37530(09-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37530  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado: Acta No. 176-  

Bogotá,  D.C., nueve (9) de mayo de dos mil  doce (2012)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La Sala examina los presupuestos jurídicos,  lógicos  y  argumentativos  de  las  demandas  de casación presentadas por los  defensores  de  Luis  Enrique  Murallas  Gutiérrez y  Francisco  Giovanni  Peña  Marín, contra la sentencia  del  28  de julio de 2011, proferida por la Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  que  confirmó con algunas modificaciones la  adoptada  por  el  Juzgado  2  Penal  del Circuito de Bello, Antioquia, el 15 de  marzo de 2011.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El Tribunal resumió la cuestión fáctica  así:   

“Con   fundamento   en  comunicado  del  periódico  El Tiempo y ADN que informaba sobre una serie de irregularidades que  se  venían  presentando en la Cárcel Nacional Bellavista, relacionadas con los  cobros  indebidos de dinero a internos por parte del personal de guardia y otros  servidores  de la oficina de Tratamiento y Desarrollo con el fin de ser ubicados  en  actividades  que permitieran la redención de pena, el 20 de mayo de 2009 se  inició  una  indagación  preliminar,  al  interior  de  la cual, el 26 de mayo  siguiente,  el  Personero  Municipal  de Bello remitió una serie de quejas ante  él  presentadas  por  internos  del  penal  relacionadas con el mismo problema,  donde  se  pudo  establecer que efectivamente era de público conocimiento en la  población   carcelaria  que  para  lograr  descontar  pena  a  través  de  las  actividades  establecidas  por  la cárcel, necesariamente se debía efectuar el  pago  de sumas de dinero, encontrándose involucrados en dicha actuación varios  miembros  de  la  guardia, entre ellos, el Jefe de Tratamiento y Desarrollo Luis  Enrique  Murallas  Gutiérrez quien ejecutaba la delincuencia utilizando a (sic)  tres  tipos  de  conducta:  la  primera,  exigiendo  directamente a los internos  dineros  para  incluirlos  en  la lista de aspirante a la actividad que generaba  descuento  de  la  pena;  la  segunda, formulando la exigencia a través de Juan  Armando  Lozano  Díaz  o  Francisco  Giovanni  Peña  Marín;  y,  la  tercera,  formulando  el  ilícito  requerimiento  a través de otros internos como Duvier  Alberto   Bedoya  Marín  y  Luis  Enrique  Suárez1.   

2.  El  13 de noviembre de 2009, se llevó a  cabo   audiencia   preliminar  de  legalización  de  captura,  formulación  de  imputación    e    imposición    de    medida   de   aseguramiento2,   ante  el  Juzgado  2  Penal  Municipal  con  función  de  control de garantías de Bello,  Antioquia,   respecto   de   los   señores  Murallas  Gutiérrez,  Aristizábal  Escobar y Lozano Díaz y el  17  de  noviembre  siguiente,  ante el Juzgado 3 Penal Municipal con función de  control  de  garantías del mismo municipio, se realizaron las mismas audiencias  preliminares  concentradas  en relación con Francisco  Giovanni            Peña           Marín3.   

El  9  de  diciembre del mismo año, ante el  Juzgado  1  Penal  Municipal  con  función  de  control  de  garantías  de esa  localidad,   se  adicionó  la  imputación  respecto  de  Murallas  Gutiérrez,  Aristizábal  Escobar  y  Lozano  Díaz  en  el  sentido  de  endilgarles  cinco  concusiones                   más4.   

3.  El 11 de diciembre de 2009, la Fiscalía  presentó       escrito      de      acusación5 y el 18 de enero de 2010, ante  el   Juez   2   Penal  del  Circuito  de  Bello,  Antioquia,  con  funciones  de  conocimiento,   se   realizó  audiencia  de  formulación  de  acusación  como  coautores  de  los  delitos  de  concusión,  concierto para delinquir, falsedad  ideológica  en  documento público y fraude procesal, conforme a los artículos  404, 340, 286 y 453 del Código Penal.   

4.     Celebradas    las    audiencias  preparatoria6      y      de      juicio     oral7,  el  15  de marzo de 2011, el  juez   de   conocimiento   profirió   sentencia   en   contra  de  Luis  Enrique  Murallas  Gutiérrez  como  autor  responsable  del  concurso  de 14 concusiones, 24 falsedades en documento  público  y 9 fraudes procesales y lo absolvió por el injusto de concierto para  delinquir.  Le  impuso  la  pena  de 22 años de prisión, multa de 180 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  200  meses  y  le  negó  la suspensión  condicional  de  la  pena y la prisión domiciliaria8.   

A   Francisco  Giovanni  Peña  Marín  Riso,  lo condenó como autor  responsable  de  4  concusiones  en  concurso  homogéneo  y lo absolvió de los  demás  cargos.  Le impuso la pena de 9 años y 6 meses de prisión, multa de 70  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  95  meses  y le negó la suspensión  condicional  de  la  pena y la prisión domiciliaria9.   

A Juan Armando Lozano Díaz, lo condenó como  autor  responsable de 5 concusiones en concurso homogéneo y lo absolvió de los  demás  cargos.  Le  impuso  12 años de prisión, multa de 90 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  110 meses y le negó la suspensión condicional de la  pena      y     la     prisión     domiciliaria10.   

5.  La  decisión fue recurrida y confirmada  con  algunas  modificaciones  el  28  de  julio  de  2011, por la Sala Penal del  Tribunal    Superior    de   Medellín   que:   i)   condenó   a   Luis  Enrique  Murallas  Gutiérrez  como  autor  responsable  del  concurso de delitos de 13 concusiones, 20 falsedades en  documento  público  y  22  fraudes  procesales  y  del  delito  concierto  para  delinquir  por  el que había sido absuelto. Así mismo lo declaró inocente por  un  delito  de  concusión  y  dos delitos de falsedad. Le impuso la pena de 222  meses  de  prisión,  multa  de 70 salarios mínimos legales mensuales vigentes,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  tiempo  de  la pena principal y le negó la suspensión condicional de la  pena    y    la    prisión    domiciliaria;   ii)   condenó   a   Francisco  Giovanni  Peña  Marín  Riso y  Juan  Armando  Lozano Díaz como coautores responsables del delito de concusión  en  concurso  homogéneo  y  concierto  para  delinquir  por el que habían sido  absueltos.  Les  impuso  la  pena de 130 meses de prisión, multa de 70 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por el mismo término de la pena principal. Les  negó    la    suspensión    condicional    de    la   pena   y   la   prisión  domiciliaria.   

LAS DEMANDAS  

1.    La   defensora   de   Luis  Enrique Murallas Gutiérrez formuló  dos cargos, que desarrolló así:   

Por  el  delito de concusión: primer cargo  por aplicación indebida y falta de aplicación de la ley.   

Se  incurrió  en  violación  directa  del  artículo  404  del  Código  Penal  por  aplicación indebida del artículo 246  inciso   3   y   falta  de  aplicación  del  artículo  6  del  mismo  estatuto  (favorabilidad).   

Luego  de  realizar  un  estudio doctrinal y  legal  sobre  el  delito  de  concusión  y  citar  algunas  normas  del Código  Penitenciario  que  consagran  las  funciones  de  los Consejos de evaluación y  tratamiento  en  relación  con  el trabajo y estudio en los establecimientos de  reclusión,  considera  que en el presente evento no se configuró esta conducta  punible,  pues  los  funcionarios  condenados,  ninguno  pertenecía  al órgano  colegiado encargado de autorizar la redención de sus penas.   

Destacó que los funcionarios de instancia no  realizaron  un  análisis  acerca  de  las  conductas  investigadas “pues   las   pruebas   se  dirigieron  a  demostrar  el  pago  o  remuneración  recibida,  sin que se ahondara en el hecho de que aunque lograron  ubicar  a  estas  personas en una actividad válida para redención, no lograban  cumplir   el   objetivo  de  que  realmente  pudiesen  redimir  pena11.”   

Anotó  que  en  los  eventos  en los que el  servidor  público no tiene la capacidad de decisión, pero sí la de engañar a  sus  víctimas  para  obtener  un beneficio, se está en presencia del delito de  estafa,  conducta  que  por  virtud del principio de favorabilidad fue la que se  debió    aplicar   por  ser  más  benéfica  para  los  intereses  de  su  representado.   

Demanda  casar  la  sentencia  y  absolver a  Murallas  Gutiérrez por los  delitos de concusión por los que fue acusado.   

Por  el  delito  de  fraude procesal, cargo  único: falso juicio de identidad   

Después de desarrollar un sucinto análisis  dogmático  sobre  el delito de fraude procesal, indica que en el desarrollo del  proceso   se  constató  que  “las  tutelas  a  los  señores  Jueces,  no les fueron respondidas por el señor Luis Enrique Murallas  Gutiérrez;  pues  tal  y  como  está  probado  esa  función  la ejerció como  correspondía  el Asesor Jurídico del establecimiento, basándose no solo en la  respuesta  que  de  la  oficina  de  Tratamiento y Desarrollo les enviaron, sino  también  en  argumentos  de  hecho  y de derecho que le permitieran explicar la  situación  concreta  de  cada uno de los tutelantes12.”   

Por  tal  razón, considera la libelista que  los  falladores  incurrieron en un yerro pues “no es  viable  que  las  instancias  den  un  alcance  a las respuestas emitidas por el  señor  Murallas  a  la  Oficina  Jurídica,  distorsionando el sentido a fin de  poder  inferir que el documento extendido fue la única base que indujo en error  al  Juez,  sin  que  se  haya  visualizado  la posición de garante que tiene el  director        del        Establecimiento…13”.  En  tales  condiciones,  no  es  posible  colegir que su asistido  pretendía que los jueces profirieran decisiones injustas.   

Solicita, se case la sentencia y se dicte una  absolutoria de remplazo.   

2.  Por su parte, la defensa de Francisco  Giovanni  Peña Marín presenta  un cargo que sustentó de la  siguiente manera:   

Cargó único: error de hecho.  

Con  fundamento  en  la  causal  primera del  artículo  207  numeral  1  del  Código  de  Procedimiento  Penal  “por  ser  la  sentencia  de  segunda  instancia  violatoria  de  la  norma sustancial, en forma indirecta por ERROR DE  HECHO,  respecto  a la prueba testimonial rendida en el proceso por parte de los  Señores:  Duvier  Alberto  Bedoya Álvarez, Evelio de Jesús Cardona Martínez,  Cesar  Augusto  Arango  Agudelo,  Nancy  María Arango (esposa de Duvier Alberto  Bedoya   Álvarez)   y   Nelson   de   Jesús  Taborda  Pulgarín…14”,  pues   el  Tribunal  al  valorarlos,  desconoció  el  artículo  277  del  Código  de Procedimiento Penal y los principios de la sana  crítica,  especialmente,  en  cuanto  al objeto percibido, el estado de sanidad  del  sentido  o  sentidos,  las  circunstancias de tiempo modo y lugar en que se  percibió,  la  personalidad  del  declarante y las singularidades que se puedan  observar en los testimonios.   

Sostiene que: “el  error  de  hecho que quebranta en forma indirecta la norma sustancial, encaja en  el  concepto  jurisprudencial  de  “Falso juicio de Existencia que se presenta  cuando  el  fallador  ignora,  desconoce u omite el reconocimiento de una prueba  procesalmente  válida,  como  aconteció con el testimonio de la señora María  del           Carmen           Álvarez…15”   

Después de transcribir algunos apartes de lo  referido  por  María  del  Carmen  Álvarez,  Duvier  Alberto Bedoya, Nelson de  Jesús  Taborda  Pulgarín  y  Evelio  de  Jesús  Cardona,  emite su particular  percepción  sobre la valoración que ha se debido otorgar a tales pruebas, para  luego  asegurar  que el Ad quem “incurre en Error de  hecho,  al  ejercer  un falso juicio de existencia; un falso juicio de identidad  como  también  un  error  de  apreciación  ya  que  los  testigos en mi sentir  tergiversan  el  contenido de los hechos, al afirmar que mi cliente, recibió en  varias          ocasiones         dineros…16.”   

En  ese  orden,  considera  el  censor,  los  falladores  “no tuvieron en cuenta los elementos de  la  sana  crítica,  es  decir,  de  la  lógica jurídica de la ciencia o de la  experiencia17”,   pues  la  prueba  fue   “totalmente   distorsionada   y  tergiversada”  con lo cual demuestra el error invocado.   

Solicita por tanto, se case el fallo dictando  uno   de   carácter   absolutorio  en  favor  de  su  representado.   

CONSIDERACIONES  

Las exigencias de la casación.  

Acorde con lo previsto en el artículo 181 de  la  Ley  906  de  2004,  el  recurso  de  casación  es  un mecanismo de control  constitucional18  y  legal  que  procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia, y que  de  acuerdo  con  lo  señalado en el artículo 180 del mismo ordenamiento tiene  como   finalidad   (i)  la  efectividad  del  derecho  material,  (ii)   el   respeto   de   las  garantías  fundamentales,  (iii)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos   y   (iv)   la  unificación de la jurisprudencia.   

En  tal sentido, el libelo debe contener los  argumentos   que   evidencien   la   vulneración   de   derechos  o  garantías  fundamentales,  además  de  la  invocación  de  las causales pertinentes, cuyo  desarrollo   impone   el   respeto  a  las  reglas  que  rigen  la  impugnación  extraordinaria.   

        De la  demanda a nombre de Luis Enrique Murillo Gutiérrez.   

El  impugnante  presentó  dos  cargos,  el  inicial,  con  base  en  la  causal  primera,  por  violación directa de la ley  sustancial,  en el sentido de falta de aplicación y aplicación indebida frente  al  delito  de  concusión  y,  el  segundo,  apoyado  en  la causal tercera del  artículo  181  de la Ley 906, proveniente de error de hecho por falso juicio de  identidad, respecto del delito de fraude procesal.   

    

1. Violación  directa de la ley sustancial por aplicación indebida y  falta de aplicación.     

La  Corte, insistentemente, ha sostenido que  los  argumentos  relacionados con la violación directa de la ley sustancial han  de  ser  expuestos  en  estricto  raciocinio jurídico, sin que en su desarrollo  resulte  admisible plantear o sugerir la comisión de errores en la apreciación  probatoria,  pues,  de  presentarse  aquellos,  se  deben  formular en capítulo  separado  haciendo  mención  expresa  de  la  clase  de error probatorio en que  incurrió  el  juzgador,  si  de  hecho  o  de  derecho, y precisar la especie y  trascendencia    que    tuvo    en    la    parte    dispositiva    del    fallo  cuestionado.   

Cuando  se alega la violación directa de la  ley  sustancial,  el  actor acepta los hechos tal y como fueron declarados en el  fallo,  y  admite  el  mérito  persuasivo asignado a los medios probatorios que  sirvieron  de fundamento a la decisión, y su carga consiste en demostrar que el  Ad  quem se equivocó en la  selección   o   comprensión   de  la  norma  sustancial  finalmente  aplicada.   

La  casacionista incurrió en las siguientes  irregularidades:   

(I) Aunque aduce que la falla tuvo lugar por  aplicación    indebida    del    artículo    40419  del  Código  Penal  y  la  consecuente   falta   de   aplicación   del   artículo   246   de   la   misma  normatividad20,  (por  ser  éste  último precepto mas  favorable),     sus     argumentos     –en contravía de lo debido por razón  de  la  senda  escogida-  se orientan a demostrar, con  gran  insuficiencia,  que  el  acusado  dentro  de  sus  funciones, no tenía la  capacidad  de  tomar  ninguna decisión en torno a la ubicación de los reclusos  para  lograr  la  redención de sus penas y por tanto, no incurrió en el delito  de concusión, sino en el de estafa.   

En  estas condiciones, lo que presentó como  yerro  no  fue más que un alegato de libre factura, en donde especuló sobre la  forma  en  que  se  ha  debido  valorar la prueba para colegir la existencia del  delito de estafa y no el de concusión.   

(II)  Ahora, si lo pretendido era cuestionar  el  proceso  de  valoración  probatoria,  tenía  que recurrir a la senda de la  violación  indirecta  por  error  de  hecho,  debiendo  especificar si ello fue  producto  de  un falso juicio de identidad, de existencia o raciocinio. Con nada  de ello cumplió la demandante.   

(III) El desarrollo del cargo no es más que  su  personal  interpretación sobre la forma en que han debido ser valoradas las  pruebas  recaudadas,  lo  que la llevó a concluir, en contra de las inferencias  judiciales,  que  en  la  sentencia  no  se  demostró el abuso del cargo y/o la  función  por  parte  del  procesado, insistiendo en su postura de que aquél no  tenía  poder  decisorio  para  autorizar  la  redención  de pena, discrepancia  probatoria que se opone al recurso extraordinario.   

(IV) Este ejercicio, que se puede admitir en  las  instancias  ordinarias del proceso, resulta ajeno al recurso extraordinario  de  casación  pues  este  Tribunal  no cumple como un superior funcional de los  jueces  llamados  a dirimir los conflictos entre los asociados, lo que impide la  reapertura del debate probatorio ya superado.   

(V) En consecuencia, es clara su desatención  de  cara  a  las reglas de argumentación que rigen la técnica casacional, pues  la  modalidad  de reproche escogida para atacar la sentencia: violación directa  de  la  ley  sustancial,  no  es  coherente  con  la  fundamentación  del cargo  intentado,  el cual apunta a demostrar errores de apreciación de la prueba, con  lo cual desatendió el principio lógico de debida argumentación.   

(VI)  Para  la  Sala  es  evidente  que  la  libelista  está  inconforme  con  los  hechos tal como fueron concebidos por el  Tribunal,  y  además  no comparte la forma en que esa Corporación apreció las  pruebas,  concretamente  los medios de conocimiento que demostraban que Murallas  Gutiérrez   en   su   condición  de  Jefe  de  Tratamiento  y  Desarrollo  del  establecimiento  carcelario,  participaba en las Juntas de Evaluación, Trabajo,  Estudio  y  Enseñanza  del  Centro  de  Reclusión,  y  por  tanto,  tenía las  facultades  para  que los reclusos accedieran a determinadas actividades que les  permitían  redimir  penas,  lo  que  viabiliza  la  exigencia  dineraria que se  reprochó,  con  lo  cual  transgredió el principio de autonomía que rige este  excepcional  recurso, pues no es posible confundir en un mismo cargo un reproche  que tiene distinto sentido de violación.   

(VII)  Así  las  cosas,  como quiera que el  cargo  quedo  huérfano  en  la  demostración  de  los errores atribuidos en la  sentencia,  y  la Corte, en virtud del principio de limitación, no puede entrar  a complementar el libelo, se impone la inadmisión de la demanda     

1. Falso juicio de identidad.     

(I) Cuando el yerro alegado es de hecho, por  falso  juicio  de  identidad, este se traduce en aquella situación en la que el  operador  judicial,  no  obstante, considerar oportuna y legalmente recaudada la  prueba,  al fijar su contenido, la distorsiona, cercena o adiciona su expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que objetivamente no se establecen de  ella.   

En  esta  clase  de  error  se  le impone al  casacionista:  (i) señalar  en     concreto     qué     dice     el    medio    probatorio,    (ii)  qué  exactamente dijo el juzgador,  (iii) cómo se tergiversó,  cercenó  o  adicionó  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente no se  establecen  de  él, y lo más importante, la trascendencia del desacierto en la  declaración   de   justicia   contenida   en   la   parte   resolutiva   de  la  sentencia.   

(II) Cuando se escoge esta senda, le resulta  forzoso  al  demandante,  esmerarse en que los argumentos con los que soporta su  tesis  no  se  conviertan  en  una  mera discrepancia probatoria, lo que podría  tener  lugar  cuando,  se confunde la materialidad de la prueba con lo declarado  probado  por  el  juzgador  o se trastoca uno y otro concepto, como en el asunto  analizado,  en el que se aduce la distorsión de su contenido cuando todo apunta  a   discrepancia   frente   a   la   valoración   que   se   le   concedió  al  mismo.   

(III) En el caso concreto, limitó la letrada  el  espacio  que  tenía  a  indicar que se le otorgó un alcance distinto a las  respuestas  entregadas  por el ex funcionario Murallas  Gutiérrez   a   la   Oficina  Jurídica  del  centro  carcelario,  sin  detenerse  a  demostrar a partir de las citas textuales de los  referidos  escritos, qué dicen los medios probatorios, qué expresaron de ellos  los    falladores   y   cómo   fueron   tergiversados.   Con   nada   de   ello  cumplió.   

(IV)  De  igual manera, la libelista olvidó  por  completo  señalar  la  trascendencia  del  error  que denuncia y cómo esa  incorrección  que  dice  ocurrió,  vulneró  algún  derecho o garantía de su  representado;  a  ello  se suma que no cumplió con la carga de acreditar que la  enmienda  a ese presunto yerro daría lugar a una decisión distinta y favorable  a los intereses de su representado.   

(V)  Lo  argumentado,  en últimas, no es un  error  demandable  en  casación,  sino la percepción particular sobre la forma  como  en  su  opinión se debieron valorar algunos medios de prueba, con lo cual  desconoce  que  el  debate  culminó  con  el proferimiento del fallo de segunda  instancia,  con mayor razón, cuando el Tribunal sobre estos concretos medios de  prueba  indicó:  “En el  sub  examine  no  puede discutirse que el acusado ejecutó directamente ante las  diferentes  autoridades  judiciales  de  tutela  de manera directa, a través de  memorandos  por  él  expedidos que acompañaron las respuestas del director del  penal  a cada requerimiento judicial, una acción tendiente a inducir en error a  esos        falladores        constitucionales21”.   

(IV) De esta manera, como quiera que el cargo  quedo  huérfano  en la demostración de los errores atribuidos en la sentencia,  y  la  Corte,  en  virtud  del  principio  de  limitación,  no  puede  entrar a  complementar el libelo, se impone la inadmisión de la demanda.   

De  la demanda  a     nombre     de  Francisco              Giovanni Peña Marín   

    

1. Error de hecho.     

El  primer  desatino  del actor, consiste en  postular  el  reproche  con  apego  a  la  causal  primera  del  artículo  207,  procedente  para  los procesos guiados por la sistemática reglada en la Ley 600  de  2000,  siendo  que  el  proceso  se  tramitó  con  base en el procedimiento  establecido  en  la  Ley  906  de  2004. Además,    en   su   desarrollo   incurrió   en   las   siguientes  irregularidades:   

(I)  Señaló el primer motivo de casación,  “por  error  de  hecho”  pero  no  identificó  técnicamente  el  sentido  del  yerro,   pues   aunque   pareciera  que  es  por  falso  raciocinio,  ya  que  es  por esta vía que se puede  alegar  el desconocimiento de  los  postulados  de  la  sana crítica, tal censura le exigía como presupuesto,  que  expresara qué dice de manera objetiva el medio, qué infirió el juzgador,  cuál  mérito persuasivo le fue otorgado, cuál postulado de la lógica, ley de  la  ciencia  o máxima de la experiencia fue desconocida, debiendo indicar cuál  es  el aporte científico correcto, la regla de la lógica apropiada, la máxima  de   la   experiencia  que  debió  tomarse  en  consideración,  y  finalmente,  argumentar la trascendencia del defecto en la decisión final.   

Sin  embargo,  aparte de que no cumplió con  tales  previsiones,  incursionó  en  algunos  desaciertos  que  desconocen  los  principios  de debida argumentación, trascendencia y autonomía de las causales  de casación, como pasa a verse.   

(II) Limitó su argumentación a realizar la  transcripción   de   breves   apartes   de   algunas   de   las   declaraciones  cuestionadas22,  sin  detenerse  a indicar -si   la   vía   escogida   era  el  faso  raciocinio-,  cuál  fue  el  merito persuasivo otorgado por el Tribunal a estos  testimonios  y  de  qué  forma  se  desconocieron  los  postulados  de  la sana  crítica.   

(II) Ahora bien, cuando pretendió cumplir la  carga,  incursionó  indebidamente en la senda de un falso juicio de existencia,  por  reclamar  que  los  falladores  desconocieron  el  testimonio de la señora  María    del    Carmen    Álvarez,   de  donde  surge  que  lo  que reprocha no es la vulneración de las  reglas  de  la  sana crítica, como método de apreciación probatoria, sino que  se  hubiera  ignorado  una  prueba  que  materialmente  se  hallaba dentro de la  actuación;     sin     embargo,     tampoco     cumplió    con    la    debida  argumentación.   

(IV)  Pero  ahí  no  se quedaron las faltas  reclamadas,  pues  siguiendo  con  su confuso discurso y dentro del mismo cargo,  censura  la  valoración  del  Tribunal  en  relación  con las declaraciones de  María  del  Carmen  Álvarez,  Duvier  Alberto Bedoya, Nelson de Jesús Taborda  Pulgarín  y  Evelio de Jesús Cardona, destacando que por ello, se “incurre  en  Error  de  hecho,  al  ejercer  un  falso juicio de  existencia;  un falso juicio de identidad como también un error de apreciación  ya   que   los   testigos   en   mi  sentir  tergiversan  el  contenido  de  los  hechos…23”   

Con  tal  forma  de  fundamentar  el reparo,  incurre  en  yerros  trascedentes  de  lógica  pues  mientras  anuncia un falso  raciocinio,  en  su  desarrollo  reprocha  la  presencia  de  falsos  juicios de  existencia  e identidad, reparos que no se pueden invocar de manera simultánea,  en  la medida que resultan excluyentes, lo que además transgrede el mandato que  prohíbe formular cargos contradictorios.   

Ahora,   si  su  propuesta  era  denunciar  distintos  yerros,  estaba  obligado  a  realizarlo  en  forma  separada y al no  hacerlo,  vulneró  el  principio  de  autonomía,  pues  si  lo  pretendido era  cuestionar  el  mérito  persuasivo que le fue otorgado por los juzgadores a los  testimonios  por  atentar  contra  los  postulados  de  la  sana crítica, se le  imponía  dirigir  el  ataque  por  la vía del falso raciocinio, cumpliendo las  exigencias ya anotadas.   

Si  por  el  contrario,  lo discutido era la  omisión  en  la  apreciación  probatoria  respecto al testimonio de María del  Carmen   Álvarez,   lo  propio  era  alegar  un  falso  juicio  de  existencia,  confrontando  el  contenido de aquel elemento de juicio con los que sirvieron de  sustento a la decisión de condena, tarea que tampoco acometió.   

(V)  En  estas  condiciones,  los  presuntos  errores  cometidos,  ni  se  enuncian acertadamente, ni se demuestran. Lo que se  presenta  como  tal,  no  apunta  a  un  defecto  de  la  sentencia,  sino  a la  inconformidad  defensiva  con  las  razones  judiciales  que llevaron a dotar de  eficacia  probatoria  algunas  pruebas,  en contraposición con la que aspira el  defensor que le sea valorada.   

(VI)  Se  concluye,  entonces, que el censor  dejó   de  atender  los  mínimos  requerimientos  de  claridad,  precisión  y  coherencia,    indispensables   para   demostrar   la   ilegalidad   del   fallo  impugnado,   

y   en   consecuencia,  la  demanda  será  inadmitida.   

En  síntesis,  las  demandas  de  casación  presentadas  por  la  defensa de los acusados no cumplen las exigencias mínimas  de  orden  formal  y  sustancial  requeridas  para  su  admisión, por tanto, se  inadmitirán.   

Cuestión final  

Al margen de los desaciertos contenidos en la  formulación  de  los reproches, como la Sala advierte una eventual vulneración  de  las  garantías fundamentales de los procesados en la fase de determinación  de  la  pena24,  en  favor  de  la  efectividad del derecho material y del control  constitucional  y  legal de las sentencias judiciales que corresponde a la Corte  Suprema  de  Justicia,  hará  uso  de la facultad oficiosa pues el Ad  quem  al  momento  de  redosificar la  sanción  por  razón  de  los  concursos no respetó la proporcionalidad en las  penas impuestas.   

Por  ello  se  DISPONDRÁ  que una vez cobre  ejecutoria  la  presente decisión, y se resuelva el mecanismo de insistencia en  el  evento  de  que fuere propuesto, REGRESE el proceso al Despacho del suscrito  Magistrado  ponente  para  que  la  Sala  oficiosamente  profiera  la respectiva  decisión.   

Como se trata de una corrección oficiosa de  la  sentencia  y  no de una respuesta a los cargos propuestos por el recurrente,  NO  DISPONDRÁ  la  celebración  de  la  audiencia de sustentación del recurso  extraordinario  de casación (artículo 185 de la Ley 906 de 2004) por cuanto la  procedencia  de  la  audiencia  se  circunscribe  a  los  casos de admisión del  libelo25.   

El mecanismo de la insistencia  

Contra  la decisión de inadmitir la demanda  de  casación,  procede  el  mecanismo  de  insistencia,  de  conformidad con lo  establecido  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de 2004, cuyas reglas, en  ausencia  de  disposición  legal,  han  sido  definidas  por  la  Sala  en  los  siguientes                 términos26:   

(i)          La insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  inadmitir  la demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal  –  siempre que el  recurso  de  casación  no  hubiera  sido interpuesto por un Procurador Judicial  –,   el   Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

ii)           La  solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de  sus  Delegados para la  Casación  Penal,  ante uno de los Magistrados que haya salvado voto en cuanto a  la  decisión  mayoritaria de inadmitir la demanda o ante uno de los Magistrados  que no haya intervenido en la discusión.   

iii)            Es  potestativo  del Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

iv)          El  auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR  las  demandas  de  casación  presentadas  por  los  defensores  de Luis   Enrique  Murallas  Gutiérrez  y  Francisco  Giovanni  Peña  Marín.   

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia,  de  conformidad  con  el artículo 184, inciso 2º, del Código de  Procedimiento Penal.   

Segundo.     ORDENAR    que  las  diligencias REGRESEN  al  Despacho  del Magistrado Ponente en la oportunidad definida en  las  consideraciones  de  esta  providencia, con el propósito de que la Sala se  pronuncie   oficiosamente  acerca  de  la  posible  vulneración  de  garantías  fundamentales del procesado.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ  CAMACHO   

            

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO  

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ   

            

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ     MUÑOZ   

Excusa justificada  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

            

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO  

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA   

            

JAVIER  DE JESÚS  ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  1865 cuaderno original 6.   

2  Folios 41 a 42 cuaderno original 1   

3  Folios 64 a 65 ibídem.   

4  Folios  57  ibídem,  Se  precisa  que  a  Peña  Marín  no  se le adicionó la  imputación porque no se encontraba asistido de abogado.   

5  Folios  98  a  112  cuaderno  original 1. En el escrito se precisa que fueron 23  concusiones,  concierto  para  delinquir,  distintas  falsedades ideológicas en  documento  público  en  22  trámites  y 22 fraudes procesales, respecto de las  cuales  Aristizábal  Escobar  y Murallas Gutiérrez coordinaban las solicitudes  de  redención,  y  el  cobro  por  esos  procedimientos  lo  realizaba  a veces  directamente   Murallas   Gutiérrez  o  a  través  de  Lozano  Díaz  y  Peña  Marín.   

6  Folios 336 y sgtes cuaderno original 2   

7  Folios 1278 y sgtes cuaderno original 5.   

8 Fls  1490 a 1639 cuaderno original 5.   

9  Ibídem.   

10  Ibídem.  En  la  misma  sentencia  absolvió  de  todos los cargos a Jhon Jairo  Aristizábal Escobar.   

11  Folio 1930 cuaderno original 6.   

12  Folio 1933 cuaderno original 6.   

13  Folio 1934 ibídem.   

14  Folio 1940 ibídem   

15  Folio 1941 ibídem.   

16  Folio 1942 ibídem   

17  Folio 1943 ibídem   

18  Articulo 235 numeral 1 de la Constitución.   

19     “ARTICULO   404.  CONCUSION.  El  servidor  público  que  abusando  de  su cargo o de sus funciones constriña o induzca a alguien a dar o  prometer  al  mismo  servidor  o  a un tercero, dinero o cualquier otra utilidad  indebidos, o los solicite, incurrirá en prisión…”   

20     ARTICULO  246. ESTAFA.  :El que obtenga provecho ilícito para sí o para un tercero, con  perjuicio  ajeno,  induciendo  o  manteniendo  a  otro  en  error  por  medio de  artificios o engaños, incurrirá en prisión   

21  Folio 1934 Ibídem   

22  Duvier  Alberto  Bedoya  Álvarez,  Evelio  de Jesús  Cardona  Martínez,  Cesar  Augusto Arango Agudelo, Nancy María Arango y Nelson  de Jesús Taborda Pulgarín.   

23  Folio 1941 ibídem.   

24 Que  no en materia de la responsabilidad penal.   

25Cfr.   CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, auto del 9 de noviembre de  2009,  rad.  núm.  31732;  ib. auto del 23 de agosto de 2007, Radicado No.  28059, entre otros.   

26  Auto del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

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