36100(17-08-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36100   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA Nº 290-  

Bogotá,  D.C.,  diecisiete (17) de agosto de  dos mil once (2011)   

ASUNTO  

El defensor de Carlos  Eduardo   Monroy   González   presentó  demanda  de  casación  contra  la  sentencia  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Neiva  en  virtud de la cual, tras confirmar la dictada por el Juzgado 2º Penal  del  Circuito  de  Garzón, lo condenó a él y a Aníbal Claros Rodríguez como  coautores  del  delito  de  hurto  calificado  agravado  en  grado de tentativa.   

La Corte examina los presupuestos jurídicos,  lógicos  y  argumentativos  expuestos en el libelo con el fin de resolver sobre  su admisión.   

HECHOS  

Aproximadamente  a  las  9:30  p.m.  del 3 de  noviembre  de  2001  varios  individuos  irrumpieron en la residencia de Rodrigo  Barahona  Vera,  ubicada  en  Garzón  (Huila),  y  procedieron a amenazarlo y a  amordazarlo  junto  a su familia con el propósito de ingresar al local contiguo  denominado  compraventa “Garzón”. Gracias a la oportuna intervención de la  Policía  Nacional se logró la captura en flagrancia de Pablo Sánchez Ávila y  Armando  López  Fuentes  cuando se movilizaban en un vehículo de color rojo de  placas  terminadas  en  649, a quienes les fueron incautadas armas de fuego, una  de   ellas  marca  llama  calibre  38  largo  de  propiedad  de  Aníbal  Claros  Rodríguez.  Al día siguiente, se hizo presente Carlos  Eduardo   Monroy   González,   aduciendo   ser   el   propietario  del  automotor  mencionado.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Carlos  Eduardo  Monroy      González      y     Aníbal     Claros  Rodríguez  fueron vinculados  al  proceso,  el primero mediante indagatoria y el segundo como persona ausente.  Pablo   Sánchez   Ávila  y  Armando  López  Fuentes  se   acogieron   a   sentencia  anticipada  y  fueron  condenados en proceso distinto.   

2. Mediante resolución del 9 de noviembre de  2005     la     Fiscalía     20     Seccional     de    Garzón    acusó  a  Monroy  González   y   a   Claros   Rodríguez  “como  presuntos  partícipes” de los  delitos  de  hurto calificado y agravado en grado de tentativa y porte ilegal de  armas    de    fuego    de    defensa   personal.   Así   mismo,   precluyó  la investigación por el delito  de  secuestro  simple  a  favor  de  Monroy González,  y  le  impuso  medida  de  aseguramiento de detención  preventiva   por   razón   de   los   punibles   por  los  que  fue  llamado  a  juicio1.   

La  determinación  fue  confirmada  el 19 de  enero  de  2007  por  la  Fiscalía  2ª  Delegada  ante el Tribunal Superior de  Neiva2.   

3.  El  Juzgado  2º  Penal  del  Circuito de  Garzón  avocó conocimiento y en audiencia preparatoria del 17 de abril de 2008  declaró  la  extinción  de  la  acción penal por el delito de porte ilegal de  armas    de    fuego    de    defensa    personal3.   

4. En audiencia pública del 23 de octubre de  2008   la  fiscalía  varió  la  calificación  jurídica  para  acusar  a  los  procesados  “no como cómplices del delito contra el  patrimonio  económico  materia  de  la  acusación  sino  en  la  condición de  coautores”4.   

5. El 23 de julio de 2009 el despacho judicial  profirió  sentencia  en la que los declaró penalmente responsables, en calidad  de  coautores,  del  punible de hurto calificado agravado en grado de tentativa.  En  consecuencia,  los condenó a 40 meses de prisión e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por término igual. Les negó los  mecanismos  sustitutivos  de pena de prisión y reiteró las órdenes de captura  en  su  contra5.   

6.  La  defensa  de Aníbal Claros Rodríguez  recurrió  el  fallo  en  apelación  y  el  7 de septiembre de 2010 el Tribunal  Superior de Neiva lo confirmó.   

7.  Los  defensores  de  Claros  Rodríguez y  Monroy          González         interpusieron recurso de casación.   

Por auto del 2 de febrero de 2011 el Tribunal  Superior  declaró  desierto  el  propuesto  por  el  primero  de  los togados y  concedió  el  presentado  a favor de Monroy González.   

  LA  DEMANDA   

El defensor de Monroy  González    propone   tres   cargos   que   sustenta  así:   

Primero:  Violación  indirecta  “al apreciar de manera errada una prueba,  por  cuanto  se  da  a  un  único  indicio  un  valor  de  plena  prueba que no  tiene”6.   

El   error   deviene   en   las  genéricas  afirmaciones   hechas   por   el   Tribunal  para  confirmar  la  decisión  del  a  quo  puesto  que apreció  erradamente  un  indicio  y  éste  nunca  fue plena prueba. En ese orden, no es  posible  concluir  que  quien  haya  estado en Garzón cumpliendo un contrato de  transporte  previamente establecido haya sido su prohijado. El fallador hizo una  inferencia lógica equivocada.   

Se  trata  -dice-  de  un  error de hecho por  “falso  juicio de raciocinio o, lo que es lo mismo,  de  una  errada  conexión  del  hecho  indicador con el indicado”7.  La  falla  reside  en que se le dio al indicio un valor persuasorio que no tiene y con ello  el  juzgador  “está suponiendo la demostración de  algo  que  está por demostrar, es decir, que equivoca la identidad y el alcance  probatorio          del          indicio”8,  por  lo  que incurrió en un  error de identidad.   

Ataca -recalca- no el hecho en sí mismo, sino  el grado de inferencia lógica que del mismo se pretende extraer.   

Luego de recordar lo que la jurisprudencia ha  sostenido  en torno al falso juicio de identidad, afirma que ello fue justamente  lo  que  hizo  el  Tribunal  en  esta  ocasión,  en tanto puso a decir al hecho  indicador  lo  que no dice. No hay en el proceso prueba sobre la responsabilidad  de  su representado en los hechos investigados, ni una que conduzca a inferir su  participación en los mismos.   

El indicio en el que se basa el fallo no tiene  fuerza  probatoria  unívoca ni siquiera sobre la relación que pudiera tener su  prohijado con los autores del crimen.   

Después  de hacer algunas consideraciones en  torno  al  indicio,  concluye  que  el  error es relevante porque recae sobre la  única  prueba  incriminatoria,  en  tanto  con  las  demás  el  fallo no puede  sostenerse.   

Se violaron directamente los artículos 240 y  241  -10-  del  Código  Penal, que fueron aplicados, y los artículos 233, 284,  285,  286  y 287 del Código de Procedimiento Penal por falta de aplicación. En  forma  indirecta  se  vulneraron  los  artículos  233,  284, 285, 286 y 287 del  Código de Procedimiento Penal por aplicación indebida.   

Segundo          (subsidiario):   violación   indirecta   por  falso  raciocinio  al  desconocer    el    principio   de   in   dubio   pro  reo.   

Luego  de hacer una extensa exposición sobre  la  necesidad  de  certeza  para  proferir  fallo condenatorio, afirma que en el  proceso   solo   hay   un  supuesto  indicio  incriminatorio  en  contra  de  su  representado,  del  cual resultan serias dudas y sospechas que no fueron tenidas  en cuenta por los falladores.   

No  hay  prueba  en  el  plenario  sobre  la  responsabilidad   de   Monroy  González  y  “no  está  probada  esa certeza que  equivale  a  seguridad, de que haya actuado de manera dolosa tal y como se habla  en    las    sentencias   de   los   falladores”9.   La   investigación   fue  deficiente  porque no logró esclarecer los integrantes de la banda, sus jefes o  cabecillas.   

El  indicio soporte de la condena tiene, a lo  sumo,   un  carácter  tangencialmente  significativo  respecto  de  un  posible  vínculo  de  su defendido con Aníbal Claros y sus amigos, pero no conduce a la  certeza  de  su  responsabilidad.  De  manera  que  se impone su absolución por  duda.   

Tercero: La sentencia  se dictó en un juicio viciado de nulidad.   

Los  hechos  ocurrieron  el 3 de noviembre de  2001,  a  su  representado  se  le  imputaron  cargos  como  cómplice  y  dicha  resolución  cobró  firmeza el 19 de enero de 2007. Con el descuento por razón  de  la  complicidad  y la tentativa, la pena quedaría en 3 años, por lo que el  proceso  llegó prescrito a la etapa del juicio. Adicionalmente, cabe aplicar el  artículo  531  transitorio de la Ley 906 de 2004, pues la acusación data del 9  de  noviembre  de  2005  cuando se había superado el término de 3 años de que  trata esa norma.   

Como  petición  principal, por razón de las  violaciones   indirectas   por  errónea  interpretación  y  falso  raciocinio,  pretende   se  case  el  fallo  y  se  absuelva  a  su  representado;  en  forma  subsidiaria,  por  la  violación  del  principio de in  dubio  pro  reo,  reclama que se case la sentencia y se  dicte  una  absolutoria,  y,  finalmente,  por  motivo  de  la  nulidad, pide se  invalide   lo  actuado  disponiendo  como  consecuencia  la  absolución  de  su  prohijado.   

  CONSIDERACIONES   

La   falta   de  interés  conduce  a  la  inadmisión de la demanda   

1.  La  jurisprudencia  de  la  Sala  ha sido  reiterativa   en  sostener  que  quien  acude  al  recurso  extraordinario  debe  acreditar  el  interés jurídico procesal, esto es, la legitimidad para actuar,  la  oportunidad y la procedencia del medio de impugnación; el propósito que le  asiste  con  la  casación,  es  decir,  el  derecho  fundamental  que  pretende  restablecer,  el  agravio  que  busca  reparar  o,  en todo caso, el beneficio o  situación   más   ventajosa  que  quiere  lograr  para  quien  representa  (el  procesado).  Adicionalmente,  debe  verificarse la unidad temática entre lo que  el  sujeto  procesal  alegó  en  las instancias y lo planteado en la demanda de  casación.   

La  consecuencia  legal  ante  la ausencia de  interés,  es  la inadmisión de la demanda, tal como lo prevé el artículo 213  del  Código de Procedimiento Penal de 2000. De manera que si quien acude a este  medio  extraordinario  no  hizo  reparo  alguno frente a la sentencia de segunda  instancia,  es  decir,  no  la controvirtió, estando en posibilidad de hacerlo,  carece  de  interés para interponer recurso de casación puesto que su silencio  en  la  instancia comporta conformidad con lo allí resuelto y, en ese orden, no  se le dará curso a la demanda.   

Ahora  bien, hay eventos en los que aun de no  haberse  cuestionado  el  fallo  de  primer grado es posible admitir la demanda.  Ello   tiene   lugar   cuando   se  constate  que  (i)  la  falta  de interposición del recurso de apelación  ocurrió  por  un  acto  arbitrario;  (ii)  la  sentencia  de segundo grado modificó en forma desfavorable la  situación  jurídica del recurrente; (iii)   se  trata  de  un  fallo  consultable  que  causó  perjuicio,  y  (iv)  el soporte del reproche  en  casación es la violación de garantías fundamentales que puedan conducir a  la declaratoria de nulidad.   

2.  En  el  presente  caso es evidente que el  censor  no  se  encuentra  legitimado para interponer recurso de casación pues,  tal  como  se  dejó  plasmado  en  los  antecedentes  de  esta  providencia, no  recurrió  el  fallo  de  primera  instancia  -adverso  a  los  intereses  de su  representado-  que  fue  confirmado integralmente por el Tribunal. Nótese cómo  solo  el  defensor  del  otro  procesado,  Aníbal  Claros Rodríguez, fue quien  promovió  la  alzada  y justamente, respecto de dichos argumentos se pronunció  el ad quem.   

La  ostensible ausencia de interés conduce a  la  Sala  a  inadmitir  la  demanda sin siquiera ocuparse de examinar los cargos  formulados.  Sin  embargo, dado que la defensa reclama nulidad de lo actuado por  haber  operado  el  fenómeno  jurídico  de  la  prescripción  en  la etapa de  instrucción,  importa  aclararle que no le asiste razón porque las operaciones  matemáticas en las que basó su reparo son incorrectas.   

En efecto, partió de una pena de 3 a 8 años,  olvidando    que    Monroy   González   fue  acusado  por hurto calificado, conforme al inciso 2 del numeral  4  del  original  artículo  240  del Código Penal, según el cual “la  pena  será  de  prisión  de  cuatro  (4) a diez (10) años  cuando   se   cometiere   con   violencia   sobre   las  personas”.  Adicionalmente,  ignoró  que  se  le  imputó  el  agravante del  numeral  10  del  artículo  241  ibidem, conforme   al   cual,   en   su   versión   original   “la  pena  imponible  de acuerdo con los artículos anteriores se  aumentará  de  una  sexta  parte  a la mitad”, y que  conforme    al   artículo   60   de   la   misma   codificación   “si  la  pena  se  aumenta  en  dos  proporciones,  la  menor  se  aplicará   al   mínimo   y   la   mayor   al   máximo   de   la   infracción  básica”.   

Finalmente,   desconoció   que  según  el  artículo  83  del  Código  Penal la acción penal prescribe en tiempo igual al  máximo  de  la  pena  privativa  de  libertad sin que exceda de 20 años, y que  desde  la  ocurrencia  de  los  hechos  hasta la ejecutoria de la resolución de  acusación  -acto  que  interrumpe  la prescripción10- trascurrieron solo 5 años y  2 meses y medio.   

Por   consiguiente,   la   demanda   será  inadmitida.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Carlos          Eduardo         Monroy         González.   

Segundo.    En  consecuencia,   DEVOLVER  la  actuación al Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ    LUIS   BARCELÓ  CAMACHO   

            

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

Comisión de servicio  

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO             

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

            

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS  

AUGUSTO    J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA  

NUBIA  YOLANDA NOVA GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Folios 328 a 335 del cuaderno 1.   

2  Folios 410 a 418 idem.   

3 Folio  532 del cuaderno 2.   

4 Folio  587 idem.   

5  Folios      675     a     701     idem.   

6 Folio  9 del libelo, que obra en carpeta anexa al expediente.   

7 Folio  12 idem.   

8  Ibidem.   

9 Folio  37 del libelo.   

10  Artículo 86 del Código Penal.     

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