37047(08-02-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     nº  37047   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 031.  

Bogotá D.C., febrero ocho (8) de dos mil doce  (2012).   

VISTOS  

Acomete  la  Sala  la constatación sobre el  cumplimiento  de  los requerimientos de lógica y pertinente acreditación en el  libelo   casacional   allegado   por   el   defensor  del  acusado  RAÚL  PÉREZ  FLÓREZ, contra la sentencia  condenatoria  de  segunda instancia proferida el 26 de noviembre de 2010 por una  Sala  de Conjueces del Tribunal Superior de Cúcuta, confirmatoria de la dictada  el  9  de julio del mismo año por el Juzgado Primero Adjunto Penal del Circuito  Especializado  de  la  referida  ciudad,  por  cuyo medio lo condenó, junto con  Richard  Antonio  Assaf Lobo,  como  coautores del concurso de delitos de concierto para delinquir con fines de  narcotráfico  y  tráfico  de estupefacientes agravado en razón de la cantidad  de sustancia involucrada.   

HECHOS  

Con fundamento en una comunicación suscrita  por  la Teniente Elika   Yaned  Smith  Olmos,  en  la  cual  informó  a  la  Fiscalía  acerca  de  una  organización  ilícita dedicada al  tráfico  de  estupefacientes  en Bogotá, Barranquilla y Cúcuta, que utilizaba  caletas  en  vehículos  de  carga  pesada  y  correos  humanos,  con  destino a  Venezuela,  se  dispuso  un  procedimiento  de interceptación de varias líneas  telefónicas  durante  el  periodo  comprendido entre febrero de 2004 y marzo de  2005,  a  partir  del  cual  fue  posible ubicar, identificar e individualizar a  varios de los integrantes de la citada organización delincuencial.   

          El  13 de octubre de 2004 se incautaron en la ciudad de Barranquilla  200  kilos  de cocaína, los cuales eran transportados de manera camuflada en un  camión  de  placas  CIF  872; con posterioridad se estableció que el conductor  era miembro de la empresa criminal dedicada al narcotráfico.   

          Adelantadas     las    correspondientes    labores    investigativas  (allanamientos,  registros de personas, seguimientos y vigilancia) por parte del  Grupo  de  Estupefacientes  de  la  DIJIN  en  diversas  ciudades  del país, se  capturó,    entre    otros,    a    RAÚL    PÉREZ  FLÓREZ  y  Richard  Antonio  Assaf Lobo.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Una vez se declaró abierta la instrucción,  en  su  desarrollo fueron vinculados mediante indagatoria, además de otros, los  citados    ciudadanos    PÉREZ   FLÓREZ  y  Assaf Lobo, a  quienes  les fue resuelta su situación jurídica con medida de aseguramiento de  detención  preventiva sin derecho a libertad provisional, como posibles autores  del  delito de tráfico de estupefacientes agravado por la cantidad de sustancia  involucrada.   

Clausurada  la  fase instructiva, el mérito  del  sumario  fue calificado el 3 de marzo de 2006 con resolución de acusación  en  contra  de  aquellos,  como  presuntos  coautores del concurso de delitos de  concierto   para   delinquir   con   fines   de   narcotráfico  y  tráfico  de  estupefacientes agravado.   

Impugnada  la acusación por la defensa, fue  confirmada  por  la  Unidad  de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Cúcuta,  mediante proveído del 11 de julio de 2006.   

Una  vez  surtido  el  rito  del  juicio, el  Juzgado  Primero  Adjunto  del Circuito Especializado de Cúcuta profirió fallo  el   9   de   julio  de  2010,  a  través  del  cual  condenó  a  RAÚL   PÉREZ   FLÓREZ  y  Richard  Antonio  Assaf  Lobo  a  la  pena  principal  de  dieciocho  (18)  años  de  prisión y multa de cuatro mil (4000)  salarios  mínimos  legales  mensuales, y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la  sanción  privativa  de  libertad, como coautores del concurso de delitos objeto  de acusación.   

          En  la  misma providencia les fue negado tanto el subrogado penal de  la  condena de ejecución condicional, como la prisión domiciliaria sustitutiva  de   la   intramural,   pero   se  concedió  a  Assaf  Lobo  la reclusión domiciliaria en razón de la grave  enfermedad que lo aqueja.   

Contra la sentencia de condena proferida por  el   ad  quem,  el  defensor  de  PÉREZ  FLÓREZ interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  y  allegó  en tiempo el correspondiente  libelo, cuya admisión se examina en esta providencia.   

LA DEMANDA  

El recurrente formula tres reparos contra la  decisión   atacada,   los   cuales  postula  y  desarrolla  en  los  siguientes  términos:   

1.            Primer cargo: Nulidad del fallo por falta  de motivación   

Al  amparo de la causal tercera de casación  establecida  en  el  artículo 207 del la Ley 600 de 2000, el defensor aduce que  el  Tribunal  no  dio  respuesta  a  cada uno de los planteamientos que formuló  contra    la    decisión   del   a   quo,   y   solamente   se   limitó   a   generalizar,  “para  destacar  el  estudio  supuestamente profundo que hicieron los  funcionarios de turno”.   

Luego  de transcribir un párrafo, por medio  del  cual  la  Sala  de  Conjueces  del  Tribunal  definió el asunto en segunda  instancia,  el  recurrente  afirma  que no fueron abordados los temas propuestos  para  conseguir  la exoneración de responsabilidad de su asistido, por ejemplo,  que   el   suceso   ocurrido  en  Barranquilla  no  guardaba  relación  con  el  procedimiento adelantado en Bogotá.   

Igualmente  deplora  que  la  sentencia  de  primera  instancia también carece de motivación, pues únicamente refirió que  se  apartaba  de  los planteamientos de la defensa, sin detenerse a abordar cada  uno de los aspectos propuestos.   

Acto seguido el impugnante refiere apartes de  los  motivos  de  impugnación  del fallo de primer grado, tales como que no fue  visto   en   casa   de   PÉREZ   FLÓREZ  el  camión en el cual se transportó la droga incautada, o que el  operativo  adelantado  en Bogotá no tuvo relación con la incautación acaecida  en  Barranquilla,  amén  de las intervenciones de las autoridades de policía y  posibles   inconsistencias  en  los  testimonios  de  la  Teniente  Smith  Olmos,  el  Mayor  Juan  Darío  Rodríguez  Martínez  y  el  Capitán José Jesús Corzo Veloza.   

De  otra  parte, orienta su labor a analizar  las  indagatorias  de  las  personas  vinculadas  a este proceso, en punto de la  ausencia de responsabilidad de su procurado.   

Con  base  en  los  anteriores análisis, el  demandante  concluye  que el Tribunal violó el derecho al debido proceso y a la  defensa  de PÉREZ FLÓREZ, en  cuanto  no  se  ocupó de analizar el compromiso de su responsabilidad, sino que  muy  brevemente  decidió  confirmar  de  manera  general la sentencia de primer  grado.   

Luego   de  traer  a  colación  abundante  jurisprudencia  y  doctrina  sobre  la  exigencia  de  motivación de los fallos  judiciales,   asevera   que  si  se  hubieran  analizado  con  detenimiento  sus  planteamientos,  amén  de  valorar  el  acervo probatorio, otra habría sido la  decisión       del       ad      quem.   

                

Considera quebrantados los artículos 29, 31,  228  y  230  de la Carta Política, 13, 170, 171 y 306 de la Ley 600 de 2000, 55  de  la  Ley  270  de  1996,  5º  y  14 del Pacto de Nueva York, amén de que se  desconoció  el  precedente  judicial,  esto  es,  la  sentencia  C-037 de 1996,  proferida por la Corte Constitucional.   

          A  partir  de  lo expuesto, el defensor solicita a la Sala invalidar  el  fallo  de  primero  y segundo grado, y en subsidio, se profiera sentencia de  reemplazo   absolviendo   a   su   patrocinado  por  ausencia  de  certeza  para  condenar.   

2.            Segundo  cargo (subsidiario): Violación  indirecta  por  falta  de aplicación del principio in  dubio pro reo   

          Al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo,  reglada  en  el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el recurrente afirma que no  se  aplicó  el  artículo  7º  de  la misma legislación, el cual se ocupa del  principio     in    dubio    pro    reo.   

          Advera  que  “resulta evidente o al menos  genera  incertidumbre  y  que aún se mantiene, el conocimiento que podía tener  RAÚL  ÉREZ  FLÓREZ  sobre  la sustancia incautada en Barranquilla, la cual no  pudo  ser  despejado (sic), de  un  lado,  y  de otro, más grave aún, el planteamiento de que los 200 kilos de  estupefaciente  incautados  en  Barranquilla,  era  y  es  un  hecho  totalmente  aislado,  como puede desprenderse del análisis desprevenido que se haga, que se  vislumbran  de los múltiples interrogantes, que no tuvieron respuesta por parte  del  juzgador,  pese  haber  sido  planteados  seriamente  por  la defensa en la  sustentación  del  recurso  de  apelación,  que  degradan  la certeza a la que  arribó  el  juzgador  de  primera  instancia,  y  si  nada  tiene que ver lo de  Barranquilla  con  la  investigación de Bogotá, entonces por qué ese afán de  hacerlos      coincidir     por     parte     de     la     Policía”.   

          También   señala   que  de  no  haberse  tenido  erradamente  como  demostrada  la certeza de la responsabilidad de su asistido, el Tribunal habría  aplicado  el  principio  in  dubio pro reo, resolviendo las dudas en su favor.   

          Estima  quebrantados  los  artículos 29 de la Carta Política, 7º,  232, 233 y 238 de la Ley 600 de 2000.   

Apoyado  en lo expuesto, el defensor depreca  casar el fallo impugnado, para en su lugar absolver a su asistido.   

3.            Tercer cargo (subsidiario): Falso juicio  de existencia por omisión de pruebas   

          Afirma   el  demandante  que  el  ad  quem  no  tuvo  en cuenta la inspección judicial practicada  al  proceso  No. 198.350, ni las fotocopias tomadas a dicho diligenciamiento que  obran en la actuación.   

          Considera  que  con  la  prueba  echada de menos se desvirtuaban las  declaraciones  de  los  policías, en cuanto se refiere a que la incautación de  Barranquilla  no  tuvo  nada que ver con el procedimiento adelantado en Bogotá,  pues  en  los  informes  de  policía no se menciona esa relación, de modo que,  reitera,  lo  sucedido  en  Barranquilla  fue  un hecho aislado, “y  por  reglas  de  la  experiencia,  entre autoridades de una misma  institución  no  tendría  por  qué  ocultarse algo tan elemental de coordinar  operativos,  máxime  cuando  se  dice que el vehículo había salido de Bogotá  supuestamente  cargado  con  droga, al cual le hicieron seguimiento a través de  teléfonos   interceptados,  algo  que  también  resulta  inverosímil  por  la  distancia     que     hay     entre     Bogotá    y    Barranquilla”.   

          De  otra  parte,  asevera  que  no  se  tuvo  en cuenta lo dicho por  Luis Enrique Sarria Atia, Aldemar Rodríguez Vásquez,  José  Evangelista  Marroquín  Sánchez,  Simón  Lara  Rodríguez y    Sequey   Mora   Alvarado.   

          Puntualiza   que   con   los   dos   primeros  se  descarta  que  el  estupefaciente  haya  sido  cargado en la casa de su procurado, pues dijeron que  ello  ocurrió  cerca  de San Andresito. También dice que con las declaraciones  de   los   demás   se   logra   demostrar  que  RAÚL  PÉREZ  se  dedicaba  a  la venta de huevos y pollos y  contaba con solvencia moral, social y laboral.   

          Plantea  que  de  no  haber  sido marginados los referidos medios de  convicción,  los  falladores  habrían concluido que su asistido es inocente, o  por  lo  menos, que había serias dudas sobre su responsabilidad, de modo que la  sentencia proferida sería absolutoria en su favor.   

          De  acuerdo  con  lo anterior, el defensor solicita la casación del  fallo  atacado,  a  fin  de  que  se  dicte  sentencia de absolución a favor de  RAÚL         PÉREZ        FLÓREZ.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  establecido la Sala que en el estudio  sobre  la admisibilidad de los libelos casacionales le compete verificar que los  impugnantes  formulen  sus  censuras con sujeción a las exigencias de lógica y  pertinente  argumentación  definidas  por  el legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  con  el  propósito  de  que  este recurso extraordinario no se  convierta  en  una  instancia  adicional  a  las  surtidas.  Tales requisitos se  orientan  a  conseguir demandas enmarcadas dentro de unos mínimos lógicos y de  coherencia  en  la postulación y desarrollo de los cargos propuestos, en cuanto  resulten  inteligibles,  es  decir,  precisos y claros, pues no corresponde a la  Sala  en su función constitucional y legal develar o desentrañar el sentido de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los impugnantes en  casación (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

Además, de conformidad con el artículo 213  de  la  mencionada  legislación  “si  el demandante  carece    de   interés   o   la   demanda   no   reúne   los   requisitos   se  inadmitirá”.   

Advertido  lo anterior, constata la Sala que  en   el   primer  reproche,  distinto  a  lo  que  ocurre  en  los  otros  dos,  el demandante cumple con las  obligaciones  propias  de  dicha  censura, pues pone de presente el abordaje que  sobre  su disentimiento efectuó la Sala de Conjueces, para acto seguido denotar  los  aspectos  trascendentales  en  la  situación  de  su  asistido que, siendo  planteados  en  el  recurso de apelación interpuesto contra el fallo, no fueron  en  su  criterio  dilucidados,  todo  ello  en  procura de acreditar la falta de  motivación en la sentencia cuestionada.   

Así  las cosas, encuentra la Sala que dicho  reparo  debe  ser  admitido  y  se  debe  surtir  el correspondiente traslado al  Ministerio Público a fin de que rinda su concepto.   

En   cuanto   atañe   al   segundo  cargo, observa la Colegiatura que  como   el   defensor   reclama   la   aplicación   del  principio  in   dubio  pro  reo,  era  necesario  que  señalara  la  vía  de  su  impugnación,  esto es, si se trataba de violación  directa  o indirecta. Si postulaba la primera, le correspondía demostrar que el  fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de  la  providencia  atacada  la  existencia   de   dudas   trascendentes   de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado y, pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que contiene el principio, cuando le correspondía en consonancia con  su exposición absolver.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e    injerencia    en    la    sentencia   impugnada,   cometido   que   tampoco  realizó.   

Ahora,  si  bien  el  recurrente  considera  vulnerados  en  forma  indirecta  los  artículo 232, 233 y 238 de la Ley 600 de  2000,  encuentra  la  Sala  que  dichos  preceptos  no  tienen  la condición de  sustanciales,  en cuanto no definen conductas delictivas o hacen referencia a la  punibilidad  o  a  la responsabilidad, sino que sólo tienen la virtud de servir  como  medio  o  instrumento  para  arribar  a  los  fines  de  las disposiciones  sustantivas,  equívoco  que  se  desentiende  de  la preceptiva contenida en el  numeral  1º  del  artículo  207  de  la referida normativa procesal, según la  cual,  la  casación procede “cuando la sentencia sea  violatoria     de     una    norma    de    derecho  sustancial”   (subrayas  fuera  de  texto),  cuya cita resulta inexcusable (numeral 3º del artículo 212  ejusdem), razón de más para  advertir  incorrecciones  lógicas  y de fundamentación en la presentación del  cargo, que imponen su inadmisión.   

Respecto     de     la    tercera  censura, recuerda la Corte que la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, derivada de errores de hecho por  falso  juicio  de  existencia por omisión de pruebas tiene lugar, cuando pese a  estar  el  medio  probatorio en el diligenciamiento no es objeto de apreciación  judicial,  caso  en  el  cual debe el demandante indicar el medio de convicción  omitido,  cuál  es  la  información  objetivamente  suministrada,  el  mérito  demostrativo  al  que  se  hace  acreedor y cómo su estimación conjunta con el  resto  de  pruebas  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones  de  la  sentencia  impugnada, deberes cuyo cumplimiento tampoco asumió el actor.   

          En  efecto,  no  basta  echar de menos una inspección judicial, las  copias  allí  compulsadas y unas declaraciones, para concluir, sin más, que el  procesado  es  ajeno  a  los  hechos  motivo  de  investigación.  En  tal caso,  correspondía  al  actor  ocuparse de derruir todos los fundamentos del fallo de  condena,  pues  sin  tal  proceder, algunos de ellos bastarían para mantener en  vilo la declaración de justicia cuestionada.   

Así   las   cosas,  es  evidente  que  la  fundamentación  del  reproche  resulta insuficiente como para franquear el paso  en punto de ser admitido.    

Se advierte sin dificultad que en su esfuerzo  defensivo,  el demandante pretende la prevalencia de su personal ponderación de  las  pruebas  cuya  apreciación  echa  de  menos, sobre la valía que al acervo  probatorio  otorgó  en  especial  el a quo,  proceder  inadmisible  en  esta  impugnación  extraordinaria, no  instituida  para  alargar  los  debates  propios  de  las  instancias, sino para  denunciar  yerros  trascendentes  de  los falladores en la aplicación de la ley  sustancial,  en  la ponderación de las pruebas o en la guarda de la legitimidad  del  trámite,  dada  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  la cual se  encuentra revestida la sentencia.   

Ahora,  como  el  casacionista  alude  a las  reglas  de la experiencia, ingresa en el discurrir propio del error de hecho por  falso raciocinio.   

Dicho yerro tiene lugar cuando los falladores  derivan  del  medio  probatorio  deducciones  contrarias a las reglas de la sana  crítica,  esto  es, los principios de la lógica, las leyes de la ciencia o las  máximas  de la experiencia, caso en el cual corresponde al libelista establecer  qué  dice  en  concreto  la prueba indebidamente ponderada, qué se infirió de  ella  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo otorgado,  determinar  el postulado lógico, la ley científica o la máxima de experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo,  debiendo  a la par indicar su  consideración   correcta,  identificar  la  norma  de  derecho  sustancial  que  indirectamente   resultó   excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso  y  favorable  a  los intereses de su representado, proceder que en este  asunto no emprendió el defensor.   

Por el contrario, es evidente que postular un  falso  juicio  de  existencia por omisión, para en su desarrollo cuestionar que  no  se  tuvieron  en  cuenta las reglas de la experiencia, comporta un quebranto  del  deber  de  claridad  y precisión en la presentación del reproche (numeral  3º  del artículo 212 de la Ley 600 de 2000), motivo adicional para disponer la  inadmisión del reproche.   

          Para   concluir   es   oportuno   indicar   que   no  se  advierte  en  el  curso  del  diligenciamiento  o en la sentencia  objeto  del recurso, violación de derechos o garantías de los procesados, como  para  que ello determinara ejercer la facultad oficiosa que en punto de asegurar  su   protección   le  confiere  el  legislador  a  la  Corte.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.           ADMITIR  el  cargo primero de la demanda  de  casación interpuesta por el defensor del procesado  RAÚL  PÉREZ  FLÓREZ,  de  conformidad  con  los argumentos planteados en la anterior motivación y surtir,  en     consecuencia,     el     correspondiente     traslado    al    Ministerio  Público.   

2.           INADMITIR  los  reproches  segundo  y  tercero  del  libelo  presentado por el defensor del mencionado          ciudadano,  según las  consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

         

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *