40619(15-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 148.  

Bogotá,  D.  C., quince (15) de mayo de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Examina la Corte los presupuestos de adecuada  y  lógica  fundamentación  de  la  demanda  de  casación  interpuesta  por el  defensor  de  ANDREA  CADENA RODRÍGUEZ RONDÓN, EDWIN  DARÍO     BARRETO     ROMERO     y    CÉSAR  AUGUSTO  JIMÉNEZ RONDÓN contra la  sentencia  del  10  de octubre de 2012, mediante la cual el Tribunal Superior de  Cundinamarca  revocó  el  fallo  absolutorio proferido por el Juzgado Penal del  Circuito  de  Descongestión  de  Zipaquirá  y,  en  su  lugar,  condenó a los  procesados  a  la  pena  principal  de 260 meses de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas, como  cómplices  de los delitos de homicidio agravado, porte ilegal de armas de fuego  y hurto calificado y agravado.   

HECHOS  

          Los   resumieron   los  falladores  de  instancia  de  la  siguiente  manera:   

          “De  acuerdo  con  los  acontecimientos relacionados en escrito de  acusación,  se  tiene  que  conforme Informe Ejecutivo suscrito por personal de  Policía  Judicial,  el  día 27 de mayo de 2008, fueron informados por parte de  la  central  de  radio  que  en  la  calle  8  con  carrera  16 del municipio de  Zipaquirá,  se  encontraba  un vehículo con un cuerpo sin vida en el interior.  Al  llegar  al lugar se percataron de que se trataba del vehículo Hyundai Atos,  modelo  2008,  de  placas  CVD  690 y en su interior, el cuerpo de quien en vida  respondía  al  nombre  de  José  Luis Bermúdez Rodríguez. Que posteriormente  indica,  se  disparó  la alarma entre los taxistas del municipio, indicando que  las   personas   que   habían  cometido  el  hecho  se  transportaban  en  unas  motocicletas  a  las  que  siguieron,  observando  que  más  adelante,  algunos  ocupantes  descendieron  y  se subieron a dos vehículos, uno Mazda azul otro de  color  blanco,  procediendo  a  hacer cerramiento de una de las salidas hacia la  capital  de  la  República, interceptando el primero de los rodantes y al hacer  bajar  a  sus  ocupantes,  dos  hombres  adultos,  el  conductor  CÉSAR AUGUSTO  JIMÉNEZ   RONDÓN  y  EDWIN  DARÍO  BARRETO  ROMERO,  quien  en  principio  se  identificó  como  Henry  Alexánder  Silva  Vanegas  con  C. C. 79.748.689, una  mujer,  dos  menores  de  edad,  encontraron  además  unos cascos y chalecos de  motocicleta.  La menor Lizeth Geraldine Cuéllar Romero, entonces de 16 años de  edad,  fue  traslada  a las instalaciones del ICBF, donde hizo una narración de  todos  los  acontecimientos  en  especial  la manera como fue planeada y como se  apoderarían  del  dinero proveniente de los peajes de Saboyá, en la vía hacia  Chiquinquirá, Boyacá”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar realizada el 28 de  mayo  de 2008 por el Juzgado Primero Penal Municipal de Zipaquirá, se legalizó  la  aprehensión  de  CÉSAR AUGUSTO JIMÉNEZ RONDÓN,  EDWIN    DARÍO   BARRETO   ROMERO   e   IVONNE  ANDREA  CADENA  RODRÍGUEZ.  Allí  mismo,  la  Fiscalía  les  formuló  imputación  por  los delitos de homicidio  agravado,  hurto  calificado  y  agravado  y  porte  ilegal de armas de fuego; a  BARRETO      ROMERO,  adicionalmente,  le  imputó  falsedad  personal.  El  despacho judicial, por su  parte,  afectó con medida de aseguramiento de detención domiciliaria a los dos  primeros, mientras se abstuvo de hacerlo respecto de la última.   

2.  Oportunamente,  la  Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  contra  los  antes  nombrados,  atribuyéndoles los punibles en mención.   

3.  Correspondió  tramitar  la  fase  del  juzgamiento  al Juez Penal del Circuito de la mencionada ciudad, funcionario que  realizó  la  audiencia  de  formulación de acusación el 8 de febrero de 2010.   

4. El Juez celebró la audiencia preparatoria  los  días 3 de abril y 13 de septiembre del mismo 2010 y 8 de febrero de 2011 e  instaló  el  juicio  oral el 6 de febrero del año siguiente, concluyéndolo el  24  de  mayo  postrero  cuando  anunció como sentido del fallo uno de carácter  absolutorio.   

5. La lectura de la sentencia ocurrió en la  audiencia que realizó el 30 de julio del mismo 2012.   

6.  Contra  el fallo de primera instancia la  Fiscalía  interpuso  el  recurso  de  apelación,  por  cuya  vía  el Tribunal  Superior  de  Cundinamarca lo revocó para condenar a los acusados a las penas y  delitos referidos en el acápite inicial de la presente decisión.   

7.   Inconforme   con   la  sentencia  del  ad  quem, la defensa acudió  al recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de la causal tercera de casación de la Ley 906 de 2004,  el  impugnante acusa al Tribunal de incurrir en error de hecho derivado de falso  raciocinio.   

          Para  sustentar el reproche cuestiona al juzgador por dar un alcance  inusitado  al  testimonio  de  Julio  Antonio Pastrán  Pastrán,   haciéndole   decir  lo  que  no  expresa  textualmente,  pues dicha prueba ni le quita ni le pone al proceso y mucho menos  aclara la responsabilidad de los procesados.   

          Según  el actor, el fallador sustentó la condena a partir de cinco  premisas  tácitas,  dos de las cuales son falsas, exactamente aquellas donde se  dice     que    Pastrán    Pastrán    identificó  a  todos  o  al menos a uno de los intervinientes en el  asalto  y por eso su testimonio es prueba directa de responsabilidad. Por tanto,  estima  que  la  conclusión  a  la  cual arribó el juzgado de segundo grado es  arbitraria   y   es   “clara  muestra  de  un  poder  discrecional extraño”.   

En  su  criterio,  el  Tribunal se dedicó a  hacer  alusión  al  tema  de  la  prueba de referencia, sobre la cual no había  ninguna  discusión,  y  para  salirle al paso a la prohibición contenida en el  artículo  381  del Código de Procedimiento Penal, afirmó que el testimonio de  Julio  Antonio  Pastrán  es  prueba  directa,  aun  cuando  también,  para  mostrar que no es tan grosera la  decisión,  se  refirió  a  los  chalecos  y cascos encontrados en el baúl que  según  una  menor, quien no fue identificada ni se supo su edad real, conducía  EDWIN  DARÍO BARRETO ROMERO,  elementos   que,   de   acuerdo   con  el  sentenciador,  utilizó  uno  de  los  homicidas.   

          En  esas  condiciones,  considera  que  la  sentencia  no se motivó  debidamente,  cuyo  error  de apreciación tiene trascendencia gravísima. En su  sentir,  el  hecho  de  que  una persona esté en el lugar de los hechos no trae  como  consecuencia  que  se  trate  de prueba directa, máxime cuando carece del  más  “mínimo  poder suasorio, no es responsivo, no  es conteste, ni ofrece ningún grado de persuasión”.   

          Considera  que  el  Tribunal estaba en la obligación de precisar el  grado   en   el  cual  cada  uno  de  los  acusados  participó  en  el  acaecer  delincuencial  y,  es  más,  como  el  homicidio se perpetró con un proyectil,  debió  establecer  el  calibre  del  mismo  y  si  coincidía con alguno de los  mencionados  en  el  expediente.  Al  no  realizar  ese  análisis,  añade,  la  sentencia  carece  de  motivación  suficiente  y  el  examen realizado sobre el  testimonio  de  Julio  Antonio  Pastrán  es  sofístico,  “pues  nunca  demostró  cómo  llegó  a  la  conclusión  de  que  se  trata  de  una prueba directa de  responsabilidad penal”.   

          Y  en  cuanto  al  delito  de porte ilegal de armas, prosigue, no se  demostró  “su ilegalidad, ya que sobre el particular  sólo  obra  una  certificación  de  una  llamada  telefónica realizada por la  funcionaria de la fiscalía”.   

          En  suma, para el libelista, en este caso sólo existe una prueba de  referencia  como  fundamento  de  la  acusación,  la cual no es suficiente para  condenar,  pero  para  salvar  ese  obstáculo  el  Tribunal, violando el debido  proceso,   creó  la  prueba  directa,  “sin  razón  válida,  sin  motivación, sin observar la sana crítica, ni la ciencia, ni las  reglas de la experiencia…”.   

         

          En  adelante  el  censor  se  dedicó  a conceptualizar, con cita de  jurisprudencia  y  doctrina,  acerca de los fines de la casación, la forma como  en  esta  sede  extraordinaria  se  debe  atacar  la apreciación probatoria del  juzgador,  el  alcance y naturaleza del falso raciocinio y la motivación de las  decisiones  judiciales,  entre otros temas, tras lo cual solicitó, en el evento  de  inadmitirse  la  demanda  por  falta  de  técnica,  casar  oficiosamente la  sentencia  en aras de salvaguardar el debido proceso y los derechos y garantías  fundamentales de los procesados.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

El   estatuto  procesal  penal  expedido mediante la Ley 906 de 2004,  conforme  ocurre  con  el  previsto  en  la  Ley  600  de  2000,  también  exige,  como condición para la  admisión   de  la  demanda  de  casación,  la  satisfacción  de  exigencias   de   lógica   y  adecuada  argumentación,  cuyo  fin  es  permitirle  a  la Corte, a partir de la     coherencia     y    precisión  conceptual   del  libelo,  establecer sin dificultad cuál es el error atribuido  al    sentenciador,    causante   de   la   violación   de   la  Constitución   o   la  ley  o  la  afectación  de  las  garantías  fundamentales de las partes.   

Esos   presupuestos   de   sustentación,  acorde  con  lo establecido  en  los  artículos  183  y  184, inciso segundo de la  precitada  Ley 906 de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal  invocada     y     al     adecuado    desarrollo  de  los  cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

Además,  en  la  estructuración  de  las  censuras  al  demandante  le  es  imperioso respetar el principio de corrección  material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos y contenido del ataque  deben   corresponder   en   un   todo   con   la  realidad  procesal1.   

          En  el  caso objeto de examen, advierte la Sala que el demandante no  cumple dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

          En  efecto,  a pesar de denunciar la existencia de un error de hecho  por   falso   raciocinio,  ningún  esfuerzo  hace  para  sustentarlo,  pues  no  identifica  los  principios  de  la  sana  crítica  que  habría desatendido el  Tribunal  en  la  labor  de  apreciación  de las pruebas, presupuesto a cumplir  cuando  se  acude  a  la  mencionada  especie  del  error  de  hecho,  para cuya  demostración  le  correspondía  entonces indicar las reglas de la experiencia,  los  postulados  lógicos  o  las leyes de la ciencia no aplicadas en el fallo e  indicar la trascendencia del yerro.   

          En  vez  de  acometer esa tarea de sustentación, incursionó en los  terrenos  de otros motivos casaciones, vulnerando el principio de autonomía que  rige  en  esta  sede extraordinaria, acorde con el cual el desarrollo del ataque  se debe corresponder con su enunciación.   

          Es    así    como    cuestiona   al   ad  quem  por  hacerle decir al testimonio de Julio  Antonio  Pastrán Pastrán lo que no  expresa,  argumento  compatible  con  el  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad,   cuya   estructuración   ocurre,   como   lo   tiene  precisado  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  cuando  el  sentenciador,  al apreciar la prueba,  distorsiona  su contenido fáctico para hacerle decir lo que ella no expresa, en  cuanto la cercena, adiciona o translitera.   

          El  libelista,  de  todas maneras, tampoco sustenta adecuadamente el  falso  juicio  de identidad así insinuado, pues para ello le competía realizar  un  cotejo  entre  su contenido y aquel que le atribuyó el fallador, precisando  los  apartes donde se presenta la distorsión y luego acreditar la trascendencia  del yerro, nada de lo cual hizo.   

         También  el actor censura el fallo por adolecer de una motivación  suficiente,   sugiriendo  así  la  concurrencia  de  motivo  de  nulidad,  que  debió  entonces  postular  a través de la causal segunda de casación, para lo  cual  le  correspondía  cumplir  los  presupuestos de  sustentación  que  le  son propios, a saber, precisar  el  vicio  y  su  naturaleza,  explicando  si  es  de garantía o de estructura,  indicar  las  normas violadas, mencionar el momento procesal en que se presentó  la  irregularidad  y  las actuaciones afectadas con la misma, así como expresar  la  trascendencia  de  la  anomalía con respecto al fallo, en orden a acreditar  que  su  corrección  solamente  se  lograría mediante el remedio extremo de la  nulidad.   

          Igualmente,  en  punto  a  la falta de motivación, le era imperioso  demostrar  la  presencia  de uno cualquiera de los siguientes vicios: (i) que el  fallo  carece  totalmente de motivación; (ii) que siendo motivado, es dilógico  o   ambivalente;  (iii)  que  su  motivación  es  incompleta;  o  (iv)  que  la  motivación     es    aparente    o    sofística2.     

          A  nada  de  lo  anterior procedió el libelista, y si bien sostiene  inicialmente  que no hubo una motivación suficiente, posteriormente atribuye al  fallador  incurrir  en  motivación  sofística, postulación contradictoria que  conspira  entonces  contra  la  claridad  y precisión que debe caracterizar una  demanda de casación.   

          Al  final,  el censor reprocha al Tribunal condenar a los procesados  únicamente  con  prueba  de referencia, desconociendo la prohibición legal que  al   respecto   contempla  el  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004.  Tal  cuestionamiento  también  desborda  los  confines del falso raciocinio, pues en  realidad  el  mismo  debió  plantearse  por vía del error de derecho por falso  juicio  de  convicción,  acreditando que el juzgador vulneró el valor menguado  que  el  inciso  segundo  del  artículo  381  del estatuto procesal en mención  asigna a las pruebas de referencia.   

          Claro  que  el demandante, en realidad, se aparta de los fundamentos  del  fallo  de  segundo  grado, vulnerando el principio de corrección material,  pues  no es cierto que la condena haya sido fundada exclusivamente con prueba de  referencia.  El  Tribunal  también tuvo en cuenta el testimonio de Julio  Antonio  Pastrán  Pastrán, pero no  porque   éste   haya   identificado  a  los  intervinientes  en  el  homicidio,  afirmación  nunca efectuada por el ad quem,  sino  por  cuanto  el  aludido  apreció  la  utilización de una  motocicleta  en  la  comisión del punible, elemento que le sirvió para ligar a  los  aquí procesados con los autores del acaecer delincuencial, como quiera que  en  el  vehículo  automotor  en  el  cual  se  desplazaban éstos se produjo el  hallazgo de un casco y dos chalecos reflectivos para motocicleta.   

          La  condena,  por  tanto,  no  se  cimentó  exclusivamente  con  la  declaración    de    Lizeth    Geraldine   Cuéllar  Romero,  catalogado como prueba de referencia, lo cual  no   controvierte   el  impugnante,  sino  también  con  elementos  indiciarios  adicionales edificados a partir de prueba directa.   

En  consecuencia,  atendida  la  inadecuada  sustentación  de  los  cargos formulados, la Sala inadmitirá la demanda objeto  de  examen, considerando además la no concurrencia de circunstancia vulneradora  de  garantías  fundamentales que imponga superar los desaciertos técnicos para  decidir de fondo.   

Se  precisará, finalmente, que contra esta  decisión   sólo   cabe   el   mecanismo  de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  cuya  interposición  procede bajo las reglas fijadas  en  jurisprudencia  reiterada  de  la Sala3.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   ANDREA  CADENA  RODRÍGUEZ  RONDÓN,  EDWIN  DARÍO  BARRETO  ROMERO  y  CÉSAR  AUGUSTO  JIMÉNEZ  RONDÓN,  por  las  razones  expuestas  en la anterior  motivación.   

         De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley 906 de  2004 y en los términos  referidos    en   el   acápite   final   de   esta   determinación,    contra   la   misma   procede    la   insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                    JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr. Auto del 2 de mayo de 2012, radicación 26846.   

2  Sentencia del 18 de julio de 2007, radicación 26255.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322.     

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