40551(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta N° 060.  

          Bogotá   D.C.,   febrero   veintisiete   (27)  de  dos  mil  trece  (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisión  del  libelo de casación presentado por el defensor de la incriminada  JACQUELINE  DEL  ROSARIO  LEÓN  DONADO  con  el fin de sustentar el recurso de casación interpuesto contra  el  fallo de segundo grado proferido por el Tribunal Superior de Barranquilla el  15  de  agosto  de 2012, confirmatorio del dictado por el Juzgado Séptimo Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad  el  7  de mayo anterior, que condenó a la  mencionada  por el delito de fraude procesal y la absolvió de falsedad material  en documento público.   

HECHOS  

Así  fueron  declarados por el fallador de  segundo grado, en la providencia impugnada:   

“El  ciudadano  Juan  Torres de las Aguas  denunció  a  JACQUELINE LEÓN DONADO por la comisión de los punibles de fraude  procesal  y falsedad en documento público. Precisó que: (i) le compró a LEÓN  DONADO  el  vehículo  de  servicio  público  taxi de placas TQD-250 en el año  2000;  (ii)  no  tuvo  ningún  tipo  de  problemas con el carro hasta el mes de  diciembre  de  2006  al  venderlo  al ciudadano Félix Tapiero Umañán, pues se  percató  que  no  tenía  el  permiso  para funcionar como de servicio público  (cupo),  cosa  que  no fue puesta de presente por la vendedora; e (iii) iniciada  la  investigación  correspondiente  se  descubrió  que LEÓN DONADO obtuvo una  resolución  favorable  de la Fiscalía al denunciar falsamente la ocurrencia de  un  delito  de  hurto  sobre  el  automóvil,  obteniendo  de  Metrotránsito la  reposición  del cupo del vehículo TQD empleando documentación falsa”.    

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con  sustento  en  la denuncia anterior, se  dispuso  la  apertura  de  instrucción  penal,  en  cuyo  marco  fue vinculada,  mediante  diligencia  de  indagatoria, JACQUELINE DEL  ROSARIO LEÓN DONADO.   

Al calificar el mérito del sumario el 24 de  noviembre  de  2010,  la Fiscalía dictó resolución de acusación en contra de  la  prenombrada  “como  probable  autora  de de los  punibles  de  falsedad en documento público y fraude procesal, descritos en los  artículos      287      y      453     del     Código     Penal”.   

Ejecutoriado  el  proveído  acusatorio, la  fase  del  juicio  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  la  misma  capital,  el  cual,  luego  de  surtir  el  rito  legal  correspondiente,  profirió  fallo el 7 de mayo de 2012, por cuyo medio condenó  a  la  acusada  a las penas  principales  de  cuarenta y ocho (48) meses de prisión y multa por valor de 200  salarios  mínimos legales mensuales y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena  aflictiva  de  la  libertad,  al  encontrarla  responsable  del delito de fraude  procesal  al  tiempo  que  la  absolvió  del  delito  de  falsedad  material en  documento público.   

En la misma decisión, negó a la implicada  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional  pero  le otorgó el  beneficio de la prisión domiciliaria.   

         Impugnada  la  sentencia  por la defensa y el apoderado de la parte  civil,  fue  confirmada por el Tribunal Superior de Barranquilla el 15 de agosto  de  2012,  decisión  contra la cual el primero en mención, de forma exclusiva,  interpuso  recurso  extraordinario de casación, sustentado mediante demanda, de  cuya admisibilidad se ocupa la Sala.     

LA  DEMANDA   

         El  defensor  de  JACQUELINE DEL ROSARIO  LEÓN  DONADO  instaura dos cargos contra el fallo de  segunda  instancia  con fundamento en la causal tercera de casación contemplada  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, pues considera que la sentencia fue  dictada en un juicio viciado de nulidad.   

          Primer   cargo   (principal).  Nulidad  por  violación  del  debido  proceso:   

         Para  el  censor, se afectó la garantía en cuestión debido a que  los   fallos   de  instancia  incurrieron  en  motivación  anfibológica,  pues  “no  se  determinó  su grado de participación, es  decir,  nunca  se plasmó si era condenada como autora, coautora o cómplice, lo  que  genera  un  motivación anfibológica y por consiguiente nulidad de todo lo  actuado      por      violación      al      debido      proceso”.   

         Acto  seguido  señala  que  a  su prohijada, desde su vinculación  mediante  diligencia  de  indagatoria,  “nunca se le  formularon  cargos acordes al art. 338 de la Ley 600 de 2000;  es decir que  se  desconocieron  tanto  las  reglas propias de la recepción de la indagatoria  como     las     formalidades    de    la    indagatoria    misma”.      

         Aduce  que  “ni  trayendo  a  lugar el  argumento  del  ‘principio  de     favorabilidad     penal,    aun    cuando    sea    posterior’…”,          puede   superarse   el   defecto  referido.         

         En  ese orden, depreca casar la sentencia impugnada y, en su lugar,  se    decrete    la   nulidad   de   la   actuación   a   partir   “del  acto  de  vinculación  al proceso de la señora JACQUELINE  DEL  ROSARIO  LEÓN  DONADO,  a  través  de la respectiva indagatoria, hasta la  sentencia de segunda instancia”.   

          Segundo  cargo  (subsidiario).  Nulidad  por  violación  del debido  proceso y del derecho de defensa:   

           Comienza   por   indicar   que   la  irregularidad  se  presenta  porque  se pretermitieron los trámites procesales,  concretamente  de  la  instrucción,  al  dejar  de  considerar que la audiencia  pública   era   el  momento  oportuno  para  variar  la  calificación  de  los  hechos.   

         Así,  recuerda  cómo  en  la  diligencia  de  indagatoria  se  le  imputaron  los cargos de estafa en concurso con falsedad en documento público y  fraude  a resolución judicial, bajo los cuales se adelantó la investigación y  se ejerció el derecho de defensa.   

         Pero  la  Fiscalía,  asegura, socavando la garantía en cuestión,  “arrimó  a  juicio  por  el  delito de falsedad en  documento  público y fraude procesal”, es decir, le  enrostró  un nuevo delito, sin dar la oportunidad de defensa, situación que se  extendió   a  lo  largo  de  la  investigación  y  del  juicio,  por  lo  cual  “lo  lógico  y  jurídico  era  absolverla  por el  delito  por  cual  se  le  había  investigado  y compulsarle copias para que se  investigara  el  delito  que  se  adecuaba a su conducta, porque ya no se podía  subsanar  dicho  vicio  al  momento  de proferir sentencia, porque sólo podría  subsanarse  si se hubiese ampliado la indagatoria en la etapa del juicio y se le  hubiese    formulado    tal    cargo”.   

         Por  razón de lo expuesto, solicita casar el fallo y, en su lugar,  decretar   la  nulidad  de  lo  actuado  “desde  la  audiencia      preparatoria,      inclusive,      hasta     el     cierre     de  investigación”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

De  manera  reiterada ha venido diciendo la  Sala   que  en  vigencia  de  la  Ley  600  de  2000  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de casación se cuenta con dos opciones:  por una parte, la  forma  tradicional  o normal, regulada en el inciso primero del artículo 205 y,  por  otra, a través del mecanismo excepcional o discrecional, contemplado en el  inciso tercero de la misma preceptiva legal.   

En   el   primer   evento,  el  medio  de  impugnación  es  viable  contra  las sentencias proferidas en segunda instancia  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial y por el Tribunal Penal  Militar,  por  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo exceda de ocho años.   

En el segundo, lo será para cuando el fallo  de  segundo  grado  no  sea  proferido por los mencionados Tribunales o para los  eventos  en  que  el  delito  por  el  cual  se procede esté reprimido con pena  privativa   de   la   libertad  inferior  al  quantum  señalado en precedencia o sanción no restrictiva de  la  libertad,  en  cuyo caso la Sala podrá admitir discrecionalmente la demanda  de  casación presentada si así lo considera necesario para el desarrollo de la  jurisprudencia  o  la garantía de los derechos fundamentales, siempre y cuando,  además,  el  libelo  cumpla  con  los  restantes  requisitos  exigidos  por  la  ley.   

       

Interesa  destacar que, por tratarse de dos  modalidades  diversas,  con  presupuestos  disímiles,  resulta  inadmisible  su  reclamo  simultáneo.  Es  necesario,  entonces,  que del contexto de la demanda  aflore, sin vacilación, la selección de una de las dos vías.   

En  ese  orden  de  ideas,  es  necesario  establecer  cuál  de  las dos alternativas para acceder al medio extraordinario  de   casación   resultaba   expedita  y  si  el  casacionista  cumple  con  los  presupuestos establecidos legalmente en orden a su admisión.   

         Pues  bien,  en  primer  lugar  téngase  en consideración que aun  cuando  el  fallo  de  segundo  grado  objeto de impugnación extraordinaria fue  proferido  por  una  de  las  autoridades  expresamente  señaladas  en la norma  procesal  referida,  como  en efecto lo es el Tribunal Superior de Barranquilla,  contra   JACQUELINE   DEL   ROSARIO   LEÓN   DONADO  se  surtió  el  presente  proceso por los delitos de  fraude  procesal y falsedad material en documento público, las cuales no colman  la exigencia punitiva señalada.   

En  efecto,  el  delito  de fraude procesal  tiene   un   máximo  punitivo,   conforme   lo   sanciona   el  artículo  453  del  C.P.,   de  ocho  (8)  años  de  prisión,  mientras que el del punible  de  falsedad  material en documento público, a tenor del artículo 287          ibídem,  es de seis  (6)  años,  por  lo  cual  deviene  evidente  que  al  impugnante  sólo  le  quedaba como alternativa para  acudir  a  este medio de impugnación la vía discrecional prevista en el inciso  tercero  de  la  última  norma  procesal  en  cita,  asumiendo,  por  tanto,  las obligaciones y exigencias  dispuestas     por     el     legislador     en     esta     materia.   

De  tiempo  atrás tiene señalado la Corte  que  en  punto  de  la casación discrecional compete al demandante expresar  con  claridad y precisión los  motivos   por   los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial  o  en procura de proteger las garantías fundamentales de las partes o  intervinientes  procesales,  en  virtud de la naturaleza eminentemente rogada de  este medio de impugnación.   

         Si  de  lo  primero  se  trata,  deberá  demostrar la necesidad de  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de un tema  jurídico  especial,  bien sea para unificar posturas conceptuales encontradas o  con  el  fin  de  actualizar  la  doctrina  o  para  abordar  un tópico aún no  desarrollado,  con  el  deber  de indicar de qué manera la decisión solicitada  tiene  la utilidad de brindar solución al asunto y, a la par, servir de guía a  la actividad judicial.   

Empero,  si el objetivo trazado es asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales  tiene la obligación de demostrar la  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento en el fallo recurrido, circunstancias  que,    como    ya    lo    ha    reiterado    la   Sala,   deben   evidenciarse       con       la       sola      descripción       hecha       en       la  sustentación.   

Precisamente  esto  último  es  lo  que se  verifica   en   el   caso   de   la   especie,   pues   si   bien   ninguna     referencia     específica  glosa    la  demanda  en punto de la modalidad de  casación  procedente  ni de los motivos que franquean  su     acceso,     en    los    cargos,  instaurados  por  vía  de la nulidad de la actuación,   se   denuncia   la  vulneración  de  garantías  fundamentales  al  debido  proceso  y  del  derecho  de  defensa,  lo  que  impone  acometer   la   revisión  sobre  sus  presupuestos  de admisibilidad.       

En  ese  sentido,  la Corte ha señalado de  manera  reiterada  que  aun  cuando la propuesta de nulidad con fundamento en la  causal  tercera  de  casación  contemplada en el artículo 207 de la Ley 600 de  2000  goza  de  cierta  flexibilidad  en  su  formulación, no por ello se puede  prescindir   de   algunos   requisitos   para   que   se   entienda  debidamente  satisfecha.   

         

En  ese  orden  de  ideas es preciso que el  casacionista   identifique   claramente   el   motivo  sobre  el  cual  gira  la  irregularidad  que  advierte, la causal de nulidad que procede como consecuencia  de  ese  defecto,  las  normas  que  apoyan su pretensión, la trascendencia que  genera,  bien en el marco de la estructura del proceso o en el de las garantías  fundamentales  de  quien  la  invoca  y el momento procesal a partir del cual se  debe  invalidar  la  actuación,  así  como  la  autoridad  judicial  a la cual  corresponde  el  envío  de  la  actuación  para  que  proceda  a  su enmienda.   

         Por  lo  mismo,  se  ha  establecido  que  dicha  pretensión está  necesariamente  vinculada  con  los  principios  que orientan su declaratoria, a  saber:  taxatividad, instrumentalidad de las formas, trascendencia, protección,  convalidación  y  residualidad,  previstos en el artículo 310 de la Ley 600 de  2000.   

De  modo que sólo si la censura reúne los  anteriores  condicionamientos, se podrá concluir que se ajusta a los requisitos  previstos  en  el  artículo 212 del mismo ordenamiento procedimental, para así  admitirla  a  voces  de  lo dispuesto en el siguiente artículo de ese estatuto.   

Lo  anterior,  se insiste, amén de que los  cargos  de  la  demanda  de  casación  se  expongan  de manera lógica y con un  mínimo  de  argumentación adecuada, como surge de la exigencia contenida en el  numeral  tercero de la citada preceptiva al señalar que la demanda de casación  deberá  contener “la enunciación de la causal y la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las    normas    que    el    demandante    estime    infringidas”.   

         Elucidado   lo   anterior,   se   observa   cómo  en  el     primer    cargo    no         se        satisfacen los  requisitos   indicados,  empezando   porque   no  se  logra  identificar,  con  la  necesaria  claridad, el  motivo  sobre  el  cual  gira  la nulidad propuesta.   

         Ello,   a   consecuencia   de   que  al  interior   del   reparo   el   actor   formula  dos  aspectos  que eventualmente  encasillan    en    la  pretensión  de  nulidad  y  que,  para evitar incurrir en confusión, como a la  postre  ocurre,  ha debido plantear por separado, máxime cuando se advierte que  son  contradictorios     y    excluyentes.   

         Así   fue   como   al   inicio  de  la  disertación   el   actor   pregona  que  los  fallos  incurren  en  motivación  anfibológica,  en cuanto no se determina el grado de  participación    de   su   prohijada,   planteamiento   que,   dicho   sea   de  paso,  no se corresponde  con  ese  defecto  de  motivación  sino  con  el de  ausencia   de   motivación.   Pero,   a   continuación   esboza   que   en   la   diligencia   de  indagatoria  tampoco  se  imputó  el   mismo     aspecto     al     procesado,  incumpliéndose  con  lo establecido en el artículo  338  de  la  Ley 600 de 2000.       

         Es  evidente  que  la  primera  proposición  contrae  sus  efectos  exclusivamente  a  los  fallos y no a la actuación procesal precedente, al cabo  que  la segunda comportaría afectación de lo surtido desde la misma diligencia  de    indagatoria    de   LEÓN   DONADO.  En  ese  orden  de  ideas,  no  sólo  se  advierte  que las dos  pretensiones   son   sustancial   y   conceptualmente   diversas,  sino  que  su  proposición     coetánea es excluyente.   

La confusión generada por la entremezcla se  torna  más  grave  cuando  el actor acota que la irregularidad denunciada no se  supera  ni  aún con la aplicación del principio de favorabilidad, sin explicar  las razones de      esa afirmación.   

La  propuesta  en  los términos reseñados  configura     desconocimiento  abierto  de principios regentes de  la  actividad  casacional  en  procura  de conseguir escritos que satisfagan las  exigencias  argumentativas  propias de este medio extraordinario de impugnación  de  naturaleza  rogada, tales como los de sustentación suficiente, limitación,  crítica  vinculante, autonomía de las causales, coherencia, no exclusión y no  contradicción.   

         Los   dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

         El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Mas  no sólo esa deficiencia argumentativa  impone  tomar  la determinación de inadmitir la censura, pues  también es  palmario  que  las  premisas  sobre  las  cuales  se sustenta la propuesta no se  ajustan  a  la  realidad  procesal  y,  en  ese  orden, desconocen el denominado  principio de corrección material que rige en esta sede.   

Así,   en   cuanto   al   planteamiento  orientado  a  que  en  los fallos no se señaló el  grado  de  participación de la inculpada, se observa  cómo   a   partir   de   que  en  la  resolución  de  acusación  se  precisa  que JACQUELINE DEL ROSARIO  LEÓN  DONADO debía responder en juicio “como   probable  autora  de  los  punibles de falsedad en documento público y  fraude  procesal”, el ad  quem                   concluyó:   

“En  síntesis  la  Sala  mantendrá  la  condena  impuesta a  JACQUELINE LEÓN DONADO por  la   comisión   del   delito   de   fraude  procesal  en  atención  a  que  se  demostró que ella fue la  que  tramitó  las  diligencias ante Metrotránsito a  fin  de  obtener  la  reposición del cupo de servicio público sobre la base de  una   denuncia   inexistente  y  una  certificación  mentirosa”1;    es    decir,    correspondiendo    plenamente    esa   atribución   con  el  grado  de  participación  (autoría)  precisado en la acusación.   

Igual   de  desatinado  resulta  el  argumento  contenido,  como  ya  se  dijo  impropiamente  en el mismo reparo,  en   cuanto  a  que  se  omitió   por   el   instructor  precisar  el  grado  de  participación  en  la  diligencia de indagatoria  de  LEÓN DONADO realizada  el    11   de   febrero   de   2009,   en  tanto  tal situación no ostenta la  gravedad  y  trascendencia  necesarias  como  para  impedir  el ejercicio de los  derechos  de  defensa  y contradicción y generar la nulidad de lo actuado, pues  los  hechos  sustento  de la imputación fueron materia de amplio interrogatorio  en   el   desarrollo   de   la   misma   diligencia,  sin  perder de vista que  el  inciso tercero del artículo 338 de la Ley 600 de  2000,   invocado   por   el   actor,   exige  poner  de  presente  durante  la indagatoria la imputación  jurídica               “provisional”.           

Como  lo tiene dicho de antaño la Sala, el  proceso  penal  se  rige  por el principio de progresividad cuya característica  fundamental   es   que  se  avanza  de  un  grado  de  ignorancia  (ausencia  de  conocimiento)  hasta  llegar  al de certeza, pasando por la probabilidad, por lo  cual  resulta  apenas  obvio  que  la  imputación  jurídica  que se haga en un  momento  procesal  como la indagatoria que, por lo general, como aquí ocurrió,  tiene  lugar en estadios incipientes de la actuación, no es vinculante frente a  decisiones  ulteriores,  pues  el  mejor  juicio  del  funcionario  o  la prueba  sobreviniente  pueden  incidir  en la variación de la adecuación típica de la  conducta  que  se  endilga, circunstancia que ha conducido a precisar que lo que  definitivamente  no  puede ser objeto de variación es el núcleo esencial de la  imputación                 fáctica2.   

        Situación   similar   se   constata   respecto  del  segundo    cargo    de   la   demanda  soportado   sobre   la  base  de  que  aun     cuando    en    la  diligencia de indagatoria se imputaron jurídicamente  los  delitos  de estafa en concurso  con  falsedad  en  documento  público y fraude a resolución judicial, bajo los  cuales  se  adelantó  la investigación y se ejerció el derecho de defensa, la  acusación  fue  por  los  delitos de de falsedad en documento público y fraude  procesal,  es  decir,  se enrostró un nuevo delito, sin darle la oportunidad de  defensa,  situación  que  se  extendió  a  lo  largo  del investigación y del  juicio.   

         Sobre  el  particular,  se  ha de destacar, en primer lugar, que la  imputación  jurídica  del  delito de “fraude a resolución judicial” en la  indagatoria3,    obedeció    a    un   error   involuntario   o   lapsus  calami  del instructor, cuando en  realidad,  según  los  términos del interrogatorio y del núcleo central de la  imputación  fáctica  endilgada,  se  hacía  referencia  al  delito  de fraude  procesal,  incluso  así  lo entendió la indagada al responder que:            “Yo no  metí  esos  papeles en el Tránsito”, de manera que  entendió  claramente  que  la imputación era por la conducta reprimida por ese  delito  y  no  conforme  a  los  elementos  del  fraude  a resolución judicial,  totalmente   distintos,   reprimido   en  el  artículo  siguiente  del  Código  Penal.   

         Ahora,  no es cierto que tal yerro afectó el derecho de defensa en  el  juicio,  como  lo  señala  expresamente  el  libelista, pues la acusación,  contentiva  de  la  imputación  jurídica  definitiva  cuya  variación solo es  viable  conforme  al rito establecido en el artículo 404 del estatuto procesal,  fue  clara  en atribuir el delito de fraude procesal, amén de que, según ya se  anotó,  en  el  decurso de la actuación siempre se respetó el núcleo central  de  la  imputación fáctica esbozado desde la indagatoria. Al respecto, dijo la  Corte frente a un asunto similar:   

         “Y   si   bien   no  hubo  una  estricta  o  exacta  ‘formulación   jurídica’  de  los  delitos,  esto  es, por su  nomen  iuris y la preceptiva respectiva, como lo indica el actor, de todos modos  tal  situación  en  manera alguna conllevó a la afectación de los derechos de  los  sindicados,  quienes con el acompañamiento de la defensa técnica, siempre  entendieron  de  qué  debían  defenderse,  como así se desprende de todos los  actos  judiciales  posteriores  a  la  vinculación  de los mismos, máxime  cuando  en  las  resoluciones  por medio de las cuales se  resolvió  la  situación  jurídica  y se acusó se atribuyeron de manera clara  los  delitos  de homicidio agravado y porte ilegal de  armas    de    fuego   de   defensa   personal”4    (subrayas    fuera    de  texto).    

         

En  el  anterior  orden  de  ideas, resulta  evidente  que  los  cargos  objeto  de  estudio exhiben defectos de lógica y de  argumentación  que  determinan  su  inadmisión  por  incumplir  los requisitos  previstos  en  el artículo 212, numerales 3° y 4°, de la Ley 600 de 2000, los  cuales,  por  virtud  del  principio  de  limitación  que  regenta  este  medio  extraordinario    de   impugnación,   consagrado   en   el   216   ibídem,    la    Sala    no    puede  subsanar.   Por  consiguiente,  se  procederá a ordenar la devolución del  expediente  al  despacho  de  origen,  tal  como  lo  señala  el  artículo 213  ejusdem.    

Además,  porque no se advierte que se haya  incurrido   en   violación   de   garantías   fundamentales   que  reclame  la  intervención  oficiosa  de  la  Sala,  como así lo prevé el artículo 217 del  mismo estatuto.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el defensor de la  procesada     JACQUELINE    DEL    ROSARIO    LEÓN  DONADO,  de  conformidad con las razones manifestadas  en la parte motiva de esta providencia.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ                      GUSTAVO  ENRIQUE   MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                 JULIO    E.    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER   ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

1  Pág. 15 del fallo de segunda instancia.    

2  Auto  de  fecha  febrero  14  de  2002,  rad.  18457.   

3  Ver  fol. 89 del c.o.   

4  Auto de  fecha marzo 6 de 2008, rad. 25309.     

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