AP3278-2014(43947)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP3278-2014  

Radicado N° 43947.  

Aprobado acta No. 189.  

Bogotá, D.C., dieciocho (18) de junio de dos  mil catorce (2014).   

V  I              S              T              O              S   

La   Sala   se  pronuncia    sobre   la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  instaurada  por  el  apoderado    de    la   parte   civil1  en  contra  de  la   sentencia    proferida   por   el  Tribunal  Superior  de  Tunja   el  31  de  enero  de    2014,         que        confirmó  la que a su vez había dictado  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Ramiriquí el 27  de     agosto     de     2013,     mediante     la    cual    se    absolvió  a  los  señores  HÉCTOR  MANUEL  GUATAQUIRÁ  y RAFAEL  HUMBERTO  PEREZ  SOLER,  por el delito de Peculado por  Apropiación.   

A  N              T              E              C              E              D              E              N              T              E              S   

    

1. Fácticos     

En  la sentencia impugnada se enuncian como  hechos        penalmente       relevantes       los       siguientes:   

El  25  de  octubre  de  1994 en la Caja de  Crédito  Agrario  de  Tibaná,  época para la cual era Director de tal entidad  bancaria  HÉCTOR MANUEL GUATAQUIRÁ, y Secretario RAFAEL HUMBERTO PÉREZ SOLER,  le  fue  otorgado  un  crédito  al señor DANIEL PUENTES PAREDES por la suma de  diez  millones  de pesos ($10.000.000), obligación a la que se le asignó el No  000035140  y  fue  respaldada  con  hipoteca  sobre  el predio denominado “San  Jacinto”, ubicado en el mismo municipio.   

Tiempo  después  el  deudor DANIEL PUENTES  PAREDES  le  informó  a  HECTOR  MANUEL  GUATAQUIRÁ de la venta del inmueble a  CARMEN  JULIO  LEGUIZAMÓN, quien como resultado de dicha negociación asumiría  el  saldo  de  la  obligación  que  ascendía en ese momento a tres millones de  pesos ($3.000.000).   

Como  consecuencia  de  la negociación, el  Director  HECTOR  MANUEL  GAUTAQUIRÁ  expidió  una certificación datada 16 de  enero  de  1997, indicando que PUENTES PAREDES “se encuentra a paz y salvo con  sus  obligaciones  con  la  Caja  de  Crédito Agrario, la obligación 35140 fue  subrogada  por  la  señora OLGA ROMERO c.c. 24.161.975”, lo cual devino en la  cancelación  del  gravamen hipotecario mediante la escritura pública No 760 de  18  de  noviembre de 1997 de la Notaría Segunda de Ramiriquí, suscitándose el  cambio  de  la  garantía real por la personal de CARMEN JULIO LEGUIZAMON y OLGA  ROMERO  ROMERO,  quienes  signaron  el  pagaré originalmente firmado por DANIEL  PUENTES que documentaba la obligación avalada.   

El  Predio  San  Jacinto  fue enajenado por  DANIEL  PUENTES  a  OLGA  ROMERO  el  22  de  enero  de 1998 y ese mismo día se  constituyó hipoteca a favor del Fondo Nacional del Ahorro.   

Al  ser  liquidada  la  Caja  de  Crédito  Agrario,  Industrial  y  Minero  no  se  encontró  ningún  soporte contable de  cancelación  del  momento de la obligación a la fecha de expedición del paz y  salvo,  ni  tampoco para la fecha de la escritura de cancelación de la hipoteca  ni  de la formalización de la venta del predio a OLGA  ROMERO ROMERO.   

    

1. Procesales     

Con     base     en     la   denuncia  presentada  por  la  apoderada  de  la Agente Liquidadora de la Caja de Crédito  Agrario,  Industrial  y Minero, la Fiscalía profirió  resolución  de  apertura de investigación previa el  25 de junio de 2002.   

Posteriormente,    el    15   de   octubre  de  2002, la Fiscalía ordenó la apertura de  la   instrucción   en   contra   de  HECTOR  MANUEL  GUATAQUIRÁ, quien fue vinculado al proceso mediante  diligencia  de  indagatoria  rendida el 6     de    diciembre    del    mismo  año, en la cual se le comunicó que era investigado  por  el  delito  de Peculado por Apropiación. Luego,  el  2  de  abril  de  2003  y  por  la  misma  vía  procesal, se vinculó a RAFAEL HUMBERTO PEREZ SOLER.   

El    30  de   septiembre  de  2003,  el  órgano  instructor  decretó  la  clausura de la investigación y el 7 de  septiembre  de  2004  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  preclusión  por  los delitos de Peculado por apropiación a favor de terceros y  Prevaricato  por  acción.  En  segunda instancia que  fuera  promovida por el apoderado de la parte civil,  el  17  de agosto de 2005 la Fiscalía Cuarta delegada ante el Tribunal Superior  de    Tunja,    revocó    aquella    resolución   y   ordenó   continuar   la  investigación.   

El  4  de  septiembre de 2006, por segunda  vez,   se   ordenó  el  cierre  de  la  investigación  y  el  22  de  mayo  de  2007,  una vez vencido el término de traslado a los  sujetos  procesales, se calificó el mérito del sumario mediante resolución de  acusación  por  los delitos que, antes, habían sido  objeto de preclusión.   

Una  vez  agotado  el término de traslado  común  a  los sujetos procesales, el Juzgado Penal del Circuito de Ramiriquí   realizó   la  audiencia  preparatoria  el  16  de  junio  de 2008    y,    luego,    en   varias   sesiones   que   culminaron   el   15   de  junio  de  2010,   la   vista   pública  de  juzgamiento.  El  14   de   octubre   de   2011,  el  despacho  judicial  profirió sentencia  mediante      la     cual     absolvió         a        los  procesados  por los delitos que fueron objeto de acusación.   

Finalmente,     el     31        de        enero      de      2014, la Sala Penal del Tribunal Superior  de  Tunja, al desatar el  recurso  de  apelación promovido por el apoderado de  la  parte  civil  contra  la  sentencia  de  primera  instancia,     resolvió:     (i)     confirmar     íntegramente    el    fallo  impugnado y (ii) declarar prescrita la acción penal  por  el  delito de Prevaricato por acción. A su vez,  esta    sentencia    fue   objeto   de   recurso   de   casación   por  la  misma  parte civil que presentó la respectiva demanda el  21  de  abril  de  2014,  por  lo que el proceso fue  remitido   a   esta  Corporación  el  9      de     junio     siguiente.   

D E M A N D A  

Una   vez   se   identifican  los  sujetos  procesales,  los  hechos  juzgados  y  la  sentencia  impugnada,  la  actuación  procesal  relevante;  en  la  demanda  se  formulan  dos cargos, el primero como  principal  y  el  último como subsidiario. Al final, solicitará que la demanda  se  admita  y  que  se  case  la  sentencia  impugnada  procediendo a dictar, en  consecuencia,  fallo  condenatorio  de  reemplazo.  En  ambos  casos, cimenta la  vulneración  de  derechos  y  garantías  fundamentales  que habría sufrido la  parte  civil, en el desconocimiento de sus intereses a la justicia, verdad   y reparación.   

Cargo  No  1: violación indirecta por falso  juicio de existencia   

Al  amparo del numeral 1º del artículo 207  de  la  Ley  600  de  2000,  considera que los jueces de instancia no observaron  medios   de   prueba   cuya   valoración   “como  correspondía”    hubiese    desembocado   en   la  declaratoria  de    responsabilidad  de  los procesados. Por esa vía,  considera  se  vulneraron por inaplicación los artículos 232, inciso 2º; 234;  y  238  de la Ley 600 de 2000. A continuación, define las distintas modalidades  de  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  y  trae a colación una cita  jurisprudencial sobre el falso juicio de existencia por omisión.   

En  desarrollo  del  cargo, en primer lugar,  destaca  que  no  existe  prueba  de  que la subrogación del crédito de DANIEL  PUENTES  PAREDES  en  favor de OLGA ROMERO y CARLOS JULIO LEGUIZAMÓN, haya sido  avalada  y  que  hubiese  terminado  el crédito que tenía con la Caja Agraria.  Además,  manifiesta  que  existe  prueba  documental  y  testimonial de que los  beneficiarios  de  la compraventa indirectamente serían los sindicados. Es que,  continúa,  HECTOR  MANUEL  GUATAQUIRA  no podía ni debía extender paz y salvo  hasta   tanto  se  extinguiera  la  obligación  por  pago,  lo  cual  obvio  el  Tribunal.   

Las  pruebas  que considera el impugnante la  sentencia  no les dio el valor que merecían, pues de haberlo sido indicaban una  condena  en  tanto  acreditaban  una apropiación indebida de los dineros de una  entidad crediticia, serían:   

1) Fotocopia de la escritura pública No 760  del  18  de noviembre de 1997, mediante la cual se canceló la hipoteca otorgada  a  la  Caja  Agraria a favor de DANIEL PUENTES PAREDES, acto en el cual aquélla  estuvo  representada  por  HECTOR GUATAQUIRÁ, en donde se indica como causal de  extinción  del gravamen el pago del saldo de la obligación, cuando ello no era  cierto.   

2)  Fotocopia del paz y salvo expedido el 16  de  enero de 1997 por GUATAQUIRÁ y por PEREZ SOLER, entonces Gerente de la Caja  Agraria,  a  favor de DANIEL PUENTES PAREDEZ. Con la declaración de OLGA ROMERO  se  acreditó,  además,  que  los  sindicados tenían interés en la compra del  inmueble al cual se canceló la hipoteca.   

3)  Fotocopia del pagaré No 970453 suscrito  el  25  de  octubre  de 1994 por DANIEL FUENTES PAREDEZ  a favor de la Caja  Agraria.  No  fue tenida en cuenta porque se concluyó que la obligación había  sido  extinguida  por  la  liquidadora  de  la  caja  y que los responsables del  recaudo eran los funcionarios liquidadores.   

4) Liquidación de la obligación No 00035140  del  26  de  octubre de 2001 por valor de $9.296.557. Contrario a lo que afirmó  el  Tribunal,  por obra de los acusados esa obligación permaneció vigente ante  la  entidad  financiera,  pues  su  conducta irregular originó perjuicios tanto  para la parte civil como para DANIEL PUENTES.   

5)  Declaración  de  OLGA  ROMERO,  quien  manifestó   que  los  dos  acusados  junto  con  su  compañero,  CARMEN  JULIO  LEGUIZAMÓN,  le compraron dos fincas a DANIEL PUENTES por $19.500.000 y que los  primeros,  luego, le vendieron su parte al tercer comprador, quien fue el único  que finalmente se registró en la escritura.   

Cargo  No  2: violación indirecta por falso  raciocinio   

En  segundo  lugar  y de manera subsidiaria,  alega  el  recurrente  que  se  incurrió en error de hecho derivado de un falso  raciocinio,  con  lo  cual  se  violaron,  de  manera  indirecta  y por falta de  aplicación,  los  artículos  23  y 133 de la Ley 100 de 1980 modificado por la  Ley  190  de  1995  (art. 19), así como los artículos 233, 234 y 238 de la Ley  600  de  2000,  pues  se consideró que se reunían los requisitos para absolver  cuando había prueba para condenar.   

Se acusa a la sentencia de haber transgredido  los  postulados  de  la  lógica  en  su  condición  de  principios  de la sana  crítica.  A  renglón  seguido, define cada una de las categorías que integran  dichos  principios  citando  jurisprudencia  de  la  Corte al respecto. Además,  trascribe  secciones  de  la  sentencia  impugnada  y, luego sí, especifica los  errores que, a su juicio, esta contiene.    

El  Tribunal habría violado el principio de  razón  suficiente  cuando  infirió  que  la  obligación fue extinguida por la  Liquidadora  de  la  Caja  Agraria,  a  pesar  que  existe prueba documental que  demuestra  el  actuar delictivo de los encausados, tales como el Informe del CTI  No  2777  F.G.N.  C.T.I.-S.I  del  14  de  agosto  de  2002,  en el cual obra la  inspección  judicial  a  la obligación No 35140 que concluyó que existía una  deuda  pendiente  con la entidad como consecuencia de que el dinero no ingresó.  Adicionalmente,  fue  hasta  el  22  de  octubre  de  2003 que la obligación se  declaró  extinta  por el Juzgado 23 Civil Municipal de Bogotá ante una demanda  ordinaria declarativa instaurada por DANIEL PUENTES.   

Respecto de la misma inferencia del Tribunal,  el  demandante  señaló  que  constituía  la  falacia de “la afirmación del  consiguiente”,  pues  la  causa de la extinción de la obligación fue, a más  de  la  decisión  del  Juzgado  23 Civil Municipal, el interés que tenían los  encartados  en  la  compra de bien gravado con hipoteca. Respecto de GUATAQUIRÁ  resalta  la  amplia  experiencia  que  poseía  en  materia  de  créditos y las  contradicciones   en   que   incurrió   al   exponer   su  versión  sobre  los  hechos.   

De  igual  forma  considera  desconocido  el  principio  lógico  de  la  razón suficiente cuando la sentencia asume en forma  errónea  el  examen  de la prueba y conduce a conclusiones ajenas a los que los  hechos  demuestran.  Ello  por cuanto, continúa, los procesados defraudaron los  intereses  de  la  Caja Agraria cambiando caprichosamente una garantía real por  una  personal,  cuya  efectividad  es  menor, y esto no podía ser visto como un  simple  incumplimiento  de  un  contrato  civil,  menos  aun  cuando en el fondo  aquéllos  tenían  interés  en adquirir la finca “San Jacinto”, tal y como  lo afirmó OLGA ROMERO.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

De  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo   213  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000  (en  adelante  C.P.P./2000),  la Corte entra a calificar   la   demanda  de  casación  interpuesta  por  el  apoderado  de  la  parte  civil  con el  objeto  de  determinar si es admisible o no, lo cual dependerá del cumplimiento  de   los   requisitos   consagrados   en   el  citado  estatuto  para  ese  acto  procesal.   

Sea  lo  primero  advertir que,   conforme   a   lo   establecido   en   el  artículo  205  del  C.P.P./2000,  el recurso de casación interpuesto es  procedente  porque se dirige contra una sentencia proferida en segunda instancia  por  un  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial2 y  por  un delito que tiene señalada pena privativa de  la   libertad   cuyo  máximo  excede  de  8  años.  En efecto, a los  procesados     se  les   investigó   como  coautores   del   delito   de   Peculado  por  apropiación en cuantía inferior a los 50 salarios  mínimos     legales     mensuales     vigentes3,  cuya  pena  máxima  de prisión es de 10  años  según  establece  el  artículo  397  de la Ley 599 de  2000  aplicable por ser más favorable a la  disposición  vigente  al  momento  de  los hechos4.   

En  segundo  lugar,  se  advierte  que  la  demanda  cumple  los requisitos formales previstos en los numerales 1, 2 y 4 del  artículo     212    del    estatuto    adjetivo5,  pues identificó los datos  relevantes  del  proceso  (los  sujetos,  la  sentencia  demandada,  los  hechos  juzgados    y    la   actuación   surtida)   y   sustentó   los   dos  cargos  en  capítulos separados,  uno  como  principal  y  otro como subsidiario. Además, al demandante le asiste  interés  jurídico para recurrir en casación, no sólo porque el artículo 209  ibídem  considera  que todos los sujetos procesales  se  encuentran  legitimados  para  tal  efecto, sino  porque    la    providencia    judicial    impugnada   (sentencia   absolutoria)   produce  consecuencias  jurídicas   adversas  a  las  pretensiones  de la  parte   civil,  especialmente  la  de  reparación.   

En   tercer  lugar, a diferencia de lo antes expuesto,  se  observa  que  el  libelo  bajo examen incurrió en omisión  absoluta  de  argumentos  tendientes  a establecer la necesidad constitucional y  legal  de  abordar  el  estudio de la pretensión casacional, a partir de una de  las  precisas  finalidades  que  habilitan  la  sede extraordinaria y, por ende,  limitada  de  la  casación  (art.  206  C.P.P./2000).  En  efecto, más    allá   de   la   afirmación   axiomática   de  que  se vulneraron los derechos de  la   víctima   a   la   verdad,   a   la    justicia   y   a   la    reparación,   ninguna   razón  contiene  el texto de la demanda sobre la necesidad de lograr la efectividad del  derecho  material,  o  el  respeto de las garantías de los intervinientes, o la  reparación   de   los   agravios   inferidos,   o   la   unificación   de   la  jurisprudencia nacional.   

Ahora  bien,  podría  pensarse  que  la  consecuencia  lógica  de advertir la violación a los derechos que le asisten a  la  víctima, es la búsqueda de la reparación de los agravios que considera se  le  infirieron;  sin  embargo,  es  una  afirmación  carente  de  todo  fundamento,  pues  ninguna razón que la soportara se trajo a  colación.  En consecuencia, el incumplimiento de uno  de  los presupuestos esenciales de la casación como es el de su fundamentación  teleológica,  sin  que  tampoco  se  advierta  oficiosamente la necesidad de un  fallo  para  cumplir alguna de sus legítimas finalidades; no puede generar sino  su  inadmisión,  no  obstante  lo  cual  se  abordará  el examen de los cargos  propuestos  con  el  objeto  de  advertir  las  demás  razones que, igualmente,  devienen    en   el   efecto   jurídico   contrario   a   los   intereses   del  censor.   

Cargo  No  1: violación indirecta por falso  juicio de existencia.   

          Alega  el  recurrente  que la sentencia incurrió en falso juicio de  existencia,  pues, de una parte, no existiría prueba de que la subrogación del  crédito  de  DANIEL  PUENTES  PAREDES  en  favor  de OLGA ROMERO y CARLOS JULIO  LEGUIZAMÓN,  haya  sido  avalada  por  la entidad acreedora y por esa vía haya  extinguido  la  obligación.  De otra parte, considera se omitió la valoración  de  las  siguientes  pruebas:  escritura  pública No 760 del 18 de noviembre de  1997,  paz  y  salvo expedido el 16 de enero de 1997, pagaré No 970453 suscrito  el  25  de octubre de 1994, liquidación de la obligación No 00035140 del 26 de  octubre  de  2001  por  valor  de  $9.296.557 y el testimonio de la señora OLGA  ROMERO.   

Recuérdese     que     incurre  en  falso  juicio  de  existencia  el  fallador que omite  apreciar  el  contenido de una prueba legalmente aportada al proceso,  en  lo  que  se denomina  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  o cuando, por el contrario, acepta  como probado un acontecimiento a partir de un medio   de   convicción  que   no   forma   parte   del  acervo  probatorio,  es  decir,  que  no  fue  practicada  ni  aportada  al proceso,   variante   ésta   que  se  conoce  como falso    juicio   de   existencia   por   suposición.     En    todo    caso,     el     error     de     hecho  aludido, por ser protuberante, suele descubrirse con  un  examen  sencillo  de  las  actuaciones,  o  con  la confrontación directa y  física del acopio probatorio y las motivaciones del fallo.   

Es   de   advertir   que   en  el  falso juicio de existencia por  omisión,  lo  esencial  es  verificar  que  el análisis excluyó el elemento probatorio o el hecho que  contiene,  pues  el yerro  no  se  concreta  si  en  la sentencia, pese a no mencionarse de modo expreso el  medio  de  convicción,  se aborda su contenido, se valora el hecho que revela y  se    fija    su    alcance    suasorio6.             En        concreto,    la    fundamentación    del    error    de    hecho   en  cuestión     debe  concretar  en  qué parte del expediente se ubica la  prueba,  qué  objetivamente  se  establece  en ella, cuál es el mérito que le  corresponde  siguiendo los postulados de la sana crítica y cómo su estimación  conjunta  en  el arsenal probatorio que integra la actuación, da lugar a variar  las        conclusiones       del       fallo7.   

La  omisión de  pruebas  es  de  fácil  constatación,  pues  basta  con  examinar  el universo  probatorio,    sin    necesidad   de   mayores    elucubraciones,    para   verificar   si   encontrándose  allí  no fue  tenida  en  cuenta  por     el     juzgador.        Esta        razón  es suficiente para descartar   desde   un  inicio  la  censura  de  falso  juicio  de  existencia  por  omisión, toda vez que las cinco pruebas que exalta  el  impugnante  como  marginadas  (4  documentos   y  1  testimonio)  fueron  advertidas    en    la    sentencia   y,   además,   fueron    objeto   de   expresa     valoración.  Cabe advertir que la omisión parcial  de  la prueba o su cercenamiento o adición relativos, son situaciones alegables  por la vía de un falso juicio de identidad y no de existencia.   

En  tal  sentido,  obsérvese  que la cita  parcial  que  de la motivación de la sentencia trae el impugnante al iniciar la  sustentación       de       la       censura8,        ninguna       pertinencia   tiene   con   la   aspiración   de  demostrar  un  falso  juicio de existencia por  omisión.  Es más, por el contrario, en esa cita se  observa  la  referencia  al  contenido  del testimonio que se reclama como   marginado,  el  rendido  por  OLGA  ROMERO  ROMERO, a  partir  del cual, en conjunto con el de CARMEN JULIO LEGUIZAMÓN, tuvo    por  demostrado  el Tribunal que ellos no fueron requeridos  para  el  pago  de  la obligación cuyo acreedor era la Caja Agraria.   

La  sustentación  del  cargo  en  general  manifiesta  no  un  reclamo  por la ausencia de apreciación respecto de algunas  pruebas,   sino   el   desacuerdo   con   el  mérito  asignado  a  ellas   en   las   instancias.   En   la  misma  demanda  se  confiesa  que  “es ineluctable mencionar que en  lo  referente  a  estas  pruebas, la providencia objeto de censura no les dio el  valor  que  merecían,…”, argumento éste que de  ser  constitutivo  de  una omisión de la naturaleza planteada debía consistir,  sencillamente,   en   que  la  sentencia  no  otorgó  valor  alguno    y    no    aquél   que   se   estima   equivocado.  Y no es  solo  la  frase trascrita, la metodología dialéctica de la argumentación así  lo   acredita,   pues   el   impugnante  se  dedica  a   citar   posiciones  del  Tribunal  para       luego       rebatirlas.  Obsérvense dos ejemplos:   

    

1. “Colíguese  (sic)  de  lo anterior sin hesitación alguna, y el  Tribunal  así  lo  infiere, que existió novación del crédito, el cual no fue  cobrado  por  la  Caja  Agraria,  es  decir,  por los nuevos funcionarios de esa  entidad,  pero  no  es menos cierto que el dinero no ingreso (sic) a la Entidad;  lo  que  es claro para la parte civil, es porqué debió recurrir a los estrados  judiciales   el  señor  PAREDES  para  que  declararan  el  pago  total  de  la  obligación?”.     

    

1. “HECTOR  MANUEL  GUATAQUIRA, no podía, ni debía extender Paz y  Salvo  hasta  tanto  se  extinguiera  la  obligación por pago, lo que obvió el  Tribunal en el fallo censurado.”     

El  último argumento es paradigmático a la  hora  de  considerar  totalmente  desacertada  la censura: lo omitido no habría  sido  el  documento  “paz y salvo” ni su valoración, sino la supuesta falta  de  una  facultad  o  autorización  legal que le permitiera al entonces gerente  HÉCTOR  MANUEL  GUATÁQUIRA  expedir  esa  certificación,  según  la  cual la  obligación  crediticia  se encontraba extinguida. Es decir, no habría un falso  juicio  por  marginamiento  y  ni siquiera un falso juicio de identidad, sino un  cuestionamiento  al  mérito asignado por el fallador desde el criterio personal  del censor.   

Ahora  bien, el examen de la parte motiva de  la   sentencia   infirma   de  manera  contundente  los  reclamos  omisivos  del  impugnante. En efecto:   

(i)  El fallo tuvo por existente el pagaré  No  970453  del  25 de octubre de 1994  y a partir de ese documento dio por  cierto  el  crédito  que  por $10.000.000 otorgó la Caja de Crédito Agrario a  DANIEL  PUENTES PAREDES y su posterior suscripción por CARMEN JULIO LEGUIZAMÓN  y         OLGA         ROMERO         ROMERO9;   

(ii)  El  fallo tuvo por existente el paz y  salvo  expedido  por  el procesado HECTOR GUATAQUIRÁ el 16 de enero de 1997 y a  partir  del  mismo  dio  por cierta su autenticidad10;   

(iii)  El  fallo  tuvo  por  existente  la  escritura  pública  No  760  del 18 de noviembre de 1997 y a partir de la misma  dio  por  cierta la cancelación del gravamen hipotecario por parte del entonces  gerente   o   director   de   la   Caja   Agraria11;   

(iv)  El  fallo  tuvo  por  existente  un  documento  que  contiene la liquidación del crédito realizada el 26 de octubre  de  2001 y a partir del mismo dio por cierto su contenido en relación al estado  de   la   obligación   y   a   los   pagos   parciales   realizados12.  Y;   

(v)  El  fallo relacionó entre las pruebas  practicadas  la  declaración de OLGA ROMERO ROMERO, su contenido y el valor que  le  asignó  en  torno  a aspectos como son la ausencia de requerimiento para el  pago  por  la  Caja  Agraria,  la  asunción  de  la obligación crediticia y la  tradición  del predio “San Jacinto” por parte de DANIEL PUENTES13.   

Por último, en lo que probablemente sería  un  falso juicio de existencia por suposición, la demanda sostuvo que no existe  prueba  que  la  subrogación  del  crédito  de  DANIEL PUENTES PAREDES en  favor  de  OLGA ROMERO y CARLOS JULIO LEGUIZAMÓN, haya sido avalada por la Caja  Agraria  y  que  ello haya extinguido el crédito que tenía el primero. En esta  clase  de  censuras compete al impugnante identificar el medio probatorio que no  obra  en  el  proceso  y  que, a pesar de ello, se tuvo por existente, así como  acreditar  su trascendencia, es decir; demostrar que de excluirse la suposición  el sentido del fallo hubiese sido diferente (condenatorio).   

La demanda también fracasa en este intento  porque,  a más de que no identifica el medio de prueba supuesto, la conclusión  a  la  que  arribó  el  juzgador  en  cuanto  a   considerar  probada  una  subrogación  de  la  obligación  y su aprobación por el acreedor que condujo,  por  la  vía  de  una  novación, a la extinción de esta última; se fundó en  pruebas  existentes  en  la  actuación y que, entre otras cosas, son algunas de  aquéllas  que  el mismo impugnante estimó como omitidas: el pagaré No 970453,  el  paz  y  salvo  expedido por el entonces Gerente de la Caja y la declaración  jurada    que   rindiera   OLGA   ROMERO   ROMERO14. Adicionalmente, destacó el  Tribunal  como  prueba de la extinción de la obligación la sentencia proferida  por   el   Juzgado   26   Civil  Municipal  de  Bogotá  el  22  de  octubre  de  201315.   

De esa manera, evidente resulta que ninguna  prueba  inexistente  se  supuso  en  la  sentencia  para tener por demostrada la  subrogación,  su  aprobación y el fenómeno extintivo de la obligación. Mucho  menos,  cumplió el demandante (ni podía hacerlo) con la carga de demostrar que  excluir  la  que  estima  una  suposición  probatoria  sobre tales aspectos, la  decisión  hubiese  sido la condena de los procesados como coautores de Peculado  por apropiación y no la absolución que se produjo.   

En   esas   condiciones,   la   indebida  sustentación  de  los  falsos  juicios  de  existencia  invocados  así como la  manifiesta  inexistencia de los mismos, deriva inexorablemente en la inadmisión  de la demanda por dicho reparo.   

Cargo  No 2: violación indirecta por falso  raciocinio   

El  demandante  alega  que  la  sentencia  incurrió  en  un  falso  raciocinio  porque  se  violó el principio lógico de  razón  suficiente  en dos ocasiones: (i) cuando infirió que la obligación fue  extinguida  por  la  Caja  Agraria  a  pesar  de  existir  prueba documental que  demuestra  el actuar delictivo de los procesados, tal  como  el  Informe  del  CTI  No  2777  F.G.N.-S.I.  del  14  de  agosto  de 2002  y  (ii)  cuando  asume  en  forma   errónea   el   examen   de   la   prueba   y   conduce  a  “conclusiones     ajenas     a     lo     que     los     hechos  demuestran”  que  no  es  otra  cosa  sino  que  los  procesados  defraudaron  los  intereses  de  la entidad crediticia cambiando una  garantía real por una personal.   

La  Corte ha definido que el error de hecho  por  falso  raciocinio  se  estructura  cuando  el  fallador  en  el  proceso de  valoración  probatoria desatiende los principios de la sana crítica integrados  por  las  reglas  de la experiencia, los postulados de la lógica y las leyes de  la  ciencia.   Así  mismo,  que  su  demostración  requiere  que al actor  identifique  (i) la prueba o pruebas indebidamente apreciadas, (ii) el principio  de   la  lógica,  la  ley  de  la  ciencia  o  la  máxima  de  la  experiencia  desconocidos,  (iii)  el  principio  de la sana crítica que debió aplicarse y,  por  último,  (iv) que acredite las implicaciones del error en el sentido de la  decisión atacada.   

Específicamente,  en  lo  que  respecta al  principio  de  la  lógica conocido como razón suficiente, ha dicho la Sala que  es  un  asunto de lógica argumentativa referido al fundamento del juicio acerca  del  cual  se  busca  predicar  su  veracidad  y, por tanto, concierne de manera  directa  al  soporte  del objeto de conocimiento o al cimiento de los enunciados  que   se   predican  del  objeto  de  conocimiento16. De esa manera, el principio  de  razón  suficiente  no obedece a los postulados aristotélicos de la lógica  clásica  –principios de  identidad  (‘a’        es        ‘a’),  no  contradicción  (‘b’      no      es     ‘no            b’)  y  tercero  excluido (‘c’   es   forzosamente   ‘d’         o        ‘no            d’)-,  sino  que responde a un concepto  más  emparentado  con la gnoseología introducido por Leibniz, que se justifica  como  que  sólo  se  puede  dar  por  conocido lo que se explica con un número  suficiente           de           razones17.   

Como antes se dijo, el impugnante considera  que  se  desatendió  el  principio  de  razón  suficiente  porque  el Tribunal  infirió  el  hecho  de la extinción de la obligación originalmente contraída  por  DANIEL  PUENTES, muy a pesar de que existía un informe del C.T.I. -el cual  cataloga  como  prueba  documental- que demostraba la actividad delictiva de los  procesados.  Este  inicial  reparo contiene premisas erróneas e impertinentes a  la  acreditación  de  un  falso raciocinio por desconocimiento del principio de  razón  suficiente,  por  lo  que  la  sustentación  del cargo es evidentemente  inadecuada.   

En efecto, el censor ni siquiera cumple con  la  carga  de  identificar  la  prueba  que fue indebidamente valorada, pues tal  condición  la  atribuye  a  un  informe  de  policía  judicial  que, según el  artículo  314  de  la Ley 600 de 2000, apenas constituye un criterio orientador  de  la investigación, por lo que ni siquiera existe el objeto respecto del cual  predicar  el  falso raciocinio. Además, obsérvese que se alega que el juzgador  omitió  o  marginó  una  prueba (informe policial) y/o un hecho acreditado (la  vigencia  del crédito); sin embargo, esa sustentación es impertinente al error  invocado,  pues  es  propia  de  un falso juicio de existencia por omisión, que  tampoco  se  configuraría  por  la  misma razón anterior: ausencia de un medio  cognoscitivo con carácter de prueba.   

Debe  agregarse  que  el  falso  raciocinio  implica  errores  o  falencias  en  el proceso intelectivo de apreciación de la  prueba  que  conlleva  a  conclusiones fácticas desacertadas. En particular, el  principio  lógico  de  razón  suficiente  presupone  que una realidad o un ser  sólo  puedan tenerse por existentes cuando hayan explicaciones suficientes para  tenerlos  por  tales,  por lo que su violación en el plano argumentativo ocurre  siempre  que se muestre una conclusión fáctica como cierta sin que existan las  razones  o  causas  necesarias  que  expliquen su producción. De esa manera, el  mero  desacuerdo  con  el  resultado  final  de  la valoración de la prueba sin  revelar  los  graves  errores que fundan ese conocimiento, constituye quizás la  aceptable  sustentación de un recurso ordinario, más es insuficiente a la hora  de sostener un falso raciocinio en sede de casación.   

Es  este un motivo adicional para tener por  inadecuada  la  fundamentación  del  cargo,  toda vez que el censor invoca como  violado  el  principio  de  razón  suficiente  y  lo  desarrolla  con  extensas  críticas  a  las  conclusiones  probatorias  que  deduce  el  fallador  y  a la  exposición  de  las  que  él  considera son las adecuadas, sin que señale las  causas  o razones de las cuales adolecen los supuestos fácticos que el Tribunal  tuvo  por  demostrados.  En  apoyo  de  esta  aseveración  se cita el siguiente  argumento del demandante:   

En  el  mismo orden de ideas, no es menos  disiente  lo  contradictorio  que aparece GUATAQUIRA, al decir en su versión de  los  hechos,  respecto  de la venta realizada al señor CARMEN JULIO LEGUIZAMÓN  REINA,  si  él fue uno de los interesados, junto con PEREZ SOLER, de comprar la  finca  de  propiedad  de DANIEL PUETES, razón por la cual le convenía levantar  la hipoteca, de lo que da fe la Señora OLGA ROMERO.   

Si  nos  retrotraemos  a  lo sostenido en  anteriores  acápites, huelga advertir que la participación del encartado en el  ilícito,  fue  tan  importante  como la de GUATAQUIRÁ; su interés radicaba en  que  él  también  quería  comprar  la finca “San Jacinto”, lo que de suyo  implica   que   se  suscribió,  en  efecto,  un  acuerdo  de  voluntades,  pero  contrariando  los  principios  de  transparencia,  economía  y responsabilidad,  acuerdo  que  tenía como único fin el transferir dineros de la Caja a favor de  intereses                 personales18.   

El segundo motivo por el cual el recurrente  alega  un  falso  raciocinio,  según el cual la errónea asunción de la prueba  condujo  a conclusiones que se apartaron de la realidad probatoria, es aún más  desacertado.  Aquél  parte, igualmente, de una supuesta violación al principio  de  razón  suficiente  para,  luego,  separarse  completamente  de ese punto de  inicio  y  dedicarse  a exponer, sin ningún rigor, su particular valoración de  algunos  medios de prueba y concluir que existió una conducta de Peculado y que  los  procesados  son  responsables  de la misma. Para mayor ilustración se cita  nuevamente   un  argumento  que  muestra  su  absoluta  impertinencia  al  cargo  planteado:   

Aunado  a lo anteriormente expuesto de lo  declarado  por  la Señora OLGA ROMERO, se infiere sin hesitación alguna que el  gerente  HECTOR  GUATAQUIRÁ y el Secretario RAFAEL PEREZ, realizaron un negocio  particular  y usaron el conocimiento del crédito ante el Banco para permitir el  otorgamiento  de la escritura de venta del deudor DANIEL PUENTES a ella, dejando  a  la  Caja  Agraria  sin  la  garantía Real por haber sido hipotecada al Fondo  Nacional            del           Ahorro.19   

En  conclusión, el censor plantea un falso  raciocinio  a partir de una pretendida violación al principio lógico de razón  suficiente,  sin  especificar  la prueba o pruebas indebidamente valoradas y sin  que  describa  la  forma  en  que habría ocurrido la desatención de la lógica  argumentativa   como   parte   integrante   de   la  sana  crítica  probatoria,  sustituyendo  tal carga con la manifestación de un desacuerdo genérico con las  conclusiones  fácticas  de  la sentencia, el cual fundamenta con el mérito que  particularmente  considera  se debió asignar a los medios de conocimiento y sin  detallar  tampoco los vicios de los cuales adolecería el proceso intelectivo de  valoración de aquéllos.   

Conclusión.   

En consecuencia  de  lo  expuesto, la Corte  inadmitirá   la   demanda   de   casación   presentada   por  el  apoderado  de  la  parte  civil, no sin  antes   advertir   que  revisada  la  actuación  en  lo  pertinente,  no  se  observó  la presencia de  alguna de las hipótesis  que  le  permitiera  ejercer  la  facultad  oficiosa  prevista en el artículo 216 del C.P.P./2000.   

DECISIÓN  

En  mérito  de lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el apoderado de la parte civil, de acuerdo  a las motivaciones antecedentes.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Caja  de  Crédito  Agrario,  Industrial  y  Minero  en liquidación. Esta entidad fue  admitida   como   parte   civil   mediante   resolución  del  17  de  marzo  de  2003.   

2  Distrito Judicial de Tunja.   

3  El  proceso  también  se  adelantó  por  el delito de Prevaricato por acción; sin  embargo,  en  la  sentencia de segunda instancia se declaró la prescripción de  la acción penal por esa conducta.   

4  El  artículo  133  del  Decreto-Ley  0100  de  1980  que  regía  para la época de  ocurrencia  de  los  hechos,  preveía  una pena máxima para el Peculado en esa  cuantía de 135 meses de prisión.   

5  La  enunciación   de  la  causal,  la  fundamentación  y  las  normas  infringidas  previstas  en  el  numeral  3º  del  citado  artículo  212, se analizarán por  separado frente a cada uno de los cargos formulados.   

6  CSJ  AP,  27  de  feb. 2013, Rad. 40585 y CSJ AP, 18  dic. 2013, Rad. 42855, entre otros.   

7 CSJ  AP,  26 de jun. 2002, Rad. 11451; CSJ AP, 22 jul. 2010, Rad. 34367; y CSJ AP, 28  de agosto 2013, Rad. 41759, entre otros.   

8  El  demandante  transcribió  una sección de la sentencia, en la cual se destaca el  siguiente  párrafo:  “La  Fiscalía  en proveído de 10 de diciembre de 2002,  solicitó  a  la  liquidación  de  la entidad le informara si tal actuación se  había  dispuesto y cuales habían sido sus resultados, sin que se obtuviera una  respuesta  distinta  a  la de la existencia de la obligación que no era el tema  por  el  que  se  indagaba  y  en cambio en sus testimonios OLGA ROMERO ROMERO y  CARMEN  JULIO  LEGUIZAMÓN,  expresan  ni siquiera haber sido requeridos para el  pago.”   

9  Folios 29, 30, 32 y 33.   

10  Folios 30 y 31.   

11  Folios 24, 32 y 42.   

12  Folios 24, 30 y 31.   

13  Folios 19, 33, 34 y 36.   

14  Folio 34 de la sentencia.   

15  Folios 35 y 36 ibídem.   

16  Ver,  entre  otras,  sentencia de casación del 2 de julio de 2008, radicado No.  27.690.   

17 En  ese  sentido,  ver  auto  del  7  de  marzo  de  2012,  radicado  No.  38.441  y  CSJ   AP,   Rad.   40502,   27   de   febrero   de  2013.   

18  Página 27 de la demanda.   

19  Página 28 ibídem.     

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