40867(04-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA  DE  CASACIÓN PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 172  

Bogotá     D.C.,  junio cuatro (4) de dos mil trece (2013)   

VISTOS  

Emprende la Sala el examen de las exigencias  de  crítica  lógica  y adecuada sustentación en el libelo casacional allegado  por  el  defensor  del  procesado  FERNANDO HERNÁNDEZ  PÉREZ,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por el Tribunal Superior de Neiva el 7 de noviembre de 2012, por cuyo  medio  confirmó  el  fallo dictado por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de  la  misma  ciudad  el  25  de  septiembre del referido año, mediante el cual lo  condenó  como  autor  penalmente responsable del concurso homogéneo de delitos  de  demanda  de explotación sexual comercial de persona menor de dieciocho (18)  años agravado.   

HECHOS  

Los sucesos que motivaron este averiguatorio  fueron   sintetizados   por  el  ad  quem    en    el    fallo   de   segundo   grado   en   los   siguientes  términos:   

“El   señor  FERNANDO  HERNÁNDEZ  PÉREZ  obtuvo  autorización  de  los  padres  del  menor  XXX1  (quien  contaba  para  la época de los  hechos  con menos de 14 años) para que éste laborara  en   la   preparación   de   pandeyucas,  labor  por  la  cual  recibiría  una  remuneración  económica.  En  el  mes de noviembre de 2010, cuando el menor se  encontraba  en  la casa de HERNÁNDEZ PÉREZ cumpliendo con la labor contratada,  éste  tras  prometerle  insistentemente dinero a cambio de tener relaciones con  él,  como  lo  hacía  con  otro  joven,  lo  accedió  carnalmente  de  manera  repetitiva  hasta  mayo  de  2011,  cuando  resultó contagiado el menor con una  enfermedad   de   transmisión  sexual”,  situación  detectada por sus progenitores.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  audiencia  realizada  el 10 de agosto de  2011  ante  el  Juzgado  Cuarto  Penal  Municipal  con  funciones  de control de  garantías       de       Neiva      se      impartió   legalización     a     la     captura     de   HERNÁNDEZ  PÉREZ,  diligencia en que la  Fiscalía  le imputó la comisión del concurso homogéneo de delitos de demanda  de  explotación  sexual  comercial  de persona menor de dieciocho (18) años de  edad  agravado,  en  concurso  heterogéneo  con  los  punibles de acceso carnal  abusivo  agravado, la cual no aceptó. En la misma ocasión a instancia del ente  acusador  le  fue  impuesta  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva  intramural.   

          El  24  de  agosto de 2011 se radicó escrito de preacuerdo, el cual  fue  improbado  el  2  de  noviembre  siguiente  por el Juzgado Cuarto Penal del  Circuito  con  funciones de conocimiento de Neiva, dado que el incriminado adujo  haber sido obligado a suscribirlo.   

          Una  vez  presentado  el  escrito  de  acusación,  ulteriormente se  realizó  la  correspondiente  audiencia  y  luego la audiencia preparatoria. Al  iniciarse  el  3  de  mayo de 2012 el juicio oral, el acusado aceptó los cargos  únicamente  respecto  del  punible  de  acceso carnal con menor de catorce (14)  años,  motivo  por  el  cual  se  dispuso la ruptura de la unidad procesal para  seguir  el  trámite  por  el  otro  concurso  homogéneo  de  delitos objeto de  acusación,  en cuyo curso, el 28 de agosto de 2012 el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  Neiva  dictó  fallo,  por  cuyo  medio  condenó  a  FERNANDO  HERNÁNDEZ  a la pena principal  de  doscientos  setenta  y  ocho  (278)  meses  de prisión, y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  como  autor  penalmente  responsable  del  concurso  homogéneo y  sucesivo  de  delitos  de  demanda  de  explotación sexual comercial de persona  menor  de  dieciocho  (18)  años  de  edad. En la misma providencia le negó la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  fue  confirmada  por el  Tribunal  de Neiva mediante proveído del 7 de noviembre de 2012, contra el cual  el  mismo  sujeto  procesal  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación y  allegó  la  correspondiente  demanda,  cuya  admisibilidad  se  examina en este  auto.   

EL LIBELO  

Con  fundamento  en  la  causal  primera del  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, el defensor postula la violación directa  de  la ley sustancial, para lo cual aduce que “si el  procesado  condenado  ofreció  dinero  al  menor  no fue con el fin de explotar  comercialmente  su  cuerpo,  sino  el  mantener  relaciones sexuales. Es posible  incluso  que  FERNANDO  haya dado dinero al menor para tener relaciones sexuales  puesto  que era el medio para poder acceder carnalmente, pues su pretensión era  eso  tener  relaciones sexuales conducta por la cual ya había recibido una pena  ejemplar”.   

          Advera   que   se  interpretó  erróneamente  el  artículo  217  A  introducido  por la Ley 1329 de 2009, pues “en estos  delitos  de explotación sexual comercial, se trata de una actividad lucrativa e  ilícita  que  obedece  a  un  conjunto  de  prácticas  sociales propias de una  cultura  de  ejercicio  abusivo  del  poder y violencia frente a quienes, por su  condición  histórica  de subordinación, o bien debido a sus circunstancias de  vida      suelen     ser     más     débiles     y     vulnerables”.   

          Refiere  que  “en esta conducta penal se  debe  probar  el  lucro  por  parte  de  mi  defendido FERNANDO HERNÁNDEZ, pero  FERNANDO  jamás  solicitó  y  obligó  al  menor  XXX  a  tener relaciones con  terceras  personas ni tampoco solicitó o recibió pago alguno o promesa de pago  para  que  tuviera  relaciones con otras personas por lo tanto nunca existió la  comercialización  de la explotación sexual ni menos el lucro. En esta clase de  delito  de  explotación sexual comercial se trata de una actividad desarrollada  al  amparo  de  redes y organizaciones delictivas altamente especializadas y con  soportes  tecnológicos  de avanzada, en la que participan diversos actores como  intermediarios,  reclutadores  (incluida la familia), taxistas y propietarios de  hoteles”.   

          Colige  de  lo  expuesto  que  “el nomen  iuris   del   delito   aquí   juzgado   involucra  la  expresión  ‘exploración       (sic)    sexual   comercial’ cuyo verbo rector trae implícito un  propósito  lucrativo  el  cual  jamás  apareció  demostrado  en  la  conducta  desplegada  por  HERNÁNDEZ  PÉREZ,  pues  sencillamente  consumó el delito de  acceso  carnal  abusivo  con menor de 14 años, el cual ya había sido juzgado y  sancionado   en   proceso   separado”,  y  por  ello  considera que el comportamiento es atípico.   

          Añade  que  no  está  demostrada la responsabilidad del acusado en  grado  de  certeza,  pues  el  padre del menor declaró que no le costaba que su  hijo  hubiera  recibido  dinero  por  tener  relaciones sexuales, y la madre del  niño   dijo   que   FERNANDO  HERNÁNDEZ le pagaba $10.000 semanales por la molienda de queso.   

          Finalmente  señala  que  ya  su  asistido se encuentra purgando una  pena  de  25  años  de  prisión por el delito de acceso carnal abusivo y tiene  más de 63 años de edad.   

Con  base  en  lo  anotado,  el  recurrente  solicita  a  la Sala casar la sentencia impugnada, para en su lugar dictar fallo  absolutorio a favor de su procurado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Es claro que si bien en el estatuto adjetivo  de  2004 no media distinción entre el recurso extraordinario por la vía común  y  por la discrecional en cuanto se marginó la exigencia de la cantidad de pena  máxima  del delito para acceder a dicha impugnación, corresponde al recurrente  demostrar  el  quebranto  de  derechos o garantías fundamentales, lo cual exige  contar  con  interés  para impugnar, señalar la causal, desarrollar los cargos  de  sustentación  del  recurso  y demostrar la necesidad del fallo de casación  para  cumplir alguno de los fines establecidos por el legislador en su artículo  180,  esto es, la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por éstos y la  unificación  de  la  jurisprudencia, so pena de resultar inadmitida la demanda,  según   lo   establece   el   artículo   184   de   la   citada   legislación  procesal.   

         Desde   luego,   en  el  examen  de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la Sala  constatar  en la formulación y desarrollo de las censuras el acatamiento de las  exigencias   de  lógica  y   pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  con  el fin de evitar la  transformación  de este recurso extraordinario en una instancia adicional a las  ordinarias.  Tales  requisitos  se  orientan  a  conseguir  el desarrollo de los  libelos  dentro  de  unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  demostración  de  los  cargos propuestos, en cuanto resulten inteligibles, esto  es,  precisos  y claros, pues no corresponde a la Sala en su función reglada de  orden  constitucional  y  legal,  develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

Como en el asunto que concita la atención de  la  Sala  el defensor postula la violación directa de la ley sustancial, impera  señalar  que  tal  situación  acaece cuando a partir de la apreciación de los  hechos  legal  y  oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento, los  sentenciadores  omiten  aplicar la disposición que se ocupa de la situación en  concreto,  en  cuanto  yerran  acerca  de  su existencia (falta de aplicación o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los hechos probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan efectos diversos o  contrarios a su contenido (interpretación errónea).   

En  tal caso, sin que interese la especie de  vulneración  directa  de  la  preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores  recae   sobre   la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito     estrictamente     jurídico,  sea  porque  se  dejó  de  lado  el  precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho  se  adecua  a  una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

Obviamente,  no se debate allí la actividad  probatoria   ni   su   ulterior  ponderación  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En  el  libelo  examinado  en  punto  de  su  admisión  se  observa,  que el recurrente orienta su labor a exponer, sin más,  su  particular  interpretación  del  delito  de  demanda de explotación sexual  comercial  de  persona menor de dieciocho (18) años, exigiendo elementos ajenos  a  su  tipicidad, tales como el lucro económico para su autor, o el concurso de  “terceras personas” o el  recibimiento  de  un  pago  o promesa remuneratoria para que la víctima tuviera  relaciones  sexuales  con  otros individuos, o la presencia de una organización  criminal.   

Es  pertinente señalar que el casacionista  no  se detiene a ocuparse de la exposición de motivos del proyecto que culminó  con  la expedición de la Ley 1329 de 2009, dado que fue en tal legislación que  se  creó el delito de demanda de explotación sexual comercial de persona menor  de  dieciocho  (18)  años,  por  la  necesidad  de  hacer  frente  a las nuevas  dinámicas  de  explotación  sexual  comercial de niños, niñas y adolescentes  (ESCNNA).   

En  efecto, allí se expuso que en el marco  de   la  prostitución  infantil  es  necesario  sancionar  a  los  clientes,   pues   el   “delito       de      ‘estímulo     a    la    prostitución    de    menores’  contemplado  en  el  Código  Penal  sanciona  sólo  a quienes cuenten con una casa o establecimiento destinado a la  explotación  sexual  de  personas menores de edad (…). Además, es importante  resaltar       que       la       ‘práctica   de   actos   sexuales  en  que  participen  menores  de  edad’,  como  enuncia la  ley,  es un concepto amplio que no menciona claramente  las  relaciones  sexuales  remuneradas ni otro tipo de  actividad  sexual  que  se  realice  contra  menores  de  18  años.  Esto no es  coherente   con   los   instrumentos   internacionales   pertinentes”.    Este   artículo   no  condena  a  quienes  exploten sexualmente a personas menores de  edad  por  otros  medios, por ejemplo, ‘clientes’”  (subrayas fuera de texto).   

         Entonces,   se   precisa  en  dicha  exposición  que  el  proyecto  “propone  la  creación  de un nuevo tipo penal que  penalice    la   conducta   de   los   ‘clientes’ de la utilización de niños, niñas  y  adolescentes en la prostitución, al establecer que  quien  de manera directa o a  través   de  tercera  persona,  solicite   o   demande   realizar   acceso  carnal  o  actos  sexuales  con  persona  menor de 18 años, mediando pago    o    promesa    de    pago    será   sancionado   (subrayas fuera de texto).   

Y   se   puntualiza   con   claridad  que  “el  concepto  de explotación sexual es mucho más  amplio  que  el de proxenetismo, incluye no solo la conducta del proxeneta, sino  también      aquella      de      los     intermediarios     y     especialmente    del    ‘cliente’  abusador  para  el  caso  de  los  Niños, las Niñas y Adolescentes” (subrayas fuera de texto).   

         A  partir  de  lo anterior puede concluirse que el delito contenido  en  el  artículo  217  A del Código Penal, introducido a través del artículo  3º  de  la  Ley  1329  de  2009,  corresponde a un tipo penal con sujeto activo  indeterminado  y  sujeto  pasivo determinado en cuanto tiene que ser menor de 18  años,  precisando  de  los  verbos  rectores  de solicitar o demandar el acceso  carnal  u  actos sexuales, a cambio de pago o promesa de pago en dinero, especie  u otra retribución.   

         Adicionalmente  se  tiene,  que  al  disponer  el legislador que se  “incurrirá   por   este  sólo  hecho”  en  la  respectiva  sanción,  deja  expresamente  abierta  la  posibilidad  de  que tal conducta concurse con otras2,   pues   basta   para   su  consumación     con     la     demanda    o    solicitud    del    cliente orientada a los señalados fines  sexuales  mediando  un beneficio económico para la víctima. Desde luego, si en  dicho  marco  se  cometen otras conductas, por ejemplo, acceder sexualmente a un  menor  de catorce (14) años, aquél punible concursará con el de acceso carnal  abusivo.   

         El  delito  analizado  es  sustancialmente  del  proxenetismo o del  proxenetismo  con  menor  de  edad,  pues  tal como se dijo en la exposición de  motivos  de la Ley 1329 de 2009, no se sanciona la inducción a la prostitución  de    mayores    o    menores,    sino   el   proceder   de   los   clientes al deprecar servicios sexuales,  en  este  caso  de  menores   de  18 años,  a  cambio   de  una   remuneración   

dineraria  o  en  especie para la víctima,  quien  sin  duda  alguna está soportando la explotación comercial de su cuerpo  al ser tratado como mercancía.   

          Conforme  a  lo dicho, es evidente que en manifiesto desconocimiento  de  la  dual  presunción  de  acierto y legalidad del fallo, el censor pretende  imponer  su  personal  interpretación  del  delito  de  demanda de explotación  sexual,  exponiendo  para ello sus argumentos sin soporte o fundamento jurídico  alguno,     proceder     inaceptable     en     este    recurso    de    índole  extraordinaria.   

Además   se   constata,   que  si  en  su  planteamiento  por  el  sendero  de  la  violación directa de la ley sustancial  arguye  que  no  está  demostrada  la  responsabilidad  del acusado en grado de  certeza,  pues el padre del menor declaró que no le costaba que su hijo hubiera  recibido  dinero por tener relaciones sexuales, y la madre dijo que FERNANDO  HERNÁNDEZ  le  pagaba  $10.000  semanales  por  la  molienda  de  queso,  abandona  el  discurrir  rigurosamente  jurídico  de  la  violación directa de la ley, para ingresar en planteamientos  propios  del quebranto indirecto derivado de la ponderación judicial de ciertas  pruebas,  desarrollo  sustancialmente  diverso  del  equívoco postulado, que se  sustrae  por  completo  de la claridad exigida por el legislador en el artículo  184  de  la  Ley  906  de 2004, al señalar que corresponde al recurrente acudir  “mediante  demanda que de  manera   precisa   y  concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos”  (subrayas  fuera de  texto).   

Las  referidas falencias imposibilitan a la  Sala       emprender       el       estudio  de fondo del libelo,  pues  si  no  se  trata  de  un alegato de libre confección, su  presentación      con     base     en     asertos  indemostrados, y sin atenerse a las reglas lógicas y  argumentativas   gobiernan  este  recurso,  impone  su  inadmisión  de  acuerdo  con  lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,   pues  en  virtud  del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,   la   Corte   no   se   encuentra  facultada  para  enmendar  tales  incorrecciones.   

         Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos  o  garantías,  como para adoptar la decisión de superar los defectos  de  la demanda y decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3º del artículo  184 de la citada legislación.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  FERNANDO  HERNÁNDEZ PÉREZ,  por las razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                           GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO              JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 No se  registra  el  nombre  del  niño en aplicación del numeral 8º del artículo 47  del     Código     de     la    Infancia    y    la    Adolescencia.   

2  Similar  ocurre  con  el  punible  de concierto para delinquir, en el cual basta  para  su  consumación  el acuerdo de varias personas para cometer delitos, pero  si los realizan, estos concursan con aquél.     

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