AP4468-2014(43981)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP4468-2014  

Radicación     n°     43981   

(Aprobado Acta No.  243)   

Bogotá,        D.C.,        treinta (30) de Julio de dos mil catorce (2014).   

V   I   S   T   O  S   

Decide la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de Víctor Augusto Granados  Guerrero  contra la sentencia dictada por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá,  por  cuyo medio se confirmó integralmente la proferida por el Juzgado  37  Penal  del  Circuito de Conocimiento de esta capital, que lo condenó por el  delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.    

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

         1.  Los primeros fueron sintetizados por  el ad quem de la siguiente manera:   

Los hechos se circunscriben a que el día 30  de  septiembre  de 2013, en diligencia de registro y allanamiento llevada a cabo  en  el  inmueble  ubicado  en  la  calle  44A  Sur  No.  68B-25  de  esta ciudad  –donde  previamente  se  tenía   información   de   que   se   vendía[n]   estupefacientes–, a VÍCTOR AUGUSTO GRANADOS GUERRERO  se  le  halló  una  bolsa  plástica  –que    él   mismo   alcanzó   a   arrojar   al   piso– con 7 envolturas, y otra bolsa en el  interior  de la vivienda, ambas contentivas de cocaína, cuyo peso neto total se  determinó en 12.4 gramos.       

2.   Por  los  anteriores  hechos,  el  1º  de  octubre  de  2013,  ante  el  Juzgado 21 Penal  Municipal  con Función de Control de Garantías de Bogotá, una vez legalizadas  la  diligencia  de  allanamiento  y  la  captura  en situación de flagrancia de  Víctor  Augusto  Granados  Guerrero,  la Fiscalía le formuló imputación como  autor  del  delito  de  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes (art.  376,    inc.    2º,    del   C.P.),   en   la   modalidad   de   «conservar,  almacenar  y  vender»; quien  aceptó los cargos.   

         Seguidamente,  a  petición del representante del ente acusador, se  le  impuso  medida  de  aseguramiento  privativa  de  la libertad en su lugar de  residencia.       

         

         3.  El  6  de  febrero  de 2014, ante el  Juzgado  37  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento  de  Bogotá, se cumplió la  audiencia  en  la que se verificó la legalidad del allanamiento y se escuchó a  las  partes para los fines señalados en el artículo 447 de la Ley 906 de 2004,  luego  de  lo  cual  se  dictó  sentencia  en  la  que se condenó al procesado  Granados  Guerrero  a  las  penas principales de 56 meses de prisión y multa de  1.75  SMLMV,  así  como  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo término de la privativa de la  libertad,  como  autor  del  delito  por  el  que  se  allanó, negándosele los  mecanismos  sustitutivos  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena y la prisión domiciliaria.   

         4.  Apelado el fallo por el defensor del  incriminado,  en  sentencia  adiada  28 de marzo de 2014 el Tribunal Superior de  Bogotá lo confirmó en su integridad.   

         5.  Contra  la  anterior  decisión,  el  abogado  que  representa  los  intereses del acusado Granados Guerrero interpuso  recurso de casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Prescindiendo  de referirse a los fines que  pretende  alcanzar  con  el  recurso  extraordinario,  el  demandante formula un  reproche  contra  la  sentencia de segundo grado, al amparo de la causal tercera  prevista  en  el  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, que se sintetiza de la  siguiente manera:   

         Cargo  único. Acusa al Tribunal de haber  incurrido  en  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  originada en  «errores  de  hecho y de derecho por falso juicio de  existencia,  de  una  parte,  y  falso  juicio de convicción, de otra, frente a  diferentes  pruebas»,  lo cual condujo a la falta de  aplicación  de los artículos 7, 373, 380, 381 y 437 de la Ley 906 de 2004, y a  la   aplicación   indebida   de   los   preceptos   9,   10   y  «206»  del Estatuto Punitivo.   

    

         Señala  que  en el fallo confutado se omitió analizar las pruebas  aportadas  en  la oportunidad correspondiente, tendientes a acreditar la calidad  de  padre  cabeza  de familia del procesado Granados Guerrero, y aun cuando dice  no  desconocer la gravedad de la conducta por la que se condenó a su prohijado,  estima  que  tampoco  puede  dejarse de lado «que las  personas  que  eventualmente son distribuidoras de dicha sustancia, son aquellas  que  carecen  de recursos económicos, de empleo, personas que se encuentran con  una  serie  de  dificultades», como afirma, acontece  con  el  supranombrado,  quien ante la falta de trabajo en su oficio de vendedor  de     madera,    se    convirtió    en    «presa  fácil»      de      quienes     dirigen     tal  delincuencia.               

         Disiente  de las conclusiones de los juzgadores de instancia, en el  sentido  de que el desempeño de todo orden de su defendido es indicativo de que  colocará  en peligro a la comunidad y evadirá el cumplimiento de la pena, pues  considera  que  no  hay sustento probatorio para arribar a tal aserto, amén que  agrega,  el  hecho  de  que  el  procesado  hubiera  aceptado  los  cargos en la  audiencia  de  formulación  de imputación, aunado a la carencia de antecedente  penales  y  al  cumplimiento  de  los  compromisos adquiridos al imponérsele la  detención     domiciliaria,     son     circunstancias    que    sugieren    lo  contrario.     

         Insiste  en  que  su  representado es una víctima más del negocio  del      comercio      de     sustancias     estupefacientes,     «promovida  por  los grandes distribuidores que efectivamente causan  esa  conmoción  en  nuestra  comunidad»,  de  quien  afirma,  también  es  adicto  al  consumo  de  drogas,  por lo cual dice, no le  resultan  aplicables  los  argumentos  de  los  falladores  en  relación con la  gravedad  del  comportamiento  por  el que fue condenado y, anota, que las penas  más  graves deben imponerse a aquellos que organizan dicha actividad delictiva,  en   tanto  que  a  quienes  son  utilizados  como  distribuidores,  carecen  de  antecedentes  penales,  tienen  arraigo  y  colaboran  con la administración de  justicia,   se   les   deben   aplicar  penas  menos  severas  y  concedérseles  beneficios.           

         Añade  que  a  su prohijado le fue negado el mecanismo sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria  como  padre  cabeza  de familia, no obstante las  pruebas  que acreditan tal condición, las cuales afirma fueron desconocidas por  los  juzgadores  de instancia, quienes se concentraron en el peligro que para la  comunidad  supuestamente  representa  el acusado Granados Guerrero, así como en  la  gravedad  de  la  conducta  por  la  cual  se le condenó, manifestada en la  modalidad  de comercialización de la sustancia prohibida, pero desconocieron la  actitud  asumida  por  su defendido después de ocurrida su captura, como fue la  de  aceptar  los  cargos  en  la  primera  oportunidad  procesal  y  cumplir las  obligaciones  inherentes  a  la  detención  domiciliaria,  además  de  su buen  comportamiento                 anterior                 al                 hecho  juzgado.               

         Agrega  que  con  las pruebas aportadas por la defensa se demuestra  que  el  procesado es padre del menor Kevin David Granados Castillo, quien junto  a  su  progenitora  están a su cargo, puesto que ésta padece graves afecciones  de  salud  que  le impiden cuidar del niño, razones que estima suficientes para  que  se  reconozca  a  favor  del  incriminado  el mecanismo sustitutivo dada su  condición  de  padre  cabeza  de  familia,  con fundamento en lo cual pide a la  Corte   que   «revoque   la   sentencia  objeto  de  impugnación»  y,  en  su  lugar,  reconozca  a  su  defendido    el   subrogado   de   la   prisión   domiciliaria   «conforme  lo  establecido  en  el  artículo 38 del Código Penal o  como  padre  cabeza  de  familia»,  por reunirse los  requisitos legales para ello.        

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.  Conforme  a la normativa recogida en  el  Código  de  Procedimiento  Penal de 2004, la casación se establece con una  doble   connotación,  tanto  de  control  constitucional,  como  legal  de  las  sentencias   proferidas   en   segunda  instancia,  en  orden  a  consolidar  la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia.      

Ahora bien, sin perjuicio de la facultad que  la  ley otorgó a la Sala de Casación Penal de la Corte de superar los defectos  de  la  demanda para decidir de fondo en aquellos eventos en que los fines de la  casación,  su  fundamentación,  posición  del impugnante dentro del proceso e  índole   de   la   controversia   planteada,   así  lo  ameriten,  el  recurso  extraordinario  no  es  un  mecanismo  carente de rigor.       

En  efecto,  la  casación  penal  no puede  entenderse  como  una  instancia  adicional  para  debatir  aspectos  que fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso; ni  la  demanda  puede  elaborarse utilizando un discurso de libre composición, por  el  contrario, dado el carácter extraordinario y rogado del recurso, en el cual  se  examina  la legalidad de la sentencia, está ligado a causales taxativas que  tienen  contenidos  propios,  referidas  a  vicios  sustanciales  o  procesales.  Además,  en  el  desarrollo  de  cada  uno  de los reparos formulados, se deben  cumplir  unos  requisitos  mínimos  de lógica y adecuada fundamentación, cuyo  desconocimiento  conlleva  a su inadmisión, como lo establece el inciso 2º del  artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004.   

Es  así  que  según  el  citado precepto,  mediante  decisión  motivada  la  Corte  está  facultada  para  no seleccionar  aquellas  demandas  que se encuentren en cualquiera de los siguientes supuestos:  «Si  el  demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla los cargos de sustentación o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  algunas  de las finalidades del recurso.»     

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si lo advierte necesario en orden a garantizarlos; y de igual forma,  no   obstante   cumplir   el   libelo   los   requisitos  de  lógica  y  debida  fundamentación,  procede  su  inadmisión  si de acuerdo con dichos fines no se  precisa de un fallo de mérito.    

2.  De  entrada  advierte  la  Sala  que  el  libelista se abstiene de indicar cuál de los fines  contemplados  en  el artículo 180 de la Ley 906 de 2004 persigue con el recurso  extraordinario,  de qué manera la sentencia confutada afectó las garantías de  su   representado  o  por  qué  la  Corte  debe  intervenir  para  asegurar  la  efectividad  del  derecho  material, reparar los agravios inferidos al acusado o  unificar  la  jurisprudencia, circunstancia que por sí sola comporta el rechazo  de  la  demanda,  según lo tiene decantado la jurisprudencia de la Corporación  (CSJ  AP,  18  Abr.  2012,  Rad. 38678 y CSJ AP, 30 Abr. 2014, Rad. 43428; entre  otros).   

3. Al margen de lo  antedicho,  la  demanda  no cumple las mínimas exigencias de lógica y adecuada  fundamentación,  constituyendo  un mero alegato de instancia donde, no obstante  proponerse  un cargo, el impugnante no acierta en su postulación ni mucho menos  en  su demostración, limitándose a lanzar críticas personales a los fallos de  instancia,   falencias   que   conducen   a   su   inadmisión,  según  pasa  a  explicarse.       

3.1  De  la  violación indirecta de la ley  sustancial por error de hecho por falso juicio de existencia.   

         Conviene  recordar,  como  lo  ha reiterado la jurisprudencia de la  Sala,  que por esta vía se quebranta indirectamente la ley sustancial cuando el  juzgador  de  ninguna  manera valora el contenido material de un medio de prueba  legalmente  incorporado  a la actuación, o cuando lo supone pese a que no forma  parte de él (CSJ AP, 28 Ago. 2013, Rad. 41653).    

         En  orden  a  demostrar el falso juicio de existencia por omisión,  incumbe  al  casacionista  identificar  la  prueba  que  válidamente obra en la  actuación,  objetivar  su contenido en relación con los aspectos sustanciales,  señalar  cuál  es el mérito que le corresponde siguiendo los postulados de la  sana  crítica,  para  luego,  en  punto  de  trascendencia,  precisar  cómo su  estimación  conjunta con los demás medios probatorios que obran en el proceso,  habría  determinado  una declaración de justicia  diversa a la consignada  en      la      sentencia      impugnada,      obviamente      favorable      al  procesado.           

         De igual forma, la Sala tiene dicho que:   

…tal  pretermisión  no  acontece  si los  jueces  tuvieron  en  cuenta  el  elemento de juicio que se extraña, así no lo  hayan  mencionado  de  manera  expresa  en  la  motivación.  Tampoco  cuando lo  apreciaron,   pero   dejaron  de  lado  aspectos  que  el  demandante  considera  relevantes  (caso  en el cual debería formular un falso juicio de identidad por  cercenamiento).  Ni  cuando  la  prueba  fue valorada en la decisión de primera  instancia  y  la  decisión  de  segundo  grado  confirma los aspectos objeto de  debate,  pues  en  tales  casos  las providencias se han integrado en una unidad  jurídica  imposible  de  escindir.  (CSJ AP, 16 Sep.  2013, Rad. 38747)   

3.1.1 Cargo único.  

         

         El  demandante  acusa  al  Tribunal  de  incurrir en error de hecho  determinado  por  falso  juicio de existencia por omisión en la apreciación de  las  pruebas  aportadas  por  la defensa en el traslado previsto en el artículo  447  de  la  Ley  906 de 2004, a fin de acreditar que su representado cumple los  requisitos  legales  para  el  reconocimiento  del  mecanismo  sustitutivo de la  prisión  domiciliaria,  tanto el previsto en el artículo 38 del Código Penal,  como  el consagrado en el artículo 1º de la Ley 750 de 2002, este último dada  su  condición  de  padre  cabeza de familia, que condujo a que se le negara tal  subrogado.        

         Un  primer  aspecto  a  destacar por la Sala, es el desconocimiento  que  muestra  el  actor en relación con los principios de crítica vinculante y  autonomía  que  gobiernan  la  casación,  según los cuales cada reproche debe  fundarse   en   causales   taxativas   con     sus     propias     exigencias     de   lógica  y  adecuada  fundamentación  en orden a su demostración,  por  lo  que  deben proponerse y desarrollarse en forma separada, no obstante lo  cual,  en  un  mismo cargo se denuncia que el ad quem incurrió en la violación  indirecta     de     la     ley    sustancial    originada    en    «errores  de  hecho  y  de  derecho por  falso  juicio  de  existencia,  de  una parte, y falso juicio de convicción, de  otra,          frente          a          diferentes         pruebas».    

         Sin   embargo,   al  desarrollar  el  que  denomina  «cargo  único»,  solo  se refiere a que  los  juzgadores  de  primero  y  segundo  grado omitieron analizar los elementos  probatorios  allegados  para  demostrar  que  su  defendido  se hace acreedor al  subrogado  en  mención,  pero se queda en el mero enunciado, pues no identifica  con  claridad y precisión cuáles de aquellos fueron dejados de apreciar pese a  obrar   legalmente   en   la  actuación,  ni  mucho  menos  señala  su  fuerza  demostrativa  o  cómo  su  valoración  conjunta  con  los  demás elementos de  persuasión  habría  conducido  al  reconocimiento  del  mecanismo  sustitutivo  negado    en    las    instancias    –trascendencia–.            

         Por  el  contrario,  sin  el  rigor  lógico que reclama el recurso  extraordinario,  el  censor  se  concentra  en  hacer  apreciaciones  de índole  personal  sobre  la  situación  económica  y  familiar  del procesado Granados  Guerrero,  que  afirma, lo llevaron a delinquir y que, en su parecer, de ninguna  manera  demuestran  que  representa  un peligro para la comunidad o para su hijo  menor  de  edad,  pero  omite  realizar  un análisis juicioso de las exigencias  legales  que  deben  concurrir  para el reconocimiento del mecanismo sustitutivo  pretendido.   

         Además,  tampoco demuestra el yerro que denuncia, puesto que el ad  quem   sí   apreció  los  elementos  probatorios  aportados  por  la  defensa,  particularmente  en  lo relativo a la prisión domiciliaria en el contexto de la  Ley  750  de  2002, aun cuando no los mencionara expresamente en la motivación.  Así  se  advierte  de  los  argumentos plasmados en la sentencia recurrida, con  fundamento  en  los  cuales  se  negó  al  incriminado  el  reconocimiento  del  subrogado       en      cuestión,      los      que      vale      la      pena  citar:         

Ahora  bien,  la  defensa  acreditó que el  procesado  es  padre  de  un  menor  de  edad.  No  obstante,  más  allá de la  discusión  atinente  a  si  aquel ostenta o no la condición de padre cabeza de  familia,  ha  de  advertirse  que  la concesión de la prisión domiciliaria, en  este  contexto,  es  un  instituto  cuya  razón de ser es la protección de los  menores  de  edad,  mientras  que  en  este  caso  una  tal concesión más bien  contrastaría  con  los  derechos  de aquellos, toda vez que los menores tienen,  entre  otras prerrogativas, el derecho a un desarrollo integral (artículo 23 de  la  Ley  1098  de  2006),  a  los  medios para su desarrollo moral (artículo 24  ídem)  y a recibir una adecuada formación para el ejercicio responsable de los  derechos  (artículo  15  ídem),  de imposible satisfacción dentro de un hogar  cuyo padre se dedica a la venta de estupefacientes.    

Adicionalmente,  es  preciso  señalar  que  según  los informes que obran en la carpeta, en el lugar donde fue capturado el  aquí  acusado  se  vendía  estupefacientes al público, de lo que se sigue que  tampoco  hay  fundamentos  probatorios  para  inferir  que  aquel  no pondrá en  peligro   a  la  comunidad,  sino  exactamente  todo  lo  contrario.     

         Surge  patente,  que  la  inconformidad del libelista radica en los  razonamientos  del  juez  colegiado  que  lo llevaron a concluir insatisfecho el  requisito  subjetivo,  requerido  para  aplicar  el  mecanismo sustitutivo de la  prisión  domiciliaria  por  razón  de la condición de madre o padre cabeza de  familia,   frente   a   los  cuales  ninguna  crítica  ponderada  hace  con  la  potencialidad  de derruirlos, limitándose a expresar su personal y parcializada  opinión   sobre   los   aspectos   que   considera   deben  estimarse  para  su  reconocimiento,  entre  ellos, el hecho de que el procesado aceptó cargos en la  formulación  de  imputación,  el  cumplimiento  de  las obligaciones impuestas  cuando  se  le  otorgó la detención domiciliaria y la carencia de antecedentes  penales,  ninguno de los cuales está previsto en artículo 1º de la Ley 750 de  2002               como              requisito              para              su  concesión.                

         Cabe  recordar,  que el inciso 2º de la norma citada establece una  exigencia  de  naturaleza  subjetiva,  relacionada  con  el desempeño personal,  laboral,  familiar o social del procesado que según el criterio jurisprudencial  imperante,  debe ser analizada por el juzgador en orden a determinar mediante un  juicio  de ponderación, si dadas esas condiciones los fines de la ejecución de  la  pena se imponen frente a los derechos del menor o, por el contrario, resulta  necesaria  la protección de estos últimos para garantizar que el niño o niña  cuente  con  el  cuidado  del  padre  o  madre  infractor,  ante  una insalvable  situación de abandono (CSJ SP, 22 Jun. 2011, Rad. 35943).    

         En  esa labor, no pueden soslayarse, como lo sugiere el impugnante,  las  particulares  circunstancias  en  que se cometió la conducta punible, como  que   tales  aspectos  también  revelan  las  condiciones  de  todo  orden  del  procesado,  y  que  en  el  caso  de  la especie, desaconsejan la concesión del  subrogado  de  la  prisión domiciliaria a pesar de acreditarse que el implicado  Granados  Guerrero  es padre de un menor de edad, puesto que el hecho probado de  que  el  mencionado  fue capturado en un inmueble cuando se dedicaba al expendio  de  sustancias estupefacientes, impide afirmar que de reconocérsele el referido  mecanismo  sustitutivo de la prisión, no colocará en peligro a la comunidad o,  incluso,                                   a                                  su  hijo.              

         Por  último,  en  relación  con  el  subrogado  consagrado  en el  artículo  38  del  Estatuto Punitivo, frente al cual nada dice el casacionista,  excepto  solicitar  su reconocimiento a favor del acusado, es ajustada a derecho  la  decisión  del  ad quem al negárselo, aun cuando cabe precisar que la norma  aplicable  al caso examinado es precisamente aquella, y no el artículo 23 de la  Ley  1709  de  2014 que adicionó el canon 38B a la Ley 599 de 2000, mediante el  cual  se  consagran  los  requisitos para conceder la prisión domiciliaria, que  valga destacar, no estaba vigente cuando se cometió el delito.   

         La  razón,  es  que  el  nuevo  precepto  es menos favorable a los  intereses  del  procesado,  ya  que si bien éste amplió el factor objetivo a 8  años   y  sustituyó  el  factor  subjetivo  por  uno  de  naturaleza  objetiva  –la  demostración  del  arraigo       familiar       y       social       del      condenado–,  introdujo  en  su  numeral  2º la  prohibición  de  conceder  el  referido  sustituto penal cuando se trate de las  conductas  punibles  relacionadas en el inciso 2º del artículo 68A del Código  Penal,  modificado por el artículo 32 de la Ley 1709 de 2014, donde se incluyen  los   «delitos  relacionados  con  el  tráfico  de  estupefacientes  y otras infracciones», dentro de los  cuales  está  aquel  por  el  que se condenó al incriminado Granados Guerrero.   

         En  esa  medida,  examinados los requisitos originales contemplados  en  el  artículo  38  del  Código  Penal  para  la  aplicación de la prisión  domiciliaria,  tampoco procede su reconocimiento en el caso concreto, puesto que  la  pena  mínima  legal  establecida para el delito de tráfico, fabricación o  porte  de  estupefacientes  (art.  376,  inciso  2º, ibídem) es de 64 meses de  prisión,  esto  es, superior al límite de 5 años, con lo cual no se cumple el  factor objetivo.      

         Así   las   cosas,   se  rechazará  el  cargo.   

         4.  En  conclusión,  las  protuberantes  falencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  advertidas  en la demanda,  aunado  a  la  falta de demostración de la única censura propuesta, conducen a  su inadmisión.   

         

         5.  Resta señalar que no se observa que  con  ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos  establecidos  por la Sala (CSJ AP, 12 Dic.  2005, Rad. 24322).   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.   INADMITIR    la   demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Víctor  Augusto Granados Guerrero.   

De  conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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