39007(30-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  39007   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 206.  

Bogotá  D.C., mayo  treinta (30) de dos mil doce (2012)   

VISTOS  

Emprende  la  Sala  la  verificación de las  exigencias  de  argumentación  lógica  y suficiente demostración en el libelo  casacional    presentado   por   la   defensora   del   procesado   SEGUNDO  JOAQUÍN GUALTEROS GÓMEZ, contra  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Tunja  el  25 de enero de 2012, confirmatoria de la dictada el 12 de agosto de 2011 por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  la  misma ciudad, por cuyo medio  condenó  a  dicho  ciudadano  como  autor  penalmente  responsable del concurso  material  de  delitos  de  falsedad material en documento público y falsedad en  documento privado.   

HECHOS  

Los sucesos que constituyeron la génesis de  este  averiguatorio  fueron sintetizados por el Tribunal Superior de Tunja en el  fallo de segundo grado, en los siguientes términos:   

“El   5   de  septiembre  de  2004 en el municipio de Samacá fue inmovilizada una motocicleta  Yamaha,  color  blanco,  de  placas  DPN-22,  motor  y  chasis  No.  3TL-048367,  conducida  por Jhon Fredy Mesa Gil, quien exhibió los documentos de licencia de  tránsito  y  seguro obligatorio que resultaron ser falsos, los cuales le fueron  entregados  por  el  intermediario SEGUNDO JOAQUÍN GUALTEROS GÓMEZ”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  base  en  el  informe  rendido  por  un  funcionario  de  policía  judicial de Villa de Leyva, la Fiscalía Seccional de  Tunja  adelantó  la correspondiente indagación preliminar y luego de practicar  algunas  pruebas  declaró  abierta  la  instrucción,  en desarrollo de la cual  vinculó  mediante  indagatoria  a Jhon Fredy Mesa Gil  y SEGUNDO JOAQUÍN GUALTEROS  GÓMEZ.   

Finiquitada  la fase instructiva, el mérito  del  sumario  fue  calificado  el  21  de  febrero  de  2008  con resolución de  acusación  en  contra de GUALTEROS GÓMEZ  como  presunto  autor del concurso de delitos de falsedad material  en  documento  público  y  falsedad  en  documento  privado,  y  preclusión de  investigación   a   favor  de  Mesa  Gil.  Impugnada  la acusación, la Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal   de  Tunja  la  confirmó  mediante  proveído  del  22  de  julio  de  2009.   

El ciclo del juicio correspondió adelantarlo  al  Juzgado Segundo Penal del Circuito de la capital boyacense, despacho que una  vez  surtido  el  rito  pertinente  profirió  fallo  el 12 de agosto de 2011, a  través    del    cual    condenó    a    JOAQUÍN  GUALTEROS  a  la pena principal de cuarenta (40) meses  de  prisión,  y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones públicas por el mismo lapso, como autor penalmente responsable del  concurso de delitos por el cual fue acusado.   

          En   la   misma   decisión   le  negó  la  condena  de  ejecución  condicional,  pero  le  otorgó  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior de Tunja la confirmó mediante fallo del 25 de enero de 2012,  contra  el  cual  la  defensora  del  procesado interpuso recurso de casación y  allegó  oportunamente  el  respectivo  libelo, cuya admisibilidad se examina en  ese auto.   

LA DEMANDA  

          Inicialmente     la    recurrente    aduce    que    “en   este  evento,  surge  importante  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia   nacional   el   que,  por  una  evidente  equivocación  de  la  judicatura,  unos  delitos  como el de falsedad material en documento público y  falsedad  en  documento  privado, hace deducir de (sic)  la  supuesta  o real falsificación por mi defendido,  cuando  en  realidad no está probado que éste los haya falsificado”,  proceder que desconoce lo dicho por la Corte Constitucional al  referir  que  el  proceso  penal debe respetar profundamente los derechos de los  intervinientes.   

Entonces,  la  censora  propone tres cargos,  como sigue:   

1.            Primer  cargo  (principal):  Nulidad por  incongruencia   

          Afirma  que de acuerdo con el artículo 448 de la Ley 906 de 2004 el  acusado  no  puede  ser declarado responsable por hechos o delitos no contenidos  en la acusación, yerro que compromete la estructura del proceso.   

          En  la  demostración  del  reproche  afirma  que  se  acusó  a  su  patrocinado  por falsedad material en documento público y falsedad en documento  privado,  decisión  confirmada  en  segundo  grado.  En  el  fallo  de  primera  instancia  fue  condenado por falsedad material en documento público y falsedad  en    documento    privado,    decisión   confirmada   por   el   Tribunal   de  Tunja.   

          Acto  seguido afirma que “como fácil se  observa  no  coinciden  los  delitos  ni  la  modalidad  que  se  le endilgan al  procesado  por  la Fiscalía de Primera y Segunda Instancia con los relacionados  en  la  Sentencia  de  Primera Instancia y el Fallo de Segunda Instancia, por lo  cual  ya  existiría  incongruencia  respecto  de  los  punibles  y la modalidad  concursal   que   se   acusa   y  procesa  respecto  de  la  condena”.   

          Con  base  en  lo  expuesto  considera  violado el derecho al debido  proceso  y  a  la  defensa  de  su  representado,  situación que en su criterio  comporta  la  invalidación  de  lo  actuado  a  partir  de  la  resolución  de  acusación, inclusive.   

2.            Segundo cargo (subsidiario): Nulidad por  violación del debido proceso y la defensa   

          Con  base  en  el artículo 486 de la Ley 906 de 2004, la demandante  advera  que  la  Fiscalía  no  hizo  comparecer  a  los  testigos  de  descargo  Guillermo   Vásquez   y  Juan Quintero, pese a que la  defensa  los  solicitó en el sumario y en el juicio, quienes declararon ante el  Cuerpo Técnico de Investigación en forma muy superficial.   

          Destaca  que conforme a la jurisprudencia de esta Sala el testigo de  oídas    o    indirecto,   o   la   prueba   de   referencia,   “también  es válida si se aduce para corroborar la credibilidad de  otros     medios     o     para     impugnar     esa    credibilidad”.   

          Apoyada  en  lo  expuesto  solicita la nulidad del proceso, a fin de  escuchar a los citados testigos.   

3.            Tercer  cargo:  Error de hecho por falso  juicio de identidad   

          Luego   de   transcribir   apartes  de  lo  dicho  por  Jhon   Fredy   Mesa  y  sus  progenitores  Ana  Lucía  Gil  y  Víctor  Manuel Mesa,  la  recurrente dice que dichos testigos no son directos, pues los  dos   primeros   no   conocen   a   SEGUNDO  JOAQUÍN  GUALTEROS,   mientras  que  el  otro  amenazó  a  su  patrocinado con denunciarlo.   

          Concluye  que  los falladores dieron credibilidad a lo dicho por los  testigos,  quienes  son  familiares,  sin que obren otras declaraciones, pues la  Fiscalía  no  hizo esfuerzo alguno por escuchar a otras personas, circunstancia  que comporta un error de hecho por falso juicio de identidad.   

          La  defensora  solicita  a  la Sala casar el fallo, para en su lugar  absolver a su asistido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          En  el  análisis  de las exigencias para concurrir a este mecanismo  impugnaticio  extraordinario corresponde a la Sala verificar que los recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción  a los requisitos de lógica y adecuada  argumentación   definidos   por   el   legislador   y   desarrollados   por  la  jurisprudencia,  a fin de obviar que este recurso extraordinario se convierta en  una  tercera instancia. Tales  requerimientos  se  orientan  a  conseguir  libelos  enmarcados  dentro  de unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo de los cargos  propuestos,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  pues  no  corresponde  a la Sala en su función constitucional y legal develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

Ahora, según el inciso 1º del artículo 205  de  la Ley 600 de 2000, este medio de impugnación extraordinaria procede contra  los  fallos  de  segundo  grado  proferidos “por los  tribunales   superiores   de   distrito   judicial   y  por  el  Tribunal  Penal  Militar”, siempre que se proceda por “delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Tratándose   de  sentencias  de  segunda  instancia  no  proferidas  por los mencionados tribunales o cuando el delito por  el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa de la libertad inferior al quantum  señalado  en precedencia (como ocurre en este asunto) o sanción no restrictiva  de  la  libertad,  el  inciso  3º del artículo 205 del estatuto procesal penal  faculta  a  esta  Sala  para  admitir discrecionalmente los libelos de casación  presentados,  “cuando lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos  exigidos  por  la ley”.   

Para  demandar  en  casación  por  la  vía  discrecional  corresponde  al  recurrente expresar con claridad y precisión los  motivos  por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte, ya para pronunciarse con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema jurídico específico, bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, ora para abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar  de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la  dual utilidad de brindar solución al asunto y  servir de guía a la actividad judicial.   

Si la pretensión del impugnante se orienta  a  asegurar  la garantía de derechos fundamentales, tiene el deber de acreditar  la  violación  e  indicar  las  normas constitucionales que protegen el derecho  invocado,    así    como    demostrar    su   desconocimiento   en   el   fallo  recurrido.   

Las  dos  especies de casación (ordinaria y  discrecional)   no  pueden  ser  reclamadas  de  manera  sincrónica,  pues  son  excluyentes,  en cuanto la segunda es subsidiaria de la primera, es decir, sólo  procede    en    la   medida   en   que   no   resulte   viable   la   casación  ordinaria.   

         En  el  caso  objeto  de  estudio advierte la Sala que en punto del  recurso  extraordinario  de  casación  se impone acudir a la vía discrecional,  pues  se  procede  por  los  delitos  de  falsedad    material   en   documento   público   y   falsedad     en    documento    privado  establecidos     en  los  artículos       287      y      289  de  la  Ley 599 de 2000,   respectivamente,   cuyas            penas              máximas  privativas  de la libertad  no  superan  los referidos  ocho (8) años dispuestos para acceder a la casación común.   

         Señalado  lo anterior constata la Colegiatura que la demandante no  acude   a   la   casación  discrecional  y  si  bien refiere que se impone “el  desarrollo   de  la  jurisprudencia  nacional”,  es  bastante   confusa   en  su  planteamiento,  pues  no  identifica  en  concreto la temática que debe abordar  el  pronunciamiento,  no dice si sobre el particular ya hay jurisprudencia y, de  ser  así,  cuáles  son  las  decisiones  que  se  ocupan  del  caso y cómo se  relacionan  con  el  tema  objeto de estudio, omisión que a la postre le impide  identificar  el  punto  dudoso, la existencia de providencias contradictorias, o  el  vacío  que corresponde dilucidar jurisprudencialmente y cómo el desarrollo  del  concepto  reclamado  tiene  la  doble  utilidad  de servir, tanto para este  trámite,  como  para  la solución de casos similares, de modo que se   advierten   serias   falencias   en   la   presentación   del  libelo.   

Adicional  a lo expuesto, tampoco del cuerpo  de   la  demanda  consigue  advertirse  el  quebranto  de  garantías  de  quien  representa,    pues    en   punto   de   la   primera  censura no atina a explicar en concreto de qué manera  tuvo  lugar  la incongruencia denunciada, en cuanto al verificar el libelo puede  observarse  que  la  condena  fue  proferida  por los mismos delitos concursales  señalados    en    la    acusación,   de   modo   que   el   reclamo   resulta  incomprensible.   

          Adicionalmente,  considera vulnerados los derechos al debido proceso  y  a  la  defensa  del  acusado,  sin  percatarse  que uno y otro corresponden a  ámbitos  diversos  y  delimitados.  El  primero,  la  vulneración  del  debido  proceso,  constituye  por  regla  general  un  vicio  de  estructura  (falta  de  competencia,  pretermisión  de  las  formas propias del juicio, etc.), en tanto  que  el segundo, el quebranto del derecho de defensa, engendra afectación de la  garantía,  motivo  por  el  cual  era  imprescindible  que fuera clara sobre el  particular    en   su   planteamiento,   evitando   su   impropia   formulación  sincrónica.   

Además,  no  procede a explicar la forma en  que  se produjo la violación del debido proceso, esto es, de qué manera fueron  socavadas  las  bases  y  estructura del trámite; tampoco señala de qué forma  fue  violado  el   derecho  de defensa de su procurado, dado que, en virtud  del  principio de trascendencia que rige la declaratoria de nulidad del proceso,  la  simple  ocurrencia  de  la  incorrección  no  conduce  necesariamente  a la  invalidación  de lo actuado, en cuanto es preciso acreditar que aquella produjo  unos  resultados  adversos  y  lesivos a los intereses y derechos del sindicado,  pues  de  lo contrario, el vicio carece de trascendencia e imposibilita declarar  la pretendida invalidez.   

          Bastan las razones expuestas para inadmitir el reparo.   

Acerca  del segundo  cargo  encuentra  la  Sala que una vez más la censora  propone  de  manera  simultánea la violación del debido proceso y el derecho a  la    defensa    de   GUALTEROS   GÓMEZ,  amén  de  que  cita  impropiamente el estatuto procesal penal de  2004,  el  cual  no  se  encontraba vigente para cuando se cometieron los hechos  investigados,  ni  se  advierte que sea aplicable en forma retroactiva en virtud  del principio de favorabilidad.   

          Tampoco   explica   por  qué  trae  a  colación  el  carácter  de  “prueba  de  referencia”  predicable   de   los   testimonios   de   Guillermo  Vásquez     y    Juan  Quintero, dado que tal instituto fue introducido en el  derecho   procesal   colombiano   mediante   la   Ley   906   de   2004,   y  no  antes.   

          El cargo debe ser inadmitido.   

Con    relación    al    último  reproche se encuentra que el error  de  hecho  por  falso juicio de identidad acontece cuando los falladores valoran  la  prueba,  pero  al  considerarla  distorsionan  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola,  caso  en  el  cual  corresponde  al censor  identificar  mediante el cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo  asumido  en  el  fallo,  el  aparte  omitido o añadido a la prueba, los efectos  producidos  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia  del   yerro  en  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  atacada,  tópico  de  improcedente  demostración  con  el simple planteamiento del criterio subjetivo  del  actor  sobre el medio de prueba cuya tergiversación denuncia, en cuanto es  su  obligación  acreditar  materialmente la incidencia del yerro en la falta de  aplicación  o  la  aplicación  indebida de la ley sustantiva en el fallo, esto  es,  señalar  la  modificación  sustancial  de  la  sentencia  atacada  con la  corrección  del  yerro y la debida valoración de la prueba en conjunto con las  demás, labor no asumida por la recurrente en este caso.   

En  efecto,  si  bien  la defensora menciona  algunos  medios  probatorios  sobre los cuales considera recayó el falso juicio  de  identidad,  no  procede  como  es  su  obligación  a  identificar el aparte  adicionado  u  omitido,  pues  se  limita  a proponer su personal apreciación y  credibilidad  de  tales  pruebas,  sin  detenerse  a  verificar  que otra fue la  percepción  de  los  falladores,  amén  de  que  se  desentiende de los demás  elementos   de   convicción   obrantes   en   la   actuación,   en  manifiesto  desconocimiento  de  la  dual  presunción  de acierto y legalidad de la cual se  encuentra revestida la sentencia.   

          Además  de  lo  anterior,  no atina a señalar de qué forma fueron  violados  los  artículos  287 y 289 de la Ley 599 de 2000, omisión adicional a  las  anteriores  que  permite  advertir  inconsistencias en la presentación del  libelo.   

Así   las  cosas,  encuentra   la   Sala   que   si   la            censora     no  conduce su demanda conforme  a  las  referidas exigencias dispuestas, de una parte,  para  acceder  a la casación discrecional y, de otra, para postular y demostrar  los  reproches  contra  el  fallo de segundo grado y, en virtud del principio de  limitación  que  rige el trámite casacional la Corte no se encuentra facultada  para  enmendar  las  falencias de aquella, de conformidad con lo dispuesto en el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000  se  impone  de  plano la inadmisión  del   libelo   en  tales  condiciones           presentado.   

         Finalmente   es  oportuno  destacar  que  la  Sala  no  observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,   violación   de   derechos   o  garantías  del  acusado,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que sobre el particular le  confiere   el  legislador  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por la  defensora de  SEGUNDO   JOAQUÍN   GUALTEROS   GÓMEZ,   por   las   razones  expuestas  en  la  parte  motiva  de  esta  decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                         FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ              

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                               JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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