37176(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  37176   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 340.  

Bogotá D.C., septiembre veintiuno (21) de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

La   Sala  acomete  el  análisis  de  las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  fundamentación  del  libelo  casacional  allegado  por  el  defensor del procesado EDUARDO ORTIZ  MUÑOZ,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida   por   el  Tribunal  Superior  de  Buga  el  14  de  abril  de  2011,  confirmatoria  de  la  dictada  por  el Juzgado Primero Penal del Circuito de la  misma  ciudad  el  3 de septiembre de 2010, por cuyo medio lo condenó de manera  anticipada  como autor penalmente responsable del delito de homicidio culposo en  Oscar     Eduardo     Valdés    Ocampo.   

HECHOS  

          En  la  madrugada  del  22  de  enero  de  2008, cuando Oscar  Eduardo  Valdés  se desplazaba a la  altura  del  kilómetro  62  de  la  vía  que  de Buga conduce a Palmira en una  motocicleta,  chocó  con  un camión cisterna de placas TBP 021, que se hallaba  varado  estacionado  sobre  la  berma  y  parte  de  la  calzada sin suficientes  señales  que  advirtieran  sobre  su presencia, pues su conductor, el procesado  EDUARDO    ORTIZ   MUÑOZ  solamente  colocó  unos  conos  adelante  y  atrás, amén de unas ramas que no  resultaban  suficientes,  al  igual  que  un  mechero posteriormente aplastado y  apagado.   Como   consecuencia   del  choque,  Valdés  Ocampo  sufrió  graves  lesiones  que determinaron su  deceso.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada el 25 de julio de 2008  en  el  Juzgado Cuarto Penal Municipal con funciones de control de garantías de  Buga  la  Fiscalía  imputó  a  EDUARDO  ORTIZ MUÑOZ  la  comisión  del  delito  de homicidio culposo, a la  cual se allanó.   

Remitido  el trámite a los Juzgados Penales  del  Circuito con funciones de conocimiento de la referida ciudad, correspondió  al  primero  de  dicha  especialidad,  despacho  que  el 3 de septiembre de 2010  profirió  fallo,  por  medio del cual condenó a ORTIZ  MUÑOZ  a la pena principal de dieciséis (16) meses de  prisión,  multa  por  $6.151.795  y  a  la  privación  del  derecho a conducir  vehículos  por  veinticuatro  (24)  meses,  además de la sanción accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  pena  privativa  de  libertad,  como autor del delito cuya  comisión aceptó.   

          En  la  misma  decisión  le  fue  otorgado el subrogado penal de la  condena de ejecución condicional.   

Impugnado  el  fallo  por  la  defensa  y el  apoderado  del  tercero  civilmente responsable, el Tribunal Superior de Buga lo  confirmó mediante sentencia del 14 de abril de 2011.   

Contra   la   sentencia  del  ad   quem  la  defensa  interpuso  recurso  extraordinario    de    casación    y   allegó   en   tiempo   el   respectivo  libelo.   

LA DEMANDA  

El defensor advera que el Tribunal incurrió  en  error  de hecho por falso raciocinio, pues al valorar las pruebas quebrantó  las  reglas  de  la  sana  crítica  (causal  tercera de casación reglada en el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004).   

Considera  violados los artículos 394 y 404  de la referida normativa procesal.   

          En  el  desarrollo  del reproche dice que si el fundamento del fallo  de  condena  radica  en  el  allanamiento  de  su representado, es claro que tal  figura  se  asimila  a  la  confesión,  la cual no es prueba suficiente para la  demostración    de    la    autoría    de    ORTIZ  MUÑOZ.   

          Manifiesta  que el Tribunal no tuvo en cuenta algunas pruebas, tales  como:  (i)  La inspección del cadáver, en la cual se establece que la víctima  no  llevaba  casco,  en  violación  del  artículo  94  del Código Nacional de  Tránsito;  (ii)  El  acta  de  inspección  del  lugar  de  los hechos donde se  encontraron  los  conos de señalización y la pintura reflectiva en la parte de  atrás  del  camión;  (iii)  La  entrevista  de  Jorge  Osorio  López  quien  afirma  que  el  conductor  del  vehículo  dispuso  una  antorcha  y  una  ramas en la vía para anunciar que el  camión  estaba  estacionado;  (iv)  La entrevista del agente de la policía que  levantó  el croquis, quien declara que el camión sólo invadió en un metro la  vía  asfaltada,  no  podía  estar más adentro de la berma y vio los conos, el  mechero y las ramas colocadas por el procesado.   

          Asevera  que  si  bien  el  Tribunal  dijo  que  tales señales eran  insuficientes,  lo  cierto es que durante toda la noche no ocurrió nada, pese a  tratarse  de una vía con alto flujo vehicular, de modo que el suceso se produjo  por  imprudencia  de  la  víctima,  dado  el  exceso  de  velocidad con el cual  conducía y por no contar con casco de protección.   

          También  indica que las señales colocadas por su defendido si eran  suficientes,  máxime  si  el  desperfecto  del  camión  corresponde  a un caso  fortuito  imposible de prever, sin que por ello pueda afirmarse que se trató de  una violación al deber objetivo de cuidado.   

          De  otra  parte  dice  que  no  hay  conducta,  pues el resultado es  atribuible a la propia víctima.   

          Finalmente  solicita  a  la  Sala  que  dando prevalencia al derecho  sustancial,  en desarrollo del artículo 184 de la Ley 906 de 2004 supere de ser  necesario  las  falencias  de  la  demanda, pues “los  abogados  de  provincia  no tenemos la experiencia y la pericia para manejar tan  complicada técnica de casación”.   

          A  partir  de  lo  anterior,  el demandante reclama la casación del  fallo  atacado  y  la absolución de su asistido, “en  el  peor  de  los  casos  invocando  el  principio in dubio pro reo, por existir  serias dudas sobre su responsabilidad”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  dilucidado la Sala que si bien la Ley  906  de 2004 no distingue entre recurso de casación por la vía común y por la  discrecional  en  cuanto se marginó la exigencia de la cantidad de pena máxima  del  delito  para  acceder  a  dicha  impugnación,  es claro que corresponde al  resorte   del  recurrente  demostrar  el  quebranto  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación  del recurso y demostrar la  necesidad  del  fallo de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  su  artículo  180, esto es, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la unificación de la jurisprudencia, so  pena  de resultar inadmitida la demanda, según lo establece el artículo 184 de  la citada legislación adjetiva.   

         Ahora,  en  el  examen  de  los  requisitos de admisibilidad de los  libelos  casacionales,  es  deber  de  la  Sala  constatar  en la formulación y  desarrollo  de  las censuras el acatamiento de las exigencias de lógica y   pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan  a  conseguir  la  presentación de los libelos dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y demostración de los cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y claros, pues  no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función reglada de orden constitucional y  legal,   develar   o   desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  184  de la mencionada  normatividad  procesal  se  inadmitirá el libelo “si  el   demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se advierta que  no   se   precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso”.   

En     el     asunto     examinado se puede constatar,   que   por   tratarse  de  un  fallo  anticipado,  producto  de  un  allanamiento  a  los  cargos  formulados  por  la  Fiscalía      en     la     audiencia     de     imputación,     el  impugnante  carece  de  interés para alegar que la atipicidad del  comportamiento  o  que  no hay conducta, pues le está  vedado  recabar sobre un tema aceptado libremente por  el  procesado  con  la  asistencia  de  su  defensor1.   

         En   efecto,   es  evidente  que  el  planteamiento  del  libelista  corresponde  a una especie de retractación sobre la responsabilidad ya aceptada  por  EDUARDO  ORTIZ MUÑOZ,  proceder  que  no  se  ajusta, de una parte, a la razón de ser del instituto de  los  fallos antelados, pues no hay duda que la rebaja punitiva está determinada  por  un  menor  desgaste  y  esfuerzo  del  aparato  investigativo  del  Estado,  situación   que   no  ocurre  cuando  se  prolongan  los  debates  sobre  temas  ya  superados, en contra del carácter progresivo del  trámite.   

Y   de  otra,  contraviene la seriedad que  supone   el   proceso   judicial,   máxime  cuando  se  acude  al  recurso   extraordinario  de  casación,  pues  se  pretende  echar  para atrás una aceptación de responsabilidad libre,  responsable e informada.   

         Las  razones  expuestas  irrumpen como suficientes para disponer la  admisión del reproche.   

         Adicionalmente  se observa que el defensor invoca un error de hecho  por  falso  raciocinio,  el cual tiene lugar cuando los falladores derivaron del  medio  probatorio  deducciones contrarias a las reglas de la sana crítica, esto  es,  los  principios de la lógica, las leyes de la ciencia o las máximas de la  experiencia,  caso  en  el  cual tenía el deber indeclinable de establecer qué  dice  en concreto la prueba indebidamente ponderada, qué se infirió de ella en  la  sentencia  atacada,  cuál fue el mérito persuasivo otorgado, determinar el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo,  y  lo  más  importante, indicar su  consideración  correcta,  identificar  la  norma  de  derecho sustancial que en  forma indirecta resultó excluida o indebidamente aplicada.   

A continuación debía el censor demostrar la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada  apreciación  de  aquella  prueba, con el deber de acreditar que la enmienda del  yerro  daría lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses  de  su  representado,  proceder  que  no  acometió, pues se quedó en el simple  enunciado  del  equívoco  y  en el planteamiento de su personal percepción del  asunto.   

Ahora, como también el defensor reclama, sin  más,  la  aplicación  del  principio  in  dubio  pro  reo,  era  necesario  que  señalara  la  vía  de  su  impugnación,  esto  es,  si  se  trataba  de violación directa o indirecta. Si  postulaba  la  primera, le correspondía demostrar que el fallador reconoció en  las   consideraciones   de   la  providencia  atacada  la  existencia  de  dudas  trascendentes  de  imposible eliminación sobre la materialidad de la conducta o  la  responsabilidad del procesado y, pese a ello, profirió sentencia de condena  con  exclusión evidente de la disposición normativa que contiene el principio,  cuando le correspondía en consonancia con su exposición absolver.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e    injerencia    en    la    sentencia   impugnada,   cometido   que   tampoco  realizó.   

En suma, es claro que el censor no le asiste  interés  para  recabar  sobre  temas ya resueltos, amén de que no se sujetó a  las   directrices   para   impugnar   el  fallo  condenatorio  proferido  contra  EDUARDO   ORTIZ   MUÑOZ,  olvidando  que  este  mecanismo impugnaticio extraordinario no fue dispuesto por  el  legislador  para  prolongar  el  curso  de  las  instancias  o para simple y  llanamente  exponer  el  criterio de los demandantes, sino para denunciar yerros  trascendentes  de  los  falladores en la aplicación de la ley sustancial, en la  ponderación  de las pruebas o en la guarda de la legitimidad del trámite, dada  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de la cual se encuentra revestida la  sentencia.   

Las  mencionadas  falencias  imposibilitan a la Sala acometer el estudio del libelo, pues si éste  no  corresponde  a un alegato de libre confección, su presentación con base en  meros  enunciados  inexplicados y sin atenerse a alguna de las reglas lógicas y  argumentativas  que  lo  gobiernan,  obliga  a  la  Corporación  a inadmitir la  demanda  de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  pues  en  virtud del principio de limitación propio del trámite casacional, la  Corte no se encuentra facultada para enmendar tales equívocos.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos  o  garantías  del  acusado, como para adoptar la decisión de superar  los  defectos  de la demanda y decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3º  del artículo 184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  EDUARDO  ORTIZ MUÑOZ por las  razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  En  este  sentido fallos del 20 de octubre de 2005. Rad. 24026 y del 5 de octubre de  2006. Rad. 25248, entre otros.     

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