40701(30-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 131  

          Bogotá   D.C.,   treinta   (30)   de   abril   de  dos  mil  trece  (2013).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el recurso de apelación  interpuesto  por el defensor del doctor CARLOS EDUARDO  RINCÓN  VENTURA,  ex Juez Sexto Laboral del Circuito  de  Barranquilla,  contra  la sentencia proferida el 22 de noviembre de 2012 por  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de esa ciudad, por cuyo medio lo condenó  como  autor  del  concurso  de  delitos  de peculado por apropiación a favor de  terceros  a  la  pena de ciento cincuenta meses de prisión, multa de un millón  de pesos e inhabilitación de derechos y funciones por diez años.   

HECHOS  

Fueron resumidos por el Tribunal de instancia  así:   

“De la foliatura  se  desprende  que  la presente investigación se origina a raíz de la compulsa  de  copias  ordenada  por  la  Fiscalía  Veintinueve  Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  ordenando  investigar a algunos jueces laborales de esta  ciudad   que   dictaron  mandamientos  ejecutivos  en  procesos  donde  resultó  condenada  la  empresa Puertos de Colombia en su condición de entidad Estatal a  pagar  elevadas  sumas  de  dinero por lo que le fueron embargadas sus cuentas y  bienes.   

Concretamente los hechos que vinculan a esta  investigación  al  procesado  se  refieren  a los procesos ejecutivos laborales  radicados  bajo  los números 1937, 1949, 1976, 1979 donde el Juez Sexto Laboral  dicta  mandamientos  de  pago,  ordena  el  embargo  y secuestro de bienes de la  empresa  demandada  y  realiza  conciliaciones,  todo  esto conllevó el pago en  dinero    de    todas    las   pretensiones   de   los   demandantes”1.    

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  23  de  enero  de  2008  la  Fiscalía  Veintinueve  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  al desatar la  impugnación  propuesta  en  el proceso seguido contra  Zilia  Rodríguez  y otros, compulsó copias para que  se  investigara  a  los  jueces  laborales  que  expidieron los mandatos de pago  revisados en esa investigación.   

El  30  de  octubre  de  2009  la Fiscalía  Sesenta  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, previa indagación  preliminar,    abrió   instrucción   en   contra   del   doctor   CARLOS   EDUARDO   RINCÓN   VENTURA  en  relación  con  el  delito  de peculado por apropiación a favor de terceros con  ocasión  de  los  procesos  laborales  Nos.  1976, 1949, 1937 1979. Así mismo,  declaró  extinguida la acción penal por prescripción respecto de los punibles  de        prevaricato        por       acción2.   

El  19  de  mayo  de  2011  la  Fiscalía  instructora  declaró  persona  ausente al procesado3    y   el   23   de   junio  siguiente     definió    situación   jurídica   imponiendo   medida   de  aseguramiento  de detención preventiva, sin beneficio de excarcelación, por el  concurso   de  delitos  de  peculado  por  apropiación  a  favor  de  terceros.   

El  4 de noviembre de 2011 el ente acusador  calificó  el  mérito  del  sumario con resolución de acusación por el citado  conjunto  delictivo.  De  igual  forma, sustituyó la medida de aseguramiento de  detención  preventiva  por la prohibición de salir del país y caución de dos  salarios mínimos mensuales vigentes.   

SENTENCIA IMPUGNADA  

La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de  Barranquilla  inicia  desestimando  la prescripción de la acción postulada por  la  defensa  por  cuanto  el  lapso  prescriptivo es de 20 años considerando el  artículo  133  del  Decreto  100  de  1980,  modificado  por la Ley 43 de 1982,  término  que  no  se  superó  por cuanto los mandamientos de pago cuestionados  datan  del  17  de septiembre y 5 de octubre de 1992, 15 de julio y 26 de agosto  de  1993  y  la resolución de acusación adquirió firmeza el 5 de diciembre de  2011.    

Enseguida   la  Colegiatura  a   quo   colige   la  adecuación  del  comportamiento  desplegado  por  el  investigado  al  tipo penal de peculado por  apropiación  dada su calidad de servidor público con disposición jurídica de  los  bienes  del  Estado  por  virtud  del  trámite  de  los procesos laborales  sometidos a su jurisdicción.   

A  partir  de lo anterior, resalta cómo el  doctor      RINCÓN      VENTURA     libro  mandamiento  de  pago el 17 de septiembre de 1992 dentro del  proceso  No.  1976  a  favor  de  Anatolia  Maury  de  Maury     en     cuantía    de    $72’349.293,74,  cifra  reconocida por la  demandada  a  través  de  Resolución   296  del  1  de diciembre de 1993.  Además,  agrega, la obligación ejecutada fue pagada en dos ocasiones porque en  la    Resolución    554   del   21   de   junio   de   1994   de   Foncolpuertos  se  ordenó  el  pago  de  $276’070.025,98   con  fundamento  en unas actas de conciliación celebradas en la Inspección Regional  del  Trabajo  de Barranquilla, cuyos beneficiarios son los mismos accionantes en  el citado expediente.   

El  radicado  No.  1937  desapareció  del  Juzgado,  razón  por  la cual de los pocos documentos recuperados se colige que  se      expidió      mandamiento      de      pago      por     $68’323.555,83  el  15  de julio de 1993,  suma  cuyo  pago  se  ordenó  en  la  Resolución  321  del  16 de diciembre de  1993.   

En   el   proceso  No.  1949  se  emitió  mandamiento  de  pago  el  26  de  agosto  de  1993 por valor de $81’176.834,51,   cifra   conciliada  en  $69’654.573,90,   pago  dispuesto  por  la  demandada  mediante  Resolución  321 del 16 de diciembre de  1993.   

Por  último,  en  el  radicado No. 1979 se  libró   orden   de   pago   el   5  de  octubre  de  1992  por  $59’928.744,79,  guarismo  conciliado  en  $51’253.410,85  y pagado  el 16 de diciembre de 1993.   

A  continuación  afirma que en las citadas  actuaciones  se  concreta  el  actuar  doloso  del  investigado  porque expidió  mandatos  de  pago  sin sustento probatorio o jurídico en tanto no se aportaron  títulos  ejecutivos  que detallaran obligaciones claras y expresas provenientes  del   deudor.  Además,  el  doctor  RINCÓN  VENTURA  profirió  las  citadas providencias sin verificar si  los  demandantes  tenían  derecho  al  reajuste  de  la Ley 4 de 1976, pues las  resoluciones  presentadas  como  fuente  del  derecho  reconocían  pensiones  o  sustituciones   pensionales,   pero  no  el  incremento  impetrado.  Tampoco  se  demostró  la  existencia y representación de la empresa demandada ni se dio el  trámite  debido  al proceso porque a pesar de haberse presentado excepciones el  funcionario  no envió el expediente a segunda instancia al considerarlo saneado  con    la   conciliación   celebrada   en   su   presencia   pero   fuera   del  despacho.     

De  otra parte, la Colegiatura a   quo   aduce  que  no  es  necesario  demostrar     la     intervención    de    RINCÓN  VENTURA   en  todas  las  acciones  que  suponen  la  ejecución  del  punible  de  peculado, pues basta con evidenciar que colocó el  cargo  al  servicio  del propósito delictivo. En ese orden, el dolo lo funda en  que  la  especial capacitación del funcionario le permitía conocer el trámite  del  proceso ejecutivo laboral, descartando que fuera objeto de engaño. Colige,  entonces,  que  prestó  voluntaria y conscientemente sus servicios a la empresa  criminal  constituida  por abogados, trabajadores y ex empleados de Foncolpuertos,  configurándose con  ello,  además, las categorías jurídicas de antijuridicidad y culpabilidad del  delito.   

LA IMPUGNACIÓN  

         

La  defensa  solicita  la revocatoria de la  sentencia   y   la  absolución  del  doctor  RINCÓN  VENTURA  en  razón  de  la  atipicidad  objetiva  y  subjetiva  de la conducta imputada. Subsidiariamente plantea la prescripción de  la acción penal.   

En  cuanto al aspecto objetivo, señala que  no  se  demostró  la  apropiación  de  recursos por parte de terceros, pues el  delito  no  se  configura con la simple emisión del mandamiento de pago como se  adujo en la sentencia.   

En  tal  sentido,  destaca  cómo la Unidad  Especial  de  Gestión  Pensional del Ministerio de Protección Social, mediante  oficio  GPSPC  345  del  20 de octubre de 2009 certificó que no tenía forma de  verificar  el  pago  de  la suma de $51’253.410,85.  Por  ello,  pide  ponderar  esta  prueba  en tanto fue  solicitada  y decretada oportunamente. En el mismo sentido, afirma, debe tenerse  en  cuenta  las  otras  comunicaciones en las que se informa la imposibilidad de  confirmar si se concretaron los desembolsos.   

Cuestiona la afirmación del Tribunal acorde  con  la  cual los mandatos de pago se fundaron en títulos sin sustento fáctico  y  jurídico,  pues  ello  constituye  la  base  de  imputación  del  delito de  prevaricato  y  no del peculado. Por demás esas órdenes no fueron objetadas ni  han sido revocadas o reformadas.   

En punto de la atipicidad subjetiva refiere  que  la  Fiscalía  no  demostró  más  allá  de toda duda razonable el actuar  doloso   del   doctor   RINCÓN  VENTURA,  es  decir,  el  ánimo  de  lucro  para  sí o un tercero. Así,  resalta  cómo  entre  el ex funcionario y los demandantes no existía relación  de  amistad,  familiar  o profesional ni se verificó la entrega de dádivas que  puedan  indicar  un móvil para favorecerlos, pues usualmente no se benefician a  terceros por simple liberalidad.   

Finalmente,  aduce la prescripción de la  acción  penal por cuanto la pena máxima prevista para el delito de peculado es  de  15  años,  lapso que transcurrió desde los años 1992 y 1993 hasta el 4 de  noviembre   de   2011,   cuando  se  profirió  la  resolución  de  acusación.   

Lo  anterior  porque resulta inaplicable el  aumento  de  una tercera parte de la pena por la condición de servidor público  del  artículo  82  del  Código Penal en tanto vulnera el principio fundamental  del  non  bis  in  ídem al  tomar  en  consideración  dos  veces esa calidad para agravar la situación del  procesado.   

CONSIDERACIONES  

La  Sala  es  competente  para  resolver la  alzada  de conformidad con lo dispuesto en el numeral 3º del artículo 75 de la  Ley  600  de  2000,  pues  la  acción penal es ejercida contra el ex Juez Sexto  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla,  juzgado  en  primera instancia por el  Tribunal  Superior  de  esa  ciudad,  por  actos  realizados en ejercicio de sus  funciones.   

Con  apego a lo normado en el artículo 204  del  estatuto  procesal  penal en mención, la labor de la Corte se contraerá a  examinar  los  aspectos  sobre  los cuales se expresa inconformidad, incluyendo,  como  lo  autoriza  esa  preceptiva,  los  temas inescindiblemente vinculados al  objeto  de  la  censura.  En  ese  orden,  la Sala abordará el análisis de los  siguientes  tópicos  planteados  por  el impugnante: (i) Sobre la prescripción  (ii) Del caso concreto.   

     

i. La prescripción de la acción     

Según  el  recurrente,  el  término  de  prescripción    para    los    delitos   imputados   al   doctor   CARLOS  EDUARDO  RINCÓN VENTURA es de 15  años  y  no  de  20  años como lo adujo el Tribunal, por cuanto no es factible  aplicar  el aumento de una tercera parte previsto en el artículo 82 del Código  Penal  de  1980,  pues  ello  comporta  vulnerar  el  principio del non  bis in ídem al considerar dos veces  la  condición de servidor público del procesado, primero en la definición del  peculado y segundo en el lapso prescriptivo.      

Pues bien, encuentra la Sala que tal postura  no  tiene  respaldo  jurídico  y, por el contrario, contraviene los precedentes  que  sobre  la  materia  han fijado la Corte Constitucional y esta Corporación,  denotando   temeridad  y  falta  de  rigor  jurídico,  razón  suficiente  para  desestimar esta proposición.   

En  efecto, está suficientemente decantado  que  el  mayor  lapso  prescriptivo  para los servidores públicos no vulnera el  citado  principio  por la sencilla razón de que el aumento de una tercera parte  consagrado  en  los  artículos 82 del Decreto 100 de 1980 y 83 de la Ley 599 de  2000,  no  comporta  una  sanción  adicional  que  incremente  el  quantum  punitivo imponible al procesado  puesto  que  sólo se tiene en cuenta para efectos de la prescripción y no para  graduar   la   pena.  Al  respecto,  la  Corte  Constitucional  al  estudiar  la  constitucionalidad de la citada preceptiva precisó,   

“6.  Como  es  lógico,  la  extinción  de  la acción penal en virtud de la prescripción, al  tiempo  que  delimita  la potestad sancionadora del Estado, es un beneficio para  el  sindicado  de la comisión de una conducta punible, en cuanto le confiere la  seguridad  de  que no habrá en el futuro investigación, juzgamiento y sanción  en su contra por causa de tal conducta.   

Sobre esta base, jurídicamente no  es  válido  afirmar  que  el  aumento del tiempo para alcanzar  dicho  beneficio  configure  una  pena, que sería adicional por la comisión de  una  misma  conducta  punible,  conforme  al concepto  propio  de  pena  en el campo del Derecho Penal, entendida como la reacción del  Estado  ante  la  realización  de  conductas que lesionan o ponen en peligro en  forma  grave  bienes  jurídicos  fundamentales  de la sociedad, y que genera el  sacrificio  de derechos de su destinatario, principalmente la libertad personal.  Menos  aún  es válido afirmar, por la falta de todo  sentido,  que  ese  aumento  configure  una  nueva  investigación  o  un  nuevo  juzgamiento  que  pueda  conducir a la imposición de una nueva pena por una misma conducta.   

Por  consiguiente,  de  acuerdo  con  los  lineamientos  jurisprudenciales  sobre  el contenido y los efectos del principio  non  bis  in  ídem,  antes expuestos, es claro que al  aumentar  la  expresión  demandada  el  término de prescripción de la acción  penal   respecto  de  las  conductas  punibles  realizadas  por  los  servidores  públicos  en  ejercicio  de  sus  funciones  o  con ocasión de ellas, o con su  participación,  en  una  tercera  parte,  no  quebranta  dicho  principio,  que  prohíbe  imponer a una persona más de una sanción por los mismos hechos y por  la  misma  causa o fundamento jurídico, es decir, por  los  mismos  hechos  y  por  la  lesión  o  puesta  en peligro de un mismo bien  jurídico,  o  adelantar  una  nueva  investigación  o  un nuevo juicio con esa  finalidad.   

Así  lo consideró la Corte Constitucional  en  la Sentencia C-345 de 1995, al declarar exequible el Art. 82 del Decreto ley  100  de  1980, por el cual se expidió el Código Penal anterior, artículo cuyo  texto  era  sustancialmente  idéntico  al demandado en esta oportunidad, por la  supuesta    vulneración    de    los    principios    de    igualdad    y    de  proporcionalidad”4          (subrayas fuera de texto).   

En  ese  orden,  no hay lugar a decretar la  prescripción  de  la  acción por cuanto el término de prescriptivo del delito  de    peculado    imputado    al    doctor   RINCÓN  VENTURA es de 20 años, el cual no transcurrió desde  cuando   se   emitieron   las   ordenes   que   originaron  la  apropiación  de  recursos   estatales  (17  de  septiembre  y 5 de  octubre   de   1992,   15   de   julio  y  26  de  agosto  de  1993)   y  el  5  de  diciembre  de 2011, fecha en la que adquirió  ejecutoria la resolución de acusación.    

     

i. Del caso concreto     

Aduce   el   impugnante  que  los  hechos  investigados  son  atípicos  objetiva  y  subjetivamente  en razón a que no se  demostró  la  apropiación  de  recursos por parte de terceros ni el dolo   específico  del  delito  de  peculado,  esto  es,  el  ánimo  del procesado de  favorecer a terceros para que se hicieran a los recursos estatales.   

En   punto   de  la  atipicidad  objetiva  pregonada,  la Sala encuentra que no le asiste razón a la defensa por cuanto en  el  expediente  sí  figura  prueba del pago realizado por la Empresa Puertos de  Colombia,  Terminal Marítimo y Fluvial de Barranquilla, situación que deja sin  soporte la tesis defensiva.   

Así,  en  la  etapa  de  instrucción  la  Fiscalía  acopió e incorporó al expediente como prueba los procesos laborales  Nos.  1949  y  1979  en  original  y  los  Nos.  1976 y 1937 reconstruidos, cuya  revisión  permite  a  la  Sala  colegir el pago de los rubros dispuestos en los  mandamientos ejecutivos, conforme a la siguiente relación:   

Proceso             

Mandamiento   de  pago             

Conciliación             

Pago  

1949             

26/08/1993             

14/12/1993             

16/12/1993 Juzgado  entrega  título  No.  I98023454  de  la  misma  fecha por  $69’654537,90 (fl 204)  

1979             

5/10/1992             

14/12/1993             

16/12/1993  Juzgado  entrega título No. I98028864  de    la    misma   fecha   por   $51’253.410,85 (fl 264)  

1937             

15/07/1993             

14/12/1993             

Diciembre    de  1993   

Abogado  Hernando  Manzano   Peñaranda,   desiste  por  conciliación.  Juzgado ordena archivo el 24/08/1994 (fls 260 y 261).  

1976             

17/09/1992             

14/12/1993             

Diciembre    de  1993   

Abogada  María  Cristina    Ocampo    de    Manzano,   desiste   por  conciliación. Juzgado ordena archivo el 24/08/1994 (fls 209 y 210)  

Entonces, el pago si se concretó por cuanto  aparece   la  información  del  título  judicial  consignado  por  la  empresa  demandante  para  cancelar la cifra conciliada, así como el acta de entrega del  mismo,   suscrita   por  “el  juez  CARLOS  RINCÓN  VENTURA,  quien  recibe,  Hernando  Manzano  Peñaranda y el secretario, William  Hernández  Quintero”  para el caso del proceso No.  1979  y  por  “el juez CARLOS RINCÓN VENTURA, quien  recibe,   Belisario   Deyongh   Manzano  y  el  secretario,  William  Hernández  Quintero”   en   el   radicado   No.   1949.    

De esta manera, aunque las dependencias del  Ministerio  de  Protección  Social  encargadas  del  archivo  documental  de la  extinta  Empresa  Puertos de Colombia no hallaron registro del pago, tal como se  indica  en el oficio UGPP No. 20125021160361 del 11 de septiembre de 2009 citado  por  el  impugnante,  lo  cierto es que el mismo se encuentra demostrado con las  actas  de  entrega  del  título  judicial  consignado por la empresa demandada,  suscrita  por los apoderados de los demandantes y con las subsiguientes órdenes  de archivo por cumplimiento de la obligación.   

          En  cuanto  a  los procesos reconstruidos, Nos. 1937 y 1976, en las  piezas   procesales   recuperadas  destacan  los  memoriales  signados  por  los  litigantes  Hernando  Manzano Peñaranda y    María    Cristina    Ocampo   de  Manzano  por  cuyo  medio  desisten  de  la  acción,  “toda  vez que la misma fue conciliada con la parte  demandada”5,  por manera que la siguiente  actuación  procesal  corresponde al auto del juzgado mediante el cual admite el  desistimiento  y  ordena  el  archivo  del  expediente,  situación  que solo se  explica por el pago total de los rubros solicitados.   

          Por   tanto,  contario  a  lo  expresado  por  la  defensa,  en  la  actuación  examinada se demostró con prueba legal y oportunamente recaudada la  apropiación  de  recursos  estatales  por  parte de  los demandantes y sus  apoderados.   

De otra parte, tampoco puede prosperar la  tesis  defensiva  sobre  la  imposibilidad  de  cuestionar  la  legalidad de los  mandatos  de  pago  por  hacer  parte  del  punible  de  prevaricato y no del de  peculado,  por  cuanto  la  prescripción de la acción por el punible contra la  administración   de   justicia   no  impide  que  se  analicen  y  valoren  las  consecuencias   derivadas  de  las  decisiones  calificadas  de  manifiestamente  contrarias a la ley.   

En  otros  términos,  como  el prevaricato  constituyó  el  medio  a  través  del  cual  se concretó el peculado, resulta  viable  analizar  las secuelas de las decisiones judiciales cuestionadas así no  pueda  predicarse  la  ilegalidad  del  instrumento  utilizado  para  lograr  la  apropiación.   

En  relación con el tipo subjetivo la Sala  encuentra   que   las   actuaciones   desplegadas  por  el  doctor  CARLOS   EDUARDO   RINCÓN   VENTURA  al  interior  de  cada  uno  de  los procesos laborales evidencian un comportamiento  consciente  y  voluntario orientado a favorecer la postura de los demandantes en  detrimento  de  la  parte  demandada  y,  sobre  todo, de los recursos de ésta.   

En  ese  orden, el dolo emerge del accionar  desplegado   por   el  ex  funcionario  dentro  de  las  actuaciones  procesales  revisadas,  reflejado  en  las  decisiones  proferidas  en tanto no consultan la  realidad  fáctica  y  jurídica,  situación  indicativa  de  la  consciencia y  voluntad  del  operador  judicial  de  vulnerar  la  ley  al  emitir  decisiones  manifiestamente  contrarias  a  derecho,  medio  a través del cual propició el  traslado   de   recursos   estatales   a  terceros  que  no  tenían  derecho  a  ellos.   

Tramitar como ejecutivo un proceso sin que  se  aportara  el  título correspondiente, acceder a las pretensiones del libelo  sin  reunirse  los fundamentos sustanciales para tal reconocimiento y avalar una  conciliación  sin  soporte  de  la obligación conciliada, constituyen acciones  que   revelan   la   voluntad   de   RINCÓN  VENTURA  de  infringir  la  ley  con  el  claro  propósito de  favorecer  a  los  demandantes,  medio  a través del cual accedieron a recursos  estatales,    habida    cuenta    que    las   sanciones   contra   Foncolpuertos,  como era de conocimiento  de  los  operadores  judiciales  de la época, las asumía el Estado colombiano.   

Y  aunque se consolidó el fenómeno de la  prescripción  de  la  acción en relación con el prevaricato, ello no comporta  la  imposibilidad  de reprochar el delito contra la administración pública, en  la  medida que las consecuencias del actuar del servidor público no se agotaron  con  la  emisión de las decisiones, pues sus efectos perduraron en el tiempo en  virtud  de  las  órdenes  contenidas  en  los  autos  laborales,  al  punto que  propiciaron  el  despojo  de  recursos  públicos en la cuantía indicada por el  a    quo.   

Ahora bien, para predicar la configuración  del  accionar  delictivo  examinado no se requiere demostrar la existencia de un  móvil  específico como lo supone el recurrente, esto es, amistad, familiaridad  o  el  suministro  de  dádivas,  pues  el tipo penal no lo exige. En ese orden,  basta  con  que  el  servidor  público en ejercicio de sus funciones, de manera  consciente  y  voluntaria,  dirija  su  accionar  a favorecer a terceros que sin  tener derecho se apropian de los recursos públicos.   

Así  las  cosas,  el  doctor RINCÓN  VENTURA  debe  responder por el  delito  de  peculado,  dado  que  en  su condición de Juez Laboral, al tramitar  procesos  sometidos  a  su  jurisdicción  y  competencia,  desarrolló actos de  disposición  jurídica  sobre  bienes estatales que comportaron la apropiación  de   recursos   por   parte   de   terceros   que   no   ostentaban   derecho  a  obtenerlos.   

En  suma,  los argumentos esbozados por el  recurrente   no   logran  persuadir  a  la  Sala  de  la  inocencia  del  doctor  CARLOS   EDUARDO   RINCÓN   VENTURA   ni  de  la prescripción de la acción penal, razón por la cual se  impone   confirmar   la   sentencia   impugnada   respecto  de  los  motivos  de  inconformidad.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR   la  sentencia  del  22 de noviembre de 2012 proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Barranquilla, conforme con lo expuesto.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese  y devuélvase al Tribunal de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                             FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Folio 146 del cuaderno de la causa.   

2 Cfr.  Folios 269 y ss cuaderno No. 1 de la instrucción.   

3 Cfr.  Folios 349 y ss cuaderno No. 1 de la instrucción.   

4 Cfr.  Sentencia    C-229    del    5    de   marzo    de   2008   de   la   Corte  Constitucional.   

5 Ver  folio 260 del radicado No. 1937 y 209 del expediente No. 1976.     

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