40862(22-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 157.   

Bogotá, D. C., veintidós (22) de mayo de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  RUBÉN   DARÍO  CRUZ  SALAZAR  contra  la  sentencia  del  15  de  agosto  de 2012 mediante la cual el Tribunal Superior de  Cúcuta  confirmó  el  fallo  adoptado  el  13  de julio de 2011 por el Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Los  Patios,  que  condenó al procesado a la pena  principal  de 412 meses y 15 días de prisión, al igual que a las accesorias de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  lapso  de  20  años  y privación del derecho a la tenencia y porte de armas de  fuego  por  el  término de 15 años, como coautor penalmente responsable de los  delitos  de  homicidio agravado, tentativa de homicidio y tráfico, fabricación  o porte de armas de fuego.   

HECHOS  

          Los resumió el Tribunal de la siguiente manera:   

          “Esta  investigación  se  originó  con  fundamento  en  el  acta  de  inspección al cadáver de quien en vida se llamó  Jhon  Edison  Mendoza  Carrillo;  se  desprende  del  plenario que el día 15 de  octubre  de 2006, a eso de las 01:45 a.m., se encontraba el señor Juan Fernando  Gutiérrez   Guzmán,   junto   con   Jorge   Iván   y  Rubén  Darío,  en  el  establecimiento  público  conocido  como “La Isla”, ubicado en la avenida 4  No.  29-04  del  Barrio  La  Sabana  del municipio de Los Patios, lugar donde se  presentó  una  riña  entre dos grupos de personas, abandonando uno de ellos el  lugar;  momentos  más  tarde regresó uno de los sujetos que había participado  en  el  pleito inicial y sin mediar palabra alguna comenzó a disparar en contra  de  las  personas con las cuales había tenido el problema, resultando muerto el  señor  Jhon Edison Mendoza Carrillo y lesionados los señores Diego Mora Aceros  y Luis Alberto Gómez Torres.   

          Por  labores  de  inteligencia  se  estableció que el individuo que  disparó  contra  las  personas  antes referenciadas, responde al nombre de Juan  Fernando  Gutiérrez  Guzmán, quien fue capturado y puesto a disposición de la  autoridad judicial competente”.   

          Al   anterior  resumen  episódico  es  necesario  agregar  que  por  información    del    propio    Gutiérrez   Guzmán  se  supo  que quien le suministró el arma con la cual  disparó  contra  las  víctimas fue RUBÉN DARÍO CRUZ  SALAZAR.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   La   investigación  inicialmente  se  adelantó    contra    Juan    Fernando   Gutiérrez  Guzmán, quien aceptó anticipadamente los cargos, por  cuya  razón  se  produjo  la  ruptura de la unidad procesal, prosiguiéndose la  actuación     contra     RUBÉN     DARÍO    CRUZ  SALAZAR,   en  cuyo  desarrollo  se  le  escuchó  en  declaración  de  indagatoria,  tras  lo  cual,  el  15  de  octubre de 2008, la  Fiscalía  Seccional  de  Los  Patios,  Norte  de  Santander,  le  resolvió  la  situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento, en calidad de autor de los  delitos  de  homicidio  agravado, tentativa de homicidio y porte ilegal de armas  de defensa personal.   

2.  Clausurada  la  instrucción,  el  3  de  febrero  de  2009  la  Fiscalía  calificó  el mérito del sumario, profiriendo  resolución   de   acusación   contra   CRUZ  SALAZAR  por  los  mismos  punibles  atribuidos en la medida de  aseguramiento.  Por  vía  de apelación, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  de  Cúcuta  le  impartió  confirmación  en  decisión  del  16  de  abril  de  2009.   

3.  La  fase  del  juicio estuvo a cargo del  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Los  Patios,  cuyo  titular  realizó las  audiencias  preparatoria  y  pública  de juzgamiento, tras lo cual profirió la  sentencia  de  primera  instancia,  confirmada luego por el Tribunal Superior de  Cúcuta   en   virtud   del   recurso   de   apelación   interpuesto   por   la  defensa.   

6.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda  instancia,  el  representante judicial de CRUZ  SALAZAR   acudió   al   recurso   extraordinario  de  casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante formula tres cargos contra la sentencia del Tribunal,  los  dos  primeros  al amparo de la causal tercera de casación de la Ley 600 de  2000  y  el  tercero bajo el auspicio  de la causal primera, cuerpo segundo  de la misma disposición penal.   

          En    el    primer   cargo   denuncia  la violación del derecho de defensa y del debido proceso,  por  tres  razones.  En  primer  lugar,  porque  la  Fiscalía no le formuló al  procesado,   al  escucharlo  en  declaración  de  indagatoria,  la  imputación  jurídica    provisional,    pues    nunca    le    precisó   la   “modalidad   autoral”,  es  decir,  si  actuó    a    modo    de    autor,    coautor,    determinador,   cómplice   o  encubridor.   

          En  segundo  término, por cuanto en la resolución de acusación la  Fiscalía  atribuyó  al  procesado el delito de homicidio sin incluir agravante  alguno,  pese  a  lo  cual  el juez de primer grado, decisión confirmada por el  Tribunal,  lo  condenó  a  título  de  homicidio agravado, desbordando así su  competencia y desvertebrando la estructura del proceso.   

          Y  en tercer lugar, merced a que en la misma acusación la Fiscalía  imputó       al       procesado       la      calidad      de      “actor”,   término   auténticamente  civil  que  se  refiere  al  demandante,  sin  atribuirle  la calidad de autor o  coautor,  a  pesar  de  que  el  pliego de cargos debe ser claro, concreto, real  “y a derecho”, resultando  entonces     “inidóneo    o    antitécnico    o  dubitativo”.   

          En  consecuencia,  solicita  casar  la  sentencia  para  declarar la  nulidad desde la indagatoria.   

          En    el   segundo   cargo   acusa  al  Tribunal por vulnerar también el derecho de defensa y el  debido  proceso,  esta  vez en razón a que la sentencia no está en consonancia  con la acusación.   

          Al  respecto  destaca  cómo  la Fiscalía atribuyó al procesado el  delito  de  homicidio  y  el  de  tentativa  de homicidio agravado. Pese a ello,  añade,  el  juez de primer grado lo condenó por homicidio agravado y tentativa  de  homicidio,  con  lo  cual agravó el primero de ellos, en tanto le quitó el  carácter  agravado  al  segundo,  proceder  arbitrario y fuera de todo contexto  racional.   

          De   esa   manera,   solicita  casar  la  sentencia  y  “revoque  la  sentencia  de  condena,  declare la nulidad y ordene  dictar      sentencia      conforme      a     la     acusación”.     

          En    el    tercer   cargo   predica  la  existencia  de  error  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad  en  relación  con  el  testimonio  de  Juan  Fernando Gutiérrez Guzmán.   

          Lo  sustenta  señalando  que  el mencionado deponente involucró al  procesado  al  atribuirle  que  fue  quien  le prestó el arma de fuego, lo cual  resultó  totalmente  falso,  pues  no  hay prueba demostrativa de ese hecho, en  tanto nadie lo vio o sorprendió alcanzándole dicho artefacto.   

          Para  el  impugnante,  si  bien el acusado acompañó a Gutiérrez  Guzmán al lugar de los hechos,  esa  situación  no  implica la responsabilidad del primero, por cuanto no está  demostrada  la  existencia  de  connivencia  entre  ellos, ni que aquél hubiera  influido  en  el  autor  de  los  disparos,  como  tampoco que le haya entregado  dolosamente el arma.   

          En  su  criterio,  a  lo  sumo  se  podría  pensar  que actuó como  encubridor,   pero   jamás   como   coautor.   Considera  que  el  ad  quem parte de una conjetura inadmisible  para  predicar  lo contrario, pues ninguno de los testigos presenciales sostiene  que   CRUZ  SALAZAR  actuó  conjuntamente  con el agresor. En ese sentido resalta cómo la propia Fiscalía,  en  la  audiencia pública, solicitó la absolución del procesado, petición no  acogida  por  los  juzgadores,  quienes  a  partir  de  pequeñas  coincidencias  dedujeron la responsabilidad penal.   

          Sobre  la  base  de  estar  fundada  la  condena  en  un  testimonio  “lleno  de  rencor,  de egoísmos… de envidia y de  mala  fe,  especialmente  por  haber  sido  mi  prohijado  quien  señaló a las  autoridades   el   sitio   exacto   donde”   Gutiérrez  Guzmán  buscó  refugio,  pero  en  particular por falta de pruebas, demanda  casar la sentencia y proferir fallo absolutorio.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         Acorde  con lo establecido en el artículo  213  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, bajo cuyo imperio se ritúa el  presente  asunto,  corresponde a la Corte calificar la demanda de casación para  determinar  si  reúne  o  no los requisitos contemplados en la ley. Uno de esos  presupuestos  está  establecido  en  el  numeral 3º del artículo 212 ibídem,  conforme  al  cual  en  el libelo se debe enunciar la causal y formular el cargo  con  indicación  clara  y  precisa  de  sus  fundamentos y de las normas que el  demandante estime infringidas.   

          Según  criterio  reiterado  de  la  Sala,  el cumplimiento de dicho  presupuesto  impone  al  actor la carga de efectuar una labor de fundamentación  lógica  y  coherente,  en tal forma que los cargos formulados correspondan a la  causal  invocada  y  se  orienten  a  demostrar que el sentenciador incurrió en  vicios   in   procedendo  o  in  iudicando, de acuerdo con  el  motivo  de  casación seleccionado, para lo cual, además, se hace necesaria  la  satisfacción  de  las  pautas  de sustentación que la jurisprudencia de la  Corte  tiene  establecidas frente a la estructuración de cada uno de los yerros  demandables por la vía extraordinaria en mención.   

          Además,  en la postulación de  las  censuras  al  actor le  es  imperioso  respetar  el  principio de corrección material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos  y  contenido  del  ataque  deben  corresponder  en  un  todo  con la realidad procesal1   

.  

En el caso objeto de examen, advierte la Sala  que  el  demandante  no  cumple  dichos  requisitos  de  fundamentación  de  la  demanda.   

En    efecto,   en   los   dos    primeros   cargos   plantea   la  existencia  de  nulidad,  por  violación  del  debido  proceso y derecho de defensa.   

A  este  respecto, pertinente es recordar el  criterio  de  la  Sala  acorde  con  el  cual  las  censuras  sustentadas  en el  mencionado  motivo de casación deben contener, como mínimo, la identificación  de  la  irregularidad,  la expresión clara de sus fundamentos, el señalamiento  de  si  se  trata  de  un  vicio de estructura o garantía, la indicación de la  norma  o normas violadas, la mención del momento procesal en donde se presentó  la  anomalía  y de las actuaciones afectadas con la misma, así como motivar su  trascendencia  y   demostrar  a  la  Corte  que la nulidad se erige como el  remedio  único  y  extremo  para  enmendar la incorrección procesal, surgiendo  así indispensable el fallo de casación.   

         

Además,  en  un  mismo cargo por nulidad no  puede  proponerse simultáneamente el quebranto del debido proceso y del derecho  de   defensa,  porque  se  trata  de  vulneraciones  que  afectan  dos  ámbitos  suficientemente   delimitados   y   delimitables,   conforme   lo  ha  sostenido  pacíficamente  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación.  Ello, por cuanto la  vulneración  del debido proceso constituye un vicio de estructura, mientras que  el  quebranto  del  derecho  a  la  defensa  comporta  un  vicio  de  garantía,  características  distintivas  que  imposibilitan  su  invocación conjunta, con  fundamento  en  los  mismos  supuestos  de  hecho  procesales y con apoyo en las  mismas razones críticas.   

          Tiene  dicho  también la Corte que si lo pretendido es denunciar la  presencia  de  varias  irregularidades, cada una de ellas con entidad suficiente  para  invalidar  la  actuación o parte de ella, resulta indispensable que en la  demanda  se  sustenten en capítulos separados y de manera subsidiaria si fueren  excluyentes,  pues  sólo  así  puede  acatarse  la  exigencia  de  claridad  y  precisión  en  la  postulación  del  ataque  y  respetarse  los  principios de  autonomía    y    de    no    contradicción    de    los    cargos   en   sede  extraordinaria.   

          En  el  presente  evento,  el  demandante  aduce  indistintamente la  vulneración  de  los  derechos  a  la  defensa y debido proceso, entremezclando  indebidamente  dos  motivos de nulidad que por revestir diversa naturaleza deben  ser  postulados, como se dijo, de manera separada, pues el primero corresponde a  un  vicio  de  garantía,  mientras  el  segundo a un vicio de estructura.    

          Ahora  bien,  en  el primer cargo el libelista aduce la presencia de  tres  irregularidades, la primera por no haberse concretado en la indagatoria la  imputación  jurídica,  la  segunda por incurrirse en incongruencia en el fallo  con  respecto a la acusación y la tercera por ambigüedad del pliego de cargos,  resultando  todas  excluyentes  entre  sí,  por cuanto la alegada incongruencia  implica  reconocer  la  validez de la pretérita actuación procesal, situación  que,  sin  embargo,  se  desconoce  al  predicar las otras dos anomalías. De la  misma  manera, si se sostiene que la acusación es ambigua, ello implica admitir  que  la  indagatoria  se  llevó  a  cabo  legalmente, lo cual, empero, entra en  oposición con el primero de los vicios invocados por el actor.   

          Lo   anterior  pone  de  manifiesto  la  equívoca  confección  del  referido  ataque,  pues  las  irregularidades debieron sustentarse por separado,  dado su carácter excluyente.   

          Pero  es  más,  encuentra  la  Sala  que  algunas  de  las  postulaciones  incluidas en los cargos primero y segundo no se  corresponden  con  la  realidad  procesal.  En  efecto,  no  es cierto que en la  resolución  de acusación no se haya atribuido al procesado agravante alguno en  relación  con  el  homicidio consumado. La lectura de esa pieza procesal revela  lo contrario, como se observa en el siguiente aparte de la misma:   

         “Los  hechos  por  los  cuales  se procede están definidos en el  Código  Penal  vigente en el libro segundo Parte Especial, Título I, Capítulo  Segundo   “Delitos  contra  la  vida  e  integridad  personal,  artículo  103  homicidio,  con circunstancia de agravación punitiva  de   conformidad   al   numeral   7  del  artículo  104  sancionado  con  pena  de  prisión  de  veinticinco  (25)  a  cuarenta  (40)  años…”  (subraya     la     Corte)2.    

          Lo   anterior  entonces  deja  sin  fundamento  la  aseveración  en  dirección   distinta  hecha  por  el  casacionista  en  los  cargos  primero  y  segundo.   

          Es  cierto sí que en la parte resolutiva el fiscal solamente habló  de  homicidio,  pero  eso  no  significa  que la imputación se haya formulado a  título  solamente  de homicidio simple, pues la resolución de acusación no se  compone  únicamente  de  ese  segmento,  sino  también  de  su  parte  motiva,  integrando   así   un  todo.  Es  más,  recuérdese  que,  como  lo  ha  dicho  reiteradamente  la  Sala,  el fragmento motivacional de la providencia prevalece  sobre  el  resolutivo,  pues  en  el  primero  se  contienen  las  razones de la  decisión3.   

          Similar  situación  acontece  en relación con la afirmada falta de  concreción  en  el pliego acusatorio de la forma de intervención del procesado  en  el  punible.  Esa pieza procesal, en su parte motiva, igualmente fue expresa  en acotar lo siguiente:   

          “En  cuanto  a la solicitud de preclusión, tampoco comparte estos  planteamientos,  teniente  en cuenta que sí se logró probar la responsabilidad  que  existe  en  el imputado como autor de los delitos  endilgados…”   (subraya  también             la             Sala)4.   

         

          Encuentra  la  Corte  que  la Fiscalía, ciertamente, utilizó en la  parte     resolutiva    de    la    acusación    el    término    “actor”,  pero fácilmente se advierte  que   se   trató  de  un  lapsus  cálami,  sin  incidencia  alguna,  pues,  como  quedó  visto, el segmento  motivacional  de  la  decisión  es  claro  y  expreso  en concretar la forma de  intervención del acusado en el acaecer delincuencial.   

          Por  lo demás, como se dijo atrás, la postulación en casación de  un   cargo   por   nulidad  le  exige  al  libelista  fundamentar,  entre  otros  presupuestos,  la  trascendencia  de  la  irregularidad,  carga argumentativa no  cumplida  en  este  caso,  pues  en la demanda no se acreditó de qué forma las  imprecisiones  cometidas por la Fiscalía en la parte resolutiva dificultaron el  ejercicio  de  la defensa del acusado,  cuando en el segmento considerativo  de  esa  decisión  quedaron claramente expresados los aspectos echados de menos  por el impugnante.   

         

          Análogo  defecto de sustentación se advierte en el cuestionamiento  según  el  cual  en  la  indagatoria  no  se precisó la modalidad “autorial”,   pues  también  en  ese  tópico  el  censor  omitió  demostrar  la  forma  en  que esa inobservancia le  impidió  al  procesado  ejercer adecuadamente el derecho de defensa, si en todo  caso  en  el  curso  de  la  diligencia  de  inquirir el interrogador le puso de  presente  en  forma  clara la imputación fáctica, así como los delitos objeto  de  investigación,  amén de que al resolverle la situación jurídica, lo cual  ocurrió  apenas  cinco  días  después,  la  Fiscalía  le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  a título de “autor”    de    los    referidos    punibles5.     

          Debe   acotarse,   finalmente,   que   el   demandante   carece   de  legitimación  para  cuestionar,  como lo hace en el segundo cargo, la decisión  del  fallador  de  suprimir  el  carácter agravado a la tentativa de homicidio,  según  los  términos  de  la  acusación,  pues un tal proceder le reportó un  evidente beneficio al acusado.   

          En    el    tercer   cargo   el   actor   denuncia  la  existencia  de  un error de hecho por falso  juicio   de   identidad   en   relación   con  el  testimonio  de  Juan Fernando Gutiérrez Guzmán   

El invocado yerro, como lo tiene precisado la  jurisprudencia  de esta Corporación, se presenta cuando el juzgador distorsiona  el  sentido  material de la prueba en cuanto la cercena, adiciona o translitera.  Para  su  demostración,  es  deber del actor identificar el medio sobre el cual  recayó  el  dislate,  realizar  un  cotejo  entre  su  contenido y aquel que le  atribuye  el fallador, precisando los apartes donde se presenta la distorsión y  luego acreditar la trascendencia del yerro.   

El  libelista,  ni de lejos, se esfuerza por  cumplir  la  aludida  carga  de  sustentación.  Si  bien  precisa  el  elemento  probatorio  sobre  el cual habría recaído el dislate, no efectúa el análisis  comparativo  entre  lo  consignado  en  la  referida declaración y el contenido  atribuido   por  el  fallador  a  la  misma,  precisando  el  aparte  objeto  de  tergiversación.  De  igual  manera,  tampoco explica la incidencia del yerro en  las conclusiones probatorias del Tribunal.   

Contrariamente,  se  limita a afirmar que en  este  caso  no  concurren  los  requisitos  exigidos  por  la  ley procesal para  proferir  sentencia de condena, acudiendo para el efecto a argumentos tales como  el   de  predicar  la  ausencia  de  prueba  demostrativa  de  que  RUBÉN   DARÍO  CRUZ  SALAZAR  fue  quien  proporcionó   a   Juan  Fernando  Gutiérrez  Guzmán  el  arma  con  la  cual  éste  disparó  contra  las  víctimas  o  de  haber  influido  en  él  para  que  actuara  en  ese sentido,  controvirtiendo  así  el mérito asignado por el Tribunal al acervo probatorio,  cuyo ponderación le permitió evidenciar establecido lo contrario.   

Con tal forma de razonar el actor olvida que  en  sede  de casación no resultan admisibles ese tipo de controversias, dada la  doble   presunción  de  acierto  y  legalidad  que  acompaña  a  la  sentencia  impugnada,   a   cuyo   tenor  las  conclusiones  probatorias  del  sentenciador  prevalecen  sobre las de los sujetos procesales, salvo la demostración de error  ostensible  mediante  las  exigencias de fundamentación demandadas por la ley y  la jurisprudencia, lo cual no acontece en este caso.   

         

          En   consecuencia,   por   su  inapropiada  sustentación,  la  Sala  inadmitirá   la   demanda   instaurada   por   el   defensor   de  RUBÉN DARÍO CRUZ SALAZAR.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  RUBÉN  DARÍO  CRUZ SALAZAR.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

                                                                                                                                                           

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                    JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr. Auto del 2 de mayo de 2012, radicación 26846.   

2 Folio  547 de la actuación de primera instancia.   

3  Al  respecto,  ver  sentencia del 3 de abril de 2008, radicación  23682.  En  el  mismo  sentido, sentencia del 29 de octubre de 2009, radicación  31731.   

4 Folio  ídem.   

5 Folio  223 de la actuación procesal en cita.     

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