San   Alfonso   firmada   por   el   Capitán   Manuel Báez.   

También señala que el disco compacto en el  cual  fue  grabada la audiencia pública en este diligenciamiento está dañado,  y  por  ello  los  falladores  no  accedieron  a los testimonios de Orlando      Cardozo     y  Nelson  Jiménez, falencias que también  se  encuentran  en  las  diligencias que reposan en el despacho del a quo.   

          Considera  que  los elementos echados de menos son importantes y que  no  podía  dictarse  sentencia  condenatoria  sin  tales  pruebas.  Destaca que  JOSÉ    IGNACIO    CARDONA    PATIÑO,  quien  participó en la toma de San Alfonso en diciembre de 2000,  manifestó   que   JAIRO  MORALES  OSORIO no participó.   

          Señala  que  no  fue  posible  ejercer el derecho de contradicción  respecto    de    “los   denunciantes”    Aldemar    Rojas    y      Marlio     Morales,   pues   no   consiguió   escucharlos  físicamente  o  en  forma  virtual.   

Concluye  que  las  citadas  incorrecciones  lesionaron  el  derecho a la defensa de su procurado, motivo por el cual depreca  la  nulidad  de  toda  la  actuación  y  la  libertad inmediata de MORALES OSORIO.   

          2.2.                      Segundo  reparo:  Violación indirecta de la ley  sustancial derivada de varios errores de hecho   

          Indica  la  impugnante  que  los falladores incurrieron en error por  falso   raciocinio,   pues   creyeron   en   lo   declarado   por   Marlio  Mora  y  Aldemar   Rojas,  sin  tener  en  cuenta  que  tienen  antecedentes  penales por graves delitos y no son personas de buenas costumbres,  de buen nombre ni reconocidas como honestas en la sociedad.   

Destaca  que la declaración de Aldemar  Rojas  es inconsistente, pues si  declaró  que  al lanzar un cilindro bomba explotó y murieron los guerrilleros,  es  obvio  que  si  allí hubiera estado JAIRO MORALES  OSORIO, habría fallecido.   

          Dice       que      José      María  Rodríguez,  habitante de San Alfonso, declaró que al  descargar  cilindros  del  carro explotó y quedó un hoyo grande, inclusive una  pierna  con  bota,  todo  lo  cual  deja  duda  acerca  de  la participación de  JAIRO  MORALES en la toma de  la   citada   inspección,   pues   de   haber  intervenido  estaría  muerto  o  mutilado.   

          Manifiesta  que  Marlio  Mora  dijo  que  JAIRO  MORALES  transportó  los  cilindros en un vehículo que él conducía, y que  los  guerrilleros  desobedecieron  la  orden  de  mantener  los  cilindros en el  campero,  pese  a  lo  cual  se  le cree a delincuentes mentirosos sus versiones  irracionales e incongruentes.   

          Plantea   que  Aldemar  Rojas   “se   concertó   con   los   aquí  denunciantes” para involucrar al procesado en cuanto  tuvieron inconvenientes en el pasado.   

          No  se  tuvo  en  cuenta  que Marlio Mora  y Aldemar Rojas fueron renuentes a rendir declaración en el juicio.   

          De  otra  parte  dice que los falladores no valoraron razonablemente  el  testimonio  de  José Evaristo Sáenz  quien participó en la toma de San Alfonso, pero dijo no conocer a  JAIRO  MORALES  y  además  aseveró que se trasportaron en camiones.   

Igual    ocurrió    con    Martín  Vásquez,  guerrillero, quien en  su  indagatoria  expresó  que  no  conocía  a  JAIRO  MORALES,  ni  tuvo  intervención  en  la  toma de San  Alfonso.   

          Considera  ilógico  que  en  un  campero  Uaz  se transportaran los  guerrilleros,    quienes    llevaban    12    cilindros   con   anfor,   TNT   y  bentonita.   

Resalta que su asistido es un trasportador de  toda  la  vida  y  que  tenía  un  bus tipo chiva de su propiedad que él mismo  conducía y esporádicamente manejaba un campero Uaz.   

Encuentra  extraño  que  los sentenciadores  hayan  creído  las  declaraciones  de  los  reinsertados, pese a que los hechos  narrados ocurrieron hace varios años.   

Denuncia  que en las instancias se incurrió  en  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, pues se dejó de valorar el  oficio  No.  2099  de  2002,  en  el  cual  se analizan varios documentos de los  organismos  de  seguridad  del Estado, y alude al transporte de los guerrilleros  en   camiones   y   camionetas,   no   en   los   vehículos   de   JAIRO  MORALES, de modo que correspondía  aplicar  el  principio  in  dubio pro reo a favor del mencionado ciudadano.   

          Como  falso  juicio  de  existencia  por  omisión señala que en el  fallo  atacado  se  dice  que  no  fue  demostrado  el  interés de Aldemar     Rojas    y    Marlio  Mora  en sus declaraciones contra  el  acusado,  sin  tener  en  cuenta que el 3 de enero de 2011 ante la Fiscalía  Seccional  solicitaron  “preacuerdo para trámite de  beneficios”, de modo que sus testimonios sí podían  carecer de veracidad.   

          Con  fundamento  en  lo  anterior,  la  defensora concluye que no se  arribó  a  la  certeza  requerida  para condenar, de modo que debió proferirse  fallo   absolutorio   a   favor   de   JAIRO  MORALES  OSORIO,  motivo  por  el  cual  se  impone  casar  la  sentencia condenatoria.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

De tiempo atrás ha puntualizado la Corte que  en  el  examen  de  los  libelos casacionales corresponde a su órbita funcional  constatar  que  los  recurrentes  formulen  los  reparos  de conformidad con las  exigencias  de  crítica  lógica  y  suficiente argumentación definidas por el  legislador  y  desarrolladas  por la jurisprudencia, con el propósito de evitar  que  esta impugnación se convierta en una instancia adicional a las ordinarias.  Dichos  requisitos  pretenden  conseguir  demandas  presentadas  dentro  de unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en la postulación y sustentación de los  cargos  propuestos,  de  manera  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y  claros,  pues  no  corresponde  a  la Sala en su función constitucional y legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias  alegaciones de los impugnantes en esta sede.   

Además, de conformidad con el artículo 213  de  la  Ley 600 de 2000, “si el demandante carece de  interés  o  la  demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

          Una   vez   advertido   lo   anterior,  procede  la  Corporación  a  pronunciarse  sobre  la  admisibilidad  de  los  reproches  planteados  por  los  recurrentes, así:   

          1.        Demanda  presentada  a  nombre  de  JOSÉ  IGNACIO CARDONA PATIÑO   

Como  el  recurrente  plantea  la violación  indirecta  de  la  ley sustancial, le correspondía identificar con exactitud el  yerro,  es  decir,  establecer si los falladores cometieron un error de hecho al  apreciar  la  prueba, bien sea porque pese a obrar en el diligenciamiento no fue  valorada  (falso juicio de existencia por omisión); ya porque sin figurar en la  actuación  se supuso su presencia allí y la tuvieron en cuenta en su decisión  (falso  juicio  de  existencia  por  suposición);  ora  porque  al considerarla  distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola o tergiversándola  (falso  juicio  de  identidad);  también,  cuando sin incurrir en alguno de los  yerros  referidos  derivaron  del  medio probatorio deducciones contrarias a los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las  leyes    de    la    ciencia   o   las   reglas   de   la   experiencia   (falso  raciocinio).   

          O  indicar  si  se produjo un error de derecho, en cuanto se negó a  determinado  medio probatorio el valor conferido por la ley o le fue otorgado un  mérito  diverso  al atribuido legalmente (falso juicio de convicción), o bien,  porque  los funcionarios al apreciar alguna prueba la asumieron erradamente como  legal  aunque  no  satisfacía  las exigencias señaladas por el legislador para  tener  tal  condición,  o  la  descartaron  aduciendo  de  manera equivocada su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley para su práctica o aducción (falso juicio de legalidad).   

En el primer caso (falso juicio de existencia  por  omisión)  debía  indicar  la prueba no valorada, cuál es la información  objetivamente  suministrada,  el mérito demostrativo al que se hace acreedora y  cómo  su  estimación  conjunta con el resto de elementos del acervo probatorio  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones  del  fallo  censurado,  deberes  cuyo  cumplimiento no acometió.   

          Pero  si  el propósito era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el  sentido  del  fallo,  esto  es,  cómo  al  marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses    de    su    procurado,    actividad    no    emprendida    por   el  casacionista.   

Si el objetivo era invocar un falso juicio de  identidad,  era  su  deber identificar a través del cotejo objetivo de lo dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a  la  prueba, los efectos producidos a partir de ello y, lo más importante, cuál  es  la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada,  tópico  de  improcedente demostración con el simple planteamiento del criterio  subjetivo   del  recurrente  sobre  el  medio  de  prueba  cuya  tergiversación  denuncia,  en cuanto es su obligación acreditar materialmente la incidencia del  yerro  en la falta de aplicación o la aplicación indebida de la ley sustancial  en  el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustancial de la sentencia  atacada  con  la  corrección del yerro y la debida valoración de la prueba, en  conjunto con las demás.   

Si  el  reclamo  se  encontraba  dirigido  a  denunciar   un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder no asumido por el censor.   

Tratándose  de la postulación del error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  era  su  deber identificar el medio  probatorio   que   tacha   de   ilegal,  indicar  las  disposiciones  legales  o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar la efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado; ora, debía el demandante comprobar la legalidad  de la prueba desechada por el juzgador.   

En  los dos eventos anteriores, también era  de  su  resorte  acreditar  la  trascendencia  del yerro en las conclusiones del  fallo,  esto  es,  demostrar  que  con  la marginación de la prueba que se dice  ilegal,  las  restantes pruebas conducen a una decisión sustancialmente diversa  de  la  atacada,  o  bien,  que con la incorporación del medio de prueba que el  actor  estima  legal,  las  conclusiones  son  distintas de las contenidas en la  sentencia impugnada.   

Igualmente,  si  tenía  el  propósito  de  plantear  un  falso  juicio  de  convicción,  era  su  obligación demostrar la  infracción  de  la tarifa de valoración dispuesta por el legislador, así como  su injerencia en el sentido del fallo, labor que tampoco asumió.   

En  suma,  es  evidente  que  en  manifiesto  desconocimiento  de la presunción de acierto y legalidad del fallo, el defensor  procedió  a  copiar  en forma desorganizada y sin un hilo conductor, los mismos  planteamientos  que  ofreció  al  impugnar  el  fallo de primer grado, proceder  inaceptable   en   esta   sede   extraordinaria   no   dispuesta   para  repetir  argumentaciones  fallidas,  sino  para  cuestionar  la  validez del trámite, la  aplicación de la ley o la apreciación de las pruebas.   

Ahora,   al  reclamar  el  quebrantó  del  principio  in  dubio pro reo  en  contra de los intereses de su representado, era de su resorte precisar si en  las  consideraciones  del  fallo  se  admitió  la  existencia  de duda sobre la  materialidad  del  delito o la responsabilidad del procesado y pese a ello se le  condenó,  o  si  la  valoración  de  las  pruebas  impide arribar a la certeza  racional  necesaria  para condenar, caso en el cual debí señalar la especie de  error  de  hecho  o de derecho que dio lugar a la incertidumbre, proceder que no  emprendió adecuadamente.   

También se tiene que si bien el censor en el  cargo  propuesto considera vulnerados en forma indirecta los artículo 232, 238,  277,  284, 287, 303, 304 y 445 de la Ley 600 de 2000, observa la Sala que dichos  preceptos  no  tienen  la  condición  de  sustanciales,  en  cuanto  no definen  conductas   delictivas   o   hacen   referencia   a   la   punibilidad  o  a  la  responsabilidad,  sino  que  sólo  tienen  la  virtud  de  servir como medios o  instrumentos  para  arribar  a  los  fines  de  las  disposiciones  sustantivas,  equívoco  que  se  desentiende de la preceptiva contenida en el numeral 1º del  artículo  207  de  la referida normativa procesal, según la cual, la casación  procede  “cuando la sentencia sea violatoria de una  norma     de     derecho    sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta    inexcusable    (numeral    3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más para advertir  incorrecciones   lógicas  y  de  fundamentación  en  la  presentación  de  la  demanda.   

De  acuerdo  con  lo  expuesto, considera la  Colegiatura  que olvidando la dual presunción de acierto y legalidad de la cual  se  encuentra revestido el fallo, el casacionista orientó su esfuerzo a exponer  toda  suerte  de  situaciones  que  en  su criterio condujeron a la sentencia de  condena   de   JOSÉ   IGNACIO   CARDONA,  pero sin detenerse a observar las reglas propias de este medio de  impugnación,  circunstancia que impone la inadmisión del libelo de conformidad  con lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

2.             Demanda   presentada   a   nombre   de  JAIRO MORALES OSORIO   

          Como   en   el   primer  cargo  la  defensora  depreca  la nulidad de la actuación por violación  del  derecho  de  defensa  de  su  asistido,  impera  señalar  que  si  bien la  acreditación  de la causal tercera de casación suele ser menos compleja que la  demostración  de  las  otras  causales,  en todo caso corresponde al impugnante  precisar   con  claridad  la  especie  de  irregularidad  sustancial  que  determina  la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos  y  las normas que estima conculcadas, con la indicación  de  los  motivos  de  su  quebranto.  También  es  de su resorte especificar el  límite  de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la  cobertura  de  la  nulidad, demostrar que procesalmente no existe manera diversa  de  restaurar  el  derecho  afectado  y,  lo  más  importante, acreditar que la  anomalía  denunciada  tuvo incidencia perjudicial y decisiva en la declaración  de  justicia  contenida en el fallo impugnado (principio de trascendencia), pues  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

Al verificar los argumentos de la recurrente,  advierte  la  Sala que denuncia ciertas situaciones en el curso del trámite que  considera  irregulares,  por  ejemplo,  que  en  la  diligencia  de  inspección  judicial  realizada en el Juzgado Primero Penal del Circuito de Neiva se dispuso  la  incorporación  de piezas procesales incompletas, o que el disco compacto en  el  cual  fue  grabada la audiencia pública en este proceso está dañado, pero  no  atina  a  explicar  detenidamente  a  la  Sala  de qué manera esas reales o  supuestas   falencias   tuvieron   injerencia  decisiva  y  trascendente  en  la  declaración  de justicia cuestionada, como que no basta en esta impugnación de  índole  rogada  y  extraordinaria afirmar, sin más, que tales medios de prueba  echados  de menos son importantes, sin emprender la correspondiente explicación  de tal aserto.   

          De  antaño  ha señalado la Corte que si una de las finalidades del  recurso  de  casación es reparar los agravios causados a los sujetos procesales  con  el  fallo  atacado,  no  resulta consonante con tal propósito que en forma  llana  y  simple,  sin  acreditación  de  un  daño  y  sin  rigor  alguno, los  demandantes  planteen  toda  suerte  de  situaciones,  en espera de que la Corte  asuma su labor de ordenación y demostración.   

Como  dentro  del  mismo reproche la censora  afirma    que   no   fueron   ponderados   los   testimonios   de   Orlando      Cardozo     y  Nelson  Jiménez,  observa  la Sala que  ingresa  en  el  discurrir  propio  de  la  causal  primera de casación, cuerpo  segundo,  esto  es,  la  violación  indirecta  de la ley sustancial producto de  errores  de  hecho  por falso juicio de existencia por omisión de pruebas, caso  en  el  cual  le  correspondía  emprender  la  demostración correlativa con al  postulación,  a  lo cual no procedió y sí, denota confusión al mezclar en un  solo  cargo  diversas  causales  en  contra  de  los  principios  de  claridad y  precisión, y de autonomía de las causales de casación.   

          En  cuanto  atañe  a  que  JOSÉ IGNACIO  CARDONA  PATIÑO,  quien  participó en la toma de San  Alfonso  en  diciembre  de  2000, manifestó que JAIRO  MORALES  OSORIO no participó, advierte la Colegiatura  que  el  enunciado se encuentra ayuno de acreditación en punto de la pretendida  inocencia  de  su asistido, amén de que no orienta esfuerzo alguno por plantear  tal  temática a la luz de las reglas que gobiernan este recurso extraordinario,  pues  se desconoce si tal afirmación fue cercenada (falso juicio de identidad),  se  pretermitió  toda  la prueba (falso juicio de existencia), fue valorada con  violación  de  la  sana  crítica  (falso  raciocinio),  no fue considerada por  tenérsela  como  ilegal  (falso  juicio  de legalidad), o no le fue otorgado el  valor dispuesto por el legislador (falso juicio de convicción).   

          Dado  que también advera la defensora que no fue posible ejercer el  derecho   de   contradicción   respecto   de  “los  denunciantes”   Aldemar  Rojas     y    Marlio  Morales, pues no consiguió escucharlos físicamente o  en  forma  virtual, una vez más olvida la necesidad de demostrar la importancia  de  la  incorrección  señalada, pues no dijo, ni la Sala advierte, la utilidad  de  haber  ampliado  las  declaraciones  de  tales  individuos en el sentido del  fallo,  máxime  si  como  ya  de  tiempo  atrás lo ha dicho la Colegiatura, el  derecho  de  contradicción  también  puede  ejercerse  mediante  una intensa y  sustentada crítica de lo expuesto por los testigos.   

          De  otra  parte  constata  la  Corte  que  ni siquiera la impugnante  señala  la cobertura invalidatoria de su pretensión, pues se limita a deprecar  que  se  anule  toda  la  actuación,  sin  explicar  por qué ello debería ser  así.   

          Las  razones  expuestas  son suficientes para inadmitir el reproche,  toda  vez que la impugnante no se sujeta a las reglas definidas para demandar en  casación  un  fallo  que  en  esta  sede  se  encuentra  revestido  por la dual  presunción de acierto y legalidad.   

          En     cuanto    atañe    al    segundo  reparo,   en   el  cual  afirma  que  los  falladores  incurrieron  en  varios  errores  de hecho al apreciar las pruebas, encuentra la  Sala  que una vez más la defensora procede a plasmar su personal percepción de  los  medios  probatorios, sin detenerse a emprender una demostración consonante  con el recurso interpuesto.   

          En  efecto, pese a decir que los falladores incurrieron en error por  falso  raciocinio  al  otorgar  credibilidad a las declaraciones de Marlio  Mora  y  Aldemar  Rojas,  no  expone por qué razón conforme a  las  reglas  de  la  sana  crítica,  esto es, los principios de la lógica, los  postulados   científicos   o   las   máximas  de  la  experiencia,  no  debía  creérseles,  sin  que  baste argumentar lacónicamente que se trata de personas  con  antecedentes  penales  por  graves  delitos  y  no son individuos de buenas  costumbres,    de   buen   nombre   ni   reconocidos   como   honestos   en   la  sociedad.   

No  sobra  reiterar  que para desarrollar la  postulación  del  error  de hecho por falso raciocinio, es deber del recurrente  identificar   el   postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  su  consideración correcta, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del yerro expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que su enmienda da lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable  a  los  intereses  de su representado, proceder que la defensora de JAIRO  MORALES  no  emprendió,  pues  se  limitó   a   tomar  fragmentos  de  las  pruebas  para  reprocharlos  en  forma  descontextualizada  a  partir de su valoración, oponiéndola impropiamente a la  de los falladores.   

Como  también refiere que en las instancias  se  incurrió  en error de hecho por falso juicio de identidad, pues se dejó de  valorar  el  oficio  No. 2099 de 2002, nuevamente la libelista deja el reparo en  el  simple  enunciado, pues no procede a explicar cuál fue el aparte cercenado,  adicionado  o  tergiversado  de  tal  prueba, y tanto menos expresa cuál fue la  importancia de ello en el sentido del fallo.   

          Ahora,  como  igualmente  dice que los sentenciadores incurrieron en  un   falso   juicio  de  existencia  por  omisión  respecto  de  lo  dicho  por  Aldemar Rojas y Marlio  Mora  en sus declaraciones contra  el  acusado,  puede verse que viola el principio lógico de identidad, en cuanto  algo  no puede ser y no ser al mismo tiempo, toda vez que dentro del mismo cargo  postula  un  falso  raciocinio  y  un  falso  juicio  de existencia por omisión  respecto  de  tales  declaraciones,  sin  percatarse  que  si las pruebas fueron  indebidamente  apreciadas,  no  pudieron ser pretermitidas en su integridad, sin  que   haya   posibilidad   lógica   de   la  ocurrencia  sincrónica  de  ambos  fenómenos.   

         Para  concluir  este reparo se tiene que en manifiesta pretermisión  del  principio  de claridad y precisión exigido en el numeral 3º del artículo  212  de  la  Ley 600 de 2000, no explica por qué razón si medió una solicitud  de  beneficios por colaboración por parte de los testigos de cargo, ello impone  concluir   que   faltaron   a   la   verdad   e   involucraron   a  JAIRO  MORALES  OSORIO  en  hechos que no  realizó.   

          Por     las     falencias    anotadas,    el    cargo    debe    ser  inadmitido.   

         Casación oficiosa   

Encuentra la Sala que en este caso se impone  acudir  a  la facultad consagrada en el artículo 216 de la Ley 600 de 2000 para  casar  oficiosa  y  parcialmente  el  fallo  impugnado,  por  advertirse  que la  sentencia  resultó violatoria del principio de legalidad, dado que desbordó el  término  máximo  de  duración de la pena accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas impuestas al acusado MORALES OSORIO.   

En efecto, en el numeral primero de la parte  resolutiva  de  la  sentencia  de  primera  instancia  se condenó al mencionado  ciudadano  a  la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  “por un periodo igual a la  pena  principal”,  esto  es,  280 meses (23 años, 3  meses  y  28 días), sin advertir que el artículo 44 del Código Penal de 1980,  vigente  para  la  época  de  los hechos, señalaba que tal penalidad no podía  tener una duración superior a 10 años.   

          Como  esta  tasación punitiva no fue modificada por el ad  quem  al confirmar el fallo de primer  grado,  es  evidente  que con las decisiones de primera y segunda instancia, que  conforman  una  unidad  jurídica  inescindible,  se  vulneró  el  principio de  legalidad   de   la   pena   al   imponer   a   JAIRO  MORALES una sanción accesoria que desborda el límite  máximo dispuesto por el legislador.   

Por   lo   tanto,  se  impone  restablecer  oficiosamente  el  agravio  ocasionado, casando oficiosa y parcialmente el fallo  impugnado,  en  el  sentido  de  tasar la pena accesoria impuesta a MORALES  OSORIO  en  el tiempo máximo de  diez (10) años.   

Por  lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  administrando  justicia  en  nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.                  INADMITIR       las     demandas    de    casación   presentadas   por   los  defensores  de  los  procesados  JAIRO      MORALES      OSORIO      y      JOSÉ      IGNACIO     CARDONA  PATIÑO,  de  acuerdo  con las razones expuestas en la  anterior motivación.   

         2.                      CASAR  oficiosa   y  parcialmente  el  fallo, en  el  sentido  de dosificar la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de   derechos   y   funciones  públicas  impuesta  a  JAIRO   MORALES   OSORIO,  en    diez     (10)  años.   

Según   el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento Penal,  contra    este    proveído   no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 No se  registra  el  nombre de la menor en aplicación del numeral 8º del artículo 47  del     Código     de     la    Infancia    y    la    Adolescencia.     

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