40101(10-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA  DE  CASACIÓN PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 454  

Bogotá D.C., diciembre diez (10) de dos mil  doce (2012)   

VISTOS  

De  acuerdo  con la preceptiva del artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, procede la Corte a examinar el cumplimiento de los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  demostración  en  la  demanda  casacional    allegada    por    el    defensor   del   procesado   CRISTIAN  EDUARDO  LONDOÑO CUENCA, contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Arauca  el  2  de  agosto  de  2012,  por  cuyo  medio confirmó el fallo dictado por el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de la misma  ciudad  el 31 de mayo del año citado, a través del cual lo condenó como autor  penalmente  responsable  del  delito de porte ilegal de arma de fuego de defensa  personal.   

HECHOS  

El 11 de julio de 2011, la Policía Nacional  de  Arauca  fue informada acerca de la actitud sospechosa de las personas que se  desplazaban  en  el taxi de placas YAU 250 por la vía al aeropuerto, motivo por  el  cual  miembros  de  dicha  institución  se  desplazaron al lugar y al hacer  señal  de  pare  a  los  ocupantes  del  vehículo,  el  conductor  aumentó la  velocidad,   emprendiendo   la  huída,  motivo  por  el  cual  se  suscitó  su  persecución,  en  desarrollo  de  la  cual el copiloto del automotor arrojó un  paquete.  Dos kilómetros después las autoridades lograron interceptar el taxi,  identificando    a    Flavio    Enrique   Martínez  Castro   como   el   conductor,   y   a  CRISTIAN  EDUARDO  LONDOÑO CUENCA como el  copiloto.  Al constatar el contenido del paquete arrojado, se estableció que se  trataba  de  un  revólver,  y por ello se produjo la captura de los mencionados  ciudadanos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El 12 de julio de 2011 en audiencia realizada  en   el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Tame  con  función  de  control  de  garantías,  se  impartió  la  legalización  de las capturas, diligencia en la  cual  la  Fiscalía  les imputó la comisión del delito de porte ilegal de arma  de  fuego  de  defensa  personal,  agravado  por  los  numerales  1º  y 3º del  artículo  365  de  la Ley 599 de 2000, que no aceptaron. En la misma ocasión a  pedido  del ente acusador les fue impuesta medida de aseguramiento de detención  preventiva en establecimiento carcelario.   

          El  13  de octubre de 2011 se precluyó la investigación a favor de  Martínez   Castro   por  ausencia  de  intervención  en  la conducta investigada, oportunidad en la cual  LONDOÑO  CUENCA fue acusado  como  presunto  autor del delito que sustentó la medida de aseguramiento, cargo  al que tampoco se allanó.   

Surtida  la  fase  del  juicio,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  con funciones de conocimiento de Arauca profirió  fallo  el  31  de  mayo  de  2012,  por  medio  del cual condenó a CRISTIAN   EDUARDO  LONDOÑO  a  la  pena  principal  de  ciento  ocho  (108)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  como  autor  penalmente responsable del delito de porte ilegal de  arma  de  fuego  de  defensa  personal.  En  la  misma  providencia  le negó la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria  sustitutiva de la intramural.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  fue  confirmada  por el  Tribunal  Superior  de  Arauca  mediante  proveído  del  2  de  agosto de 2012,  decisión  contra  la  cual  el  mismo  sujeto procesal interpuso en oportunidad  recurso  extraordinario  de casación y allegó la correspondiente demanda, cuya  admisibilidad se examina en este auto.   

EL LIBELO  

Con  fundamento en la causal tercera reglada  en  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el impugnante postula la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  derivado  de  errores  por  falso  juicio de  legalidad,  en  cuanto considera que no se aseguró en debida forma la cadena de  custodia del revólver incautado.   

          En  el  desarrollo  del reparo aduce que los miembros de la Policía  Nacional  intervinientes  en  el procedimiento declararon haber realizado cursos  de  capacitación  y tener una vasta experiencia, de modo que debían conocer el  Manual  Único  de Policía Judicial del Consejo Nacional de Policía Judicial y  el  Manual  de  Procedimiento  del Sistema de Cadena de Custodia de la Fiscalía  General  de  la  Nación,  en  los  cuales  se  especifican  los pasos que deben  seguirse con ocasión de cada procedimiento.   

          Acto  seguido señala los títulos de los artículos 254 a 266 de la  Ley  906  de  2004, que se ocupan de la cadena de custodia, para señalar que en  este  caso  no  se  observaron  tales protocolos y ritualidades por parte de los  miembros  de  la  Policía  Nacional,  pese  a  que en sus declaraciones dijeron  haberlos guardado.   

          Señala  que aquellos reconocieron no haber asegurado el lugar donde  se  halló  el arma; en el juicio no se incorporaron registros fotográficos, de  video  o  planimétricos que establecieran el sitio exacto donde se encontró la  bolsa,  su  distancia  de  la  calzada,  estado,  la identificación, registro y  fotografía del elemento que estaba en su interior.   

          Aduce  que  en  el  rótulo  de registro de la cadena de custodia no  aparece    la    actuación    adelantada    por    el   policía   Wilton   Manuel   Orozco   Pérez,  quien  introdujo el experticio técnico del arma en el juicio oral.   

          Señala  que las irregularidades denunciadas afectan la prueba en su  “legalidad,   autenticidad   y  mismidad.  Por  el  contrario,   si   llegare   a   admitirse   una  prueba  respecto  de  la  cual,  posteriormente,  en  el  debate  oral  se  demuestren  defectos  en la cadena de  custodia,  indebida  acreditación  o se pone en tela de juicio su autenticidad,  la  verificación de estos aspectos no torna la prueba en ilegal ni la solución  consiste  en  retirarla  del  acopio  probatorio.  En  cambio,  los  comprobados  defectos  de la cadena de custodia, acreditación o autenticidad de la evidencia  o  elemento  probatorio,  podrían  conspirar  contra  la eficacia, credibilidad  asignación   (sic)  de  su  mérito   probatorio,   aspectos   éstos   a   los  que  tendrán  (sic)  que  enfilar  la crítica la parte  contra la cual se aduce”.   

          Luego  de  citar  jurisprudencia  de  esta  Sala  sobre la cadena de  custodia,   el   defensor   manifiesta  que  de  lo  expuesta  se  concluye  que  “dicho  elemento materia de prueba no sea tenido en  cuenta  en la valoración probatoria y como consecuencia de lo anterior concluir  que  la  conducta  punible  que  se investiga es inexistente y por lo tanto debe  absolverse a CRISTIAN LONDOÑO CUENCA”.   

Finalmente  afirma  que  el  arma  sólo fue  mostrada  a  los  aprehendidos  en  la  estación  de  policía  a  donde fueron  conducidos,  lugar  donde  se  les  tomó las fotos con el revólver, sin que se  tenga  certeza que el arma encontrada en el lugar de los hechos es la misma a la  cual  le  fue  practicado el experticio técnico, de manera que la ilegalidad de  la  prueba  conlleva a que no sea tenida en cuenta y por ello, solicita casar el  fallo  atacado,  para  en  su  lugar  dictar  sentencia  absolutoria  a favor de  CRISTIAN    EDUARDO   LONDOÑO   CUENCA.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene sentado la Corporación que si bien en  el   estatuto   adjetivo   de   2004  no  media  distinción  entre  el  recurso  extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó  la  exigencia  de  la  cantidad  de pena máxima del delito para acceder a dicha  impugnación,  corresponde  al  recurrente  demostrar el quebranto de derechos o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  acreditar  la  necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de los fines  establecidos  por el legislador en su artículo 180, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo impone el  artículo 184 de la citada legislación procesal.   

         Desde   luego,   en  el  examen  de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la Sala  constatar  en  la  formulación  y  desarrollo  de los  reparos  la sujeción a las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador y desarrolladas por la jurisprudencia, con el fin  de  evitar la transformación de este recurso extraordinario en una instancia  adicional  a  las ordinarias.  Tales  requisitos  pretenden  conseguir    el    desenvolvimiento    de  los libelos dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en  la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  esto es, precisos y claros, pues no corresponde a la Corte  en  su  función reglada de orden  constitucional   y  legal,  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

          Como  el  recurrente  plantea la presencia de errores de derecho por  falso  juicio  de  legalidad,  es  pertinente  señalar que dicho yerro acontece  cuando  los  falladores  al  apreciar alguna prueba la asumieron equivocadamente  como  legal  aunque  no  satisfacía las exigencias señaladas por el legislador  para  tener  tal  condición,  o  la  descartaron  aduciendo de manera errada su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley  para  su  práctica  o  aducción,  caso  en  el  cual,  es del resorte del  demandante  identificar  el  medio  probatorio  que tacha de ilegal, indicar las  disposiciones  legales o constitucionales cuyo quebranto determina su ilegalidad  y  demostrar  la  efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado;  ora,  comprobar  la  legalidad de la prueba desechada por el juzgador.   

En los dos eventos anteriores, también es su  obligación  acreditar la trascendencia del yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es,  demostrar que con la marginación de la prueba señalada como ilegal,  las  restantes  pruebas  conducen  a una decisión sustancialmente diversa de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada, deberes que en este asunto no emprendió el libelista.   

          En  efecto, si bien el defensor denuncia incorrecciones en la cadena  de  custodia  respecto  del  arma,  resulta  bastante inconsistente que luego de  citar  jurisprudencia  de  esta  Sala  en  la  cual  se dice que tales yerros no  corresponden   a  la  legalidad  del  medio  de  prueba  y  tampoco  imponen  su  exclusión,  decida  formular  el  reproche  precisamente  por  falso  juicio de  legalidad  y  a  la  postre  solicité  se  margine tal medio de convicción del  recaudo probatorio.   

Al  respecto,  la  jurisprudencia de la Sala  tiene  establecido  que  los  defectos  en  la  cadena  de  custodia  no  tienen  incidencia  en  la  legalidad  de  la  aducción  de  la prueba sino en el poder  suasorio  que  solamente  el  juez  le  puede  conceder,  para  así obtener una  apreciación favorable a sus intereses.   

Sobre el particular se ha dicho:  

“Impera recordar  que   los  yerros  en  el  curso  y  respeto  de  los  protocolos  derivados  de  la  denominada  cadena  de  custodia  no comportan la  exclusión  de  la  prueba,  en cuanto no se trata de un asunto de legalidad del  medio   de   convicción,  sino  de  valoración  y  ponderación  judicial  del  mismo,  en  cuanto  puede  verse afectado lo genuino,  fidedigno  y  auténtico  del  elemento probatorio, de modo que aún en aquellos  casos  en  los  cuales se constate la ruptura efectiva de la cadena de custodia,  no  por  ello  debe automáticamente marginarse la prueba del acervo probatorio,  sino  que  corresponde al juez verificar hasta qué punto y en qué medida, ello  compromete   la   acreditación  o  autenticidad  de  la  evidencia  o  elemento  probatorio en punto de su credibilidad y potencial persuasivo.   

“La  cadena  de  custodia   pretende   asegurar   la  evidencia  física,  a  fin  de  evitar  su  alteración,  modificación  o  falseamiento,  todo  lo  cual  queda comprendido  dentro  del  principio de mismidad, según el cual, el medio probatorio exhibido  en  los  estrados  judiciales  debe  ser  el  mismo y debe contar con las mismas  características,  componentes  y elementos esenciales del recogido en la escena  del  delito  o en otros lugares en el curso de las pesquisas adelantadas por los  investigadores.   

No  sobra  señalar  que  si  la  cadena de  custodia  fue  establecida  en procura de asegurar pruebas fidedignas y genuinas  dentro  del  proceso,  garantizando con ello los derechos no sólo del sindicado  sino  también  de  los demás intervinientes, es evidente que dicha teleología  no   permite   transformarla   en  herramienta  para  obstaculizar  el  trámite  o  peor  aún,  en  instrumento  para  conseguir  la  impunidad  mediante  la  utilización irracional de las formalidades,  siempre  que,  se  reitera,  se  preserve  su razón de ser y se  cumplan  los cometidos garantistas que le dan sentido a su institucionalización  por    vía    legislativa    en    el   estatuto   procesal   penal”1 (subrayas fuera de texto).   

Ahora bien, pese a que el impugnante erró en  al  selección de la especie de reproche, pues debió postular un error de hecho  por  falso  raciocinio,  amén  de  emprender la acreditación de tal equívoco,  esto  es,  señalar  el  postulado  lógico,  la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  su  consideración correcta, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación de aquella prueba, tarea que no asumió, lo cierto es que  tampoco   en  su  planteamiento  atina  a  establecer  la  trascendencia  de  su  queja.   

Así  pues, no dice por qué hay duda acerca  de  la  identidad  entre  el  arma  arrojada  del  vehículo por el copiloto, la  hallada  al  lado  de  la vía y aquella sobre la cual se efectuó el experticio  técnico;  tampoco  dice  por  qué para sustentar el fallo no pueden tenerse en  cuenta  las  declaraciones  de  quienes  intervinieron  en  el  procedimiento  y  puntualmente  vieron directamente cuando del automotor perseguido se arrojó una  bolsa   a   la   carretera,   estableciéndose   luego   que  dentro  había  un  revólver.   

Como  viene  de  verse, el defensor pretende  impropiamente  en  esta  impugnación  extraordinaria, edificar una alegación a  partir  de  especulaciones  que  no  encuentran respaldo en el diligenciamiento,  además  de  expresar  mediante  un escrito de libre factura su personal visión  del  asunto con alusiones vagas e imprecisas al debido proceso o al artículo 29  de  la Constitución Política, con la inconsistente pretensión de dejar que la  Sala  se  adentre  a  averiguar  qué  fue  lo  que  quiso  plantear,  posición  desconocedora   del   carácter   esencialmente  rogado  de  este  mecanismo  de  impugnación extraordinaria.   

Es  claro que el demandante se sustrae de lo  dispuesto  en  el  artículo  183  de  la  Ley  906  de  2004,  según  el cual,  corresponde  al  censor acudir “mediante demanda que  de  manera precisa y concisa  señale  las  causales  invocadas  y sus fundamentos”  (subrayas  fuera  de  texto),  pues  si  lo preciso alude a lo exacto, riguroso,  estricto  o  minucioso,  y  lo conciso se refiere a lo breve, sucinto, escueto o  directo,  no  se  aviene  con  esa  exigencia dispuesta por el legislador que se  limite   a   exponer   simple   y   llanamente,  sin  demostración  alguna,  su  inconformidad,  en  evidente desconocimiento de la dual presunción de acierto y  legalidad de la que se encuentra revestido el fallo atacado.   

Las    falencias   anotadas         imposibilitan     a    la    Sala    emprender    el    estudio  de  fondo  del  libelo,  pues si no se  trata  de  un  alegato  de  libre  confección,  su  presentación  con  base en  postulaciones  imprecisas  e indemostradas,  y sin atenerse a las reglas lógicas  y     argumentativas     que     gobiernan    este  recurso,    impone   su  inadmisión,  de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  pues  en  virtud  del  principio de  limitación  propio  del trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada  para enmendar tales incorrecciones.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos   o   garantías  del  procesado,  como  para  adoptar  la  decisión de superar los defectos de la  demanda  y  decidir  de  fondo, según lo dispone el inciso 3º del precepto citado.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  CRISTIAN    EDUARDO   LONDOÑO   CUENCA,    por    las    razones    expuestas   en   las   consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                   JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Sentencia  de  casación del 19 de febrero de 2009. Rad. 30598. En igual sentido  providencias  del  15  de febrero de 2012. Rad. 37943 y del 15 de junio de 2011.  Rad. 31843, entre otras.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *