AP4983-2014(43719)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada ponente  

AP 4983- 2014  

Radicación N° 43719  

(Aprobado  Acta No.  280)   

Bogotá  D.C., agosto veintisiete (27) de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Acomete la Sala el estudio de admisibilidad de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado ANDRÉS  MAURICIO  CASTRO  RAMÍREZ contra  la  decisión de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá  el   14   de  febrero  de  la  anualidad  en  curso1,  por  cuyo  medio declaró la  nulidad  a  partir  de la aprobación del preacuerdo celebrado entre Fiscalía y  procesado   en   lo   que   tiene   que   ver  con  las  víctimas  Jeisson   Andrés   Morales   Rivera   y  Edisson   Alexánder   Badillo   Heredia,  al  tiempo  que  confirmó  la  condena  del  16 de julio de 2013  impuesta  al  acusado por el delito de homicidio culposo respecto de la víctima  Nelson  Enrique  Rincón, en  virtud de lo cual dispuso la ruptura de la unidad procesal.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  ad  quem  en los siguientes  términos:   

El   18   de   agosto   de  2012,  siendo  aproximadamente las 3:20 de la   

madrugada en la carrera 24 número 57-93 de  Bogotá,  el  vehículo  de placas BGA-777 conducido por ANDRÉS MAURICIO CASTRO  RAMÍREZ,  quien se encontraba bajo los efectos del alcohol, atropelló a Nelson  Enrique   Rincón,   Jeisson   Andrés  Morales  y  Edison  Alexánder  Badillo,  ocasionándole  la  muerte  a  los  dos  primeros  de  ellos y al otro, lesiones  personales con incapacidad definitiva de 14 días.   

Al  día  siguiente de ocurridos los sucesos  narrados,  se  llevó a cabo ante  el Juzgado 43 Penal Municipal de Control  de  Garantías  de  Bogotá audiencia preliminar durante la cual se legalizó la  captura     de     ANDRÉS     MAURICIO     CASTRO  RAMÍREZ,    a    quien  la  Fiscalía  formuló imputación por los delitos de  homicidio,  en  concurso  homogéneo,  y  heterogéneo  con lesiones personales,  todos  a  título  de  dolo  eventual, cargos que no aceptó y por los cuales le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en  su  lugar  de  residencia.   

El  10 de diciembre ulterior, el ente fiscal  radicó  escrito  de  acusación  en  contra de CASTRO  RAMÍREZ   modificando   la   anterior  calificación  jurídica  a homicidio culposo agravado (arts. 109, 110-1 del Código Penal), en  concurso  homogéneo,  y heterogéneo con lesiones personales culposas agravadas  (arts.  111,  112,  120  y  121  ibídem),   cargos   que   ratificó   en  desarrollo  de  la  audiencia  de  formulación  posterior  efectuada  el  14 de febrero de 2013 ante el Juzgado 11  Penal del Circuito de la misma capital.   

En  desarrollo  de la audiencia preparatoria  fijada  para  el  15  de  abril  siguiente  ante  el mismo despacho judicial, se  allegó  escrito  de  preacuerdo  celebrado  entre Fiscalía y defensa según el  cual  el implicado aceptaba cargos por los delitos comprendidos en la acusación  a  cambio  del retiro de las circunstancias de agravación específicas de todos  los comportamientos.   

Mutada  la  naturaleza  de  la audiencia, el  mismo  juzgado  impartió  legalidad  al  preacuerdo,  razón por la cual dictó  sentencia  de  primer  grado  el 31 de julio de 2013, por cuyo medio condenó al  acusado   a   las   penas  principales  de  cincuenta y dos (52) meses de prisión y privación del derecho  de  conducir  vehículos  motorizados  por el lapso de tres (3) años y seis (6)  meses,  así  como a la accesoria de inhabilitación en el ejercicio de derechos  y   funciones   públicas   por   el  mismo  término  de  la  privativa  de  la  libertad.   

En  la  misma  decisión, dispuso negarle el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  concederle la prisión domiciliaria.      

Contra  esta  decisión promovió recurso de  apelación   el   representante   de   las  víctimas  del  occiso  Jeisson  Andrés  Morales  Rivera, por lo  que  se pronunció el Tribunal Superior de Bogotá el 14 de febrero del año que  corre  en  sentido  de  decretar  la  nulidad  a  partir  de  la aprobación del  preacuerdo    respecto    de    las    víctimas    del    occiso   Jeisson  Andrés  Morales  Rivera  y  del  lesionado      Edisson     Alexánder     Badillo  Heredia,  al  encontrar  que  no  fueron  debidamente  notificadas  de  la audiencia de aprobación del preacuerdo. A la vez, impartió  confirmación  a  la  condena  impuesta  al  acusado  por el delito de homicidio  culposo  frente  a  la víctima Nelson Enrique Rincón  Pinilla, en virtud de lo cual dispuso la ruptura de la  unidad procesal   

Como  consecuencia  de lo decidido, fijó la  pena  por el único delito subsistente en treinta y dos (32) meses de prisión y  la  privación  del  derecho  de conducir vehículos motorizados por el lapso de  tres  (3) años y seis (6) meses de prisión; así mismo, impuso la accesoria de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  término de la privativa de la libertad.    

En desacuerdo con la anterior determinación,  la   defensa  oportunamente  interpuso  y  sustentó  en  su  contra,  de  forma  exclusiva,  recurso  extraordinario  de  casación,  mediante  demanda  de  cuya  admisibilidad se ocupa la Sala.   

Como en un acápite final de dicho libelo se  depreca  la  cesación de procedimiento por indemnización integral en relación  con   la   conducta   de   homicidio  culposo  en  la  persona  de  Nelson   Enrique   Rincón   Pinilla,   a  instancia  de la Magistrada Ponente se dispuso conceder un término de 5 días a  las  víctimas  en  orden  a que manifestaran si fueron resarcidas íntegramente  por el implicado.   

LA DEMANDA  

Propone una censura contra el fallo impugnado  con  fundamento  en  la  causal tercera de casación del artículo 181 de la Ley  906  de  2004,  por violación indirecta de la ley sustancial.  En la parte  final   del  escrito,  se  incluye  una  “petición  especial”  en  pos de que se aplique la figura de la  cesación de procedimiento por indemnización integral.   

Comienza  por  señalar  que  “le  asiste  interés  jurídico  para  atacar  el  proveído, en  razón  a  que  la  decisión  le  causa  perjuicio  a  sus  intereses,  ante la  declaratoria  de  nulidad  parcial procesal”, máxime  cuando    pretende,    con    su   ejercicio,   la   efectividad   del   derecho  material.   

Luego,  en  el acápite respectivo, sostiene  que  la  causal  invocada  se concreta porque el fallo está incurso en error de  hecho  por  falso juicio de existencia “por omisión  del  medio  probatorio que condujo a que el ad quem declarara la nulidad parcial  del   preacuerdo   suscrito   con   el   ente  acusador  y  aprobado  por  el  a  quo”,  lo cual condujo a la aplicación indebida del  artículo 457 del estatuto procesal penal.   

En concreto, refiere a los siguientes medios  de  prueba obrantes “en la carpeta del señor Fiscal  68 Seccional”:   

1.          En fecha 13 de marzo de 2013, con oficio  No.  00335  F.68,  el  ente  acusador  remite  citación  al Dr. Germán García  García,   apoderado   de  la  víctima  Jeison    Andrés    Morales    Rivera,  solicitándole  comparecer  a  ese  despacho para el día 19 de marzo de 2013, a  fin  de llevar a cabo audiencia de conciliación y le indica favor avisarle a la  víctima.   

2.          En  igual sentido se cita a la víctima  Edison Alexander Badillo Heredia, mediante oficio No. 00334 F.68.   

3.          El  13 de Marzo de 2013, se recibe ante  el  ente  acusador,  memorial  del  Dr.  Germán  García García, dirigido a la  Fiscalía,  donde solicita se fije nueva fecha y hora para la diligencia fallida  de  conciliación,  ante  la  tardanza en la notificación del citatorio que les  convocaba.   

4.          En fecha 07 de Marzo de 2013, se recibe  en  despacho  del  ente  acusador,  memorial suscrito por el Dr. Germán García  García,  justificando  la no asistencia a la audiencia de conciliación, citada  con oficio 00226.   

5.          En  fecha  04/03/2013, el ente acusador  deja  constancia  de la comparecencia del imputado a audiencia de conciliación,  la   cual   no   se   pudo   llevar  a  cabo,  ante  la  no  asistencia  de  las  víctimas   

6.          En  igual  sentido  y en l (sic)  que respecta a la víctima de las  lesiones   personales:   Edison   Alexander  Badillo,  el  ente  acusador  dejó  constancia    que   fue   debidamente   citado  vía celular, para la diligencia del 04 de marzo de 2013, y  se   indica   que   ‘si  asistirá’.      

1. En fecha 25  de  Febrero  de  2013,  mediante  oficio  No. 226, el ente acusador citó al Dr.  Germán  García  García  a  audiencia de conciliación a llevar a cabo para el  día  04  de  Marzo de 2013, solicitándole dar aviso a la víctima. El despacho  del  señor  Fiscal,  igualmente  deja  constancia  que  se  citó  vía celular  indicando      ‘Si  asistirá’.   

2. Dentro de la  carpeta  del  ente  acusador obra documento contentivo del poder otorgado al Dr.  Germán  García García, fechado en Notaría el 29 de Agosto de 2012 y allegado  al despacho con fecha 30 de Agosto de 2012.   

3. Igualmente  obra  en  la  carpeta,  memorial  sin fecha, suscrito por el Dr. Germán García  García,  donde solicita copias de piezas procesales y certificación del estado  del   proceso,   a   fin   de   realizar  la  respectiva  reclamación  ante  el  SOAT.     

Infiere de estos documentos que “desde  la  misma  imputación  de  cargos  las víctimas tenían  pleno  conocimiento  de  las  actuaciones  de  la  defensa  y  el  ente acusador  encaminadas   a   negociación   sobre   preacuerdo   e   indemnización  a  las  víctimas”.   

Tal  yerro  apreciativo,  aduce,  soporta la  causal   de   casación   invocada   porque   la  nulidad  decretada  “causa  perjuicio  a  los intereses del acusado como quiera que  debe  soportar  una nueva actuación a partir de la acusación, cuando ya había  sido  aprobado  en  primera  instancia,  lo  que  puede  acarrear  aumento de la  pena”. Además, tiene nexo causal con lo decidido en  el  fallo; es eficaz; viola la ley sustancial y está debidamente fundamentado y  planteado.   

Lo  anterior,  esencialmente,  porque  nadie  puede  sacar  provecho  de  su propia culpa o incuria, como lo recalcó la Corte  Constitucional en la sentencia T-1231 de 2008.   

De   otro   lado,  pregona,  el  vicio  es  trascendente,  dado  que  “si  el  juzgador  de  la  segunda  instancia hubiese tenido en cuenta el medio probatorio obrante a folios  en  la  carpeta  del  ente  acusador,  y  específicamente  los  documentos  que  verifican  que  el apoderado de la víctima Jeison Andrés Morales Rivera, parte  apelante,     y     la     víctima    Edison         Alexander         Badillo        Heredia,  tenían  pleno  conocimiento  de  las  conciliaciones,  negociaciones  y  actuaciones  al  interior  del proceso, en lo  referente  a las actuaciones encaminadas a la conciliación y pago de perjuicios  por  parte  del  acusado y que dada su negligencia, no se logró su asistencia a  la  suscripción  del  preacuerdo,  no  hubiese  incurrido en el error evidente,  manifiesto   y   trascendente   donde  declaró  la  nulidad  parcial  de  dicha  negociación  y  en  su  defecto  hubiese  confirmado  la  decisión del juez de  primera  instancia,  donde  se  aprobó  en  su  totalidad y consecuentemente se  dictó la respectiva sentencia”.   

Con base en lo expuesto, depreca casar  el fallo  para,   en   su  lugar,  “confirmar  el  preacuerdo  aprobado en primera instancia”.   

Acto  seguido,  en  el  acápite  denominado  “capitulo   aparte”,  instaura   una   “petición   especial”  dirigida  a  que  se  aplique,  por  favorabilidad,  la  figura  de  cesación  de  procedimiento  por indemnización  integral  a favor de su prohijado conforme al artículo 42 de la Ley 600 de 2000  en   lo  que  concierne  al  homicidio  culposo  por  la  muerte  de       Nelson       Enrique       Rincón       Pinilla.   

          Ello,  dice, con fundamento en la decisión de esta Corporación del  13  de  abril de 2011, rad. 35946, debiéndose tener en cuenta que el preacuerdo  aprobado  parcialmente y referente a la víctima en mención que dio origen a la  pena  impuesta,  a  la  cual  el  ad quem impartió  confirmación,  no  ha  quedado  en  firme, en virtud del  recurso  impetrado.  Así mismo, porque el delito mencionado fue preacordado sin  circunstancias  de  agravación  punitiva  específica,  es  decir, tal conducta  delictiva  se encuentra dentro de aquellas señaladas en el artículo reseñado,  frente  a  las  cuales  es  procedente  la  extinción  de  la acción penal por  indemnización integral.   

          Además,  porque  “entre el acusado y la  víctima   ha  mediado  indemnización  integral  allegada  oportunamente  a  la  actuación   penal”  y  no  obra  en  la  actuación  anotación  alguna  en el sentido de que en contra del acusado se haya proferido  resolución  inhibitoria,  preclusión de la investigación o cesación por este  motivo, dentro de los 5 años anteriores.   

          En  consecuencia,  solicita se ordene la cesación del procedimiento  adelantado  en  contra  de su defendido, a tenor de lo señalado en el artículo  39  del  mismo  ordenamiento, dado que la acción penal no puede proseguirse por  motivo de su extinción.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   Cumplimiento   de   presupuestos   de  admisibilidad de libelo:   

En  la  Ley  906  de  2004  la casación es  concebida  como  un  medio  de control constitucional y legal que procede contra  sentencias  de  segunda  instancia  en los procesos adelantados por delitos, por  consiguiente,    si   bien   se   eliminó   la   exigencia   del   quantum  de  la  pena  de la infracción  para  acceder  a  tal  medio  de impugnación, en todo caso corresponde al actor  acreditar  la afectación de derechos o garantías fundamentales, por lo cual se  le  impone  la  carga  de contar con interés para demandar, señalar la causal,  desarrollar  los  cargos  en  sustentación del recurso y demostrar la necesidad  del  fallo en orden a cumplir alguno de los fines establecidos por el legislador  en    el    artículo    180    ibídem,  vale  decir,  la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de los intervinientes, la reparación de los agravios padecidos  por éstos y la unificación de la jurisprudencia.   

De  otra  parte,  en  el  estudio  sobre las  exigencias  de admisibilidad de las demandas de casación, corresponde a la Sala  constatar  si  los  recurrentes  han  formulado  sus  reproches  observando  los  requisitos  de  lógica  y adecuada argumentación definidos por el legislador y  desarrollados   por   la   jurisprudencia,   para   impedir   que  este  recurso  extraordinario    se    convierta    en    una   instancia   adicional   a   las  ordinarias.   

          Así  las  cosas, el primer presupuesto que se debe auscultar en pro  de  la  admisión del libelo, como ya se dijo, es si la decisión contra la cual  se  instaura  ostenta el carácter de “sentencia”, pues la jurisprudencia de  la   Corte   ha   sido   clara  y  reiterativa  en  indicar  que  la  naturaleza  interlocutoria  de  una  decisión,  sea que se adopte en forma separada o en el  cuerpo  de  una sentencia de instancia, impide que en su contra pueda postularse  censura  alguna  en  sede de casación, pues el recurso extraordinario solamente  procede   contra   las  primeras,  específicamente  contra  fallos  de  segunda  instancia,   según   así   lo  establece  el  artículo  181  del  Código  de  Procedimiento Penal, norma aplicable a este caso.   

          Sobre  el  particular,  de antaño ha dicho la Sala (CSJ, SP, jul. 3  1996, rad. 11186):   

Es  frecuente,  ha  dicho la Corte, que por  razones  de  economía  procesal,  se  incluya  dentro  de una misma providencia  decisiones   de   carácter   distinto,  como  ocurre  cuando  en  un  proveído  interlocutorio  se  ordenan  pruebas,  o cuando en una  sentencia  de  instancia  se  decretan  nulidades o se  declara  la  extinción  de  la acción penal por un delito o respecto de uno de  los     procesados,     sin      que      ello     traduzca   modificación   de  la  naturaleza  jurídica  de   la   decisión   de   menor   entidad,   la   cual  continúa  definiéndose  por  su contenido, conforme a la clasificación que de  las  providencias  judiciales trae el artículo 179 del Código de Procedimiento  Penal.   

Dicho  carácter  impide  que  en su contra  pueda  plantearse  censura  alguna  en  sede  de  casación,  pues  este recurso  extraordinario  solamente  procede  contra  sentencia,  específicamente  contra  sentencia  de  segunda  instancia.  (subraya  fuera de  texto).   

          El  mismo criterio se ha recalcado por la jurisprudencia de la Sala,  entre  otras, en CSJ, AP, jun. 22 2005, rad. 23701; CSJ, SP, agos. 17 2005, rad.  22565;  CSJ,  AP,  abr. 20 2007, rad. 23078 y CSJ, AP, may. 30 2007, rad. 27036.   

          Ahora  bien,  en  relación  con  el  carácter  de las providencias  judiciales  y  particularmente  de  aquella  por  medio de la cual se declara la  nulidad  procesal,  en  decisión  posterior, donde también se abordó la misma  temática (CSJ, SP, jun. 30 1999, rad. 12663), se indicó:   

El  hecho  de  que  en  el  mismo proveído  formalmente  entendido  se  haya  decidido  el  objeto final de la acción penal  profiriéndose  el  fallo  respectivo  respecto  de  los  acusados  y, asimismo,  declarado   la  nulidad  de  lo  actuado   en   relación  con  el  delito  de  rebelión,  esto  no  está  significando  que  analizado el acto desde el punto de  vista  del  contenido  su  naturaleza  permanezca  igual  para las dos clases de  decisiones  tomadas,  pues  la que declara la invalidez en ningún momento puede  equipararse  a  un  fallo, sólo se trata de una decisión motivada de carácter  interlocutorio  que  si  bien  resuelve  un  aspecto  sustancial  del  proceso como es su propia legalidad, lo cual precisamente le da  esta  naturaleza, no del pronunciamiento por medio del cual, el juez competente,  una  vez  agotado  el  procedimiento  previamente establecido por la ley, decide  finalmente  la  acción  penal  con  efectos de cosa juzgada, formal mientras se  surten    los   recursos   a   que   hubiere   lugar   y   material,   una   vez  decididos.     

En   este  caso,  entonces,  al  haber  incluido  el Tribunal las dos clases de decisiones en el  mismo  acto,  es  claro  que  la  declaratoria  de nulidad respecto al delito de  rebelión  no forma parte de la sentencia y por ende, no podía ser recurrida en  casación,  toda  vez  que  este  recurso  extraordinario  por  disposición del  artículo  218  del  Código  de Procedimiento Penal, únicamente procede contra  las  sentencias  de  segunda  instancia  dictadas  por el Tribunal Nacional, los  Tribunales  Superiores de Distrito Judicial y el Tribunal Penal Militar, o en el  caso  de  la  casación  excepcional  contra la sentencias proferidas en segunda  instancia  por  los  Juzgados  Penales del Circuito, no contra las decisiones de  simple  naturaleza  interlocutoria  como la reseñada,  como  tampoco  contra  las Resoluciones acusatorias, como igualmente lo trata de  enfocar  el demandante, pues por más que en ella se formulen los cargos base de  la  sentencia en ningún momento puede equipararse, ya que precisamente el hecho  de  corresponder  a  su  acto  antecedente  sustentado  en  diversas  exigencias  formales   y  probatorias,  menores  desde  luego,  necesariamente  excluye  tan  inusitada    posibilidad.  (subrayas fuera de texto).   

          Por  otra  parte,  es  evidente  que tal  aspecto  no  sufre alteración en la sistemática de la Ley 906 de 2004, pues se  mantiene   la   clasificación  de  las  providencias  judiciales,  conforme  su  artículo  161,  en  autos  y  sentencias,  entendiéndose  por  estas  últimas  “si  deciden  sobre  el  objeto  del proceso, bien en única, primera o segunda instancia, o en virtud de  la  casación  o  de  la acción de revisión”, esto  es,  en  términos  casi  idénticos  a  los  del artículo 169 de la Ley 600 de  2000.   

          Ahora,  no  cabe  duda  que  la pretensión del actor en este caso a  través  de  la  única  censura  que  formula contra el fallo por la vía de la  causal   tercera   de   casación,  va  dirigida  exclusivamente  en  contra  la  determinación  por  medio  de  la  cual  el  ad quem  decretó la nulidad de la actuación procesal a partir  de  la  aprobación  del  preacuerdo  respecto  de  las víctimas del interfecto  Jeisson   Andrés   Morales   Rivera   y   del   lesionado   Edisson  Alexánder  Badillo Heredia.   

          Así   lo   exterioriza   desde   el  mismo  momento,  previo  a  la  formulación  del  cargo,  en  que  precisa  asistirle interés para impugnar en  representación  de su defendido “en razón a que la  decisión  le causa perjuicio a sus intereses, ante la  declaratoria    de   nulidad   parcial   procesal”  (subraya fuera de texto).   

E,  igualmente,  en  toda  la extensión del  reparo,  como  cuando  indicó  que  la  causal  invocada procedía “por  omisión del medio probatorio que  condujo  a  que  el ad quem declarara la nulidad parcial del preacuerdo suscrito  con    el    ente    acusador    y    aprobado    por   el   a   quo”,      (subraya      fuera      de  texto).   

          Igualmente,  al  determinar  la  trascendencia  del vicio propuesto,  cuando  indica  que  “si  el juzgador de la segunda  instancia  hubiese  tenido  en cuenta el medio probatorio obrante a folios en la  carpeta  del  ente acusador, y específicamente los documentos que verifican que  el  apoderado de la víctima Jeison Andrés Morales Rivera, parte apelante, y la  víctima  Edison  Alexander  Badillo   Heredia,  tenían  pleno  conocimiento  de  las  conciliaciones,  negociaciones  y  actuaciones  al  interior  del  proceso,  en  lo  referente  a  las  actuaciones encaminadas a la  conciliación  y  pago  de  perjuicios  por  parte  del  acusado  y  que dada su  negligencia,  no  se  logró  su  asistencia  a  la suscripción del preacuerdo,  no hubiese incurrido en el error evidente, manifiesto  y  trascendente  donde declaró la nulidad parcial de dicha negociación y en su  defecto  hubiese confirmado la decisión del juez de primera instancia, donde se  aprobó   en   su   totalidad   y   consecuentemente  se  dictó  la  respectiva  sentencia”  (subraya fuera  de texto).   

          Entonces,  como  la  inconformidad  del  libelista  se  centra en la  determinación  interlocutoria  adoptada  en  el  fallo  de  segunda  instancia,  mediante  la  cual  se  declaró  la nulidad en los términos indicados, deviene  inconcuso  que  por  tratarse  de  una  decisión  respecto  de  la  cual  no es  susceptible     el     recurso     de     casación,     se    inadmitirá    la  demanda.      

Ahora  bien,  habida  cuenta  que contra tal  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  184  de  la misma codificación adjetiva, impera precisar que  como  dicha  legislación  no regula el trámite a seguir para que se aplique el  referido  instituto procesal, habrán de acatarse las reglas fijadas por la Sala  en tal sentido (CSJ, AP, dic. 12 2005, rad. 24322).   

2.  Sobre  la  petición  de  cesación  de  procedimiento por indemnización integral:      

          Como  se reseñó en el acápite de síntesis del libelo, el escrito  contiene  una  “petición  final”  en  el  sentido  de  que  se  aplique por  favorabilidad,  y  de  acuerdo con la jurisprudencia de la Sala, la figura de la  cesación  de  procedimiento por indemnización integral reglada en el artículo  42  de  la  Ley  600  de  2000  a  este asunto gobernado por la Ley 906 de 2004,  respecto  de la acción penal seguida en contra de su prohijado por el delito de  homicidio  culposo  en  la  persona  de Nelson Enrique  Rincón.   

La  solicitud  anterior  determinó  que  se  dispusiera,  mediante  auto  del  pasado  14  de  julio, oficiar a las víctimas  reconocidas  por  dicho  deceso  a fin de que manifestaran por escrito si fueron  resarcidas íntegramente por el implicado.   

Dentro  del  término  establecido  para tal  efecto,  el representante de los señores Pablo Emilio  Rincón  Pinilla  y  María  Inés   Pinilla   Guzmán,  progenitores  del  occiso  Nelson   Enrique   Rincón   Pinilla   y  reconocidos  en la actuación como víctimas, allegó escrito por  medio  del  cual  asevera  que  por  los  hechos  que condujeron a la muerte del  referido  “la  Compañía  Aseguradora SURAMERICANA  indemnizo   (sic)  a  mis  representados  como consta en los soportes adjuntos a la presente”.   

Refiere  el mandatario judicial a las copias  que  aporta  de:  (i) poder conferido a su nombre por las víctimas Pablo    Emilio    Rincón   Pinilla   y  María  Inés  Pinilla  Guzmán  “para presentar la  reclamación  ante  la  compañía SEGUROS GENERALES SURAMERICANA”;  (ii)  registro  civil del occiso Nelson  Enrique  Rincón  Pinilla,  con el cual se acredita su  condición   de   padres:   (iii)  declaración  juramentada  de  las  víctimas  Pablo    Emilio    Rincón   Pinilla   y    María   Inés   Pinilla   Guzmán  en  donde manifiestan que su hijo, para la fecha de lo  sucesos  en  que  perdió la vida, “no se encontraba  laborando  bajo  ninguna  modalidad,  toda  vez que apenas en el mes de abril de  2012  había  terminado  de  prestar  su  servicio  militar  y  apenas se estaba  incorporando  a la vida civil, buscando trabajo y realizando labores domésticas  en  su  casa  familiar,  por  tal  razón  no  se  ha reconocido ningún tipo de  pensión”;  así  mismo,  que no hacía vida marital  con  ninguna  persona,  ni tenía hijos y “por tanto  no  existe  otras personas con igual o mejor derecho para reclamar y que en todo  caso  si se presentaran nosotros saldremos al saneamiento de tal situación y en  consecuencia   liberamos   a   SEGUROS   GENERALES  SURAMERICANA  S.A.  de  toda  responsabilidad    y    la    declaramos    a    PAZ    Y   SALVO”.   

De   igual   forma,   (iv)   oferta   de  indemnización    por    SURAMERICANA   de  fecha  14  de  diciembre  de 2012 en atención a la reclamación  elevada  por  los  progenitores  del occiso; (v) autorización suscrita el 24 de  febrero  de  2013  por  los  padres  de Nelson Enrique  Rincón  Pinilla  a  su  mandatario judicial dentro de  esta  actuación  para  que  acepte  y  celebre  contrato de transacción con la  aseguradora  SURAMERICANA,  conforme  a la oferta referida, por $ 30.000.000,oo,  “teniendo  total  claridad  de las razones expuestas por nuestro apoderado… con  lo  cual  se  sufragaran  las  correspondientes  indemnizaciones  a  que tenemos  derecho”;  (vi)  contrato  de  transacción suscrito  entre   el  representante  legal  de  SURAMERICANA  y  los  señores    Pablo   Emilio   Rincón   Pinilla  y  María  Inés  Pinilla  Guzmán,  en calidad de padres del occiso Nelson  Enrique  Rincón Pinilla, actuando  por  intermedio  de su apoderado, por medio del cual la aseguradora “en   cumplimiento   de   la   póliza  No.  6053361, se compromete  para  con los reclamantes u  ofendidos  a indemnizar por  la  suma de treinta millones  de  pesos M/CTE ($30.000.000),        el  pago  se realizará a nombre del Doctor Germán García Pachón  de  acuerdo  al  poder  otorgado por los señores Pablo Emilio Rincón Pinilla y  María  Inés  Pinilla  Guzmán  ante la Notaría Tercera del Circulo de Bogotá  D.C.,    suma   que   se   ara   (sic)   efectiva  transcurridos  5  días  hábiles  a  la  radicación del  presente  contrato firmado con presentación personal en notaría en la Calle 72  No. 8 – 30 de la ciudad de Bogotá D.C”.   

Dentro del clausulado del mismo contrato se  establece,     a     su    turno,    que,    “los  ofendidos    manifiesta  (sic)   a   el  conductor  asegurado (sic),     el     asegurado    y     la  aseguradora que con el pago  establecido   en   la   cláusula   primera  ha  sido  indemnizado  integralmente  en    todos    los   perjuicio   (sic)   de   naturaleza  patrimonial  y  extrapatrimonial,  así  como  que  renuncia  o  desiste  a  cualquier  acción  legal  que  pudiera  derivarse  del  accidente   del   tránsito   ocurrido   el  día  18  de  agosto  de 2012”.  Más  adelante, en su cláusula  cuarta,   se   insiste   en   que:   “quedan  así  indemnizados  la  totalidad de los perjuicios ocasionados con el accidente tanto  los  materiales  como  los  inmateriales  que comprenden el moral, fisiológico,  psíquico,  estético  y  en general todo perjuicio ocasionado por el accidente,  con  ocasión  del  fallecimiento  del señor Nelson Enrique Rincón Pinilla. En  consecuencia  el reclamante  acuerda  no  instaurar  otra  reclamación judicial o  extrajudicial,  ni contra la  aseguradora,      el      asegurado      y     el  conductor”.   

Y, finalmente, (vi) constancia del día 22  de  febrero de 2013, suscrita por Pablo Emilio Rincón  Pinilla  y  María  Inés Pinilla Guzmán en sentido de  haber  recibido  de su apoderado judicial la suma de $30.000.000.oo “por  concepto  de las indemnizaciones por homicidio en accidente  de   transito   (sic)  del  extinto   señor   Nelson  Enrique   Rincón   Pinilla,  suma  ésta  que  fue  pagada  por  la  compañía  SURAMERICANA  DE  SEGUROS,  en virtud de la póliza de Responsabilidad Civil que  amparaba  el  automotor  de  placas BGA 777 causante del siniestro y conforme al  contrato   de   transacción   firmado   entre   la   aseguradora   y  la  parte  reclamante”.   

          Pues  bien,  previo a resolver la petición elevada por el defensor,  dirigida  a  que  se  extinga la acción penal por indemnización integral, bien  está  recordar  que  este  instituto no aparece expresamente regulado en la Ley  906  de  2004,  como  sí  obra  en  el  artículo  42  de  la  Ley 600 de 2000,  circunstancia  ante  la  cual  el  defensor  de CASTRO  RAMÍREZ   depreca   su  aplicación  en  virtud  del  principio de favorabilidad de la ley penal.   

          Ciertamente,  en  la  Ley  906  de  2004  se  aborda la figura de la  indemnización  integral  como  constitutiva  de  una  causal de procedencia del  principio  de  oportunidad,  según aparece en el numeral 1° del artículo 324,  modificado   por   el   2°   de   la  Ley  1312  de  2009,  en  los  siguientes  términos:   

“1.  Cuando se  tratare  de  delitos  sancionados con pena privativa de la libertad cuyo máximo  señalado  en  la Ley no exceda de seis (6) años o con pena principal de multa,  siempre  que  se  haya  reparado  integralmente  a la  víctima  conocida  o individualizada; si esto último  no  sucediere,  el  funcionario  competente  fijará  la  caución  pertinente a  título  de  garantía  de  la  reparación,  una  vez  oído  el  concepto  del  Ministerio Público.   

Esta causal es aplicable, igualmente, en los  eventos   de   concurso  de  conductas  punibles  siempre  y  cuando,  de  forma  individual,  se  cumpla con los límites y las calidades señaladas en el inciso  anterior…”   (subraya  fuera de texto).   

         Sobre  el particular, ha señalado esta Colegiatura (CSJ AP, 31 mar.  2009, rad. 31466):   

No  hay duda, entonces, que la ponderación  como  criterio auxiliar y a su vez modulador de la actividad procesal, impulsa a  que   prevalezcan   los   derechos  de  la  víctima  y  mucho  más  cuando  un  reconocimiento  de este talante en nada afecta los intereses del sindicado en la  medida  que  fue  éste  por su iniciativa quien abrió paso al restablecimiento  del  derecho.  En  ello  se  explica el por qué de la  cesación    de    procedimiento    por    indemnización   integral.   

Finalmente quiere dejar en claro la Sala que  el  procedimiento  acabado  de  reseñar  se  estructura  al  interior de la Ley  600/00,  pero  asimismo  que nada impide que similares  consideraciones  y  conclusiones  puedan  adoptarse  de  cara al trámite de una  actuación  regida  por la Ley 906/04, en este último  evento  -claro  está-  cuando se vean enfrentadas la prescripción y  la  simultánea  aplicación  de la causal primera del artículo  324  reguladora  del principio de oportunidad en su manifestación de extinción  de   la   acción  penal”  (subrayas fuera de texto).   

         No  obstante, de acuerdo con el artículo 323 de la Ley 906 de 2004,  modificado  por  el  1° de la Ley 1312 de 2009, la aplicación del principio de  oportunidad   es  procedente  “hasta  antes  de  la  audiencia  de  juzgamiento”, lo cual implica que para  el  actual  momento  procesal,  cuando  ya  se  ha  proferido  fallo  de segunda  instancia, no resultaría viable.   

          En  punto  de  resolver  la  cuestión  planteada,  la  Corporación  concluyó  en  el antecedente jurisprudencial atinadamente citado en apoyo de su  pretensión por el peticionario (CSJ AP, 13 abr. 2011, rad. 35946):   

En  el caso de la especie, como ya se dijo,  de  lo  que  se trata es de establecer si resulta procedente acudir al instituto  de  la reparación integral consagrado en el artículo 42 de la Ley 600 de 2000,  como  causal  de  extinción de la acción penal, para momentos posteriores a la  audiencia  de  juzgamiento o de juicio oral cuando ya ha expirado la posibilidad  de  tramitarlo  por  la  vía  del  principio de oportunidad, esto último en la  medida en que se cumplan sus condicionamientos, según lo ya visto.   

Para la Corte, la aplicación de esta figura  en  las  condiciones reseñadas, no sólo no pervierte la naturaleza del sistema  acusatorio,  sino que político criminalmente se ajusta a sus necesidades y a la  voluntad del legislador al implementarlo.   

Ello   se   refleja  porque  resulta  compatible  con el modelo de justicia restaurativa inmerso  en  el sistema acusatorio, no sólo porque en el Libro  VI  se  regula un programa en tal sentido, sino porque tal propósito es latente  en  las  siguientes  disposiciones  de  la  Ley  906, con carácter de principio  rector  (inciso  4º  del artículo 10º, literal c del artículo 11 y artículo  22).   

De     modo     que,    ningún   obstáculo   encuentra  la  Sala  para  aplicar  en  esta  coyuntura  procesal  la  figura  de  la  extinción  de  la  acción  penal  por  indemnización   integral,   más  aún  si  con  la  solución  aparecen satisfechas las demandas de justicia y verdad de la víctima  quien,  precisamente,  como  atrás  se  reseñó,  se  une  a  la  petición de  procesados  y  defensores  en  el  sentido de que se declare la extinción de la  acción   penal  (subrayas  fuera de texto).   

          Precisado  lo anterior se tiene que de tiempo atrás ha señalado la  Sala  que  la  solicitud  de  extinción  de la acción penal por indemnización  integral  puede  presentarse  hasta  antes de que se profiera fallo de casación  (Cfr.  entre  otras, CSJ AP, 21 jul. 1998, rad. 9660, CSJ SP, 24 feb. 2000, rad.  13711 y CSJ SP, 10 nov. 2005, rad. 24032.   

Por ello, mientras no se dicte sentencia que  resuelva  sobre  el  libelo  de  casación o en tanto no se decida mediante auto  inadmitir  la  respectiva  demanda,  a  la  defensa  le asiste la oportunidad de  solicitar  la  declaración de extinción de la acción penal por indemnización  integral  y  la  consecuente cesación de procedimiento, como aquí se corrobora  dado  que la solicitud se eleva al interior de la demanda de casación, esto es,  previo  a  cobrar  ejecutoria  la decisión  adoptada por el Tribunal en el  sentido  de  romper  la  unidad  procesal  en cuanto a la sentencia condenatoria  contra  ANDRÉS MAURICIO CASTRO RAMÍREZ por  el  delito  de  homicidio culposo en la persona de Nelson          Enrique         Rincón         Pinilla.   

Verificado  este  aspecto,  se  entrará  a  analizar  el  cumplimiento  de  los  restantes  presupuestos  establecidos en el  artículo  42 de la Ley 600 de 2000, esto es, que el delito corresponde a alguno  de  los  relacionados  por  el  legislador  en  tal precepto, que se ha reparado  integralmente  el  daño  ocasionado  de  conformidad  con  el dictamen pericial  –a menos que medie acuerdo  sobre   su   valor   o   el   perjudicado  manifieste  expresamente  haber  sido  indemnizado– y que dentro  de  los cinco años anteriores no se ha proferido en otro proceso preclusión de  la  investigación  o  cesación  de  procedimiento  en  su  favor  por el mismo  motivo.   

          Así  las  cosas,  sin  dificultad  se observa que en este asunto se  presentan las siguientes circunstancias:   

i)           El delito objeto de acusación y fallo de  condena  en  contra  del  procesado es el de homicidio culposo, sin que le fuera  deducida  causal alguna de agravación punitiva específica de las contenidas en  el  artículo  110 de la Ley 599 de 2000, como quiera que fueron retiradas en el  preacuerdo  celebrado  entre  Fiscalía  y  procesado  con  el aval del juez del  conocimiento,  es  decir, tal conducta delictiva se encuentra dentro de aquellas  señaladas  en  el artículo 42 de la Ley 600 de 2000, respecto de las cuales es  procedente    la   extinción   de   la   acción   penal   por   indemnización  integral.   

ii)             Entre    las    únicas  víctimas  reconocidas en la actuación  por    la   muerte   de   Nelson   Enrique   Rincón  Pinilla,   esto   es,   sus  progenitores   Pablo   Emilio   Rincón   Pinilla   y   María   Inés  Pinilla  Guzmán,  a  través  de  su mandatario judicial, y la  compañía     aseguradora     SURAMERICANA     DE  SEGUROS, llamada a responder por el daño en virtud de  la  póliza  de responsabilidad civil extracontractual que amparaba el vehículo  conducido  por el procesado y en los términos del artículo 96 de la Ley 599 de  2000,  medió  acuerdo,  a través de contrato de transacción, acerca del monto  de  la  indemnización  de  perjuicios  a la que tienen derecho y en cuanto a su  cancelación.   

          Además  de  lo  anterior,  se  allegó  al  infolio  recibo de pago  suscrito  por  las referidas víctimas por la totalidad de la cantidad acordada,  con  lo  cual se entiende satisfecho el criterio de la Sala en cuanto a que para  conseguir  la  citada extinción de la acción penal por indemnización integral  es  preciso  que  de  manera  cierta  la  víctima  haya  sido restaurada en los  perjuicios  sufridos (En ese sentido, providencias del 21 de julio de 1998, rad.  9660;  24  de febrero del 2000, rad. 13711; 10 de noviembre de 2005, rad. 24032;  6  de  abril de 2006, rad. 25137; 21 de marzo de 2007, rad. 26581; 16 de mayo de  2007,  rad.  23323;  13  de abril de 2011, rad. 35946; 18 de abril de 2012, rad.  37316  y  30  de abril de 2013, rad. 41027). En igual dirección, en providencia  del   9   de   septiembre   de   2009,   rad.   32196,   se   acotó  sobre  ese  particular:   

Si  uno de los mecanismos a través de los  cuales  opera  esta figura, es la conciliación preprocesal, y las partes acuden  a  ese  escenario  con  miras  a lograr un acuerdo conciliatorio para superar el  conflicto  en  el  que  se  encuentran  involucradas,  surge  incuestionable que  si  el  querellado  no  cumple con lo pactado, no hay  opción   distinta   a   la   de  continuar  con  el  ejercicio  de  la  acción  penal.  Por tanto, no es posible admitir que en casos  como  el que ocupa la atención de la Sala, es suficiente que el victimario y la  víctima  acudan  a la audiencia de conciliación y simplemente hagan manifiesta  su  voluntad  de  llegar  a un arreglo, para considerar resuelto el conflicto y,  por  esa  vía,  obtener que la fiscalía proceda al archivo de las diligencias,  tal como lo sugiere el libelista.   

Con ese entendimiento no sólo se auspicia  que  los  infractores de conductas querellables evadan su responsabilidad penal,  suscribiendo   un   acuerdo   que   bien   pueden   no   cumplir,   en   abierta  contradicción   con  la  filosofía  del  actual esquema procesal penal en  punto  de  la posición privilegiada que otorga a las víctimas y, por esa vía,  la  satisfacción  plena  de  sus  derechos  a  la  verdad,  la  justicia  y  la  reparación,  que  traducen  el  derecho  a  conocer  qué  fue lo que realmente  ocurrió,  a  que  no  haya  impunidad  y a obtener una reparación integral del  daño causado.   

En  ese  orden, es importante precisar que  la conciliación, como mecanismo para la solución de  conflictos,  debe  entenderse  como  un  acto complejo, integrado por el acuerdo  entre   las   partes  y  el  efectivo  cumplimiento  de  lo  pactado,  porque  de otra forma, si se limita su ejercicio al cumplimiento  de  una formalidad, o si se entiende agotada con el simple acuerdo de voluntades  y  no  se  materializa  lo convenido, la aspiración de la víctima a obtener la  reparación   del   agravio   ocasionado  con  la  conducta  punible,  se  torna  inocua” (subrayas fuera de  texto).   

iii)          De otra parte, amén de que no obra en el  diligenciamiento  anotación  alguna  en el sentido de que en contra del acusado  se  haya  proferido  resolución inhibitoria, preclusión de la investigación o  cesación  por  este  motivo,  dentro  de  los 5 años anteriores, se allegó al  diligenciamiento     oficio  de  fecha  23  de  julio del año en  curso,  firmado  por  la coordinadora de la Unidad de Antecedentes y Anotaciones  Judiciales  de  la  Fiscalía General de la Nación, encargada de dicho registro  (SIAN),   según   el   cual   no  figuran  para  el  procesado  anotaciones  al  respecto2.   

iv)          Así  mismo,  no  obran  en  contra  del  procesado         antecedentes        penales3.   

         Por  consiguiente,  advierte la Colegiatura cumplidas las exigencias  dispuestas  en  el  artículo  42  de  la  Ley  600 de 2000 para declarar que se  encuentra  extinta  la acción penal derivada del delito de homicidio culposo en  la   persona   de   Nelson  Enrique  Rincón  Pinilla  por    el    cual    fue    acusado    ANDRÉS  MAURICIO  CASTRO  RAMÍREZ y, por  tanto,  se  impone  decretar  la  cesación  del  procedimiento adelantado en su  contra  de  conformidad  con  lo  señalado  en  el  artículo  39  ejusdem,  dado  que  la  acción penal no  puede proseguirse por motivo de su extinción.   

De  lo  aquí  decidido  debe informarse al  Centro  de  Información  Sobre  Actividades  Delictivas (CISAD) de la Fiscalía  General  de  la Nación para los fines señalados en el inciso 3º del artículo  42 de la Ley 600 de 2000.   

Resta  señalar  que  será del resorte del  juez  de  primera  instancia  proceder  a  la  cancelación  de  los compromisos  adquiridos  por  el  incriminado  en  razón de este diligenciamiento y que esta  determinación  no  afecta  la  privación  de  la  libertad en su domicilio por  razón  de  las  conductas  que se siguen en su contra respecto de las víctimas  Jeisson   Andrés   Morales   Rivera   y  Edisson Alexánder Badillo,  por  las  cuales  el  Tribunal  decretó  la ruptura de la unidad  procesal.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

     

1. 1.    INADMITIR  la  demanda de casación presentada por el defensor de  ANDRÉS  MAURICIO  CASTRO  RAMÍREZ, por  las razones consignadas en la anterior motivación.     

         

De conformidad con lo dispuesto en el inciso  segundo  del  artículo  184  de la Ley 906 de  2004, contra esta decisión  procede la insistencia.   

         2.        DECLARAR   extinta   por   indemnización  integral  la  acción  penal  derivada  del  delito  de  homicidio culposo en la  persona  de Nelson Enrique Rincón Pinilla  por  el  cual  se  acusó  al  procesado  ANDRÉS  MAURICIO  CASTRO  RAMÍREZ, de conformidad con  lo expuesto en la parte motiva de esta decisión.   

3.            DECRETAR,  en  consecuencia,   la   preclusión  de  investigación  en  favor  del  mencionado  ciudadano  respecto  de  dicha  actuación, según los motivos expuestos en esta  providencia.   

4.           REMITIR copia de  esta  providencia al Centro de Información Sobre Actividades Delictivas (CISAD)  de   la   Fiscalía  General  de  la  Nación  para  los  fines  legales  de  su  interés.   

5.            PRECISAR  que  corresponde  al  juez  de  primera  instancia  proceder a la cancelación de los  compromisos    adquiridos    por    el    procesado    en    razón    de   este  diligenciamiento.   

         

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 En la  providencia  aparece  erróneamente  como  fecha el 14 de febrero de 2013.    

2 Cfr.  Fol. 27 del cuaderno de la Corte.   

3  Ibídem.     

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