12904may

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 12904  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 87  

          Santafé   de   Bogotá,   D.   C.,   veinticinco  de  mayo  de  dos  mil.   

VISTOS  

          Es  la  oportunidad  de decidir sobre el antes denominado “recurso  extraordinario  de  casación”,  esta  vez  interpuesto  por  el  defensor del  procesado  JHON  FERNANDO  PÉREZ  GARCÍA,  en  relación  con  la sentencia de  segundo  grado  dictada  por el desaparecido Tribunal Nacional, fechada el 13 de  agosto  de 1996, por medio de la cual se confirmó el fallo de primera instancia  dictado  por un juez regional de la misma capital, en cuanto condenó al acusado  como  coautor  de  los  hechos  punibles  de  secuestro  extorsivo  y  hurto  calificado, para imponerle la pena  principal  de  veintiséis  (26)  años  de prisión y multa en cuantía de cien  (100) salarios mínimos legales mensuales.   

         

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El Tribunal refiere:   

          Que  el día jueves 10 de marzo de 1994, aproximadamente a las 11 de  la  noche,  salía  el señor JAIRO ENRIQUE SIMBAQUEBA SÁNCHEZ de una visita en  el  barrio  La Fragüita de esta ciudad, al mando de su vehículo campero Toyota  de  placas  EV-2440,  cuando  fue interrumpida su marcha y abordado por los seis  (6)  ocupantes  de  un  automóvil Renault 18, quienes lo golpearon con armas de  fuego  cortas  en  la cabeza y lo obligaron a apearse y pasar a la parte trasera  de  su  propio  automotor,  lugar  en  el  cual  lo  despojaron  de  la  suma de  cuatrocientos  diez ($ 410.000.oo) en efectivo, las tarjetas de crédito y otros  documentos,  para  conducirlo  después a una bodega situada en otro suburbio de  la capital.   

          En  las  horas  de  la tarde del día viernes 11 de marzo siguiente,  con  el  fin  de satisfacer las pretensiones económicas que se le hacían, tres  (3)  sujetos  trasladaron al cautivo a la Notaría Quinta de la ciudad, lugar en  el  cual  lo  obligaron  a autenticar su firma en el documento de traspaso de un  automóvil  marca  Mazda  de  su  propiedad,  afiliado  al servicio público, de  placas  SED  603, modelo 85, cambio de propietario que se hizo entonces a nombre  de  la  dama  YENNY  MÉNDEZ PERALTA, quien también acudió en la ocasión a la  mencionada  oficina  pública.   El  vehículo  traspasado por el ofendido,  junto  con  la suma de un millón ochocientos mil

($  1.800.000.oo),   fueron  entregados  materialmente  a  los  agresores en el  barrio  Restrepo  de  la ciudad, aproximadamente a las 9 de la noche del último  día  indicado, después de que su conductor HERIBERTO VALENCIA los llevara a un  parqueadero  del  sector indicado por aquél, hora en la cual por fin lo dejaron  en libertad.   

          Como  los  individuos  habían  prometido  devolver  al  afectado el  vehículo  campero  con  el  cual  se  quedaron  desde  el  mismo  momento de la  aprehensión,  ocurrió  que  el lunes 14 de marzo, a la 1:30 horas de la tarde,  se  comunicaron  con  él  y ofrecieron entregar el carro a cambio de la suma de  tres  millones  de pesos ($ 3.000.000.oo), efecto para el cual le dijeron que, a  las  3  y  30  horas  de  la  tarde  de esa misma fecha, debía acudir al centro  comercial  “El Tunal”, situado en el barrio del mismo nombre, cita a la cual  el  ofendido  se  hizo acompañar de varios agentes del DAS encubiertos, quienes  entraron  en  acción cuando tres (3) sujetos trataban de llevarse a la víctima  por  la fuerza hacia un vehículo que estaba estacionado en la parte trasera del  centro, momento en el que fueron capturados.   

          En  vista  de que el ofendido había presentado su denuncia desde el  12  de marzo y, adicionado a la actuación el informe de policía judicial sobre  la  captura  de  los  imputados,  se  abrió  formalmente la instrucción por el  fiscal  251 delegado, adscrito a la Unidad Antisecuestro Simple de la Dirección  Seccional de Fiscalías de Santafé de Bogotá (fs. 2, 10 y 28).   

          Fueron  recibidos  entonces  en  indagatoria  los capturados JULIÁN  GIRALDO  ARIAS,  JHON FERNANDO PÉREZ GARCÍA y EDWIN GARCÍA (fs. 39, 44 y 47),  a  quienes se decidió la situación jurídica en la resolución del 24 de marzo  de  1994,  mediante  la cual se ordenó la detención preventiva de los tres (3)  sindicados,  como  coautores de los delitos de lesiones  personales,     hurto    calificado-agravado,    constreñimiento    ilegal    y  extorsión   (fs.  80).   El  representante  del  Ministerio  Público,  inconforme  con  la  decisión, interpuso los recursos de  reposición  y  apelación,  de  manera simultánea y subsidiaria, con el fin de  que  se imputara adicionalmente el hecho punible de secuestro extorsivo, pero el  fiscal  instructor  se  negó  a  reponer la decisión en el sentido pedido, sin  embargo  de  lo  cual  concedió la apelación y suprimió la imputación por el  injusto de constreñimiento ilegal (fs. 106).   

          Por  medio  de resolución del 25 de abril de 1994, se reconoció al  afectado  JAIRO  ENRIQUE SIMBAQUEBA SÁNCHEZ como parte civil dentro del proceso  penal (fs. 131).   

          La  Unidad  de  Fiscalía ante los Tribunales Superiores de Santafé  de  Bogotá  y  Cundinamarca,  tras  conocer  de  la apelación de la situación  jurídica  que  estaba pendiente, confirmó la medida de aseguramiento adoptada,  pero    adicionó    la    imputación    por    el   delito   de   secuestro     extorsivo.      Como  consecuencia,  en  la misma providencia, fechada el 4 de agosto de 1994, ordenó  la   remisión   del  expediente  a  los  fiscales  delegados  ante  los  jueces  regionales, por competencia (fs. 185).   

          Asumió  el  conocimiento  un  fiscal  regional adscrito a la Unidad  Antiextorsión  y  Secuestro,  pero,  como el fiscal seccional había cerrado la  investigación  antes de conocer las resultas de la segunda instancia (fs. 197),  aquél  revocó tal decisión y ordenó la práctica de otras pruebas, así como  la  vinculación  de  la  dama YENNY MÉNDEZ PERALTA o LOPERA MÉNDEZ (fs. 223 y  224).   

          Siendo  que  el  fiscal  regional  posteriormente  había cerrado de  nuevo  la  investigación  respecto de los tres (3) sujetos vinculados, el mismo  funcionario  decidió  reponer  parcialmente  la  resolución,  el 3 de marzo de  1995,  en  relación con los procesados JULIÁN GIRALDO ARIAS y EDWIN GARCÍA, a  quienes  aceptó  simultáneamente  una solicitud de sentencia anticipada.   En  la  misma  decisión,  el  instructor  ordena  oír en indagatoria a la dama  “YENNY LOPERA MELÉNDEZ” (fs. 331 y 364).   

          Celebrada  la diligencia de sentencia anticipada, el día 8 de marzo  de  1995,  se  formularon  y  aceptaron  cargos  por los delitos de secuestro    extorsivo   y   hurto   calificado-agravado  y,  producida  la  ruptura  de  la unidad de proceso, se envió el  expediente a los jueces regionales (fs. 369 y 383).   

          En   relación   con  el  procesado  JHON  FERNANDO  PÉREZ  GARCÍA  continuó  la  instrucción  separada,  en lo que atañe a la sustanciación del  cierre  de  investigación, y, según providencia del 5 de abril de 1995, aquél  fue   afectado  con  resolución  acusatoria  por  el  concurso  de  delitos  de  secuestro  extorsivo  (art.  1°,  ley  40  de  1993,  que  subrogó  el  artículo 268 C. P.) y hurto  calificado-agravado, en razón de la  violencia   y   por   haber  recaído  sobre  vehículo  automotor  –arts. 350-1 y 351-6- (cuaderno original  2, fs. 8).   

          Revisada  la  decisión acusatoria en segunda instancia, por vía de  apelación,  la Unidad de Fiscalía ante el Tribunal dictó la resolución del 5  de  junio de 1995, por medio de la cual confirmó el sentido de la primera, pero  aclaró  que no concurría la circunstancia de agravación del hurto prevista en  el  numeral  6° del artículo 351 del Código Penal, establecido que la entrega  y  el traspaso del automotor se hicieron como consecuencia del secuestro y no de  un apoderamiento directo (cuaderno 2ª instancia Fiscalía, fs. 4).   

          Avocó  el  conocimiento entonces un Juzgado Regional de la capital,  despacho  que  abrió  el  juicio  a  pruebas y dictó el auto de citación para  sentencia,  conforme  con  los  artículos  42  y  46  del decreto 2790 de 1990,  incorporado  como  legislación permanente por el decreto 2271 de 1991 (cuaderno  2, fs. 55 y 61).   

          El  fallo de primera instancia está fechado el 30 de abril de 1996,  decisión  en la cual se condenó al procesado JHON FERNANDO PÉREZ GARCÍA a la  pena  principal  antes  indicada,  así  como a la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  término de diez (10) años, y se le  impuso  también la obligación de pagar el equivalente a 333 gramos de oro, por  concepto  de  perjuicios  morales, y la suma de $ 1.104.430.oo, como cuantía de  los daños materiales (fs. 90).   

          El  Tribunal  Nacional  confirmó  el  alcance  condenatorio  de  la  sentencia  de  primer  grado, según lo dispuesto en el fallo ya reseñado, pero  revocó  parcialmente  el  numeral  4°  de  la  parte resolutiva, con el fin de  indicar  que  no había lugar a la condena en perjuicios.  De igual manera,  ordenó  la  entrega  de  un  título  de  depósito  al  afectado,  cuyo  valor  correspondía  a  la  indemnización  consignada  por  los  responsables  de los  ilícitos (cuaderno Tribunal, fs. 3).   

CONTENIDO DE LA DEMANDA  

          El  censor  propone  dos cargos en contra de la sentencia impugnada,  uno   por  violación  directa  y  otro  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,   conforme  con  el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

          1.    La   violación  directa  la  expone  como  una  supuesta  aplicación  indebida  de  la descripción típica del artículo 268 del Código  Penal,  que  se  refiere  al  delito  de  secuestro  extorsivo, pues la conducta  juzgada no se adecua a dicho tipo penal.   

          Argumenta que se aceptan como hechos probados:   

          a)    Que  el  señor  Jairo  Enrique  Simbaqueba  Sánchez fue retenido contra su voluntad el  día 10 de marzo de 1994;   

          b)   Que  al  día siguiente, sus aprehensores lo transportaron  por  diversos  sitios  de  la ciudad, entre ellos, la notaría y un restaurante,  pero  que  en  el  camino  toparon con una patrulla de la policía a la que nada  dijo el ofendido;   

          c)    Que   el   señor   Simbaqueba  Sánchez  fue  dejado  voluntariamente  en  libertad,  después   de   que   firmó   el   traspaso  e  hizo  la  entrega  física  del  taxi;   

          d)   Que denunciados y denunciante acordaron una cita posterior  para  cancelar un saldo de tres millones de pesos

($  3.000.000.oo).   

          Sin   embargo,   el  delito  de  secuestro  extorsivo  exige  en  su  configuración  típica  un  “dolo  específico”, en la medida que el sujeto  activo  debe  actuar  con  el  propósito  de  obtener  “provecho  o cualquier  utilidad”.    Además,   dicho  “provecho  o  utilidad”  han  de  ser  “obviamente  ilícitos”,  porque  si  el  origen  del  dinero  o  los bienes  exigidos  por  la liberación llegaren a ser “lícitos”, la conducta, aunque  punible,    ya    adquiere    otra    denominación   jurídica   como   la   de  “constreñimiento ilegal”.   

          En  este caso, lo exigido por la liberación del señor Simbaqueba  Sánchez  tenía origen en una  deuda  adquirida  por  éste  con  el procesado Julián  Giraldo  Arias,  prueba  de lo cual es lo dicho por el  último  en  la  indagatoria  rendida y el comportamiento asumido por el primero  durante  su  retención,  pues  estuvo  con  sus  captores  en  la notaría y un  restaurante,  nada  le  dijo  a los policías en el momento del encuentro casual  con   ellos,  y  además  así  lo  enseñan  las  llamadas  registradas  en  el  “biper” y sus conversaciones con el conductor del taxi.   

          2.   En  cuanto a la violación indirecta de la ley sustancial,  tal  vez por erróneas apreciación y valoración probatoria, el actor aduce que  se  han  transgredido  los  artículos  247  y  445 del Código de Procedimiento  Penal,   merced   a   los  siguientes  desfases  en  el  examen  de  los  medios  probatorios:   

          2.1   Una  de  las  pruebas  concretas  en contra del procesado  Pérez  García es la captura  de  Julián Giraldo Arias y su  chofer,  pero  el  dato  en  sí  da  lugar  a diversas hipótesis:  que el  acusado  era  coautor  de  los  hechos;  o  que  fuera sólo un cómplice; o que  simplemente  se  hallaba  de  manera  ocasional  en el lugar, como lo manifestó  aquél  en su indagatoria.  Ante la diversidad de explicaciones plausibles,  el dato probatorio no puede constituir indicio de responsabilidad.   

          2.2   Otra  prueba  de  cargo  es  la  sindicación directa del  afectado  Simbaqueba Sánchez,  pero  ella  “se  deduce  del  mismo  hecho  de la captura”.  Es que, en  tratándose  de  un hecho en el cual participaron seis (6) personas, resulta muy  difícil  retener  con  fidelidad todas las fisonomías, en cambio sí se ocurre  altamente  comprensible  que el ofendido, “por deducción”, haya creído que  todos  los  capturados participaron en el delito, máxime que en parte alguna el  señor  Simbaqueba  Sánchez  “describe mal la actividad de PÉREZ GARCÍA”.   

          Las  pruebas  señaladas dejan, por lo menos, una duda razonable que  debió  dar  lugar  a la aplicación del artículo 445 del C. de P. P., en lugar  del  artículo  247  del  mismo estatuto, pues la omisión de aquél también es  violatoria de la ley sustancial.   

          Pide  el  demandante  que  se case la sentencia acusada y, en lugar,  que se dicte fallo absolutorio.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          En  relación  con  el  primer  cargo,  presentado  como  violación  directa  por  indebida  aplicación del tipo de secuestro extorsivo (art. 268 C.  P.),  el Procurador Primero Delegado en lo Penal observa que existen ostensibles  deficiencias   técnicas,  pues  tal  modalidad  en  la  violación  de  la  ley  sustancial  exige  al  censor partir de los presupuestos fácticos y probatorios  que  fundamentan la sentencia recurrida, y así lo anuncia el impugnante, pero a  la  hora  de  la demostración se revela incoherente con la vía escogida, “en  tanto  presenta  un  planteamiento contrario a la prueba que él asumió, lo que  lleva al rechazo del cargo” (cuaderno de la Corte, fs. 9).   

          Agrega  el  Procurador que el demandante ha olvidado el precepto del  numeral  1°  del  artículo  225  del  Código  de Procedimiento Penal, pues no  demuestra  la supuesta violación directa de la ley sustancial, en la medida que  el  delito  de  secuestro  extorsivo  tuvo existencia en el tiempo y el espacio,  pues  los  delincuentes,  después  de  interceptar y someter por la fuerza a la  víctima,  la mantuvieron retenida durante el resto de la noche y parte del día  siguiente,  hasta  que  el  afectado  les hizo el traspaso de un automotor de su  propiedad,  cuando  inicialmente le habían quitado materialmente otro vehículo  que  prometieron  devolverle,  pero  que  a  la postre le exigieron otra suma de  dinero para hacer efectiva la entrega.   

          Lo  que hace el censor, entiende el Delegado, es un sencillo alegato  propio  de  las  instancias,  por  cuyo medio no alcanza a desvirtuar los reatos  contra la libertad individual y el patrimonio que se le imputan.   

          Por  otra  parte, los traslados del ofendido a diversos sitios de la  ciudad,  su  mutismo  durante  el  encuentro  con  la  policía,  el pago por su  liberación  y  el  concierto  de  otra  cita  para  entregar  más  dinero para  recuperar  el campero, son sólo evidencias de que el afectado estaba sometido a  la voluntad de sus captores.   

          Y  el  argumento  referido  al origen lícito del dinero exigido, en  cuanto  ello  correspondía  a  una  deuda contraída por el señor Simbaqué   Sánchez   con   uno  de  los  infractores,  es  algo que se aleja por completo de la prueba e impide el éxito  de  pretensión  en esta sede.  La supuesta “deuda” no era más que una  exigencia extorsiva adicional para devolverle el campero.   

          Sobre  el  segundo  cargo,  aducido  como  violación  indirecta por  errónea  interpretación  de  los  artículos  247  y  445  del  C.  P.  P., el  Ministerio  Público  entiende  que  el  libelista,  amparado  en  el implícito  señalamiento  de  errores  en la apreciación probatoria, ni siquiera cumple el  deber  elemental  de  demostrar  los  supuestos  yerros  en  que  pudieron haber  incurrido  los  falladores,  pues  si  para  éstos  la prueba que fundamenta la  sentencia  condenatoria  existe  fehacientemente  en  el plenario, el recurso no  prospera mientras que el censor no demuestre el cargo.   

          El  Procurador  pide  a  la  Corte  que  no  se  case  la  sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.     Primer   cargo.   En  este tramo de la demanda, el impugnante se refiere a una  pretendida  violación directa  por  aplicación  indebida  del artículo 268 del Código Penal, ya que la norma  exige  en  la  conducta  de  secuestro  extorsivo  el  propósito  de obtener un  provecho  o  cualquier  utilidad,  que  de  todas  maneras  debe  calificarse de  ilícita,  pues  de  ser lícita constituiría un hecho punible distinto como el  de constreñimiento ilegal.   

         La  posibilidad  de  discutir  los  hechos  y  las  pruebas  que los  sustentan,  como  consecuencia de relevantes errores de hecho o de derecho en la  apreciación  probatoria,  es  la  nota  que  caracteriza  la  modalidad  de  la  violación  indirecta de la  ley    sustancial    y    marca    su    diferencia    con    la    violación   directa.   Una  y  otra  forma  de transgresión de la norma sustancial están nítidamente diferenciadas  también  en  los  dos  incisos del numeral 1° del artículo 220 del Código de  Procedimiento  Penal,  de  tal  manera que el actor debe optar decididamente por  una  de  ellas,  porque  no  es  posible  que  empiece  a  controvertir sólo el  procedimiento  clasificatorio  o  de  subsunción  de unos hechos, pero después  abandona   sin   explicación   dicha  pauta  para  aducir  deficiencias  en  la  apreciación   de   la   entidad  del  suceso  o  en  relevancia  de  los  datos  probatorios.   Si  su  inquietud era de esta última naturaleza, de una vez  debió  acogerse  a  la vía indirecta, para afrontar de inmediato los yerros de  hecho  o  de  derecho  hipotéticamente  cometidos en la estimación probatoria,  pues  los  defectos en la aplicación del derecho sólo vienen como consecuencia  de los primeros errores.   

         Así  lo  entiende  teóricamente  el  actor,  pero  en la práctica  sugiere  que  el  Tribunal  desconoció  la  indagatoria del coprocesado JULIÁN  GIRALDO  ARIAS,  de  acuerdo con la cual el dinero y el carro que le quitaron al  ofendido,  mediante  la  privación  de su libertad, era sólo para cobrarle una  obligación  que  tenía  pendiente  con  él  por  la  venta  anterior  de unas  joyas.   La  licitud  de  este  provecho  o  utilidad,  según lo expone el  demandante,  también  puede inferirse del comportamiento de la víctima durante  el  período  de retención (accedió al traspaso del vehículo, se dirigió con  los  captores  a  una  notaría  y  un  restaurante,  guardó  silencio ante los  miembros  de  una  patrulla  policial  que los abordó y recibió llamadas a los  aprehensores en su “bíper”).   

         Pues  bien,  como  lo  dice  el  Ministerio Público, expresiones de  conducta  como  la  de  permanecer  callado  ante  la  policía  o estar con los  retenedores  en  distintos sitios de la ciudad, por ejemplo, no son la evidencia  inequívoca  de  que  éstos  le  cobraban  una  deuda  a  la víctima, sino que  también  puede  indicar el grado de sojuzgamiento que significaba la privación  de  su  libertad.   De  igual manera, es cierto que el pretexto del acusado  JULIÁN  GIRALDO ARIAS fue el de que el señor JAIRO ENRIQUE SIMBAQUEBA SÁNCHEZ  le  debía  el  valor  de  unas  alhajas  y rehusaba pagarle, pero ocurre que la  preexistencia  de  tal negociación u obligación recibió un completo y abierto  mentís de la víctima (cfr. fs. 39 y 55).   

         De  tal  manera  que,  a  pesar  de  la promesa del impugnante de no  controvertir  los hechos o las pruebas, a la postre revela una inconsistencia en  su  planteamiento,  porque  hace  inferencias inductivas diferentes, a partir de  dichos  datos  probatorios  para  tratar de dar por establecido un “provecho o  utilidad  lícitos”  y,  como  consecuencia,  desplazar  la  tipicidad  de  la  conducta del secuestro extorsivo al constreñimiento ilegal.   

         Ahora  bien,  desde una perspectiva de interpretación jurídica del  tipo  de  secuestro  extorsivo,  previsto  en el artículo 268 del Código Penal  (modificado  por el artículo 1° de la ley 40 de 1993), cabe decir que el mismo  consagra  un  ingrediente  subjetivo  o  ánimo  especial  caracterizado por las  expresiones  “propósito  de  exigir  por  su  libertad  un provecho o cualquier  utilidad,           o           para  que  se  haga  u omita algo, o con  fines  publicitarios  o de  carácter     político”.     Los    vocablos  “propósito”  y  “fines”,  así  como la preposición “para”, aunque  tengan   como   referente   algo   valorativo   como   es  el  “provecho”  o  “utilidad”,  siempre denotan una finalidad o tendencia del ánimo del sujeto  activo,   de  tal  manera  que  basta  dicha  inclinación  utilitaria  para  la  concreción  del  tipo,  sin  que sea menester su realización material, lo cual  denota   que   se   está  en  presencia  de  un  ingrediente  subjetivo  de  la  tipicidad.   

         No  es novedosa la inquietud relacionada con la comprensión tácita  de  que  el  provecho  o  la utilidad pretendidos por el sujeto, conforme con el  tipo  de  secuestro  extorsivo, han de se “ilícitos”, porque, si llegaren a  ser  “lícitos”, se trataría de “propósitos distintos a los previstos”  en  la  norma  antes  señalada y, conforme con el artículo 2° de la ley 40 de  1993,  daría lugar a un delito de secuestro simple y no extorsivo.  Otros,  en  actitud  aún  más radical (como la del demandante), llegan a sostener que,  ante  tal  eventualidad,  se  trataría  de un delito de constreñimiento ilegal  (art. 276 C. P.).   

         Si  por  vía  de  hipótesis  se  llegare  a  entender  que el fin,  provecho  o utilidad son “lícitos”, porque uno de los autores del secuestro  trataba   de  cobrar  una  acreencia  a  la  víctima,  ello  no  alcanzaría  a  desvertebrar    el    tipo    penal   de   secuestro  extorsivo,  dado que con razón el precepto se refiere  a  “cualquier utilidad”,  pues,    la   anteposición   del   adjetivo   “cualquier”   al   sustantivo  “utilidad”,  significa  que es indiferente el género, la entidad o el valor  del  beneficio,  que  puede  llegar  a ser debido o indebido, en vista de que el  rigor  de  la  pena  del  secuestro  extorsivo  radica en la jerarquización, la  equiparación  social  y  el especial cuidado de bienes jurídicos fundamentales  como   los   de   la   libertad   y   la  vida,  dispuesta  en  el  ordenamiento  jurídico-penal, particularmente en la ley 40 de 1993.    

         Ante  el  claro  texto  de  la  ley  40,  ningún  móvil,  así sea  político  o por más noble  que  aparezca  la concepción de un individuo respecto del rumbo de la sociedad,  puede  servir  de  pretexto para justificar la conducta de arrebatar, sustraer o  retener  a  una  persona,  tampoco  para  degradar  la imputación por secuestro  extorsivo.   

         Sin   embargo,   desde   el  punto  de  vista  político-criminal  y  teleológico,   lo   más  determinante  es  que  el  fin  pretendido  no  puede  calificarse  de  “lícito”  o  “ilícito”  por  su  valoración  aislada  consistente  en  que  sólo  se  persigue  cobrar  una obligación a cargo de la  víctima,  sin sujeción al ámbito de relación y protección que representa el  tipo  penal  de  secuestro  extorsivo, pues, de tal manera surge la necesidad de  tutela  de  la  libertad  y  de  la  vida,  que la racionalidad de los objetivos  sociales  perseguidos  en el Derecho, como en la política, indica que el fin no  justifica  los  medios.  Así, por más patente que sea la obligación o la  deuda  a  cargo  de  la  víctima,  el cobro de la misma como fin se deslegitima  completamente  cuando  se  acude  al  oprobioso  medio  de  la  privación de la  libertad  de  movimiento  del  deudor,  la  cual siempre será arbitraria de una  persona  natural  a  otra,  salvo  situación  notoriamente  distinta  que es la  captura  como  resultado  de  una  orden  de autoridad judicial competente y por  motivos previamente definidos en la ley (Const. Pol., art. 28).   

         Por  motivo  alguno de índole particular (aunque sí institucional,  pero  altamente  regulado), el legislador tolera la privación de la libertad de  locomoción  de  una  persona.  Apenas sí sanciona con menor rigor a quien  despliega  una  arbitrariedad  para  ejercer sus propias razones, conducta identificada como una contravención  especial  en  el  artículo 1°, numeral 1 de la ley 23 de 1991.  Es decir,  el   legislador   colombiano   ha  atemperado  ostensiblemente  el  ius  puniendi  (degradación  de  delito a  contravención  especial)  cuando  se  acude  a  procedimientos arbitrarios para  reivindicar  un  derecho propio y cierto, pero en todo caso los medios empleados  no  pueden  degenerar  en violencias o privaciones que por sí solas den lugar a  delitos distintos a la contravención especial señalada.   

         No  es  posible  entonces  el desplazamiento del juicio de tipicidad  desde  el secuestro extorsivo hacia el secuestro simple.  Mucho menos puede  hacerse  el traslado conceptual del primero al constreñimiento ilegal (art. 276  C.  P.),  pues  los  dos  tipos  penales  tienen en común el elemento subjetivo  especial  consistente  en que el sujeto activo con su conducta se propone que la  víctima  u  otro  “haga  u  omita  algo”  de su interés, pero se diferencian  significativamente  en  los  verbos  rectores,  pues,  desde  el  punto de vista  jurídico,   “constreñir”  ciertamente  significa  una  limitación  en  la  libertad  de  actuar,  pero nunca puede alcanzar tal intensidad que comporte una  supresión  de la libertad ambulatoria, dado que en tal caso se configuraría el  secuestro     extorsivo     por     “arrebatamiento”,    “sustracción”,  “retención” u “ocultación” de la persona.   

         2.     Segundo   cargo.   Se propone como violación indirecta de los artículos 247 y  445  del  Código  de  Procedimiento Penal, tal vez por apreciación errónea de  las pruebas de cargo.   

         Aparte  de  la  imprecisión  inicial de citar el artículo 247 como  norma  sustancial,  al  lado del artículo 445 que sí lo es, cuando aquélla es  meramente  instrumental, el actor no señala con claridad los errores de hecho o  de   derecho   cometidos   por   los   juzgadores   en  la  valoración  de  las  pruebas.   

         En  efecto,  el  demandante ni siquiera individualiza el indicio que  constituye  la  captura  del procesado JHON FERNANDO PÉREZ GARCÍA en el centro  comercial  “El  Tunal”,  cuando  en  compañía de otros dos (2) sujetos, se  aprestaban   a   recibir   los   tres   millones   de  pesos  ($  3.000.000.oo),  adicionalmente  exigidos al secuestrado, a cambio de la devolución del campero,  después  de que él ya les había transferido un vehículo-taxi y la suma de un  millón ochocientos mil pesos ($ 1.800.000.oo).   

         Al  censor  le  parece  que  es  dudoso el carácter jurídico de la  presencia   del   acusado  Pérez  García  en  el  lugar, a la hora de la captura, porque bien puede tratarse  de  un  acto  de  coautoría  o  de  mera complicidad o  simplemente de una  concurrencia  inocente;  pero lo cierto es que los juzgadores no han evidenciado  ninguna  hesitación  al  respecto y, conforme con la prueba, declararon que los  tres  (3)  sujetos  capturados,  entre los que se incluye aquél, se comportaban  con  unidad  de propósito y que no hubo sorpresa o ajenidad de ninguno de ellos  por  lo  que realizaban los demás, cuando trataban de arrastrar nuevamente a la  víctima  al  suplicio de la privación de la libertad.  En suma, el censor  exhibe  otras  inferencias inductivas posibles, pero no ha demostrado porqué es  absurda  o  inadmisible  la  explicación  de  los  hechos  y la responsabilidad  decantada por los falladores.   

         Por  otra  parte,  el  impugnante ofrece otra óptica de valoración  del  testimonio  rendido  por  el  señor Jairo Enrique  Simbaqueba  Sánchez,  en  el sentido de que el ver en  lugar    de    encuentro    al    procesado    Pérez  García   y  otros  dos  (2)  individuos  que  fueron  capturados,  pudo  dejar  al ofendido psíquicamente condicionado para decir que  los  tres  (3)  habían  participado  en el secuestro, cuando los intervinientes  iniciales  fueron  seis  (6)  y  no  resulta  fácil en tales condiciones grabar  mentalmente sus rasgos físicos.   

         Con  todo,  el  censor  no  se  interesa por demostrar que haya sido  arbitraria  la  concesión  de  versomilitud  por  el  Tribunal a los dichos del  afectado,  gracia  basada  en que desde un comienzo él reveló que, después de  muchas  prevenciones,  finalmente  tres (3) de los secuestradores se confiaron y  le  dejaron ver su rostro en la bodega en la que lo mantuvieron retenido, razón  por  la  cual pudo asegurar posteriormente que sus caracteres morfológicos eran  perfectamente  coincidentes  con  los de los tres (3) sujetos que acudieron a la  cita  en  el  centro  comercial  “El  Tunal”,  máxime  que  a uno de ellos,  precisamente  el  que  está  empecinado en la casación, siempre lo distinguió  por  el  destacado  rasgo  de  los  “ojos  claros”,  como  se confirma en la  descripción física hecha en el curso de su indagatoria (fs. 44).   

         No fructifican los cargos.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

         No  casar  la sentencia de fecha, origen y contenido indicados en la  motivación.   

         Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA              No hay firma   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

No hay firma  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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