39009(14-11-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente:   

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO   

Aprobado Acta No. 417  

Bogotá,  D.  C., catorce de noviembre de dos  mil doce (2012)   

VISTOS:  

La  Sala  resuelve  el recurso de apelación  presentado    por    el   procesado   Harold   Gamboa  Velásquez,  exjuez  Primero  Laboral  del Circuito de  Buenaventura,  contra  la  sentencia  proferida  el  18  de enero de 2012 por el  Tribunal  Superior  de Buga que lo condenó como autor de la conducta punible de  peculado por apropiación.   

Cabe señalar que en esa providencia también  fue  absuelto  del  cargo  de  peculado por apropiación originado en la demanda  laboral    incoada   por   ARGELIO   ANGULO   VIVEROS  y  se  cesó  el procedimiento a su favor por el mismo  delito  por  prescripción  de  la  acción  penal,  en  concreto respecto de su  actuación  en el proceso adelantado por JOSÉ BRÍGIDO  OCORÓ  DÍAZ  contra  el Fondo de Pasivo Social de la  Empresa Puertos de Colombia, en adelante Foncolpuertos.   

HECHOS:  

Ante el Juzgado Primero Laboral del Circuito  de  Buenaventura,  cuyo  titular  era  Harold  Gamboa  Velásquez,  los señores  HANNOVER   VICTORIANO   ALEGRÍA  LÓPEZ,  ARGELIO ANGULO VIVEROS, BRAULIO CAICEDO,  EFRÉN  CÁRDENAS  RENTERÍA,  LUIS  ALFONSO  GAMBOA  GONZÁLEZ y JOSÉ BRÍGIDO  OCORÓ  DÍAZ,  promovieron sendos procesos ordinarios  laborales  contra  la  referida  entidad  portuaria, con el objeto de obtener el  reconocimiento de acreencias laborales.   

Las   actuaciones  culminaron  con  fallos  fechados  17  de  mayo  1995;  14  de octubre de 1993, 21 de abril de 1994, 1 de  noviembre  y  30  de  marzo de 1995 y 13 de septiembre de 1994, respectivamente,  mediante  los  cuales  se condenó a Foncolpuertos a cancelar distintas sumas de  dinero  por  concepto  de  reajustes pensionales, agencias en derecho a favor de  los demandantes e indemnizaciones moratorias.   

Dichas  determinaciones,  al surtir el grado  jurisdiccional  de  consulta,  fueron  revocadas  en  segunda  instancia por los  Tribunales   Superiores   de   Bogotá   y   Pereira,  al  identificar  diversas  irregularidades  en  las  sentencias  de  primer  grado  emitidas  por  el  juez  Gamboa   Velásquez,  entre  ellas,  la  indebida  aplicación  de  la  Convención  Colectiva de Trabajo, la  condena  más  allá de lo pedido por los demandantes y la ausencia de claridad,  precisión  y  consistencia  en  los  hechos  y  pretensiones  contenidos en las  demandas.   

Como   consecuencia  de  lo  anterior,  se  absolvió  a  la  referida entidad portuaria de las reclamaciones realizadas por  los antiguos trabajadores de la Empresa Puertos de Colombia.   

A su vez, con ocasión de aquellos procesos,  se  dio  inicio  a  esta  actuación,  con  el objeto de establecer las posibles  conductas  punibles  en  que  hubiera  podido  incurrir  el funcionario judicial  Gamboa   Velásquez,   al  proferir  las decisiones de condena que fueron halladas ilegales por su superior  jerárquico.   

ANTECEDENTES    PROCESALES:   

1.  Con  sustento en los informes elaborados  por  los  investigadores  del  Cuerpo Técnico de Investigación destacados para  Foncolpuertos,  así  como  en  las  resoluciones  emitidas por el Ministerio de  Protección  Social, el Fiscal 20 Delegado ante el Tribunal Superior de Bogotá,  el  3  de  agosto  de  2006,  abrió  formal investigación en contra del exjuez  Primero  Laboral  del  Circuito  de Buenaventura Harold  Gamboa   Velásquez,   a  efecto  de  determinar  las  irregularidades  en  torno  al  trámite  judicial  adelantado  con motivo de la  demanda   laboral   instaurada   por   ARGELIO  ANGULO  VIVEROS,     extrabajador     de     Puertos     de  Colombia1.   

2.  En  la  misma  fecha, el ente instructor  dispuso  acumular y tramitar conjuntamente las investigaciones originadas en las  sentencias  proferidas  dentro  de  los procesos ordinarios laborales promovidos  por   los   señores   HANNOVER  VICTORIANO  ALEGRÍA  LÓPEZ,   ARGELIO  ANGULO  VIVEROS,  BRAULIO  CAICEDO,  EFRÉN  CÁRDENAS  RENTERÍA,  LUIS  ALFONSO GAMBOA  GONZÁLEZ  y  JOSÉ  BRÍGIDO  OCORÓ  DÍAZ,  ante el  Juzgado    Primero    Laboral    del    Circuito   de   Buenaventura2.   

3. En providencia del 4 de diciembre de 2006,  ante  la  imposibilidad  de  vincular  en  forma personal al exjuez Gamboa  Velásquez, se lo declaró persona  ausente,    designándole   defensor   de   oficio3,  a  quien  se le resolvió su  situación  jurídica  provisional  el  12  de  diciembre de 2007, con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva por su posible autoría en el concurso  de  conductas  punibles  de  peculado  por  apropiación. En esta determinación  también  se  declaró  prescrita  la  acción  penal derivada de los delitos de  prevaricato           por           acción4.   

4.  Clausurada la fase instructiva el 14  de  mayo de 20085,  se  calificó  su mérito el 1º de octubre siguiente6,    con  resolución  acusatoria  en  contra  de  Harold Gamboa  Velásquez  por el delito de peculado por apropiación  a  favor  de  terceros,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  agravado por la  cuantía,   “por  razón  de  los  hechos  que  se  desprendieron  con  motivo y ocasión de las sentencias emitidas en los procesos  ordinarios  laborales  promovidas  a  través  de  apoderado por los demandantes  ARGELIO  ANGULO VIVEROS, JOSÉ BRÍGIDO OCORÓ DÍAZ,  HANNOVER  VICTORIANO  ALEGRÍA  LÓPEZ  y EFRÉN CÁRDENAS RENTERÍA”7.  En  esa  misma  providencia,  se decidió precluir las  investigaciones,   por  prescripción  de  la  acción  penal,  adelantadas  con  ocasión   del   los   fallos   proferidos  por  el  sindicado  en  “los  procesos  ordinarios  laborales promovidos por los señores  LUIS    ALFONSO    GAMBOA    GONZÁLEZ8   

y    BRAULIO    CAICEDO”9   

5.  Ejecutoriado el vocatorio a juicio,  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de Buga, en proveído 30 de marzo de 2009,  decretó  la  nulidad  de  la  declaratoria de persona ausente, tras advertir la  vulneración  al  debido proceso como consecuencia de haberse omitido librar las  órdenes  de captura ante los organismos judiciales correspondientes, las cuales  tenían   como   fin   la   recepción   de   la   indagatoria  de  GAMBOA VELÁSQUEZ.   

6. Empero, tras recurrir el ente acusador la  mencionada  decisión,  aduciendo  “la  prueba  que  asentaba  la  obediencia al debido proceso”, el 18 de  noviembre  de  2009  el a quo resolvió revocarlo y, consecuentemente, continuó  la         etapa        de        juzgamiento10.   

7.  Así, entonces, la etapa de la causa fue  adelantada  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga, Corporación  que  luego  de  correr  los  correspondientes  traslados  realizó  la audiencia  preparatoria el 9 de marzo de 2011.   

8.  Concluida  la  audiencia  pública  de  juzgamiento  se  produjo fallo de carácter condenatorio, fechado el 18 de enero  de  2012  contra  el  que el inculpado interpuso recurso de apelación que ahora  debe resolverse.   

LA      SENTENCIA    IMPUGNADA:   

El  Tribunal  Superior  de Buga inicialmente  destaca   que   dentro   del  proceso  laboral   promovido  por  el  señor  JOSÉ    BRÍGIDO    OCORÓ    DÍAZ,   mediante  sentencia proferida el 13 de septiembre de 1994 el acusado  Harold   Gamboa  Velásquez  ordenó  a FONCOLPUERTOS pagar  la  suma  de  $4.103.506.90  a  favor  del  demandante, la que efectivamente fue  cancelada  tras  emitir  el  entonces  titular  del  Juzgado Primero Laboral del  Circuito  de  Buenaventura  el  oficio  074  del  4 de abril de 1995 dirigido al  Gerente  del  Banco  Popular,  sin  que  dicho  valor  superara  el monto de los  cincuenta  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes para las fechas en que  fueron  efectivamente  pagados los dineros estatales11,   razón   por   la   que  consideró  que  la  conducta constitutiva de peculado por apropiación en favor  de  terceros  frente a éste comportamiento prescribió antes de que se emitiera  la          resolución          acusatoria12.   

Seguidamente  coligió  la  Corporación  de  instancia  que no se reunieron los presupuestos exigidos por el artículo 232 de  la  Ley  600 de 2000 para condenar al procesado GAMBOA  VELÁSQUEZ,  como  autor  del  delito  de peculado por  apropiación  a  favor  de  terceros  agravado  por  la  cuantía,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  al proferir decisiones manifiestamente contrarias a la  ley,  dentro  del  proceso  laboral seguido a instancia de la demanda presentada  por  ARGELIO ÁNGULO VIVEROS,  pues,  estimó  el a quo, que  la  prueba  documental  aducida  fue  contradictoria  al demostrar el detrimento  patrimonial   que   presuntamente   sufrieron   los  bienes  estatales  ante  la  disponibilidad   jurídica   que   tuvo   de   los   mismos  el  exjuez  acusado  específicamente en ese caso.   

En palabras de la Sala:  

“Se  concluye  frente  a este asunto, que  ante  las  dudas  en  los  conceptos  que  en  últimas  se pagaron –  que no fueron ordenados por el Juez  en  la sentencia – o no se  pagaron  como  aduce  la  resolución que no se halló evidencia del pago de los  $3.629.589.04-,  la Sala absuelve al procesado de los cargos formulados por este  peculado  originado  en el proceso ordinario laboral incoado por Argelio Ángulo  Viveros”.   

Respecto  a  los restantes procesos, una vez  enuncia  las  diferentes  decisiones  emitidas  por el exjuez Primero Laboral de  Buenaventura,  dentro  de  los  seguidos a instancia de las demandas presentadas  por  HANNOVER  VICTORIANO  ALEGRÍA  LÓPEZ  y  EFRÉN  CÁRDENAS   RENTERÍA,   subraya  las  fechas  y  las  cuantías  de  las  resoluciones  y proveídos mediante los que se ordenó a las  autoridades  competentes  pagar  a  los demandantes los valores estimados en los  fallos  condenatorios  proferidos por el acusado, concretamente, los atinentes a  “reajuste    pensional    y   reconocimiento   de  indemnización   por   pérdida   de   la   capacidad  laboral…”13,  coligiendo          que          “frente a la prueba recaudada de orden  documental…  se  muestra diáfano la configuración de todos y cada uno de los  elementos     estructurales     del     tipo     penal     de    Peculado    por  Apropiación”14.   

Igualmente, resalta que los enunciados fallos  emitidos     por     el     juez    Harold    Gamboa  Velásquez  en los referidos procesos laborales fueron  revocados   ante   las  irregularidades  encontradas  por  la  Sala  Laboral  de  Descongestión  del  Tribunal  Superior  de Bogotá, tales como: (i) La falta de  claridad,  precisión  y  coherencia  en las respectivas demandas, vulnerando el  artículo  25  del  Código  de  Procedimiento  Laboral;  ii)  la  inclusión de  factores  no  constitutivos de salario y iii) los fallos más allá de lo pedido  por los demandantes, generando doble pago de factores salariales.   

Por  otra  parte,  desestimó  apreciar como  indicio  grave “la negativa del procesado de ordenar  el  grado  jurisdiccional  de  consulta  sobre los procesos donde se condenaba a  FONCOLPUERTOS”,  al  considerar  que, contrario a lo  afirmado  por  el  ente acusador, para las fechas en que el acusado “emitió   sus   sentencias  laborales  ordinarias…  no  había  unanimidad  entre  los operadores judiciales del área laboral sobre la forma de  proceder       en       tales       aspectos”15.    Empero,    consideró  demostrado  el dolo en el comportamiento del acusado16,        a    partir    de    la   “pluralidad  y  calidad  de  indicios,  aunados   a   la   prueba   directa,   representada   en  documentos”.   Explicando   su  postura  en  los  siguientes términos:   

“…  más  evidentes,  no pueden ser los  indicios      graves      de      presencia     y  oportunidad para cometer la ilicitud… Para la Sala,  es  claro  que  gracias  a  la  conducta mal intencionada del aquí encausado de  dilapidar   ese  peculio  público,  mediante  el  proferimiento  de  decisiones  prevaricadoras,  fue  que  se  vio  severamente vulnerado el bien jurídicamente  tutelado  de  la  Administración  pública,  pues  con  su  proceder contrarió  ostensiblemente      los     principios     que     orientan     la     función  jurisdiccional…”17   

Finalmente  concluyó  que  se reunieron los  presupuestos  exigidos  por  la  legislación  procesal  penal  para condenar al  inculpado  Gamboa  Velásquez  como  autor del delito de peculado por apropiación a favor de terceros agravado  por  la  cuantía,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  en consideración al  detrimento   patrimonial   que   sufrieron   los   bienes   estatales   ante  la  disponibilidad  jurídica  que  tuvo  de  los  mismos,  imponiéndole la pena de  setenta  (72)  meses  de  prisión,  la  interdicción  de  derechos y funciones  públicas  por  un  periodo igual a la pena privativa de la libertad y multa por  valor  de  setenta y cinco millones seiscientos veintitrés mil ciento treinta y  dos   pesos   con   sesenta   y   nueve  centavos  ($75.623.132,69),   equivalente,   para  el  a  quo,  “al  valor        de        lo        apropiado”18;  así  como,  el  pago  de  perjuicios materiales por el mismo monto de la multa.   

LA   IMPUGNACIÓN:  

La  decisión  que  viene de reseñarse, fue  apelada     por    el    acusado    Harold    Gamboa  Velásquez, solicitando la revocatoria de la sentencia  de  condena  proferida  en  su  contra,  con  fundamento en variadas razones que  agrupó de la siguiente manera:   

    

1. Grado jurisdiccional de consulta     

Sostiene   que  el  Tribunal  a  quo   “a  folio 29”    19 valoró como “indicio  grave en su contra”  el  haber omitido surtir el trámite de  la  consulta,  apreciación que califica como desacertada, pues arguye que en la  época  en  que  emitió  los fallos laborales no se consagraba ese recurso para  las sentencias adversas a las entidades descentralizadas.   

Razón   por  la  cual  concluye  que  las  sentencias  laborales  proferidas  en  los  años 1993 y 1995 habían quedado en  firme  y  no podían ser objeto del grado jurisdiccional ordenado por el Consejo  Superior        de        la        judicatura20  y,  reitera, la carencia de  competencia  territorial  de las Salas Laborales de Descongestión que desataron  la   consulta,   para   lo   cual  cita  el  artículo  63  de  la  Ley  270  de  199621.   

Por tanto, considera viciados de nulidad los  fallos  de consulta, pues vulneraron el debido proceso, la seguridad jurídica y  el  principio  de  cosa  juzgada,  de  tal  forma  que  no  podían tenerse como  fundamento   de   la   sentencia   condenatoria,   sino   excluirse  del  acervo  probatorio.   

Agrega   el   recurrente,  que  no  existe  concordancia22  con  lo  estipulado  en  el  artículo 10 del Código Procesal del  Trabajo,   norma   que   asigna   el   conocimiento   de   los   juicios  contra  establecimientos  públicos  al  juez del domicilio del demandado o al del lugar  donde  se haya prestado el servicio, a elección del demandante, en razón de lo  cual  era  el Tribunal de Buga y no el de Bogotá el competente para conocer del  grado   jurisdiccional   de   consulta,   pues   Buenaventura   pertenece  aquel  distrito.   

Así,  advera que aunque las Salas Laborales  de  Descongestión  ostentaban competencia funcional23,    adolecían    de    la  territorial,  en  tanto  sólo  la ley puede modificar dichas reglas, más no un  acto    administrativo    proferido    por    el    Consejo   Superior   de   la  Judicatura.   

En razón de lo anterior, afirma:  

“…las  sentencias  proferidas  por  las  Salas  Laborales tantas veces mencionadas, por medio de las cuales revocaron las  decisiones  emitidas  en  los  procesos  ordinarios  laborales,  no  podían ser  valoradas  ni  usadas  para  demostrar  que  las  sentencias que condenaron a la  Empresa  Puertos  de  Colombia al pago de unas acreencias laborales derivadas de  la   relación   contractual   con  los  actores,  fueron  desacertadas  y  como  consecuencia  de  la  revocatoria  resultaron  contrarias a la ley y con base en  aquellas  decisiones  concluir  que  fueron  el  medio para la defraudación del  erario     público,    tal    como    lo    indica    la    Sala    Penal    de  Descoongestión”.24   

En ese orden de ideas, aduce la inexistencia  en  el  proceso  penal  de  decisión  legalmente proferida por la jurisdicción  ordinaria  laboral  mediante  la cual se demuestre que los fallos proferidos por  Harold   Gamboa  Velásquez  fueron  desacertados,  pues,  insiste, las decisiones de consulta no sirven para  demostrar la responsabilidad del procesado.   

2. Análisis probatorio  

El  impugnante  cuestiona  la  valoración  probatoria  efectuada  por  el  Tribunal  de  Buga,  afirmando  que las demandas  instauradas  por  los extrabajadores portuarios fueron admitidas porque reunían  los  requisitos  del  artículo  25  del  Código  Procesal  Laboral, aspecto no  controvertido   por   la   empresa  demandada,  por  manera  que  las  Salas  de  Descongestión  no  podían,  de  manera  oficiosa,  declarar  la  ineptitud  de  aquellas,   pues  asegura  que  “si  en  gracia  de  discusión  las  demandas  no  hubiesen  sido  claras, constituye deber del juez  interpretar  el  libelo  con  el  fin  de descubrir la auténtica intención del  suplicante,   sin   que   ello   comporte   desconocimiento   del  principio  de  congruencia”25.   

En igual sentido, señala que la Corporación  que  adelantó  el  grado jurisdiccional de consulta a la sentencia por él  proferida  en  el proceso laboral ordinario promovido por el señor HANNOVER   VICTORIANO   ALEGRÍA   LÓPEZ,  concluyó  desacertadamente  “que las vacaciones no  constituyen  salario  y  no  se  computan  como tal”,  pues,  asegura, que el artículo 130 del numeral 6º de la convención colectiva  de  trabajo  “indica que  para   efectos   de   liquidar   la   pensión   se   tienen   en   cuenta   las  vacaciones”  y que “debe  aplicarse   tal   disposición  por  encima  del  artículo  141  por  ser  más  beneficiosa,    en   atención   al   principio   de   favorabilidad”26.   

Respecto  del  proceso  ordinario  laboral  adelantado    por    el   señor   EFRÉN   CÁRDENAS  RENTERÍA,   sostiene   que   la   Sala   Penal   de  Descongestión  con  base  en  lo afirmado por la Sala Laboral erró al concluir  “que  el  dictamen  médico  no  fue  aportado  en  audiencia  pública  y  que  además no fue ratificado por el médico laboral en  audiencia        pública”,       puesto  que  a más de ser “visible   a   folio   108”  tal  experticia, obra constancia de haberse recibido el mencionado  documento  en  la  Secretaría  del  Juzgado  Primero  Laboral  del  Circuito de  Buenaventura  el  día  30  de  mayo  de  1995,  aunado a que en su leal saber y  entender  “no  existe  en  el  ordenamiento laboral  norma”27 que contemple la referida exigencia de ratificación   

3. Atipicidad de las conductas.  

El  recurrente pregona la ausencia de prueba  demostrativa  de un actuar doloso y, por el contrario, considera que la realidad  procesal  evidencia  cómo  las decisiones se ajustaron a las pruebas recaudadas  en  “la inspección judicial solicitada a instancia  de  la  parte demandante”28  en cada proceso, a la ley y  a la Convención Colectiva de Trabajo.   

Con  tal postura, censura el impugnante que  se  haya  procedido  a su condena por el delito de peculado por apropiación con  base  en  los  criterios  emitidos por las Salas Laborales de Descongestión que  conocieron  de  las sentencias ejecutoriadas, situación ésta que, a su juicio,  vulnera  los  principios  de  autonomía  e  independencia  judicial29.   

Así  mismo, cuestiona la afirmación de la  Sala  Penal  relativa  a  que  cuando  el exjuez Primero Laboral del Circuito de  Buenaventura  profirió  sentencias condenatorias en contra de Foncolpuertos, su  conducta  se  tipifique  en  el  delito  de peculado por apropiación a favor de  terceros,    pues    considera    que    ello    conduciría    a   “condenas  automáticas  por  el  hecho  de  que…  la decisión  proferida     por     el     funcionario     acusado    resultó    desacertada.”30   

De lo anterior deduce que se vulneraron los  principios  de autonomía e independencia judicial señalado en el artículo 228  de  la  Constitución  Política  y  se  desconocieron los fines de los recursos  ordinarios  y del extraordinario de casación, pues  sostiene: “…  los  superiores  jerárquicos  competentes  son los únicos  encargados  de  corregir  los  errores de interpretación en que puedan incurrir  los                   jueces…”31   

Cuestiona  la  afirmación de la Sala Penal  relativa  a  que  cuando  el exjuez Primero Laboral del Circuito de Buenaventura  profirió  fallos  condenatorios  en  contra  de  la  empresa  FONCOLPUERTOS, su  conducta  se  adecua al delito de peculado por apropiación a favor de terceros,  pues  considera  que  ello  conduciría  a  establecer  la regla según la cual,  “cualquier   operador judicial… que profiera  sentencia   condenatoria   en  contra  de  una  entidad  descentralizada  y  que  posteriormente  resulte  anulada  o  cuestionada  de contraria a la ley, podría  estar   incurso   en   el  delito  de  peculado  por  apropiación  a  favor  de  terceros…”32.   

Con  sustento en las anteriores razones, el  procesado  Gamboa  Velásquez  solicita  se  revoque el fallo impugnado y, en su lugar, se le absuelva de todos  los cargos.   

Por   último,  afirma  que  como  en  el  expediente  reposa  copia  de la condena del 12 de marzo de 2002 proferida en su  contra  por  el  Tribunal  Superior  de  Buga  por  el delito de enriquecimiento  ilícito  derivado  del  punible  de  peculado,  no  puede  ser juzgado por este  último  delito so pena de afectar el principio de non  bis in ídem.   

CONSIDERACIONES         DE        LA    CORTE:   

1. Competencia.  

A   esta   Sala  de  Casación  Penal  le  corresponde  desatar  el  recurso  de  apelación interpuesto, de acuerdo con la  competencia  que  le  asigna  el  numeral  3° del artículo 75 de la Ley 600 de  2000,  toda  vez  que  la  acción  penal  es  ejercida contra el exjuez Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura, quien fue juzgado en primera instancia  por  el  Tribunal  Superior de Buga por conductas realizadas en ejercicio de sus  funciones.   

Conforme  a lo estipulado en los artículos  31  de la Constitución Política y 204 del estatuto procesal penal en mención,  la  labor  de  esta Corporación se contraerá a examinar los aspectos sobre los  cuales  se  expresa  inconformidad, incluyendo, como lo autoriza esa preceptiva,  los temas inescindiblemente vinculados al objeto de la censura.   

2. Cuestión previa.  

Inicialmente resulta relevante para la Sala  precisarle  al  apelante  que  el  delito por el cual se profirió condena en su  contra  es  el  de  peculado por apropiación en favor de terceros, en concurso,  homogéneo  y  sucesivo,  mas  no  por  el  de  prevaricato por acción, como lo  sugiere  en algunos apartes del recurso al momento de cuestionar la sentencia de  primera  instancia,  sobre  la  base de no encontrar acreditada la ejecución de  conductas  prevaricadoras, cuando lo cierto es que estas conductas punibles, por  razón  de  la declaratoria de prescripción de la acción penal, no comprometen  el objeto del presente estudio.   

3.  Análisis  del  escrito  impugnatorio.   

Con el fin de resolver el recurso formulado,  la  Sala  abordará  el  análisis de los siguientes tópicos: (i) si la condena  por  enriquecimiento  ilícito  enervaba la posibilidad de juzgar al ex juez por  el  punible  de  peculado  por  apropiación  a favor de terceros. (ii) el grado  jurisdiccional  de  consulta  y  las  facultades  de  la Sala Administrativa del  Consejo  Superior  de  la Judicatura; (iii) legalidad de la prueba con la que se  acreditó  la  existencia  de  los  delitos  de  peculado  que  forman parte del  concurso  imputado,  y  (iv) sobre la existencia de prueba del actuar doloso del  procesado.   

Como  quiera  que  dentro  de  los  citados  planteamientos,  uno  de ellos conllevaría a la cesación del procedimiento, la  Sala  procede  a  dar  respuesta  inicialmente  al  reparo fundado en la posible  vulneración   del   principio   de   non   bis   in  ídem,  en  tanto  que  el inculpado ya cuenta con una  condena  en la cual se le sancionó por el delito de enriquecimiento ilícito de  servidor  público,  sanción  que a su juicio subsume el delito de peculado por  apropiación   

i)  Si  la  condena  por  enriquecimiento  ilícito  enervaba  la  posibilidad  de  juzgar  al  ex  juez  por el punible de  peculado por apropiación a favor de terceros.   

Expresó   el   procesado   Harold  Gamboa  Velásquez  que  por haber  sido  condenado  como autor del punible de enriquecimiento ilícito derivado del  delito  de  peculado, no podía ser juzgado por esta última infracción so pena  de    afectar   el   principio   de   non   bis   in  ídem.   

Esta Corporación considera que tal reproche  no  tiene  vocación de prosperidad en tanto los tipos penales que se confrontan  están  dirigidos  a  tutelar  objetos  jurídicos  distintos,  de tal forma que  sancionan   aspectos   diferentes   del   accionar   delictivo  de  HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ.   

En  efecto, en la actuación adelantada por  el   punible   de   enriquecimiento   ilícito,   que  finalizó  con  sentencia  condenatoria  el  12  de  marzo  de  2002,  se  sancionó al exjuez Gamboa  Velásquez por haber lesionado con  su  conducta  el  interés  jurídico tutelado de la probidad y honestidad de la  administración  pública,  tras  haberse demostrado el incremento injustificado  de  su  patrimonio;  mientras que en el presente proceso penal adelantado por la  conducta  peculadora,  se  le reprocha el haber defraudado con su comportamiento  las  expectativas  del  rol  que de él se esperaba como titular Juzgado Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura,  esto  es,  el  recto  ejercicio de la  función  estatal  de  custodia y administración de bienes, al haber puesto con  sus  decisiones en manos de terceros (extrabajadores de Foncolpuertos) de manera  injustificada, dineros pertenecientes al Estado.   

Como  se  advierte, se trata de una afrenta  autónoma  e  independiente  al  interés  tutelado  por  la  conducta jurídico  penalmente desaprobada de peculado por apropiación.   

La  Sala,  ratificando  este planteamiento,  recientemente dijo:   

“De  vieja  data  la  Corte  Suprema  de  Justicia  viene  afirmando  la  viabilidad  jurídica de que concursen de manera  efectiva  el  delito de enriquecimiento ilícito con delitos que afecten el bien  jurídico  de  la  administración  pública,  en  la  medida  que  dentro de la  globalidad   que   implica   este   bien   jurídico  se  encuentran  plenamente  diferenciados  otros  intereses  jurídicos  que  merecen  tutela  judicial y no  quedan desplazados.   

En  tal  sentido,  existen  una  serie  de  intereses  concretos  que no necesariamente por el hecho de estar inmersos en el  genérico  bien jurídico de la administración pública, pierden su identidad o  autonomía  de  cara  a la intencionalidad del legislador al tipificar conductas  que  reporten  violación  a  esos  intereses.  Por  ejemplo,  el  peculado, que  propende  por  la  protección  del patrimonio del Estado; el de concusión, que  protege  la  legitimidad  del  ejercicio  del  poder estatal; el de celebración  indebida  de  contratos,  que  vela por la transparencia de la contratación; el  tráfico  de  influencias,  que  censura  atentados  contra  la independencia de  servidores  públicos;  el  cohecho, que propende por la absoluta igualdad en la  prestación  del servicio público; el prevaricato, que sanciona los agravios al  incorrecto  funcionamiento de la administración; entre otros, son muestra de la  presencia   de   particulares   intereses   que  diferencian  uno  u  otro  tipo  penal.”33.   

De esta forma, se desestima el planteamiento  del  recurrente  al  limitar  su  argumentación  a  sostener  que  se  está en  presencia   de  los  mismos  hechos,  cuando  se  trata  de  conductas  punibles  autónomas   e   independientes   y,   por   ende,  edifican  distinto  reproche  penal.   

Conviene    agregar    que   la   Corte  Constitucional,  al  analizar  los  alcances  de  la  prohibición  de  la doble  incriminación  —non bis  in  ídem—,  por igual ha  señalado:   

“La prohibición del doble enjuiciamiento  y  de  la doble sanción por un mismo hecho no impide que la conducta objeto del  reproche  pueda  dar lugar a diversas investigaciones, siempre y cuando cada una  de  estas  atiendan  a  los  siguientes  criterios: (i) que la conducta imputada  ofenda  distintos bienes jurídicamente protegidos; (ii) que las investigaciones  y  las sanciones tengan distintos fundamentos normativos; (iii) que los procesos  y  las  sanciones  atiendan  a  distintas  finalidades; (iv) que el proceso y la  sanción  no presenten identidad de causa, objeto, sujetos, acciones, fundamento  normativo,      alcance      y      finalidad”34   

En  esa medida, es claro que a pesar de que  al  acusado anteriormente se lo declaró penalmente responsable por el delito de  enriquecimiento               ilícito35, nada impide la persecución  de  las  conductas punibles de peculado por apropiación a favor de terceros, en  contra   de   Harold   Gamboa  Velásquez,  pues  no  existe  identidad de fundamento normativo, de causa, de  alcance,  de  finalidad  o  de  sanción en las dos conductas cuestionadas y por  tanto  no  se  vulnera  el  principio  de  non bis in  ídem.  Razón  por  la  cual  carece  de  asidero  la  postulación defensiva analizada en este acápite.   

ii)  Grado  Jurisdiccional  de  Consulta  y  facultades   de   la   Sala   Administrativa   del   Consejo   Superior   de  la  Judicatura.   

El procesado Harold  Gamboa  Velásquez censura que la sentencia de condena  emitida  en  su  contra por la Sala Penal del Tribunal Superior de Buga se funde  en  los  fallos laborales de consulta, pues, en su opinión, en la época en que  se  profirieron no existía el grado jurisdiccional para las sentencias adversas  a   las   entidades   descentralizadas,   empresas   comerciales  del  Estado  o  establecimientos  públicos.  Por  tanto,  las  decisiones  de segunda instancia  emitidas  como  resultado  de  dicho  mecanismo están viciadas de nulidad y por  ello  no  podían  ser apreciadas como prueba dentro del presente proceso penal.   

La Sala encuentra que dicha crítica carece  de  fundamento,  por cuanto las sentencias laborales emitidas como resultado del  grado  jurisdiccional  de  consulta están amparadas por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  por  manera que no pueden ser desconocidas por la simple  inconformidad  del doctor Gamboa Velásquez   con  su  contenido  o  por  su  disenso  frente  a  las  órdenes  administrativas  que  dispusieron  el proceso de descongestión en cuyo marco se  profirieron.   

Por tanto, ostentan plena vigencia y son de  obligatorio  cumplimiento,  más  aún  cuando  no  fueron  objeto de acción de  revisión   o   de   cualquier   otro   cuestionamiento   que   en   efecto  las  modificara.   

De  otra  parte,  la  Sala  observa  que la  sentencia   confutada   no  estimó  como  “indicio  grave”  el  relativo  a  la ausencia de trámite del  grado  jurisdiccional  de  consulta  por parte del ex funcionario, motivo por el  cual no hay lugar a tratar ese aspecto.   

En otro sentido, el impugnante cuestiona el  proceso  de  descongestión  ordenado  por  la  Sala  Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura  respecto  de  los  trámites laborales adelantados  contra   Foncolpuertos,   no   por   ausencia   de  competencia  funcional  sino  territorial.   

Así,  aduce que si bien el artículo 63 de  la  Ley 270 de 1996 autoriza a la Sala Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura  a  implementar  programas de descongestión, en su ejecución debía  respetar  la  competencia territorial, tal como  lo disponen los artículos  15  de  la  Ley   1285 de 2009 y 10 del Código Procesal Laboral. Entonces,  era  el  Tribunal Superior de Buga, no el de Bogotá, el competente para conocer  del  grado  jurisdiccional  de  consulta,  pues  Buenaventura  pertenece  a  ese  distrito.   

Al respecto, esta Corporación ha decantado  cómo   el   Consejo   Superior   de  la  Judicatura  está  facultado  para  la  implementación   de   programas   de   descongestión   y  refiriéndose  a  la  designación  de  jueces  o  tribunales  para  atender  los casos asociados a la  liquidación          de         Foncolpuertos, estableció:   

“En efecto, la  Carta  Política  de  1991  al  crear  el  Consejo Superior de la Judicatura, lo  revistió   de  facultades  que  se  plasmaron  en  la  Ley  Estatutaria  de  la  Administración  de  Justicia  (Ley  270  de  1996),  disposiciones  que  fueron  sometidas  a  control  constitucional,  dentro  de  las  cuales  se encuentra el  artículo  85-5  ibídem,  del  siguiente  tenor: «Crear, ubicar, redistribuir,  fusionar,  trasladar,  transformar  y suprimir tribunales, las salas de éstos y  los   juzgados,   cuando  así  se  requiera  para  la  más  rápida  y  eficaz  administración  de  justicia,  así  como para crear salas de descongestión en  ciudades  diferentes  de  las  sedes de los distritos judiciales, de acuerdo con  las    necesidades    de    estos».    Consecuente  con  lo anterior, el Consejo Superior de la Judicatura  —Sala  Administrativa—  dispuso  la  integración de Juzgados de Descongestión para que cumplieran las funciones  de  juez  a-quo  en  el presente caso; por consiguiente, la decisiones adoptadas  por  la  Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura no comportan,  en  manera alguna, como lo piensa el recurrente, la violación del principio del  juez  natural derivada de la ausencia de la preexistencia del juez o tribunal al  hecho   que  se  juzga”36.   

A su vez, la Ley 270 de 1996, vigente en la  época   de   implementación   del   programa   de   descongestión   referido,  disponía:   

“ARTÍCULO 63. La Sala Administrativa del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  en  caso de congestión de los Despachos  Judiciales,  podrá  regular la forma como las Corporaciones pueden redistribuir  los  asuntos  que  tengan para fallo entre los Tribunales y Despachos Judiciales  que  se  encuentren  al  día;  seleccionar  los procesos cuyas pruebas, incluso  inspecciones,  puedan  ser  practicadas mediante comisión conferida por el Juez  de  conocimiento,  y determinar los jueces que deban trasladarse fuera del lugar  de  su  sede para instruir y practicar pruebas en procesos que estén conociendo  otros jueces”.   

La  anterior  regla  autorizaba  a  la Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura a redistribuir los asuntos  entre  los  diferentes  tribunales  y despachos judiciales que se encontraran al  día,  tal  como  acaeció  en  el  caso  bajo  examen.  Con  posterioridad, esa  Corporación  continuó  el  programa  de  descongestión  de  los  procesos  de  Foncolpuertos,  renovándolo  y  ampliándolo  por  varios  años  a  través de  diversos actos administrativos.   

Obviamente,    la   facultad   de   tal  redistribución  comportó  el envío momentáneo de las actuaciones a otra sede  territorial,  luego  de  lo  cual regresaron al juzgado de origen para surtir la  notificación  y  trámite  subsiguiente,  sin que ello generara vulneración al  debido  proceso porque el traslado se ordenó para adoptar decisiones puntuales,  con  el  propósito  de  lograr  agilidad  y eficiencia en la administración de  justicia,  descartándose el quebranto de las reglas de competencia referido por  el recurrente.   

Lo afirmado previamente, se confirma, si se  considera  que  la  norma referida para demostrar el presunto desbordamiento del  marco  legal  por  parte  del  Consejo  Superior  de la Judicatura al asignar la  competencia  territorial  para  conocer el grado jurisdiccional a los Tribunales  de   Pereira,  Bogotá  y  Cundinamarca  se  expidió  con  posterioridad  a  la  implementación de programa de descongestión de Foncolpuertos.   

En  efecto,  solo  con la Ley 1285 de 2009,  modificatoria  del  artículo  63  de  la  Ley  270  de  1996, se dispuso que la  redistribución  de  procesos  en  virtud  de programas de descongestión debía  acompasarse  con  la  competencia  territorial.  Por tanto, cuando se ordenó la  consulta  para los procesos laborales objeto de esta investigación, no existía  ninguna limitante al respecto.   

Aunado a que al efectuar la revisión previa  de  la  modificación  de  la ley estatutaria de administración de justicia, en  punto  de  la  naturaleza  jurídica  de  los jueces de descongestión, la Corte  Constitucional   señaló  que  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  puede  determinar   su   ámbito   de   acción  territorial,  sin  que  ello  comporte  vulneración   de   ninguna   garantía,   al   expresar   sobre   el   referido  tópico:   

“Así mismo, la  norma  dispone  que  «los  jueces  de  descongestión  tendrán  la competencia  territorial  y  material  específica que les señale el acto de su creación».  Los  jueces  de  descongestión  no son cargos permanentes y por tanto no forman  parte  de  la  estructura  misma  de  la administración de justicia. Son cargos  creados  de  manera transitoria por el Consejo Superior de la Judicatura, dentro  de  la  facultad  prevista  en  el  artículo  257-2  de  la  Constitución y de  conformidad   con   las   políticas  y  programas  de  descongestión  judicial  establecidos por dicho organismo.   

Por  lo  mismo,  la creación de jueces de  descongestión  no  es  en  sí  misma contraria a la Carta Política, en cuanto  contribuye  a  garantizar  la  eficacia  de  la  administración de justicia. No  obstante,  su  implementación debe ajustarse a los preceptos de orden Superior,  lo   que   se   examinará   en   detalle   al  analizar  el  artículo  15  del  proyecto.   

En  este punto ha de tenerse en cuenta, en  primer  lugar,  que  su  designación  debe hacerse con cabal observancia de las  garantías  fundamentales  en materia de juez natural y de sujeción a las leyes  preexistentes  al acto imputado, de manera tal que no se llegue a configurar una  atribución  “ex  post  facto”  de competencias judiciales. En consecuencia,  para  la creación de los jueces de descongestión se ha de partir siempre de la  base  de  la  preexistencia  de  determinada  categoría  de  jueces, que tienen  previamente  definida  su  competencia  en forma clara y precisa y en cuyo apoyo  habrán  de  actuar los jueces creados con una vocación esencialmente temporal.  Dicha  circunstancia  evita  la  violación  del  principio del juez natural, en  cuanto  no se permite la creación de jueces o tribunales «ad hoc», puesto que  será  posible  conocer  siempre de antemano cuál será la categoría de jueces  competentes   para  decidir  cada  patrón  fáctico  en  particular”37.   

El citado criterio jurisprudencial descarta  la  irregularidad  referida  por  el  apelante  y evidencia cómo las sentencias  C-392  y  393  de  2000  de  la Corte Constitucional, citadas para apuntalar una  supuesta  afectación de garantías fundamentales no aplican al caso, por cuanto  no  se  refieren  a jueces de descongestión sino a la creación y adjudicación  de competencia a los jueces especializados.   

(iii)  Legalidad de la prueba con la que se  acreditó  la  existencia  de  los  delitos  de  peculado  que  forman parte del  concurso imputado.   

Frente al argumento del recurrente atinente  a  calificar  los fallos proferidos por la Sala Laboral del Tribunal Superior de  Bogotá,  al  surtirse  el  grado  jurisdiccional  de  consulta,  como elementos  probatorios  “ilegales”,  aduciendo  que  no  debe  procederse  a  su análisis, por cuanto las sentencias  proferidas  contra  Foncolpuertos  antes  del  año  1999  no eran consultables,  conviene  señalar  que  el juicio tuvo origen en la acusación proferida por la  Fiscalía  que  consideró que el entonces juez, valiéndose de su condición de  servidor  público,  colocó  en  las arcas de terceros de manera ilegal dineros  del  Estado,  lo  cual  se  tipifica  como  peculado por apropiación a favor de  terceros.   

De  tal  forma,  que  el delito se cometió  cuando  el  juez  ordenó,  valiéndose  de  su  calidad, el pago de dineros del  Estado,  por  obligaciones inexistentes y fue así que se edificó la acusación  de peculado a favor de terceros.   

Precisamente, la prueba del delito está en  las  condenas  proferidas en los procesos ordinarios, y en los cobros ejecutivos  de  dichos  montos;  con  independencia  de  que  por  vía  de  consulta  o  de  apelación, dichas providencias se revocaran.   

Conforme  a  lo  anteriormente expuesto, la  prueba  del  peculado por apropiación a favor de terceros está constituida por  las  sentencias  proferidas por el entonces Juez Primero Laboral del Circuito de  Buenaventura,  y  no  por  aquellas que resolvieron las consultas, las cuales lo  único  que  hicieron  fue  poner  en  evidencia, o denunciar, o desentrañar, o  develar,  si se quiere, las ilegales órdenes de pago contenidas en providencias  judiciales  cuyo  cumplimiento  propiciaron que dineros del Estado ingresaran al  patrimonio  de  terceros, enriqueciéndolos de manera injustificada por carencia  de  causa  para  tal  incremento  de su haber particular en desmedro del peculio  público.   

En este orden de ideas, no puede predicarse  que   la   prueba   con  fundamento  en  la  cual  se  condenó  a  Harold  Gamboa Velásquez haya sido ilegal;  máxime,  se  insiste,  que  no  se está realizando un juicio en función de la  existencia  del  delito  de  prevaricato  originado  en la no tramitación de la  consulta, sino de peculado por apropiación a favor de terceros.   

Por consiguiente, tampoco prospera el ataque  derivado en la supuesta ilegalidad de la prueba de cargo.   

(iv) Sobre la tipicidad de la conducta y la  prueba del actuar doloso del procesado.   

Aduce   el  apelante  en  su  defensa  la  “ausencia     de     responsabilidad”,  así  como  la no realización de conducta delictiva alguna y,  en  cambio,  denuncia que las irregularidades fueron producidas por las Salas de  Descongestión  de  los  Tribunales  Superiores  que resolvieron un ilegal grado  jurisdiccional,  sin  competencia territorial para ello, en orden a concluir que  no  pudiéndose  calificar  su desacierto en las decisiones judiciales, tampoco,  por  vía  de  una  interpretación  diferente  a  la  vertida en sus fallos, se  podría  concluir  que existió un peculado a favor de terceros cometido por él  en su condición de juez laboral.   

Resulta evidente que el alegato del acusado  Gamboa  Velásquez se pierde  entre  los  senderos propios del delito de prevaricato, olvidando que la condena  apelada  le  fue  impuesta  por  la infracción prevista en el artículo 133 del  Decreto 100 de 1980, modificado por Ley 190 de 1995.   

En  ese  orden, no sobra señalar que en el  aspecto  objetivo,  el  delito  de peculado a favor de terceros se compone de la  siguiente  estructura  básica:  a) tipo penal de sujeto activo calificado, para  cuya  comisión se requiere la calidad de servidor público del autor; b) que se  abuse  del  cargo  o de la función apropiándose o permitiendo que otro lo haga  de  bienes  del  Estado o de empresas o instituciones en que éste tenga parte o  de  bienes  o fondos parafiscales, o de particulares cuya tenencia o custodia se  le  haya  confiado  por  razón  o  con  ocasión  de  sus funciones38.   

El  procesado,  en  su  condición  de Juez  Primero  Laboral  del Circuito, adoptó decisiones sobre los recursos estatales,  las  que  implicaron  desarrollar  actos  de  disposición jurídica respecto de  dineros    públicos    en    el   trámite   de   procesos   sometidos   a   su  jurisdicción.   

Respecto  al  alcance  de  la  disposición  jurídica, la Corte ha señalado:   

“En el entendido de que la relación que  debe  existir  entre  el  funcionario  que  es  sujeto  activo de la conducta de  peculado  por  apropiación  y  los  bienes oficiales puede no ser material sino  jurídica  y  que esa disponibilidad no necesariamente deriva de una asignación  de  competencias,  sino  que  basta que esté vinculada al ejercicio de un deber  funcional,  forzoso  es  concluir  que  ese  vínculo  surge entre un juez y los  bienes  oficiales  respecto de los cuales adopta decisiones, en la medida en que  con  ese  proceder  también  está  administrándolos.  Tanto  es  así  que en  sentencias  judiciales  como  las  proferidas  por  el implicado en los procesos  laborales  que  tramitó  ilegalmente,  dispuso de su titularidad, de manera que  sumas  de dinero que estaban en cabeza de la Nación (Foncolpuertos –Ministerio  de  Hacienda  y  Crédito  Público),  pasaron  al  patrimonio de los ex trabajadores de la Empresa Puertos  de  Colombia  y del abogado que los representó, siendo indiscutible que el acto  de  administración  de  mayor  envergadura  es  aquel  con el cual se afecta el  derecho           de           dominio.”39.   

El  desmedro  del patrimonio del Estado fue  plenamente  demostrado  en el presente proceso, al obtenerse la relación de los  dineros  que  por  mandato  expreso  del  Juez  Primero  Laboral del Circuito de  Buenaventura y aquí acusado derivó en su entrega.   

Al  respecto,  se  observa que frente a los  procesos   adelantados   por   HANNOVER  VICTORIANO  ALEGRÍA  LÓPEZ  y  EFRÉN  CÁRDENAS  RENTERÍA,  por  los que en efecto resultó  condenado  el  citado funcionario en el sub judice, se tiene que la cuantía fue  mayor  de  la  que  originalmente  se indicó por el a  quo40, en tanto la actuación permitió establecer:   

     

a. A  HANNOVER  VICTORIANO  ALEGRÍA  LÓPEZ,  a  través  de  la  sentencia  del  17  de  mayo de 1995, se le ordenó  reajustar  la  pensión  de jubilación, de conformidad  con  la Ley 71 de 1988, y por diferencia de la pensión reajustada se condenó a  FONCOLPUERTOS    al   pago   de   $   12.471.450.80.  Posteriormente,  se  fijó  como  agencias  en derecho la suma de $3.741.435.oo.      Mediante     título  judicial  No.  1505017  del  6  de febrero de 1996, el  procesado  ordenó  el  pago  de $16.212.885.80, a favor de la parte demandante.  Decisión  que  fue  revocada  por  la  Sala  Laboral  del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá D.C., mediante fallo proferido el 17 de julio de  2002.    Cabe    preciar    que    el    Ministerio   de   Protección   Social,  estableció:     

“El  pago  de  la sentencia proferida en  primera  instancia  por  el Juzgado Primero Laboral del Circuito de Buenaventura  el  17  de  mayo de 1995, se ordena mediante la Resolución No. 2673 (Colectiva)  de  29  de diciembre de 1995, por la suma de $16.212.885.80, fue incluida dentro  del  valor situado en el Banco Popular Sucursal Buenaventura Sección Depósitos  Judiciales  a ordenes de los Juzgados Laborales del Circuito, incluido dentro de  la  suma  de $94.762.529.09, mediante Nota Débito 782 de enero 29 de 1996 Banco  Ganadero,  y  con Resolución No. 1987 (colectiva) del 30 de septiembre de 1996,  ordenando  reajustar la pensión y pago de mesadas atrasadas… El estudio de la  sentencia  revocada  se  realizó mediante Memorando GPSPC- ASNP No. 402 de 7 de  abril  de  2005  en el cual se informó al Área de Pensiones las diferencias de  mesadas  canceladas  por la suma de $72.525.997.87, más las sumas pagadas en la  Resolución  No.  1987  por  $8.855.509.oo,  y  con  Resolución  No.  2673  por  $16.212.885.80  para  un  total  pagado  de  $97.594.392.67,  y  con Resolución  No.000629  de  05  de  julio  de  2005  se  ordena  al señor ANNOVER VICTORIANO  ALEGRÍA   LÓPEZ,   el   reintegro   de   los   dineros  cancelados    ”41   

     

a. En lo atinente al proceso ordinario  laboral  promovido  por  EFRÉN CÁRDENAS RENTERÍA, en sentencia del primero de  noviembre  de  1995,  el  acusado  ordenó  pagar  a  su favor $7.018.494.03 por  concepto   de   indemnización   por   pérdida   de   la  capacidad  laboral  y  $25.734.475.80  por  indemnización  moratoria;  así  como,  $25.994.42 diarios  hasta  que  se  verificara  el  pago  anterior.  El  28 de junio de 2002 la Sala  Laboral  del  Tribunal Superior de Bogotá revocó el mencionado fallo. Advierte  el  Ministerio  de  Protección Social que se canceló la suma de $59.410.246.89  al  darle  cumplimiento  a  la  Resolución  No.  125  del  3  de  septiembre de  199742  y  finalmente  determinó  que  al  continuar cancelando la mesada  pensional  a  los  sustitutos  pensionales  el  valor  total  pagado ascendió a  $758.919.331.oo     

De otra parte, en lo atinente con el proceso  adelantado  por  JOSÉ BRÍGIDO OCORÓ DIAZ, a pesar de que el Tribunal decretó  la  prescripción  de la acción penal atendiendo a la cuantía de lo apropiado,  en  realidad  ello  no  era  procedente,  pues la misma superaba los 50 salarios  mínimos legales mensuales vigentes, como en adelante se evidencia:   

Desde    luego,    el   citado   OCORÓ  DÍAZ,  a  través  de  la  sentencia  del 13 de septiembre de 1994, logró que se condenara a FONCOLPUERTOS  a  pagar a su favor la suma de $3.193.389.90 por concepto de pensión reajustada  y  $910.117.oo  en  agencias  en derecho. Decisión que fue revocada por la Sala  Laboral  del  Tribunal  Superior  de  Pereira, mediante fallo proferido el 18 de  septiembre  de  2003.  Cabe  preciar  entonces  que el Ministerio de Protección  Social estableció que:   

“Como   bien   se   aprecia   en   el  comportamiento   de  la  mesada  pensional,  el  monto  de  pensión  se  modificó  por  la  providencia de  primera  instancia,  mediante  Resolución  No. 070 del 12 de enero de 1996, que  ordenó  reajustar  el monto de la pensión a la suma de $642.891.00 +IPC 19,46%  =  767.997,59  a partir de enero de 1996 y pagar la diferencia de mesadas por la  suma  de  $1.775.101,  cantidad  cancelada  en  nómina  en  el  mes de enero de  199643…  Mediante  Resolución 545 del 15 de marzo de 1995, se pagó el  valor  ordenado  en  la  sentencia del 13 de septiembre de 1994 por pretensiones  varias,  por  la  suma de $4.103.506.90, esta suma fue incluida dentro del valor  cancelado  en  la  Nota  Débito  No.  1047 del Banco Ganadero el 17 de marzo de  199544….  En  síntesis,  el  valor  total  pagado  de más a recuperar  asciende  a  CUARENTA  Y  NUEVE  MILLONES NOVECIENTOS  CINCUENTA  Y  CINCO  MIL  CUATROCIENTOS  SESENTA Y UN PESOS CON SETENTA Y CUATRO  CENTAVOS    MCTE    ($49.955.461.74)”45.   

No  obstante, ahora no es posible modificar  la  sentencia  en  este  aspecto  en razón de la garantía de non reformatio in  pejus.   

De  otro  lado,  también  resulta oportuno  mencionar  que  si  bien  el  a  quo,  en  relación con el proceso adelantado a  expensas   de   ARGELIO   ANGULO   VIVEROS,  absolvió  al  exjuez  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  no  obstante,  conforme  se  desprende  de  lo  señalado  en la documentación aportada por el  Ministerio  de  la  Protección  Social,  se  concluye  que  había  suficientes  elementos de juicio para condenarlo.   

En  efecto,  respecto  de  ANGULO  VIVEROS,  mediante  sentencia  del  14  de  octubre  de  1993,  se  ordenó  pagar la suma  $3.629.589.04,  por  diferencia de pensión reajustada y $1.446.796 por agencias  en  derecho.  Cabe  advertir  que la Sala Laboral de Descongestión del Tribunal  Superior  de  Bogotá  revocó,  el  31 de enero de 2002, el referido proveído.  Así  mismo,  que  el  Ministerio  de  Protección  Social  estableció que como  consecuencia  de  aquel  fallo:  “El  monto  de  la  pensión  se  modificó, [e  informó  que]  el Área de pensiones estableció que  los  dineros  cancelados  por  diferencia  de mesadas  ascienden  a  la  suma de $50.509.293,63”46.   

Con  todo,  el  error  en  que incurrió el  Tribunal  en  este  caso,   tampoco  es  posible  corregirlo  en razón del  principio de no reforma en peor.   

Ahora, al margen de los errores del Tribunal  recién   evidenciados,   lo  cierto  es  que  en  relación  con  los  procesos  adelantados  a expensas de HANNOVER VICTORIANO ALEGRÍA LÓPEZ, EFRÉN CÁRDENAS  RENTERÍA  y  JOSÉ  BRIGÍDO  OCORÓ  DÍAZ,  es  evidente  que el procesado al  proferir  cada  una de las sentencias en esos casos, no solo dispuso el pago del  reajuste  pensional  con  retroactividad  al  momento en que se reconocieron las  jubilaciones  de  los  trabajadores,  sino  que  tales  cantidades  se siguieron  cancelando  en  lo  sucesivo, de forma mensual. Razón por la que el monto de lo  ilícitamente  tomado  de  las arcas estatales no asciende únicamente a la suma  escueta  que  se  pagó inmediatamente después de emitido el fallo, como parece  entenderlo   equivocadamente   el  a  quo.   

Fundamento de lo anteriormente expresado es  la  atribución  al  procesado de la disponibilidad jurídica de los bienes, que  no  de  la  material, por lo que resultando imposible advertir un desplazamiento  inmediato   del   bien,   necesario   es   verificar   que  esa  “facultad  legal  de  ordenar a otros la entrega o pago, se traduzca  en  el  cumplimiento  de  la decisión, que puede operar en momento más o menos  cercano  a  su  expedición,  o  diferirse  en  el tiempo, de conformidad con la  naturaleza     de     lo     ordenado”47.   

Ahora,  verificada la efectiva presencia de  los  elementos objetivos del delito de peculado por apropiación, en lo que toca  con  el  aspecto  subjetivo,  cabe  señalar  que  esta  Sala  ha  precisado  al  respecto:   

“El    dolo    ha    sido   definido  tradicionalmente  como  la  simbiosis de un conocer y un querer, que se ubica en  la  vertiente  interna  del  sujeto,  en su universo mental. En materia penal se  dice  que  actúa dolosamente quien sabe que su acción es objetivamente típica  y   quiere  su  realización…  el  dolo  se  integra  de  dos  elementos:  Uno  intelectual  o  cognitivo,  que  exige  tener  conocimiento  o conciencia de los  elementos  objetivos  del  tipo  penal  respectivo. Y otro volitivo, que implica  querer                 realizarlos”48.   

El  entonces  acusado  juez  Harold  Gamboa  Velásquez, valiéndose de  su  condición  de  servidor  público  y  de manera ilegal puso en las arcas de  terceros  dineros  del  Estado,  mediante  el proferimiento de decisiones que no  consultaban  la  realidad  fáctica  y  jurídica al interior de cada uno de los  procesos  laborales,  situación,  por  demás,  indicativa  de la consciencia y  voluntad  del  operador  judicial  de  vulnerar  la  ley  al emitir providencias  manifiestamente contrarias a derecho.   

Referente   a  éste  tópico,  la  Corte  expresó:   

“El  dolo  como manifestación del fuero  interno  del  sujeto  activo  de  la conducta punible sólo puede ser conocido a  través  de  las manifestaciones externas de esa voluntad dirigida a determinado  fin”49.   

Así,  en  el sub judice, el dolo emerge de  las  providencias  proferidas por el acusado, pues en su condición de juez, sin  consultar  la  realidad  fáctica  y  jurídica  de  cada  uno  de  los procesos  laborales,  propició  la  apropiación  de  recursos  estatales  por  parte  de  terceros  que  no tenían derecho a ellos; situación, por demás, indicativa de  la  consciencia  y  voluntad  del operador judicial de vulnerar la ley al emitir  decisiones manifiestamente contrarias a derecho.   

Es decir, las manifestaciones externas de la  voluntad      dolosa      de      Harold     Gamboa  Velásquez  fueron:  (a) acceder a las pretensiones de  los  demandantes  sin  que  se  configuraran  los  fundamentos sustanciales para  reconocerlas,  (b) habilitar como medio de prueba documentos que no reunían las  exigencias  legales,  (c) aplicar la Convención Colectiva del Trabajo cuando no  existía  prueba  de  que era la norma llamada a regular el caso, (d) desatender  las  prescripciones  de los cánones 25 y 305 de los Códigos Procesal Laboral y  Civil,   respectivamente,  pues  conforme  a  las  enunciadas  normas,  la  Sala  encuentra  que  si  bien  el  juez,  en aras de efectivizar el derecho material,  puede  interpretar  las  partes  oscuras de la demanda, ello no lo habilita para  pretermitir  la  constatación  de  los  requisitos mínimos del libelo y, menos  aún,  para apartarse de la causa petendi.  En ese orden, las facultades de dirección e interpretación no le  facultan  para  resolver  aspectos  no  planteados y no debatidos en el proceso.   

Ello,  además,  porque  las  partes  deben  formular  con  claridad  sus  pretensiones  y demostrar el supuesto fáctico del  cual   pretenden   derivar   provecho,  conforme  al  principio  de  la  carga  probatoria  consagrado  en el canon 177 del Código de  Procedimiento  Civil,  por cuyo medio incumbe a las partes probar el supuesto de  hecho  de las normas que consagran el efecto jurídico que ellas persiguen. Así  mismo,    porque    acorde    con   el   canon   305  ibídem,  la  sentencia  debe  expedirse  en  consonancia  con  los  hechos  y  pretensiones  aducidos en la  demanda.   

Corolario  de lo anteriormente expuesto, es  claro  que  la  carencia  de  justificación  de  los  reajustes pensionales que  ordenó    Harold    Gamboa   Velásquez  son  evidencia  irrebatible  del  dolo  con  el  que actuó en las  referidas  actuaciones,  por cuanto revelan la voluntad del acusado de infringir  la  ley  para  favorecer  las  posturas  procesales  de los demandantes, medio a  través  del  cual  estos  accedieron  a recursos estatales a los que no tenían  derecho,  habida  cuenta  que  las  condenas  emitidas  en contra de  Foncolpuertos, como era de conocimiento  de   los   operadores   judiciales   de   la   época,  las  asumía  el  Estado  colombiano.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

CONFIRMAR   la  sentencia  del  18  de  enero  de  2012 proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Buga, de conformidad con lo expuesto.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

   

   

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                       FERNANDO       ALBERTO       CASTRO  CABALLERO        

    

   

   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ           GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

   

   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                     JULIO    ENRIQUE    SOCHA   SALAMANCA   

   

   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  14 del C.O. No. 1.   

2 Folio  17 a 22 del C.O. No.1.   

3 Folio  142 del C.O. No.1.   

4 Folio  170 del C. O. No.1.   

5 Folio  230 del C.O. No.1   

6 Folio  234 a 256 del C. O. No. 1.   

7 Folio  255 del C. O. No.1.   

8  En  el  proceso  laboral  ordinario instaurado por el  extrabajador  portuario LUIS  ALFONSO  GAMBOA  GONZÁLEZ,  el  Ministerio de Protección Social, mediante memorando GPSPC-ASNP 340 del 7 de  septiembre  de  2006,  determinó:  “El  pago de la  sentencia  proferida  en  primera  instancia  por el Juzgado Primero Laboral del  Circuito  de  Buenaventura el 30 de marzo de 1995, se ordenó con la Resolución  No.  1241  de  7  de  mayo  de 1998, Acta de conciliación No. 6 de 5 de mayo de  1998,     Inspección    8ª,    cancelada    a    través    de    Resolución   No.   2070   (Colectiva)   del  20  de  mayo  de  1998, Resolución No. 1249 del Ministerio de Hacienda  y  Crédito  Público, con bonos TES D.C.V.    023-01-2-    017752-5    Banco   de   Occidente   por   la  suma  de  $5.300.000.oo…  El  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Santafe  de  Bogotá D.C., Sala  Laboral  de  Descongestión,  mediante  sentencia  del  17  de julio de 2002, al  desatar  el  Grado Jurisdiccional de la Consulta, REVOCÓ la sentencia proferida  por  el  Juzgado  Primero Laboral del Circuito de Buenaventura…”. Folio 72 del C. O. No.1.   

9Referente   al   proceso   laboral   instaurado   por  BRAULIO     CAICEDO,     mediante  memorando  GPSPC ASNP 336 del 7 de septiembre de 2006, el  Ministerio  de  Protección  Social especificó: “El  pago  de  la  sentencia proferida por el Juzgado Primero Laboral del Circuito de  Buenaventura  de  fecha  21 de abril de 1994, por la suma de $5.483.042.79… La  pensión  no se modificó como consecuencia de la sentencia revocada9.” Folio 50  del C.O. No. 1.    

10Folio  397 del C.O. No.2.   

11  Folio 37 del C.O. No. 4.   

12 Al  respecto,    precisó    el    a    quo:  “En  el  proceso  laboral en el que  actúo  como demandante José Brígido Ocoró Díaz, se observa, que los valores  reconocidos  a  su  favor  en  la sentencia del 13 de septiembre de 1994, fueron  efectivamente   cancelados   por  el  –Fondo  de  Pasivo  Social  de  la  empresa  Puertos  de Colombia en  Liquidación,  mediante  oficio 074 del 4 de abril de 1995, donde se ordenó por  parte  del acusado al Gerente del Banco Popular el pago del título judicial No.  1497899,  por  valor  $4.103.506.90  al  accionante… De este modo tenemos, que  para  la fecha en que efectivamente se canceló la suma de dinero ordenada en la  sentencia,  se  encontraba vigente el artículo 133 del Decreto 100 de 1980, que  había   sido  modificado  por  el  artículo  2º  de  la  Ley  43  de  1982…  No  obstante  ello ser así, debe la Sala, en aras de  robustecer  el principio de favorabilidad a favor del procesado, dar aplicación  al  artículo  19 de la Ley 190 de 2005, que modificó  el  artículo 133 del decreto 100 de 1980, cuando a pesar de incrementar la pena  para  el  delito base de 6 a 15 años de prisión, fijó en su segundo inciso un  atenuante  punitivo…”  (Resaltado fuera del texto  original),  folio  598 del  C.O. No. 3.   

13  Folio 604 del C.O No. 3.   

14  Folio 609 del C.O No. 3.   

15  Ibídem, folio 618.   

16  “En  cambio,  más  evidentes,  no  pueden  ser los  indicios  graves  de presencia y oportunidad para cometer la ilicitud, que pesan  sobre  el  procesado,  pues… fue él en su calidad de Juez Primero Laboral del  Circuito  de Buenaventura, quien tramitó y sentenció estos procesos ordinarios  laborales  que  originaron  la  presente  actuación,  y  como tal, quien tenía  disposición  jurídica  sobre  esos  bienes oficiales, en el preciso momento de  adoptada  su  decisión…”  Folio 618 del cuaderno  original de la causa No.3.   

17  Ibídem, folio 619.   

18  Folios 622 del C.O. No. 3.   

19  Folio 635 del C.O. No.3   

20  Folio 87 del C.O. No. 4.   

21  Norma  a  través  de  la cual se autorizó a la Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura  a  implementar  programas  de  descongestión debe  armonizarse  con el artículo 15 de la Ley  1285 de 2009, por cuyo medio se  dispuso  que  la  redistribución  de  procesos  debe respetar dicho presupuesto  procesal.   

22  Folio 643 del C.O. No. 3.   

23  Folio 648 del C.O.No.3.   

24  Folio 649 del C.O. No.3.   

25  Folio 651 del C.O. No.3.   

26  Ibídem, folio 658.   

27  Folio 661 del Cuaderno Original No.3.   

28  Ibídem, folio 653.   

29  Ibídem, folio 663.   

30  Folio 668 del cuaderno original No.3.   

31  Ibídem, folio 668.   

32  Folio 676, Cuaderno Original No. 3 de la causa.   

33  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Sentencia  Única de  Juzgamiento del 27 de septiembre de 2012, radicación No. 37322.   

34  Cfr.  entre  otras  las  sentencias C-244 de 1996, C-060 de 1994, C-139 de 1994,  C-427 de 1994 y C-526 de 2003   

35  “ANTECEDENTES…   Un  escrito  anónimo  remitido  a  la  Dirección  Seccional  de Fiscalías de Buga  informó    que    el    doctor    HAROLD    GAMBOA  VELÁSQUEZ,  Juez  Primero  Laboral  del  Circuito de  Buenaventura,  había  adquirido cuantiosos bienes con los dineros que exigía a  los  abogados que representaban a trabajadores de COLPUERTOS en los procesos que  se         tramitaban        en        su        despacho…        CONSIDERACIONES…Como la determinación  del   enriquecimiento,  que  por  no  provenir  de  fuentes  lícitas  se  torna  delictivo,  se  hizo como quedó visto mediante la confrontación del patrimonio  con  los ingresos demostrados de la pareja, su sola existencia permite concluir,  contrario  a  lo  afirmado por el defensor, que los bienes no fueron conseguidos  “con  el  fruto  de  su  trabajo  y esfuerzo”, sino aprovechando la función  pública   que   el   Estado   le   había  discernido  al  doctor  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  quien no acrecentó  sus  caudales a espaldas de su esposa sino, más bien, de consuno con ella, como  que  los  inmuebles fueron adquiridos conjuntamente y, en general, el manejo del  haber  conyugal  revela  el  concurso de los dos abogados en su consolidación e  incremento  ”  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  sentencia  de  segunda  instancia  del  21  de enero de 2003,  radicación No. 19489.   

36  Cfr. Sentencia del 19 de octubre de 2006, Radicación No. 25804.   

37  Cfr. Sentencia C-713 de julio 15 de 2008.   

38  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  sentencia de segunda  instancia de 8 de noviembre de 2011, radicación No. 35731.   

39  Sentencia del 6 de marzo de 2003, Radicado No. 18021.   

40  Cabe  señalar  que  en  relación  con  HANNOVER VICTORIANO ALEGRÍA LÓPEZ, la  condena  proferida  por  el  Tribunal fue de $16.212.885.80 y respecto de EFRÉN  CÁRDENAS RENTERÍA ascendió a $59.410.246.89.   

41  Memorando  GPSPC –ASNP 339  del    7    de    septiembre    de    2006.    Folio    94   del   C.O. No.1.   

42  Folio 125 a 142 del cuaderno original No. 1.   

43  Folio 212 del Cuaderno Original No. 1.   

44  Folio 216 del Cuaderno Original No.1.   

45  Memorando  GPSPC  ASNP  594  del  18  de mayo de 2005, folio 211 del C.O. No. 1.   

46  “…ordenando   el   reintegro   de   los  dineros  cancelados  con  Resolución  000449  de  01  de  junio de 2005”, Memorando     GPSPC    –ASNP  338  del  7  de  septiembre  de  2006,  folio  114  del  C.O.  No.1.   

47  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala Penal de Casación, sentencia del 21 de marzo  de 2012, radicación No. 38384.   

48  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 25 de agosto  de 2010, radicación No.32964.   

49  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 9 de mayo de  2003, radicación No. 16569.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *