36513(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36513  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta No. 225  

          Bogotá    D.C.,    seis   (6)   de   julio   de   dos   mil   once  (2011).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el recurso de apelación  interpuesto  por  el  apoderado del denunciante contra la providencia de la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de San Gil emitida el 9 de mayo de 2011, por cuyo  medio  precluyó  la  investigación  adelantada  contra la doctora GLORIA   PATRICIA  MAYORGA  ARIZA,  Juez  Tercero       Promiscuo       Municipal       de       Barbosa      (Santander).   

ANTECEDENTES RELEVANTES  

Con fundamento en la causal 4 del artículo  332  de la Ley 906 de 2004 la fiscalía radicó ante el Tribunal Superior de San  Gil  solicitud  de  preclusión  de  la investigación adelantada contra la Juez  Tercera  Promiscua  Municipal  de  Barbosa,  denunciada  por  Miguel Arturo Becaría  Becaría  por los delitos de prevaricato por acción,  prevaricato  por  omisión  y  abuso  de  la  función  pública,  presuntamente  cometidos  con  ocasión  del  trámite del proceso abreviado de restitución de  inmueble  arrendado  instaurado  por  la  Urbanizadora  Becaría    Hermanos   Ltda.   contra   William  Casas  Gerena, en razón de los  siguientes hechos:   

a)  La  juez no integró el litis consorcio  necesario,  como  era  su  deber,  al advertir que la demanda no estaba dirigida  contra todos los arrendatarios;   

b)  Tardó  19 días en declararse impedida  desde  la  fecha  de radicación del poder otorgado por la parte demandante a la  doctora   Claudia  Johana  Ariza  Chinome, prima hermana de la funcionaria;   

c) Una vez declaró el impedimento, omitió  remitir inmediatamente la actuación al juzgado siguiente;   

d)  Admitió  el  recurso  de  reposición  interpuesto   por  el  apoderado  de  la  parte  demandada  contra  la  anterior  decisión,  siendo improcedente pues, por mandato legal, dicha determinación no  es susceptible de recurso alguno;   

e)  Al resolver la impugnación horizontal,  revocó  la  providencia  por  cuyo medio expresó el impedimento y reasumió el  conocimiento del asunto, extralimitando sus funciones.   

En  audiencia  del  9  de  mayo de 2011, el  Tribunal  de  instancia escuchó la sustentación de la solicitud de la cual dio  traslado  a  la  defensa  y  al  denunciante,  representado  por  su  abogado de  confianza.  Luego,  decretó  la  preclusión de la investigación por la causal  invocada, decisión recurrida por el apoderado del denunciante.   

PROVIDENCIA IMPUGNADA  

El Tribunal Superior de San Gil decretó la  preclusión  de  investigación  incoada por la fiscalía en favor de la doctora  GLORIA    PATRICIA    MAYORGA    ARIZA    al    encontrar    configurada    la   causal   de   atipicidad  invocada.   

Así,  argumentó, el delito de prevaricato  se  concreta  cuando  el  servidor  público  profiere  resolución,  dictamen o  concepto  manifiestamente  contrario  a  la  ley,  por manera que no se trata de  establecer   el   acierto   de  la  decisión  sino  su  manifiesta  ilegalidad.   

Consideró  que  en  sede de tipicidad debe  ponderarse  tanto  el  aspecto  objetivo  como  el  subjetivo,  incluyéndose el  estudio  del  dolo  propio  del  comportamiento punible de prevaricato porque no  basta  la  objetiva  contrariedad  con el ordenamiento jurídico, siendo además  necesario  el  conocimiento  de  todas  las  circunstancias integrantes del tipo  objetivo  por  parte  del  sujeto  activo,  quien  en  tales  condiciones decide  voluntariamente su realización.   

La    incorrecta    integración    del  contradictorio  en  el  proceso  objeto  de  análisis, concluye el a  quo,  no  configuró  el  punible  de  prevaricato  porque  frente al punto existen diversas interpretaciones, todas de  recibo en el ordenamiento jurídico nacional.   

En  otras  palabras,  agregó,  tanto  la  interpretación  del  Juzgado  Civil  de  Circuito  de  Vélez  según  la  cual  constituye    un   imperativo   para   el   juez   conformar   el   litis  consorcio  necesario  so  pena de  incurrir   en   nulidad,   como   la   postura   de   la   doctora  MAYORGA  ARIZA de llevar el proceso hasta  el  final  y  en  la  sentencia  reconocer la excepción denominada “No   comprender   la   demanda   a   todos   los  litisconsortes  necesarios”,    son    atendibles    dentro   del  procedimiento  civil  colombiano, con mayor razón cuando esta última tesis fue  debidamente explicada y sustentada.   

El    criterio    aplicado    por    la  doctora MAYORGA ARIZA, así  haya   sido  tildado  de  equivocado  por  la  segunda  instancia,  no  comporta  alejamiento   manifiesto   del   ordenamiento  jurídico,  sino  apreciación  y  valoración  de  la situación fáctica en ejercicio de la autonomía propia del  juez, por ende, no se vislumbra dolo en su actuar.   

Aún   más,   agregó,  el  tema  de  la  integración   del   litis  consorcio  dentro  del  aludido proceso civil no fue tan pacífico, al punto que  el  apoderado  de  la  parte  demandante  en  la  sustentación  del  recurso de  apelación  de  la  sentencia  no  consideró  indispensable  su  conformación.   

Consideró  que  la  tardanza de la doctora  MAYORGA ARIZA para declarar  el  impedimento  no  configuró comportamiento delictivo porque el procedimiento  civil  no  consagra  un  término  expresado en días u horas para manifestarlo;  simplemente  lo  supedita  a la advertencia por parte del funcionario, momento a  partir  del  cual  debe  exponerlo con prontitud. En tal sentido, el lapso de 15  días  hábiles que tardó la investigada en decidirlo no resulta excesivo, pues  en  ese  periodo  atendió  otros  asuntos  relativos  a derechos fundamentales.   

Encontró  errada  la  actuación  de  la  funcionaria  de  cara  al  trámite de recursos contra el auto por cuyo medio se  declaró  impedida,  pues el artículo 149 del Código de Procedimiento Civil no  consagra  tal posibilidad; sin embargo, esa falencia no constituyó manifiesta y  decidida  intención de contrariar el ordenamiento jurídico porque se trató de  una  irregularidad  sin  connotación sustancial, en la medida que no afectó la  estructura del proceso ni las garantías de las partes.   

Si bien la juez pudo evitar el error con la  simple  lectura  de  la  norma,  la omisión de esa labor de constatación sólo  podría  imputársele  a  título  de negligencia, factor constitutivo de culpa,  modalidad  no incluida dentro de la descripción típica del prevaricato, que es  esencialmente doloso.   

Notó   que   la   recuperación   de  la  competencia,  subsiguiente  a  la  reposición  del  auto  mediante  el  cual se  declaró  impedida,  constituye  una  situación no regulada por el ordenamiento  jurídico  civil.  Sin  embargo,  como  el impedimento no se había aceptado, la  juez  consideró  posible reasumir el proceso ante la desaparición de la causal  que lo originó.   

Esa  situación  si  bien  es  irregular,  señaló,  no  comporta  ostensible  separación  de  la ley, además, porque la  doctora  MAYORGA  ARIZA  no  subrogó  la  competencia  de  su  homólogo  quien nunca se pronunció sobre el  impedimento en la medida que el proceso no le fue remitido.   

Por   último,  agregó,  la  funcionaria  investigada  no  usurpó  funciones, pues las determinaciones por ella adoptadas  se  produjeron  dentro  del  ejercicio  propio del cargo de juez, situación que  descarta   la   configuración  del  punible  de  abuso  de  función  pública.   

LA IMPUGNACIÓN  

          El   apoderado  del  denunciante  Miguel  Arturo    Becaría    Becaría   pide   revocar   la  determinación    del    Tribunal   y,   en   su   lugar,   continuar   con   la  investigación.   

Manifiesta  no  tener  reparo  sobre  los  razonamientos  del  tribunal  para  desechar  la  conducta punible de la doctora  MAYORGA  ARIZA en punto de  la   no   conformación   del   litis   consorcio  necesario  ni  respecto  a  la  demora  en  resolver  el  impedimento,  situación  justificada  en el cúmulo de trabajo que la libera de  cualquier  responsabilidad,  conforme  se  plasmó  en la constancia secretarial  obrante en el proceso.   

Su  inconformidad  se  concreta al trámite  dado  por  la  juez al auto por cuyo medio resolvió el impedimento, pues aunque  el   tribunal  fundó  la  preclusión  de  la  investigación  en  la  ausencia  de  dolo  por parte de la  funcionaria,  considera que no se aportaron suficientes elementos para descartar  o acreditar tal elemento del tipo.   

La  manifestación  de  ausencia  de  dolo,  estima  el  recurrente,  debió provenir de la investigada y no de la fiscalía,  en  la  medida  que  la  estrategia  defensiva  consistió  en guardar silencio.   

De  otra  parte,  al declararse impedida la  doctora   MAYORGA   ARIZA  debió  remitir  la  actuación al juzgado siguiente y no habilitar el ejercicio  de  un  recurso  legalmente  improcedente.  Si  ello  obedeció  a  un  error de  conducta,    tal    situación    no    podía   determinarse   a   priori     por     el    a   quo,   en  tanto  no  se  aportaron  elementos  de  prueba  que  avalaran esa conclusión. En ese orden, la fiscalía  estaba  obligada  a  anexar  a  la solicitud de preclusión mayores elementos de  convicción, por ejemplo, sobre la experiencia de la juez.   

La  imparcialidad  como  garantía  de todo  ciudadano  implica  que  si  un  juez  se  declara  impedido no puede retomar el  asunto.   No   obstante,  la  doctora  MAYORGA  ARIZA  se aferró a una competencia que ya no tenía, razón  suficiente para profundizar en los motivos de esa actuación.   

ARGUMENTOS DE LOS NO RECURRENTES  

La           fiscalía solicita confirmar la decisión  impugnada  por cuanto la providencia del tribunal comporta un completo análisis  fáctico,  jurídico y probatorio, fundado en los elementos materiales de prueba  recaudados  en la indagación con los cuales se descartó el actuar doloso de la  funcionaria.   

Así  mismo,  porque  el  denunciante  no  concretó  la afectación que padeció con la declaratoria del impedimento, pues  sólo  censura  el  error  de la funcionaria en torno al trámite del mismo. Sin  embargo,  esa  falencia  no  trascendió  el  campo  jurídico  y no le acarreó  ningún  daño,  menos  aún  cuando  fue  generada por su accionar al sustituir  poder en una familiar de la juez.   

La genérica afirmación de afección de la  imparcialidad  de  la  investigada  no  es suficiente para revocar la decisión,  pues  el  daño  inferido  debe  ser  específico  sin  que en este evento se le  hubiese causado perjuicio al denunciante.   

          La   negativa   de  la  doctora  MAYORGA  ARIZA  a  rendir  interrogatorio,  opina,  no permite  colegir  ni  culpa  ni  dolo porque hace parte de su derecho a guardar silencio.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  Corte  es  competente para conocer este  asunto,  de conformidad con lo establecido en el numeral 3º del artículo 32 de  la  Ley  906 de 2004, por tratarse de un auto proferido en primera instancia por  un Tribunal Superior.   

Como  la  fiscalía,  en  calidad  de  no  recurrente,    cuestionó    la   legitimidad   del   denunciante   Miguel  Arturo  Becaría  Becaría  para  intervenir  en  la  audiencia  de  preclusión ya que en su criterio no recibió  perjuicio  alguno,  la Sala revisará su estatus dentro de esta actuación, pues  de    prosperar    dicha    censura    no    habrá    lugar    a   desatar   la  impugnación.   

Así  mismo,  la  Corte  dilucidará si los  conceptos  de  perjudicado  y  víctima  se  equiparan en la actual sistemática  procesal  penal  –  Ley  906  de  2004  –  o  si  se  trata de categorías diferentes, en atención a que la  convocatoria  del  denunciante  a  participar  en la audiencia de preclusión de  investigación se hizo a título de perjudicado.   

El  vocablo  víctima  se  refiere  a  la  “persona  que padece un daño por culpa ajena o por  causa                   fortuita”1  y  la expresión perjudicado  designa  a  quien “ha sido  víctima  de  daño  o menoscabo material o moral”2.   

Se trata, entonces, de términos  de  similar  acepción,  razón que explica porqué la Ley 906 de  2004  los  englobó  en el término genérico “víctima” otorgándoles trato  análogo  al  exigir  para  ambos  el señalamiento de un daño concreto que los  autorice a participar en el proceso penal.   

En  efecto,  el  legislador  colombiano  al  diseñar  la  Ley  906  de  2004 optó por el término víctima para referirse a  todas  las  personas  naturales o jurídicas que individual o colectivamente han  sufrido  algún  daño  como  consecuencia  del  injusto,  dentro de las cuales,  obviamente,  se  encuentran  los  perjudicados  en  la  medida  que también han  padecido un daño derivado del delito.   

De  esta  manera, en la actual sistemática  procesal  penal, de cara a la intervención en el proceso penal, dicha locución  hace  referencia tanto a las víctimas directas (sujeto  pasivo   del   delito)  como  a  los  perjudicados  o  víctimas indirectas del mismo.   

Así, el artículo 250 numeral 6 de la Carta  Política  refiere  como un deber de la Fiscalía General de la Nación, brindar  asistencia   a   las   víctimas   y  “disponer  el restablecimiento del derecho y la reparación integral  de   los   afectados   con   el   delito”, de donde  se  extracta  una  definición  amplia  según  la cual víctima es toda persona  afectada con el delito.   

El  artículo  132  de  la  Ley 906 de 2004  define dicho concepto, así:   

“Art.      132.      Víctimas.  Se  entiende  por víctimas,  para  efectos  de  este  código,  las  personas naturales o jurídicas y demás  sujetos  de  derechos que individual o colectivamente hayan sufrido algún daño  (directo)   como   consecuencia   del   injusto”3.   

Es decir, víctima es: a) la persona natural  o  jurídica; b) que individual o colectivamente; c) ha sufrido algún daño; d)  como  consecuencia  del  injusto,  definición  amplia que incluye la categoría  perjudicado con el delito.   

Y  si  bien  la  Ley  906  de  2004  en los  artículos  56  numerales  2,  5, 9 y 10; 71, 75, 111 literal d y 524 utiliza la  expresión        “perjudicados”,  lo  hace  para referirse a las víctimas indirectas del delito y  diferenciarlas de la víctima directa o sujeto pasivo del delito.   

En este aspecto dicha normatividad acoge la  distinción   efectuada  por  la  Corte  Constitucional  entre  las  categorías  víctima           y           perjudicado4,  que  enfatiza  en el origen  del  daño a reparar sin soslayar la exigencia de un daño real y concreto, como  factor común a esas figuras jurídicas.   

Así,   el   Tribunal  Constitucional  en  determinación  proferida con posterioridad a la entrada en vigencia del sistema  procesal  acusatorio, equiparó los dos conceptos en punto de los requisitos que  deben cumplir para participar en el proceso penal colombiano:   

“De tal manera que en el ámbito nacional,  tanto  en  contexto  de  justicia  regida  por  la  ley  penal ordinaria como en  justicia  transicional,  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación  ha  fundado  la  legitimidad  para  intervenir  en  condición  de  víctima,  perjudicado o “afectado con el delito”, en la acreditación de un  daño real, concreto y específico. (…)   

De   los   referentes  normativos  y  los  precedentes   jurisprudenciales  reseñados  se  extraen  varios  elementos  que  guiarán  el  análisis  de  constitucionalidad  de los preceptos que regulan el  alcance  del  concepto  de  víctima:  (i)  Conforme al texto constitucional, en  desarrollo  del  principio  de  dignidad,  del  derecho  de participación y del  derecho  a  un  recurso  judicial  efectivo,  tienen  acceso a la asistencia, al  restablecimiento  del   derecho y a la reparación integral tanto las víctimas  como  los  afectados  con  el  delito (Art. 250.2 C.P.); (ii) la tendencia en el  derecho  internacional  es  la de definir la condición de víctima a partir del  daño  sufrido  como  consecuencia del crimen; (iii) esta Corporación tiene una  jurisprudencia  consolidada, que se constituye en precedente, conforme a la cual  son  titulares  de  los  derechos  a  la verdad, a la  justicia  y  a  la  reparación las víctima y los perjudicados que acrediten un  daño   real,   concreto   y   específico  como  consecuencia  de  la  conducta  criminal”5          (subrayas fuera de texto).   

En  términos  similares se pronunció esta  Corporación:   

“Según el artículo 132 de la Ley 906 de  2004,   víctima   es   toda  persona  natural  o  jurídica  que  individual  o  colectivamente  ha  sufrido  algún  perjuicio  como  consecuencia  del injusto,  calidad  que  le  otorga  el  derecho  de  acceder  a  la  actuación  e  impone  reconocerla como tal en el proceso.   

Sin  embargo, los  derechos   a  la  verdad,  la  justicia  y  la  reparación  que  habilitan  tal  intervención  no  son  absolutos  en  cuanto se requiere la acreditación de un  daño  concreto,  baremo  que también se traslada al  campo  del  ejercicio  impugnatorio  al  ser  necesario  que  quien promueva los  recursos,   además  de  tener  legitimación  en  el  proceso,  dado el reconocimiento como interviniente o parte, tenga legitimación  en  la  causa a través del interés jurídico para atacar la decisión si le ha  irrogado      algún     perjuicio.”  6. (Subrayas fuera de texto)   

En suma, si bien existen diferencias entre  los  conceptos  de víctima y perjudicado, la Ley 906 de 2004 los integró en el  término  genérico  “víctima”  para referirse a las personas que por haber  padecido  un  daño  real  y  concreto tienen derecho a intervenir en el proceso  penal con el propósito de obtener verdad, justicia y reparación.   

La  víctima, incluso, puede optar por una  pretensión  ajena  al  ámbito exclusivamente patrimonial sin tornar ilegítima  su   condición  de  interviniente  o  imposibilitar  su  participación  en  el  trámite,  siempre  que  subsistan  los  dos  o  uno  de los restantes intereses  y   se   demuestre  el  daño  concreto  respecto  de  ellos,  que  justifiquen  su  presencia  dentro de la  actuación                   penal7.   

Por  tanto, para acceder al reconocimiento  como      víctima      (directa      –sujeto    pasivo-    o   indirecta),  categoría   inclusiva  del  término  perjudicado,  dentro  del  proceso  penal  actual  no  basta  con  pregonar  un daño genérico o  potencial; además, es preciso señalar el daño real  y  concreto causado con el delito, así se persigan exclusivamente los objetivos  de justicia y verdad y se prescinda de la reparación pecuniaria.   

Una  vez  reconocida tal condición en una  actuación  judicial  concreta,  la víctima ostenta la prerrogativa de impugnar  la  sentencia  absolutoria,  la  preclusión  de  la investigación, entre otras  decisiones,  conforme  se  estableció mediante sentencias C-004 de 2003 y C-047  de   2006   de  2007  de  la  Corte  Constitucional  y  lo  ha  reconocido  esta  Corporación8.   

Adicionalmente la Corte debe precisar, como  lo    ha    hecho    en    anteriores    ocasiones9,   que   los   conceptos  de  denunciante  y  víctima  son  diversos.  El primero se refiere a la persona que  informa  a la autoridad sobre la presunta comisión de una conducta punible y el  segundo,  conforme  se  expuso,  designa a la persona natural o jurídica que ha  sufrido  un  daño  a  consecuencia  del  delito,  esto  es,  quien ha resultado  perjudicada, sea de manera directa o indirecta.   

La  intervención  del  denunciante  en el  proceso  se  reduce  a  la instauración de la noticia  críminis,  al  suministro  de  las  entrevistas y el  testimonio  que  de  él  se  demande  en  el curso de la investigación y/o del  juicio, si es que a ello hay lugar.   

Por  su  parte,  la  víctima,  una  vez  reconocida  como  tal, ostenta una amplia gama de derechos para intervenir en el  proceso  penal  en  busca  de  verdad,  justicia  y  reparación,  entre  ellos:  solicitar  pruebas, impugnar decisiones desfavorables a sus intereses, instaurar  incidente de reparación, etc.   

En ese orden de ideas, la intervención del  denunciante  en  el  proceso  penal debe estar precedida del reconocimiento como  víctima    por    parte    de    las    autoridades   judiciales   (jueces  y  magistrados), y ello es viable  cuando  acredita  sumariamente  un  daño real y concreto derivado de los hechos  objeto           de          investigación10.   

Obviamente,  la  condición de víctima se  adquiere  por  el  hecho  de  sufrir el daño o perjuicio, pero la legitimación  para   participar   en   una   actuación  judicial  demanda  el  aval  aludido.   

Ello por cuanto no cualquier persona puede  ser  reconocida  como  víctima  dentro  de  la actuación penal; sólo quien ha  sufrido  un  daño  está  legitimado para intervenir en tal calidad, situación  que debe valorarse en cada caso concreto:   

“No     obstante,     ello  no  significa  que  cualquier persona que alegue que tiene un  interés  en  que  se establezca la verdad y se haga justicia pueda constituirse  en   parte   civil   –  aduciendo  que el delito afecta a todos los miembros de la sociedad –   ni  que  la  ampliación  de  las  posibilidades  de  participación  a  actores  civiles  interesados  sólo en la  verdad  o  la  justicia  pueda  llegar  a  transformar  el  proceso  penal en un  instrumento  de  retaliación  contra  el  procesado.  Se requiere que haya un daño real, no necesariamente  de   contenido   patrimonial,   concreto   y   específico,   que   legitime  la  participación  de  la  víctima  o de los perjudicados en el proceso penal para  buscar  la verdad y la justicia, el cual ha de ser apreciado por las autoridades  judiciales  en  cada  caso.  Demostrada la calidad de  víctima,  o  en  general  que  la  persona ha sufrido un daño real, concreto y  específico,  cualquiera  sea  la  naturaleza  de  éste,  está legitimado para  constituirse  en  parte  civil,  y  puede  orientar  su  pretensión  a  obtener  exclusivamente  la  realización  de  la  justicia, y la búsqueda de la verdad,  dejando  de  lado  cualquier  objetivo  patrimonial.  Es  más: aun cuando esté  indemnizado  el  daño  patrimonial, cuando este existe, si tiene interés en la  verdad  y  la  justicia,  puede  continuar dentro de la actuación en calidad de  parte.  Lo  anterior  significa que el único presupuesto procesal indispensable  para  intervenir  en  el  proceso, es acreditar el daño concreto, sin que se le  pueda    exigir    una    demanda    tendiente    a   obtener   la   reparación  patrimonial.   

“La determinación en cada caso de quien  tiene  el  interés  legítimo  para  intervenir  en  el proceso penal, también  depende,  entre  otros  criterios, del bien jurídico protegido por la norma que  tipificó  la  conducta,  de su lesión por el hecho punible y del daño sufrido  por  la  persona  o personas afectadas por la conducta prohibida, y no solamente  de  la  existencia  de  un  perjuicio  patrimonial cuantificable.”11  (subrayas fuera de texto)   

En  síntesis,  la  intervención  de  la  víctima  en  la  actuación  penal,  en  cualquiera  de  sus etapas, debe estar  precedida  del  reconocimiento  de  tal  condición  por  parte  de la autoridad  judicial,  debiéndose  acreditar un daño real y concreto, no necesariamente de  contenido patrimonial.   

Del caso concreto  

Conforme  a los anteriores parámetros, la  Sala  encuentra  que  el señor Miguel Arturo Becaría  Becaría  no  acreditó,  ni  siquiera  sumariamente,  daño  real  y  concreto derivado de los hechos investigados, por lo cual carece  de  legitimidad  para  intervenir  en  esta  actuación  en calidad de víctima.   

En  efecto, el Tribunal de instancia citó  al  denunciante  a  la audiencia de preclusión de investigación, momento en el  que  debió  indicar  las  razones  que  le  otorgan  la condición de víctima,  necesaria  para  justificar  su  intervención  en  este  proceso;  sin embargo,  ninguna  explicación  brindó  al  respecto,  situación  que impide deducir la  configuración  de  algún  daño  derivado  del  comportamiento  atribuido a la  doctora GLORIA PATRICIA MAYORGA ARIZA.   

No  basta  pregonar  interés  en  que  se  establezca  la verdad y se haga justicia para acceder a dicho reconocimiento. Se  requiere,  además,  la  configuración  de  un daño real, no necesariamente de  contenido  patrimonial, concreto y específico, que justifique la participación  de  la  víctima  o de los perjudicados, el cual debe ser valorado en cada caso.  La  simple  condición de denunciante, ausente de daño concreto derivado de los  hechos investigados, no faculta su intervención en el proceso.   

En suma, en el diligenciamiento no reposan  elementos   de   juicio  que  permitan  establecer  la  legitimidad  del  señor  Miguel    Arturo    Becaría   Becaría  para  intervenir  como  víctima, situación que impide a la Sala  desatar la impugnación.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.   DECLARAR  IMPROCEDENTE  el  recurso  de  apelación  interpuesto por el señor Miguel Arturo Becaría Becaría.   

2.  DEVOLVER  la  actuación al Tribunal de origen para lo de su cargo.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese y Cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ   LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                              JOSÉ LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO ALBERTO  CASTRO     CABALLERO                                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Diccionario  de  la Lengua Española, Real Academia Española, Vigésima Tercera  Edición, Madrid 2009.   

2  Ibídem.   

3  La  expresión  directo,  colocada  entre paréntesis, fue declarada inexequible por  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  C-516  del  11  de  julio de 2007.   

4  La  Corte  Constitucional, en sentencia C-228 del 3 de abril de 2002 diferenció los  conceptos,  así:“La Corte precisa que parte civil,  víctima   y   perjudicado  son  conceptos  jurídicos  diferentes.  En  efecto,  la  víctima  es  la  persona  respecto de la cual se  materializa  la  conducta  típica  mientras que la categoría “perjudicado”  tiene  un  alcance  mayor  en  la  medida  en  que comprende a todos los que han  sufrido  un  daño,  así  no  sea  patrimonial, como consecuencia directa de la  comisión  del  delito. Obviamente, la víctima sufre  también  en daño, en ese sentido, es igualmente un perjudicado. La parte civil  es  una  institución  jurídica  que  permite  a  las víctimas o perjudicados,  dentro  de  los  cuales  se  encuentran los sucesores de la víctima, participar  como  sujetos  en  el  proceso  penal”4.  (subrayas fuera de texto) Distinción  que  no  se  opone a la definición ampliada de víctima adoptada por la Ley 906  de  2004,  en  la medida que se refiere al origen del daño a reparar, más no a  la condición de haber padecido un perjuicio.   

5 Cfr.  Sentencia C-516 de julio 11 de 2007.   

6 Cfr.  Providencias  del  11 de noviembre de 2009, Rad. 32564; 6 de marzo de 2008, Rad.  28788  y  Rad.  26703; 1 de noviembre de 2007, Rad. 26077; 10 de agosto de 2006,  Rad. 22289.   

7 Cfr.  Providencias  del 9 de diciembre de 2010, Rad. 34782 y del 10 de agosto de 2006,  Rad. 22289.   

8 Cfr.  Providencia de septiembre 29 de 2009, Rad. 31927.   

9 Cfr.  Providencia del 9 de diciembre de 2010, Rad. 34782.   

10 El  artículo  136  de  la  Ley  906  de  2004 establece que tiene derecho a recibir  información    sobre    la    actuación,    quien    demuestre    sumariamente  su calidad de víctima. En  estas  condiciones,  es  viable considerar que en la audiencia de preclusión de  investigación  adelantada  en  la  fase investigativa, sólo se requiere prueba  sumaria de la condición de víctima.   

11  Cfr. Sentencia C- 228 de 2002 de la Corte Constitucional.     

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