AP4956-2014(44311)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP4956-2014  

Radicación N° 44311  

Aprobado acta No. 280.  

Bogotá,  D.C., veintisiete (27) de agosto de  dos mil catorce (2014).   

V I S T O S  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  instaurada  por  el  defensor  de  PEDRO  ENRIQUE  FERNÁNDEZ  VERGARA,  en  contra  de la sentencia  proferida por el Tribunal Superior de Montería       el      27         de        mayo       de       2014,    que  confirmó  la que a su vez  había     dictado    el    Juzgado    Segundo  Promiscuo  Municipal  de  Chinú  el  2  de abril hogaño,  mediante  la  cual  se  decidió  condenar  a  aquél  como autor del    delito    de    Estafa.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos     

En   la  sentencia  impugnada  se  enuncian  como  hechos  penalmente  relevantes los siguientes:   

Según  denuncia  presentada por la señora  EDITH  AGUIRRE  CASARRUBIA,  manifestó  que  el señor PEDRO ENRIQUE FERNÁNDEZ  VERGARA,   le  propuso  realizar  un  negocio  consistente  en  que  la  primera  constituye  por  medio  de  documento  privado,  una  hipoteca abierta al señor  Fernández  Vergara,  por  la suma de QUINCE MILLONES DE PESOS ($15.000.000.oo).  Que  en  dicho  documento se plasmó que el préstamo tendría un término de un  año  a  partir  de  la firma del presente documento, con los intereses actuales  vigentes,  y  que  al  momento  de  la  presente  denuncia  el  denunciado no ha  cancelado   ni  capital  ni  tampoco  intereses.  El  bien  objeto  del  negocio  jurídico,   es   un  bien  inmueble  con  todas  sus  ampliaciones,  mejoras  y  anexidades,  ubicado en el corregimiento de Petaca, del municipio de San Andrés  de  Sotavento, consistente en una extensión aproximada de 13.444 mts cuadrados,  es  decir,  un poco más de una hectárea. Resulta que este mismo bien que viene  descrito  anteriormente y que supuestamente se había hipotecado por parte de la  señora  Aguirre Casarrubia, ya lo habían enajenado, pero con anterioridad a la  celebración  del  negocio  entre  aquellos,  es  decir,  se  había vendido con  anterioridad   a  la  fecha  de  creación  del  documento  privado;  el  señor  Fernández  celebró  hipoteca  abierta con la señora  Edith   Aguirre,   cuando   el   bien   no   era  de  su  propiedad.    

    

1. Procesales     

El 20 de octubre  de  2011  en  audiencia  celebrada ante el Juzgado Promiscuo Municipal de Chimá  con  función  de  control  de  garantías,  la Fiscalía formuló imputación a  PEDRO ENRIQUE FERNÁNDEZ VERGARA por el delito de Estafa.   

Luego,  el 17 de  noviembre  de  2011, la Fiscalía presentó escrito de  acusación  por  el  delito  imputado. El 21 de junio  y  el  25 de septiembre de  2012  se  realizaron  las  audiencias  de  formulación  de  la  acusación y la  preparatoria, respectivamente.    

El Juicio Oral se  llevó  a  cabo  el  11  de  marzo de 2014, al final del cual el Juzgado Segundo  Promiscuo    Municipal    de    Chinú    (Córdoba)    anunció    sentido  condenatorio del fallo y del mismo se dio lectura íntegra  en  audiencia del 2 de abril de 2014. Contra esa sentencia el defensor interpuso  recurso     de     apelación     que    sustentó,  después,  por  escrito.   

La     impugnación     fue    resuelta   por   el   Tribunal   Superior   de   Montería      el      27         de         mayo   de  2014  confirmando  el  fallo  condenatorio.  Esta  decisión  fue  objeto  del  recurso  de  casación  por el  defensor,  el  cual sustentó mediante la respectiva demanda presentada el 21 de  julio   de  la  presente  anualidad.   

L A  D E M A N D A  

En  un  primer  capítulo se identifican los  sujetos  procesales, los hechos, la actuación procesal, la sentencia de primera  instancia,  la  sustentación del recurso de apelación que interpuso la defensa  contra  aquélla,  la posición asumida por los no recurrentes y, finalmente, la  sentencia   de   segunda   instancia   cuyo   contenido   fue  trascrito  en  su  integridad.   

Posteriormente,  expresa  que  la  causal de  casación  y  el  cargo propuesto es el manifiesto desconocimiento de las reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre la cual se ha fundado la  sentencia  (causal 3ª del art. 181 C.P.P.). Luego de reiterar transliteraciones  de  la  sentencia,  afirma  que  se  valoró  en forma errónea la prueba que la  fundó  “(la  hipoteca  de  un  bien  inmueble  que  supuestamente  para  el  momento del préstamo era de propiedad del acusado.)”  y  que  ni  siquiera  se compararon los inmuebles para  determinar si era el mismo.   

Asegura que si el fallador hubiese analizado  las  pruebas con sana crítica y objetividad la decisión era absolutoria porque  el  presupuesto  de la condena fue que al momento de suscribir la hipoteca sobre  el  inmueble,  éste  ya  no  era  del procesado, lo cual, advierte “es  falso  de toda falsedad”, pues si  se  comparan  las  medidas,  cabida,  ubicación y linderos se demuestra que son  bienes  diferentes  (i)  el  inmueble  hipotecado  el  28 de octubre de 2008 que  sería  el  mismo  que  fue comprado por el enjuiciado el 24 de julio de 2004, y  (ii)  el  inmueble  objeto  de compraventa el 25 de noviembre de 2008 en negocio  celebrado  entre IGNACIO PÉREZ (vendedor) y EDIN RENDÓN (comprador). El único  punto  en  común  de  tales  inmuebles  es  que  ambos  fueron  segregados  del  matriculado con el No 144-5287.   

Critica  que  se  haya  concluido  que  la  certificación  expedida  por  la  Notaría  Única  de San Andrés de Sotavento  (Córdoba)   demuestra   que   el  procesado  había  vendido  el  inmueble  con  anterioridad  al  momento  de  hipotecarlo, pues ese documento se refirió a uno  ubicado  en el corregimiento de la cruz del guayabo que es diferente al lugar de  ubicación  del  hipotecado.  Además,  continúa,  se  desconoció  que  a Edin  Rendón  le  vendió  fue Ignacio José Pérez Martínez y no el implicado, así  como  que  el  objeto  de  esa  venta  era  un  bien raíz diferente a aquel que  constituyó la garantía del préstamo de dinero.   

Por  último,  estima el demandante que otro  hecho  generador  de  la  causal tercera fue haber indicado que existió dolo al  momento  de  constituir  la  hipoteca  a  sabiendas  que  el  bien no podía ser  rematado  en  caso de incumplimiento. La razón de esa aseveración es que en la  cláusula   tercera   del   contrato   se  habría  establecido  que  el  deudor  respondería  no  solo  con  la  garantía sino con todos sus bienes presentes y  futuros,  por  lo  que  la  acreedora ha podido recuperar su dinero y no lo hizo  utilizando  así  “la  vía  penal para el cobro de  obligaciones civiles”.     

C O N S I D E R A C I O N E S  

De  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  184 del Código  de    Procedimiento    Penal   de   2004  (en  adelante  C.P.P./2004),    la    Corte   examina   la   demanda   de  casación  interpuesta  por  el  defensor  de  PEDRO    ENRIQUE   FERNÁNDEZ   VERGARA  con  el  objeto  de  determinar  si  es  admisible  o no, lo cual  dependerá  del cumplimiento de los requisitos consagrados en el citado estatuto  para ese acto procesal.   

1.   Cuestión  previa   

Con    la  entrada    en    vigencia    de   la   Ley  906 de 2004 se afianzó la   naturaleza  de  la  casación  como  mecanismo  de  control  constitucional y legal, en  virtud  de  lo cual se amplió su procedencia a todas  las  sentencias de segunda instancia, sin importar la  categoría  del  juez  que  las  profirió  o  la  pena prevista para el delito,  siempre   y   cuando   se   adviertan   violaciones  a  derechos  o garantías fundamentales (art. 181) y  se  persiga  la  consecución  de  uno  cualquiera  de los fines previstos en el  artículo  180  ibídem:  la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  éstos,  y, por último,  la unificación de la jurisprudencia.   

La  redefinición  legal  del  ámbito  material  y  teleológico  de  la  casación, como era  lógico,  trajo  consigo  la  adscripción  de  nuevas  facultades  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia,  entre  las  cuales  vale la pena destacar: en primer  lugar,  la  de  superar  los  defectos  de  la  demanda  para  decidir  de fondo  atendiendo  a  los  fines  de  la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición  del  impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de la controversia  planteada  (art.  184); y, en segundo lugar, se previó la potestad de dictar un  “fallo  anticipado”  cuando  por  razones  de  interés general la Corte, en  decisión    mayoritaria   de   la   Sala,   priorice   los   turnos    para    convocar   a   la   audiencia   de   sustentación   y  decisión        (art.        191).   

En  todo caso,  sin  perjuicio  de  la  facultad  especial de soslayar los defectos formales, la  demanda   habrá  de  inadmitirse  por  auto  debidamente  motivado  que  admite  “recurso  de  insistencia”  presentado  por  alguno de los magistrados de la  Sala  o por el Ministerio Público, en las hipótesis previstas en el inciso 2º  del  precitado  artículo  184,  a  saber:  si el demandante carece de interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los cargos de sustentación o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo para  cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

En   ese   contexto   legal,   la   Corte   ha   decantado  unos  presupuestos    mínimos    de    admisibilidad    de   la   demanda:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso  en  el  ya  citado  artículo  180  de  la  Ley 906 de 20041.   

Establecidas   las   premisas   básicas  del    examen    constitucional    y   legal   que  corresponde,      la      Sala      abordará  el estudio de la demanda de  casación.   

2. Caso concreto  

Sea  lo  primero  advertir que,   conforme   a   lo   establecido   en   el  artículo  205  del  C.P.P./2000,  el recurso de casación interpuesto es  procedente  por  la  única  razón  de que     se    dirige    contra    una    sentencia    de   segunda  instancia  dictada   en   un   proceso   penal,  como  fue  la  proferida  el  27   de   mayo  de 2014 por el Tribunal Superior  de  Medellín mediante la  cual    confirmó   la   del   Juzgado  Segundo  Promiscuo  Municipal  de  Chinú,  en  el  sentido  de condenar a PEDRO  ENRIQUE  FERNÁNDEZ VERGARA como  autor      del     delito     de     Estafa.   

Además, resulta  evidente    que    al    demandante   se  encuentra  plenamente  legitimado  para  recurrir en casación  conforme  lo  establece  el  artículo  182   del   C.P.P./2004,  pues,  en  primer  lugar,  fue  una  de las partes en la contienda  procesal  (la  defensa) o un “interviniente” como genéricamente lo cataloga  dicha  norma,  y,  en  segundo  lugar, le asiste interés jurídico porque  la providencia judicial impugnada (sentencia condenatoria)  produce       consecuencias       notoriamente       adversas       al     procesado,     por  vía  de  la  imposición  de  sanciones penales privativas o  limitativas        de        sus        derechos       fundamentales.      

A  pesar  de  esos  iniciales  aciertos,  la  demanda  de  casación es inadmisible por las siguientes razones: a) no acredita  el  agravio a los derechos o garantías producido con la sentencia impugnada; b)  omite  fundamentar  la  necesidad  del fallo de casación para lograr una de las  finalidades  previstas  en  el artículo 180 del C.P.P./2004; y, por último, c)  no  desarrolla el cargo de sustentación ni la eventual trascendencia del mismo,  además  la  argumentación  es  imprecisa y ambigua. A continuación se explica  cada una de tales afirmaciones:   

2.1 No se acreditó agravio a los derechos o  garantías fundamentales producido por la sentencia.   

El  demandante  ni  siquiera  invocó  como  vulnerado  un  derecho o garantía fundamental, mucho menos presentó argumentos  tendientes  a  demostrar  la  ocurrencia de una tal infracción producida por la  sentencia.  Por  el  contrario,  se  limitó  a  exponer  su  desacuerdo  con la  apreciación  probatoria  realizada  por las instancias, cuando el artículo 181  de  la Ley 906 de 2004 exige no la mera desvaloración subjetiva de la sentencia  ni  razonamientos  abstractos  al  respecto,  sino la acreditación de que ésta  representó   una   afectación  de  derechos  y  garantías,  como  presupuesto  inexorable  de procedencia del control extraordinario. Es decir, se requiere que  el mero desacuerdo se objetive en un perjuicio acreditado.   

2.2 La demanda no justifica la necesidad del  fallo de casación para lograr una de las finalidades del recurso.   

Al  inicio  se  advirtió  que  el código  procesal  de  2004  amplió  el ámbito material de la casación para admitir su  procedencia  frente  a  todas  las  sentencias  de  segunda instancia, y que esa  extensión   se   acompasó   con   nuevas   facultades   especiales  para  esta  Corporación.  De  igual  manera,  la  reforma legal implicó la adscripción de  cargas  argumentativas más estrictas para el demandante; así pues, junto a las  ya  tradicionales  exigencias  de  debida postulación del cargo suficientemente  desarrolladas  por  esta  Corporación  frente  a  cada  una  de las causales de  casación,  se  requiere  ahora,  con  mayor  ahínco, la fundamentación de los  fines  que  pretenda  alcanzar  el recurrente, tal y como lo prevé el artículo  184 pluricitado en su inciso 3º.   

Sin necesidad de  mayores  análisis,  se  observa  que el libelo bajo  examen  incurrió  en omisión absoluta de argumentos tendientes a establecer la  necesidad  constitucional  y  legal  de  abordar  el  estudio  de la pretensión  casacional,  a  partir  de  una  de  las  precisas  finalidades  previstas en el  artículo  180  de  la  Ley  906  de 2004. En efecto, ninguna razón contiene el  texto  de  la  demanda  sobre  la necesidad de lograr la efectividad del derecho  material,   o  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  o  la  reparación  de  agravios  inferidos,  o  la  unificación de la jurisprudencia.   

El  incumplimiento  de uno de los presupuestos esenciales de la casación como es el  de  su  fundamentación  teleológica, sin que tampoco se advierta oficiosamente  la   adecuación  de  un  fallo  para  cumplir alguna de sus legítimas finalidades; no puede generar sino  su  inadmisión,  no obstante lo cual se continúa el  abordaje         de        la  impugnación               propuesta  con  el  objeto  de  advertir las demás razones que, igualmente, devienen en el  efecto jurídico contrario a los intereses del censor.   

2.2  La  demanda no desarrolló el cargo de  sustentación  ni  su  eventual  trascendencia.  Además es imprecisa y ambigua.   

Se  invocó  genéricamente  la  causal  de  casación  prevista  en  el  numeral  3º  del artículo 181 del C.P.P./2004, es  decir,  “El manifiesto desconocimiento de las reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre la cual se ha fundado la  sentencia.”,  sin  especificar  una  de las plurales  hipótesis  o  cargos  susceptibles de configurar una violación indirecta de la  ley  sustancial  al  amparo de la referida causal. Ha de recordarse que en ésta  se  implican  todas  las especies de yerros en que puede incurrir el juzgador ya  sea  en la producción o en la apreciación de la prueba fundante del fallo, los  cuales  pueden ser, a su vez, de dos clases: 1) Errores de derecho (falso juicio  de  legalidad y falso juicio de convicción) y 2) Errores de hecho (falso juicio  de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio).   

Ninguno de tales cargos específicos adujo el  demandante  y  mucho  menos suministró argumentos que por su evidencia pudieran  ubicarse  con  absoluta  claridad  y  precisión  en  una  de las categorías de  errores  de  hecho  o  de  derecho  antes reseñados, lo cual es suficiente para  desestimar   la   demanda.   Por  el  contrario,  se  dedica  a  lanzar  ataques  indiscriminados  contra  las  motivaciones  de la sentencia a manera de disensos  axiomáticos,  genéricos  y muchas veces hasta ininteligibles, en los cuales se  evidencia  el deseo de utilizar la sede de la casación para prolongar el debate  de  las  instancias  con  absoluto  desconocimiento  de las reglas y del ámbito  limitado   del   recurso   extraordinario.   Obsérvense   los   argumentos   de  sustentación del impugnante:   

1.  En  primer  lugar,  afirma  la  demanda  “…  se  evidencia  que  se incurrió en la causal  tercera  ya  que  se  valoró  en  forma  errónea  la  prueba que se basó para  proferir  la  sentencia  (la hipoteca de un bien inmueble que supuestamente para  el   momento   del   préstamo  era  de  propiedad  del  acusado)”,  luego  trascribe  una frase de la sentencia en la que se concluye  que  dicho  bien  había  sido  enajenado  previamente al recibo de dinero de la  denunciante  y  finaliza reclamando que “Ni siquiera  se  compararon  los  inmuebles  en  sus  características cabida y linderos para  determinar si era el mismo;…”.   

Se censuraría así la existencia de un error  en  la valoración de la prueba fundante de la sentencia que, al parecer, dio al  traste  con  la  conclusión  que  trascribe, sin que siquiera identifique cuál  sería  ese  medio  cognoscitivo esencial, cuál su contenido objetivo, cuál el  que  infirió  el  juez  y  sin  que,  en  términos generales, explique en qué  habría  consistido  el  yerro  de  apreciación  probatoria,  si  de hecho o de  derecho,  mucho menos las normas sustanciales que habrían resultado infringidas  por  la  vía  indirecta.  Además,  al  final  manifiesta  una mera aspiración  intrascendente  porque  en  el  fallo  se  concluyó  que el bien ofrecido “en  garantía”  por  el  procesado  coincide  con  el  que  había  enajenado  con  anterioridad.   

2.  En  segundo  lugar,  asegura  que  si el  fallador  hubiera analizado las pruebas “con la sana  crítica  y  objetividad”,  la  conclusión  era una  decisión  absolutoria  porque  el  presupuesto  de la condena fue la pretendida  constitución  de  la  hipoteca sobre el inmueble, cuando el procesado ya no era  su  propietario  (en estricto sentido, su poseedor), lo cual pretende desvirtuar  mostrando  una  comparación  entre  los  linderos,  cabida  y ubicación de los  siguientes  inmuebles:  (i) el hipotecado el 28 de octubre de 2008 que sería el  mismo  que  había  sido  adquirido  por el enjuiciado el 24 de julio de 2004, y  (ii)  el  vendido  por Ignacio Pérez a Edin Rendón el 25 de noviembre de 2008.  Finalmente,  advierte que el único punto en común de tales bienes es que ambos  fueron  segregados  del que aparece matriculado con el No 144-5287 con idéntica  superficie (13.444 metros).   

Nuevamente  el  argumento  del recurrente es  genérico  e  inmotivado,  pues  dirige  un achaque indiscriminado contra “las  pruebas”  sin  especificar ninguna y alegando un desconocimiento de las reglas  de  la  sana  crítica en su apreciación sin determinar el principio vulnerado,  si  un  postulado  lógico,  si  una  ley  científica  o  si  una  regla  de la  experiencia.   En  lugar  de  ello,  se  limita a confrontar la tesis de la  identidad  del bien que fue vendido previamente por el enjuiciado con el que fue  objeto  de  una pretendida hipoteca, a partir de un personal razonamiento que se  funda  en pruebas supuestas porque jamás fueron aducidas al proceso, tales como  son  la  Escritura  Pública  No  15  del 7 de marzo de 1989 y el Certificado de  Tradición No 144-5287.   

3. En tercer lugar, critica se haya concluido  que  la  certificación  expedida  por  la  Notaría  Única  de  San Andrés de  Sotavento  (Córdoba)  demuestra que el procesado había vendido el inmueble con  anterioridad  al  momento  de  hipotecarlo, pues tal documento se refirió a uno  ubicado  en el corregimiento de la Cruz del guayabo que es diferente al lugar de  ubicación   del   hipotecado.   Además,   reprocha   que    se  haya  desconocido  que fue Ignacio Pérez Martínez quien le vendió a Edin Rendón un  bien  raíz  y  que  este era diferente a aquel que constituyó la garantía del  préstamo de dinero.   

Este  reclamo  constituye  una  petición de  principio  en  el  sentido  en  que  arriba  una  conclusión  consistente en la  errónea  apreciación  de  una  certificación  notarial  sin que demuestre las  premisas  y  sin  que siquiera las identifique (un error de hecho o de derecho),  cuando  tales  cargas argumentativas son insoslayables a la hora que se pretenda  acreditar  un  vicio  en la sentencia capaz de variar el sentido de la decisión  que  contiene. Entre otras cosas, el solo argumento es abiertamente impertinente  porque  la  tesis  que  pretende  demostrar es que el procesado nunca vendió el  inmueble  que  a través de un documento privado “constituyó en hipoteca” a  favor  de  su  acreedora  Edith  Aguirre Casarrubia, mientras que la que, por lo  menos  en  apariencia, demuestra  con su análisis es que este último bien  es    distinto    al    que    enajenó   con   posterioridad   Ignacio   Pérez  Martínez.        

4. Por último, el demandante considera que  “Otro  hecho  generador de la causal tercera fue la  indicación  de  que  existió  dolo al momento de crear la hipoteca a sabiendas  que     ese     inmueble     no    podía    ser    rematado    en    caso    de  incumplimiento”,  cuando  en el contrato de mutuo el  deudor  (procesado) se comprometió a responder con todos sus bienes presentes y  futuros.  De  igual  forma,  reprocha que la denunciante haya optado por la vía  penal para obtener el cumplimiento de una obligación civil.   

Véase  que  ningún  yerro  de  hecho o de  derecho  sobre el proceso de apreciación probatoria destaca el impugnante en el  argumento   de   sustentación   trascrito;  por  el  contrario,  manifiesta  un  desacuerdo  genérico  e  infundado respecto de la conclusión de una actuación  dolosa  por  parte  del  procesado  a  la  que  arribó el juzgador sin siquiera  señalar  cuál  habría  sido la prueba erróneamente valorada. Adicionalmente,  la  única  razón que de su afirmación suministra es impertinente porque no se  entiende  cómo  la  existencia  de bienes sobre los cuales la acreedora pudiera  reclamar  el  cumplimiento  de  la  obligación,  desvirtuaría  la realización  (dolosa)  de  una  conducta punible de Estafa consistente en obtener un provecho  ilícito  con  perjuicio  de la denunciante, induciéndola en error por medio de  artificios o engaños.     

3. Conclusión  

El demandante no acreditó la existencia de  un  agravio  a  los  derechos  y  garantías  fundamentales  del  procesado,  no  justificó  la necesidad de un fallo de casación y tampoco desarrolló un cargo  de   sustentación.   En  su  lugar,  pretende  utilizar  la  sede  del  recurso  extraordinario  para continuar el debate de las instancias y exponer desacuerdos  genéricos  e  infundados  con  las  conclusiones  probatorias  de la sentencia.   

4. Precisiones finales  

De   acuerdo  con  las  consideraciones  expuestas,  la  Corte  inadmitirá  la  demanda  de casación presentada por el defensor del       acusado      PEDRO  ENRIQUE  FERNÁNDEZ  VERGARA, no  sin       antes       reiterar      que            examinada   la   actuación   en   lo  pertinente,     no     se     observó     la    presencia    de    alguna   de  las  hipótesis  que  le  permitirían  superar  sus defectos para decidir de fondo, de conformidad con el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Finalmente,  se           advierte          que, de conformidad con lo previsto en  el   inciso   2º   del   artículo   184   del   C.P.P./2004,   en  contra  de este proveído procede  la  insistencia,  en los  términos    ampliamente    decantados    por   la  jurisprudencia de la Sala.   

D  E             C             I             S             I             Ó             N   

En  mérito  de lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado PEDRO  ENRIQUE  FERNÁNDEZ  VERGARA,  de  acuerdo a las motivaciones antes expuestas.   

Contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  CSJ  AP, 13 de julio de 2007, Rad. 27.737, y CSJ AP,  23 de julio de 2007, Rad. 27.810.     

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