37574(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     n.º  37574   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 139  

Bogotá D.C., dieciocho (18) de abril de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

De   conformidad  con  la  preceptiva  del  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, procede la Sala a calificar las demandas  de  casación presentadas por los defensores de DANIEL  GONZÁLEZ  MARTÍNEZ y WILSON  MOGOLLÓN  PINZÓN,  contra  el fallo de segundo grado  dictado  por  el  Tribunal  Superior  de Bucaramanga el 8 de agosto de 2011, por  cuyo  medio confirmó el proferido por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de  esta   ciudad   el   24   de   agosto  de  2010,  que  condenó  a  GONZÁLEZ   MARTÍNEZ   a  cuatrocientos  cuarenta  (440)   meses  de  prisión  como  autor  del delito de homicidio  agravado   y   a   MOGOLLÓN   PINZÓN  a  cuatrocientos setenta (470) meses de prisión por la autoría del  mismo  punible  en  concurso  con el delito de fabricación, tráfico y porte de  armas de fuego o municiones.   

HECHOS  

          Los  sucesos  que dieron lugar a este averiguatorio fueron expuestos  en el fallo de segundo grado en los siguientes términos:   

“Aproximadamente  a  las 11:30 horas del 20 de julio de 2008 transitaban Jaime Andrés Leal Jaimes  y  Michael  Rodolfo  Jaimes Ayala por la carrera 55 A con calle 140 A del barrio  Corpovisur  I  Etapa  del  municipio  de Floridablanca, siendo interceptados por  Daniel   González   Martínez   y   Wilson   Mogollón   Pinzón   –alias    Gorilón-,   último   que  esgrimió  un  arma de fuego y le causó la muerte a Jaimes Ayala, para después  abandonar  el lugar en una motocicleta de placas CLK 99B, mientras que González  Martínez  se quedó en la carpintería de su propiedad ubicada en la carrera 56  No.   140-16   del   barrio  La  Cumbre  de  Floridablanca,  donde  –posteriormente  y  en  diligencia  de  allanamiento   legalmente   autorizada–   se   ubicó   un   revólver   con  cartuchos  y  munición  (f.  215-228)”.     

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  19  de  junio  de  2009, ante el Juzgado  Noveno  Penal  Municipal  de  Control de Garantías de Bucaramanga, la fiscalía  imputó  a  DANIEL  GONZÁLEZ  MARTÍNEZ y a WILSON MOGOLLÓN PINZÓN la  comisión  del  delito  de  homicidio  agravado  y fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego o municiones de los artículos 103 y 365 del  Código  Penal.  Seguidamente, a instancia del ente acusador, se les impuso  medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva   sin   beneficio  de  excarcelación.   

Presentado el escrito de acusación, el 28 de  julio  de  2009  se  realizó  la  respectiva  audiencia,  en cuyo desarrollo la  Fiscalía formuló a los procesados los cargos ya enunciados.   

La etapa de juicio se adelantó en el Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga donde luego de surtido el debate  oral  se  profirió  sentencia  el 24 de agosto de 2010, por medio de la cual se  condenó  a  DANIEL  GONZÁLEZ  MARTÍNEZ  a  cuatrocientos cuarenta (440)  meses de prisión como autor  del    homicidio,    en   circunstancias   de   agravación,   de   Michael   Rodolfo   Jaimes   Ayala  y  a  WILSON       MOGOLLÓN       PINZÓN   a  cuatrocientos  setenta (470) meses de prisión como autor  de  la misma muerte en concurso con el punible de fabricación, tráfico y porte  de armas de fuego o municiones.   

Impugnada  la  sentencia  por  los  abogados  defensores,  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  el  8 de agosto de 2011 la  confirmó.   

Contra  el  fallo  los defensores interponen  recurso   extraordinario   de  casación,  allegando  en  tiempo  el  respectivo  libelo.   

LOS LIBELOS  

1.     Demanda     de     DANIEL GONZÁLEZ MARTÍNEZ   

     

1. Primer   cargo,   Violación   indirecta   de   la   ley  sustancial     

Con  fundamento  en  el  numeral  3º  del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, acusa a la sentencia de segundo grado de  desconocer  en  forma  manifiesta  las  reglas  de  producción  de  la  prueba,  específicamente  el  contenido  de los artículos 438, 357 y 383 del mencionado  estatuto.  Así  mismo, los artículos 6, 7 y 8 de la Ley 599 de 2000 y 29, 93 y  94 de la Carta Política.     

Inicia  señalando  que,  en su opinión, no  puede  tenerse  como práctica común la admisión como prueba de referencia del  testimonio  de  quien  debe comparecer al juicio a rendir declaración. Censura,  entonces,  que  el   Tribunal  haya  permitido  la  aducción a través del  testimonio   del   investigador   de   campo  de  la  versión  de  Jaime   Andrés   Leal   Jaimes,  testigo  presencial  de  los hechos, en lo cual observa vulneración de las garantías de  los intervinientes y afectación del derecho material.   

Si un deponente se encuentra en situación de  riesgo,  agrega, la fiscalía debe acudir al mecanismo de prueba anticipada o al  sistema  de  protección  de testigos y no omitir su presentación en el juicio,  pues  ello  comporta  afectar  las  garantías  de  las  partes porque no pueden  ejercer  el  contradictorio y, además, anula la inmediación entre el juez y el  declarante.       

          Además,   la  ausencia  de  Leal  Jaimes  en   el   juicio   se   debió,  según  Rodolfo  Jaimes Jaimes tío del testigo, a  que  estaba  amenazado y no a la imposibilidad de localizarlo o a su renuencia a  asistir  al debate. Por tanto, debió ofrecerse al declarante las condiciones de  seguridad  necesarias  para declarar, más aún cuando sobre dicho testimonio la  fiscalía estructuró su andamiaje probatorio.   

De otra parte, advera, el artículo 438 de la  Ley  906  de 2004 no autorizaba la introducción de las entrevistas dadas por el  menor    Jaime   Andrés   Leal   Jaimes  al investigador del CTI porque esa norma se refiere a los casos en  los  cuales  el  testigo  es  víctima  del  delito  de secuestro, desaparición  forzada  o  evento  similar y en el asunto examinado el testigo no se encontraba  en  ninguna  de  esas  situaciones,  se conocía su probable ubicación y podía  contactarse a través de sus familiares.     

La ineficiencia del ente acusador, agrega, no  puede  subsanarse extendiendo el contenido de dicha preceptiva a eventos como el  analizado,  donde  la  inasistencia  del  testigo  por  razones  de seguridad se  equiparó  a  las  hipótesis  de secuestro y desaparición forzada sin que ello  fuera  procedente,  pues  lo adecuado era otorgarle las condiciones de seguridad  necesarias  para  garantizar su presencia en el juicio, preservando, además, la  obligación  contenida  en  el  artículo  383 ibídem  de rendir  bajo juramento el testimonio requerido  por la autoridad judicial.   

Como consecuencia de esa falencia, afirma, el  Tribunal  vulneró  el  debido proceso, el derecho de igualdad y el artículo 14  del  Pacto  de  Derechos Civiles y Políticos, según el cual durante el proceso  toda  persona acusada tiene la facultad de interrogar a los testigos presentes y  exigir  y obtener la presencia de quienes puedan arrojar luces sobre los hechos.  En  igual  sentido,  el  fallo  desconoció  el principio rector contenido en el  artículo 8 literales j y k  de a Ley 906 de 2004.   

     

1. Segundo  cargo (subsidiario), interpretación errónea o aplicación  indebida   del inciso segundo del artículo 381 Ley 906 de 2004 y del canon  162-4 ibídem     

El  censor cuestiona, con apoyo en la causal  tercera  del  artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, que la sentencia se funde  exclusivamente  en  prueba  de  referencia.  En tal sentido, afirma, los únicos  medios  de convicción sobre la responsabilidad fueron vertidos por personas sin  conocimiento  directo  de  la  forma como se suscitaron los hechos (investigador  CTI  Moisés  Alberto  Cabrejo  Martínez  y  de  los  padres  del  occiso, Rodolfo  Jaimes   Jaimes  y  Diana  Celmira  Ayala),  por  manera  que  no  se  recaudó  la  declaración  de ningún testigo presencial, en lo cual observa vulneración del  derecho  material  por  cuanto se interpretó en forma ilegal  el literal b  del artículo 438 del Código de Procedimiento Penal.    

          La  fiscalía  incumplió  la  obligación  de  prestar seguridad al  único  testigo  directo  de  los  hechos,  agrega,  razón  por  la  cual   solicitó  y  obtuvo  del  juez  la  admisión  de  la  versión de Jaime  Andrés  Leal  Jaimes a través del  testimonio del investigador del CTI.   

          Considera   que   la   afirmación   del  Tribunal  según  la  cual  “la  agencia fiscal fue obligada a introducir tales  medios  de  convicción de esa forma”, no se ajusta a  la  realidad  porque en la primera citación al juicio -8 de febrero de 2010- el  Leal  Jaimes estuvo presto a  testificar,  pero  como  la  fiscal  acababa  de  llegar  de  vacaciones  se  aplazó  la  audiencia,  siendo  programada  para  el  23  del  mismo mes, ocasión en la que dicho declarante no  asistió  ante  unas  supuestas  amenazas.  Entonces,  asevera, si se le hubiese  brindado  protección  al  testigo,  éste  habría declarado en el juicio, pues  sólo   exigía  condiciones  de  seguridad,  situación  que no equivale a  negarse a asistir.   

          Por  ende,  concluye,  resulta  inapropiado  que  los  juzgadores de  instancia  justifiquen  la  actitud  negligente  de la fiscalía porque con ello  afectan  las  garantías  de  las  partes  quienes no tuvieron la oportunidad de  contrainterrogar al testigo de cargo.   

          De  otro  lado,  opina,  la  diligencia de reconocimiento en fila de  personas   por   cuyo   medio   Jaime  Andrés  Leal  Jaimes  identificó a DANIEL  GONZÁLEZ   MARTÍNEZ  como  uno  de  lo  autores  del  homicidio   investigado  no  contribuye  a  clarificar  los  hechos  porque  fue  realizada  con  una  persona  cuya  identidad  era conocida de tiempo atrás por  residir  en  el  mismo barrio del deponente.  En tal sentido, agrega, dicho  medio  de convicción, según las voces del artículo 253 de la Ley 906 de 2004,  tiene  como finalidad determinar el nombre del imputado o verificar la identidad  del  mismo  y como en el caso bajo examen ya se contaba con esa información tal  diligencia resulta innecesaria y sin valor probatorio.   

          A  continuación  el  censor  comenta  cada  uno  de  los argumentos  ofrecidos  por  el  Tribunal  para  fundar  el  fallo,  para  concluir que no se  recaudó    ninguna   prueba   directa   sobre   la   responsabilidad   de   los  procesados.   Así, por ejemplo, señala que la conclusión del Tribunal en  el   sentido  de  que  el  arma  incautada  en  la  residencia  de  GONZÁLEZ  MARTÍNEZ  fue  la  usada para  perpetrar  el  homicidio  carece  de  soporte porque entre un hecho y otro media  más  de  un  año  de  diferencia  y  no  se  cotejó el artefacto con la ojiva  encontrada  en  el lugar de los hechos. De igual forma, la incautación de dicho  elemento  es  objeto  de  otro  proceso  a  cargo  del  Juzgado Quinto Penal del  Circuito donde, incluso, se suscribió un preacuerdo.      

1. Tercer      cargo,      “manifiesto  desconocimiento  de  apreciación  de  la  prueba sobre la cual se ha fundado la  sentencia”     

Con  base en el numeral 3º del canon 181 de  la  Ley  906 de 2004, el libelista acusa a la sentencia de violar indirectamente  el  inciso  primero  del  artículo 381 del Código de Procedimiento Penal en la  medida  que  el  Tribunal  emitió  sentencia  de  condena  sin  contar  con  el  conocimiento  más  allá  de toda duda sobre el delito y la responsabilidad del  acusado,  pues  los  medios  de convicción acopiados en el juicio no permitían  fundar fallo condenatorio por tratarse de pruebas de referencia.   

Así mismo,  agrega, no se desvirtuaron  los   medios   de  convicción  de  descargo,  por  ejemplo,  el  testimonio  de  María    Teresa   Fernández   Vanegas  quien  refirió  que  DANIEL  GONZÁLEZ  MARTÍNEZ  se encontraba en otro lugar cuando ocurrió  la   muerte   de   Michael   Rodolfo  Jaimes  Ayala.  En igual sentido, advera, no se valoró la ausencia de  antecedentes  penales de este procesado, pues la tenencia de un arma de fuego no  constituye delito como lo ha decantado la jurisprudencia nacional.   

     

1. Cuarto  cargo,  “desconocimiento  de la  estructura del proceso”      

Según  este  reproche, el fallo desconoció  los  principios  de  inmediación   y  concentración  contemplados  en los  artículos  16, 17, 379 y 454 de la Ley 906 de 2004, con lo cual se configura la  causal  de  casación  del  numeral  2º  del artículo 181 del Código  de  Procedimiento Penal.   

          En  apoyo  de lo anterior refiere el libelista que el juzgamiento se  inició  el  23  de febrero de 2010 y culminó el 16 de julio, por manera que el  debate  perduró  por  más  de  cuatro  meses,  situación que impone anular el  juicio    para    repetir    las   pruebas   en   respeto   del   principio   de  concentración.   

    

1. Demanda  a  nombre  de  WILSON  MOGOLLÓN  PINZÓN     

Único  cargo, desconocimiento de las reglas  de producción y apreciación de las pruebas   

Con  apoyo  en la causal del numeral 3º del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  el  abogado acusa a la sentencia de  desconocer las reglas de producción y apreciación de las pruebas.   

          Inicia  señalando cómo, conforme  al canon 372 del Código de  Procedimiento  Penal,  las  pruebas  tienen  como  fin  llevar  conocimiento  al  juez    más   allá   de  toda  duda  razonable  sobre  los  hechos  y  la  responsabilidad,  por  manera que son las pruebas regular y legalmente acopiadas  las  que  pueden derruir la presunción de inocencia y por ello los jueces deben  seguir  las  reglas  de  la lógica, la experiencia y la sana crítica así como  las preceptivas sobre producción y apreciación probatoria.   

          El  yerro  del  Tribunal  subyace  en  que  al realizar el análisis  probatorio  desconoció  dichas  reglas y fundó la condena en una prueba ilegal  por  cuanto  en  su  producción se vulneraron los derechos fundamentales de los  intervinientes  en  el  proceso:  se  trata  de  Jaime  Andrés  Leal, de catorce años para el momento de los  hechos, y testigo presencial de los hechos.   

          El  artículo  150  de  la  Ley  1098  de  2006  establece  que  las  declaraciones  y  entrevistas rendidas ante policía judicial por niños, niñas  y  adolescentes  sólo las puede acopiar el defensor de familia con cuestionario  previamente  enviado  por  el  fiscal o el juez.  En el evento bajo examen,  aduce,  según el investigador del CTI Moisés Alberto  Cabrejo  Martínez,  ninguno  de  dichos requisitos se  cumplió  en  la  entrevista realizada a Jaime Andrés  Leal,   pues  no  fue  recaudada  por defensor de  familia, previo cuestionario de las autoridades mencionadas.   

          Fue  el  propio  investigador  quien entrevistó al menor cuando fue  llevado  a  su oficina por Rodolfo Jaimes,  padre  del  occiso  y  tío  del  testigo,  de  lo  cual deduce la  vulneración   de   derechos  fundamentales  del  joven  al  sometérsele  a  un  interrogatorio  antitécnico sin la presencia del defensor de familia. Por ello,  agrega,  ante  su  ilegalidad debe excluirse ese medio de convicción, más aún  cuando  tampoco  estuvo  asistido  por  su  representante  legal, en tanto no se  verificó    por   parte   del   investigador   que   el   señor   Rodolfo     Jaimes    ostentara    tal  condición.   

          Se  declara  desconcertado  con  el argumento del Tribunal según el  cual  si bien no se aportó prueba de que el cuestionario fuese realizado por el  defensor  de familia, se debe tener por cumplido ese requisito porque se guardó  silencio  al  respecto  y la defensa no demostró lo contrario, pues tal aspecto  sí  fue  planteado por la defensa en los alegatos finales y en segundo término  porque  tal  afirmación  comporta invertir la carga de la prueba y someter a la  defensa  a  la  obligación de demostrar una negación indefinida, cuando era la  fiscalía   quien   debía   demostrar   el   cumplimiento   de  los  requisitos  legales.   

          Por  ello,  colige,  debe  ser  declarada ilegal  esa prueba de  referencia,  dictarse  fallo  de  reemplazo  de  carácter  absolutorio o, en su  defecto,  decretarse  la  nulidad  de  lo  actuado  desde  que  se  recaudó  el  testimonio  de  Moisés  Alberto Cabrejo y  en  cualquiera  de los dos casos ordenar la libertad inmediata de  su defendido.   

          Finalmente,  aduce,  en  gracia  de  discusión,  si  se aceptara la  legalidad  de  ese medio de convicción, no tiene el peso suficiente para fundar  el  fallo  de condena por tratarse de prueba de referencia, carente de la fuerza  necesaria para derruir la presunción de inocencia.   

          Se  hace necesario casar el fallo para garantizar la efectividad del  derecho   material   y  reparar  el  inmenso  agravio  inferido  a  WILSON   MOGOLLÓN   PINZÓN  al  haberse  vulnerado   sus   garantías  procesales  fundamentales.       

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

El estatuto procesal penal expedido mediante  la  Ley  906  de  2004 impone como condición para la admisión de la demanda de  casación  la  satisfacción de exigencias de lógica y adecuada argumentación,  cuyo  fin  es  permitirle  a  la  Corte,  a partir de la coherencia y precisión  conceptual  del libelo, establecer sin dificultad cuál es el error atribuido al  sentenciador  causante  de  la  violación  de  la  Constitución  o la ley o la  afectación de las garantías fundamentales de las partes.   

Esos  presupuestos  de sustentación, acorde  con  lo establecido en los artículos 183 y 184 del precitado estatuto, giran en  torno  a  la  correcta selección de la causal invocada y al adecuado desarrollo  de  los  cargos  formulados a la sentencia atacada, para lo cual se requiere que  cada  reproche  se  sustente  de  manera  separada y que las razones aducidas se  correspondan  con  el  yerro  denunciado, sin que sea dable incluir en una misma  censura  conceptos  que  se  opongan entre sí ni incurrir en inconsistencias de  argumentación,  pues ello atentaría contra los principios de no contradicción  y   autonomía   inherentes   al   recurso  extraordinario  de  casación.    

Además,  se  hace  imperioso  que  el actor  justifique  la  necesidad  del  fallo  de  casación  de cara al cumplimiento de  alguna  de  las  finalidades  del recurso, según lo tiene establecido el inciso  segundo del mencionado artículo 184.   

Con fundamento en los anteriores presupuestos  la    Sala   revisará   las   demandas,   agrupando  los  cargos  con  sustrato  común con la finalidad de  dotar  de  mayor  agilidad  la  decisión  y  facilitar  la  comprensión  de la  misma.   

Cargos  1,  2  y  3  de  la demanda de   DANIEL GONZÁLEZ MARTÍNEZ   

Los  tres  primeros cargos de este libelo se  fundan  en  la  causal  tercera de casación contenida en el artículo 181 de la  Ley   906   de   2004   referida   al   “manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la cual se ha fundado la sentencia”.   

Así, desde diversas aristas, el casacionista  cuestiona  un  mismo  asunto:  la  admisión  como  prueba  de  referencia de la  declaración    vertida   fuera   del   juicio   por   el   joven   Jaime   Andrés   Leal   Jaimes   y   su  valoración  como medio de convicción en el que se fincó la responsabilidad de  los procesados.   

Con  tal  proceder,  afirma el libelista, el  fallador  de  segunda  instancia incurrió en las siguientes irregularidades: i)  Desconoció  la  regla  de apreciación probatoria contenida en el literal b del  artículo  438  de  la  Ley  906  de  2004, en tanto asimiló la inasistencia al  juicio  por  razones  de  seguridad  a  los eventos de secuestro y desaparición  forzada  allí  descritos,  sin  que  ello  sea  procedente  por tratarse de una  circunstancia  diferente  que puede superarse acudiendo a la figura de la prueba  anticipada   o  prestando  al  testigo  la  protección  requerida  (cargo  1);  ii)  Desatendió la pauta de  valoración      contenida      en      el      canon      381      ibídem  por  cuanto  fundó la sentencia  exclusivamente   en   prueba   de  referencia  (cargo  2);  y  iii)  Profirió el fallo de condena sin contar  con  el  conocimiento más allá de toda duda sobre la responsabilidad porque en  el  juicio  sólo  se  acopio  material  probatorio  de  referencia (cargo 3).   

Vistos  así  los  cargos, lo primero que se  advierte  es  que  aunque  el  censor  aduce  la  violación indirecta de la ley  sustancial  por  el  manifiesto  desconocimiento  de las reglas de producción y  apreciación  de  las  pruebas,  lo  cierto es que no desarrolla ningún cargo a  través  del  cual precise cómo se produjo el yerro, circunstancia que impide a  la Corte afrontar el estudio del reproche.   

En  efecto,  la  casual  invocada  por  el  casacionista  se presenta por la incorrecta apreciación probatoria, derivada de  los  denominados  errores  de  hecho  y  de derecho. Los primeros se originan en  falsos  juicios de existencia, falsos juicios de identidad y falsos raciocinios;  los  segundos,  por su parte, surgen de los falsos juicios de legalidad y falsos  juicios  de convicción, cada uno de ellos de diversa esencia y forma de ataque,  así:   

–  El  falso  juicio  de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando un medio de prueba es excluido de la valoración que efectúa  el  juzgador  no obstante haber sido allegado al proceso en forma legal, regular  y   oportuna  (ignorancia  u  omisión)  o  porque el juzgador lo crea a pesar de no existir materialmente en  el  proceso  (suposición  o  ideación), otorgándole un efecto trascendente en la sentencia.   

–  El  falso juicio de identidad se verifica  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de la prueba  para hacerla decir lo que ella no expresa materialmente.   

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

–  La última de las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual se configura cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

–  El  error  de derecho por falso juicio de  legalidad  se presenta cuando el fallador asigna validez a un medio de prueba, a  pesar   de   que  en  su  producción  y  aducción  se  desconocen  las  reglas  establecidas  en  la  ley para el efecto. Así mismo, cuando el juzgador deja de  apreciar  algún elemento de convicción, por considerar erróneamente que en su  recaudo se desatendieron dichas reglas.   

-El  error  de  derecho  por falso juicio de  convicción,  para  finalizar,  se produce cuando se aprecia una prueba haciendo  caso omiso del predeterminado valor que la ley le ha otorgado.   

Con  el  fin de demostrar adecuadamente este  yerro,  el  casacionista  debe identificar el medio de prueba que en su criterio  fue  apreciado  contrariamente  al  valor  otorgado  por  la  ley;   luego,  precisar  el  o  los  preceptos  legales  en  virtud  de los cuales se asigna un  específico   valor   al   medio   de   prueba;   después,  determinar  la  trascendencia  que  tuvo  la incorrecta apreciación del elemento de convicción  en  la  decisión  impugnada  y  en  favor  del  interés  representado, lo cual  comporta,  como  ya  se  ha  precisado  frente  a  los  supuestos anteriores, la  necesidad  de  demostrar que el fallo atacado no se mantiene con otros elementos  de  juicio  y, por último, establecer la forma como se violó la ley sustancial  con  el defecto de apreciación, bien por falta de aplicación o por aplicación  indebida.   

Identificadas  las características de tales  errores  de  apreciación probatoria, se advierte cómo el demandante no indicó  a  través  de  qué  especie de error se vulneró la ley sustancial, situación  que  impide  a la Corte abordar su estudio en tanto no puede confrontar cada uno  de  ellos de cara al reproche formulado por el censor para establecer a cuál de  ellos se ajusta, pues esa era la labor principal del demandante.   

No se pierda de vista que cada falencia en la  apreciación   de   las  pruebas  ostenta  naturaleza  y  características   disímiles,  razón  por  la cual el libelista debe seleccionar la vía correcta  al  plantear  su  censura  para  cumplir  con  la  carga  de  debida  y adecuada  sustentación.  Con  ello,  además,  se  preservan  los principios de claridad,  precisión  y  coherencia, tan caros al recurso extraordinario de casación, los  cuales  marcan  la diferencia entre un libelo casacional correctamente formulado  y un escrito de libre confección.   

En suma, el libelista se limitó a consignar  el  título  de  la  causal  y a esbozar su inconformidad con el fallo por haber  valorado   la   versión   de   Jaime  Andrés  Leal  Jaimes  sin  realizar  el  juicio  de  legalidad de la  sentencia  en  la  forma  que  el recurso de casación lo exige, convirtiendo su  demanda en un alegato de instancia.   

          De  otra  parte, en punto del segundo cargo, la Corte advierte cómo  el  casacionista,  en  contravía del principio de no contradicción, mezcla dos  causales  de  casación en tanto refiere como fundamento del reproche el numeral  3º  del artículo 181 del Código de Procedimiento Penal relativo al manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción y, sin embargo, al expresar la  forma  de  concreción  del  yerro  aduce  que  el  mismo  se suscitó por   interpretación   errónea   o  aplicación  indebida  del  inciso  segundo  del  artículo   381   ibídem,  hipótesis que corresponden a la violación directa de la ley.   

Si se considerara que tal antinomia obedece a  un  lapsus  del libelista y  que  el  cargo  propone  una  violación  directa  de la ley, el reparo no puede  prosperar   porque  se  aparta  de  la  visión  de  los  hechos  y  de  la  valoración  probatoria  efectuada por el fallador, contraviniendo la naturaleza  de dicha causal.    

En  efecto, la violación directa de la ley,  en  materia  de casación, se concreta cuando a partir de la apreciación de los  hechos  legal  y  oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento, los  falladores  omiten  aplicar  la  disposición  que  se ocupa de la situación en  concreto,    en   cuanto   yerran   acerca   de   su   existencia   (falta    de   aplicación   o   exclusión   evidente),  realizan  una  equívoca adecuación de los hechos probados a los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida), o le atribuyen a la norma un sentido que no  tiene  o  le  asignan  efectos diversos o contrarios a su contenido (interpretación errónea).   

Cuando  se denuncia la violación directa de  la  ley,  según lo tiene ampliamente decantado la jurisprudencia de esta Corte,  al  demandante  le  está  vedado desconocer los hechos que el juzgador declaró  probados  y  discutir  las  pruebas  con  apoyo en las cuales éste sustentó su  decisión.  Debe  aceptar la situación fáctica tal como quedó reseñada en el  fallo,  sin  controvertir  sus fundamentos probatorios. El debate que se suscita  en  tal  caso  es  de  carácter  estrictamente  jurídico, cuya finalidad será  determinar  si  en  realidad el sentenciador dejó de aplicar un precepto legal,  lo aplicó indebidamente o lo interpretó erróneamente.   

En  el  evento  bajo examen el demandante se  aparta  del  contexto fáctico y la ponderación probatoria con fundamento en el  cual  los  falladores  dictaron  derecho,  sustrayendo  el  debate  del  ámbito  estrictamente  jurídico,  circunstancia  que  desnaturaliza el cargo propuesto.   

Adicionalmente,  aduce  el  libelista que la  falencia  se  produjo  por  interpretación errónea o aplicación indebida, sin  considerar  que  se  trata  de  dos situaciones diversas. La primera se concreta  cuando  se  le  atribuye  a  la  norma  un  sentido que no tiene o se le asignan  efectos  diversos  o contrarios a su contenido. La segunda hipótesis se refiere  a la errada selección de la  norma llamada a regular el caso.   

De  esta  manera,  el  libelista no deslinda  cómo  o  porqué  se  produjo  el  yerro en uno u otro sentido, conculcando los  principios  propios  del  razonamiento  lógico,  en tanto no es viable predicar  respecto  de  un  mismo  cargo  y  en relación con un mismo supuesto fáctico y  jurídico,  que  una  norma  se  aplicó  en  forma  indebida y que, además, se  interpretó  erradamente.  Cuando  se  pregona  la equivocada interpretación se  parte  del  supuesto  de  que  la  norma seleccionada es la llamada a regular el  caso.   

De otra parte, si se considerara que el cargo  fue   formulado   como   violación   indirecta   de   la   ley  por  manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación de la prueba,  tampoco  indica  el casacionista la forma de configuración del yerro ni vincula  el   defecto   de   apreciación  probatoria  con  ninguna  norma  de  carácter  sustancial,  pues  el  artículo 438 de la Ley 906 de 2004, relativo a la prueba  de  referencia, y el canon 162, relacionado con los requisitos de las decisiones  judiciales,  son  normas  de  carácter procesal que no pueden sustentar por sí  mismas   el   quebranto  de  una  sentencia,  pues  sólo  cuando  ese  tipo  de  disposiciones  se  enlazan con normas de carácter sustantivo, con independencia  del  estatuto  donde  se  encuentren,  es  posible  que  adquieran  la fortaleza  necesaria para fundar un cargo en casación.   

          Con  todo,  pasando  por  alto tal falencia, la Corte observa que el  yerro  atribuido  a  la  sentencia  en  los  tres cargos examinados encaja en el  denominado  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  el cual se  concreta  cuando  se  aprecia una prueba omitiendo el valor otorgado en la ley a  dicho medio de convicción.   

          Ello  por  cuanto  el  argumento principal de la censura consiste en  que  la  sentencia  se  fundó exclusivamente en prueba de referencia, cuando el  canon  381  de  la  Ley  906  de 2004 prohíbe cimentar el fallo en esa clase de  medios   de  convicción. Al efecto señala que la versión de Jaime  Andrés Leal Jaimes no fue acopiada  en  el  juicio  sino  fuera  de  él  por  el  investigador  del CTI  Moisés  Alberto  Cabrejo  Martínez, a  quien   se   le   permitió   referirse   al   contenido   de   esa  entrevista,  constituyéndose   en   prueba   de   referencia   sin   peso  para  fundar  una  condena.     

En  ese  orden,  si  bien  el  casacionista  identifica  el medio de prueba,  precisa los preceptos legales en virtud de  los  cuales  se  asigna  un  específico valor al medio de prueba y determina la  trascendencia  de  la  incorrecta apreciación del elemento de convicción en la  decisión  impugnada  y  en favor del interés representado, lo cierto es que no  demuestra,  como  lo  exige  este  reproche,  que  el  fallo  atacado  se fundó  exclusivamente en prueba de referencia.   

En  efecto,  nótese  cómo la sentencia, en  punto  de  responsabilidad,  se  apoya  no  sólo en la versión de Jaime  Andrés  Leal  Jaimes sino también  en     los    testimonios    vertidos    en    juicio    por   Rodolfo     Jaimes    y    Diana  Celmira  Ayala, padres del occiso,  quienes  si  bien  no  presenciaron  el homicidio, sí observaron circunstancias  previas  y  posteriores  al  mismo  que  le  otorgaron  al Tribunal a  quo  elementos de convicción a partir  de  los cuales dedujo el compromiso de los procesados en esa muerte. Así mismo,  se  apuntaló  en  el  dictamen médico legal de necropsia del cual obtuvo datos  por  cuyo medio dedujo la veracidad de la visión de los hechos suministrada por  Leal Jaimes.   

En otras palabras, fue el análisis conjunto  del  acervo  probatorio  acopiado en el debate de juzgamiento el que permitió a  los  juzgadores de instancia colegir la necesidad de dictar un fallo de condena.  No  se  trata,  por tanto,  de un fallo apuntalado exclusivamente en prueba  de  referencia,  pues  también  se funda en testimonios directos sobre hechos y  circunstancias relevantes, así como en una prueba técnica.   

          Por  último,  en  torno  a  la interpretación que debe dársele al  literal  b  del  artículo  438  de la Ley 906 de 2004, el casacionista pasa por  alto  que  la  Corte  ya ha clarificado que las graves amenazas, en determinados  contextos     fácticos,     pueden     considerarse     como    “evento  similar”,  pues se trata de una  situación  de  fuerza  moral de gran magnitud que somete al testigo al temor de  poner  en  peligro  su  vida  e  integridad  y  la  de su familia si concurre al  juicio1.   

En  tal  sentido, nótese cómo Rodolfo   Jaimes  adujo  en  torno  a  la  inasistencia  al  juicio  de  su sobrino Jaime Andrés  Leal      Jaimes      lo     siguiente:  “…está  amenazado  de  muerte,  el  chino  está  con miedo porque desde un principio le  dicen  que  le  van  a  descuartizar  a la mamá…”,  circunstancia  que  evidencia  la  gravedad  de la presión moral ejercida sobre  dicho   joven   y   explica   su   reticencia   a   comparecer   al   debate  de  juzgamiento.   

          El  actor  omite  abordar  el  examen  del  criterio jurisprudencial  expresado   por   la   Sala   sobre  el  particular,  en  orden  a  rebatir  las  consideraciones  allí  expuestas y, por ende, justificar la necesidad del fallo  de casación.   

          Ante  las  evidentes falencias de sustentación referidas, se impone  la inadmisión de los cargos 1, 2 y 3 de esta demanda.   

Cargo  4 de la demanda de  DANIEL GONZÁLEZ MARTÍNEZ   

Uno  de  los  postulados  orientadores  del  recurso  extraordinario  de  casación  lo constituye el principio de prioridad,  conforme  al  cual, si se formulan varias censuras, deben presentarse atendiendo  la  incidencia  procesal que cada una de ellas pueda acarrear a la actuación en  atención  al   efecto  corrector  o  invalidante  que  comporten.     De    esta    manera,     verbi  gratia,  si  se  propone  algún  cargo  que  comporte  nulidad  del  proceso,  debe  encabezar  el  libelo, pues si llegase a prosperar  impone  devolver la actuación para subsanar la irregularidad y, además, releva  a  la  Corte  de  pronunciarse  sobre  otros  reproches  de  menor repercusión.   

Siendo  ello  así,  resulta  evidente  la  transgresión  de  dicho  principio  por  parte  del casacionista al formular en  último  lugar  el  cargo  relativo  al  desconocimiento  de  la  estructura del  proceso.   

Con  todo, pasando por alto esa falencia, la  Sala  observa  que  el reproche formulado al amparo de la causal 2 del artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004 no satisface las exigencias mínimas de técnica y  debida formulación razón por la cual deberá inadmitirse.   

En  primer lugar, porque no indica la forma  como  se  produjo  la  violación  del  debido  proceso, esto es, de qué manera  fueron  socavadas  las  bases y estructura del trámite, dado que, en virtud del  principio  de  trascendencia que rige la declaratoria de nulidad del proceso, la  simple   ocurrencia   de  una  incorrección  no  conduce  necesariamente  a  la  invalidación  de lo actuado, en cuanto es preciso acreditar que aquella produjo  unos  resultados  adversos  y  lesivos a los intereses y derechos del sindicado,  pues  de  lo contrario, el vicio carece de trascendencia e imposibilita declarar  la pretendida invalidez.   

Así  mismo,  la  censura  no  elabora  un  discurso  por  cuyo  medio  se  haga  evidente  la  vulneración  de  garantías  fundamentales  del  procesado  ni  se  indican  las normas de índole sustancial  infringidas  con  ocasión  de  la  falencia   pregonada,  careciendo de la  sustentación debida.   

Ello por cuanto el reproche se circunscribe  a  pregonar  la  nulidad  de  la  actuación  por  afectación  del principio de  concentración  contenido  en  los  cánones  17 y 454 de la Ley 906 de 2004, en  tanto  el  juicio  se  prolongó  por más de cuatro meses, sin indicar cómo se  vulneró  el  derecho  sustancial o las garantías fundamentales de las partes e  intervinientes.   

En   este  sentido,  la  Corporación  ha  decantado  que  el  alcance  de  dicho postulado no precisa necesariamente de la  realización  del  juicio  oral  en  una  sola  audiencia   y  en  un  solo  día2,  pues  en  situaciones excepcionales es viable que se lleve a cabo  en  varias  sesiones  dependiendo  de  la complejidad del asunto, la cantidad de  pruebas  admitidas  que  deban  practicarse, la necesidad de conducir a testigos  renuentes,  la  inasistencia de los sujetos sin cuya presencia no resulta viable  surtir  el  juicio,  amén de las obligaciones del funcionario respecto de otros  trámites     cursantes     en     su    despacho3.   

En   otras  palabras,  las  disposiciones  normativas  de  carácter  ritual  no  se  justifican  por  sí  mismas, pues se  requiere  en cada evento ponderar su teleología y el ámbito de su protección.  De  lo  contrario  se  deriva  en  aplicaciones  formalistas  de las mismas que,  incluso, puede generar decisiones arbitrarias e injustas.   

En  suma, el reparo carece de trascendencia  y,  además,  el  actor  no  ajustó su demanda a las exigencias dispuestas para  postular  y  demostrar el cargo, razón por la cual se impone la inadmisión del  cargo.   

Demanda   a   nombre   de   WILSON MOGOLLÓN PINZÓN   

Este  libelo, al igual que el analizado con  antelación,  presenta  fallas  estructurales  en su planteo y sustentación que  impiden  el  examen  de  fondo por parte de la Corte, en la medida que no ofrece  razones  lógicas  y precisas sobre la forma como se concretó la afectación de  la  ley  sustancial,  presentándose  como  un alegato de instancia y no como un  libelo casacional.   

En efecto, el único cargo formulado pregona  el  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de las pruebas  por  dos  circunstancias:  i)  La  admisión y valoración de una prueba ilegal,  esto  es,  la  entrevista  acopiada  al  menor  Jaime  Andrés  Leal  Jaimes por parte de un investigador del  CTI,   sin   la   obligada   presencia  del  defensor  de  familia  (artículo  150 de la Ley 1098 de 2006) y,  ii)   El   testimonio   del   funcionario   de  policía  judicial  Moisés  Alberto  Cabrejo  Martínez sobre  los   hechos   que   le   narró   el   joven   Leal  Jaimes  constituye  prueba de referencia sin capacidad  de derruir la presunción de inocencia.   

Se  advierte, entonces, que al formular dos  reparos  en  el mismo cargo el libelista vulneró el principio de autonomía, en  tanto  los  reproches deben formularse en forma independiente, de suerte que los  motivos  de  uno  no  sean  el  sustento  de  otros  debido  a  que  esa  mezcla  argumentativa   atenta   contra   la   claridad   y  precisión  propias  de  la  casación.   

Además,  el  censor  invoca como causal el  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de las  pruebas,  sin  precisar  la  forma  a  través  de  la  cual  se concretó dicha  afectación,  pues,  como se indicó en acápites anteriores, son múltiples las  vías  para  reprochar  la incorrecta apreciación probatoria, cada una de ellas  con  naturaleza, características y exigencias diferentes. Así, se reitera, las  falencias   probatorias  deben  evidenciarse  en  casación   indicando  si  provienen  de  errores  de  hecho y de derecho. Si de los primeros se trata, los  mismos  consisten en falsos juicios de existencia, falsos juicios de identidad y  falsos  raciocinios;  si  son  los  segundos, ellos surgen por falsos juicios de  legalidad y falsos juicios de convicción.   

A  pesar  de  lo  anterior, el libelista no  señala  en  cuál  de  esas falencias incurrió el Tribunal  al admitir la  versión  de  los hechos suministrada por el investigador del CTI con base en la  entrevista   recaudada  al  menor  de  edad  Jaime Andrés Leal, sin la necesaria presencia del defensor de familia.   

Cada error en la apreciación de las pruebas  ostenta   diferentes  características,  constituyendo  un  imperativo  para  el  libelista  seleccionar la vía correcta para formular la censura. Ello, además,  porque  la demanda de casación debe expresarse como un juicio lógico, preciso,  claro  y  coherente,  pues  no  se  trata  de  un alegato de instancia, sino del  cuestionamiento  a  una sentencia cobijada por la doble presunción de acierto y  legalidad.   

De  otra  parte,  la  Sala encuentra que la  afirmación  del  libelista  según  la cual la entrevista del menor  Leal Jaimes se recaudó sin la presencia  del  defensor  de  familia,  no encuentra respaldo en el material probatorio por  cuanto  Moisés Alberto Cabrejo Martínez  afirmó  en  el  juicio  bajo  la gravedad del juramento que dicho  funcionario sí estuvo presente en esa diligencia.   

De esta manera, si la bancada de la defensa  consideraba   falaz  tal  manifestación,  debía  tachar  la  credibilidad  del  testigo,  más  aún  cuando  contaba  con  copia  de  dicha  diligencia. En tal  sentido,  nótese  como  se refirió el Tribunal a quo  al tema:   

“Igualmente, no  existe  discusión  respecto a que dicha declaración contó con la presencia de  un  defensor  de  familia,  pues  a  lo largo de su declaración el investigador  –si bien no mencionó que  alguno  hizo  presencia  y  al  interior  del  sumario  no se adjuntó copia del  testimonio  que  permitiera definir con certeza las personas que participaron en  la   diligencia-,   durante   el   contrainterrogatorio   la  defensa  preguntó  explícitamente  sobre  este  asunto  y  el investigador señaló que sí había  hecho  presencia  un  defensor de familia en la diligencia, pero no recordaba su  nombre,  circunstancia que no objetó el defensor de Daniel González Martínez,  a  pesar  de  que  contaba  con  una copia de la entrevista rendida por el joven  Jaime   Andrés  Leal,  según  lo  señaló  en  aquella  audiencia”4.     

De  otra parte, el actor señala que si, en  gracia   de   discusión,  se  aceptara  la  legalidad  del  referido  medio  de  convicción,  por  tratarse de prueba de referencia, carece de peso para derruir  la presunción de inocencia.    

Con todo, el libelista no confronta la norma  con  la  actuación  surtida  al  interior del proceso, razón por la cual no se  percata  que  aunque  el  inciso segundo del artículo 381 de la Ley 906 de 2004  señala  que  “la  sentencia condenatoria no podrá  fundarse  exclusivamente  en  pruebas de referencia”,  ello  no  comporta  que  esa  clase de prueba no pueda contribuir a apuntalar un  fallo  en  dicho  sentido,  pues  la prohibición contenida en esa preceptiva se  refiere   a   la   imposibilidad   de  proferir  sentencia  condenatoria  basada  únicamente  en  ese  tipo  de  probanza,  hipótesis descartada en el caso bajo  examen.   

En efecto, tal como se analizó a espacio al  calificar  la  demanda  anterior,  el  Tribunal dedujo la responsabilidad de los  procesados  no  sólo  de  la versión del joven Jaime  Andrés  Leal  Jaimes,  trasmitida por el investigador  Cabrejo  Martínez, sino de  otros  testimonios  e, incluso, de la prueba pericial acopiada en el juicio, por  manera  no  se  desconoció  la  regla  contenida  en  la  referida  preceptiva.   

Así las cosas, encuentra la Colegiatura que  el  libelo no se ajusta a las exigencias dispuestas para postular y demostrar el  reproche   contra   el   fallo   de   segundo  grado,  razón  por  la  cual  se  inadmite.   

Finalmente  es pertinente indicar que no se  advierte  en el curso del diligenciamiento o en la sentencia objeto del recurso,  violación  de  derechos  o  garantías  de  los  procesados  como para que ello  determinara   ejercer   la  facultad  oficiosa  que  en  punto  de  asegurar  su  protección le confiere el legislador a la Corte.   

Cuestión final.  

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las  reglas  que  habrán  de  seguirse  para su aplicación, como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por cuyo medio la Sala resuelva inadmitir la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR     las           demandas  de  casación interpuestas        por        los          defensores    de  DANIEL  GONZÁLEZ MARTÍNEZ  y  WILSON MOGOLLÓN PINZÓN,  por las razones expuestas en la parte motiva de este auto.   

De  conformidad con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO            FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                             LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Providencias  del  12  de  febrero de 2009, Rad. No. 30598 y 14 de septiembre de  2009, Rad. No. 32050.   

2 Cfr.  Sentencia del 4 de marzo de 2009, Rad. No. 30645.   

3 En el  evento  bajo estudio, por ejemplo, el juicio se adelantó en cuatro sesiones: se  inició  el  23  de  febrero  de  2010,  oportunidad  en la que no se alcanzó a  recaudar  la  prueba  decretada;  continuó el 26 del mismo mes con el acopio de  medios  de  convicción,  pero se suspendió por solicitud de la defensa ante la  inasistencia  de su testigo Aduar Edith Kener Lizarazo  Díaz;  el  20  de  abril  tampoco  compareció dicho  deponente,  siendo  suspendida la audiencia por tal razón; finalmente, el 16 de  julio  de 2010 se culminó el debate con el anuncio del sentido condenatorio del  fallo.    

4 Cfr.  Folio 464 carpeta de la causa.     

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