39568(17-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 382.  

         

Bogotá, D. C., octubre diecisiete (17) de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Acomete  la  Sala  el  análisis  sobre  la  admisibilidad   del   libelo   de   casación  presentado  por  el  defensor  de  WILSON    ALFREDO    MEDINA    DÍAZ   con  el  objeto  de sustentar el recurso extraordinario de casación  interpuesto  contra  la  sentencia  proferida  el 7 de mayo del año en curso, a  través  de  la  cual el Tribunal Superior de Bogotá confirmó la dictada el 16  de  enero  anterior por el Juzgado 17 Penal del Circuito de la misma ciudad, que  condenó  al  mencionado como autor de los delitos de homicidio en la persona de  Luis   Eduardo   Rodríguez   Guerrero  y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS  

Fueron   declarados  por  el  ad     quem,     de    la    siguiente  forma:   

“El  8 de marzo de 2009 luego del concierto  del  grupo  de  rock  Iron  Maiden  que  se  llevó  a  cabo en el parque Simón  Bolívar,  Luis  Eduardo  Rodríguez  Guerrero,  Juan  David Mateus, Edna Yamile  Novoa  y Edwin Yesid Cabrera Numpaque ingirieron algunas cajas de vino y agotado  el  mismo,  se  desplazaron  hacia  la Avenida Calle 68 con el fin de abordar un  vehículo    de    servicio    público    que    los   trasladara   hasta   sus  residencias.   

Transcurridos algunos metros, el primero de  los  mencionados  se  detuvo  con  el  fin  de  solicitar  fuego para prender un  cigarrillo  a  las  personas que se encontraban frente al inmueble ubicado en la  calle  63  B N° 68F-28, quienes al tildarlo de marihuanero alteraron su ánimo,  desencadenando  una  discusión  que  hicieron  suya  sus  acompañantes, la que  culminó  cuando  minutos  después,  un  individuo  que  preguntó ‘cuál  es el del problema’,  desenfundó  un arma de fuego tipo  revólver  y  disparó  en  dos oportunidades contra su humanidad causándole la  muerte     minutos     más    tarde”.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

Con  fundamento  en los hechos narrados, se  dispuso   la   captura   de  WILSON  ALFREDO  MEDINA  DÍAZ, a quien se sindica de haber sido la persona que  disparó   contra   la   humanidad   de   Rodríguez  Guerrero  ocasionándole la muerte, cuya legalización  tuvo  lugar  durante la audiencia preliminar celebrada  el  29  de  agosto  de  2010  ante el Juzgado 24 Penal Municipal con Función de  Control  de  Garantías  de  Bogotá,  misma en la cual  la  Fiscalía  formuló  imputación en su contra por  los  delitos  de  homicidio y porte ilegal de armas de  fuego  de defensa personal, delincuencias que el mencionado no aceptó y por las  cuales     no    se    le    impuso    medida    de  aseguramiento.   

El  29  de septiembre ulterior, la Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación  en contra del procesado como presunto autor de  los  mismos  delitos,  que  luego  ratificó  en  desarrollo  de la audiencia de  formulación  de  acusación  celebrada el 18 de febrero de 2011 ante el Juzgado  17 Penal del Circuito de la misma ciudad.   

En  el mismo despacho judicial, se evacuaron  las  audiencias  preparatoria  y de juicio oral. Al término de esta última, el  16  de  enero  del  año en curso, profirió fallo de primer grado por medio del  cual   condenó  a  WILSON  ALFREDO  MEDINA DÍAZ a la pena principal de doscientos  veintidós  (222) meses de prisión y a las accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por  igual  lapso  y  privación  del derecho a la tenencia y porte de armas de fuego  por     un     período    de    ciento    ochenta    (180)    meses.   

En  la misma decisión, el juzgado le negó  el  subrogado  penal de la condena de ejecución condicional y el sustitutivo de  la prisión domiciliaria.   

Contra  esta  decisión interpuso recurso de  apelación  el defensor del sentenciado, sobre el cual se pronunció el Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  7  de  mayo  siguiente, impartiéndole confirmación.   

En desacuerdo con la providencia anterior, la  misma  parte  promovió  recurso extraordinario de casación, por cuyo motivo la  demanda  presentada  oportunamente  con el fin de sustentarlo se remitió a esta  Sala, aprestándose al estudio sobre su admisibilidad.   

LA DEMANDA  

         

          Luego  de  señalar  que  está  legitimado  para  acudir al recurso  extraordinario,  instaura  un  único cargo fundamentado en la causal tercera de  casación  prevista  en  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por violación  indirecta   de   la  ley  sustancial  derivada  de  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

          Lo  anterior,  dice,  porque  “los  dos  testimonios  sobre  los  cuales  se  declaró  penalmente  responsable  a WILSON  ALFREDO  MEDINA  DÍAZ,  no se debieron incorporar como prueba, en la medida que  no  vieron al homicida del señor Luis Eduardo Rodríguez Guerrero (occiso) y en  consecuencia  a  pesar  de  estar  en  la  escena del crimen, no logran desde un  principio  visualizar  al  agresor  de  la  prenombrada  víctima”.   

          Tras  repasar  sobre  la  naturaleza del yerro propuesto, alude a su  “desarrollo    y    demostración”   advirtiendo   que  frente  a  las  argumentaciones  del  Tribunal  dirigidas   a   otorgar   credibilidad   a   los   testimonios  de  Juan  David  Mateus Bahamón y    Edwin   Yesid   Cabrera,  “todo indica que ellos dos en particular, no tuvieron tiempo de  identificar  al  agresor,  o  si  bien,  lo  están  confundiendo”.   

          Acto   seguido,  señala  que  no  es  verdad,  como  lo  afirma  el  ad  quem, que pretenda como  defensa    aseverar    que    dichos   testigos   mienten,   pues   “lo  que siempre hemos querido afirmar, es simplemente, que desde  un  principio ellos afirmaron no haber visto a quien accionó el arma, es decir,  en  la  misma confusión de los hechos, no lograron establecer quién fue el que  le     disparó    a    Luis    Eduardo    Rodríguez    Guerrero”.   

          Tal  circunstancia,  anota,  en  tanto  así  lo manifestaron dichos  deponentes  en sus entrevistas ante el investigador de la Fiscalía y no es como  lo  entiende el Tribunal que para ese momento simplemente no lo individualizaron  lográndolo  sólo  luego  de  ver  sus  fotos  en  la  red  social  de internet  Facebook,    pues   esa  conclusión  resulta  errada  “como quiera que ellos  lo  que  afirmaron en la entrevista -fue no haber visto el rostro del criminal-,  mientras  que  la única que sí declara en capacidad de señalar al homicida en  la   (sic)  señorita  Edna  Yamile  Novoa”;   entonces,  si  bien  pudieron  haber  estado  en  el  lugar  de  los  hechos,  “no  observaron  al  que  disparó  el  arma,  y  a  quien  hoy día señalan es a un  inocente,  además  porque  indicaron  en  la  audiencia  de  juicio,  que quien  disparó  llevaba una camiseta del Club Deportivo Los Millonarios, cuando WILSON  ALFREDO  MEDINA  DÍAZ  es un hincha acérrimo del club Santa Fe, pero según el  Tribunal  esto  no  tiene  importancia,  que  los testigos digan que le homicida  (sic)  vaya  vestido de una  forma,   cuando  a  quien  se  procesa,  de  ninguna  manera  vestiría  de  esa  forma”.   

          Aduce,   además   que,   incluso,   este  mismo  planteamiento  fue  compartido  por  el  juez  de  control de garantías en la audiencia preliminar,  quien  también desestimó el dicho de los mencionados, de modo que “este  argumento y el principal, de esta demanda, no es un simple  pataleo,  pues  es  contundente  a  la  hora  de  resolver de fondo la sentencia  condenatoria,  toda  vez  que  en  este  momento  un  muchacho  de  24 años, se  encuentra  condenado  por  las declaraciones de dos presuntos testigos que desde  un  principio  no  se  encontraban  en  capacidad de reconocer al homicida en un  reconocimiento  fotográfico”,  lo  cual  lo lleva a  afirmar  que se trata de testigos de referencia, “en  la  medida  en  que  no  les  consta  lo  más importante, y es quien fue el que  disparó el arma”.   

          A   este   tipo   de   testigos,  precisa,  la  ley  no  les  otorga  credibilidad,  según  lo  establece  el  artículo  403  del  estatuto procesal  penal.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita casar  el fallo impugnado.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Según criterio reiterado de esta Sala, para  que  la  demanda de casación sea admitida, acorde con las preceptivas previstas  en  la  Ley  906  de  2004,  resulta  imperativo el cumplimiento de una serie de  presupuestos  orientados  a  que  contenga una exposición lógica y debidamente  argumentada,  como  así  se  desprende,  en  primer  lugar, de lo normado en el  inciso segundo del artículo 184, según el cual:   

“(N)o   será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no  desarrolla   los   cargos   de   sustentación…”  (subraya fuera de texto).   

Igualmente y en segundo orden,  de  lo  advertido  en  el  artículo  183  del  mismo  estatuto,  modificado  por  el  98  de  la  Ley  1395  de  2010,  conforme   al  cual  el  recurso  extraordinario  de  casación   se   interpondrá  mediante  demanda           “que   de  manera   precisa   y  concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos”  (subraya  fuera de  texto).   

A   los  criterios  contenidos  en  estas  disposiciones,  se  aúna  la  necesidad  de  proferir el fallo con el objeto de  cumplir  alguno  de los fines del recurso, a los cuales refiere la última parte  del  segundo  inciso  del mencionado artículo 184 de la misma codificación, al  señalar    que    también    se    inadmitirá    la    demanda   “cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no se  precisa    del    fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso”.   

Es  decir  que  con  la  Ley  906  adquieren  significativa  importancia  los  fines  del recurso, hasta el punto de que en el  inciso  siguiente de la misma preceptiva, se establece que la Corte “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo  anterior  conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio  de  fondo.  Del  mismo  modo es viable la  hipótesis  contraria,  esto es, en tanto se privilegian esos factores sobre las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  pero  no  se  hace  necesario proferir fallo de  fondo, se procederá a su inadmisión.   

Esta  concepción  teleológica  del recurso  también  ha llevado a exigir que, para su admisión, de la demanda debe aflorar  la  necesidad  del pronunciamiento de fondo para satisfacer alguno de sus fines,  no  otros  que  los  previstos  en  el  artículo  180  del  estatuto  procesal.   

Pues  bien,  con  respecto  al  único cargo  contenido  en  el libelo presentado por el defensor de  WILSON  ALFREDO  MEDINA DÍAZ, dígase que no satisface  los  presupuestos de admisibilidad señalados en precedencia, por las siguientes  razones:   

1.  Aun  cuando en el enunciado del cargo el  censor  alude  que  se  incurrió en la causal de violación indirecta de la ley  sustancial  por virtud de errores de hecho por falso raciocinio, es evidente que  el  planteamiento  expuesto  dista  de  su  formulación  adecuada, para lo cual  resulta  indispensable  evocar  su  concepto  así  como  la  correcta  forma de  proponerlo,  acorde  con  los  parámetros  reiteradamente establecidos por esta  Sala.   

Ciertamente,   se  presenta  el  yerro  de  valoración  probatoria formulado por el libelista cuando el juzgador aprecia la  prueba  desconociendo  las  pautas  de  la  sana  crítica,  esto es, postulados  lógicos, leyes científicas o máximas de la experiencia.   

Por  razón de esa especial naturaleza, para  que  la  propuesta  basada en esa modalidad goce de la imprescindible claridad y  suficiencia,  el  demandante está compelido, como primera medida, a identificar  la  prueba sobre la cual recae el yerro; luego, a establecer el mérito otorgado  al  medio  de  convicción  en  la sentencia y, a la vez, a señalar cuál es el  postulado  de  la  sana crítica en su criterio vulnerado, esto es, el principio  lógico,    la    máxima   de   la   experiencia   o   la   regla   científica  quebrantada.   

Después,  debe  proceder  a  vincular  esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial, lo cual le exige exponer los argumentos conducentes a demostrar  que  la sentencia impugnada se debe modificar en favor del interés representado  como  consecuencia  necesaria  del  error,  tarea que, ineludiblemente, entraña  abordar   la   totalidad   de  los  medios  de  persuasión  en  los  cuales  se  sustenta.            

         

El  demandante se aparta de los lineamientos  anteriores  para plantear el yerro valorativo invocado, porque en momento alguno  individualiza  o  precisa  cuáles  reglas  de  la sana crítica, esto es, leyes  científicas,   principios   lógicos   o   máximas   de   la  experiencia,  se  desconocieron  con  la  cuestionada  valoración de los juzgadores, según ya se  dijo.   

A  cambio  de ello, y en relación exclusiva  con   los   testimonios   rendidos   en   el   juicio   oral   por  Juan  David Mateus Bahamón y Edwin  Yesid Cabrera Numpaque, simplemente  expone  que no servían para inferir de manera razonada la responsabilidad de su  prohijado,  en  tanto  su contenido es contrario con lo que ellos sostuvieron en  su  entrevista  inicial rendida ante el investigador de la Fiscalía frente a la  capacidad  que  tenían  para  reconocer  a  la  persona  que disparó contra la  víctima.   

Todo  se  resume,  entonces,  en que para el  actor  la  valoración del juzgador erige un error de hecho derivado de un falso  raciocinio  sólo  porque  no  coincide  con su parecer personal sobre cómo han  debido  apreciarse  los  reseñados  medios  de prueba, el cual contrasta con el  juicioso  estudio  elaborado  por los juzgadores a partir del testimonio rendido  por  los  citados,  quienes, de forma unánime, como presenciales de los hechos,  identificaron   a   WISON   ALFREDO   MEDINA   DÍAZ  como  la  persona  que  deflagró  el arma de fuego en  contra  de  la  humanidad  de  Luis Eduardo Rodríguez  Guerrero  produciéndole su deceso, sin que por alguna  razón  plausible  se  pueda  dudar  de ese señalamiento, tal como a espacio lo  explican los juzgadores.   

Tal  actitud no sólo deja sin demostración  el   error   formulado,   sino   que,   además,  atenta  contra  la  naturaleza  extraordinaria       del       recurso       de      casación      –en   cuanto   se   concentra   en  la  producción  de errores que afectan la constitucionalidad o legalidad del fallo,  sin  que constituya una tercera instancia- y con la doble presunción de acierto  y   legalidad  que  lo  gobiernan  -en  cuya  virtud  prevalece  el  juicio  del  sentenciador sobre la opinión subjetiva del recurrente-.   

2.  Pero  además,  la  censura,  limitada a  cuestionar  la valoración de las probanzas mencionadas, resulta intrascendente,  toda  vez  que el señalamiento efectuado por los testigos encontró respaldo en  otros  elementos  de  juicio  que  el  censor  omitió  involucrar, como así lo  refirió  el  a quo, pues su  presencia  no  era,  como  lo pretende demostrar la defensa, poco probable en el  lugar donde acaecieron los hechos:   

“Además,  debe  precisarse  que  WILSON  ALFREDO  MEDINA  DÍAZ  le  ataban,  sin  duda,  lazos de diversa índole con el  sector   barrio  ‘Bosque  Popular’,  pues  así lo  reconoce  su propio hermano que alude a los extensos años que residieron en esa  zona  de  la  capital, y al colegio del sector en el que estudiaron también por  largos  períodos,  lo  que  permite inferir razonablemente que de antaño creó  vínculos  con  amigos  de  infancia  y  adolescencia con quienes muchas cosas e  intereses  comunes,  tal  como lo revela el referido declarante y se confirma en  las   imágenes   fotográficas   aportadas  al  proceso  en  que  los  testigos  presenciales  de  los hechos también reconocen a otros individuos señalados en  el  sitio  delictivo;  en  esas  fotografías los referidos se encuentran o bien  departiendo  bebidas  en  una  tienda  de dicho barrio o actividades deportivas,  vistas  las  ropas  que  visten,  y como quiera que sea en actitudes que indican  amistad cercana.   

Por  tanto,  enfatizada y potencializada la  conclusión  que  se  deriva de todo ese proceso de inferencia lógica, y es que  WILSON  ALFREDO MEDINA DÍAZ tenía razones para ir al barrio de sus terruños a  departir  con  sus  amistades,  tal  cual  surge  del dicho de Juan David Mateus  Bahamón   y  Edwin  Yesid  Cabrera  Numpaque,  que  informan  que precisamente en una residencia del sector  donde  se  presenta  el  altercado inicial se llevaba a cabo lo que parecía ser  una  fiesta  y  que  fue  de ese sitio de donde provinieron los tres individuos,  incluido  el  acusado  dotado  de  un arma de fuego, con alguno de los cuales se  presentara  el  altercado  que  parece  ser  la  génesis  del fatídico agravio  inferido  a Luis Eduardo Rodríguez, y que a ese sitio se acercó so pretexto de  conseguir  lumbre  para  encender  un  cigarrillo,  sin perjuicio de que se haya  establecido    cuál    la    efectiva    motivación   para   atentar   en   su  contra”1.        

Ahora,  es  evidente  que  el  dicho  de los  deponentes  en  manera  alguna,  contrariamente  a  lo  sostenido  por el actor,  configura  prueba  de  referencia, en cuanto es indudable no sólo que rindieron  su  versión  en el juicio oral sino que en ella dieron fe de lo que percibieron  directamente  como  acompañantes  de la víctima en el momento preciso de haber  sido ultimada.   

De  otro  lado, se ha de recabar que ninguna  consideración  merece  el  argumento  relacionado  con  la vestimenta del autor  material,  pues,  como  lo  indicó  el  Tribunal,  se  pretende  demostrar  con  evidencia no aportada al juicio oral.    

3.  Por  último, ha de puntualizarse que el  censor  hace  abstracción  total  de  la  obligación  señalada de precisar la  necesidad  de  fallo  atendiendo  los  fines para los cuales está instituido el  recurso,  no  otros  que  los  establecidos  en  el  artículo  180 del estatuto  procesal,   en   cuanto  “El  recurso  pretende  la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,   la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos  y  la  unificación  de la jurisprudencia”, debiendo aflorar  el  vínculo  entre  la  propuesta  contenida  en la censura y uno cualquiera de  tales  objetivos  que  dotan  de  sentido  al  recurso extraordinario, lo que se  deriva,  también,  de  la  ausente  claridad para indicar la norma de carácter  sustancial  transgredida  con  el  yerro  de apreciación probatoria denunciado,  así  como  su  sentido  de  violación  (falta  de  aplicación  o  aplicación  indebida).   

4.  Los  precedentes defectos argumentativos  permiten  a  la  Sala  razonablemente  concluir que la demanda no cumple con las  exigencias  de  argumentación y lógica contenidas en las normas transcritas al  inicio  de  la  parte  considerativa  de  esta  decisión, motivo por el cual se  impone su inadmisión.   

Se   arriba   a   idéntica   conclusión,  adicionalmente,  porque  del  contenido  de  la  demanda y de la revisión de la  actuación  no encuentra procedente la Sala la necesidad en este caso de superar  los  defectos  reseñados  en procura de cumplir alguno de los fines del recurso  extraordinario  previstos  en  el artículo 180 de la Ley 906 de 2004 y en tanto  no  se  advierte  la  posibilidad  de  corregirlo oficiosamente por concurrir la  causal  de  nulidad  o  por advertir vulneración de garantías fundamentales de  las diversas partes.   

   

Ahora  bien,  habida  cuenta  que contra la  decisión  de  inadmitir  las  demandas  de  casación  procede  el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, habrán de seguirse  las  reglas  fijadas por la Sala para su aplicación2.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor   del   procesado   WILSON  ALFREDO  MEDINA  DÍAZ,  por  las  razones  consignadas  en la anterior  motivación.   

         Contra  esta  decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ               MUÑOZ        LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO     

JULIO             E.             SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Págs. 8 y 9 del fallo de primer grado.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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