37257(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No. 376  

Bogotá D.C., diez (10) de octubre de dos mil  doce (2012).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado ALEX YIME YIME, contra la  sentencia  de  segundo  grado  de  24  de  febrero  de 2011, mediante la cual el  Tribunal  Superior  de Barraquilla confirmó la emitida por el Segundo Penal del  Circuito  del  mismo  Distrito  Judicial,  a través de la cual lo condenó como  autor  del  delito  de  homicidio  agravado  en  concurso con hurto calificado y  agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  aspecto  fáctico  fue presentado por el  Tribunal así:   

“El día 1° de septiembre de 2007 a las 6  pm  se  presentaron  dos  sujetos  al  negocio  de  razón  social  ‘El         volante’,  ubicado en la carrera 44 con calle  9  de  esta  ciudad  (Barranquilla), solicitando dos cervezas al ciudadano Pablo  Pareja  propietario  del  negocio.  Empero  al  ser  informados que ya no había  servicio  lo  encañonaron  y lo obligaron a entregar el dinero que tenía en la  caja  registradora  del  negocio.  No  contentos  con esta suma (aproximadamente  $900.000,ooo)  le  exigieron  más  dinero  a  Pareja Nova y al ver que éste no  contaba con efectivo le dispararon y huyeron del lugar”.   

Luego de adelantar la indagación preliminar,  la  Fiscalía  General  de la Nación pudo establecer que ALEX YIME YIME fue uno  de  los agresores, de manera que abrió formal investigación penal en su contra  y  lo  vinculó a través de indagatoria para resolverle la situación jurídica  mediante  proveído  de  21  de  enero  de  2007  con medida de aseguramiento de  detención  preventiva,  sin  derecho  a  la libertad provisional, como presunto  responsable  del  concurso  de  delitos de homicidio agravado, hurto calificado,  agravado y porte ilegal de armas de fuego.   

Clausurado el ciclo instructivo, a través de  decisión  de  7  de  mayo  de  2008  fue  calificado el mérito del sumario con  resolución  de acusación por el referido concurso delictual de conformidad con  los  artículos  103; 104, numeral 7°; 239; 240, inciso 2°; 241, numeral 10°;  y  365  del  Código  Penal,  decisión  que  adquirió firmeza en esa instancia  según consta en el informe secretarial de 20 de mayo siguiente.   

La  fase  del juicio la adelantó el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla, despacho que luego de surtir la  audiencia  pública,  mediante  sentencia de 7 de julio de 2009 absolvió a ALEX  YIME  YIME  del  delito de porte ilegal de armas de fuego, pero lo condenó como  coautor  de los ilícitos de homicidio agravado en concurso con hurto calificado  y  agravado,  a  la  penas de treinta y dos (32) años de prisión y veinte (20)  años  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas,  sin  concederle  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena ni la  prisión domiciliaria.   

      

En virtud del recurso de apelación formulado  por  el  defensor  del  procesado,  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla por  sentencia  de  24  de  febrero  de 2011 confirmó la condena, razón por la cual  insiste  el  mismo  sujeto procesal a través de la impugnación extraordinaria,  con  la  respectiva  demanda  de  casación,  de  cuya admisibilidad se ocupa la  Sala.   

LA  DEMANDA   

Al  amparo de la causal primera de casación  contemplada  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 200, postula tres cargos; el  primero  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial y los restantes por  infracción directa.   

Primer   cargo:  “error   esencial   de   hecho,  falso  juicio  de  identidad”   

Radica   el   error   en  el  “falso  juicio de existencia, al haber ignorado prueba que obra a  favor  de responsabilidad del encartado, al asignarle valor a otras que obran en  ese  sentido,  desconociendo  la factibilidad de prueba testimonial de cargo por  la múltiple contradicción de la misma”.   

Pregona  que  el  Tribunal  desconoció  los  artículos  303  y  304  del  Código de Procedimiento Penal relacionados con el  reconocimiento   en  fila  de  personas  y  fotográfico  al  concluir  que  las  características  de  uno  de  los  agresores  referidas  por la testigo Aracely  Briñez  Shettiny  (hombre  de  20  años,  cabellos rizos, de 170 de estatura),  coinciden  con  las  del  procesado,  sin  tener  en  cuenta  para  ello  que el  reconocimiento  fue a través de una foto a medio cuerpo a blanco y negro, en la  que  no  se  puede  decir  el  color  de  la  piel, la estatura ni la contextura  arribando  así  a  un  falso raciocinio en la valoración de tal testimonio por  desconocer la sana crítica.   

En  ese  sentido,  tilda  de  equivocado  el  criterio  del  juzgador  de  considerar  válida  y atendible la declaración de  Aracely  Briñez  y  no  las  manifestaciones  de  los  testigos  de la defensa;  Katherine  Navarro,  Gladys  Molina  Puello,  Juan  Carlos  Sandoval y Guillermo  Cañas,  con las cuales se demostraba que el 1° de septiembre de 2007 ALEX YIME  se  encontraba  en  el  barrio  La  Sierrita,  ignorando  con  ello “medios    probatorios    tanto    testimoniales   como   pruebas  referenciales”.   

De  otro lado, denuncia que no pudo haber un  reconocimiento  el  2  de  septiembre  de  2007 por parte de un presunto testigo  miembro  de  la  acción  comunal  que  se  presentó al CAI del centro cívico,  porque  según constancia de la Policía Nacional, allí no funciona ese centro,  y  que  por lo tanto, el enjuiciado resultó condenado con base en un testigo de  oídas,  que  nunca  compareció  al  proceso  y  que  le  cambió el rumbo a la  investigación   cuando   apuntaba  a  otros  autores  como  alias  “Yony”,       “Pito       o       Piter”       y     “El     Calvo”,  en  un “típico caso de SOSPECHA EN EL  TESTIMONIO”.   

Igualmente,  asevera que la condena responde  a   responsabilidad objetiva, proscrita del ordenamiento, y que al no haber  sido  desvirtuadas  las  manifestaciones  del  procesado en su indagatoria, así  como  las  de  los  testigos  de descargo, no había posibilidad de predicarle a  aquél su compromiso penal, ni aun a título de cómplice.   

Por  lo  tanto, al estimar que al aflorar la  duda  se  imponía  la  absolución de su asistido, solicita a la Corte casar la  sentencia y emitir decisión de reemplazo en ese sentido.   

Cargos subsidiarios  

Primer  cargo:  Violación directa de la ley  sustancial:  falta  de  aplicación  del  “in dubio  prorreo  —sic—”   

Pone  de presente que el juzgador de primera  instancia   reconoció    la   existencia   de   duda   a   partir  de  los  reconocimientos,  porque  la  testigo  Aracely  Briñez respondió que no sabía  quién  había  disparado  y  que  se  desconoció  de  esa  forma qué grado de  participación  tuvo  el  enjuiciado,  máxime  que  fue exonerado del delito de  porte ilegal de armas de fuego.   

Tras  citas doctrinarias y jurisprudenciales  relacionadas  con  la  “plena prueba”  y  la  presunción  de inocencia, estima vulnerados los artículos  7°, inciso 2°, 232 y 277 del Código de Procedimiento Penal.   

Segundo  cargo: Violación directa de la ley  sustancial   por   falta  de  aplicación  del  artículo  303  del  Código  de  Procedimiento Penal   

Destaca  que  así  como  lo  plasmó  en el  recurso  de  apelación,  cuando  hay  personas  capturadas  se  debe aplicar el  artículo  303 y no el 304 de la Ley 906 de 2004, además, el Fiscal a folios 45  a  49  dejó  unas constancias que se alejan de la realidad procesal, resultando  por ello infringidos tales preceptos así como el 306 ibídem.   

Consecuentemente,  pide  a  la Sala casar el  fallo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Aunque  el  censor  escinde  los cargos para  denunciar   que  la  incertidumbre  probatoria  conllevaba  la  aplicación  del  principio  de  resolución  de duda a favor del enjuiciado, no tienen la aptitud  necesaria  para  su  admisión  por  carecer de sustento en factores objetivos y  corresponder  sólo  a  una  nueva visión probatoria desde la arista defensiva,  distante de señalar graves errores judiciales.   

No   desconoce   la  Corporación  que  la  presunción  de  inocencia  es un principio general del derecho establecido como  garantía  fundamental  en  el  artículo  29,  inciso  4°  de la Constitución  Política,  la  Declaración  Universal  de  los  Derechos Humanos (Art. 11), el  Pacto   Internacional   de   Derechos  Civiles  y  Políticos  (Art.  14.2),  la  Convención   Americana   sobre   Derechos  Humanos,  (Art.  8.2),  entre  otros  Instrumentos  Internacionales,  desarrollado  también legalmente, el cual puede  ser  lesionado  cuando la declaración de responsabilidad penal del procesado no  se  basa  probatoriamente o se acude a consideraciones judiciales irracionales o  arbitrarias.   

Pero  en este caso, la queja del defensor de  la  pretermisión  del  principio de resolución de duda a favor del enjuiciado,  ora  por la violación indirecta de la ley sustancial, como lo hace en el primer  cargo,  o  por  la  infracción  directa, en el segundo, deviene insuficiente en  cuanto  no realiza una explicación metódica al respecto para evidenciar que en  la  motivación  de  la sentencia los jueces de instancia reconocieron el estado  de  incertidumbre  acerca de la materialidad del delito o la responsabilidad del  procesado,  y, sin embargo, en la parte resolutiva condenaron, o que por errores  en  la  producción  o  apreciación  probatorias  indebidamente  derribaron tal  presunción pese a que los elementos de juicio arrojaban dudas.   

Así,  se  queda  en  una  simple oposición  defensiva  a  las consideraciones judiciales, postura que, como de tiempo atrás  lo  ha señalado la Sala, no basta para motivar el análisis de la legalidad del  fallo,  en  cuanto  el  embate  debe sujetarse a las técnicas establecidas para  probar  la  existencia  de yerros manifiestos y esenciales, con incidencia en el  sentido de la decisión.   

Además  de  lo  anterior,  para la primera  censura  el  defensor  no  se  apega  a  los    fundamentos    propios   de   la  infracción  de la ley sustantiva mediada por yerros probatorios ante la mixtura  que  exhibe  en  relación  con  los  errores de hecho que pregona, pues si bien  anuncia  un falso juicio de identidad, en su desarrollo aborda falsos juicios de  existencia       y      de      raciocinio.   

Cuando se trata de errores en el proceso de  aprehensión    o    valoración    probatoria,   el   recurrente   además  de  identificar  el  medio  en  el  cual  recayeron,  debe  clarificar    su    clase    (de    hecho    o   de  derecho) y la modalidad de  falso   juicio   que   los  determinó,      esto      es,      precisar       si      el      juez      plural      ignoró,            desconoció      u      omitió  una  prueba  pese a obrar en el  diligenciamiento,   o   si   la   supuso  o  imaginó  (falso     juicio    de    existencia);  o  si  aun  de  haber  sido  legal  y  oportunamente    recaudada,    al    momento    de   fijar   su   contenido   la  distorsionó,  cercenó       o  adicionó en su expresión  fáctica    haciéndole    producir    efectos    que    objetivamente   no   se  establecían   de   ella  (falso     juicio     de    identidad);  o si ya en el  momento  de  su  apreciación  al  asignarle  mérito  persuasivo contrarió los  principios  lógicos,  las  leyes  de  la ciencia o las reglas de la experiencia  (falso             raciocinio).   

Aquí  en desatención del principio lógico  de      no      contradicción     —según  el  cual  se  debe evitar la presentación de postulados que  por    su    contraste    se   oponen—,  el  censor  formula  coetáneamente varias modalidades de yerros,  como  cuando  anuncia  que no fueron valorados losl testimonios de descargo y al  tiempo  se  duele  de que no fueron considerados válidos y atendibles, como sí  lo  fue  la declaración de Aracely Briñez, pregonando a la par un falso juicio  de existencia y de raciocinio.   

La   mixtura  en  los  yerros  probatorios  denunciados  se  ratifica  cuando  el  impugnante destaca que la valoración del  dicho  de  Araceli Briñez no se ajustó a la sana crítica y a renglón seguido  siembra  vicios formativos en el reconocimiento fotográfico realizado por ella,  postura  propia  de  un  error de derecho por falso juicio de legalidad, el cual  tiene  lugar  cuando  el fallador aprecia una prueba  que no cumple con las  reglas   normativas   para   su   aducción   o   producción  al  interior  del  proceso.   

Pero   ni   unos   ni   otros  yerros  son  desarrollados  adecuadamente,  porque  ni siquiera explica en qué consistió el  desafuero  intelectivo  del juzgador en la valoración probatoria que lo llevara  a  una decisión caprichosa o arbitraria, o que las pruebas omitidas acreditaban  un suceso fáctico desconocido en las instancias.   

Igual  desatino  se advierte en el cargo que  formula  por  violación directa de la ley sustantiva al desconocer el principio  de  resolución  de  duda,  no  sólo por la exigua fundamentación, sino porque  pasa  por  alto  que  no se trató de un estado de incertidumbre del Tribunal al  analizar  las  pruebas  desdeñado  en la parte resolutiva de la sentencia, sino  que  obedeció a una previa aclaración relacionada con que el señalamiento que  del  enjuiciado hizo la compañera permanente de la víctima al otro día de los  hechos    a    los    miembros    de    la    Policía   Judicial   —cuando  se  desplazó con éstos en un  carro  de  vidrios  oscuros,  no  podía  catalogarse como reconocimiento por no  cumplir  con  los  presupuestos  legales,  sino  que sólo servía como criterio  orientador de la investigación.   

A su vez, el juzgador puso de presente que en  la  inicial  declaración  Aracelis Briñez realizó una descripción física de  los  sujetos  que  realizaron  el delito y posteriormente hizo un reconocimiento  fotográfico,  situación que no arrojaba duda acerca de la sindicación de ALEX  YIME YIME.   

La  precariedad  demostrativa  del  libelo  continua  en el tercer cargo cuando el casacionista, lejos de demostrar el error  de  juicio  en  el  fallo  con  el  señalamiento  de  las  normas  de carácter  sustancial    infringidas    y    su    sentido   de   violación   —imperativo  que  se  constituye  en el  referente  y determinante para realizar una adecuada y lógica demostración del  vicio  que  postula—, sólo  cita   como   infringidos   los  artículos  303,  304  y  306  del  Código  de  Procedimiento  Penal  relacionados  con  los procedimientos para capturar y para  solicitar   la  imposición  de  medidas  de  aseguramiento,  de  clara  estirpe  adjetiva.   

En   este  sentido,  no  explica  en  qué  consistió   el  yerro  de  los  juzgadores,  cuál  precepto  regulador  de  la  situación  específica demostrada se dejó de lado, que el supuesto fáctico se  ajustaba  a  otra  disposición normativa, o el desbordamiento del alcance de la  norma aplicada al caso concreto.   

Por  consiguiente, para la Sala se impone la  no  admisión  del  libelo  dado  que  el  recurrente no observó las exigencias  relacionadas  con  la postulación y demostración de los reparos, falencias que  en  virtud  del  principio  de  limitación  informador del trámite casacional,  impide su corrección.   

Finalmente,    la   Corte   no  observa  con  ocasión  del  trámite  procesal  o  en el fallo  impugnado    violación    de    derechos    o   garantías   del   incriminado  ALEX  YIME YIME,  como  para  que se hiciera necesario el ejercicio de la facultad  legal  oficiosa  que  le  asiste  a  fin de asegurar su  protección  en  los  términos del artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor   

de  ALEX YIME YIME, por las razones dadas en  la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

       Notifíquese    y  cúmplase.   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ            

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ         LUIS            GUILLERMO           SALAZAR  OTERO                                         

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                      

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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