38223(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  38223   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 139.  

Bogotá D.C., abril dieciocho (18) de dos mil  doce (2012).   

VISTOS  

La  Sala  emprende  el  examen  sobre  los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  sustentación  de  la  demanda  casacional    allegada    por    el    defensor   del   procesado   ENIS  PACHECO  VILLA, contra la sentencia  proferida  en  segunda instancia por el Tribunal Superior de Bucaramanga el 7 de  septiembre  de  2011,  confirmatoria  de la dictada el 7 de junio del mismo año  por  el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito Especializado de la citada ciudad,  por   cuyo   lo   condenó  como  autor  penalmente  responsable  de  delito  de  receptación.   

HECHOS  

En  la sentencia de segundo grado se resumen  los   sucesos   que   dieron  lugar  a  esta  averiguación  en  los  siguientes  términos:   

“El 8 de agosto  de  2002,  en  la  calle  14  No.  43  –  82  de Bogotá, el Grupo de Hidrocarburos de la Policía Judicial  DIJIN  interceptó  e  inmovilizó el tractocamión de placas XKD 981, vehículo  en  el  que  se  transportaba un crudo parafínico, sin que el conductor portara  los   documentos   exigidos   por   la   estatal  petrolera  Ecopetrol  para  su  comercialización,  Posteriormente  se estableció que Enis Pacheco Villa era el  propietario   de   la   sustancia   y   del   automotor   mencionado”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La  Fiscalía  Seccional  de Barrancabermeja  declaró  abierta  la  instrucción, en desarrollo de la cual vinculó a través  de   indagatoria  a  ENIS  PACHECO  VILLA;  cerrada la instrucción, el mérito del sumario fue calificado el  22  de  noviembre  de 2007 con resolución de acusación en contra del vinculado  como presunto autor del delito de receptación.   

La  fase  del  juicio  fue  tramitada por el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de Barrancabermeja, despacho que una vez  surtido  el  rito dispuesto para tal ciclo por el legislador, profirió fallo el  7   de   junio   de   2011,   a   través   del  cual  condenó  a  PACHECO  VILLA  a  la  pena  principal de  cuarenta  (40)  meses  de  prisión  y  multa de cuarenta (40) salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la sanción  privativa  de  la  libertad,  como  autor  penalmente  responsable del delito de  receptación.   

          En  la misma oportunidad negó al procesado el subrogado penal de la  condena   de   ejecución   condicional,  así  como  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva de la intramural.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal   Superior  de  Bucaramanga  la  confirmó  mediante  fallo  del  7  de  septiembre de 2011.   

Contra   el   proveído  del  ad  quem el defensor interpuso recurso de  casación  y  allegó  la  respectiva  demanda  a  nombre  de  su asistido, cuya  admisibilidad se estudia en esta providencia.   

EL LIBELO  

El  recurrente  propone  tres  cargos,  que  postula y desarrolla en los siguientes términos:   

1.            Primer  reparo:  Nulidad “por   error   de   derecho,   por  violación  directa  de  la  ley  sustancial”   

Al amparo de la causal tercera reglada en el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  el  actor  refiere  que  se  violó  directamente  la  ley  sustancial por error de hecho, en cuanto no se aplicó en  este  asunto  el principio de favorabilidad, específicamente, no se declaró la  prescripción  de  la  acción  penal  derivada  del  delito  de receptación de  conformidad  con  lo  establecido  en  el artículo 177 del Decreto 100 de 1980,  modificado por las Leyes 190 de 1995 y 365 de 1997.   

En  el  desarrollo  de la censura afirma que  “a  (sic)  debido  el  fiscal observar que se presentaba un conflicto de leyes  en  el  tiempo,  que  dice relación a todas las normas que entraron en vigencia  desde  la  fecha de comisión del hecho ilícito (8 de agosto de 2002), hasta un  día  antes  de  pronunciar la resolución acusatoria (21 de noviembre de 2007),  por  ende,  se  dejó  de  aplicar  el  principio  de  favorabilidad”.   

          Afirma  que los falladores “ignoraron la  existencia  de  normas”  sustanciales que regulan el  caso  y  que habrían conducido a decretar la prescripción de la acción penal.  Deplora  que en la acusación se haya citado la Ley 813 de 2003, toda vez que es  posterior  a  la comisión del delito, la cual aumentó el mínimo de la pena de  dos (2) a cuatro (4) años de prisión.   

          Argumenta  que  de  las  leyes  en tránsito de legislación la más  benigna  era  el  Decreto  100  de  1980,  el cual establecía para el delito de  receptación  una sanción máxima de cinco (5) años de prisión, tiempo que se  cumplió  el  8  de  agosto  de  2007.  Dice que aún si se tuviera en cuenta la  legislación  del  2000,  como  la  pena máxima es de ocho (8) años, el delito  prescribió  el  8 de agosto de 2010, antes de dictarse fallo de primer grado (7  de junio de 2011).   

          Con  fundamento  en  lo  expuesto  reclama  la  casación  del fallo  atacado,  a  fin de que se declare prescrita la acción penal derivada el delito  de receptación.   

2.            Segundo  reparo:  Nulidad por violación  del derecho de defensa   

          Bajo  La  égida  de la causal tercera de casación, el censor aduce  que  el  diligenciamiento debe ser invalidado desde el 21 de septiembre de 2008,  fecha  en  la  cual  tuvo  lugar  la  audiencia preparatoria, pues pese a que no  asistió  a  la misma, su firma fue burdamente falsificada en la correspondiente  acta,  de  modo  que  se  afectó el debido proceso y el derecho a la defensa de  ENIS PACHECO.   

          Agrega  que  dicha irregularidad debe ser investigada penalmente, en  cuanto  compromete  a los servidores públicos que participaron en la audiencia,  esto es, el juez, el fiscal y el Ministerio Público.   

          Advera  que  por  la citada incorrección se dijo en el fallo que el  procesado  afirmó  inicialmente haber comprado el crudo a Ecopetrol, pero luego  aseveró haberlo comprado a envasadora Líder, lo cual es falso.   

          Deplora  que se probaron los hechos con base en informes de policía  que  no  fueron  objeto  de  verificación.  No se escuchó en declaración a la  secretaria de la empresa Excel de Colombia.   

          Considera  que  si  el  acusado no estuvo asistido de defensor en la  audiencia    preparatoria,    se    impone    declarar    la   nulidad   de   la  actuación.   

3.            Tercer  reparo: Violación directa de la  ley sustancial   

          Con  base  en  la  causal  primera, cuerpo primero, de casación, el  defensor  manifiesta  que  se dosificó en forma indebida la sanción, en cuanto  se  tasó en 30 meses de prisión, sin partir del mínimo que es de 24 meses, ya  que  “no  se tuvo en cuenta el artículo 51 numeral  primero  que  obliga  a  partir  del  mínimo de la pena si al reo no le figuran  antecedentes  penales”,  amén  que  “no  está  claro de dónde aplicó finalmente treinta (30) meses de  prisión”.   

          De  otra  parte indica que si bien en la actuación obra un fallo de  condena  en  contra  de  su  procurado,  con  base  en  el cual le fue negada la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena, olvidaron los falladores  que  dicha  decisión  fue  impugnada  y  en  segunda  instancia  se  dispuso la  prescripción  de  la  acción,  de manera que no le figura antecedente alguno a  ENIS PACHECO.   

          Finalmente  el  actor manifiesta a la Sala, que en caso de no acoger  sus  pretensiones,  le  sea  otorgado  a  su  representado  el  citado subrogado  penal.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

De   tiempo  atrás  tiene  dilucidado  la  Colegiatura  que  en  el  examen  sobre  los  requisitos de admisibilidad de las  demandas  de  casación, es de su resorte verificar que los recurrentes formulen  los   reproches   con   sujeción   a  los  requisitos  de  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente  definidos  por  el  legislador y desarrollados por la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  tercera  instancia.  Tales  exigencias  se  orientan  a conseguir libelos enmarcados dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y demostración de los cargos  propuestos,  en  cuanto resulten inteligibles por ser precisos y claros, pues no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función  constitucional  y  legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si  el  demandante carece de interés o la demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

          Una vez efectuadas las  anteriores  precisiones,  en  punto  de la primera  censura  encuentra  la  Sala  que  la  postulación  del  reproche no se compadece con la  exigencia  dispuesta  para  los  demandantes  en casación en el numeral 3º del  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000,  al establecer que el libelo deberá  contener  “La enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en      forma      clara  y  precisa sus fundamentos y las normas que el  demandante      estime      infringidas” (subrayas fuera de texto).   

En efecto, no es claro si  el  reparo  se formula al amparo de la causal tercera de casación en procura de  conseguir  la  invalidación  de lo actuado, o bien por violación directa de la  ley  sustancial  que  corresponde  a  la  causal primera, cuerpo primero, ora al  error  de  derecho  inherente a la causal primera, apartado segundo, esto es, al  quebranto  mediato  de  la  ley,  de  modo que el recurrente mezcla en una misma  postulación  tres  yerros,  en manifiesto quebranto del principio de autonomía  de  las  causales, según el cual, a cada una de ellas corresponde un discurso y  un  ámbito demostrativo que les es propio, sin que se puedan confundir unas con  otras, como sucede en el caso de la especie.   

          Es  evidente que si el demandante deseaba plantear la violación del  principio  de  favorabilidad,  le  correspondía  acudir  a la causal primera de  casación   cuerpo  primero,  esto  es,  a  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial.   

Además de la anterior falencia, constata la  Sala   que   si  bien  el  censor  plantea  que  tratándose  del  conflicto  de  legislaciones  en  el  tiempo,  se  debe acoger la más favorable entre aquellas  “que    entraron    en    vigencia   desde   la   fecha  de  comisión  del  hecho  ilícito  (8  de  agosto  de  2002),  hasta  un día antes de pronunciar la  resolución  acusatoria  (21  de  noviembre de 2007)”  (subrayas  fuera  de  texto),  no  atina  a  señalar por qué razón depreca la  aplicación  del Decreto 100 de 1980, el cual, huelga decirlo, no estaba vigente  para  cuando se cometió la conducta investigada, de suerte que el planteamiento  del casacionista carece de lógica y coherencia.   

          No  hay duda que si conforme al artículo 447 de la Ley 599 de 2000,  el  delito de receptación tiene una pena máxima de prisión de ocho (8) años,  ese  es  el tiempo de prescripción de la acción en la instrucción, el cual no  se  cumplió,  pues  si la conducta tuvo lugar el 8 de agosto de 2002, tal lapso  sólo  se  cumpliría  el 8 de agosto de 2010, fecha para la cual ya había sido  dictada  resolución  acusatoria  (22  de  noviembre  de  2007),  la cual cobró  firmeza.   

Adicionalmente  se  tiene  que  si  con  la  acusación  se  interrumpe  el  tiempo  de  prescripción de la acción, el cual  vuelve  a  contarse  por la mitad, siempre que no sea inferior a cinco años, es  palmario  que  tampoco  en  el  juicio  se  cumplió  dicho  término  (como  la  acusación  quedó  en  firme el 26 de febrero de 2008, la acción prescribiría  el  26 de febrero de 2013), de manera que la queja del recurrente se margina por  completo  de  las  normas  sustanciales  que reglan la contabilización de dicho  fenómeno extintivo de la acción penal.   

Las  razones  expuestas son suficientes para  inadmitir el reparo.   

En   cuanto   atañe   al   segundo  cargo, impera señalar que como el  demandante  acude  a  la causal tercera de casación, debía señalar claramente  la  especie  de  incorrección  sustantiva  que  determina la invalidación, los  fundamentos  fácticos  y  las normas que estima conculcadas, con la indicación  de  los  motivos  de  su  quebranto.  También  era de su resorte especificar el  límite  de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la  cobertura  de  la  nulidad, demostrar que procesalmente no existe manera diversa  de  restaurar  el  derecho  afectado  y,  lo  más  importante, acreditar que la  anomalía  denunciada  tuvo incidencia perjudicial y decisiva en la declaración  de  justicia  contenida en el fallo impugnado (principio de trascendencia), pues  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

Efectuadas las anteriores precisiones, puede  verificarse  que  el  actor  incurre  en varias faltas a la técnica casacional,  pues  en  forma  sincrónica postula la nulidad de lo actuado por violación del  derecho  de  defensa  y  el  debido  proceso,  sin  percatarse  que  uno  y otro  corresponden  a ámbitos diversos y delimitados. El primero, la vulneración del  debido  proceso,  constituye  por regla general un vicio de estructura (falta de  competencia,  pretermisión  de  las  formas propias del juicio, etc.), en tanto  que  el segundo, el quebranto del derecho de defensa, engendra afectación de la  garantía,  motivo  por  el  cual  era  imprescindible  que fuera claro sobre el  particular    en   su   planteamiento,   evitando   su   impropia   formulación  simultánea.   

Además,  no  procede a explicar la forma en  que  se produjo la violación del debido proceso, esto es, de qué manera fueron  socavadas  las  bases  y  estructura del trámite; tampoco señala de qué forma  fue  violado  el   derecho  de defensa de su procurado, dado que, en virtud  del  principio de trascendencia que rige la declaratoria de nulidad del proceso,  la  simple  ocurrencia  de  la  incorrección  no  conduce  necesariamente  a la  invalidación  de lo actuado, en cuanto es preciso acreditar que aquella produjo  unos  resultados  adversos  y  lesivos a los intereses y derechos del sindicado,  pues  de  lo contrario, el vicio carece de trascendencia e imposibilita declarar  la pretendida invalidez.   

          Tampoco  expone los motivos por los cuales no se puso de presente en  el  curso  del juicio la irregularidad que ahora denuncia, y tanto menos señala  de  qué  manera  intentó  ser  superada,  de  modo  que  si  bien  señala una  incorrección,  no  indica  su  efecto  invalidante  para  el  diligenciamiento,  máxime  si  la  presencia  del  defensor  en  la  audiencia  preparatoria no es  obligatoria  ni  presupuesto de la actuación subsiguiente, amén de que a dicha  diligencia no concurrió el acusado.   

          Es  claro  que  si  el defensor considera que se cometió un delito,  está  en  condiciones  de  ponerlo  en  conocimiento  de  la administración de  justicia para que se proceda de conformidad.   

          Ahora,  como  el  recurrente  se  duele  de  la  valoración  de  la  indagatoria  de  su  patrocinado, así como del valor otorgado a los informes de  policía,  es incuestionable que ingresa en el discurrir propio de la violación  indirecta  de la ley sustancial porro indebida apreciación de las pruebas, caso  en  el  cual  le correspondía plantear la correspondiente causal y emprender la  respectiva  demostración  conforme  con  las  especies  de yerros propios de la  misma, labor que no acometió.   

          Como  viene  de verse, el cargo debe ser  inadmitido.   

          Con      relación      al      tercer  reproche, considera la Colegiatura que una vez más el  recurrente  se  desentiende  del  contenido  de  las  normas  reguladoras  de la  dosificación   de   la   penal,  pues  no  es  cierto  que  el  “artículo  51  numeral  primero  obliga  a partir del mínimo de la  pena  si  al reo no le figuran antecedentes penales”,  como  que  tal precepto se ocupa de la “Duración de  las  penas  privativas  de  otros derechos” y, por su  parte,   el  inciso  2º  del  artículo  61  del  estatuto  penal  refiere  que  “El     sentenciador     sólo     podrá  moverse dentro del cuarto mínimo  cuando   no   existan   atenuantes   ni   agravantes   o  concurran  únicamente  circunstancias  de  atenuación  punitiva,  dentro  de los cuartos medios cuando  concurran  circunstancias de atenuación y de agravación punitiva, y dentro del  cuarto  máximo  cuando  únicamente  concurran  circunstancias  de  agravación  punitiva”  (subrayas  fuera  de texto), sin que haya  norma  que  obligue  al  sentenciador  a imponer el mínimo de la sanción, como  erradamente lo afirma el actor.   

Impera  recordar  que la  violación  directa  de  la  ley  sustantiva  tiene  lugar cuando a partir de la  apreciación  de  los  hechos  legal  y  oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento,  los falladores omiten aplicar la disposición que se ocupa de  la  situación  en  concreto, en cuanto yerran acerca de su existencia (falta de  aplicación  o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los  hechos   probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan  efectos    diversos    o    contrarios    a    su   contenido   (interpretación  errónea).   

En  tal  caso,  sin  importar  la especie de  quebranto  directo de la preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores recae  sobre  la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea  porque se dejó de lado el precepto regulador de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho se adecua a una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

En  consecuencia,  no  se  debate  allí  la  actividad  probatoria  ni su ulterior ponderación por parte de los funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En el reproche cuya admisibilidad se examina  encuentra  la  Corporación  que  si  bien  el  demandante plantea la violación  directa  de  la  ley  sustancial,  en  su  desarrolla  deplora la valoración de  pruebas  tales  como  el  fallo  proferido  en  el pasado contra su asistido, de  manera    que    se    aparta    de    la   demostración   propia   del   yerro  postulado.   

          Es    contrario    a   la   verdad   afirmar   que   “no  está  claro de dónde aplicó finalmente treinta (30) meses de  prisión”,   pues  el  a  quo  señaló  las  razones  por  las  cuales decidió  dentro  del  primer cuarto de movilidad punitiva incrementar la pena en seis (6)  meses. Al respecto expresó:   

“Se debe tener en  cuenta  la  gravedad de la conducta punible y el daño potencial creado, es así  como  no  se  puede desconocer que se está en presencia de una conducta de suma  gravedad,  con  profundas  repercusiones  económicas  y  sociales  en todos los  campos;  que  la  conducta fue consumada con dolo directo y que existe necesidad  de   la  pena,  porque  cumpliría  las  funciones  de  prevención  especial  y  reinserción  social,  según  las cuales se busca que esta cumpla su propósito  de  evitar  la comisión de delitos, la corrección humanizada del delincuente y  la  preparación  digna  del mismo para reintegrarse de nuevo a la sociedad o lo  que    también    equivale    a    su   efectiva   resocialización”.   

          Tampoco  resulta  fiel  a  la  actuación  indicar que fue negado el  subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional  a  partir de una  sentencia   de   condena   proferida  contra  PACHECO  VILLA  que  no  se  encontraba  ejecutoriada, pues sin  dificultad   se  constata  que  fueron  otras  las  razones  ponderadas  por  el  funcionario de primer grado para proceder de tal manera.   

          Se dijo sobre el particular en el fallo mencionado:   

“Se   tiene  conocimiento  que  no trabaja, pues tal y como él mismo lo refiere ‘lo  mantiene  su  esposa’  (…)  es  más,  se  debe tener en  cuenta  la  gravedad  y  modalidad  del  injusto  cometido,  la entidad del bien  jurídico  afectado  y  puesto  en  peligro,  la magnitud del daño causado y el  peligro  que  corre  la sociedad al consentirse el beneficio referido, todo ello  conforme  al  principio  de  la  necesidad  de  la pena, por ende en el caso sub  judice   se   hace   necesaria   la   ejecución   de   la  sanción”.   

De acuerdo con lo dicho,  el cargo debe ser inadmitido.   

En suma, considera la Corte que el censor no  tiene  en  cuenta el carácter extraordinario de esta impugnación, no dispuesta  por  el  legislador  para  prolongar  el curso de las instancias o para simple y  llanamente  exponer  el  criterio de los demandantes, sino para denunciar yerros  trascendentes  de  los  falladores en la aplicación de la ley sustancial, en la  ponderación  de las pruebas o en la guarda de la legitimidad del trámite, dada  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de la cual se encuentra revestida la  sentencia.   

         Por    tanto,    si    el   actor   no  ajustó  su  demanda a las  mencionadas   exigencias  dispuestas  para  postular  y  demostrar  los  reproche contra el fallo de segundo  grado  y, en virtud del principio de limitación que rige el trámite casacional  la  Corte  no  se encuentra facultada para enmendar las falencias de aquella, de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  213 de la Ley 600 de 2000 se  impone de plano la inadmisión del libelo.   

         Finalmente   es  oportuno  destacar  que  la  Sala  no  observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,  violación  de  derechos o garantías del acusado, como para que tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del procesado ENIS   PACHECO  VILLA,  por  las  razones  expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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