38817(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 60   

Bogotá D.C., febrero veintisiete (27) de dos  mil trece (2013).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación presentada por el apoderado de la parte civil.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1. Los primeros los  sintetizó    el    Tribunal    de   segunda   instancia   en   los   siguientes  términos:   

“De  los  hechos  puede  anotarse  que a eso de las 6 y media de la tarde del 22 de junio de 2003,  en  el  sitio  conocido  como  La  Miguelera,  vereda San Antonio, jurisdicción  municipal    de    Pamplonita,    sobre    la    vía    Cúcuta    –  Pamplona, cuando JESÚS ERNESTO DUQUE  GELVEZ  quien  se desplazaba en el vehículo marca Chevrolet, modelo 1998, color  plata  mercurio,  distinguido con la placa BUV 020, trató de esquivar a Álvaro  Moncada  quien  se  movilizaba  en una bicicleta, lo lesionó, colisionando acto  seguido  con  Jesús  María  Cañizares  Armesto,  quien  se transportaba en el  tractocamión  marca  Chevrolet,  modelo 1988, color verde acuarela, distinguido  con  la  placa  URD 538, afiliado a la Empresa Transportes Cóndor Ltda, el  cual   perdió   el   control  ocasionando  la  muerte  de  José  Elías  Duque  Fonseca”.   

2.  Al  proceso,  iniciado  el  26 de junio de 2003, fueron vinculados mediante indagatoria JESÚS  ERNESTO DUQUE GELVEZ y JESÚS MARÍA CAÑIZALES ARMESTO.   

La  Fiscalía,  mediante  auto  del  29  de  septiembre  de 2006, le precluyó la instrucción al primero y acusó al último  por los cargos de homicidio y lesiones personales culposas.   

En segunda instancia, al ser resueltos el 21  de  julio de 2008 los recursos de apelación interpuestos contra esa providencia  por  el  apoderado  del  tercero  civilmente  responsable  y  por  la Agente del  Ministerio  Público,  se confirmó la acusación por homicidio culposo respecto  de  CAÑIZALES  ARMESTO  y,  tras  revocarle  la preclusión a DUQUE GELVEZ, fue  acusado   en   calidad   de   autor   de   homicidio   y   lesiones   personales  culposas.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  29  de  julio  de  2011  el  Juzgado Penal del Circuito de Pamplona  condenó   al  acusado  JESÚS  ERNESTO  DUQUE  GELVEZ  por  los  cargos  de  la  acusación,  a  25 meses de prisión,  inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo término, multa de 20 salarios  mínimos  legales  mensuales,  privación  del  ejercicio de conducir vehículos  automotores  y  motocicletas  durante  3 años y un mes, y al pago en concreto y  solidario  con  AGRÍCOLA  DE  SEGUROS  S.A. (hoy SEGUROS GENERALES SURAMERICANA  S.A.)  de  los  perjuicios  causados  con  los delitos. A favor de JESÚS MARÍA  CAÑIZARES  se  dictó  absolución.  Esta  misma determinación fue adoptada en  relación  con el Emel Durán Jaimes, vinculado al proceso en calidad de tercero  civilmente responsable.   

4.  El  defensor  y  los  apoderados  de la parte civil y del llamado en  garantía  apelaron  ese pronunciamiento y el Tribunal Superior de Pamplona, por  intermedio  de  la  sentencia  recurrida   en  casación,  dictada el 23 de  noviembre  de  2011,  decretó la absolución del procesado JESÚS ERNESTO DUQUE  GELVEZ.   

LA DEMANDA:  

Según el apoderado de la parte civil, quien  invocó  la casación excepcional, los procesados fueron absueltos en un proceso  donde  se  comprobó,  en  el  grado  de  certeza,  la ocurrencia del hecho y su  responsabilidad  penal.  Eso significó el desconocimiento a las víctimas de la  garantía de pronta y efectiva reparación.   

Postuló un cargo de violación indirecta de  la  ley sustancial, derivado de error de derecho por falso juicio de convicción  y   que   sintetiza   en   el   hecho  de  que  el  ad  quem  “desconoció el grado  de  certeza  de  la  materialidad  del  hecho  y  responsabilidad  penal  de los  acusados”  en la vulneración del derecho a la vida,  aplicándose    indebidamente    el   principio   rector   de   presunción   de  inocencia.   

Tras  el  anterior  enunciado,  señaló  el  casacionista    como   propósito   de   la   censura   atacar   “las  consecuencias  jurídicas” del fallo  impugnado.  La  absolución  de  los  procesados  la  edificaron  las instancias  “en    una    valoración    errada   del   caudal  probatorio”,    arribando   así   a   decir   que  “no  existe  claridad  sobre  la  causa”  que  generó el homicidio, cuando se contaba con prueba idónea  y   suficiente  para  condenar  a  los  acusados,  quienes  contribuyeron  a  la  consumación   del   resultado.   El   Tribunal,   por   tanto,   incurrió   en  “un  yerro”,  asociado a  las  declaraciones  de  José  Rosario  Angarita  Moncada,  Luis  Ernesto  Duque  Carreño,  Jorge  Joan  Vera,  Felicia  Fonseca,  Álvaro  Moncada, José Iginio  Miranda    Ojeda   y   Javier   Rodrigo   Peñaloza,   quienes   “presenciaron  el  hecho de manera fugaz”.  El  error  se  extendió  al testimonio del policía de carreteras Jorge Ubeimar  Rueda  Taborda  y  a  las  indagatorias, “de donde se  extraen  precisamente  el  juicio  de  absolución por no probar la Fiscalía la  causa  verdadera que originó el accidente, pese a existir inspección judicial,  registros  fotográficos y una prueba de física forense; además del informe de  accidente  de  tránsito  en el que se registra de primera mano, lo ocurrido esa  tarde  fatídica  en  que  perdió  la  vida  José  Elías  Duque Fonseca; y al  conceder  o aplicar el principio del in dubio pro reo en un sentido absolutorio,  desconoció  una verdad procesal en la que se afectó la vida como bien supremo;  y  se  negó  la  posibilidad  a  los  progenitores del menor a reclamar verdad,  justicia y reparación”.   

La segunda instancia le otorgó a las pruebas  “un  valor”  que  no  se  corresponde   “con  las  reglas  de  producción  y  valoración”  contempladas en el artículo 238 de la  Ley  600  de  2000 y en especial con la sana crítica. Los medios de convicción  no  se examinaron en su conjunto. Se dejaron de lado algunos elementos de juicio  “con  suficiente  valor  probatorio  que  unidos  al  aspecto    indiciario    determinaban   la   responsabilidad   penal”  de  los procesados. Esto constituye falso juicio de convicción  y  tiene  que  ver  “con  la  falta  de  valoración  probatoria  en  conjunto  y  de  otros  elementos  propios  de  las reglas de la  experiencia  que  obligaban al honorable Tribunal a escudriñar más a fondo los  verdaderos    elementos   de   juicio   al   tomar   una   decisión”.   

El fallecimiento de la víctima se presentó  a  causa  de  la  colisión entre los dos vehículos, según es determinable con  las  fotografías  obrantes  en  el  proceso,  el informe sobre el accidente, la  demarcación  de  la  vía,  sus  condiciones  y  las  de  los  conductores,  la  visibilidad  y la prohibición decretada el día de los hechos para el tránsito  de  vehículos  de  carga pesada. Sólo con los testimonios, sin tener en cuenta  lo  anterior, el ad quem   concluyó  equivocadamente  que  existían  dudas  acerca  de la responsabilidad  penal  y absolvió, desconociendo ese pronunciamiento los derechos de los padres  del occiso a verdad, justicia y reparación.   

En  suma,  no se estableció en el análisis  probatorio,  “la  presencia  de  un elemento probado  (sic) para imponer juicio de  reproche”;  la  valoración  de  las  evidencias fue  errada  e  insuficiente y condujo al Tribunal al reconocimiento del principio de  in   dubio   pro  reo;  los  procesados,  finalmente,  debieron  ser  condenados  por homicidio culposo y los  terceros  civilmente  responsables  al  pago  de  los perjuicios causados con la  conducta.  Es  la decisión que el censor espera de la Corte, tras decretarse la  casación de la sentencia recurrida.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. El inciso 1º del  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000, el cual rige el  presente  caso,  establece  como requisitos para acceder a la casación por vía  ordinaria  que  la  pena  máxima  fijada  para  la  conducta punible objeto del  proceso  sea  de  más de 8 años y que la sentencia la haya dictado un Tribunal  Superior de Distrito o el Tribunal Penal Militar.   

Aunque  el último se encuentra concurrente,  es  manifiesto  que el primero no: los delitos imputados fueron los de homicidio  y  lesiones  personales  culposas  contemplados en los artículos 109, 112 y 120  del  Código  Penal  de  2000, sancionados para cuando sucedieron los hechos con  penas  de  prisión  de  2  a  6  años  y  de  2  meses  y  12 días a 6 meses,  respectivamente.  Por entonces el incremento punitivo establecido por la ley 890  de 2004 no se encontraba vigente.     

Quedaba  la  posibilidad, no obstante, de la  casación  excepcional. Lo sabía el casacionista y la invocó pero no presentó  ningún  argumento  dirigido a persuadir a la Corte acerca de la  necesidad  de  asumir el caso para el desarrollo de la jurisprudencia o para la protección  de  los derechos fundamentales de las víctimas.  Y del cargo que presentó  tampoco     se    infiere    la    configuración    de    ninguna    de    esas  circunstancias.   

2.  Es  notorio,  además,  que  la  censura  no  satisface  el  requisito  legal  de  claridad  y  precisión  en  su  formulación,  el cual se encuentra previsto en el artículo  212-3 de la Ley 600 de 2000.   

Aunque  señaló como causal de casación la  de  violación  indirecta de la ley sustancial y precisó que ella se produjo en  razón  de  un  error  de  derecho por falso juicio de convicción, no comprobó  ninguno  de ese tipo, ni distinto, que condujera al juzgador a la absolución de  quien debía ser declarado penal y civilmente responsable.   

3. Se sabe que los  errores  probatorios  pueden ser de hecho o de derecho. Que los primeros ocurren  cuando  el  juzgador  supone  u  omite  pruebas  (falso  juicio  de existencia),  distorsiona  o  altera  su  contenido  material  (falso  juicio de identidad), o  cuando  realiza  la  apreciación  probatoria  con  desbordamiento  de  la  sana  crítica  (falso  raciocinio).  Y  que  los  de  derecho  se presentan cuando se  aprecian  pruebas  inválidas  o  se  tienen  como tales pruebas válidas (falso  juicio  de  legalidad)  o  cuando se estima que el medio probatorio tiene tarifa  legal,  no  teniéndola,  o  estando  sujeta  a  ella se desconoce el valor o la  eficacia    probatoria    que    le    asigna    la   ley   (falso   juicio   de  convicción).   

Sólo al último hizo alusión el recurrente,  sugiriendo  en algunos apartes que se dejaron de lado algunas pruebas. Pero más  allá  de  ello,  el desarrollo del cargo lo limitó a oponer su criterio al del  juzgador  y  a  fijar  las  conclusiones  que  a  su  juicio  debían surgir del  análisis  de  los  medios de convicción. Simplemente, desde su punto de vista,  se  acreditaron  en  el  proceso  las  exigencias  legales  para  condenar a los  procesados  y  como  el  Tribunal  los  absolvió con fundamento en el principio  rector  del  in dubio pro reo,  entonces  se equivocó por asignarles a las pruebas un alcance o “un   valor”   que  en  su  criterio  no  correspondía  al  que  derivaba  de  la  correcta  aplicación de las reglas de  apreciación   probatoria  contemplas  den  el  artículo  238  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000.   

4. Las conclusiones  del  casacionista,  en  fin,  que ni siquiera son el producto de un análisis de  las  evidencias,  no se encuentran vinculadas a un error de juicio del fallador.  El  cargo,  en consecuencia, semejante a un alegato de instancia, está distante  de  una  propuesta susceptible de estudio en casación. No procede, entonces, la  admisión  de  la  demanda. Tampoco hay lugar a casar de oficio la sentencia, en  consideración   a   que   una  vez  revisada  la  actuación  no  se  evidencia  quebrantamiento   alguno   de   los   derechos   fundamentales  de  los  sujetos  procesales.   

Por  lo expuesto, la Sala de Casación Penal  de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    por   el   apoderado   de   la   parte  civil.   

          Contra   esta  decisión  no  proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                               FERNANDO CASTRO  CABALLERO                            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO       ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                     JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                                  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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