40909(24-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                      Magistrado  Ponente:   

                         GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

                    Aprobado Acta  No. 124.   

Bogotá,  D.C., veinticuatro (24) de abril de  dos mil trece (2013).   

V I S T O S  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  defensor  del  sentenciado  JAVIER RINCÓN URIBE contra  el  fallo  dictado  el 3 de  marzo  de  2011  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Bucaramanga que  confirmó  la  sentencia  proferida  el  14  de  octubre  de 2010 por el Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  que  lo  condenó a la pena  principal     de    60  meses    de   prisión  y    multa   de   407,5  salarios   mínimos   legales  mensuales  y  la  accesoria de inhabilitación en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  por  haberlo  declarado autor del  delito   de   tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes.   

H E C H O S  

Los  acontecimientos  que  dieron origen al  proceso  penal,  fueron  narrados  por  las instancias  en los siguientes términos:   

“El quince (15)  de  septiembre  de  dos  mil  nueve  (2009)  siendo  las 21:30 horas la Policía  Nacional  recibe  vía  telefónica  información de algún habitante del barrio  Diamante  II  de  Bucaramanga  en  la  que se indicaba que en ese sector hacían  presencia  varios  sujetos  que  se  desplazaban en una motocicleta AX 100 color  azul,  quienes  se  dedicaban a comercializar sustancias estupefacientes, motivo  por  el cual agentes del orden se movilizaron al sitio encontrando a dos sujetos  en   una   motocicleta  de  las  mismas  características  de  la  reportada,  y  procedieron   a   interceptarlos   en   la   avenida   89   No.   24–22,  hallándole  a  JAVIER  RINCÓN  URIBE  en  su  poder  una  bolsa plástica que entrega  voluntariamente  la que contenía sustancia estupefaciente en forma de pastillas  colores  verde  claro  y  rosado,  la  que  al ser sometida a la prueba técnica  arrojó   resultado  positivo  para  ANFETAMINAS  con  un  peso  neto  de  318,2  gramos.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

De   acuerdo  con  las  piezas  procesales  aportadas  por  el demandante, se ha podido constatar que el 16 de septiembre de  2009  se  realizó ante el Juzgado Vigesimoprimero Penal Municipal con funciones  de  control  de  garantías  de Bucaramanga, la audiencia de legalización de la  captura;   acto   seguido,  a  JAVIER  RINCÓN  URIBE  y  a  Jorge Aldemar Portilla  Arciniegas  se  les formuló imputación por el delito  de  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes, que aceptó el primero y  rehusó  el  otro;  y,  se  les  impuso  medida de aseguramiento privativa de la  libertad.   

En esas condiciones, decretada la ruptura de  la  unidad  procesal,  el  caso  concerniente a JAVIER  RINCÓN  URIBE  pasó  al  Juzgado  Séptimo Penal del  Circuito  de  Bucaramanga  que dictó sentencia condenatoria el 14 de octubre de  2010.  La  decisión fue recurrida en apelación por el defensor del procesado y  confirmada por el Tribunal Superior el 3 de marzo de 2011.   

Entre  tanto,  el  asunto  correspondiente a  Jorge   Aldemar   Portilla   Arciniegas  se  tramitó  por  la  vía  ordinaria  y  aunque  el conocimiento  también  se  le  asignó al Juzgado Séptimo Penal del Circuito de Bucaramanga,  en   este   evento   el   fallo,   proferido  el  17  de  agosto  de  2011,  fue  absolutorio.   

LA  DEMANDA   

El   apoderado   especial   de   JAVIER   RINCÓN   URIBE,  presenta demanda de revisión contra la  sentencia  de  segundo grado con fundamento en la causal tercera, prevista en el  artículo  192 del Código de Procedimiento Penal (Ley  906     de     2004)1,   es   decir,   bajo  la  consideración  de  que  con posterioridad a la sentencia  surgieron  hechos y pruebas nuevos no conocidos al tiempo de los debates que, en  este  evento, permiten imponerle al condenado una pena  ostensiblemente    menor   a   la   que   fijaron   las   instancias.   

En  orden  a fundamentar su pretensión, el  demandante  destaca que en  el   presente   evento   se   tuvo  en  cuenta  como  circunstancia  de  mayor  punibilidad que RINCÓN   URIBE   hubiese   obrado   en  coparticipación  criminal  por  haber  ejecutado  la conducta punible junto con  Jorge   Aldemar   Portilla   Arciniegas,   quien   a  la  postre  fue  absuelto  por  los  mismos  hechos.   

En consecuencia, debido a que la deducción  de       esa       agravante       genérica       representó      –así      lo      supone      el  libelista– un incremento  de  12  meses  en  la  pena  impuesta,  deberá reducirse el castigo en la misma  proporción  para  determinarlo en 48 meses de prisión, porque al declararse la  inocencia    de    Portilla   Arciniegas  desaparece la  coparticipación  criminal como circunstancia de mayor  punibilidad.   

Como soporte de su  demanda,  allega  copia de  la  sentencia del Juzgado Séptimo Penal del Circuito  de  Bucaramanga  fechada  el  17  de agosto de 2011, por la que se absolvió del  delito  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de estupefacientes a Jorge   Aldemar   Portilla   Arciniegas.   

Con  tales elementos de juicio, concluye el  demandante  que se acredita  la  procedencia de reducir la pena que se le impuso a  JAVIER  RINCÓN  URIBE a 48  meses  de  prisión “…o en su defecto al lapso que  considere   la   Sala   ante   la   contundencia   de   lo  probado.”   

  C O N S I D E R A C I O N  E S   

De  manera  reiterada ha venido sosteniendo  la  Sala de Casación Penal  que  por  constituir  la  acción de revisión un ataque contra la solidez de la  cosa  juzgada,  no  sólo  debe  someterse  a las taxativas causales que para su  prosperidad   indica   el  artículo  192  del Código de Procedimiento Penal, sino que además requiere del  aporte  de medios de prueba serios, procedentes, idóneos y con suficiente grado  de  credibilidad y trascendencia para conducir a la rectificación del error que  se  le adjudica a la providencia atacada, superando en ella la injusticia que el  actor le atribuye.   

En  el  caso  presente, el actor acude a la  causal    3ª    del    artículo    192  de  la  Ley  906 de 2004,  que  se  refiere  al  surgimiento de hechos nuevos o pruebas no  conocidas  al tiempo de los debates que establezcan la inocencia del condenado o  su inimputabilidad.   

En  orden a fundamentar su pretensión, el  demandante  trae a colación la sentencia absolutoria  proferida  por  el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de Bucaramanga a favor de  Jorge   Aldemar   Portilla   Arciniegas.   

No      obstante,     la   jurisprudencia   de   la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  ha  explicado  de manera  reiterada  que hecho nuevo es  el  acontecimiento fáctico vinculado al delito, que no fue posible controvertir  en  las instancias porque era desconocido y que prueba  nueva  es  todo elemento de convicción que no se haya  podido  incorporar  al proceso, que se refiera a un hecho desconocido, o permita  variar  sustancialmente  un  hecho  conocido  en  el curso de la investigación.   

Sin  embargo,  el defensor no aporta ningún  medio    probatorio,    conforme   lo   exige   el   artículo   194–4°   de   la   Ley   906  de  2004.   

Su  intención  es  cuestionar  el análisis  judicial  llevado  a  cabo  en las instancias, para reabrir el debate concluido,  pues  a  pesar  de  invocar  hechos y pruebas nuevos, lo esencial de su discurso  apunta  a  tratar  de desvirtuar la demostrada existencia de la coparticipación  criminal    en   el   actuar   de   JAVIER   RINCÓN  URIBE,  para  que se le reduzca la pena fijada por los  jueces.   

Con  todo,  aunque  se  admitiera  que  la  sentencia  absolutoria  que  aporta el accionante constituye una prueba nueva no  conocida  al  tiempo  de  los  debates,  lo  cierto  es  que la coparticipación  criminal  que  se  le  dedujo a su asistido no se podría modificar –como  lo pretende aquél–  a  partir  de  la  declaración  de  inocencia     de     Jorge    Aldermar    Portilla  Arciniegas,  puesto  que  esa circunstancia no surgió  sólo  de  la implicación de esta persona, sino de la intervención de otros en  la  ejecución  del  delito,  de  acuerdo con lo que se consideró en el aludido  fallo:   

“Así mismo, se  sostuvo  por  este  testigo como por el sentenciado Javier Rincón que desde ese  lugar  en  donde  se  encontraban  o  se  ubicaron  FREDY  y JORGE ALDEMAR no se  escuchaba  ni  se  veía  lo  que  se hacía en la mesa en donde se negociaba la  droga  por JAVIER RINCÓN URIBE, NELSON ALZATE, JAIRO ALFONSO GONZÁLEZ y FAUSTO  MÉNDEZ.   

De  manera  pues  que para el despacho las  pruebas  que  se  practicaron en el juicio oral no desvirtúan la presunción de  inocencia  del  acusado,  ya que la supuesta flagrancia que motivó la captura y  la  privación  de  la  libertad  de  manera provisional se desvaneció con esas  pruebas  traídas  al juicio, no sólo las ya mencionadas, sino también con los  testimonios  de  Fredy  Alexander  Vargas  y  el  propio acusado, quienes dieron  cuenta  de  que  su  presencia  en  ese  sitio,  esa  noche, obedeció a razones  completamente  diferentes  a  las  que reunía a Javier Rincón, Nelson Alzate y  Fauto  (sic)  Méndez, es  decir,  no  eran  partícipes  del  tráfico  de  las  anfetaminas,  sino que su  concurrencia  giraba  en  torno  al  transporte  que Jairo Alfonso González les  solicitó  para  llevarlo hasta el sitio conocido como “papi quiero piña” y  al   servicio  de  domicilio  que  fue  requerido  para  la  compra  de  algunas  hamburguesas,  labor  que  se  probó  era  la  que  habitualmente  desempeñaba  Portilla Arciniegas.”   

A  partir  de  los  fragmentos que vienen de  transcribirse,  resulta  claro  que la coparticipación criminal que se descarta  en   esa  sentencia,  no  es  la  de  JAVIER  RINCÓN  URIBE   –misma     que     ratifica    con    mayor    solvencia–,    sino    la   de   Jorge         Aldemar        Portilla        Arciniegas.   

Entonces, los aspectos novedosos que predica  el    libelista    carecen    de   esa   cualidad,   puesto   que   –conforme   lo   ha  reiterado  esta  Corporación2–  la  invocación  de  una sentencia,  proferida  en un proceso diferente, no puede  tenerse como prueba, pues los  medios  probatorios  son los enunciados en los estatutos procesales y los fallos  de  las  autoridades  judiciales  no lo son, si se tiene en cuenta que contienen  las  valoraciones  que,  en  ejercicio  de  sus  funciones,  hacen los jueces en  relación con las situaciones puestas a su conocimiento.   

De  tal  manera  que  si  para  impulsar  el  trámite  de  esta acción con sustento en la causal tercera de revisión,   se  le  diera  alcance  de  prueba  a una decisión judicial, se le reconocería  eficacia  probatoria  a  las apreciaciones de los funcionarios judiciales y no a  los  elementos  de  juicio  que exigen relacionar los artículos 192–3°       y      194–4°  del  Código  de  Procedimiento  Penal,   porque   así   los   razonamientos   de  otro  Juez  se  adviertan  lo  suficientemente   fundamentados,   no   por   ello  dejarán  de  constituir  su  consideración sobre un hecho.   

Caso bien diferente ocurre cuando se invocan  las  causales  5°  y  6  °, en las que la sentencia en firme sí constituye el  sustento  de  las  situaciones  allí  previstas, por ser esa la única forma de  establecer  la ocurrencia de una conducta punible o determinar la falsedad de un  medio de convicción.   

Por lo demás, debe tenerse en cuenta que si  bien  es  cierto  a  los  dos procesados se les imputó formalmente el delito de  tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes, tal situación fue aceptada  sólo    por    JAVIER   RINCÓN   URIBE,  que  resolvió  admitir  su responsabilidad penal en los hechos a  cambio  de  una  rebaja  de pena; porque Jorge Aldemar  Portilla  Arciniegas decidió preservar sus derechos a  la  presunción  de  inocencia;  a  guardar  silencio;  a  solicitar,  conocer y  controvertir   las  pruebas;  a  la  celebración  del  juicio  público,  oral,  contradictorio, concentrado e imparcial.   

En  esas  condiciones,  es  claro  que  la  pretensión  del  defensor  al  solicitar la revisión de la sentencia proferida  contra   RINCÓN   URIBE,  encierra  una  velada  intención  de  retractarse  de lo que libre, consciente,  voluntaria  y debidamente informado admitió éste, si se tiene en cuenta que la  formulación  de los cargos a los que se allanó comprendía la coparticipación  criminal,  al  punto  que  esa  circunstancia  formó parte del fundamento de la  sentencia de condena proferida en su contra.   

En  síntesis, el  fallo  dictado  a  favor  de  Jorge  Aldemar Portilla  Arciniegas,   no   constituye   prueba,   porque  las  sentencias  carecen de esa específica connotación en nuestro ordenamiento y el  alcance  que  pretende  darle  el  accionante  está  desvirtuado  en  la  misma  decisión,     puesto     que     –conforme       se       anotó      en      precedencia–  la coparticipación criminal que se  predica    de   JAVIER   RINCÓN   URIBE  no  aludía  a su actuar con el sujeto absuelto, sino al que se le  dedujo  en  relación con Nelson Alzate, Jairo Alfonso  González    y   Fausto  Méndez,  lo cual permite  deducir  que  la demanda, además, parte de una falsa  premisa.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

  R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado  especial   de   JAVIER   RINCÓN   URIBE,   de   conformidad  con  las  razones  consignadas en la anterior motivación.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                        FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Artículo   192.   La   acción  de  revisión  procede  contra  las  sentencias  ejecutoriadas, en los siguientes casos: (…)   

3.   Cuando   después  de  la  sentencia  condenatoria  aparezcan hechos nuevos o surjan pruebas no conocidas al tiempo de  los  debates,  que establezcan la inocencia del condenado, o su inimputabilidad.  (…).   

2  Cfrt.,  entre  otros,  autos  del 4 de junio de 2008, Rdo. 29343; 13 de abril de  2011, Rdo. 36114; y, del 18 de mayo de 2011, Rdo. 36001     

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