AP4242-2014(43672)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada ponente  

AP-4242 2014  

Radicación N° 43672  

(Aprobado  Acta No.  243)   

Bogotá  D.C.,  julio treinta (30) de dos mil  catorce (2014).   

VISTOS  

Se ocupa la Sala del estudio de admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  ÁNGEL   MIGUEL   LICONA   MARTÍNEZ   contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  Cartagena  el  2  de  diciembre de 2013, por cuyo medio revocó la  absolutoria  de  primer  grado dictada el 19 de diciembre de 2012 por el Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Descongestión de la misma sede, para en su lugar  condenar   al  mencionado  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio   en   la   persona   de   Euclides  Vargas  Vélez.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  ad  quem  en los siguientes  términos:   

Los sucesos que dieron origen a la presente  actuación  tuvieron  ocurrencia en  el barrio San Francisco de esta ciudad  (Cartagena,  se aclara), en  horas  de  la  noche  del  28  de  agosto  de  2009,  cuando  tras  un  aparente  enfrentamiento      entre      las     pandillas     denominada     (sic)            ‘Los       Poquiticos’,  entre  los  cuales  se encontraban  alias       ‘el  Nenito’,     alias  ‘El  Galeras’,       alias       ‘El          Bombo’     y     alias     ‘El        Cangrejo’,  y  los  denominados  ‘Rincón       Guapo’,  entre  los  que  estaban  Giovanni  Guzmán  Orozco y Euclides Vargas, resultó muerto a bala este último, después  de  que  se  presentara un tiroteo por parte de aquel bando ante la persecución  que  éstos  iniciaron,  al  parecer,  en  compañía  de  miembros de la Fuerza  Pública    que    se   habían   hecho   presentes   en   el   lugar   de   los  acontecimientos.   

Posteriormente, se conocería que el nombre  de  pila  de  alias  ‘El  Galeras’,   es  ÁNGEL  MIGUEL LICONA MARTÍNEZ.   

El 9 de noviembre siguiente, ante el Juzgado  Octavo  Penal  Municipal de Control de Garantías de Cartagena, se llevó a cabo  audiencia  preliminar  concentrada  durante  la  cual  se  legalizó  la captura  de   ÁNGEL   MIGUEL   LICONA  MARTÍNEZ,  a  quien  la  Fiscalía   formuló  imputación  por  los  delitos  de  homicidio  agravado  y  fabricación,  tráfico  o  porte  de armas de fuego o municiones, cargos que no  aceptó  y  por  los  cuales  se le impuso medida de aseguramiento de detención  preventiva en establecimiento carcelario.   

El  11  de noviembre del mismo año, el ente  fiscal  radicó  escrito  de  acusación  en contra de  LICONA   MARTÍNEZ  por  los  mismos  comportamientos  delictivos  objeto  de imputación (arts. 103 y 104 nums. 4 y 7 y 365 del C.P.),  los  cuales  ratificó  en  desarrollo de la audiencia de formulación posterior  efectuada  el  8 de febrero de 2010 ante el Juzgado Quinto Penal del Circuito de  la  misma  ciudad.   Bajo  la  dirección  del  mismo despacho judicial, se  efectuó la audiencia preparatoria el 28 de octubre de 2011.   

La   audiencia   del   juicio  oral,  cuya  realización  tuvo  lugar  el  22  de  noviembre  de  2012  tras varios intentos  frustrados,      se     asignó     al     Juzgado     Segundo     Penal     del  Circuito       de Cartagena1.  Finalizada dicha diligencia,  dictó  fallo  de  primer  grado  el 19 de diciembre  de 2012 por medio del  cual absolvió de los cargos al acusado.   

Contra esta determinación promovió recurso  de  apelación,  de  manera exclusiva, el representante de la Fiscalía, el cual  desató  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena  el  2 de diciembre de 2013 en el  sentido  de  revocar la absolución dispuesta respecto del delito contra la vida  en     favor     de     ÁNGEL    MIGUEL    LICONA  MARTÍNEZ,  para  en  su  lugar  condenarlo  a la pena  principal  de  doscientos  treinta  (230)  meses de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  término,  al  encontrarlo autor penalmente responsable del delito de homicidio.  En  la  misma  decisión, le negó el subrogado de la suspensión condicional de  la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.      

Contra esta decisión, la defensa interpuso y  sustentó   oportunamente  recurso  de  casación,  esto  último  mediante  libelo, de cuya admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Tras  aludir  a  los  que  estima fueron los  fundamentos  del  fallo  impugnado,  plantea una censura en su contra, aludiendo  cómo  incurre  en  violación  de  normas  de  derecho  sustancial “por  error  de hecho y de derecho, y con una grave violación al  principio  de trascendencia, al no apreciar debidamente las pruebas de descargos  a  favor  de  mi  defendido, al desconocer la aplicación de los artículos 232,  234, 237 y 238 de la ley 600 de 2000”.   

Para  el  actor,  el  yerro  apreciativo  se  concreta  porque el Tribunal realizó un análisis sesgado de los testimonios de  cargo  y  “no como juiciosamente lo hizo la juez de  primera  instancia, [pues] se  limita  básicamente  a  darle  valor  probatorio  a la parte incriminatoria y a  analizar   que  no  tienen  valor  las  enjuiciadas,  con  lo  cual  incurre  en  ‘clara  violación  del  principio  de investigación integral, porque solo se refirió a lo desfavorable  a   los   intereses  de  mi  defendido’,  sólo  valoró  únicamente  la prueba de cargos y la que imputa  responsabilidad”,  en virtud de lo cual, insiste, se  incurrió  en transgresión del “artículo 234 de la  ley 600 de 2000”.   

Lo anterior, sostiene para darle mayor fuerza  al  argumento sobre la transgresión del postulado en comento,     porque  se apartó de la búsqueda de la verdad “sin  procurar  determinar  las  circunstancias  que  demuestran la inocencia, solo se  dedicó  a  buscar  aquellas  que  demostraran  la  existencia  del  hecho  y la  responsabilidad  de  las  procesadas  (sic)”,  con  lo  cual también conculcó el  principio  de  libertad  probatoria,  amén de que tampoco valoró las probanzas  con  sujeción  a  las  reglas  de  la  sana  crítica,  según  lo  refiere  el  “artículo            238”.   

Todo   lo  expuesto,  acota,  “sobre  la  base  de la favorabilidad extensiva, que para el caso  que   nos  ocupa  debe  tenerse  en  cuenta  para  una  decisión”.   

Acto   seguido,   exalta   la  valoración  probatoria  del  a  quo  que  soportó  la absolución, la cual manifiesta coadyuvar;  así, en relación  con  el  testimonio  de  Giovani  Guzmán,   en  cuanto  “totalmente  impreciso,  contradictorio”,  lo  que  aparejó,  por  parte del  Tribunal,  quebranto  del  artículo  7  de  la  Ley 906 de 2004, dado que no se  presumió  la inocencia de su patrocinado,  así como de los artículos 10,  “porque  no  se respetó el derecho de defensa y al  debido  proceso  como derechos fundamentales…en la medida en que se lo condena  sin  valorar un protuberante duda probatoria de su participación en los hechos,  no  se  hizo  prevalecer el derecho sustancial en todo lo actuado”;     23,  “porque  al  valorar  los  testimonios saturados de  dudas,  se  les  da  el  valor  de  pruebas,  la  cual debió ser excluida de la  actuación   procesal,  porque  toda  prueba  obtenida  con  violación  de  las  garantías   fundamentales   será   nula   de   pleno  derecho”  y  130,  por cuanto esa actitud implicó desconocimiento de tratados  internacionales  ratificados  por  Colombia,  todas  estos preceptos de la misma  normatividad.   

Así   mismo,   y   también   de   igual  codificación,  de  los  preceptos  360,  pues  ha  debido  excluir “la    práctica    o    aducción    de    medios    de   prueba  ilegales”,  esto  es, los testimonios de cargo; 380,  por  no  apreciar  la  prueba  en conjunto; 381, pues se alejó del conocimiento  exigido  para  condenar  más  allá de toda duda; los numerales 1,2,3,5 y 6 del  403,   “pues   baste  escuchar  el  audio  de  los  testimonios  de  cargos  que  he venido criticando para darse cuenta que afloran  con  claridad  las cinco causales que invoco par impugnar la credibilidad de los  testigos  aludidos  Yeison  Mejía  Cantillo  y Giovani Guzmán Orozco, pues sus  narraciones       son      inverosímiles      e      increíbles”.   

Por   la   serie   de   incongruencias   e  irregularidades  a  que  ha  hecho  referencia, encuentra se dejó de aplicar el  artículo  404  del mismo estatuto, pues “no tuvo en  cuenta  los  principios  técnico científicos sobre la percepción y la memoria  y,  especialmente,  lo  relativo a la naturaleza del objeto percibido, el estado  de  sanidad  del  sentido  o sentidos por los cuales se tuvo la percepción, las  circunstancias  de  lugar,  tiempo  y  modo en que se percibió, los procesos de  rememoración,  el  comportamiento  del  testigo  durante el interrogatorio y el  contrainterrogatorio,     la     forma     de     sus     respuestas     y    su  personalidad”   

A  la  par, advierte, se dejó de aplicar el  artículo  457  ibídem “que plantea la nulidad por  violación  a  las garantías fundamentales, pues como se ha dicho se ha violado  sustancialmente  el  derecho  de  defensa  o  del debido proceso y además el de  presunción  de  inocencia,  de  la  forma  como  fue apreciado como prueba para  condena  unos  testimonios  abiertamente  ilegales  y  se  desconocen  la  dudas  planteadas a favor del condenado”.   

La  trascendencia  del  yerro  está  dada,  puntualiza,  porque  de  no  haberlo  cometido  “no  habría  caído  en  la  falsa convicción de hallar responsable penalmente a mi  defendido”.   

          Por     lo     expuesto,     solicita    casar    el    “injusto  fallo  impugnado”  y, en su  lugar, absolver a su defendido.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Se ha recalcado que aun cuando la Ley 906 de  2004  amplió  la  cobertura  para  acceder  al  recurso  de  casación,  pues a  diferencia  de los ordenamientos procesales precedentes procede contra todo tipo  de  sentencias de segunda instancia “en los procesos  adelantados  por  delitos”,  sin  que tampoco obre restricción en relación con la  autoridad   que   la   profiere   y   eliminar  la  exigencia  del  quantum  de  pena  del  delito,  ello  no  significa  que  quien  acuda  a  este  medio  de  impugnación  esté  exento de  satisfacer  una  serie  de requisitos técnico jurídicos de orden argumentativo  encaminados a su cabal comprensión.   

En efecto, de conformidad con los artículos  183,  modificado  por el 98 de la Ley 1395 de 2010, y 184 de dicha normatividad,  para  que  la  demanda sea admitida es preciso acreditar interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la  necesidad del fallo de casación en aras de cristalizar alguno de  los  fines  establecidos  para  el recurso en el artículo 180, siendo ellos, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación de la jurisprudencia.   

          En   la   demanda,   ha   dicho  la  Sala  de  manera  reiterada  en  correspondencia  con  los preceptos legales referidos, el actor debe sujetarse a  un  rigor  argumental,  en  tanto  la  propuesta  debe ser concisa, suficiente y  clara,  pues  no  le  corresponde,  dado  el  carácter eminentemente rogado del  recurso,    ocuparse    de    confusos,    contradictorios    o   ininteligibles  planteamientos.   

A  continuación  se  verá  cómo la única  censura  contenida en el libelo sometido a estudio no cumple tales presupuestos,  circunstancia que impone su inadmisión.   

Para  empezar,  porque  a  más de que no se  plasma   ninguna   glosa  en  relación  con  la  finalidad  perseguida  con  la  instauración  del  recurso,  lo  cual  como  se  acaba  de referir configura un  requisito  esencial  del  libelo de casación en atención al cariz teleológico  que  el  legislador  de  2004 le ha conferido al recurso extraordinario, tampoco  invoca  con  claridad  causal  alguna  que  sustente  su  reclamo, lo cual erige  evidente  desconocimiento  del  presupuesto  establecido en el artículo 183 del  estatuto  procesal,  modificado  por  el  98 de la Ley 1395 de 2010, conforme al  cual   el   recurso   extraordinario   de  casación  se  interpondrá  mediante  demanda  “que  de manera  precisa  y  concisa  señale  las causales invocadas y  sus     fundamentos”     (subraya     fuera    de  texto).   

En la única censura propuesta no se acude de  forma  concreta  a  ninguna causal de casación de las previstas en el artículo  181  ibídem contra el fallo  impugnado,    señalándose    escuetamente    que   incurre   en   “violación  de normas de derecho sustancial por error de hecho y  de  derecho” y, aun cuando esos supuestos   se   corresponden,   conforme   a  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  al motivo de violación indirecta de la  ley  sustancial  previsto  en  el numeral tercero del artículo 181 ibídem,  lo  cierto es que el desarrollo  ulterior  del  cargo  desdice  de ese propósito al introducir total confusión,  motivo   por   el   cual   se   vislumbra  igual  deficiencia  respecto  de  sus  fundamentos.   

En   efecto,   independientemente   de  la  postulación  indicada,  en  su interior se involucran aspectos que no sólo son  diversos  sino  que  también  son  excluyentes,  en  perjuicio  de  su adecuada  comprensión.   

Así,  por ejemplo, a la par se refiere a la  transgresión  de  los  derechos  de  defensa  y  debido proceso, planteamientos  compatibles  con el motivo segundo de casación y no con la violación indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  de yerros en la apreciación probatoria, cuya  senda   de   discusión,   ya   se   dijo,   encuentra   abrigo   en  el  motivo  tercero.        

Deja de lado el actor, entonces, que esas dos  propuestas  no  sólo  son  conceptualmente  diversas,  sino  que  también  son  contradictorias  y hasta excluyentes, porque cuando se cuestiona la apreciación  probatoria  en  el  fallo  (violación  indirecta)  se  acepta  la validez de la  actuación  procesal  centrándose el ataque en errores de juicio o in  iudicando, mientras que en la nulidad  precisamente  se  discute ese aspecto -la validez del proceso o de la sentencia-  a   través  de  yerros  in  procedendo  o de procedimiento.   

Mas  la entremezcla argumentativa del reparo  no   para   ahí,  pues  igual  refiere  a  la  vulneración  del  principio  de  investigación  integral -como si se tratara de un proceso regido por Ley 600 de  2000  y desvirtuando su naturaleza-; al de nulidad de pleno derecho originado en  la  ilicitud  de  pruebas  -sin  exponer  los  argumentos  en que se basa-; a la  violación  del  principio  de  presunción de inocencia; a la ilegalidad de los  medios  de prueba a los cuales el ad quem concedió  credibilidad;  a  su  falta de apreciación conjunta y en  detrimento    de    las    pautas    de    la    sana    crítica   –las  cuales tampoco identifica- y a la  impugnación   de   su  credibilidad,  citando  para  el  efecto  las  distintas  disposiciones procesales que regulan tales aspectos.     

En  cuanto  a  esto  último,  es  necesario  precisar  que  resulta  del  todo  impertinente  referir  como transgredidos los  artículos  232,  234,  237  y  238  de  la  Ley  600  de  2000,  pretextando su  aplicación         por        “favorabilidad  extensiva”,  no  sólo  porque el sistema acusatorio  implantado  con  la  Ley 906 de 2004 exhibe diferencias marcadas en esta materia  y,  por  lo tanto, no es admisible el trasplante automático de las normas de un  estatuto  al  de otro, sino porque algunas de las aludidas, como la referente al  postulado   de   libertad   probatoria  y  la  que  contiene  los  criterios  de  valoración,  el cual a su vez alude a la apreciación conjunta de los medios de  prueba  y al respeto en esa labor a las reglas de la sana crítica, se preservan  en  los  artículos  373 y 380, respectivamente, de ahí que resulta innecesario  acudir  “por  favorabilidad”,  como  lo  dice  el  censor,  a las del primer  estatuto procesal.   

Ahora  bien,  retornando  a  la  forma  de  presentación  de  la  censura,  también resulta pertinente acotar que desde su  mismo  enunciado  al  plantear  coetáneamente  error  de  hecho  y  de  derecho  sustentado   en   la   apreciación   de  las  mismas  pruebas  ya  se  advierte  contradicción,  en  tanto  configuran  alternativas  diversas  de  errar  en su  valoración;  el  primero,  por  los  llamados  falsos  juicios  de  existencia,  identidad  y  raciocino  y,  el  segundo,  por los falsos juicios de legalidad y  convicción,  sobre  cuya naturaleza disímil y forma de argumentación correcta  en  sede  casacional  ha  sido  prolija  la  jurisprudencia de esta Colegiatura.   

Para el caso, lo cierto es que la exposición  atropellada  de  los  diversos  tópicos referidos en la misma censura introduce  total  confusión y ambigüedad, amén de que torna incomprensible la propuesta,  evidenciándose  el quebranto de principios basilares de la actividad casacional  en  procura  de  conseguir demandas que satisfagan las exigencias argumentativas  propias  de  este  medio  extraordinario  de  impugnación de naturaleza rogada,  tales  como  los  de sustentación suficiente, limitación, crítica vinculante,  autonomía    de    las    causales,    coherencia,    no    exclusión   y   no  contradicción.                 

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

A  dicha  falencia,  de suyo suficiente para  sustentar  la  decisión  de inadmitir, se suma que, en últimas, la pretensión  del  demandante no va más allá de cuestionar desde su estricta visión íntima  la  valoración  de las pruebas del Tribunal, exaltando en esa labor la plasmada  por  el  a quo sobre la cual  se  cimentó  la  absolución  de ÁNGEL MIGUEL LICONA  MARTÍNEZ,  luego revocada, en cuanto al delito contra  la  vida,  por  la  primera  autoridad, pero por fuera del marco de los aludidos  errores  de  hecho  por falsos juicios de existencia, identidad o raciocino o de  derecho  por  falsos juicio de legalidad y convicción, únicos con la potestad,  en  esta  materia,  de  derruir  la doble presunción de acierto y legalidad que  ampara al fallo impugnado.   

Tal  actitud tendiente a propiciar un debate  probatorio  a  partir  de  su  punto  de vista subjetivo sobre el mérito que le  merecen  las  pruebas,  tampoco  consulta  con  el  carácter extraordinario del  recurso de casación por no constituir una tercera instancia.   

Corolario  de las incorrecciones advertidas,  las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por la Sala en virtud del principio de  limitación  que  regenta  este  medio  extraordinario  de impugnación, deviene  forzosa  la  inadmisión del libelo, en atención a lo  normado  en los aludidos artículos 183 y 184 de la Ley  906  de  2004,  debiendo enfatizar la Sala que ni del contenido de la demanda ni  de  la  revisión  del  proceso  surge la necesidad de superar tales defectos en  procura  de  cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario previstos en  el  artículo  180  ibídem o  que haga imprescindible activar la casación oficiosa.    

Ahora  bien,  habida  cuenta que contra esta  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  184  de  la misma codificación adjetiva, impera precisar que  como  dicha  legislación  no regula el trámite a seguir para que se aplique el  referido  instituto procesal, habrán de acatarse las reglas fijadas por la Sala  en  tal  sentido2.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor  de ÁNGEL MIGUEL LICONA  MARTÍNEZ,  por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

                     

De conformidad con lo dispuesto en el inciso  segundo  del  artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos  referidos  en  el  acápite  final de esta determinación, contra esta decisión  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Conocimiento  otorgado  mediante  Acuerdo  No.  0SAA  12-950  de 2012 de la Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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